Aunque creo que se intenta con denuedo y a veces se consigue, me parece interesante este artículo, «No se puede borrar la historia», que firma en Público, Robert Reich es Exsecretario de Trabajo de EEUU. Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad de Berkeley. Autor de ‘Aftershock’:
El gobernador de Maine, Paul LePage, ordenó a trabajadores públicos que retiraran del vestíbulo del Departamento de Trabajo de ese Estado un mural de 11 metros que describe la huelga de 1937 en Auburn y Lewiston. También recoge la imagen icónica de Rosie la Soldadora, quien en la vida real trabajó en Bath Iron Works (uno de los mayores astilleros de EEUU, situado en Maine). Un panel del mismo mural muestra a uno de mis antecesores en el Departamento de Trabajo de EEUU, Frances Perkins, quien fue enterrada en Newcastle, Maine.
La Administración LePage también se encuentra en el proceso de rebautizar salones que han llevado los nombres de líderes históricos del movimiento obrero, como lo fue la exsecretaria Perkins.
El portavoz del gobernador ha explicado que el mural y los nombres de las salas de conferencias “no se ajustan a los objetivos del Departamento en favor de los negocios”. ¿Estamos en Estados Unidos?
Ayer fue un día grande para la democracia española. 21 de marzo de 2011: por primera vez en lo que llevamos de año, Mariano Rajoy dio una rueda de prensa digna de tal nombre (¡viva la transparencia informativa!). Como las buenas noticias nunca vienen solas, ayer también desveló ese secreto para salir de la crisis que había olvidado por no entender su propia letra: “Hay que trabajar unas poquitas horas más o ganar un poquito menos”, dejó dicho en una entrevista de El Correo.
Sería una idea original si fuese nueva, pero hace ya mucho que aquí nos aplicamos ese cuento chino. Los horarios nacionales son de los más largos de Europa –muchos confunden trabajar más horas con trabajar mejor–, y el sueldo medio de los españoles está entre los más bajos de la UE 15. En España, un trabajador gana de media 21.500 euros al año: casi la mitad que un alemán, un inglés o un holandés.
Pues sí, éste era el revolucionario secreto de Rajoy. Añado un par de datos.
En el primer informe FOESSA de 1970 ya relacionaban la productividad española con la europea, con la alemana casualmente. En el sector siderúrgico, y con unas largas jornadas laborales, «España invertía 195 horas mensuales por trabajador para obtener 62,8 toneladas de acero bruto. Con menos tiempo, 154.7 horas, los alemanes producían 158,3 toneladas». O sea que nuestras desgracias, la pésima organización, vienen de lejos. Y no parece haber intención alguna de remediarlo. Todo lo contrario.
Otro. En el comienzo de la crisis, Alemania decidió acortar sus jornadas laborales para que fueran más personas las que trabajaran. Se han recuperado.
Hay quien me dice con ojos húmedos de emoción y expresión arrebolada: «Rajoy merece una oportunidad». Empiezo a anotar sus filiaciones para pedirles cuentas transcurrido por ejemplo un año de Gobierno. Aquel «te lo dije» que se cumple de forma inexorable estos días (con la energía nuclear por poner un ejemplo y no es el único). Ah, que estas cosas no se hacen. Tenemos tan mala memoria y tal carencia (¿impunidad?) en afrontar responsabilidades.
No resulta nada fácil el debate personal entre la necesidad o no del uso de la fuerza para obtener fines superiores. Suele ser el comienzo de una bola de nieve que se va engrosando en su mortífera caída por la ladera. Pero la realidad es que no vivimos ni mucho menos en un mundo perfecto y que esta fuerza va contra otra fuerza: la que ejerce un Estado sobre sus ciudadanos (quizás la peor que puede existir).
El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado finalmente el uso de la fuerza para imponer la zona de exclusión aérea en Libia. Emilio Menéndez del Valle nos explica cómo se ha ido abriendo paso en Naciones Unidas –sin que nosotros lo hayamos notado realmente, yo no- lo que llama la “responsabilidad de proteger”.
