Las basuras de Madrid

basura.2015

La foto es de enero de 2015, como prueba el artículo que publiqué en eldiario.es.  De Madrid, regido por Ana Botella. En Madrid esta privatizada la recogida de basura y los distintos tipos de residuos sólidos urbanos en dos lotes (centro y periferia) desde Noviembre de 2014, la limpieza viaria y jardinería y otros menesteres esta privatizada en 6 lotes desde 2013. Todo bajo mandato de Ana Botella, tras sustiuir al alcalde electo Alberto Ruiz Gallardón. Con él habrían comenzado los recortes y los problemas.

La capital de España sigue estando sucia.  La actual corporación decidió prorrogar hasta octubre de 2016, un año, los contratos suscritos por el PP en tanto estudiaba incluso la remunicipalización del servicio.

La Recogida de Residuos Sólidos Urbanos (o basura) de Madrid  sigue por tanto en manos de FCC, Fomento de Construcciones y Contratas, la constructora que dirige  actualmente Esther Alcocer Koplowitz y que se ocupa fundamentalmente del centro. Y, para los distritos, la unión de Ferrovial y Urbaser. Ferrovial, otra multinacional de la construcción y servicios,  está a cargo de Rafael del Pino Calvo-Sotelo, hijo del fundador Rafael del Pino. Urbaser hunde sus raíces en OCISA, fundada en 1942, que agrupó a todas las empresas de los Bancos Hispano Americano y Urquijo, y tras numerosas incorporaciones forma parte del boyante  grup ACS que preside Florentino Pérez. Todas estas gentes tan importantes son las que han de limpiar el municipio de Madrid, según el contrato que les fue adjudicado.

El diario ABC se muestra muy preocupado por la suciedad de Madrid,  con toda razón. Está tan sucia como con Ana Botella, más o menos.  En 2014, cuando entraron Del Pino y Florentino Pérez, en cambio, escribía exultante:

La competencia ha llegado, de este modo, a la recogida de residuos en la ciudad. Durante un año largo, ambas concesionarias -Urbaser en la periferia y FCC en los distritos del centro- convivirán prestando el mismo servicio, con la vista puesta en el nuevo contrato, el «gran pastel»: a partir del 1 de enero de 2016, toda la recogida de basura en la ciudad tendrá que salir a concurso, al vencerse las dos adjudicaciones ahora en vigor. Será el nuevo gobierno municipal que salga de las urnas en mayo de 2015 el que decida si se oferta el servicio en toda la ciudad, o si ésta se divide en zonas y se saca la actividad en varios concursos diferentes.

Las cifras del negocio no son ninguna minucia: el contrato de los distritos de la periferia por trece meses supondrá cobrar algo más de 80 millones de euros. Las cifras de todo Madrid, en una adjudicación que será por al menos ocho años, puede fácilmente superar los mil millones de euros. Eso explica que también haya habido sus «roces»: a 48 horas del inicio del funcionamiento del nuevo contrato, la concesionaria «histórica» presentó un recurso contra la adjudicación, que planteaba dejarla en suspenso hasta que los tribunales dirimieran sobre el asunto.

Ese “bocado” tan jugoso es lo que obliga a pensar muy bien qué se hace con el servicio. El «negocio» habría de ser preterido en favor de los ciudadanos.

Madrid vivió una huelga de limpieza viaria y jardinería basuras en 2013 -que parece haber sido olvidada- por el recorte decretado por Botella del 26% del dinero destinado a limpieza y jardines ( 1.943 millones). Las contratas, con menor presupuesto, pretendían también despedir a casi 1.400 trabajadores. El paro, sin fisuras, logró que se respetaran buena parte de esos empleos, pero perdiendo derechos laborales.  El cuidado de los jardines y árboles sufrió, igualmente, desde entonces un grave deterioro por la reducción de personal. Los barrenderos sufrieron su calvario, perdidos en el olvido mediático.

Ana Botella ya lo dijo: “los madrileños se han acostumbrado a un nivel de limpieza muy alto”. Por eso, probablemente no siguieron votando mayoritariamente al PP. Pero sus lodos quedan.

Ahora bien, es imprescindible solucionar el problema.

Y son muchas las basuras esparcidas por todo el territorio nacional, y en múltiples sectores, que también habrá que limpiar.

  • He incorporado datos que aporta Luis en el comentario nº 3 y que os recomiendo leer, dado que todo él contiene información interesante. Seguí con atención aquél desmantelamiento llevado a cabo por Ana Botella y el calvario al que sometió a los trabajadores del sector, Luis me ha ayudado a recordar algunos detalles esenciales.  Muchas gracias.

 

 

Para alcanzar los sueños

Cada año el mismo rito, el mismo cúmulo de tópicos. Depositar esperanzas en un cambio del calendario y fijarse una serie de propósitos a abordar y metas a conseguir. Llegar a convencerse de que el Año Nuevo, por serlo, cumplirá nuestros deseos. Lo que puede suceder o no, según nos dicta la experiencia de haber recorrido ese tránsito una y otra vez. En realidad, para alcanzar los sueños, hay que fabricar escaleras y afianzarlas en el suelo. O hacerse con unas alas –y un motor preferiblemente- si los sueños son muy altos. Cualquier instrumento que haya probado su efectividad en estas lides, antes que fiar la consecución de los anhelos a un billete de lotería, la ropa interior roja o 12 uvas.

 Esta vez, el año a estrenar nos encuentra a los españoles digiriendo las elecciones recientes y  esperando se forme gobierno. Empujando para que el voto que otorgamos en conciencia –o como fuera- se abra paso para resolver los problemas que nos aquejan como sociedad. En el plano teórico, por supuesto. Las elecciones de diciembre nos han demostrado que hay, al menos, 7.200.000 personas contentas con lo que ha llevado a cabo el PP y dispuestas a que siga así. A saber, un desgarrador aumento de la desigualdad que se muestra en carencias tangibles de muchas personas, una legislación reformada para darle tintes autoritarios o una corrupción escandalosa que se salda con notable impunidad. Están cómodos con ese paquete, aunque algunos de ellos sean los únicos que creen que la corrupción del PP se limita a unos cuantos cestos, sí, quizás, el contenedor de un tráiler, de manzanas podridas. Lo mismo, por cierto, que quienes mantienen al partido que en Catalunya alumbró, gestó y engordó a los Pujol, y su amplia familia y allegados. Todos ellos han colocado los travesaños adecuados para que todo continúe como estaba.

No suficientes. De ahí, que con diferentes voluntades y dispares niveles de errores y autoengaños, unos cuantos millones más de españoles hayan apostado por pequeños cambios. En algunos casos se nota que no han reparado demasiado en la idea de que se trataba de encontrar un gobierno que gestione problemas muy serios –el aumento de la Deuda y el agujero de la hucha de las pensiones a añadir al paquete esencial-. Un gobierno, no  el vencedor de un concurso de entretenimiento.

La verdad es que si todo sigue igual o parecido, si sale adelante la Gran Coalición decretada porque quienes ni pisan las mismas calles que el común de los ciudadanos, hay propósitos que no van a cumplirse. Cualquiera en edad de votar debería saber relacionar conceptos y hechos concatenados. Y tejer los cimientos de sus empeños. Y distinguir si buscan el bien común o solo el propio. Y hasta qué punto la basura, la trampa y el saqueo de lo público les suponen un obstáculo a sus fines.

Una persona adulta y con criterio recelaría al menos de la insistencia de políticos, periodistas y medios -y hasta algún iracundo Premio Nobel de Literatura- en que se acuerde un gobierno  con PP, PSOE y Ciudadanos.  Dicen que es la solución más democrática y moderna, y que satisface a los mercados. A ésos a los que entregaron PSOE y PP la cobertura de nuestras necesidades en la reforma exprés de la Constitución a cambio del rescate bancario en el que no tuvimos ni culpa, ni voz.

A una persona formal le alarmaría que para los valedores de estos pactos no sean “líneas rojas”, ni dignas de ser mencionadas,  la corrupción, el autoritarismo y las desigualdades. En esta brecha entre ricos y pobres  estamos batiendo récords según todos los índices, hasta propiciar una regresión insostenible. La crisis, dicen, cuando –fundamentalmente- deberían decir las políticas del PP de Rajoy, esta legislatura. Pero desde las poltronas no parece preocupar lo más mínimo, si hay «estabilidad».

Se puede firmar lo que 2016 no traerá por este camino. Ya pueden encender velas de todos los colores que esos propósitos no se cumplirán. Pongamos algunos ejemplos. El 80% de los jóvenes españoles viven aún con sus padres porque no tiene medios para emanciparse. No los van a lograr. Con las mismas o similares políticas no se crean empleos que lo permitan.

3.000 médicos han tramitado marcharse de España en 2015. La mayoría no volverá  de inmediato. La sanidad pública no hace sino empeorar con las privatizaciones y el concepto salud/beneficio. Ni vendrán los más de 10.000 investigadores que ya no realizan su trabajo en España,  el idílico tripartito no pondría tampoco los medios para que lo hicieran, dado el dominio neoliberal en su composición. Y veremos cuántos más, de todas las edades y profesiones, han de hacer las maletas.

