Zelaya, casi solo ante el peligro

http://www.youtube.com/watch?v=IKx6MUH6sEM

En el telediario de TVE de las 21.00 se les ha roto la conexión y dedican el informativo del “Canal 24 horas”, de noticias continuas,  a repetir programas enlatados. En la BBC han  dicho que el avión está «en algún lugar entre Washington y Centroamérica». Con un par.  La CNN internacional tampoco sabe nada… Una cadena venezolana en Internet asegura que han dejado pasar a los manifestantes “pro-Zelaya”. Noticia de agencia aclara que han roto las vallas de seguridad y se han metido en el aeropuerto. Varios bulos desmentidos acerca de presencia de tropas nicaraguenses. El periodismo duerme los domingos por la noche. El Mundo precisa ahora: «Una marea humana hace retroceder a los militares en el aeropuerto de Honduras«. Pacíficamente.

Un presidente constitucional que habla de crucifijos vuela. Con un piloto. Al menos. Los golpistas no le quieren allí. ¿Se prepara una masacre? Sólo ante el peligro. Todo el pueblo lo sabe. El tren, el avión, llega. No tiene permiso para aterrizar. El pueblo reacciona. Hay algo ejemplarizante, de política de futuro, en lo que hagan los hondureños y le suceda a Zelaya.

Actualización: 12 noche.

Zelaya habla desde el avión con la cadena venezolana, Telesur. Piensa aterrizar en Tegucigalpa en media hora y le queda combustible para una hora. En ese tiempo intentará dialogar para obtener permiso para aterrizar.

Le acompaña el Presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D`Escotto, representantes de la OEA y algún periodista.

El ejército lanza botes de humo y gases lacrimógenos a los manifestantes.

12,15

Los golpistas anuncian que detendrán a Zelaya para que responda por sus delitos. No han dado un golpe de Estado, claro está, es una «sustitución constitucional».

CNN internacional enlaza imagenes de Telesur. Dos bandos se contemplan: Ejército y manifestantes. La cadena venezolana asegura que hay dos muertos.

12,30

Tiroteo intenso. Es el ejército.

La policía se va. No interviene.

12,45,

Uno de los manifestante muertos, un chico de 19 años. Imágenes de otros ensangrentados.

1,10

Esperado a Zelaya. Teóricamente se le ha acabado el combustible.`

1,25

El avión da vueltas sobre el aeropuerto de Tegucigalpa. El ejército, con tanques, se sitúa en la pista.

1,30 Telesur entrevista al piloto en pleno vuelo. Han hablado con la torre. Llevan al Secretario General de la Asamblea de la ONU. No dan, pese a ello, permiso. El piloto dice que, con la pista interceptada, no puede aterrizar, pero que dispone de otra opción que no va a facilitar por motivos de seguridad.

1,40

Vuelve a hablar Zelaya. No van a poder aterrizar. Llama la atención sobre que Honduras ha impedido aterrizar a la ONU.

Lunes, 8,30

Zelaya tuvo que aterrizar en El Salvador. Pablo Ordaz de El País -enorme periodista- relata la noche vivida. Y destaca este punto importante: el Golpe de Estado se está saldando con víctimas:

«Ayer, cuando el periodista se acercó al hospital para indagar el número cierto de víctimas durante los incidentes del aeropuerto, descubrió una realidad hasta entonces oculta. Una enfermera cuyo nombre no debe ser mencionado se prestó a guiarlo por salas atestadas de heridos de bala. «Están llegando desde hace varias noches», explica, «la policía los trae y los deja aquí. Todos tienen disparos recibidos durante el toque de queda. Algunos llegan muy mal. Fíjese en aquel, Marco, le dispararon en el cuello. Está muy grave. Nada de eso sale en los diarios».

Y una reflexión:

En 1924 Honduras era el primer exportador de banano en el mundo, aunque las grandes ganancias eran totalmente usufructuadas por la United Fruit Company. El conflicto civil que esto produjo fue sofocado mediante una invasión de marines mandada por Estados Unidos, que prestaba colaboración, además, a la represión de los corruptos caciques locales. Aún así, el país tenía un crecimiento económico destacado.

Hoy Honduras es uno de los países más pobres de América y tiene una total dependencia económica del exterior. El 70% de la población vive en la miseria. Y, como suele suceder, hay una poderosa oligarquía. Políticos, ejército, policía, jueces, la Iglesia católica –cómo no-, y un amplio sector de la población apoyan el golpe.

¿Qué ha ocurrido en Honduras?

