La sociedad indiferente

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Una madre olvida a su hijo de tres años en el coche. Incomprensible que despiste o preocupaciones puedan llegar a ese punto. Pero el crío pasó 5 horas en un coche al sol, antes de morir. Tuvo que llorar. Mucha gente pasaría a su lado. Pero tampoco se fijó o quiso intervenir.

Una chica de 13 años es violada y vejada por media docena de sujetos en Baena, Córdoba. En una piscina. Una vecina contempla desde su casa la escena. Y no hace nada. Se lo cuenta a su marido cuando llega a casa… a las 22,30.

Jesús Neira, pasó por delante de una decena de indiferentes, para detener una agresión machista, antes -y durante- de que el maltratador le diera tal paliza que lo dejó en coma.

Daniel Oliver, un estudiante de 23 años de Valencia, actuó de la misma forma que Neira, un año antes. Un hombretón pateaba en el suelo a su novia y trató de impedirlo. Se acercó a defender a la mujer y el hombre le golpeó en la cabeza. El resto de los presentes no actuó. Murió una semana después. Nadie le ha recordado. Ni los periodistas.

Indiferencia y pasividad nos asolan. Es más fácil reaccionar ante un hecho violento que presenciamos que ante los atropellos soterrados. Hay algo visceral que solía impeler a actuar. Hierve la sangre y se precisa un jarro de fría cobardía mayor para apaciguarla. No ahora. Aún menos para parar las agresiones del sistema. Moverse implica riesgo sí pero ¿tiene algún valor una vida sin compromiso alguno, tibia, ciega, sorda y muda?

Cuando informar es un riesgo

José Carlos Gallardo, corresponsal de TVE en Rusia, está haciendo una información arriesgada en un país -y un entorno que incluye Chechenia- en el que han sido asesinados 300 periodistas desde 1993. Habla del secuestro y asesinato de una importante activista de derechos humanos de Chechenia, Natalia Estemirova. Amiga de la periodista rusa asesinada en 2006 Anna Politkovskaya, Estemirova trabajaba para la organización de derechos humanos “Memorial” en la capital chechena, Grozni. Gallardo la había entrevistado con anterioridad y quedaron grabados los premilitares del encuentro hasta que se inicia como tal la charla. Ella le advirtió que tratara con cuidado el tema: “Debo seguir trabajando aquí porque me necesitan”. “Porque me necesitan”, dijo. Difícil mundo para algunos que se empeñan en mejorarlo.

La rabia y la defensa de la verdad le pudieron a Gallardo ayer, y en el mismo tono ha seguido hoy. Apuntó al Presidente checheno, vinculado al Kremlin, y terminó la información diciendo: “Muchos temen aquí, muchos nos tememos, que su muerte quedará impune”. Su trabajo tiene valor. Y riesgo. Pero la información es esencial para que un día estos atropellos se paren.

En un desolador panorama de aparentes becarios consolidados, la que fue mi empresa, me ha revelado la existencia de este periodista que supera sus miedos en defensa de la verdad, y que lo cuenta con pasión. La loable búsqueda de la objetividad ha sido -y cada vez más- excusa para la indiferencia, la pasividad y el llegar incluso a la desinformación por defecto. Gallardo es de los que dignifican una profesión diezmada por ERES, intrusos “huesmeabraguetas” y estómagos agradecidos. Los, grises y acomodaticios, “equidistantes” que dominan, como digo, profesión y sociedad, no lo entenderán, pero sólo así se intenta cambiar las cosas. Yo le aplaudo. Aún sabiendo que, si le ocurre algo, nadie moverá tampoco un dedo por él.

Su información está en el minuto 16,26.

 http://www.rtve.es/alacarta/#545443

También lo cuenta en su blog:

Todo el equipo de TVE en Moscú estamos consternados, enfadados, entristecidos… y jodidos. Hay rabias que son indescriptibles. Porque tuvimos la suerte de conocerla.

¿El séptimo mejor sistema sanitario del mundo?