El gobierno del PP acaba de subir el salario medio en 6,48 euros al mes hasta dejarlo en 655 euros. Todos los países de nuestro nivel macroeconómico lo duplican como mínimo y hasta en la Eslovaquia salida del Este cobran más que los españoles. Pero uno no puede vivir a la sopa boba o creer en cuentos y a la vez tener los derechos que le corresponden.  El eurito y medio incrementado a los pensionistas se sitúa en el mismo saco. Pues no nos pagarán más, no con PP y Ciudadanos. Y depende de quién sobreviva en la guerra del PSOE.

Algunos de los daños causados en esta legislatura son irreparables o de muy ardua solución. Los jóvenes que no han podido ir a la universidad por la elevación de tasas, tienen muy difícil reenganche y menos en este panorama laboral.  Ha condicionado sus vidas, como las de tantos otros.

Si queremos conseguir nuestros sueños, los sueños para la colectividad también -si entra en nuestras preocupaciones-, lo primero es no andar en sentido contrario. Y construir las bases para alcanzar lo que nos hemos propuesto.

La desigualdad ha sido una opción, no un resultado económico inesperado”, insiste el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su último libro. Cabe revertirlo, por tanto. Engullir que no se puede es cerrar los ojos a la evidencia de la cantidad de fortunas que ha fabricado esta crisis y en concreto, en España, la política de Rajoy. Sistemáticamente, sin resquicio. Pero el resultado electoral también da oportunidades  de cambio. Si se quiere. Lo básico sería priorizar los objetivos. Pensar en las personas. Si se dejan.

Este país precisa educación, sobre todo en ética y dignidad, en democracia, y sin cambios sustanciales no llegará. Es irrenunciable regenerar la justicia, poniendo todos los mecanismos jurídicos y democráticos al servicio de la separación real de poderes. Dotarla de medios para luchar realmente contra la corrupción. Y acabar con la impunidad de los delincuentes de cuello blanco. Anular inexcusablemente las leyes represivas. O lograr canales públicos de información independiente al servicio de los ciudadanos. Una RTVE, limpia de inmundicias, que  compita por la audiencia sin estar sujeta a estrategias comerciales y, por tanto, al gancho del espectáculo en detrimento de la información.

 Escaleras, ascensores, para subir. Taladros, si se trata de poner cimientos, sembrar semillas y alimentar raíces. Piernas, ruedas. Remos, barcos. Aviones, cohetes, lanzaderas. Motores, alas. Planificados, medidos, bien ensamblados, engrasados, con soportes que les sujeten si se balancean.  Que nos lleven al destino propuesto. Porque, si se empeñan en hacer inalcanzable la justicia social, la decencia, el bien común, los mismos mecanismos sirven para volar a numeroso sueños personales, incluso por descubrir, que hagan cierta esa felicidad que hoy nos deseamos. Y cada cual que aguante su vela. En particular, si es de las que dirige y zarandea el viento.

*Publicado en eldiario.es

Lo que las elecciones han evidenciado

Se levantó el capó y el motor echa humo. Las urnas no dieron mayorías absolutas y la España oficial “arde” como un vulgar Twiter. Gobiernos de coalición los hay en toda Europa. Con resultados variables. El problema reside en la peculiaridad española. La insistencia en huir de la realidad. Ignorar que España no es solo Madrid, ni solo la rural y conservadora del interior, a pesar de cómo se ha hecho notar. Injerencias ajenas, desde el IBEX a los medios y a la iglesia católica, tan precisa siempre en sus apuestas políticas. Que los obispos consideren que es unapreciosa colaboración abstenerse para que siga mandando el PP no necesita ni comentarios. O el estado en el que la calculadora electoral encuentra a los partidos. Las maniobras se desarrollan ante nuestros ojos con impredecible desenlace aún. Y queda por ver si caerá antes Mariano Rajoy que Pedro Sánchez, si lo harán los dos, o todo seguirá como antes del 20D.

Es cierto, no va a ser nada fácil formar gobierno. Y unos juegan sus cartas forzados, sin resuello, y otros aprovechan paradójicas ventajas. Pero lo primero que hay que recordar en estos tiempos de tan mala memoria es que fue el descrédito de la política tradicional lo que provocó la reacción de la sociedad. En buena parte de ella únicamente de boquilla y sin que implicara el menor trabajo o riesgo. En una palabra: los políticos se lo buscaron. Y ahora pretende mantener su esquema como si nada hubiera ocurrido.

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Punto esencial a saber: Votar a la izquierda no es ilegal, ni punible, en los países democráticos. En ningún país democrático. Por más que se empeñen políticos y periodistas que han hecho del servicio al poder su verdadera profesión. Los medios se muestran muy emocionales, desasosegados: esas portadas plagadas, de nuevo, de desafíos, rechazos y portazos, revela su malestar. Verlos tan contrariados es toda una  novedad. Se acabó, por el momento al menos, la placidez del jalear la sartén desde el mango. En cambio, votar corrupto no es honrado, ni legítimo. Y pocas voces mediáticas se alzan contra esa evidencia.

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Mariano Rajoy, el presidente en funciones, acabó su comparecencia del lunes confiando en que todos “estuvieran a la altura en estos momentos”.  Como si nos hubiera devastado un huracán de los mimbres del Katrina. No, que el PP pierda la mayoría absoluta no es un desastre natural, también esto se lo ha trabajado a pulso. Y resulta hasta saludable para la sociedad.

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 Albert Rivera –el soufflé desinflado en quien tanto confió la prensa- ha brindado un espectáculo insólito en política: salir a dar el apoyo a Rajoy, a pedírselo a Pedro Sánchez, a volver a aparecer hasta en el microondas para reclamar sin descanso ese pacto –que excluye siempre a Podemos- como si del cambio sensato no quedara más que el vendedor cualificado que siempre pareció. Sus 40 escaños son escasos y quedar el quinto en Catalunya, donde lidera la oposición, da idea de la debacle.

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Al PSOE el resultado de las elecciones –mejor del que anunciaban los sondeos pero el peor de toda su historia- le sitúa ante el espejo de sus contradicciones. Allí dominan quienes no ven inconveniente alguno en pactar con el PP. Ése es, por cierto, el nivel que muchos creadores de opinión consideran izquierda. Lo único admisible. El resto es reo de excomunión. En un país democrático. De ahí que los principales barones del PSOE estén dispuestos a levantar del asiento a su secretario general, Pedro Sánchez, en momento tan crucial. La virreina del sur lidera la operación volviendo a reclamar sus derechos al pupilo rebelde. Las presiones externas e internas que está recibiendo Sánchez resultan bochornosas y revelan la eterna lucha por el poder que mina a este partido, su diversidad ideológica y de objetivos.

Pero también Pedro Sánchez se ha levantado su propia cruz. Con sus expulsiones y nombramientos. El malestar creado porque, con menos escaños, han quedado fuera valores importantes del partido, como Eduardo Madina, puede ser su talón de Aquiles. La operación Irene Lozano, UPyD, tiene especialmente enervada a una parte del PSOE. No ha faltado más que saber que la cúpula celebró la caída de Madina del Congreso. Pedro Sánchez está, pues, en múltiples encrucijadas. Y su partido más.

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Que Podemos no le vea encabezando un gobierno podría ser lógico –ni en el PSOE le ven-, pero que se saque de la manga el Presidente Independiente cuando no tiene ninguna necesidad estratégica, resulta incomprensible. Lo han pedido numerosas voces –desde la derecha-, pero solo a ellos se lo afearán. Esta vez con razón: el presidente de un país se elige en las urnas con conocimiento previo del votante, todo lo demás es tecnocracia. Si Podemos podía degustar el turrón más dulce, ha decidido echarse acíbar a sí mismo, igual para no perder la costumbre.

 Lo cierto es que España vive una situación política excepcional y, como señalan medios y voces extranjeras de prestigio, tiene ahora la oportunidad de regenerarse o de seguir hundiéndose en el hoyo. Apoyar un pacto con el PP es apoyar un paquete de muy difícil digestión. Más que líneas rojas son cimientos que condicionan a un país.

El PP ha obrado para tener la llave de todos los instrumentos del Estado. Sus piezas en los tribunales de justicia decisivos, leyes y reformas no han ido precisamente encaminadas a acabar con la corrupción de esas pocas manzanas podridas que dicen tener. La ley Mordaza y las reformas de  Códigos y normas tienen un claro signo represivo, hasta de la libertad de expresión. El control, también, de los medios de comunicación, públicos y -de alguna manera- los privados, del que no se ha ocupado directamente Mariano Rajoy, sino su habitual sustituta.