Me comen los papeles

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Cada vez que uno sale de su casa durante unos días, se encuentra al volver con una pila de papeles, llegados en su mayoría por correo, o buzoneados. Mientras –en tiempos de crisis- las carreteras se saturan en eso tan bonito del “éxodo vacacional”, yo voy a intentar hacer una primera aproximación al miura. El montón mide 15 cms., hoja a hoja. Es decir, lo mismo que los tres tomos de Millenium. Ya hace algún tiempo que, al toparme en la calle, con alguien que pretende –con expresión ausente- entregarme un papel, me niego diciéndole que piense en los árboles o que no quiero contribuir a la desertización del planeta.

Me resulta curioso que esté llegando a odiar el papel con quien he mantenido durante toda mi vida una relación excepcional. En blanco, me servía para escribir. No ahora que lo hago en el ordenador sin cercenar ningún bosque. Sin embargo, muchas cosas las imprimo. Todavía no me he liberado de él en este punto. Libros, periódicos, han representado para mí tesoros incalculables. La culpa de mi desagrado actual hacia el papel es del correo, de la publicidad, de la manía de inundarme e inundarnos, a poco que nos descuidemos.

Expurgar y clasificar los papeles que te llegan sin pedirlos, resulta una labor descorazonadora, además. Pésima desde el punto de vista psicólogico. Si me decido a acometer la tarea, apenas habré solucionado el problema. Dejaré la mesa expedita, pero seguirán llegando papeles una y otra vez, y en cuatro días, una semana, me veré exactamente en las mismas circunstancias. A los animales irracionales se les enseña que el esfuerzo tiene recompensa, que existe una cierta lógica en los comportamientos, pero recoger papeles crea indefensión, desconcierto. No se acaba nunca. Es como tejer y destejer: labor baldía.

Si me perdonáis un momento, voy a ver con qué me encuentro.  Luego vuelvo.

Os cuento:

Sobre con carta de un anuncio de ópticas 2000.

Invitación a la presentación de un libro de un querido amigo, que ya ha se ha producido. Vamos, que he llegado tarde.

Anuncio de Orange. Deberían emplear el dinero en dar el servicio que ofertan.

Factura de Telefónica (sutílmente elevada un poco más cada vez).

Revista-anuncio de un gran supermercado: Makro. Está bien.

Dos folletos de restaurantes chinos felices. Tres. Cuatro. ¡Cinco!

Revista de la Asociación de la Prensa. La ojearé más tarde.

Academia TV. Voluminoso sobre de papel caro y blanco. Los árboles desvencijados con este envío deben ser escandinavos. Incluye cartulina regia y hoja transparente grabada. Un pastón… en pasta de papel.

¡Factura de El Corte Inglés! Muy abultada también, dios ¿la abro? Ofertas de Junio. Menos mal, se ha pasado.

Otro sobre de la misma procedencia: revista, casi libro, Gourmet Magazine. 98 páginas y plagadito de anuncios. Una receta al azar: «Sandía caramelizada con verduras crujientes”. Vaya, entre los ingredientes “hojas de mizuna” ¿qué será? Busco en Internet:

“De aspecto es muy parecida a la Rucola. Su origen en Japonés y la denominamos la planta inteligente. La usamos en la ensalada Caprese, Carpaccio y muchos otros. Es inteligente porque cuando tú la colocas en el plato si quieres que se quede de pie ella lo hace si pestañear, elegante y orgullosa de su presencia. Además es que está buenísima, pero eso tendréis que juzgarlo vosotros”.

Y otra revista, tamaño folio, de 134 páginas: ¡Guía de puericultura!, francamente creo que llega a destiempo. Esta va a la basura de reciclaje. La he metido dentro de una caja grande de detergente de lavadora.

Factura de la luz… La última antes de la subida. Sobre a la basura. Otro más.

Bancos… aquí no voy a profundizar, que me deprimo.

Telefónica móviles… ¡Qué barbaridad!

“Direct Seguros” Pero a estos ¿quién les ha invitado a entrar en mi casa? Basura.

Anuncio para conseguir “tu sonrisa más blanca”. Gratis, dice. ¿Para cuando medidas eficacez contra la publicidad engañosa?

Un anuncio de mi fontanero, por primera vez en su vida. Él no lo sabe pero fue uno a quienes dediqué mi último libro. Persona eficaz, formal, amante del trabajo bien hecho. Excepcional, en una palabra. Os lo recomiendo.

Universidad Rey Juan Carlos. Nueva oferta académica, 2009/2010. ¿Y eso?

Uf… Me voy a centrar en las revistas-anuncio que abultan más, a ver si baja el montón.

Lo dejo por hoy. Todo un trabajo. Y árboles rebanados en su carnes, cortados incluso. Años allí. Pulmones del planeta, para acabar en la basura sin haber cumplido otro objetivo que el de molestarme.