La muerte del pequeño Rayan amenaza con destruir el mito de la sanidad española, considerada la séptima mejor del mundo, porque ha revelado sus graves carencias. Clama el Consejo General de la Enfermería por haber atribuido toda la culpa a la enfermera que se estrenaba aquel mismo día en el servicio. Otro bebé, cuentan, murió hace 9 años en Canarias en las mismas circunstancias. El Reino Unido o Francia, desvela El Mundo, disponen de una legislación severa que impide confundir las sondas gástricas con los catéteres venosos.

Faltan enfermeras y rotan demasiado. Una plantilla insuficiente y poco especializada lastra al sistema sanitario. España necesita 150.000 profesionales para cumplir los estándares aconsejados, informa El País en este caso. Según los datos de la OMS, en la UE se contabilizan un total de 1.621.903 médicos y 3.965.327 enfermeras para atender a una población cercana a los 500 millones de habitantes. La OMS considera que una buena asistencia requiere como mínimo la cifra media de la UE: 808 enfermeros por cada 100.000 habitantes. En España hay comunidades que incluso la sobrepasan, como Navarra, con 900. Otras se acercan, como Cantabria. Murcia, en cambio, registra el menor índice de profesionales, con sólo 348 enfermeras por cada 100.000 habitantes. Madrid tiene 625, pero recoge 7 de cada 9 quejas por esperas. 4 meses es la demora mínima para una mamografía con sospecha de cáncer de mama.

Todo se explica por lo mismo: dinero, inversión. Estamos a la cola del gasto sanitario público de la UE15 (no contando a los nuevos, a los países del Este). España se sitúa, con 1. 329 euros, en el puesto número 13, sólo por delante de Grecia y Portugal. Luxemburgo invierte con 2.989 por ciudadano más del doble; Países Bajos, 2.284, y Francia, 2.188.

Le dediqué amplio espacio en mi libro a la sanidad española. Un aumento de la población con la llegada de casi 5 millones de inmigrantes, se ha unido a la privatización de la gestión que llega al límite en Madrid, donde el Consejero  Juan José Güemes llama a la iniciativa empresarial a invertir y “hacer negocio”. Anuncia que primará a los médicos ahorrativos que reduzcan costes a costa por ejemplo de las medicinas o de las pruebas diagnósticas. Incluso los pacientes son llamados ahora «clientes» –juego léxico como síntoma irrefutable de qué es lo que se busca al entregar la salud a manos privadas-. Hay 17 sistemas sanitarios en España, si alguno se acerca aún a la consideración de “mejor del mundo”, es Navarra. ¿Por qué? Porque le dedica dinero, para ellos es una prioridad.

Los médicos reciben distintos emolumentos según donde trabajen. Por eso, más de mil se van fuera de España cada año. Por eso, llegan facultativos del extranjero: para cubrir las plazas que faltan. En poco tiempo, la carencia de especialistas dará problemas serios de asistencia. Por ejemplo, no hay suficientes cirujanos generales y del aparato digestivo, anestesistas, radiólogos, pediatras y médicos de familia. Están muy bien considerados, igual que las enfermeras experimentadas. Ellas también emigran a otros países a trabajar.

 Hay motivo de negocio. La Sanidad es la primera empresa de España: 300.000 empleos directos y más de dos millones indirectos. El 6% de la población trabaja en este sector. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: es un negocio. Y un negocio seguro. Y, como tal, es tratado en ritmo creciente por algunas comunidades con gobiernos autodenominados liberales. Las listas de espera -que existen aunque se maquillen- llevan a los usuarios a Urgencias. Y se colapsan. Y están atendidas, en un 90%, por voluntariosos Médicos Internos Residentes.

Mientras la Administración Obama busca en España el modelo –gratuidad y universalidad, implantadas por Felipe González, es lo único que eleva nuestro prestigio internacional-, nosotros, unos más que otros, abrazamos con pasión  el modelo neoliberal de gestión de la sanidad. ¿Cuál fue, y aún es, el resultado en EEUU?

  Su sistema sanitario es el peor del mundo civilizado según estudios internacionales. Cincuenta y cinco millones de personas sin salud pública. Compañías aseguradas con departamentos que estudian cómo dejar de hacer una operación, una prueba diagnóstica imprescindible –incluso en enfermedades peligrosas-, el tratamiento de un cáncer ofreciendo a cambio suicidio asistido –de dudosa ortodoxia en las normas del país-, con todas las triquiñuelas legales. Gente que pierde un dedo porque no le cubre el seguro, gente que carece de toda cobertura.