Todo lo han medido como en una empresa. El expolio de la sanidad pública que ha pasado de ser el 5º sistema más eficiente del mundo al 14º según la lista Bloomberg. La injusta fiscalidad y persecución del fraude, basadas en la ley del embudo. El empecinamiento en aprobar los presupuestos pretendía, ahora lo vemos, disponer de ellos en un gobierno en minoría.

Es todo el conjunto. No hay inmundicia en la que alguien del PP no haya estado presente en este período. Desde los Bárcenas y Rato, a las tarjetas Black, los colegios de la Púnica, los volquetes de putas, hasta el hartazgo de naranjas que se dio Rita Barberá a costa de sus contribuyentes muchos de los cuales pasaban penurias, o las nóminas escandalosas de (presuntos) periodistas a mayor gloria del PP en Telemadrid o la televisión de Cospedal. Del gran desfalco a la cutrez pasando por todos sus estadios. Votar o apoyar esto es tener excesivas tragaderas. Y nada lo justifica.

No teman a las palabras, ni a los cambios. España no es una empresa mercantil como interesadamente hacen creer, somos una comunidad de seres humanos. Hemos tomado mucha hiel mezclada con el azúcar. Y los hartos están muy hartos. Con sensatez y aunque lleve tiempo, virar el rumbo es imprescindible..

PD. Mis mejores deseos para la buena gente en estos días y siempre.

*Publicado en eldiario.es

No me diga usted que no lo sabe

A pocas horas ya de que abran las urnas, todos los sondeos oficiales y oficiosos dan como ganador de las legislativas españolas a Mariano Rajoy de nuevo, líder del Partido Popular. Perderá escaños pero el PP será el partido más votado, de acuerdo con las encuestas. Se da la gran paradoja nuevamente de que en un momento de enorme efervescencia e interés político en la sociedad, va a ganar, si se confirma, un partido de la derecha más rancia y, sobre todo, más turbia. Porque lo ocurrido en esta legislatura se sale del ámbito de la ideología, podríamos estar hablando del budismo del partido Nuevo Kōmeitō japonés y los hechos acontecidos seguirían siendo igual de escandalosos.

No me diga usted, votante del PP, que no lo sabe en el fondo. Le convencieron –porque usted quiso creerlo- de que Zapatero, al frente del PSOE, fue quien personalmente se acercó a Nueva York, a la sede de Lehman Brothers –con su siglo y medio de historia a cuestas- y se puso a picar sus cimientos hasta que lo hundió. Luego sopló desde allí y se fue a pique todo el sistema financiero internacional. Tras esa prodigiosa hazaña, remató dejando vacías las arcas del Estado y de postre la hucha de las pensiones. Usted sabe que su partido y cuantos medios y personas trabajan cristianamente por difundir su mensaje igual exageran un poco cuando le inducen a convencerse de estas historias pero usted cree que no hay nadie mejor que el PP. Y para mantener su hegemonía vale todo.

No me diga que se ha tragado que la corrupción en el PP solo atañe a unas pocas –unos cientos- de manzanas podridas que han engañado la buena voluntad de la mayoría de los conservadores y en particular de ese ser tan honrado y trabajador que es Mariano Rajoy.

No me niegue que piensa que hay asuntos en los que es mejor mirar para otro lado. La derecha tiene privilegios ‘de toda la vida de dios’. Obtener beneficios del ‘mejor hacer’, la estirpe y la posición es lo normal. No es corrupción estrictamente. Es como cuando los maridos se “desahogaban” con las criadas. Una prerrogativa.

No me diga que usted no sabe que robar siempre es a costa de otro. O en qué se asienta “la recuperación”. Que las políticas de derechas benefician a algunos –a las clases que lo merecen pensará usted- y deja víctimas, muchas, en el camino. No me diga que desconoce que, por esa causa, un tercio de los niños en España han entrado en la pobreza y no comen lo suficiente. O que prescinde del hecho que ha llevado a muchos de sus conciudadanos a no poder ni encender la calefacción o enchufar el frigorífico porque durante el mandato del PP ha aumentado en un 69% la pobreza energética. O de la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que han tenido que marcharse porque no hay trabajo. O los sueldos que se pagan ahora. ¿No lo sabe? Sí, claro que lo sabe. Como tantas otras cosas que voluntariamente quiere obviar.

Porque usted, como votante de derechas, es una persona “A mí”. Cuando le preguntan en las encuestas, lo primero que sale de su boca es ese “A mí”. “A mí lo que me importa”… es la situación económica, dicen por ejemplo. La suya. No me diga que no se ha enterado del aumento de las desigualdades producido en este período. Acepte  que le importa lo mismo que las pieles de los plátanos. Y sus consecuencias no le restan ni un minuto de sueño.

No me diga que para usted lo peor que pudo pasarle a España fueron las ideas subversivas de la Ilustración o cualquiera que implique un avance. No me cuente que usted no sabe que privatizar y recortar en sanidad y educación daña a quienes no tienen recursos. Admita que su lema de vida es que mientras a usted le vaya bien, el resto que se apañe. Y que para usted la educación a veces es saber de más. O que  “el orden”, en su criterio, no es sino reprimir las conductas que a usted le parecen impropias, por obligación e incluso por la fuerza. No intente convencerme de que los niños vienen de París.

Es la ‘España que bosteza’ de Machado, mientras teje la cárcel para otros. El resto bulle en este momento de vibrante ciudadanía, aunque también conviene que no ignore verdades que le atañen.

No diga usted, seriamente, que el PSOE es un partido socialista volcado en defender los derechos de los más débiles. No intente hacernos creer que se ha regenerado en la medida que le demandaba la sociedad. No me diga que no aspira a recibir votos por ser menos malo que el PP entre los que todavía se aferran al bipartidismo.

 ¿Y usted? No intente convencernos de que Ciudadanos es de centro. O que no es machista. O que funciona mejor para una sociedad el buscarse cada uno la vida como en la selva. Deje estar a Dinamarca, coteje todos sus extremos antes de abrir la boca. No alardee de que conoce algún país donde su ideología haya funcionado sin dejar a muchas personas en el camino.  ¿Usted también es “a mí”? Tiene todo el derecho, sin duda, pero sabiendo lo que hace sin buscarse excusas.

¿Y usted? No me diga que no teme los retos de trabajar por una sociedad más justa e igualitaria. El vértigo de no saber cómo resultará porque puede haber mochilas que cargar o liderazgos que no terminan de entusiasmarle. Si habrá temple para aguantar las zancadillas. No me diga que no duda. Pero ni se le ocurra dudar de que otros cuatro años más de lo mismo es, entre todas, la peor de las pesadillas.

No me digan todos ustedes que no saben con qué profusión y método se trabaja para que nada cambie sustancialmente en España. O para aparentar cambios asumibles que no intranquilicen a los “A mí”. No nos hagan creer que no se han dado cuenta de cómo todo, hasta las mayores vilezas, son aprovechadas para la causa sin asomo de pudor. No me digan que se lo tragan. No pretendan que no llamemos a esto también corrupción.

A estas alturas de la historia, los destrozos y el dolor, no me digan todos ustedes que no saben lo que ocurre. No eludan responsabilidades. Porque se ha escrito, argumentado, detallado y lanzado a los cuatro vientos. Con todos los matices. Porque algunas voces ya se han quedado afónicas. Quien hoy no sabe es porque no quiere saber o no le importa lo que implica. Porque muchos españoles saben, es por lo que la política está cambiando. No nos digan que todo va a ser igual o muy parecido. Con las mismas o redobladas trampas, con la misma soga que de puro podrida hiede.

Quizás fue el poeta Jaime Gil de Biedma quien mejor sintetizó nuestro drama: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal. Como si el hombre harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza».

Harto de luchar con sus demonios… les encarga el gobierno. Y así siempre. En 1912, otro poeta, el gran Antonio Machado, escribió: “ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”

El español que «empezaba ya « a vivir hace más de un siglo sigue aguardando el momento. Pocas veces se ha visto en mayor oportunidad que ahora. El bostezo inmisericorde también se mantiene firme dispuesto a frenar una vez más la regeneración que necesita este país inexcusablemente. Saber, claro que lo saben. Y se trata de saber y consentir o saber y actuar para cambiar. El domingo abren las urnas para todos.

*Publicado en eldiario.es

Anexo:

Ciudadanos subirá el transporte  y el agua, según ya se publicó. Pero el número dos por Barcelona, Toni Roldán Monés ha detallado también la cesta de la compra. Lo esencial más caro, la hostelería más barata. No me diga usted que va a votar sin saberlo.

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A Rajoy hay que llamarle indecente con educación

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Tras el Cara a Cara entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha salido un auténtico ejército de defensores de la dignidad del presidente del gobierno español y candidato a la reelección por el Partido Popular, defensores en particular de las buenas formas en las expresiones.  Para entendernos:  a un indecente no se le puede llamar indecente sin más, hay que hacerlo con educación.