Gracias por compartir este esfuerzo conmigo.

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Aires suecos en Europa

Suecia acaba de asumir la presidencia de la Unión Europea, con un cambio de aires respecto a la euroescéptica Chequia que permite respirar mejor. Con los liberales en el Gobierno del país, el conservador Fredrik Reinfeldt presenta un programa de actuaciones que, de nuevo, hace envidiar a ciertas derechas europeas. Quiere –lógicamente- abordar los retos de la crisis económica y, sobre todo, lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático. Desde el comienzo, la presidencia sueca ha dejado claro que su objetivo es reactivar la ampliación incluyendo a Croacia y Turquía, lo que levanta ampollas en muchos países y ha ocasionado, por ejemplo, el ascenso de la ultraderecha en Holanda. Y, con sentido práctico, también quiere olvidar lo que llama “pulsos estériles” sobre la reelección de Durao Barroso al frente de la Comisión.

El Embajador sueco en España reunió ayer a un grupo de personas para celebrar la presidencia de su país. “Directa, cercana, priorizando al máximo la lucha contra el cambio climático”, vino a decir que sería ésta, Anders Rönquist, y fue algo que se demostró incluso en la recepción. No más de cuarenta personas, quizás menos. Pocas autoridades españolas, la secretaria de Estado de Inmigración Consuelo Rumí, el nuevo europarlamentario socialista Diego López Garrido o el Director de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca. Muchos representantes del cuerpo diplomático acreditado en España y suecos de a pie. Un concierto. Vivo. Robert Wells triunfa en medio mundo con su piano trepidante. El embajador invita a quitarse las chaquetas que aprieta el calor, y tanto él como los demás siguen el ritmo con los pies. Exquisiteces suecas traídas del restaurante Aptit Stockholm, con sus chefs y todo, hielo de Laponia para construir vasos –gracias, todo ello, a la colaboración de empresas suecas que los nórdicos saben gestionar los gastos-. ¿Acto elitista? Para nada. Suecia ha abolido desde hace años las extremas diferencias sociales. Querían presentarse, llanos, discretos y dialogantes como son. “Hacerse el sueco” es odiar el conflicto, corroboran.

Toda la revista de presentación está dedicada al cambio climático. “La inteligencia ecológica es rentable”, “Objetivos claros para cuidar la tierra”, “El desarrollo urbano sostenible”, “Estocolmo, la primera capital verde de Europa” y todo ello plagado de datos.

Suecia ha llevado al Parlamento de Estrasburgo un Partido Pirata. Empresa de intercambios prohibidos, se constituye en formación política para luchar por sus derechos, iniciativas ciudadanas contra la política tradicional. Y el nuevo propietario de la compañía inicial marca nuevas pautas: pagará a quien comparte archivos de Internet y cobrará a las operadoras por aligerarles el tráfico.

Necesitamos Europa, España más que otros países. También necesitaría Europa Honduras. Seis meses suecos y llegará la Presidencia española. Quizás con unos y otros reavivemos el fósil.

Algo falló con Dalila

Dalila acudió 4 veces a urgencias en hospitales de la Comunidad de Madrid. Con fiebre que en algunos casos llegó a los 39,5. “No podía ni caminar”, denuncia su afligido e indignado viudo, Mohamed. Dalila era atleta. Corría carreras de 1.500 vallas (dice El País) y había participado en campeonatos internacionales. “No padecía, previamente, asma”, asegura de nuevo Mohamed, dificilmente podría hacer atletismo si sufría esa enfermedad.  ¿Ha funcionado todo como debiera?

Nos cansamos de escuchar que España es para la OMS el séptimo mejor sistema sanitario del mundo –superados por Francia, por ejemplo-. Esta alta concepción se basa en la universalidad y gratuidad de nuestros servicios. Es eso lo que inclina la balanza hacia el sobresaliente.

Sin embargo, la privatización de la gestión en la sanidad ha creado profundas diferencias entre Comunidades y Madrid no es la mejor dotada en cuanto a gasto.

La OMS –a pesar de haber conocido una progresiva “liberalización” de sus criterios- publicó en 2006 un informe, firmado por Martin McKee, del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas Sanitarios, y otros dos investigadores británicos, sobre la privatización de la sanidad, con algunos puntos destacados:

  COSTE. A largo plazo, «los nuevos servicios han sido en general más costosos que si se hubieran empleado los métodos tradicionales» de gestión pública. Debido, en primer lugar, a los altos costes financieros que soportan los hospitales privados: los créditos que deben pagar las empresas son más caros que la deuda pública. La segunda razón son los beneficios que obtienen los accionistas de las empresas que gestionan los centros sanitarios. La tercera, el «enorme coste» que deben asumir los Gobiernos si algún proyecto quiebra. El estudio destaca que en estos casos, los Gobiernos no pueden dejar de prestar la atención sanitaria y se ven obligados a intervenir, asumir las deudas e invertir más dinero. La OMS insistía en que, aunque los Gobiernos afirmen que son las empresas las que asumen las pérdidas en caso de mala gestión, acaban siendo pagadas por los presupuestos públicos. El estudio alertaba también de la «falta de transparencia» de estos llamados proyectos PFI privatizadores:  pese a estar sustentados con dinero público, Gobiernos y empresas se niegan a detallar el destino de las partidas económicas alegando que es información «comercial confidencial».

