Buscando respuestas en Torres (Jaén)

Baltasar Garzón, Rosa María Artal y Federico Mayor Zaragoza

El encuentro prometía. Curso de la Universidad de Jaén en Torres, un pequeño pueblo de 1.500 habitantes en el que nació Baltasar Garzón. Él es su director académico. Y me encarga que dirija esta serie de conferencias y mesas redondas bajo el epígrafe “Crisis económica y ¿fracaso de la democracia?”, manos libres para llamar a quien estime oportuno. Federico Mayor Zaragoza dicta la apertura pidiendo “Más democracia, mejor democracia” y enciende al nutrido grupo de alumnos.

Juan Torres, Cándido Méndez, Antonio Martín Mesa, Manuel Pimentel y Juantxo López de Uralde

Hemos hablado de las causas de la crisis, del paro, de algunas soluciones como aprovechar los recursos en los que somos ricos. Energías renovables apunta Juantxo López de Uralde, «para no tener que importar petróleo por valor 50.000 millones de euros anuales… por el contrario, se recorta el impulso a los recursos naturales». El ex ministro de trabajo del PP, Manuel Pimentel (el único que en su día dimitió en desacuerdo con su partido), difiere algo de los métodos pero está seguro de que «se sale con empresas que creen valor». El empleo no va a mejorar a corto plazo. «La política del Gobierno agravará el problema», dice Cándido Méndez, y añade que “el gran diferencial es el precio de la energía, no la flexibilidad laboral”. “Es falso que la flexibilidad cree empleo», afirma también el catedrático de economía Juan Torres que, tanto en esta mesa, como en su propia conferencia al día siguiente “Contra la crisis, otra economía y otra forma de vivir”, se mostrará extraordinariamente didáctico desmontando todas las falacias de la economía neoliberal. Incluso le busca dinero al PP en múltiples partidas: eliminando las deducciones a las empresas que se han añadido recientemente se podrían obtener 5.500 millones, cuantifica, y así va sumando hasta encontrar ese dinero que nos hace falta y que evitaría destruir el Estado del Bienestar como se está haciendo.

María Jesús Montero, Boi Ruíz, Juan Tortosa y José Ignacio Echániz antes de comenzar la mesa.

La mesa más polémica, moderada por el periodista Juan Tortosa, habla de las consecuencias más palpables de los recortes aplicados como ocurre con la sanidad pública. Los consejeros de sanidad de Cataluña, Boi Ruiz (de CiU), y Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz (del PP) nos repiten hasta la saciedad que no hay dinero. Echaniz llega a declarar este inquietamente postulado: “En el Sistema Nacional de Salud, nada volverá a ser como antes”. María Jesús Montero consejera de Andalucía (del PSOE) respondió que «la sostenibilidad es una excusa para cambiar el modelo». Y niega que la privatización mejore la eficacia, sino al contrario, citando ejemplos. Boi Ruiz se impacienta: «estoy cansado de los mitos y los contramitos, muchas hipótesis las damos como tesis». Y explica que “que sobre algún elemento habrá que actuar en una «economía de guerra». La subida de impuestos a las rentas altas la descarta porque “no sirve para nada”. Àngels Martínez Castells interviene desde el público: “De que economía de guerra hablan? ¿han declarado la guerra a Andorra o la ciudadanía?” y cosecha enormes aplausos

Nino Torre, Angels Martínez Castells, Fanny Rubio, Lourdes Lucía y Juan Luis Sánchez

Vimos también, en otra mesa, la preocupación por la repercusión de la crisis económica en la calidad de la democracia. El peligro del descrédito de la política, de la pérdida de la distinción entre derecha e izquierda (como desarrolla Ángels), que viene a ser la diferencia entre la apuesta por ese estado empresa del que solemos hablar o un estado social. Lourdes Lucía afirma que quiere traer «un mensaje de esperanza con soluciones pero que, sin duda, al margen de su resultado, intentarlo merece la pena como proyecto de vida». Se habla, sobre todo, de la necesidad de ir cada vez más a una democracia participativa. El periodista Juan Luis Sánchez, cosecha un éxito arrollador hablando de ello al hilo de su capítulo en Actúa y su experiencia en el 15M. Comprobamos que más allá de los 50, pocas personas hemos entendido Internet (con perdón,  me incluyo en el «hemos»). “La Red dice…” interpela la moderadora Fanny Rubio. Y Juan Luis aclara que “la red no dice nada, es alguien, alguna persona, quien lo dice en la Red”. El joven periodista y un socialista de Asturias, Nino Torre, despiertan ilusiones, como nos ayuda entender Juan Tortosa en este “Los jóvenes, la Constitución y la Transición”.