Comenzó Rajoy nervioso y vencido por los tics de su ojo izquierdo cuando relataba los millones y millones de puestos de trabajo que ha creado. La primera intervención del oponente, Pedro Sánchez del PSOE -partido más votado para la oposición en las elecciones de 2011-, evidenció que el debate no iba a ser como la complaciente acogida de Bertín Osborne al presidente en la misma cadena, TVE.  Sánchez le opuso la realidad. Y la primera respuesta de Rajoy fue:

-Ha dicho usted muchas cosas y poco sensatas-. Es que al líder del PP le gusta recapitular y calificar las intervenciones de quienes le hablan. Es una costumbre en particular cuando no le agradan.

Mientras Sánchez mostraba hitos de la nefasta gestión de Rajoy, el aludido tomaba notas sin parar mientras ya no cesaba de repetir “y tú más, y tú más, y tú más”. En los primeros momentos parecía, en efecto, un boxeador noqueado repitiendo esa perorata en su esquina del ring y sus idílicos presuntos logros.

Se fue recomponiendo para negar que haya habido recortes en sanidad, educación o en cualquier otro servicio, en el estado del bienestar en suma o merma del poder adquisitivo de las pensiones y para presumir de su gestión. De quedarnos perplejos. Alardeó de sus primas de riesgo por las que tanto debe a la dirección política de Mario Dragui al frente del BCE. Porque lo que ha hecho el Banco central ha sido una gestión ideológica neta para sus correligionarios. Sánchez no lo dijo pero le comentó: ¿también es usted  responsable de que haya bajado el petróleo?

Una de las más graves boutades de la noche fue ésta:

Rajoy: «He salvado al sector bancario que Vds. habían dejado al borde de la quiebra».

No verán que se haya comentado en los medios. En un sistema capitalista de libre mercado del que tanto presumen, resulta que el gobierno es responsable del estado financiero de los bancos.  Cierto que se pueden poner controles a sus posibles trampas, pero eso también se desreguló en la revolución neoliberal que desembocó en lo que llamaron crisis. Zapatero les había inyectado ya dinero, pero Rajoy se volcó en ayudar a las entidades quebradas y con problemas por la cantidad oficial de 40.000 millones de euros –fue más- que se da tranquilamente por perdida. Por no hablar de las cajas y bancos hundidos Querétaro se vendieron a otros boyantes… por 1 euro.

O de los 300.000 millones de euros en los que el PP ha aumentado la deuda pública en esta legislatura, como le planteó Sanchez, y que mereció otro “y tú más”: las facturas que pagaron guardadas en los cajones. se justificó Rajoy. Pues con ese dinero debían estar hasta las de la expedición de la Armada Invencible.

Y, no, de estas cosas no hablan la mayoría de medios, políticos de otros partidos y opinadores. Hablan del fin del bipartidismo, que sí, de quién ganó y perdió que va por barrios subjetivos o interesados, y sobre todo de si Pedro Sánchez se pasó “de frenada” plantando a Rajoy en la cara los casos de corrupción que inundan al partido que preside.  Millones de personas  sentimos liberada la frustración por la impunidad con este discurso.  Siquiera un instante.

No, claro, esto hay que decirlo con educación.  Y además ya se había dicho, comentan varios.  Pero no es lo mismo en el único cara a cara televisivo que se ha dignado conceder el presidente del gobierno, en distancia corta.

El doble rasero es notable. A Rajoy siempre se le ha tratado con increíble condescendencia. No es solo que Rajoy acusara a Zapatero de servirse de los muertos en algún debate, es la lista de calificativos que le dedicó durante su mandato. Recopilé en su día algunos y todos ellos están acreditados:

Acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio.

Y, al igual que su escudero González Pons: ¡Indecente!, aunque no por corrupción.

Mariano Rajoy debió dimitir tras enviarle los SMS a Bárcenas y contarle cómo trabajan en su asunto.  Cuando rompieron a martillazos los órdenadores de Bárcenas y en cuanto le dijo Pedro Sánchez. Porque quiso decírselo y pudo hacerlo no como el resto de los candidatos.

Pero lo más grave es que el debate de las formas esconde verdades casi intocables:  ¿Qué educación ha mostrado Rajoy y todo su partido ante las víctimas de sus recortes ciertos, los muertos de Hepatitis sin Sovaldi, los que no pudieron comprar sus medicinas por copagos, los dependientes a los que nunca llegó la ayuda? ¿Qué buenas maneras evidencia al aplicar políticas que incrementan las desigualdades y han llevado la pobreza  hasta un tercio de los niños? ¿Qué delicadeza muestra en sus leyes represivas, la ley Mordaza, y todas las reformas legales que ha ejecutado en ese sentido? ¿Qué exquisitez ha mostrado con los jueces suprimidos o con los que, como Baltasar Garzón e incluso Gómez Bermudez fueron quitados de en medio? ¿Qué corteses maneras han empleado en salpicar su partido de indeseables que meten la mano en el dinero de todos o en nuestro patrimonio público que han vendido y hasta de saldo si se terció así?

¿Quieren una muestra de la galanura del PP con los miles de jóvenes, científicos y de distintas profesiones que han tenido que dejar su casa y su país porque aquí no pueden trabajar? Ana Isabel Bernal está haciendo una serie en Público sobre las víctimas de esta legislatura:

«No perdona al PP lo que ha hecho con mi futuro ni que terminase con mis ilusiones«, le dice una maestra en Londres.

Vean también a esta investigadora de los más de 12.000 que la España de Rajoy ha echado del sistema.

¿Es poco refinado, poco «polite» decirle a Mariano Rajoy que no es decente?  Nos hemos vuelto tan educados en España. O igual es que la indecencia se ha extendido como valor en alza.

 

No cabe la duda entre Podemos y Ciudadanos (crónica electoral)

En la campaña para las elecciones municipales de Mayo fui a ver, un domingo como éste, el mitin de Ciudadanos  en Madrid y me acerqué un momento al de Podemos, los partidos nuevos por así decirlo.

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Albert Rivera  convocó en un cine de la Gran Vía de Madrid de tamaño moderado que cubrió con buena entrada.  Fue un acto tranquilo, como su lema, en el que no estaban las grandes economistas y sí los candidatos.  700 personas acudieron según sus datos. Con algunos incidentes menores. Ignacio Aguado me pareció un político según los cánones clásicos. Hoy lo tenemos apuntalando al PP de Cifuentes en la Comunidad de Madrid. Begoña Villacís se manifestó «muy  ilusionada». Del Madrid que quería regenerar le preocupaba, además de la corrupción, la suciedad de las aceras y del aire. Y los sueldos millonarios. No dijo ni media palabra de sanidad, ni de educación. Le aplaudieron sosegadamente. Era a Rivera a quien querían ver y escuchar.

El mitin de Podemos era una concentración al aire libre en la zona nueva de Madrid Río, con muchas familias y ambiente festivo.

Siete meses después el cambio en ambos partidos es enorme.  Al menos en los aspectos formales. Ciudadanos celebraba el llamado a ser su gran mitin de campaña. En el Palacio de Vistalegre. Con capacidad para 10.000 personas. La calle General Ricardos, la larga vía de acceso, se poblaba de carteles. De Alberto Garzón en lugares estratégicos, de Pedro Sánchez casi cada 10 o 20 metros, de Rajoy y su  vicepresidenta, con mínimos rótulos podría decirse de Podemos, a mano y sin fotos. Y eso sí una hilera de autobuses similar a cuando hay partido en el Bernabeu. Una buena flota.

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A Vistalegre se accede por unos cuantos tramos de escalera empinada sin barandilla alguna. No había otra forma de acceso me ha dicho un agente de seguridad.

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Una vez dentro me han indicado que no podía quedarme en el patio de butacas y tenía que subir otro tramo más al anfiteatro. Un par de ancianos renqueaban delante de mí. Al llegar arriba me han mandado seguir andando hasta el final y, ante mi protesta diciendo que me iba sin siquiera ver el recinto –por supuesto como ciudadana que acude a un mitin-, me han permitido asomarme “cinco minutos”. Estaba lleno. Con muchas banderas y muchos aplausos. Hablaba Inés Arrimadas, la hoy jefa de la oposición en Cataluña. Por radio, más tarde, he escuchado que Begoña Villacís se ha quejado que desde que gestiona el ayuntamiento Manuela Carmena –Podemos, ha dicho- hay más atascos, menos limpieza y más contaminación en Madrid. Hace falta cuajo. Ya tenemos a una nueva Esperanza Aguirre manipuladora.

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El auditorio que se veía estaba complemente lleno, luego han salido fotos para mostrar que tras el gran escenario no había nadie.  Era el planteamiento coreográfico sin duda.

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Mis minutos habían transcurrido y he retomado las escaleras de bajada. Una familia con carrito de niño y todo me precedía. Me ha venido a la mente, no sé por qué, la escena de Los Intocables. Hasta la foto borrosa ha contribuido al deja vu.