 CALIDAD Y VIABILIDAD. El estudio destacaba la incapacidad del modelo para adaptarse a «un entorno de gestión sanitaria que cambia muy rápidamente» debido a los contratos a 30 años en los que está basado. «La falta de flexibilidad» para adaptarse a los cambios de población o a las nuevas técnicas médicas «ha hecho que algunos hospitales estén obsoletos cuando acaban de ser inaugurados». Y también señalaba la enorme complejidad que adquiere un hospital que debe prestar un servicio público, no sólo asistencial, sino también de formación a médicos residentes, pero que está gestionado por una o varias empresas privadas que, a su vez, pueden subcontratar la restauración, limpieza, mantenimiento, administración u otras funciones. «La dificultad de alcanzar un acuerdo entre tantos actores, junto los elevados costes de los proyectos, ha llevado a la quiebra de un gran hospital universitario, el Paddington Health Campus», en Londres”, citaba como ejemplo el estudio.

Oxfam, por su parte, ha elaborado otro estudio, este mismo año, alertando de los peligros de la privatización de la sanidad en los países pobres. Y, entre las muchas razones y ejemplos, cita el ejemplo de China –país que no es ni mucho menos pobre, pero sí lo es su población-:

“La administración de vacunas se ha recortado a la mitad en los años posteriores a la privatización de la sanidad. La prevalencia de índices de tuberculosis, sarampión y poliomielitis va en aumento actualmente y puede suponer millones en pérdidas de productividad y un gasto innecesario en tratamientos para la economía del país”.

Rebajar la calidad de la sanidad en algún país, va en perjuicio de toda la sociedad mundial. Los enfermos contagian a otros y expanden enfermedades.

 Los médicos y todo el resto del personal sanitario españoles sí están sumamente acreditados en el mundo, pero nuestro sistema empieza a acusar deficiencias. Marroquí, joven, embarazada, sin apenas hablar nuestro idioma, algo falló con Dalila, al rechazar su hospitalización y pruebas más profundas vistos sus alarmantes síntomas. ¿La privatización como causa? Un dato más para evidenciar los peligros que corroen el sistema en el que vivimos.

Actualización:

  Algunos deportistas de élite sufren de asma y precisan para ello tratamientos muy controlados. Este enlace explica bien el esfuerzo extra al que se someten y los exámenes médicos que necesitan, porque su padecimiento es el más contraidicado para hacer un esfuerzo respiratorio, que, pese a todo, realizan por vencer dificultades. No parece el caso de Dalila, cuando además la familia asegura que no padecía esa enfermedad. El problema sobre el que he querido llamar la atención es, sin embargo, otro: saber si las privatizaciones en la sanidad han contribuido a mejorar el servicio o a empeorarlo.

Las debilidades del mito

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No había planeado visitar esta ciudad que, según me dijeron, se llamaba Aachen y siempre me ha producido una sensación de aventura y suspense encontrarme en un lugar donde, si la lógica funcionase, no debería estar. El tema lo trató Tom Wolfe en “La hoguera de las vanidades”, en este caso como origen de un cúmulo de tragedias.

Tren Colonia-París. 10,45 de la mañana, llegaré a comer a la capital francesa y dispondré de tiempo para dar una vuelta por el barrio latino e insuflarme una vez más la belleza de Notre Dame. El convoy, de la compañía Thalys, tiene sus años. Transcurrida media hora, el jefe de tren dice en cuatro idiomas –ninguno de ellos el español- que se ha producido una interrupción de la vía poco más allá y nos van a llevar en autobuses a otra estación para salvar el obstáculo.

