
Se preguntan cómo es posible que hablando Rajoy, concediendo su primera rueda de prensa en solitario desde que alcanzó el poder hace 6 meses, la prima de riesgo haya cerrado a 511 puntos, récord en su historia. El Presidente ha negado que en la incertidumbre de los mercados influya «absolutamente para nada” la situación de Bankia, cuyas acciones, a su vez, se han depreciado un 13%, habiendo llegado a perder en algún momento cerca del 30%. También ha negado categóricamente que vaya a haber un rescate europeo de la banca. Y se ha mostrado muy ofendido porque el PSOE quiera revisar ¡Un tratado internacional!, como es el Concordato con la Santa Sede para que paguen el IBI. ¿Qué vamos a ganar con eso? ha preguntado. Dinero Sr. Rajoy, dinero, ése que se nos está quitando de servicios vitales como la sanidad y la educación. Por lo demás nada nuevo, ni eso, que justificara una convocatoria a los periodistas desde la sede del Partido Popular y no desde Moncloa. El mismo empecinamiento en el error, tal como demuestran los caóticos datos de nuestra economía.
Habría que saber qué parte de cuánto dice Rajoy lo piensa realmente y cuál no. Nos ha acostumbrado ya a que su palabra no tenga valor alguno cuando afirma o promete algo, porque a veces se desdice hasta en horas. Pero si se advierte en él que, a su escasa talla política, ahora ha añadido un envanecimiento muy ostensible que le hace hablar con marcada prepotencia. Es llamativo que cada que vez que le nombran a Rubalcaba, mencione inmediatamente a Durán i Lleida como para “compartir” la oposición (pese a su muy diferente número de votos y escaños). Hay una suerte de resentimiento también por lo mucho que padeció. Ahora se ve resarcido.
Lo peor es que crea que el apoyo en las urnas del 23% de la población a la que esquilma y agravia no solo con los recortes, sino con el trato de favor a los bancos, el 30,2% del censo electoral, le hayan dado patente de corso para volver España del revés… y hacia atrás. No se obra así en democracia. Sobre todo cuando existe tanta indignación que no se acallará a palos. Cuando, por el camino que lleva, cada día va a empeorar aún más la economía, y, lo que es más grave, nuestras vidas. Hasta las de aquellos que aún siguen en Babia.
En mi opinión, Rajoy se siente muy seguro, cree lo que dice, incluso cuando miente. En estos casos la caída que, tarde o temprano llega, le va a pillar desprevenido y le va a ser muy dura.
¿Por qué, pues, habiéndonos obsequiado a los españoles con una rueda de prensa, la prima ha batido su récord histórico y ha llegado a los 511 puntos? Pues precisamente por eso, porque ha hablado. Y oírle descorazona. Por la pobreza de su tono coloquial como para gente con pocas luces y nulo sentido crítico. Porque no ha ofrecido alternativas, ni soluciones. Y porque el país se cae a pedazos en las manos de semejante timonel. Y de su equipo, no nos olvidemos del equipo que elige alguien como Rajoy.
Porque… un par de perlas más al margen. Cuando ha dicho textualmente: «Los pasos que se dieron en el futuro». Un lapsus, bien. ¿Y este otro? Le pregunta un periodista que a qué atribuye el silencio de Bruselas y el BCE al apoyo que el propio Rajoy ha ido a buscar en periplo internacional. Y responde: «A la prudencia con la que se debe comportar un buen gobernante que no se debe confundir con que no esté de acuerdo con las cosas que oye».
No se puede hacer otra cosa, otros países ya lo hicieron hace dos o tres años, no como aquí, repite censurando al antecesor y seguro de sí mismo el líder del PP. Sí, como Islandia. Es el único país que crece al 3%. Solo que allí se hizo justo al revés de lo que propone y hace Rajoy.



