“Se trata de una doctrina sobre seguridad internacional (paz justa incluida) y derechos humanos que incorpora principios fundamentales. Ante todo, establece que el Estado es el primer responsable de la protección de su población, a la que no puede agredir. La soberanía de los Estados incluye derechos, pero también deberes y responsabilidades. Si se da el caso (como ha ocurrido en Libia, Egipto, Túnez y otros) de que los Gobiernos son incapaces de proteger a sus poblaciones (o son cómplices o actores directos) del genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica o crímenes de lesa humanidad, la comunidad internacional (vía Naciones Unidas) tiene la responsabilidad de entrar en acción. El objetivo principal es librar a la población civil de un Gobierno manifiestamente injusto, tiránico y usualmente corrupto. La responsabilidad de proteger debe ser inicialmente promovida mediante medios pacíficos. Habitualmente, especímenes tipo Gadafi, Mugabe, militares birmanos u otros de semejante ralea, no suelen ser sensibles a tales enfoques. De ahí que a la postre, para proteger a los inocentes, se deba recurrir a medidas coercitivas, incluida la fuerza militar”.
La práctica de la teoría ha dejado ejemplos de amargo recuerdo. Esperemos que no sea así esta vez, que la ONU equilibre las fuerzas en Libia, impida las bombas del tirano (al que tantos alimentaron), cese la hemorragia de un pueblo valiente que se levanta -con gran riesgo- por sus derechos y se vaya. La ONU actuaría así como un gobierno mundial. Luego la Justicia Internacional dirimiría las responsabilidades del tirano.
Otra noticia también llama hoy mi atención. El G7 intervendrá en los mercados para respaldar a Japón. Los cuervos especuladores habían entrado a saco a lucrarse de las desgracias varias de Japón. Terremoto, tsunami y crisis nuclear son “una gran oportunidad de negocio»… privado. el entrecomillado es lo que suelen pensar, ya es incluso lo que suelen decir sin pudor. Así el yen alcanzó estos días su cotización más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El Banco central nipón ha tenido que inyectar millones para frenar la “carrera alcista” de su moneda, en lugar de dedicar, pongamos por caso, esos fondos a socorrer a la población. Los autores han sido ese ente al que siguen llamando “los mercados”. Pero de abstracto nada. Investigue mínimamente algún interesado en sus filiaciones, nombres y apellidos, a través de las transacciones realizadas estos días. Ésos son “los mercados”, ésos los cuervos carroñeros. Ésas son las leyes del “libre mercado” tal y como está ahora.
Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y el Banco Central Europeo se han unido para frenar la subida del yen. No es que el G7 sea mucho de fiar, pero esta vez hay que aplaudir su acción. ¿Responsabilidad de proteger? No sé por qué lo dudo, pero sí parece ser ése su efecto.
Quedan muchas más cosas por preservar, por defender (que no es lo mismo), muchas. Pero este viernes luminoso amanece con ciertas esperanzas. Necesitamos un respiro.
Sin luz, sin teléfonos, sin comunicaciones, edificios derruidos, vehículos arrastrados por las aguas. El desastre en múltiples frentes se ha cebado en Japón. Un terremoto, 8,9, de los más intensos de la Historia. Un maremoto. Y una explosión en una planta nuclear que, por el momento, dicen, no afecta al reactor más próximo. El primer ministro japonés confirma que se han liberado «mínimas cantidades de radiación» en la zona cercana a las plantas, porque sí ha habido fugas. El nivel de radiactividad en la zona es mil veces superior a lo normal, un experto lo ha traducido: es lo que un ser humano puede soportar en todo un año. 200.000 personas han sido evacuadas en un perímetro de 20 kms. En Japón hay 53 plantas nucleares. En 377.835 Km2 (España tiene poco más de 500.000). O sea que los amantes de lo nuclear hicieron su agosto con ellos, previamente.
La energía nuclear ya había ganado un ficticio debate a favor de los poderes neoliberales. En España, Rajoy lo ha anunciado como objetivo cuando llegue a la Moncloa. Durán i Lleida declaró algo así como que menos mal que se apostaba por la modernidad y se dejaban de lado esas pijoterías de las energías renovables (a las que han quitado –el gobierno socialista- subvenciones, y sin avisar, dejando en la estacada a quienes se habían embarcado en ese negocio con las directrices anteriores). El ejecutivo prolonga la vida de las centrales.
La energía nuclear –escribí en un viejo post– no emite CO2, pero no es limpia: sus residuos son una bomba de relojería que permanece en nuestro suelo miles de años. Y ni un sólo técnico serio puede certificar que alguna técnica conocida ahuyente la posibilidad de accidentes irreparables. Es cara (y productiva… para particulares). Invierte al menos 10 años en pasar de proyecto a realidad. Y se basa en el uranio, un elemento que también -como el petróleo- dará problemas de escasez (y especulación) a la larga.