Igual está ocurriendo con la educación, la causa mayúscula de que España sea un país de tercera con una economía que se ubica –con crisis y todo- entre las primeras del mundo. Una caspa congénita que lleva al presidente de un partido a decir que un más que presunto corrupto ha pagado con creces su deuda de cohecho, en lugar de enrojecer de vergüenza y profesar a fuego la ética. Muera la “equidistancia” que exonera a la política de nuestros males a pie de suelo. No hay dos, tres, cuatro partidos, a los que sacar la cara. Hay un niño muerto, su madre (probablemente), mucha gente desatendida, una mayoría desinformada, apática y con muchas tragaderas. Y alguien, además de los interesados, tiene la culpa.

Ah, En 1997, España era el sexto mejor sistema sanitario del mundo en la clasificación de la OMS, el séptimo en 2002. Ahora, la Organización Mundial de la Salud prefiere, en lugar de fijar un «top ten», dar clasificaciones parciales. A España le da una calificación muy alta en «justicia contributiva» porque el paciente no paga cuando recibe los servicios. ¿Y nuestros impuestos no pagan?

Espías

espia

Hay un supramundo que parece existir al margen de la ley y que se infiltra, con más intensidad de la que creemos, entre los cimientos básicos que nos sustentan. Un ejército -muchos ejércitos-, paralelo y en la sombra que, sin embargo, está dando muestras de desintegración. Por lo peor que –para sí mismo- puede mostrar el espionaje: la notoriedad. (Y nada edificante).

Me despedí anoche con harto dolor de Stieg Larsson que no escribirá más. Tres libros para -con lenguaje de imán- denunciar disfunciones y corrupciones de esta “hermosa” sociedad que hemos formado. El último va directo a la yugular de los servicios secretos, la llamada –nunca he sabido por qué- Inteligencia. Hasta desliza la sospecha de que fuera este servicio –una cápsula, por supuesto- el autor del nunca aclarado asesinato del primer ministro socialdemócrata Olof Palme en 1986.

Los espías se enseñorean de las noticias estos días. Los datos privados del Jefe de los espías británicos, publicados en Facebook por su esposa. Expedientes olvidados, chapuza sin fin. España no se queda atrás. La máxima autoridad, Alberto Saínz, pillada en ostentosos gastos privados a cargo del departamento, pero denunciado –a un medio informativo- por su personal. Saínz que pretende hacer purga y expulsar a 60 de sus subordinados. Estimable cifra que no habla precisamente bien del funcionamiento de los servicios secretos españoles.

En un ámbito más privado o semiprivado –sin emplear la excusa de la seguridad nacional-, Berlusconi espía al G8, el magnate de la prensa Murdoch a políticos y famosos. La dictadura cubana utilizando la acusación de espionaje como argumento de purga. Corren los espías por la Comunidad de Madrid en litigios de partido, denunciados también desde dentro de sus filas. El tesorero acusado del PP, arrampla con papeles comprometedores hurtados.

Y la película hecha realidad: el infecto Cheney, de la infecta etapa Bush, oculta un plan antiterrorista al Congreso para capturar y matar a supuestos miembros de Al Qaeda, sin juicio ni nada que se le parezca.

La airada tesis de Larsson es que el espionaje –de altos vuelos y de andar por casa- puede terminar por vivir al margen de la ley y sin control, algo que no puede permitir un sistema democrático. Es una de las tantas excepciones que socavan la enferma estructura de nuestra sociedad.

Mirar, escuchar, trampear, para hacer presión, chantaje y daño. En el que algunos de mis lectores –por lo que he visto- llaman mi mundo utópico -que sí busca, al menos, la claridad-, sería uno de los principales males a erradicar. Termitas imperceptibles, cada vez más chapuceras, más impunes, que comen el caballo de Troya al que nos han trasladado a vivir, pero a es a nosotros, a la sociedad, a quienes piensan asaltarnos.

«Fiestas» de San Fermín: parte médico del domingo

Europa Press y diversas agencias:

El sexto encierro de los Sanfermines, protagonizado por toros de Miura, ha dejado al menos cinco heridos por asta de toro. La carrera ha sido muy peligrosa, después de que un toro quedase descolgado del resto de sus hermanos.