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Un autobús urbano aguarda nuestra llegada. Urbano, tal y como suena. Igual que los que conducen de Goya a la Puerta del Sol en Madrid pongamos por caso, y vamos a viajar por carretera. Las maletas colapsan enseguida el espacio y la mitad de los pasajeros nos quedamos en tierra. Inicio conversación con una pareja que resulta ser de Colonia y, poco a poco, se van haciendo animados corrillos, salvo unos pocos que permanecen aislados de todo contacto con los demás. Me explican que “no es inusual” que sucedan fallos en los trenes alemano-belga-franceses. Y que el principal problema es que siguen sin estar preparados para eventualidades. “En Londres hubiéramos tenido aquí 6 autobuses al momento, aquí vamos a tener que esperar que el autobús que se ha ido, regrese”, dice la mujer, Clara. Pienso que en España también tendríamos, probablemente, 6 autobuses, somos los reyes de resolver conflictos imprevistos por la facilidad en la improvisación.

En efecto, el vehículo tarda algo más de una hora en volver y nadie nos ha avisado. Estamos atados a la maleta y a la posibilidad de que alguien subsane el problema, mande otro autobús, que podría marcharse sin alguno de nosotros. No se puede ni ir al baño, ni a tomar nada, tampoco. Hago fotos desde el mismo lugar donde me encuentro, pegada a la estación.

Hoy sé que Aachen es Aquisgrán, el corazón de Europa, y que Carlos El Grande del que me hablaban, era Carlomagno, y que su Universidad es una de las más punteras de Alemania.. Vaya oportunidad perdida. ¿La torre sería un extremo de la Catedral?

Por un precioso sendero verde nos llevan finalmente a Bélgica. Pero no es una estación convencional, sino un apeadero. No hay servicio alguno, ni ascensor. El error de una señora con gorro ferroviario nos hace transitar a varios por empinadas escaleras, acarreando la maleta, de ida y de vuelta a la vía donde finalmente saldrá un tren para París. Varios caballeros me ayudan con el bulto a su iniciativa, pero no en todas las ocasiones.

Amarrado el tren adecuado, nos ubicamos donde nos parece, todos en el mismo vagón –dado que los viajeros del primer autobús no están allí-. Vamos a tardar otros tres cuartos de hora en arrancar. Hay un cierto revuelo. Un “enterado” de manual –que ha pasado el tiempo de espera trayendo «noticias»- dice que nos devolverán el importe del billete. Bajo a fumar y, con un par de alemanes, conversamos con el nuevo jefe de tren, un belga, que se bajaría con su equipaje en Bruselas. Le comentamos el asunto de la compensación económica con toda corrección. Pero él repara en mi acento y me pregunta de dónde soy. Me pide el billete. Sólo a mí. Sin saber dónde me he sentado, me dice que tengo que ir al último vagón, que me asigna el asiento 28. Le pregunto que por qué sólo a mí y que quién me va a llevar la maleta hasta allí. Lo piensa mejor y me envía al vagón cafetería adyacente, donde han instalado dos filas de asientos. Mi asombro crece cuando sube al vagón y envía conmigo a una familia de raza negra, compuesta por el padre, cuatro mujeres jóvenes, un chico adolescente y un bebé. De todo el tren, separa a una española y a una familia negra. Un nazi.

Son casi las dos de la tarde. Ni soñar en comer en París. Tengo hambre y se me está terminando el agua. Preguntó al nazi si dispone de comida y bebida. Responde: “Sí, pero es para los pasajeros de primera, vd. viaja en turista”. La cafetería abre a las 3 de la tarde en Bruselas, acumulando una disuasoria fila de viajeros.

Antes ha aclarado que la interrupción de la vía –el incendio de una conducción eléctrica- se ha producido en Alemania, y Thalys no se hace responsable de nada. Habremos de reclamar al Deutsche Bank, que, casualmente, es propietario de ese servicio. ¿Juegan al Monopoly los bancos de todo el mundo? Clara y su marido se encargarán de gestionar por mí cómo lograr el cobro en otra larga cola que se forma en la estación de París Nord. Me lo contarán por email.

Mi tiempo se había acabado. Notre Dame lo vi de refilón más imaginándolo que otra cosa. Y regresé a España sin problemas.

Más que nunca en el pasado, compruebo las graves deficiencias del sistema para cualquier lado que uno quiera mirar. Ahora tengo que emprender reclamaciones contra varios entes que han incumplido lo suscrito. Orange, cuyo servicio de Internet nunca funcionó, pero te tienen medias horas al teléfono para no resolver nada. Eso lo he solventando dando orden al banco de que no paguen la factura. Iberia por facilitar un servicio de seguro de viaje que roza lo fraudulento. Y –si no me olvido de nada más- contra los ferrocarriles centroeuropeos por el retraso, y la empresa Thalys por llevar a un nazi a cargo de uno de sus trenes. Para diez días de viaje no está mal el porcentaje. El sistema está podrido. Y, por más que luche -que lo haré- lo más probable es que no consiga nada porque los ciudadanos estamos indefensos ante el monstruo que nos agrede con total impunidad.