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Piensa hacer un gobierno de tecnócratas y de notables, como publicó en 2012 Luis Garicano.  La política sin política, la empresa. Liberalizador, privatizador. Su programa electoral es una chapuza, como ha descubierto eldiarioes.  En su mitin, Albert Rivera ha apelado, leo, a la movilización para «reventar las urnas de naranja» y «acabar con el bipartidismo»

Claudio Álvarez, de El País, ha hecho una foto magistral del líder apuntalado. O ésa es la sensación óptica.

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Camino de la Caja Mágica oigo en la radio que suelo sintonizar que Podemos aguarda a comenzar porque no tiene lleno el recinto, algo mayor aún, y sin acotar zonas. Comprobaré al llegar que son apenas 5 filas en lo más alto de la grada y detrás del escenario. Está lleno. Otras 10.000 personas. Yo no he podido ni sentarme.

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En lugar de carteles y banderas, dominan los globos morados. “Honor de tener un presidente que se parece a la gente”, dicen en el escenario cuando entro.  Sí, la gente es completamente distinta. Más naturales. Y para ellos se habla. Para sus necesidades, que distan mucho de las que he visto hace un rato en Ciudadanos. Con un despliegue que rezuma dinero.

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Ana Botella y sus delirios olímpicos que llenaron Madrid de centros deportivos enormes es abucheada cada vez que sale su nombre.  Esperanza Aguirre más. A Irene Montero, de Podemos, se la aplaude en cada frase. Y a Carolina Bescansa. Y la Caja Mágica se vuelca con Ada Colau, “aquella activista que paraba desahucios y hoy es alcaldesa de Barcelona” como diría Pablo Iglesias, ”porque sí se puede”. Colau ha comenzado su discurso en catalán y llamando al entendimiento: «Madrid puede volver a ser nuestra capital porque dejó de serlo. Podemos recuperarla el próximo domingo«. Y se emocionan. Y fotógrafos de solera como Bernardo Pérez de El País captan ese frame de la expresión.

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Muchas sillas de ruedas. Fotografiarlas seria demagogia. Pero sin duda hubieran tenido problemas para ver a Rivera y sus Ciudadanos.  Es un síntoma. Entre decenas. Podemos y Ciudadanos no tienen nada que ver y hoy lo he visto con más nitidez que nunca.  Una persona coherente no puede pensar en votar a uno e indistintamente al otro. Son mundos opuestos.  Y se ocupan de personas y sectores muy diferentes. Ciudadanos es de derechas con cuanto implica, lo de la tecnocracia añade caracteres preocupantes. Podemos, diga lo que diga, es izquierda o más bien de ese espíritu que nació el 15M y pertenece a todos, menos a la derecha. La competición está entre quienes albergan los mismos intereses. Lo difícil es encontrar quien trabaje por el común de las personas sin olvidar a los que solo cuentan para votar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Buscamos un presidente del gobierno, no candidatos al Oscar

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Los grandes decorados de Albert Rivera como ejemplo.

Esto no es Hollywood, aunque cada día lo parezca más. Cuesta encontrar propuestas o ideas en esta campaña porque las que llegan a exponerse quedan sepultadas por el espectáculo. Los grandes escenarios que utiliza Albert Rivera evocan a los decorados de las superproducciones de la época dorada de Hollywood. Es un síntoma. Hay nuevos actores que revitalizan la obra. Realmente, y es apreciable y positivo. Como los debates que les enfrentan con mucha más soltura que en la vieja función, la que aún repetirá la televisión pública nacional, TVE, el lunes. Pero de lo que hablamos tras ellas es de quién ganó ¿la carrera?, de actuaciones, vestimentas, estados de ánimo.  De las influyentes opiniones de los críticos. Igual, en lugar de recibir el mandato para formar gobierno, deberíamos repartir estatuillas de Oscar. El problema es el marco social en el que se celebran unas elecciones tan decisivas.

No es solo ese concurso de habilidades en los que hemos visto a candidatos y sustitutas de candidato, bailar, cantar, cocinar, pilotar un todoterreno, subir en globo, acudir a programas “populares” de los que se dedican a “entretener”, cuando no a entontecer, a la audiencia. De meter en  portada hasta el número de zapato que calza Pablo Iglesias o “meninas” que no son suyas. No es solo eso, no. Estamos asistiendo, aunque sean debates serios y necesarios, al más difícil todavía de tener a los contendientes de pie un par de horas, con o sin atril, al final del día. Una prueba de aguante ¿Cómo las islas de famosos llevadas a la política? Es cierto que permite ver que uno se tambalea y gesticula, otro suda, otra se afianza al suelo con altos tacones porque a empecinamiento no le gana nadie. A Soraya Sáenz de Santamaría habría que otorgarle el Oscar a la Resistencia. ‘Ex aqueo’ con los ciudadanos que hemos sufrido las políticas de su equipo: el PP.

Campaña electoral “a la americana”.  Del norte, especialmente. Y ya vemos cómo deriva: en Donald Trump. A quien –según contaba la corresponsal de TVE Almudena Ariza- llevan cada día a las televisiones por el juego que da con sus excentricidades. Es decir, sus proclamas fascistas y racistas. Por esta vía, puede acabar dirigiendo los destinos de EEUU y, por tanto, de buena parte del mundo.

En el dramático fin de carrera, ya oteando la alfombra roja, irrumpen en campaña quienes no deberían participar porque una cosa es lo que se admite como tendencia de un medio y otra los patrocinios y fobias evidentes.  Con apuestas de última hora que cambian a un ganador por otro, sin suficientes explicaciones. O dando la vuelta a las encuestas posteriores al debate sin atisbo de pudor. O insistiendo en la tabla rasa: “nadie destaca”. Con opiniones tan enternecedoras como la del efímero director de El Mundo Casimiro García-Abadillo que vio así el de Atresmedia: triunfadora la vicepresidenta y en el último lugar a Pablo Iglesias, declarado ganador prácticamente por unanimidad. Con tal cantidad de trampas adicionales –la casi supresión del voto exterior, reducir la campaña a PP y PSOE como hace ya TVE en sus telediarios, la ocultación de cómo se financian este gasto algunos partidos- que implican una alteración de la voluntad popular.

Se juega mucho en esta campaña. Y desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo.  Incluso desde una presumible buena intención  se apela a criterios conservadores en este campo, a valores seguros –que en algún caso han brindado certezas bien poco ejemplares-.  A esa tendencia, desde distintas ideologías y tonos, le puso voz un admirado maestro de periodistas, Iñaki  Gabilondo: “Cuesta imaginarlo (a Pablo Iglesias) de presidente”. Y, en una de las ocasiones que lo mencionaba, añadió: “Quizás  porque él no se ve todavía”.  ¿A qué cree, pues, que Iglesias concurre a las elecciones? En el mismo vídeoblog había dicho sobre Pedro Sánchez, el candidato del PSOE: “Su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo, pero le falta algo…” Se refería a: “Está encajonado por las circunstancias históricas, del pasado, y de ahí hay que salir con algo más de gas”.

En efecto, Pedro Sánchez es un candidato al que, desde esferas próximas, alaban, tumban, menosprecian, suben, animan a plantar batalla, le ponen tiritas si estiman que los otros candidatos le han hecho hecho un rasguño en el juego. Como si también les tuviera que rendir cuentas. Mientras él se considera “humildemente, ganador del debate” y acusa a Pablo Iglesias de quererse solo a él mismo, dado que, según declaró, su principal virtud –la de Pedro- es «la humildad».

Desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo

No deberíamos catapultar lo accesorio en detrimento de los contenidos. Si bien los detalles que están acaparando el discurso aportan datos sobre caracteres y presiones, de cómo se afrontan también, de la reacción al vapuleo y el juego sucio. El debate a 9 de TVE permitió ver algunas propuestas más de los principales partidos en liza.  Y fue enriquecedor escuchar a Garzón, Herzog,  Errejón e incluso los partidos nacionalistas; había algo más de calma, menos espectáculo. Hasta que abrió la boca Marta Rivera, número 3 de Ciudadanos por Madrid, para dar un recital de despropósitos.  En el amplio historial  de texto y voz  de la candidata figuran desde minimizar la violencia machista, racismo agudo –escribió de Carla Bruni, esposa de Sarkozy  “espero que tenga un hijo negro o claramente oriental”, menosprecio de los asesinados por el franquismo comparado con las famosas dudas sobre la autoría del 11M…  En suma, no ha habido polémica en la que Marta Rivera no haya mostrado su ideología ultraconservadora y clasista.  Si sirviera para que el electorado ubique de una vez qué espacio político ocupa Ciudadanos, sería útil, pero tampoco debe convertirse en el nuevo divertimento de la grada.

Y esto ocurre cuando a Albert Rivera le empiezan a retirar sus apoyos mediáticos. En 10 días pasó de ser declarado en Luna de miel con el electorado y viviendo un momento dulcísimo a poco menos que verlo como un bluf y afearle que muestre “debilidades y nerviosismos  poco compatibles con un pretendiente al principal puesto ejecutivo de la política española”.  Ha defraudado, dicen, “las altas expectativas creadas”… en buena parte de quienes las generaron. La película de Ciudadanos se proyecta ya en todas las salas, puede que la audiencia no disponga de tiempo para enterarse de la rectificación. Porque cumple los requisitos : también se resalta de él hasta la saciedad precisamente que es “guapo”.  Y eso tira mucho en pantalla.