En poco más de un mes se cumple un cuarto de siglo del accidente nuclear de Chernobyl y todavía esa zona de Ucrania es tierra quemada y vidas rotas. Visitar la zona requiere pasar por el Consejo de Energía Nuclear español al regreso y ver si la radiación acumulada en el cuerpo supera los límites permisibles, porque se sigue adquiriendo. Varios países ponen aún veto a exportaciones ucranianas.
Los especuladores neoliberales, los políticos a su servicio, tienen bien amarrada a la sociedad, pero la Naturaleza se les escapa. Pocas cosas tan destructivas como el que –por causas naturales, siquiera, un terremoto por ejemplo- se libere la bestia que las centrales nucleares y los almacenes de residuos guardan en su interior.
Codo con codo con los pobres y sufridos japoneses y todas sus desgracias, pero también es tiempo de prever. De aprender las enseñanzas y evitar desastres en los que no piensa ni le importa -presta solo a obtener beneficios inmediatos- la codicia neoliberal. Y, atentos, que en nada los bien pagados portavoces intentarán convencernos de que las nucleares son muy seguras y encontrarán alguna explicación a lo que vive Japón que, esperemos (confiando en la suerte no en la lógica), no vaya a mayores.
Actualizacion 13 de Marzo:
El Gobierno japonés teme que se produzca una nueva explosión en la planta nuclear de Fukushima. El reactor 3 de la central japonesa sufre fallos similares a los registrados ayer en el reactor 1 y las autoridades no descartan que se haya iniciado un proceso de fusión en ambos reactores.
Veamos. A José Antonio Zarzalejos, ex director de ABC, devenido en voz autorizada por contraste, porque siempre vendrá quien más carca será, le indigna “¡Indignáos!”, en ingenioso juego de palabras. “Un opúsculo prologado en la versión española por el escritor José Luis Sampedro que consiste en “un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”, dice entre otras cosas. Nada, que, definitivamente, no le gusta. Y, desde la altura moral y cultural patria, desprecia a ese millón (casi dos millones son en realidad) de incautos franceses que se han bebido el libro de uno de sus más apreciados próceres. ¡Qué sabrán estos gabachos!, venga, desempolvemos a los castizos y volverán a saborear lo que vale un peine español.
La derecha más casposa se organiza divinamente para cargarse cualquier iniciativa. Y no digamos ya la que lleva la pátina del prestigio. Los “100 economistas” atacan de nuevo. Sus primeras valoraciones fueron muy aplaudidas. Eran muchos. 100 economistas de golpe dictan enseñanza. “Oh, 100 economistas”. Tienen 200 más detrás. En la Fundación Fedea: “Talento, esfuerzo y movilidad social” es su lema. Aún estamos emocionados por cómo previeron la crisis y nos contaron cómo afrontarla. Vaya, que va a ser que no lo hicieron.
Ahora son mucho más resolutos, que es bueno pescar en tiempos revueltos y el patrón del barco está cautivo y en la inopia. El martes presentan un manifiesto que será conveniente aireado por los medios. Son tantos. Cien. Y economistas. Proponen desligar los salarios de la evolución real de los precios y, en su lugar, vincularlos a la productividad. Es la última moda neoliberal. También son partidarios del arbitraje en los convenios colectivos, una puñalada más a los desmantelados, y autoderrotados, sindicatos. Algún día tendremos que saber por qué.
Los 100 expertos fueron autores en su nacimiento del contrato único para frenar la temporalidad. Sus resultados han sido espectaculares: hemos logrado una cifra récord de parados. Ahora se trata de rebajar más los sueldos españoles . De tan bochornosa cuantía que el Consejo de Europa (no confundir con ningún organismo de la UE, por favor) denunció en un informe que no se ajusta a la Carta Social Europea, por ser «manifiestamente injusto» y «muy bajo». Muchos empresarios españoles además ya producen en China «cambiando rentabilidad por Derechos Humanos», como me dice un colega.
¡Quietos! ¡Que no se mueva nadie!, dejaos de librillos, y sobre todo de informaciones subversivas, suministremos alpiste y agua al pajarito enjaulado que Fontdevila, en Público, retrata como nadie. Ni Pio, oiga. Una de las canciones de mi vida es «Bird on the wire» de Leonard Cohen. «Como un pájaro en la jaula, como un borracho en un coro de media noche, yo he intentado en mi vida ser libre».
“Shame of you¡” ¡avergüenzate de ti!, gritan miles de manifestantes en el Senado de Wisconsin. En este Estado del Midwest norteamericano se ha iniciado una revuelta de gran calado que comienza a extenderse por otras zonas del país.
Enardecido con el triunfo ultraconservador en las elecciones de mitad de mandato de Obama, el Gobernador de Wisconsin, el republicano Scott Walker, decidió proponer una ley que facilita la privatización de los servicios públicos y recorta los derechos de los funcionarios para paliar el abultado déficit público (que sin duda ellos no causaron, sino las políticas de sus gobernantes). Los sindicatos son prácticamente apartados de la negociación de los convenios colectivos (tal como se pretende hacer también en Europa).
Todos saben que el debate es sobre todo ideológico: el que libra el neoliberalismo para acabar con el sector público. Al gobernador le apoyan pesos pesados del ultra conservadurismo norteamericano, como los hermanos Koch, y los demócratas tenían en Wisconsin y en sus sindicatos un importante soporte. La ley ya está aprobada por la Cámara baja estatal, y para evitar su paso en el Senado los representantes demócratas huyeron al vecino Illinois, para no ser obligados a asistir al pleno y hacer imposible la votación por falta de quorum.
Lo cierto es que la población se ha levantado contra sus gobernantes. Las leyes les permiten entrar en las cámaras legisladoras y, dentro y fuera, protestan airadamente. La revolución no es sólo árabe, y de hecho desde Egipto se apoyó al Estado norteamericano y viceversa.
La mayor manifestación popular desde la guerra de Vietnam, con entre 70.000 y 100.000 personas en un pequeño estado donde hay registrados poco más de 200.000. El pulso ya es nacional, entre demócratas y republicanos, entre defensores de lo público y de lo privado. Incluso Obama ha intervenido. Y los grandes medios se aprestan a sembrar encuestas a ver qué opina la ciudadanía: se inclinan de momento por los trabajadores.
Otros estados en manos conservadoras han anunciado ya recortes en los servicios públicos: Indiana, Tennesse, Iowa o New Yersey (el colmo que sea republicano el barrio obrero de Manhattan). Lo último: el gobernador de Wisconsin persiste en su actitud, pese a las protestas. La derecha ha encontrado en Walker un nuevo ídolo, le animan a apostar por la Casa Blanca.
Europa está haciendo la misma política neoliberal, sin que los ciudadanos se inmuten. España es ya un festín en el que se enajena lo público, mientras los líderes del PP anuncian sin sonrojo su pasión por lo privado, es decir, todos, por vender nuestro patrimonio a empresarios que pensarán en sus bolsillos, y los llenaran a nuestra costa. Un día más hay que contarlo.
De momento, las políticas neoliberales –las que practican ahora los socialistas- han logrado otro récord: 68.260 parados más. No, chicos, no es esto. ¡Avergüenzate de ti!, tanto si eres político como votante.
(Gracias Víctor -el viejo, el de toda la vida-, por el vídeo)
En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.
El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.
¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.
Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño. Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.
En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.
Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos. Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?
Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.
Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.
Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.
No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.
Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.
Las gentes de bien están muy preocupadas por el alza en el precio del petróleo que ha ocasionado la parada de la producción en Libia, debida a su vez, a que andan por allí a machetazo y bombardeo limpio y así no hay quien trabaje en la extracción del crudo. Lógicamente, extienden su inquietud a todos nosotros. El ministro de Industria español, Miguel Sebastián, sir in más lejos, explicó que “una subida del 10% del barril de crudo tiene un impacto de 6.000 millones en la economía española y, en el ámbito europeo, el equivalente a todo el presupuesto de la UE”. He leído también que a los «mercados» ha vuelto a darles su enésimo ataque de intranquilidad. Así que podemos echarnos todos a temblar. No es para menos, Repsol, la antigua empresa pública española, triplicó su beneficio neto el año pasado hasta alcanzar los 4.693 millones de euros.
Veamos, en el año 2003, el precio del petróleo rondaba los 25 dólares barril. Como curiosidad, caben en él 159 litros. En Agosto de 2005, había más que duplicado su costo: estaba a 60 dólares. A partir de entonces comenzó una escalada vertiginosa para llegar a su máximo histórico en Julio de 2008: 147.25 dólares.