Soledad Gállego-Díaz. Baltasar Garzón, Rosa María Artal, Ignacio Escolar y Rosa María Calaf

Para hablar de la “Influencia de los medios informativos en la crisis” que cierra el curso –y no por casualidad- tenemos a Ignacio Escolar, Rosa María Calaf y Soledad Gállego-Díaz. Concluimos todos que la tienen y mucha. No se informa adecuadamente, no se dan las claves. Dice Sol que desde siempre el poder ha tenido un decidido propósito de engañar. Y se muestran los mecanismos empleados para que la audiencia aprenda a identificarlos. Calaf cita los continuos eufemismos para disfrazar la realidad. Apunto una de las últimas aportaciones, la de Rodrigo Rato hablando de Bankia: «no es un agujero, son cambios de criterios contables» «no hay pérdidas, solo reducción de márgenes futuros». Y que los medios no desenmascaran.  Nacho Escolar resalta lo que para un auténtico periodista es obvio: Si «uno dice y el otro dice, la obligación del periodista es definir, con datos, quién miente».  «Sin información se carece de criterio» es afirmación rotunda y unánime. Conclusiones en este punto, pesimistas. No va a cambiar salvo que sean los propios ciudadanos los que identifiquen las falacias y omisiones y  busquen información. La Red puede ayudar.

En primera fila, todo el tiempo, Baltasar Garzón. Y un poco más atrás su madre de 82 años, ferviente admiradora de… Nacho Escolar. De su blog concretamente. Y es que un curso desarrollado en un pequeño hotel rural, permite una convivencia impagable. Que llegue Cándido Méndez a desayunar a las 8 de la mañana tras haber andando una hora por la sierra o ver a Juan Torres escribiendo muy concentrado en su blog.

Juan Torres López

Establecer tertulias únicas en la terraza contemplando la puesta de sol de Torres. O conocer más a fondo la extraordinaria personalidad de Baltasar Garzón, un hombre con un fantástico sentido del humor, apasionado por la vida, valiente, testarudo y hasta osado. Muy familiar, muy entrañable, que incluso recita versos porque un sobrino -que le acompaña al piano- se lo pide.  Hablan del destino.

Una inyección de buena gente. Y constructiva. María Garzón, Juan Manuel Faramiñán de la Universidad de Jaén, el alcalde Torres, Diego Montesinos, los organizadores, ponentes, los alumnos… Por eso quiero terminar con algunas frases que nos dejó Federico Mayor Zaragoza. La respuesta a nuestros problemas está en la sociedad, en cada uno de nosotros.

  • Quien sino todos. Todos. Nosotros, los pueblos.
  • Es nuestro compromiso pensar en los que vienen detrás.
  • Cada persona tiene el don de la libertad y puede con ella construir su futuro.
  • O, citando, a Burke: Qué pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas NADA.

Nos roban… y aplauden

Un 45% de los encuestados por un reciente estudio de Metroscopia estiman que con los recortes dentro de dos años la situación económica habrá mejorado.  Han hecho suyas las promesas de Cristóbal Montoro y otros miembros del gobierno. Lo que ya es tener fe, esa virtud teologal que se define como creer lo que no se ve. Estas personas –como otras muchas que aún se debaten en la duda- muestran un problema mecánico en el cerebro para relacionar conceptos.