Uno de los corredores heridos ha recibido una primera cornada en el tórax. Y otra segunda le ha provocado una  herida de 15 centímetros en la parte posterior del muslo bajo el glúteo y le ha llegado hasta el hueso de la pelvis. El corredor se encuentra ya en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), después de ser operado. Su pronóstico es grave, aunque estable a salvo de complicaciones. Preocupa especialmente su herida en el pecho. Tiene fracturada la segunda costilla y puede afectarle a un pulmón.

 Otro corredor presenta un pronóstico grave tras ser empitonado en el cuello. También se encuentra en la UCI y los dos doctores confían asimismo en que salve la vida. 

También han sido empitonados otros tres corredores, uno en el muslo que ha sido atendido en el puesto de Espoz y Mina, otro en el brazo en la zona del Ayuntamiento y el último en la espalda en Mercaderes.

Además de los cinco heridos por asta, han sido trasladados a centros hospitalarios de Pamplona otros seis corredores con diversos traumatismos.

En concreto, en el Hospital de Navarra han ingresado tres corredores, uno con traumatismo craneoencefálico en Santo Domingo, otro con traumatismo abdominal también en Santo Domingo y el tercero con un baretazo lumbar en Mercaderes.

En el Hospital Virgen del Camino se encuentra un mozo con traumatismo en la rodilla en Mercaderes, otro con traumatismo craneoencefálico y contusiones en extremidades también en Mercaderes, y el último con una posible fractura de tobillo en Telefónica.

Leo que “Hermitaño” –quien seguro estaba en la ganadería cuando hace dos años la visité para un reportaje de Informe Semanal-, se “ha cebado” con el primer corredor.

El Mundo añade:

“La traición de los ‘miuras’

Los de Miura han traicionado a los organizadores de los encierros. Son elegidos para correr en fin de semana porque su nobleza hace que sus estadísticas de heridos en la calle sean bajas incluso en días con el recorrido atestado de corredores, como ha ocurrido de nuevo este domingo. ‘Ermitaño’, burraco, herrado con el número 10, ha sido el principal responsable, pero no el único, porque la carrera ha tenido peligro de principio a fin”.

Han conseguido, por tanto, que vea el vídeo del encierro. El pobre animal, rodeado de cientos de personas, se ha caído y se han ido sus compañeros. Los mozos le acosaban, incluso después de empitonar a algunos hombres.  Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro para entender cualquier cosa. Es un animal, sí, pues con mayor motivo, porque parece que no son tan racionales como los humanos. Se ha visto solo y rodeado de gente. ¿Es ilógico lo que ha pasado?

Ver: Sanfermínes, fiesta con partes médicos.

Crisis, malvada crisis

Teclear en google “la crisis provoca” resulta un interesante ejercicio sociológico. Veamos. Una caída del 6% en las ventas del sector del libro. El 60% de las matriculaciones en autoescuelas. Una escalada de cierres de negocios de autónomos. Un exceso de oferta de pisos y un descenso de la demanda. Despidos y regulaciones de empleo diversos. Entre ellos, como consecuencia, de los vigilantes de seguridad, que son menos contratados. Un 6% de bajada en el consumo de gasolina. La desconexión rural de Internet y un descenso general del número de internautas (¿). No todos opinan lo mismo: Google al recibir el Premio Príncipe de Asturias, dijo que la crisis provoca un aumento de usuarios. Incremento de los robos en supermercados -lo que en una treintena de periódicos califican por igual como «robos famélicos»-.  Un aumento de la economía sumergida. Que se disparen los timos en reparaciones a domicilio. Devoluciones masivas de libros en Asturias. Sí, en Asturias, eso pone. ¡Cómo son los asturianos! Claro que los lectores optan por ediciones de bolsillo, que no parece mala cosa.“Overbooking” de aspirantes a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Un “boom” de ventas de lotería. Un 30% de mayor agresividad y nervios en los conductores -¿más?-.  Que desciendan las adopciones. Vaya. Que el 76% de los españoles cambien o cancelen sus reservas de vacaciones. Que las empresas descarten construir parkings subterráneos –fue un negocio altamente lucrativo-. Un aumento de solicitudes para ingresar en “Gran Hermano”. Asuntos serios, buena parte de ellos, no todos.