Casualmente, por aquellas fechas, los alimentos básicos también habían llegado a precios nunca conocidos. ¿Qué ocurría? En ambos casos lo mismo: especulación. Los nerviosos “mercados” se estaban poniendo las botas –si se me permite la expresión- a costa de millones de personas y gracias a eso que llaman invertir y provocar alzas en los precios con afán de lucro. Se da la circunstancia de que esto se lo manejan entre unos poquitos avisados.
Por aquella época, sí nos contaban también cómo subían el petróleo y las cosas de comer, pero las declaraciones, noticias y opiniones plañideras no señalaban culpables con la intensidad que lo están haciendo ahora.
Porque, señores, ahora sí los hay: los ciudadanos de las “petrodictaduras” y aledaños, se han hartado. Y se han echado a la calle. Se calcula que Gadafi se ha cargado ya a 10.000 manifestantes. Si ése hubiera sido el balance de un terremoto, tendríamos allí cámaras y enviados especiales para contarlo. Porque también el tirano les hubiera dejado entrar. Ahora no.
Nadie duda ya de que el encarecimiento del trigo fue una de las causas de la rebelión contra Mubarak. Voces alarmadas –en este caso con razón- vuelven a alertar de que los precios de los productos básicos alimentarios se han disparado a niveles insostenibles. Se ha evaluado ya su impacto: 44 millones de pobres más en apenas medio año. Hablan de malas cosechas, del socorrido recurso del tiempo: que llueve mucho o hay sequía. En 2008, Vicente Romero entrevistaba a Jean Ziegler, relator especial de la ONU, para un reportaje de Informe Semanal. Sus datos fueron concluyentes: 8 empresas controlan el 80% de los alimentos en el mundo.
Volvemos a las andadas. Estamos como dos meses antes de la caída de Lehman Brothers, primer derrumbe del entramado financiero mundial, ocurrido en Septiembre de 2008. Se han recuperado divinamente. Han hecho saber a sus empleados en los gobiernos mundiales que no pueden ponerse nerviosos. El petróleo ya estaba subiendo. Hace un mes sobrepasó eso tan bonito de “la barrera psicológica”, en este caso de los 100 dólares por barril. La sangre árabe lo ha subido, al parecer, 11 dólares más, 11. Por el momento, ya sé. Aún faltan 36 dólares para llegar al nivel que lo situó la codicia silenciada.
La Comunidad Internacional sigue un día más “muy preocupada”, cada vez más preocupada… y sin mover un dedo para detener la carnicería desencadenada por su amigo Gadafi. Más aún, la inoperante UE, no sabe si está más inquieta aún porque les va llegar una avalancha de desgraciados. Y ahí sí van a tomar alguna medida: ver como les ponen barreras para detenerlos. La Comunidad Internacional sigue reunida. Preocupada. Deliberando.
Nos sobra la educación. Los 1.800 millones de euros que se han recortado del presupuesto en este departamento, empiezan a mostrar sus frutos. Varias comunidades de todo signo –Madrid por supuesto- han decidido no convocar oposiciones para el cuerpo de maestros. Algunos llevaban dos años preparándose para la convocatoria: están que arden. Pero nada oigo de los progenitores de esas criaturitas que van a ver devaluado su futuro, al recibir al menos una enseñanza más masificada.
Los directivos de Caja Madrid entretanto han tenido el detalle de aplazar el cobro de unos bonos estupendos que se prepararon en la época del anterior presidente, Miguel Blesa, por los que se iban a embolsar entre 10 personas 25 millones de euros. Los percibirán una vez que devuelvan las ayudas públicas que recibió la entidad. En eso andan al menos.
Esteban González Pons, vicesecretario de comunicación del PP -con esa querencia que tiene la derecha española por pasarse la democracia de las urnas por el arco del triunfo-, ha relacionado la caída del presidente de Egipto, Hosni Mubarak, a la situación que vive nuestro país: «los españoles hartos del paro, de la crisis económica, de la crisis de valores, social y política y de la depresión institucional», también quieren un cambio y, el pueblo, «cuando quiere, puede». «Y el pueblo español, quiere», aseguró enardecido.