 Ya no es únicamente que hasta un aprendiz de economía conoce que las mermas económicas y los re-pagos retraen la actividad y ocasionan más recesión y, por tanto, más paro y más podas, es que basta con abrir los ojos y mirar cómo han funcionado los recortes en Grecia, Portugal o Irlanda. Y cómo en Islandia que está creciendo al 3% al tomar la propia sociedad las riendas de su destino.

 El plan de los gobernantes neoliberales es otro. Si es que en el caso del PP hay alguno en su desconcierto, lo que sí saben es que ahora toca lo que siempre llaman “acometer un ambicioso plan de privatizaciones” que van a perpetrar en su mayoría escudados en la agosticidad del mes entrante.

 No harían falta siquiera nuevos subterfugios: un amplio sector de la sociedad no siente como suyo lo público, ni siquiera el bien común. Si un extraño les sustrae una maceta en la puerta de su casa pueden montar un cirio sin precedentes, pero si les despojan de la  sanidad, educación, servicios públicos, cultura, ciencia e investigación, el empleo y el desempleo, las pensiones, el futuro de los jóvenes o el nivel de vida entre otras cosas, les parece lógico. No asimilan que también les pertenecen.

 Mucho más incluso admiten que les vendan a empresarios privados todo lo público que aún queda de los festines organizados por los gobiernos anteriores cuyo monto se ha volatilizado porque no lo vemos por parte alguna ¿No están las arcas públicas vacías?

 Nadie entendería que un propietario privado a quien se derriba su casa para construir una autovía, por ejemplo, no recibiera dinero alguno por el daño. Pero es que, como dice el profesor Ugo Mattei de la Universidad de California: “la tradición constitucional liberal protege al propietario privado del Estado constructor, instituyendo la indemnización por expropiación, mientras que ninguna disposición jurídica –y menos aún constitucional-  ofrece ninguna protección cuando el Estado neoliberal traslada al sector privado los bienes de la colectividad”. 

Impulsadas en Europa por Margaret Thatcher en los 80´, en España  -y dentro del fervor neoliberal que desencadenaron los Consensos de Washington y Bruselas- inicia las privatizaciones Felipe González, conservando la mayoría pública. Luego encuentran su amparo legal en el llamado  «Programa de modernización del sector público empresarial del Estado» de Aznar para el que se empezarían a dictar leyes sectoriales desde 1997. Entonces se emprende la enajenación total de empresas públicas. Es decir, tienen un cierto respaldo legal –en absoluto por norma constitucional- pero claramente ilícito: venden lo que es nuestro y hemos pagado y sostenemos con nuestros impuestos. El “contrato” del voto no lo explicita.

 Ahora estamos hablando ya de asuntos vitales: hospitales, colegios, gestión de la salud o de la educación, el agua, los transportes. Ya se ha anunciado la privatización de RENFE y escuchamos a la ministra Ana Pastor lo modernos y europeos que vamos a ser con esa medida… que ha ocasionado un deterioro del servicio, y hasta graves accidentes en los países que se anticiparon con idéntico resultado: el dinero de la venta voló. Y es que esta “empresa” -a la que aún llaman país- que cierra las líneas y servicios “deficitarios” (para el negocio de unos pocos), encuentra una enorme dificultad en cuadrar las cuentas por más que utilice a los ciudadanos como variable económica.

 Los “ambiciosos planes de privatizaciones” pueden calificarse en buena medida de robo y estafa a la ciudadanía. En sí mismaa. Sin contar perversiones añadidas como aquellas de Aznar que «criticó» el Tribunal de Cuentas, sin consecuencia punible alguna.

 Sí hay dinero, insisto. Mucho. Pero ése no quiere ni tocarlo el poder neoliberal, mientras haya primos que se dejen desvalijar. Lo que pasa es que en esta bendita democracia en la que un 30,2% de los votantes ha otorgado al PP las llaves de la caja fuerte y de una apisonadora de involución ideológica, hemos de pagarlo todos. “Es la democracia, hija mía”, dicen.