Pero también atribuyen a la crisis, mencionada siempre con harto dolor y preocupación, todos estos asuntos: Hizo que las familias y hogares españoles ahorraran en el primer trimestre del 2009 más del doble de lo que lo hicieron un año antes, hasta una tasa del 7,9%.   Que la gente venda sus objetos de lujo Que los trabajadores –los que sí tienen empleo- estén más satisfechos con su labor. Un refuerzo del control del gasto en las PYMES. Un descenso del 10% en el absentismo laboral. Un aumento del interés por el arte y la cultura, visitas a museos –gratuitos o baratos-… en Gran Bretaña. Un descenso del 30% en el uso del taxi. Atentos: descenso en las ventas de jamón ibérico. Una caída del 74% en los beneficios del diseñador Adolfo Domínguez, que “sólo” ganó el año pasado 4 millones de euros. Menos visitas a centros de belleza y bricolage casero, en lugar de llamar a reparadores profesionales para todo. Una vuelta a las aulas en busca de títulos y mejor cualificación. El regreso de los abuelos desde sus exilios en residencias para cuidar a los nietos. Un 5% de descenso de salidas a los campos de golf –esos que se comen el agua y proliferan como setas en otoño-. Cambios en el mundo publicitario ¿A mejor o a peor? Se ha frenado la deforestación del Amazonas.

Y consecuencias, atribuidas a la crisis, aún más cuestionables que algunas de las que preceden:

Un descenso de los muertos en accidentes laborales. Nos lo cuentan “con un par…”. Vamos, que al reducirse el empleo, mueren menos.

Crisis en las churrerías. Que resulta venía gestándose desde 20 años atrás.

Un aumento del número de suicidios y asesinatos. ¿Por la crisis?  Sí causa más inseguridad y más miedo.

La caída del deseo sexual, ¡anda ya!

El aumento de la obesidad entre las mascotas de los estadounidenses, porque sus dueños los alimentan ahora con productos más baratos y menos saludables. De cualquier forma, se sigue gastando más en Viagra y en comida para animales, que en mejorar la calidad de vida de los africanos

Lo positivo: Vivíamos con una sobredimensionada oferta que acarreaba gastar sin tino. Ojala se mantenga el buen juicio si un día cede la crisis.

Y lo más negativo: Muchos –pero muchos, muchos- han sacado tajada: han aprovechado la excusa de la crisis para hacer reestructuraciones insolidarias, mejor toleradas en un mundo revuelto.

Crisis, malvada crisis, cajón de sastre revuelto. Tópico cíclico que no ha cambiado la mayor parte de nuestras actividades pero nos ha hecho añadir el vocablo. «Vivo… a pesar de la crisis«.

Esta recopilación de viñetas de El Roto nos explica mejor que nadie lo que ha pasado.

Sanfermines, fiesta con partes médicos

Asisto cada día, cada año, desde el 7 al 14 de Julio, estupefacta, a esa orgía de salvajismo que –en mi opinión- son los “Sanfermines” y que acompaña mi vida desde que tengo uso de razón. Un país civilizado no puede permitirse esas tradiciones bárbaras por mucho turismo y glamour que atraigan. Es mi pensamiento, “incorrecto” respecto a ciertas tradiciones, lo sé.

“¡Por fin! hemos conseguido una víctima mortal, y varios heridos de consideración!”, se dirán en el telediario, imagino que en voz baja. Porque ayer, ante tres encierros “limpios”, la informadora se mostraba inquieta y «prometía» sangre para hoy. “Los toros de Jandilla ostentan el récord de corneados”, vino a decir. No había que desesperar, era “la crónica de una muerte anunciada” (uno de los mejores títulos literarios de la historia, por cierto). Porque sí, TVE y Cuatro retransmiten los encierros, desplazan grandes operativos, la audiencia les responde. Pero si no hay sangre en condiciones, el morbo decrece. La emoción reside en ver cuantos palman.