Pues mira, bonito, lo que atenaza a España y a todo el mundo occidental (nuestro particular Mubarak) es el neoliberalismo que tú representas y al que se ha apuntado Zapatero no vaya a ser que tus correligionarios de vocación nos hundan el país. Así que pide revoluciones populares e igual te llevas una sorpresa.
Y, entretanto, Alex de La Iglesia se ha despedido voluntariamente de su cargo como Presidente de la Academia del cine, rebosando coherencia y sentido común. Le bastó enterarse de lo que estaba hablando para cambiar de postura. Y ahora dice: «Intenet no es el futuro, como algunos creen. Internet es el presente. Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura que utilizan cientos de millones de personas. Internet es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo». Los aposentados le ponen cara de asco.
La protesta de internautas por la Ley Sinde -que le ha costado el puesto a Alex de la Iglesia- en el exterior del Palacio Real donde se entregan los Goya, ha sido trivializada y distorsionada, mientras, en la línea habitual de los grandes medios. No saben aún dónde está el presente. ¡Madre mía el día que se enteren!
El mío, mi presente, en laboriosa y satisfactoria labor. La que fuera mi fiesta -comercial- favorita, pasa sin pena ni gloria de nuevo en ese aspecto. Apenas nada ha cambido del anterior 14 de Febrero. Quizás sí, que no me mueve ni un músculo. El mar de hombres disponibles o semi disponibles no merece ni la molestia de preparar los aparejos específicos de pesca. Dejemos las margaritas servidas con amor para otros objetivos. Sabrosos bocados de vida aguardan en cada esquina.
Andaba toda la mañana con el brindis de Marina en la cabeza. Viator (gracias) me envía este vídeo… brindando, pequeños y grandes, pues eso, por la vida.
Labor ímproba, realmente. A ver si lo entiendo. Los países debemos contentar a los llamados “mercados” –léase especuladores en su mayoría- y tranquilizarles cuando se ponen nerviosos. La dinamización de la economía de todos –nos dicen- exige reformas, ajustes… es decir, mermas para asalariados, parados y pensionistas, el grueso de la población en general. ¿Voy bien?
Pero resulta que las empresas reciben subvenciones públicas para funcionar. Cuantiosas. De las que apenas se habla. Del dinero público que se da a los sindicatos en cambio, nos llegan referencias cada poco. Hasta de los «ominosos» subsidios a jornaleros del campo.
Las SICAV, ese invento tan estupendo para los denominados “inversores”, siguen cotizando un 1% de impuestos. La vicepresidenta socialista asegura que esto no se puede cambiar porque, si lo hiciera, esas empresas se irían de España. ¿De acuerdo hasta aquí?
El Observatorio estima que las grandes empresas pagan, entre exenciones y subvenciones, como mucho un 10% de impuestos. Aquí. De lo que sí declaran.
Nos cuenta más el Observatorio: “las empresas del Ibex 35 en paraísos fiscales han experimentado un crecimiento vertiginoso (entre enero y septiembre de 2010 la inversión ha sido el doble a la de todo 2009), en España la recaudación por impuesto de sociedades se ha desplomado un 55% entre 2007 y 2009, pese a que los beneficios empresariales de las grandes empresas en el mismo periodo solo han descendido un 14%”. Anoto aquí que no es que hayan perdido un 14%, sino que el incremento de ganancias se ha reducido un 14%. Solían andar por el 30% más que cada ejercicio anterior, ahora parece que es menos. Oficialmente, los beneficios que escamotean cada vez más, vemos, probablemente compensan la balanza.
Yo comprendo que es muy pesado andar todos los días tratando de entender este galimatías. Pero si no se les pueden tocar sus privilegios no vaya a ser que ubiquen su razón social en otro país y dejen de ser «españolas» –más, que ya sabemos que buena parte del personal de las que al menos se molestan en fabricar algo es del tercer mundo-, y resulta que no pagan en España, y que la huida de su dinero ha experimentado “un crecimiento vertiginoso”, y que los paraísos fiscales es una cosa muy fea que iba a resolver algún G7, G8, G20, la UE, OCDE y demás, pero gozan hoy todavia de una salud envidiable ¿dónde está el truco?
Debe ser la inexistente (según los regidores municipales) contaminación de Madrid, pero mis neuronas se atoran y no entiendo nada. Así que voy a hacer la maleta para ir a respirar al campo. Os dejo con un relajante césped verde (debe estar en Madrid porque no es ni verde) que me descubrió Paula Moro.