 Una democracia desinformada, poco exigente en lo fundamental, con un decisorio grupo de personas  crédulas por naturaleza al parecer, algunas con deficiencias en los mecanismos neuronales de la reflexión, o simplemente egoístas cuando no corruptas. Personas, porque ser ciudadano es otra cosa: es pensar en el bien común. Y ése nos lo están robando -con grave quebranto de nuestras condiciones de vida-, mientras un coro aplaude, otro se desentiende… y otro no encuentra la fórmula para frenar tanto desatino.  Con el dinero que “sí hay”, bastaría apenas con “desprivatizar” las redes inducidas de la ignorancia, la fe, la abulia y el miedo de esa sociedad lastre con la que cargamos.

*Publicado en zona crítica de eldiario.es

Grecia y España: señala las diferencias

Sintagma, crisis y catarsis. Excepcional reportaje de «En Portada» en TVE. Lo firman la periodista Yolanda Sobero y el gran Miguel Ángel Viñas, como realizador.

Las causas de la crisis en «el pálpito de la calle»

Uno o varios recorridos por tiendas del barrio y diversos lugares públicos ofrecen interesantes reflexiones.

La primera: una indignación desbordante. La asunción de la crisis, desde luego. Y un desmedido afán en contarte sus causas, sin preguntarte previamente ni tu información sobre el tema, ni mucho menos tu opinión. Necesitan desahogarse.

Pero veamos qué ha causado los problemas:

  • Las “autonomías”. En Madrid, ganan por goleada, en particular Cataluña. En ésta, Madrid. En el resto –que sepa- depende de su concienciación centralista.
  • Los políticos. Todos.
  • El PSOE.
  • El PP.
  • El PSOE Y EL PP.
  • Que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y “no éramos ricos” (éstos, mientras se avituallan para irse a la playa).
  • Los funcionarios.
  • Los sindicatos.
  • Los emigrantes.
  • Varios.

Hablo de lo que el tópico define como “el pálpito de la calle”, hay gente con mayor conocimiento de las causas.

Ante la descripción de evidencias ofrecen estas respuestas:

  • Los ricos no pagan impuestos: “siempre ha sido así”. Y no piensan cambiarlo.
  • Nos recortan sanidad, educación, servicios públicos, etc.. para pagar los pufos de los bancos: enmudecimiento. Nada, no dicen nada.
  • Por este camino no se arreglará la crisis: “Al final siempre se arregla”.
  • No todos los políticos son iguales: “¿Que no? Todos roban”.
  • Si destruimos la política llegan fascismo y populismo: nuevo enmudecimiento.

Lo cierto es que estamos ante una sociedad perpleja que busca –desnortada- explicaciones. Y que muchas de las que asume dependen del medio en el que se “informan” (basta con seguir sus respuestas). Con mucho miedo. Sin respuestas propias. Y mucha pasividad, a la espera de un líder enarbolando una varita mágica.

Nuevo récord de paro… recostado en el «colchón» familiar

Los recortes y la reforma laboral han colocado el paro en España en el 24,6%, según la encuesta de la EPA, casi 1 de cada 4 personas en edad de trabajar no encuentra colocación. Son 5.693.100, un récord impensable en el mundo desarrollado. Nos estamos acercando pues a las previsiones de organismos internacionales como el FMI que fijaron la recuperación de las cifras de empleo en España en 2023. O las de Luis De Guindos que cifraba la pérdida este año en 630.000 personas -a pesar de sus políticas a presunto «largo plazo»- y en un 24,3% que ya ha sido hoy rebasado, sin esperar a que el fin del verano arroje más españoles al paro.

Merece la pena detenerse en algunos datos concretos:

Alcanzamos ya el 53,3% de paro juvenil y no parece representar una emergencia nacional como lo es el rescate de Bankia en donde todos dicen que lo hicieron tan bien. Ni la modificación de la ley aborto que se propone perpetrar Gallardón antes de octubre. La solución que les aportan es que se vayan de España… dejando un país de viejos.

Ya hay 1.737.600 hogares con todos sus miembros sin trabajo. Parte se habrán “acogido” a la economía sumergida que es el pan para hoy y el hambre para mañana porque detrae en su conjunto el 23,3% del PIB de todos los españoles. Pero fundamentalmente se sostienen por el llamado “colchón familiar”… tercermundista. De colectividades en desarrollo sin estructuras de Estado social.

Mucha gente está viviendo de las pensiones de los abuelos. En múltiples casos los han sacado de residencias. Por ley de vida morirán antes que el resto de la familia ¿de qué vivirán entonces? Difícilmente cumplirán los años cotizados para cobrar su propio subsidio que, además, “Bruselas” y el PP quieren alejar en el horizonte (solo para cobrar menos) y rebajar, además, su cuantía. El “colchón familiar” puede pinchar.

Pero quiero centrarme en otro punto. Estos abuelos colaboran además en tareas del hogar. En mi reciente viaje a la UIMP de Santander, encontré en el ascensor al salir del hotel a un matrimonio muy mayor que se apenaba de terminar las vacaciones y dejar una temperatura ideal para recalar en el horno contaminado de Madrid, pero “los hijos nos necesitan” dijeron, responsables y hasta contentos. Al llegar a la estación de tren de Madrid, concretamente al aparcamiento, volví a encontrar a la pareja. El hijo apremiaba al padre a buscar el coche de muy malos modos, evidenciando la presunta torpeza de su progenitor. Yo estaba agotada tras 4 horas y media en el vagón, imagino que los ancianos mucho más.

Aquellos niños de la posguerra que pasaron tantas penalidades, vuelven a pagar la factura: económica y en esfuerzo. Y salen ahora en TVE felices porque “a sus hijos les gusta la comida la comida de mamá”, al menos en los cortes que nos ofrecen. Ni estoy segura de que la enseñanza de sus sacrificios haya calado en sus descendientes.

Arturo Fernández. Vicepresidente de la CEOE

Ese hombre elegante, con el brillo de inteligencia en la mirada, recientemente cesado con Rodrigo Rato como consejero de Bankia, que se llevó la contrata del catering de la JMJ y ostenta desde hace años las del Congreso, el Senado y RTVE  y que, como en su día su cuñado el implicado en distintos pufos Gerardo Díaz Ferrán, representa al empresariado español, pide más y más duros recortes. Y sus deseos son órdenes para el PP. Pero, así, ni en 2043. Tras analizar la situación española en su conjunto, y a raíz del dato del paro, un experto dice a la BBC: «Las cosas solo pueden ir a peor«. Coincido, salvo que la política seguida cambie de manera radical.

No sé, vosotros veréis.

El pufo de Bankia explicado a sus víctimas

Rato lo hizo bien, Salgado lo hizo bien, todos lo hicieron bien… pero el rescate por tan excelente gestión lo pagamos entre todos. No hay responsabilidades.

Involucionismo: la única eficacia del PP

“No sabe Vd. con quien está hablando”. Era una de las frases más hirientes de aquella España negra que muchos creímos haber dejado atrás. Ése parece haber sido el argumento de Javier Castrodeza Sanz, director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad, que quiere para su hijo, estudiante de medicina, una matrícula de honor. Por enchufe. Quitándosela a otro alumno.  El Dr. Carlos Vaquero, catedrático de cirugía y director del Departamento de Cirugía, Oftalmología, Otorrinolaringología y Fisioterapia de la Universidad de Valladolid, ha denunciado presiones y coacciones para otorgar esa alta calificación al vástago del político. Al prestigioso catedrático le ha recordado los métodos del franquismo.

No deja de ser una anécdota, pero altamente significativa. Mientras se recortan becas o se sube el IVA hasta a cuadernos y lápices, los hijos del poder han de tener notas de excelencia para perpetuar esa putrefacta casta dirigente.

Se nos cae el país a pedazos, la ruina y el descrédito no pueden ser mayores. La ineficacia de este gobierno llega al punto de que el ministerio de exteriores –por iniciativa de su secretario de Estado para la UEanuncie una acción conjunta con los gobiernos de Francia e Italia y se vea obligado a retirar a hurtadillas la nota de la web de la Moncloa mientras los gobiernos implicados tildan de “alucinante” la actitud de España. Es que en el franquismo se hacía así. La verdad no importaba si convenía.

Un país rescatado, tutelado, que se mueve al socaire de lo que le mandan desde afuera en las directrices económicas y que no deja de meter la pata en su escasa autonomía en ese terreno. Ah, pero en la involución ideológica galopante, en eso sí es el PP extraordinariamente eficaz, opera como una apisonadora sin tregua ni pausa.

Nos han inundado en cuatro días la televisión pública estatal de estupendos fichajes de Telemadrid y la COPE que, como tales, acreditan su solvencia. Y con ellos podemos ver que –si bien aparece en titulares- la noticia sobre la muerte de Gregorio Peces Barba, padre de la Constitución entre otros muchos valores, se desarrolla transcurridos 25 minutos del Telediario de TVE. Todos recordamos -y si no aquí está aún la memoria– cuando murió el padre –en todos los sentidos- del PP, Manuel Fraga. Abriendo, por en medio y cerrando, con retransmisiones de misas y todo.

O nos encontramos a la secta de los llamados “provida”, hablando de asesinatos y lucros para apoyar a Gallardón en su gesta antiaborto, y en igual de condiciones con los denominados por el telediario “partidos de izquierda y mujeres”.

Y es que el antiguo alcalde despilfarrador, quiere defender “a los más débiles”, a “las personas en proceso de nacer” y se propone volver a una ley de supuestos para el aborto –al nivel de Irlanda y Malta únicamente- y suprimir en él como causa la malformación del feto. Claman algunos médicos sobre la condena al sufrimiento que se infiere a quienes se vean afectados. Pero el caso es echar niños al mundo del PP, a quienes luego se les quita las ayudas a la dependencia y a la supervivencia. El caso es que la mujer sea mujer-mujer, subordinada, supeditada, incapaz para decidir. El caso es que el aborto -que nunca se erradicó- sea penado u obligue a viajar al extranjero como antaño para practicarlo.

Yo no sé si deberíamos celebrar los cumpleaños el día en el que nuestros progenitores echan el polvo clave con la esposa oficial y conveniente o con la amante guapa, si se tiene. Y cuántas “personas” en proceso de nacer se pierden en una buena eyaculación u ovulación. De lo que estoy segura es que el PP nos ha catapultado como poco medio siglo atrás, cuando no varios completos. Y que, difícilmente, quienes creyeron en sus falsas promesas de solucionar la crisis apostaban por esta involución ideológica implacable.

Dicen que lo del aborto y Gallardón es una cortina de humo para distraer de la crisis, solo que la otra cortina que sacó a pachas con Jorge Fernández del Ministerio de Interior para reprimir las protestas, se está solidificando en realidades. El PP va a Rolex y a setas al mismo tiempo.

Entretanto un zombi al frente de los destinos del país, se compara con Peces Barba en sus intentos de hacer lo mejor, o con cualquier deportista que le traiga foto de triunfo. Sin enterarse de nada, quizás ni de que Bruselas ya le prepara al cabeceante Josep Piqué como tecnócrata sustituto. U otro similar.

No más lamentos, por favor. Ya no estamos al borde del precipicio, estamos inmersos en él en caída libre. Económica y en libertades democráticas. Hay solución: actuar exactamente al revés de cómo lo hace el PP. Y empieza ser más que urgente. Ellos «no saben con quienes están hablando»: con la sociedad a la que transitoriamente representan. A toda, no solo a ese 30,2% de «personas en proceso de nacer»… como seres racionales que les dio la mayoría absoluta. Bastaba para saber qué iba a hacer el PP con relacionar conceptos. Eso sí, han desbordado las peores previsiones.

Si mientes, destrozas y fracasas, dimite

Ha duplicado el diferencial de la prima de riesgo en solo 7 meses, llegando a la antaño impensable cifra de 612 puntos. Las bolsas registran niveles históricos de pérdidas. España está rescatada con fondos europeos en su sistema bancario y a punto del rescate total. Inspira nula confianza internacional. Cada vez que abre la boca su ministro Cristóbal Montoro se produce alguna catástrofe. La comunidad valenciana, cuya gestión ofrecía como modelo, también pide rescate del Estado. Ha abaratado el despido y la dignidad del trabajo con su reforma laboral. Disminuye las prestaciones e insulta a los parados españoles (récord en el mundo industrializado). Ha cercenado la sanidad que fue ejemplo en el mundo y obliga al copago. Da un tajo a la investigación presumiendo de ello. Nos devuelve –a través de José Ignacio Wert- a una educación de medio siglo atrás, sube las tasas universitarias y hasta el precio de los cuadernos y lápices. Quita los “peligrosos” y “caros” ordenadores de los colegios. Eleva el impuesto de los libros digitales. Reserva la cultura a los pudientes. Sube de precio productos básicos. Y el gas, la electricidad o la gasolina. Nos vende servicios básicos –que son nuestros- como el ferrocarril. O perpetran una reforma del código penal que castiga con 2 años de cárcel por ejemplo convocar manifestaciones por Internet. No se puede pedir más a la gestión de Mariano Rajoy.

 Pero ahora resulta que “no tiene más remedio” porque no quiere tocar ni de broma los privilegios de aquellos para quien gobierna. Que “no hay dinero”, cuando “sí lo hay”.  La prensa afín silencia las protestas multitudinarias de la sociedad contraria a los recortes para que la adormecida no se entere de la dignidad de los demás. Y ha encontrado un nuevo culpable: el BCE. La culpa ya no es de Zapatero ni del chachachá, es de Europa. De la Europa… tan neoliberal como el PP.

   Las mentiras y desdichos de su programa electoral –recogidos con sus rostros, voces y agrios tonos profusamente en youtube- harían avergonzarse a quien tuviera un mínimo de decencia. Ellos dicen que “las circunstancias han cambiado”.


 

Seamos serios. La campaña del PP, como vemos, estuvo basada en la mentira. Y su caótica gestión ha empeorado nuestros problemas. El desconcierto del gobierno no lo salvan ni las clases de arte dramático que debe recibir con gran aprovechamiento la vicepresidenta. El futuro no se nos puede presentar peor en estas circunstancias. Un triunfo basado en las mentiras debe ser revisado: el gobierno tiene que dimitir y convocar elecciones. Es lo coherente, lo digno, lo justo. No hay apenas donde elegir  y el principal partido con posibilidad de gobernar, el PSOE, anda tan perdido como el PP. Pero así no podemos seguir. Nos jugamos mucho. Por mucho que estemos ya agotados de explicar, de luchar, siquiera de pasarlo mal.

 Cada ser humano tiene una cabeza para relacionar conceptos y de ellos sacar conclusiones y actuar. No se puede delegar más la responsabilidad de pensar y reflexionar. Al menos nos quedamos con el gozo de la dignidad.  El Roto nos explica la nueva teoría de la cazuela. La que escribo en Actúa, libro que relanzamos el lunes en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander porque contiene las respuestas de ahora mismo. Con estas reflexiones os dejo, seguramente por unos días.

 

Escorados

  Cuando una se junta con el mundo oficial -por muy progresista que sea éste en la composición del debate- percibe, una y otra vez, lo alejados que están del mundo real. Ni lo olfatean. El mundo oficial califica de «extrema izquierda» hacer ver por ejemplo que estamos entregando la sanidad (y por tanto la salud), la educación (y por tanto el futuro), los servicios todos del Estado del Bienestar, el derecho al trabajo o el nivel de vida adquirido para pagar a los bancos (con problemas por su mala gestión cuando no por fraude).  Claro, si dice Vd esas cosas…

Los conservadores quieren «conservar» ese orden de prioridades, y los progresistas hablan de «reformar»: no estamos tan mal. Peor están en Burundi ¿verdad? Y mucho mejor en Europa y en la propia España siendo los beneficiarios de la política que nos gobierna.  

Una, burguesa de pro, con notables síntomas de esa condición, se siente rara -por no decir algún sinónimo políticamente correcto de «muerta de risa»- al ser calificada de pertenecer a la «extrema izquierda». Máxime cuando las preocupaciones que manifiesta la gente -que no sea la «mayoría silenciosa» que quiere resucitar como concepto el neofranquismo- se alinean con esa idea de lo injusto que es entregar nuestros derechos para privilegiar a quien no lo merece, al menos -y no solo ni mucho menos- por su actuación poco limpia.