Una víctima mortal hoy, empezamos bien. El toro le ha sajado una arteria del cuello desde el pulmón. Otro de los heridos, con las tripas fuera. Otro, con neumotórax.  Muertos, parapléjicos de por vida, graves secuelas, ha dejado la tradición pamplonica. Ellos se lo han buscado. El mundo entero en Pamplona a correr entre los toros, a retar a la muerte. Valentía. Coraje. ¿Estupidez?

Cada año, casi cada día, nos mentan a Hemingway para avalar con la devoción de un escritor de fama mundial por San Fermín, esta tradición española. Uno de los más grandes, sin duda, pero no olvidemos que se descerrajó una escopeta encima para abandonar este mundo.

España la tiene tomada con el toro. Uno de los animales menos inteligentes que existen. Fiereza, brío, potencia y poder le son atribuidos. Sus descomunales testículos, los cuernos que embisten y enfrentan al riesgo, su belleza, lo han situado en el punto de mira de los humanos desde los ancestros. Símbolo mítico desde la Antigüedad, de toda la cultura mediterránea -que le atribuía poderes de fecundidad y lo unía a la muerte y a la resurrección-, sólo en España permanece arraigado en la vida cotidiana. La fiesta se vive en muchos lugares con el toro, hasta llegar en los más atávicos a apoderarse de sus testículos, en la errónea creencia de que también se traspasará su energía. Fueron dioses mediterráneos pero también victimas de sacrificios rituales. En la lidia española y de su área de influencia, el toro muere.

Me enteré en la ganadería de Miura de algunas peculiaridades del animal bastante desmitificadoras. Se encuentran tranquilos en terreno conocido –yo los vi- y sólo pelean, como todos los animales, por el poder en la manada. Otra cosa y muy distinta será cuando lleguen al espacio extraño de la plaza, o de las calles de Pamplona. Entre los 4 y los 6 años harán su viaje final. Entretanto, se alimentan con productos naturales y no copulan jamás con una vaca. Mueren vírgenes. La tarea de reproducción se encomienda a los sementales seleccionados y a las vacas también elegidas por sus características.

Unos pobres animales criados en el campo son arrojados a las calles de una ciudad atestada de gente, muchos de ellos borrachos. ¿Imagina alguien su pavor? Nadie guardará hoy un hipócrita minuto de silencio por la víctima mortal, ni por la crueldad a la que someten a unos animales. Tan preocupados las autoridades por cuidar a golpe de decreto nuestra salud –tabaco, cinturones de seguridad-, no osan entrar en una ¿fiesta? que acaba con partes médicos. ¿Y la eutanasia? ¿No está prohíbida? ¿Tendrán que ir los enfermos incurables a las calles de Pamplona en Julio?

Todos tranquilos. “Capuchino”, el toro asesino, morirá también esta tarde de una estocada. “Mucho mejor que en el matadero”, “La “magia” del toreo” –sí, conozco los argumentos-. Sólo que una concurrida plaza disfrutará viéndole expirar.

La victima es Daniel Jimeno Romero, de 27 años, natural de Alcalá de Henares. Le ha visto -quien haya querido- ensangrentado y con la muerte pintada en el rostro. Una vida truncada. Habrá más, no desesperen. “Los Jandilla nos visten de luto”, titula ETB… ¿los Jandilla? ¿Nadie más pone los medios para que se produzca la tragedia? De algo hay que morir, por otro lado. Y cada uno elige por qué objetivos se enfrenta al riesgo.

La culpabilidad de los indiferentes

Lloraba, vulnerable por sus largos años de secuestro, Ingrid Betancourt -con el premio Príncipe de Asturias en las manos-, al reflexionar, sobre cómo los alemanes fueron capaces de dejar ir a los asesinos encañonando a sus víctimas. Todos ellos formaban parte de una mayoría amorfa, que nunca se mueve y consiente todos los atropellos, porque nunca quiso significarse. La componen seres humanos, pacíficos –se denominan a sí mismos-, incluso “apolíticos”, tendencia que se define como “me importa un bledo lo que le pase al conjunto de la sociedad”. Gentes que no quieren enterarse de que fue cierto que “un día vinieron a por mí y ya no había nadie”, como avisó Bertolt Brecht ante el genocidio nazi.