Mientras, Mariano Rajoy, ganador en todas las quinielas, elude debates incómodos, desdeña y desprecia a sus adversarios desde la retaguardia y lanza promesas electorales fuera de los presupuestos aprobados, que pueden seguir el camino de las anteriores. Su principal objetivo ahora es cuidar a lo menos crítico y conservador de  “la España rural” en la que espera asentar su triunfo.  Hay gente que prefiere las películas españolas en blanco y negro, siempre que no sean de Berlanga o Juan Antonio Bardem.  Rajoy aspira al Oscar de señor de derechas clásico, que solo debate con quien puede ser presidente.  Cunde el mensaje. Los otros, para ellos, están de atrezo.

El problema es que no vivimos en una ficción. Todos los atropellos, recortes, expolios y engaños sufridos, el aumento de las desigualdades, no habrán servido para nada si no se sale a la realidad. La más amarga certeza de este período innoble es que por el camino que proponen los principales guionistas no habrá cambios, o cosméticos en el menos malo de los supuestos.  Y por una buena temporada ni se podrá construir frente a ese futuro de quiebras que venden empaquetadas en sonrisas.

Hubo un tiempo, mucho tiempo, décadas, siglos, en los que el poder solo podía recaer en un hombre, joven, y rico o de alta cuna. No se podía concebir otra opción. Con el tiempo, mucho tiempo, esfuerzo, víctimas y hasta heroicidades, algo cambió. En el mundo y en España. A muchos les costó imaginar a Ada Colau o a Manuela Carmena de alcaldesas de las dos principales capitales españolas.  Y a muchos otros alcaldes y concejales. A plenos donde los gestores se parecen a la gente, para desesperación de quienes siempre manejaron los hilos.

En Borgen, la aclamada serie de la televisión pública danesa, políticos y medios llegan a plantearse “si una mujer puede ser primera ministra”, dado que la que ocupa el cargo ha cogido una excedencia de un mes para atender a su hija. Enferma, por cierto, con la ayuda de los dardos del mal periodismo intencionado. Birgitte Nyborg cita a las primeras diputadas de su país en los albores del siglo XX –quién las hubiera tenido en otros lares como éste- para concluir: “Quienes así hablan llevan un siglo de retraso”.

Siglos de retraso u otra película de fantasía. No nos hagan pensar en candidatos marioneta en defensa del guión que pueden ser intercambiables, hay quienes quieren llevar sus ideas a la presidencia con total convicción. Sobre todo, porque aquí no estamos inermes en la butaca: vivimos, con cuanto implica. Y soñamos en un futuro mejor.

*Publicado en eldiario.es

La desigualdad generacional también vota el 20D

MITIN DE RAJOY EN OLMEDO (VALLADOLID)

Rajoy jugando a captar votos de mayores. Olmedo, Valladolid

El último barómetro del CIS ha vuelto a sorprender dando una victoria holgada al PP. El estado de opinión conservador que pronostica otorga buenos resultados a Ciudadanos, hunde  al PSOE, frena Podemos aunque mejora con las mareas de izquierda, y baja también a Unidad Popular. El dato más relevante es un 41,6% de encuestados que no tiene decidido el voto a pocos días de acudir a las urnas. Con su participación todo podría dar la vuelta, o justificar estos resultados del CIS, poco coherentes con todo lo ocurrido hasta ahora. Pero hay más variables a tener en cuenta. En particular cambios generacionales profundos que influyen en el voto.

Esta legislatura, la del PP de Mariano Rajoy, tiene como una de sus principales señas de identidad el pronunciado aumento de las desigualdades. Y en todos los terrenos. Desigualdad económica, entre los seres humanos, entre hombres y mujeres en particular, en el acceso a todos los servicios: sanidad, educación y vivienda como pilares esenciales. Derivas que se venían marcando, incluso desde hace décadas, han encontrado en las políticas de este conservadurismo neoliberal y éticamente laxo su mejor caldo de cultivo.

Un primer gráfico nos mostraría la pirámide demográfica: España se ha hecho vieja. De los más de 36 millones de ciudadanos con derecho a voto, casi la tercera parte, 11,5 millones, tienen más de 60 años. Casi el doble de los que había en las primeras elecciones democráticas.  Mientras tanto, ha disminuido el número de jóvenes electores que apenas llegan al 15%, ni aun extendiendo el tramo hasta los 30 años.

El desarrollo, una mejor sanidad, han ido aumentando la esperanza de vida, en la tónica de los países más civilizados. Al mismo tiempo, el control de la natalidad y, en su caso, las dificultades económicas disminuyen el número de hijos, para adaptarlo al que se puede atender.  En los años setenta del siglo XX, España registraba una tasa de crecimiento vegetativo del 10% (Informe FOESSA) como los países en vías de desarrollo, mucho más si son católicos por decreto y sin píldora anticonceptiva como sucedía en el nuestro.

Acabamos de saber-por el INE (Instituto Nacional de Estadística) que la mortalidad se ha disparado en España en aumento descomunal: más del 10,5% en el primer semestre de 2015, en datos absolutos. Esta tendencia se inició en 2012, con la cifra más alta en una década. Era el primer año de gobierno del PP y sus recortes en sanidad. Esa disminución en concreto, los copagos farmacéuticos y el aumento de la pobreza son las variables que suelen influir en vivir menos años. Los olvidados e intocables suicidios entran, probablemente, en la estadística. También ha descendido el número de nacimientos (un 0,8%). Y por tanto el balance: estamos en crecimiento negativo.

El hecho es que el 20D será mayor la capacidad de decisión de los mayores que de los jóvenes.

La segunda instantánea nos remite a los ingresos disponibles según la edad: Hemos llegado a la situación insólita de que la renta que perciben los jubilados supere a la de los trabajadores en activo. Por el baremo que el INE llama “unidad familiar”. Y eso cuando los pensionistas españoles cobran menos de la media europea (15.574  euros frente a 19.441 de promedio en la UE). Los interesados pueden ver datos complementarios en un excelente trabajo de Luis Faci publicado en CTXT este verano. El Gobierno ha tratado menos mal a los mayores retirados por el supuesto “nicho electoral” que representan. Y dado que contribuyen a la ‘paz social’ haciéndose cargo con sus pensiones y ahorros de sus hijos y nietos. Hasta el 80% de ellos les prestan algún tipo de apoyo económico. No será eterno. Y menos con políticas ultraliberales que acaban reduciendo la esperanza de vida –esas que según el CIS van a ganar las elecciones-. Se añade la Reforma Laboral del PP que ha supuesto una merma considerable de los sueldos.  Los datos constatan –de forma inequívoca- un empeoramiento generalizado de los salarios y condiciones laborales, excepto en los puestos mejor remunerados que se han mantenido o incrementado.

El problema, mucho más allá del 20D, es que las oportunidades  de trabajo difícilmente van a crecer. La economía financiera –que solo mueve anotaciones contables- se ha desbordado en detrimento de la real y para producir ya tienen a los países de mano de obra aún más, mucho más, barata.  El lema de que “el trabajo esclavo de unos, perjudica a todos” cada vez es más constatable, si alguna vez no lo fue. Y también que, por todos los medios que se quiera oír hasta con los oídos tapados, nos dicen que las pensiones no son sostenibles. Las últimas recomendaciones de la OCDE, esta misma semana como aviso a navegantes, dejan claro que los nuevos jubilados no dispondrán de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y se propone pensar en alguna ocupación acorde con su edad y aptitudes. Ultraliberalismo puro.  De echarse a temblar. Y eso el día en el que el PPmetía mano de nuevo en la hucha de las pensiones a la que ha dejado exhausta en sus 4 años de mandato.

El tercer esquema al que atender habla de las intenciones de voto por tramos de edad. Y es el que, teniendo en cuenta los anteriores, más interesa ahora.

El bipartidismo se mantiene con los mayores de 55 años que –recordemos viene a ser la franja más numerosa de votantes-. Los apoyos de los jóvenes en cambio les son escasos, sobre todo al PP. Los menores de 35 años se decantan por Podemos y Ciudadanos , mucho más por el partido que lidera Pablo Iglesias. Y es el tramo en el que se anotan más indecisos.

Y más bajas. Involuntarias. Aquí entra otra variable: el voto en el exterior.  Pese a todas las protestas y campañas, las dificultades para ejercer ese derecho a los numerosos jóvenes  y menos jóvenes que el paro ha expulsado de España, van a dejar fuera de las urnas al 94% de ellos. No podrán votar no menos de 1.750.000 españoles. Una anomalía que habría de subsanarse inexcusablemente y ya porque el resultado se adultera sin ellos.

No es cierto que todos los mayores voten conservador, uno siempre conoce… excepciones.  O no tanto. Esa generación, con menos estudios, hubo de luchar por construir un país democrático y se movió entre el trabajo, el coraje e ideales más o menos ingenuos –desde las flores hippies al rechazo de la guerra y prácticamente “inventar” el rock-. Es cierto que, por ejemplo, en los hogares de ancianos de la Comunidad de Madrid bailan ‘El Relicario’, un cuplé, agarrados, como hacían sus padres, no ellos. Estampa de películas en blanco y negro que presencié boquiabierta meses atrás. Hay una cierta tendencia a la gerontocracia, propiciada por el involucionismo que ha imprimido el PP a la sociedad española. Hace ya mucho tiempo que se ensalza la juventud mientras se le siegan oportunidades, ahora los conservadores entre los mayores marcan su impronta. Y la eterna brecha generacional se agranda, o se agranda como siempre el inmovilismo y los deseos, la necesidad, de cambio.

El éxito de Ciudadanos es explicable precisamente por esto. Para muchos mayores “los jóvenes” han de ser como Albert Rivera. Repeinados, con vestimenta clásica, moderados, fieles a los preceptos. Pedro Sánchez es aceptado al menos por sus características coincidentes con el modelo, aunque un punto de insolencia le haga menos homogéneo. El resto de los nuevos valores cumplen el estereotipo al completo; incluso la hoy vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a quien se considera ‘muy preparada y formal’, ignorando su mano férrea en la aplicación de las políticas de Rajoy y las suyas propias en algunas decisivas, como la informativa. Alberto Garzón también les gustaría “si no fuera tan radical”. Pablo Iglesias y los líderes de Podemos se apartan por completo del prototipo para este sector, aunque lo sean para jóvenes y la ‘gente corriente’. Al igual que Garzón.

Más viejos que jóvenes. Más poder de decisión de los mayores. Con más ingresos estos dentro de una precariedad galopante para todos. Un futuro oscuro, salvo el de quienes se baten por lograr ese puesto al sol del poder y los pocos que de entre ellos lo consiguen.

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La última variable nos remite a su acceso a la información. El 70% de los españoles, insistamos, dice hacerlo por televisión, incluidos los debates espectáculo de estructura arbitraria. No son los jóvenes, ellos apenas ven cadenas convencionales. La campaña electoral también se va a jugar, se va a seguir jugando, en la tele. Para gran parte de la generación que ahora sobrepasa los 60 años, El País todavía es un periódico progresista. Más de la mitad de los que no ven otro horizonte que el bipartidismo, no se acercan a Internet  ni para hacerse una cuenta de correo electrónico, privándose  de encontrar su propia información y criterio. La realidad que tiene muchos más matices que los ofertados en pantalla o papel plano. Y con anuncios.

Habrá vida tras el 20D y, si nos descuidamos, puede ser al compás de ‘El Relicario’… como último cuplé.

*Publicado en eldiario.es

Nueva descarga de la Doctrina del Shock

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En La naranja mecánica (1971), Stanley Kubrick denunciaba con sarcasmo las técnicas de condicionamiento clásico o pavloviano

Constatamos a diario  el profundo cambio operado en la sociedad occidental y en la española como apéndice que nos afecta específicamente. Apenas damos crédito a lo que estamos viviendo y al contraste que ofrece con momentos similares años atrás. ¿Qué ha podido ocurrirle a esta sociedad, a los gobernantes que la representan, para reaccionar como lo están haciendo? El impacto ahora son los atentados de París de hace dos semanas y la amenaza del terrorismo yihadista que, de repente, paraliza ciudades enteras como Bruselas. No nació ayer ni se gestó en tres días. Lo que sí regresa es la siembra del miedo y el recorte de libertades. Un clásico. ‘La Doctrina del Shock –brillante imagen literaria de la periodista y escritora Naomi Klein- está asestando una nueva descarga.

Pocas evidencias serán más significativas que las que enfrentan a Francia en 2003 y en 2015. Entonces, el Gobierno de París lideró la oposición a la invasión de Irak guiada –como el tiempo demostró- por los habituales intereses comerciales y de hegemonía política y basándose en mentiras: las inexistentes armas de destrucción masiva. Pero también la lucha contra el terrorismo y “el eje del mal”. Es paradójico que aquello, la guerra de Irak, fuera el germen donde creció ISIS que ahora ha atacado Paris.

El discurso en la ONU, en febrero de 2003, del político conservador Dominique De Villepin, un intelectual, escritor y poeta, ha entrado en los anales de la historia. Razonaba por qué era prioritaria la paz, desde “un país viejo, Francia, un viejo continente como el mío, Europa, que les dice hoy, que ha experimentado guerras, la ocupación y la barbarie”. Es el mismo país, un poco más viejo, el ahora liderado por dos socialistas, Françoise Hollande y Manuel Valls -funcionario el uno, político temprano con estudios de historia el otro- que han descubierto su pasión por la guerra. Aunque la venta de armas de Francia a contendientes del polvorín sirio y sus ideólogos aportara algún síntoma y, desde luego, de doble moral. Villepin, regresa con un artículo en Liberation donde titula y argumenta en detalle: « La guerra no nos hace más fuertes, nos hace vulnerables». «Responder con la fuerza [a Daesh] equivale a apagar fuego con un lanzallamas», destaca.

La cercanía de las víctimas que dejó la barbarie terrorista en París, explica la conmoción –aunque sean muchos más los abatidos por la misma causa fuera de Europa-. Pero la reacción sobredimensionada de los gobiernos no hace sino aumentar la sensación de peligro y puede que la amenaza real. Nada peor que el miedo y el desconcierto para que el agresor se crezca.

Y está teniendo otras consecuencias menos evidentes que deberían hacer recelar a los ciudadanos. El Reino Unido de Cameron, en su cruzada para desmantelar la sanidad pública, NHS, argumenta para su dotación presupuestaria las mayores necesidades “en seguridad” y en Ejército –también se apunta entusiasta a la guerra-. La seguridad total no existe, pero muchos podrán empezar a morir de cualquier enfermedad con varios policías patrullando su agonía.

Cierre de fronteras, asaltos sin respetar lo más elemental, culpas indiscriminadas… récord de alzas bursátiles para las empresas de armas y políticos de mano dura que suben su cotización electoral.

Es la sociedad quien se la da. Quien al parecer optaría por vivir en una jaula –con televisión y dispositivos móviles, eso sí-  con tal de que le garanticen la entelequia de la seguridad.  Los gobernantes tienen, sin duda, la obligación de proporcionárnosla, sin errores, ni trampas por cierto, y respetando derechos. Pero ni aun así la inmortalidad está garantizada.

España, nuestro calvario particular, también nos alarma.  En momentos críticos ,la amenaza exige un gobierno con experiencia como el de Rajoy, nos clavó de propaganda TVE (sin consecuencia alguna). ¿Experiencia en qué? Dada la desvergüenza con la que el terrorismo es usado como baza electoral, convendrá recordar un hecho objetivo: el 11M se produjo con el PP en el Gobierno y Rajoy de vicepresidente. Y en ese día está otra gran diferencia de la preocupante transformación social operada. Todavía es el atentado más grave que se ha producido en Europa,y los españoles reaccionamos sin miedo y castigando la manipulación.

Por cierto, nadie nos ha explicado la mutación del Pacto Antiterrorista aprobado en febrero por PP y PSOE en Pacto Antiyihadista. Ni que se hayan evaporado las reticencias dentro del partido socialista y el frontal rechazo del resto de la oposición por su merma de libertades y derechos para todos. Ni que sea ahora «esencial» suscribirlo bajo amenaza de excomunión del club de los responsables, dando por hecho que bombardear es el único camino.

El problema es más complejo. Exigíamos, el 15M, con más del 80% de aceptación popular, «no ser mercancía en manos de políticos y banqueros», y ahora , según las encuestas, les vamos a dar un cheque en blanco por 4 años. Para las sobras que hayan quedado.  Se tragan recortes, mentiras, la más hedionda corrupción. Sabemos que hay mucho corrupto vocacional en España pero ni siquiera eso lo explicaría.

Cuesta también entender a un país que vivió un golpe de Estado, una guerra civil de 3 años, y 40 más de dictadura que siguió matando, con miles de muertos aún por las cunetas, con las heridas incurables de tal atrocidad, vivir semejante festín de franquismo en el aniversario de la muerte de su héroe. Con total permisividad.  Y tanto o más -por lo que implica acerca de nuestro futuro- la ofensiva banalidad con la que el candidato sepia, Albert Rivera, y sus Ciudadanos equiparan a “rojos y azules” en busca de no sé qué tiempo nuevo, a edificar, sí, pero sobre bases de mayor respeto, entidad y cordura.

¿Qué nos ha pasado a todos? nos preguntamos. Los que lo hacemos, porque hay miles aposentados en su recreo enjaulado pensando solo en seguir jugando.