Madoff: preguntas tontas

Todos muy contentos porque Bernard Madoff ha sido condenado a 150 años de cárcel: estafó 50.000 millones de dólares. A clientes millonarios, en su mayoría. Como conozco a algún afectado, puedo presuponer que, muy pocos, se han arruinado: habían diversificado sus fuentes de inversión y ni de lejos se han quedado con lo puesto.  Millones de personas, en cambio, sufren los efectos del neocapitalismo desbordado y sus fraudes hasta pasar serios apuros para subsistir.

Mis dudas son:

¿Hubiera sido la Justicia de forma tan rápida y contundente de haber no haber sido ricas sus víctimas?

¿Lo ha hecho en el caso de quienes han arruinado empresas y usuarios más modestos?

¿Lo hará alguna vez… o todo seguirá igual?

¿Reaccionará en algún momento la sociedad?

El Golpe de Estado «técnicamente»

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, duerme en su cama cuando irrumpe el ejército a tiros en su dormitorio, le secuestran y lo meten en un avión para sacarlo del país. Liberal y adinerado, que devino en populista de la línea Chávez, sufría problemas desde hace un tiempo. Había convocado un referéndum para lograr la prolongación de su mandato por cuatro años más -algo que prohíbe la Constitución de Honduras-, el Congreso había votado en contra de la medida, pero Zelaya persistió en su idea. Hoy, el Presidente de la Cámara, Roberto Micheletti, encabeza ya el nuevo Gobierno, con apoyo del Tribunal Supremo. Sin pasar por las urnas.

Los hechos desnudos vienen a ser así. Lo curioso ha sido la reticencia a denominar Golpe de Estado a lo sucedido en Honduras y, una vez admitido a regañadientes, tratar de justificarlo. En España.

La Razón titula “Golpe de Estado contra Chávez”. Fernando Fernández en la SER argumenta que Zelaya “había dado motivos”: quería “perpetuarse en el poder” y ha inflingido varias leyes (no tantas desde luego como la clase política hondureña en su actuación en este caso). ¿Eso justifica que entre la cuartelada en su casa y lo expulsen del país? Al parecer, sí, para algunos.

“Perpetuarse en el poder” es legal en España, por ejemplo, donde no existe limitación para presentarse a comicios electorales. Siempre que logren la mayoría de los votos como pedía hacer el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya. ¿Que se puede manipular emocionalmente a las masas? ¿Dónde no?

De cualquier forma, el uso político del ejército, y el secuestro y deportación del Presidente son delitos gravísimos. Si la actuación de Zelaya no era correcta, hoy debería estar en la cárcel –hondureña- a la espera de juicio. Pero muchos lo “comprenden”. Uno de nuestros actuales representantes en Europa, Alejo Vidal-Quadras, declaró en la campaña electoral, que la República había sido la causante de los cuarenta años de dictadura sufridos en España. Y fue masivamente votado. También me chirría escuchar en la SER a alguien que considera lícito de alguna manera que si un país tiene problemas, se llame al ejército, se secuestre al presidente, se corte la electricidad, televisiones y radios y se establezca el toque de queda. No es un criterio democrático, a las personas no demócratas no se les pone puente de plata para que difundan su ideología en los países serios.  Y ésa es la razón por la que a los sajones les hacemos tanta “gracia”, pero no nos toman en serio. El problema es, sin embargo -dicen algunos-  lo que “técnicamente” se considera un golpe de Estado. En este caso, la actuación de Zelaya pone en duda el término, dicen. Además, se había alineado con Chavez, tremendo delito que merece como mínimo ser encañonado.

España, madre patria, Europa, sufrió en sus carnes no hace tanto, un problema similar. Y quiero traer a colación un viacrucis padecido en primera persona. Un amigo –a quien, a pesar de todo, profeso un gran afecto-, ha escrito un libro sobre su vida en la televisión, profundamente subjetivo, incluso arbitrario. En él cita su visión del último reportaje que hicimos juntos en RTVE para Informe Semanal, el último de nuestra carrera en la Casa, además. Habla de profundas discrepancias que a punto estuvieron de acabar con nuestra amistad. Pero no cita el desencadenante, que fue ése: que yo llamé Golpe de Estado a los sucedido en España en 1936.

Él, como realizador, se ocupaba de la imagen, y yo -como redactora del texto y primera firmante del reportaje- de todo su contenido. Él, sin embargo, rechazaba de plano la denominación “Golpe de Estado”.

“Dos académicos, uno de la Lengua y otro de la Historia no me parecían malas referencias, y ellos parecen coincidir con mi teoría. Carmen Iglesias dijo que no se debe hablar de golpe de Estado, sino de rebelión militar. O en todo caso golpe militar, pues el golpe de Estado lleva aparejada la toma de los centros de poder y el cambio de uno por otro. Dijo: «es una rebelión militar que acaba en guerra civil. Tú estás en tu derecho de apostar por lo que quieras. En este caso, nuestras apuestas particulares arrastran al otro como si fuéramos siameses. Si te equivocas nos equivocamos, si me equivoco con la imagen nos equivocamos también los dos», me escribió en un extensísimo intercambio de emails que seguía a las discusiones de viva voz.

En la agria disputa, le escribí:

“Creo que la cuestión del Golpe de Estado -que a mí no me suena «raro»- se zanja con un hecho: Golpe de Estado figura en los libros de texto que estudian hoy los niños españoles -el propio Dani, «nuestro niño», lo dice en la entrevista-, aprobados por el Ministerio de Educación y Ciencia. Junto a wikipedia y Pío Moa (como ejemplos extremos), te cité que esa calificación figura hasta en museos nacionales. De hecho hay 65.800 entradas en google con esa denominación. Que hay opiniones diferentes,no me cabe duda. Unas serán por perfección academicista y otras puramente intencionadas políticamente. Incluso decir «golpe militar» lo corrobora. Militar es un calificativo en este caso, pero los golpes no se dan en el aire, se dan contra algo y fue el Estado de Derecho, un gobierno elegido en las urnas que además trajo una guerra civil y 40 años de férrea dictadura.Por todo ello lo que sí te puede asegurar es que a ningún demócrata le molestará escuchar que se llama Golpe de Estado a lo que ocurrió en 1936.”

Pero no le convencí:

“Ya sé que a ti lo de golpe de estado no te suena raro, ése es el problema; como tampoco te sonaba raro lo de «la larga noche» (imagen literaria que utilicé para referirme a los 40 años de dictadura, y que consiguió sacar del guión con apoyo de uno de los jefes del programa). Respecto a las referencias que tomamos para saber lo correcto o lo incorrecto hay que tener cuidado porque los errores se expanden con una facilidad contagiosa. Quién le convence a un ciudadano medianamente ilustrado de que es incorrecto decir «ciudadano y ciudadana», cuando lo dice desde el presidente de gobierno a los conductores de los programas de radio; quién le convence de que, eso, de que se puede decir «de que» y no evitarlo a toda costa como si fuera la peste, que unas veces es correcto y otras incorrecto, que el no emplearlo nunca, aqueismo, es tan erróneo como el dequeismo. Las referencias que encontramos a mano no son nada fiables, como ves. La cuestión del Golpe de Estado, hija mía, no se zanja con el argumento de los libros de texto, la zanjas tú y punto, pero eso no es garantía del uso correcto del término, y tú, periodista renombrada, estás difundiendo el, a mi juicio, error a unos cuantos millones de telespectadores que pensarán que si lo dice la televisión está bien dicho. La televisión lo aguanta todo, nada va a pasar, no hay que preocuparse, se trata de trabajar con rigor o no. En cualquier caso, el castellano es tan rico que permite términos alternativos que eliminen la sombra de la duda. Ahora bien, si se trata de sostenella y no enmendalla, esa es tu opción. Por el bien del idioma, ojalá que aciertes».

En el reportaje leí: “Golpe de Estado de 1936”

Y ahora me pregunto: ¿la semántica tiene ideología? ¿Es inocente y fría?

Atentos a la burbuja turística

El turismo ha descendido en España y se prevé que lo siga haciendo. Lo anticipaba en mi libro: España ha dejado de ser el paraíso encantador que conocieron. En su lugar tenemos playas enladrilladas de cemento en construcción anárquica, precios desorbitados, mal servicio -en algunos casos de no profesionales- y malas caras. Me habían comentado algunos extranjeros especialmente ese punto, la poca amabilidad en el trato en contraste con el pasado: «Parece que te perdonan la vida».

Berlín me ha sorprendido, después de varios años sin visitarlo, por lo asequible que es cenar fuera en coquetos restaurantes, no de lujo extremo. Estoy hablando de un sólo plato –enorme- que viene con todos los acompañamientos. Y, en concreto, de un cordero en un restaurante turco, una parrillada de carne a la brasa otro día, una exquisita caldeirada portuguesa o un servicio de delicatessen alemanas frías, desde quesos a embutidos con ensalada –de tal tamaño que en España tomaríamos cuatro personas-. Con cerveza y sin postre, sale entre 16 y 20 euros comensal. No cobran el pan. Y estoy hablando de zonas caras, las hay más baratas. Mesa con mantel y velas, ni una palabra más alta que otra en el salón o la terraza (salvo cuando el grupo es numeroso y han tomado demasiada cerveza). Y servicio extremadamente atento. Tardan en traerlo, los platos los hacen al momento, sin recalentarlos.

  Al margen de comparaciones, el problema de España es que hemos matado la gallina de los huevos de oro, o la hemos enfermado seriamente. Los monumentos -y la alegría y espontaneidad españolas también- seguirán atrayendo imperecederamente. Nadie dejará de ir a Toledo, Santiago, Barcelona, Madrid, Córdoba y todo lo que vosotros queráis en esa línea. Pero, para vacaciones de playa o descanso, en Túnez o Punta Cana ofrecen lo que antes ofertaba España. Mejores precios que en casa, belleza sin alterar por la atroz especulación inmobiliaria, y buen trato.

Cuando uno cae en pendiente, dispone de la posibilidad de parar y remontar. Hay que ponerse a la tarea. Fuente esencial de nuestra economía, tampoco nos podemos permitir perder sus puestos de trabajo.

Michael Jackson, muñeco blanco roto

Como tantos otros niños prodigio, trabajó desde que apenas se mantenía erguido. Usado por sus progenitores, sus productores y sus espectadores que nada cuestionan. En un país y un mundo con sus prioridades y sus esquemas. La errática vida personal de un artista genial, Michael Jackson, parte, sin duda, de ese convencimiento inducido que muestra el vídeo entre lo que es bueno y es malo. Su durísimo esfuerzo se vio recompensado con la fama. Había llegado el momento de comprar lo que le había negado la naturaleza: ser el muñeco bonito, el aceptado, el deseado. Aquel guapo muchachito negro perdió el color, la nariz, los labios, el peso adecuado… la razón. Y hubo profesionales de la medicina que secundaron su locura a cambio de dinero.

Cambió todos los esquemas en la música, innovó incluso en la técnica audiovisual y se perdió en un marasmo de insatisfacción y soledad –también soledad, probablemente- que le hizo perder la inspiración y cometer atrocidades. Ese esqueleto patético, pálido, estirado, toscamente remodelado, enfermo de mente y cuerpo, ya no era Michael Jackson. Responsable de sus actos, de cualquier modo, fue un fruto de nuestro tiempo. Muñeco blanco podrido, muñeco feo.

Bailan ya sobre su tumba, reviviendo éxitos ya olvidados. Alguien hará negocio, de nuevo, con Michael Jackson. Cometió el error de no morir antes de que entrara en su vida el bisturí y la medicina transformadora. Pero sí lo hizo. Y muere otra vez su fastasma, a tiempo para reeditar royalties. Muñeco blanco roto, muñeco malo, muñeco inmensamente feo.

Periodistas en Berlín

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Berlín tiene playa. A orillas del río han habilitado deliciosos espacios con arena y tumbonas, sofás-cama, tules. La prensa federal da nombre a uno. Paradisiaco. ¡Barato! Aquí acude quien lo desea, pero también periodistas y políticos, dado que se encuentra ubicado cerca de todo el conglomerado gubernamental y mediático. Sin escoltas, sin problemas. Me cuentan que uno puede tumbarse en el césped –poco más allá- mirando la ventana de la Canciller Angela Merkel, apoyarse en la fachada, sin que nadie les moleste. Ese espacio, dicen, es de la ciudadanía. Cierto que no les sacude un terrorismo casero, pero hay también otra cultura cívica y democrática, un sentir como propio el país, el verdadero patriotismo -como he dicho tantas veces- que no exige alardear de banderas. Cierto, igualmente,  que ni los políticos conservadores cuestionan sus logros adquiridos.

He conocido en Berlín dos periodistas jóvenes que me han impactado: Patricia Sevilla –hija de mi amiga Camino Ciordia-, fotógrafa, y Aitor Lagunas, paisano de Zaragoza. Ambos –a los que he llegado por distintas fuentes- coinciden en varias cosas: dejaron su país para buscarse la vida, aprender idiomas, respirar otras culturas y, tras unos pocos años de profesión, poseen un rigor y un perfeccionismo que me admira. Buscar incasablemente fuentes y contrastarlas, ponerlo todo en cuestión, trabajar a fondo para lograr el mejor resultado. Mientras los grandes medios mandan a sus corresponsales a casa para ahorrar dinero, jóvenes como éstos buscan horizontes con la mejor preparación posible. Ésa es la clave. Merecen un futuro consolidado. Sospecho que lo conseguirán. Tienen el espíritu luchador e inconformista que tuvimos, en su día, quienes de repente empezamos a hacer periodismo en España de la nada. Hoy el marco es Europa, el mundo.

    Y, en la ciudad sin prisas, descansar aquí en las pausas, es bien apetecible.

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