Alguna vez, alguien reacciona colectivamente. Desde el Fuenteovejuna español a la sublevación contra la tiranía de los franceses, pasando por todas las revoluciones y resistencias. publicitadas o ignoradas, que han poblado y pueblan nuestro injusto mundo.  Denunciar, una tarea peligrosa, dice hoy El País. El riesgo de denunciar, titula otra noticia, casualmente al lado. Ése parece ser el problema: tomar partido implica peligros, incluso el de quedarse sin opción de saborear toda la tarta, y no la parte escogida. Pero esa actitud entraña, en mi opinión, una mayor amenaza: perder la dignidad.

 Y daños a otros. Un día, no hace tanto, algunos trataron de impedir que una niña de 14 años fuese lapidada en Somalia, y tras ser violada para mayor oprobio. Si se hubiera levantado toda la concurrencia, la cría estaría viva. No lo está. El arrojo es un bien escaso.

La pasividad se enseñorea del mundo consumista, nos han aleccionado, a conciencia, para hacernos sumisos y poco o nada comprometidos. Guerras, hambre, desplazados, niños y adultos que mueren en las pantallas de los televisores, mientras miramos para otro lado… ricos objetos de consumo que nos consuelan, cuentas sin pagar en el primer mundo, trampas, demagogia interesada, inyecciones de dinero a los causantes del cataclismo financiero, todo nos toca. Pero… “deprime leer los periódicos, o ver y escuchar cualquier informativo, es más cómodo no hacer nada”, dicen.

Todo se gesta desde un ámbito mucho más cercano. Conflictos en los que una discreta postura -no mojarse, no opinar, ocultarse, no preguntar, ni querer saber, negarse a analizar, a valorar los datos-, garantiza una buena colocación, cuando, al solventarse los problemas, haya un ganador. O cerrar los ojos, porque, sí, es más cómodo. Inicialmente, porque ahí se empieza a perder la primera batalla contra los enemigos de la justicia y la ética.

Acabo de leer que Telemadrid ha empezado a cobrar la información. La televisión regional ha creado «Ciudades por Madrid”, una fórmula en la que los Ayuntamientos se ven obligados a pagar para poder tener presencia en su programación. 30.000 euros le ha costado a Alcobendas, ahora en manos del PP, que los programas estrella de Telemadrid como «Alto y Claro» -sencillamente abominable-, «Madrid Opina» o «Madrid Directo» se emitieran desde esta localidad. 40.000 ha pagado al ayuntamiento de Móstoles para que su alcalde, también del PP, participara como colaborador en el programa de Curry Valenzuela. La denuncia la ha hecho el PSOE y Telemadrid no lo desmiente. Lo argumenta así: “no se obliga a pagar a ningún Ayuntamiento, sino que se les permite la opción de publicitarse por si quieren aprovechar la ocasión”. ¿Y cómo se habla de una ciudad que ha pagado? ¿Objetivamente o pensando que el cliente siempre tiene razón? Es el fin de la información. Y el último episodio… por el momento.

   Llueven trajes y coches de lujo regalados a cambio de prebendas, asquerosas manipulaciones, corrupciones, conchabeos, privatizaciones de la sanidad, la educación, y hasta del agua que bebemos… una interminable lista de impunidades que hemos engullido. Hace años escribí un “manual para tragar sapos”. Les hacemos ascos al principio, pero con sal, pimienta y limón terminan entrando. Hasta los digerimos y preparamos el estómago para que no sufra tanto la próxima vez.

Cada día me convenzo más de que los indiferentes, los cautos, ¿los cobardes?, son los culpables de la situación en la que vivimos, desde la planta del edificio en el que residimos al mundo que hemos creado, pasando por todos los estadios intermedios. Unas risas, una ironía, un autojustificarse, una crítica «equidistante», siempre hay consuelo para el tibio que evita los jardines, la realidad y el compromiso.

Consumada la fechoría: ya está aquí Cristiano Ronaldo

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Me he cruzado por expulsión de otras vías –Madrid rebosaba de gente en la calle- con las hordas que se dirigían a ver a Cristiano Ronaldo en el estadio Bernabeu, y a avalar con su presencia que se hayan dilapidado con él 94 millones de euros, en un mundo cuajado de pobreza e injusticias. Grupos numerosos, convertidos en chusma, arrasan a los vehículos, la calle es suya, el mundo es suyo. Sólo porque van a ver a un niñato vestido con la camiseta de su equipo. No importa que luego vuelvan a incorporarse a su mediocre vida.