La nueva crisis de las muchas que nos han sacudido parte (2007) de una debacle alimentaria provocada por la especulación, con incremento brutal del precio de los alimentos básicos en grandes regiones del planeta, y de un alza desmesurada del petróleo. Con las guerras, las variantes habituales. Puede que la mayor diferencia con ocasiones anteriores  sea la comunicación masiva. Los mensajes que distribuye la prensa adoctrinada. El mundo feliz de Huxley o el infeliz que solo encuentra amparo en un Gran Hermano protector y controlador. “Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, escribía George Orwell en su libro ‘1984’. Primero hay que dejar espacio con la electroconvulsión, con una sacudida tras otra. Se ha abierto la veda, como ya comentamos, para desenmascarar a los periodistas cortesanos, pero ahí siguen impertérritos. Lo que empieza a calar al menos es el papel determinante de muchos medios convencionales en cuanto nos ocurre.

Están llegando a conminar para que España vaya a la guerra, como hace el diario El País (sin contar a los periódicos conservadores habituales). Al tiempo de colocar en portada de la web y con foto de Pablo Iglesias el clásico de ‘la Caverna’ de vincular con ETA a quien no secunde sus ansias belicistas y por boca de una víctima del terrorismo de ETA. Los candidatos de la prensa, de cada televisión, están claros. ¿Quién compite con semejante aparato para que todo siga igual y cumpliendo determinados objetivos?

Pero la sociedad no es inocente. Cada persona adulta dispone de cerebro y, con él, de sentimientos y ética, aunque intente acallarlos. De una familia o de un colectivo ante el que responder. Capacidad de elegir, al menos en algún grado.

Vivimos un momento similar al que siguió al 11S, gestionado por el peor presidente de los EEUU, George Bush. El que recortó libertades, el que arruinaría las arcas de su país. La máquina del shock, encendida, trabaja de nuevo sin descanso ¿Dónde están los franceses que buscaban la playa bajo los adoquines? ¿Dónde los españoles hartos de latrocinios, abusos y fomento de la desigualdad?  ¿Cómo es posible que el PP pueda ser el partido más votado y con Mariano Rajoy de cabeza de lista, en quien no tiene «ninguna confianza» más de la mitad de los españoles y poca casi el 30%? ¿El que se burla de todos nosotros al huir de los debates yendo al mismo tiempo a programas fáciles de entretenimiento? ¿Cómo es posible?  ¿O la otra derecha presentada por los vendedores clónicos mejor entrenados para la misión? No es fácil el panorama electoral pero menos es la vida que por esta senda nos espera.

En la navidad de 1969, Franco dijo en su mensaje de fin de año a los españoles concluido su programa de sucesión y reformas de leyes: “Todo está atado y bien atado”. Se ha demostrado cierto. Y no sólo en España.  Y aquí estamos, sujetos a la camilla. para recibir cuantas descargas consideren convenientes. Unos contentos, otros tratando de zafarnos. Sabemos que cualquier lazo es susceptible de ser desanudado. De no hacerlo, como siempre nos dará otra vuelta más. Y que la electroconvulsión llega a abrasar el cerebro y la dignidad.

*Publicado en eldiario.es

El mundo que funciona

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Viviendas del mundo que funciona

El promotor del informe sobre el Mercado Inmobiliario español lo expresó con gran soltura: «Solo se venderán los pisos de… la España que funciona» . Apenas un 10% del 1,6 millones pendientes, por cierto . El resto será pasto del derrumbe o el permanente monumento a la tragedia urbanística que vivió este país, origen de la porción genuinamente española de la crisis. Hablaban de “áreas metropolitanas y ciertas localizaciones de costa consolidadas”. “Es la España que funciona”, añadían. Las demás no y no merece la pena distraer ni recursos, ni un pensamiento para ellos.

Fue la forma de visualizar con gran realismo cómo se organiza el sistema neoliberal con sus pufos, sus víctimas y sus elegidos: una parte funciona y otra no, succionando la primera a la segunda como garrapatas.  “Para que haya ricos, tiene que haber pobres”, se dijo toda la vida. Y ahora se aplica con más rigor si cabe.

A mayor escala, la global, ocurre lo mismo. Hay países que son tenidos en cuenta como aquellos que funcionan, y otros no. Y dentro de ellos, sectores sociales a los que cuidar y respetar, y sectores a desechar.

Evidentemente no es lo mismo para una mayoría de la consideración occidental, un atentado en París que en Beirut o Kabul. Esto también viene de serie desde hace tiempo, cuando se podían hacer equivalencias de muertos a publicar en los medios: un norteamericano equivalía a unos 3.000 etíopes; un israelí a 10 palestinos.

Alemania es un país respetable, funciona, pero no todo. Las personas que malviven con el genial invento de los minijobs, muchos jubilados y trabajadores extranjeros (españoles incluidos) no pertenecen al club de los que funcionan. No plantea problema alguno: se obvian y ya está. Y así ocurre en el resto de los países y clubs como el europeo: la UE, para entendernos. No es lo mismo Grecia que el Reino Unido (aunque se quiera ir), ni es lo mismo Francia que España, sobre todo si ésta se empecinase –que parece que esto ya lo tienen bastante arreglado- en no votar ultraliberalismo conservador.

La forma de visualizar con gran realismo cómo funciona el sistema neoliberal con sus pufos, sus víctimas y sus elegidos: una parte funciona y otra no, succionando la primera a la segunda como garrapatas

África no les funciona absolutamente nada, a no ser para expoliar recursos. A los africanos menos, por eso se van en busca de otros horizontes. Y el mundo árabe, según el petróleo, comunicaciones, o influencias que proporcione. Incluso dinero y comisiones estratégicas. No es lo mismo el país del intocable “amigo” –de ellos, de las autoridades- saudí, o el del nuevo dictador egipcio, que Yemen o Siria.  Y dentro de Siria andan viendo qué poder les conviene más que marche, pero desechan prácticamente a todos sus ciudadanos.

Este escarnio que estamos presenciando de los refugiados expulsados por las bombas que se compran y se venden entre los países… que funcionan, simboliza el horror al que ha llegado esta civilización que aún conserva el nombre de tal. Hombres, mujeres y niños que tenían una vida, con comodidades y expectativas, hasta que muchos decidieron sumarse a la protesta contra el tirano Al Assad, al calor de la indignación en otros países árabes y en medio mundo. Cuatro años después, Siria es una pelea de hienas –sucesivamente sustentadas por unos o por otros-, mientras la población sucumbe. Y salen al mar, a cualquier vía, con miedos y esperanzas, en pos de recuperar sus vidas. Y los estamos viendo hambrientos, apaleados, insultados, marcados, confinados, abandonados en las cárceles adonde les mandan o ante los Muros que les levantan.

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El mundo que no funciona. Foto de Magnus Vennman

Y, ahora, la siembra de equiparar yihadismo con refugiados, refugiados con sirios. Y escuchar a individuos miserables, con más insultos y amenazas, queriendo ensañarse con inocentes y blandiendo la misma intransigencia, fanatismo y crueldad a la que invocan.

 Es el mundo que funciona, que funciona… así. Con un 1% ya que posee tanto como el 99% restante, según la última estadística de Credit Suisse. Con más de 1.000 millones de desnutridos crónicos. Y 2.500 millones sin sistema de alcantarillado, y 1.600 millones  sin electricidad y 900 millones más que no tienen acceso al agua potable. Con carencias en educación, salud, futuro…

La España que funciona también ofrece un empecinado retrato al que cada vez le salen más taras: 13 millones  y medio de personas (el 29% de la población) en riesgo de exclusión social. Tres millones de pobres que sobreviven con 332 euros al mes. Un tercio de los niños padecen graves carencias. Nunca se conoció una tasa de pobreza tan alta en la infancia desde que existen los registros. Persiste el paro y a muchos el trabajo no les alcanza para pagar sus mínimas necesidades. El cuidado de la salud ya no es lo que era con los recortes. Menos mal que las empresas del IBEX han ganado 25.837 millones de euros hasta septiembre, un 27% más que en el mismo período del año anterior. Y que tienen tan buenos candidatos a las elecciones de Diciembre para que todo siga igual. Es la España que funciona… así.

Y todo funciona así por el egoísmo o la estupidez de los que se sienten en la zona que funciona. Porque es lo que eligen aquellos a los que se cuida algo más para mantener el tinglado, o tienen fe en que les caiga alguna sobra de la mesa.

El mundo que funciona es en realidad muy pequeño. Feroz y egoísta. Desecha a una parte de la humanidad, de cada sociedad. Y cada vez son más los que caen en ese lado. Aunque algunos nunca sospecharan que ésa iba a ser su desgracia. Si le tocó, se aguanta. Una bolsa de silencio. En la que igualmente se vive y se sueña, pero con más dolor y esfuerzo. Así funciona. Porque muchos quieren. Hasta que la sinrazón de la desigualdad les estalle en la cara o en la de quienes menos lo merecen.

*Publicado en eldiario.es