 ¿Estará una escorada o lo está el mundo oficial? ¿Es todo opinable y relativo?

 Entre las principales certezas que se atesoran está que un día el mundo oficial se topará con el mundo real que bulle a su lado sin que se entere. Y que podrían acabar -siquiera metáforicamente- como aquella María Antonieata a quien atribuyen  el dicho: ¿Por qué no comen bollos si no tienen pan?

 Derecha, izquierda, centro… No sé, me parece que buscar y encontrar «el norte» es siempre una buena idea.

Vale que apoyemos a los mineros pero… ¿a los funcionarios?

Isaac Rosa en eldiario.es

La semana pasada fuimos muchos los que entonamos el “soy minero” para sumarnos a la lucha de quienes marchaban hacia Madrid desde las comarcas mineras. Esta semana somos también muchos los que apoyamos la protesta de los funcionarios. Tal vez no seamos tantos ahora como los que aplaudíamos a los integrantes de la ‘marcha negra’, y tampoco extrañaría, pues todo lo que en los mineros es admiración y cariño acumulado durante siglos, en el caso de los funcionarios es vilipendio y caricatura también de siglos. Si en el imaginario popular los mineros son los héroes de la clase obrera, en ese mismo imaginario los funcionarios suelen aparecer como un cuerpo gandul, parásito y privilegiado, material abundante para chistes y diana fácil para el resentimiento de los trabajadores más explotados.

Como comprenderán, no voy a perder un minuto en desmentir esa imagen negativa.

No lo haré por varios motivos: porque tenemos todo el año para señalar deficiencias y proponer cambios en la función pública, y hacerlo en el momento en que son atacados es hacerle el juego a los atacantes. Y porque diga lo que diga, siempre aparecerá alguien dispuesto a negar la mayor y relatar una larga lista de faltas cometidas por funcionarios de las que ha sido testigo. Que entre los funcionarios hay actitudes indolentes, desleales y aprovechadas, por supuesto: como las hay en cualquier rincón de un país como este, donde todo un ex presidente de la patronal se dedica a esconder dinero en Suiza tras arruinar varias empresas. Y digo más: lo natural sería que se extendiesen los comportamientos indolentes, desleales y aprovechados, pues poca entrega, compromiso y esfuerzo cabe esperar de quienes son maltratados una y otra vez. 

Para seguir leyendo enlazo de nuevo…

Y también…

Cosas que nunca decimos por Antonio Avendaño

Una vez que le hemos echado la culpa de todo lo que nos pasa a Zapatero, a Merkel, al euro, a las hipotecas basura, a la banca en general, a Bankia en particular, a los ministros, consejeros, diputados, senadores, directores generales, delegados provinciales, alcaldes, tenientes de alcalde, pedáneos, concejales, funcionarios de carrera, funcionarios interinos y trabajadores del sector público en general; una vez que hemos hecho todo eso, deberíamos empezar a hacer otras cosas. Deberíamos pensar también qué cosas hacemos mal, cuáles de ellas tienen arreglo, cuáles no y cómo podemos empezar a arreglar las primeras y olvidarnos de las segundas.

La raíz no de todos pero sí de muchos de nuestros problemas es que no creemos en las instituciones. Que creemos en ellas sobre el papel, pero no sobre la realidad. Que al minuto siguiente de fundar la institución buscamos la manera de vaciarla de contenido, de falsear su propósito y su contenido, de amarrar su composición a nuestro favor, de amañar su funcionamiento. En principio ese era un tipo de vicio de la derecha, pero al cual la izquierda se apuntó pronto y al final ha acabado cogiéndole el gusto y teniendo también un severo problema de adicción a él. 

¿En qué consiste exactamente ese vicio de simular una fe en las instituciones que al minuto siguiente se traiciona? Consiste en cosas como estas.

Y merece la pena.. seguir leyendo