Setenta y cinco mil personas. Los había de todas las edades, predominantemente jóvenes. Un padre con traje llevaba de la mano a su hijo. Ha cruzado, educadamente, entre los coches y he estado tentada de preguntarle: ¿Va a enseñar a su hijo cómo se triunfa en la vida? ¿Solidaridad? ¿Valores?

Macarrilla, musculado –puede que operado-, Cristiano Ronaldo es un paso más allá en el modelo que creó Florentino Pérez para el Real Madrid. Sólo que ya caricatura, degeneración, un Beckam rural –que ya es poner el listón bajo-. Mujeriego, vacío, todo un modelo a imitar. La capital, España, se va a enterar de quién es éste muchacho. En los lugares por donde ha pasado suelen celebrar con fiestas su despedida. Yo no soy una seguidora habitual del fútbol. Sólo sé que se enfrentó al Barcelona en una final, perdió y a él ni se le vio. Pero da dividendos selectivos –particulares- en la tierra de la desmemoria, que se extiende a la política, a la economía, a la sociedad.

Setenta y cinco mil personas, cadenas retransmitiendo en directo, alguna de ellas financiadas con dinero público. España se para, e Inglaterra respira. Los aficionados del Real Madrid borran de su recuerdo, los tres años sin títulos, al Presidente saliendo por piernas del club con un agujero económico insostenible, tras haber levantado para sus arcas, cuatro torres altísimas. Hoy siento una pena inmensa por esta sociedad, por el ser humano que no recuerda, ni piensa, ni se conmueve por el injusto mal de los otros. Carne de cañón para los desaprensivos.

Actualización, martes, 7 de Julio:

  No os perdáis esto:

«Eso te lo has gastado tú comiendo una mariscada con cuatro golfas que no conoces de nada»… ¿la afición al fútbol seca las neuronas? ¡Dios qué país!

      http://www.as.com/futbol/video/nueva-campana-abonados-valladolid-i/dasftb/20090706dasdasftb_7/Ves

El gozo de escribir (o de hacer algo)

Venía yo elucubrando un asunto, mientras hacía “recados”, sobre un muro suspendido en el aire que sabía iba a empujarme hacia una de sus dos vertientes: lo positivo y lo negativo. En el supermercado de mi barrio hay un abuelo que pide en la puerta como cumpliendo un horario. Hoy, que he bajado al abrir, ya estaba. No es un desarrapado. Lo imagino en su casa, madrugando, desayunando, pensando en la labor diaria que un día tuvo y que, ahora, de alguna forma recupera. Su tarea –de remuneración imprevisible- es extender la mano. Tengo localizado otro, algo más joven,  que se juega la vida entre los coches de María de Molina, el acceso a Madrid desde la Nacional II o el aeropuerto. A éste le apasiona su actual labor:  rezuma optimismo. Y nunca falla. Me preocupa, sin embargo, un tercero que ha desaparecido de su puesto. Hace ya tiempo. Argumentaba con ímpetu su reivindicación. Se enfadaba si no alcanzaba el éxito.

Pensaba en mí misma, privada de un trabajo diario en el periodismo, que se consuela plantándose en la puerta de la blogosfera, pendiente de la mañana a la noche más de una vez, para dotarme de una cierta sensación de que sigo ejerciendo. Ya sé que yo dispongo de medios de subsistencia y, posiblemente, estos hombres que piden no. Pero hay algo en su actitud que me hace pensar que hay algo más: la necesidad de la rutina, la obligación, sentirse útil, sentirse en el mundo.

Y llego a casa, y, vía Toño Fraguas lafragua.blogspot.com, he encontrado la solución. Y he saltado de mi muro hacia un colchón de esperanza. Este post va a ser inmensamente largo. Porque así debe ser. Toño ha descubierto un artículo maravilloso. A mí me sirve. Cada cuál busque su mejor acomodo.

ESCRIBIR A DIETA

Juan Villoro

Diario REFORMA . Ciudad de México

(19-Jun-2009).-

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links…).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: «ese texto es demasiado literario». La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: «ese guiso es demasiado gastronómico». Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso