González, Cebrián y la monarquía tailandesa

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Cebrián, González y García-Margallo a su llegada al foro ‘Venezuela: una reflexión sobre el presente’, en junio de este año. FLICKR CASA DE AMÉRICA

Acaba de morir el Rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, tras 70 años en el trono. Tenía 88. Se han decretado 12 meses de luto y a quien no llora adecuadamente por él  le obligan incluso a golpes y arrastrado en público escarnio ante la multitud. Desde mayo de 2014 la figura fuerte en el gobierno del país es el general Prayuth Chan-ocha, autor de un golpe de Estado contra la entonces primera ministra Yingluck Shinawatra. A partir de entonces gobierna una junta militar. El objetivo, se dijo, era incrementar el poder de la monarquía.

Al cumplirse un año del golpe, Chan-ocha reunió a la prensa local y a los corresponsales extranjeros, unos 200 periodistas, para darles un cursillo sobre cómo hacer preguntas que no le ofendieran. No nos facilitaron detalles del temario. La población también recibió directrices. Fue creado el Consejo Nacional para la Paz y el Orden destinado a lograr la felicidad de los tailandeses. Por las buenas o por las malas. El propio Chan-ocha compuso una balada titulada  “Devolviendo la felicidad a Tailandia”. Más les valía cantar y dar saltos de alegría, el descontento sería castigado con los llamados “ajustes de actitud”. Numerosos críticos, académicos y prensa entre ellos habían sufrido sus rigores: arrestos y represión por esas desviaciones que no gustaban a la Junta.

Los tailandeses, por tanto, están obligados a ser felices por decreto y también a sentir enorme dolor por la muerte de su monarca. Un sinvivir.

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Chan.ocha se postra ante el Rey ahora fallecido

Indudablemente, los guardianes de las esencias de un país, una sociedad, cuanto viven y quieren, su felicidad, su tristeza, creen estar en posesión de la verdad. No hay nada como sentirse un ser excepcional para indicar, imponer si se da el caso, las conductas correctas.  La realidad a veces les contradice. De forma flagrante incluso.

Se levanta España sobrecogida a golpe de periódico, prensa y radio, porque este miércoles un grupo de 200 estudiantes, alborotadores, o lo que fuera, protestaron en la Universidad Autónoma de Madrid ante el expresidente del gobierno y del PSOE, Felipe González, y el presidente del grupo PRISA, Juan Luis Cebrián. Iban a dar una conferencia y los manifestantes se lo impidieron.

Ya estamos de nuevo con portadas, editoriales, escritos desde la “efervescencia” –ahora les cuento esto-, en donde se compara la protesta de la Universidad con el 23F y, sobre todo, se culpa de la revuelta… a Podemos. Decían lo mismo que Pablo Iglesias en el Parlamento, argumentan. Hablaban de cal viva y eso no se toca, ni se desentierra. La cal viva existió y algún día este país deberá enfrentarse a ello, hay asuntos que por su desmesura se empeñan en sacar la mano de la tierra que los sepulta. De hecho, hasta José María Aznar se lo refregó a González en 2004, con lo que él tiene que callar.

Por supuesto que no es la mejor actitud obligar a suspender una conferencia. Tampoco situar en la precariedad y falta de futuro a los jóvenes –y no tan jóvenes- por las políticas que estas dos personas se empeñan en avalar en la práctica. La violencia tiene muchos caminos y matices, pero, categóricamente, no es lo mismo una protesta en una Facultad universitaria que estas portadas y artículos señalando dianas.

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Dicen que hay que atar corto a las redes sociales, ¿A la sociedad? ¿A los desacuerdos? ¿A las justas reivindicaciones de esta ominosa época? Desde los púlpitos mediáticos, nos dan clases como en Tailandia. Algunos las llevan bien aprendidas de casa.  Chirría escuchar a periodistas censurando la crítica que es consustancial a nuestra profesión. Y escandaliza este salto a la primera fila del  lavado de ofensas cuando tanto se ha callado y acallado.

El papel de Felipe González y de Cebrián en el motín dentro del PSOE es visible. Les hemos oído y leído. Son ya numerosas las voces que no dan crédito a lo que, especialmente, El País, un diario de referencia, está haciendo. Y el giro en el PSOE Supone un cambio drástico en las expectativas para un cambio de políticas. Tampoco ha sido nada airosa la forma. La maldita casualidad hizo que el mismo día de la protesta en la Autónoma, Infolibre publicara la carta que el director de El País, Antonio Caño, ha enviado a los suscriptores que se han dado de baja, disconformes con la línea editorial del periódico. Caño atribuye los editoriales incendiarios y cargados de insultos a la “efervescencia” que se produce en algunos momentos en este tiempo en que “los ánimos están exaltados”. La dirección de un medio puede perder los papeles, soltar exabruptos, pero no unos jóvenes muy enfadados y con razón.

Este jueves la prensa y en particular El País vienen sobrados de burbujas. Con espadachines varios, siempre dispuestos a salir valedores del sol que más calienta. Mientras no languidezca, que deben venir bien duras cuando Caño manda cartas para ver de salvar los muebles anegados.

En los palacios de oro no dan crédito a la osadía de los estudiantes. ¿Ha podido ocurrir algo en España más grave que una protesta contra dos personalidades tan relevantes que, además, han acreditado de tal forma su prestigio con el tiempo? ¿Gurtel y todas las corrupciones? ¿El ascenso a la troposfera de la Deuda Pública?  ¿El vaciado de la Hucha de las pensiones? ¿El incremento del número de pobres? No, desde el 23F, no ha habido nada similar a la protesta en la Autonóma contra González y Cebrián. Desde la Batalla de las Termópilas probablemente. Y hay que pronunciarse. Pasan lista de fidelidades y de “desajustes de actitud”. Se estudian castigos. De entrada, el señalamiento público arbitrario.

Jóvenes descarriados –no solo un poco, mucho- beben en las fuentes que les mandan desde Podemos. Igual que una parte del PSOE díscolo, antes oficial.  Huecas sus cabezas, se dejan dirigir por cantos de sirena con coletas. Eso dicen. En primera fila, el portavoz de la Junta, perdón, de la Gestora, que un día se ve redimiendo al PP de sus culpas y otro acusa sin pruebas.  Son las caras del Susanato, del tiempo que viene. La teoría -que la prensa conservadora y periodistas aposentados comparten- da idea de su concepto de la información y de la propaganda. Igual llega el día en el que los periodistas no complacientes con el poder nos veamos obligados a recibir clases de trato a los que mandan.

Son momentos difíciles que pagarán los de siempre, porque los de siempre así lo han organizado. Hoy no es día de ser felices por decreto. Hoy es día de llorar y rendir pleitesía a los próceres agraviados y de mandar a galeras a esos poderosos, sibilinos e inmundos seres que se introducen en mentes endebles, no cómo otros que no lo logran del todo aunque lo intenten profusamente. La felicidad ya llegará con el futuro gobierno que aglutina voluntades en pensamiento único de trono tan longevo. Ése que va a proporcionar tanto alivio a los que saben lo que nos conviene a todos.

*Publicado en ctxt.es

¿Cómo resistir a esta obscena manta de miserias?

 

“¿Cómo transmitir a tus hijos que existe la Justicia, que el esfuerzo recompensa, que el mal se castiga… cuando vives lo contrario?” Las preguntas en Twitter de Lore Beltz, una joven madre aparentemente, son las que se hace cualquier persona dotada de conciencia. Y es cierto que la obscena manta de miserias que nos está cayendo no permite apenas ni recuperarse tras cada andanada. Allí tenemos vomitando corrupciones a los imputados de la trama Gürtel y otras tramas, en las que siempre está el Partido Popular. Y ves a sus portavoces eximiéndose de responsabilidades con un cinismo que excede todos los límites imaginables. Las mismas personas que se disponen a gestionar otra vez los asuntos de todos, apoyados por un poderosos y turbio sector del colega PSOE.

Oír a Francisco Correa, la cabeza visible de la Gürtel, es entender en qué terminó convertido el bipartidismo español. Y hiere tanto el saqueo, como la desvergüenza con la que se cuenta. Y la conspiración política a la altura de cómo se argumenta. ¿Se puede declarar sin sonrojo como ha hecho el portavoz de la Gestora del PSOE que “investir a Rajoy servirá para “sanar el daño” que hizo el PP”?  Modistos y curanderos por el mismo precio.

Produce indefensión comprobar que, cuando más ansias de cambio se pedían y se precisaban, vuelve a triunfar esa concepción de la política que consiste en sacar provecho de la sociedad que te ha dado las llaves del poder, sin el menor escrúpulo en saquearla. Y pensar que a unos cuantos millones de personas les da absolutamente igual que nos roben a todos.  Y que emigrar empieza a no ser una opción porque puedes toparte con la Raza Brexit que no te deje ni entrar en su paradisiaco país o que también te lo impidan en el resto de países que abrazan con igual ceguera la ultraderecha o, con más precisión, reeditan los fascismos.

Habrá tiempo de analizar el Golpe de Octubre en España que está a punto de mandarnos otra vez a la historia de la infamia, lo importante ahora es salir de la ira y el estupor para volver a preguntarse si ser decente vale la pena. Si buscar el bien común tiene algún futuro.  Si mantenerse en pie es preferible a la técnica para avanzar en el poder que definía Heinrich Mann en “El súbdito!: “Para arriba encorvarse, para abajo pisotear”. Estos días, el festejo del día 12 en particular, nos dejó pruebas hasta gráficas de ello.

“La resistencia es, seguramente, ese descubrimiento. Así que todas las apelaciones al desastre total, corrupción endémica y demás no suelen contribuir a la resistencia, sino que consolidan la reacción y niegan la posibilidad de oponer fuerza a la violencia del otro. Pero la resistencia no debe formar parte de la duda. Incluso si se cree que las cosas no tienen remedio, existe la obligación de estar decidido a cambiarlas”, escribía aquí la periodista Soledad Gallego Díaz en un estimulante artículo apelando a los “veranos invencibles”. (Puedes leerlo aquí).

No es solo cuestión de dignidad –que también-, pero no son solo valores éticos los que han de ser invocados. Las sociedades desiguales e injustas funcionan peor que las igualitarias y libres. En las primeras aumentan las tensiones sociales,  las enfermedades, los problemas mentales. Se reduce la esperanza de vida. Crece la violencia.  Las sociedades con mayor respeto a los derechos sociales, a los derechos en general, responden mejor a las crisis. Son incluso más competitivas.

Desde ese punto de vista pragmático, una sociedad más abierta permite desarrollar el potencial  de distintos modelos de creatividad, es más plural y rica. Las monolíticas -y más si  el grupo dirigente es como el que se dibuja ahora en España, ultraconservador y muy cerrado en ideas- se vuelva en crear zotes. Ese pavoroso prototipo de la mediocridad que rechaza la diferencia con la represión y la trampa.  No renta apostar por la injusticia. Basta ver las consecuencias de estar gobernados por personas con alma de general o sargento chusqueros.

¿Dónde estaríamos sin aquellos cuyo esfuerzo hizo avanzar a la Humanidad? Desde Copérnico a Darwin, a Newton, a Fleming si se quiere, a quienes siguen avanzando en el conocimiento científico. Algunos de ellos se dejaron más que la piel en su batalla contra la intolerancia. Que se lo digan a Hypatia de Alejandría. ¿Y dónde sin todos aquellos que prefirieron la firmeza de sus convicciones, el valor, a bajar la cerviz y tragar? Rosa Parks cuando se negó a bajarse de aquel autobús para blancos en Montgomery. Sin quienes cada día hoy siguen dando ejemplos de dignidad y de coraje en los mares de la vergüenza europea y todos los campos de la codicia.

¿El mal gana siempre? Muchas veces, demasiadas. Aunque no todo el que se arrastra consigue levantar al final la cabeza del barro. La maldad, la bajeza, la trampa, no vacuna contra la caída. A veces todo lo contrario, siempre habrá alguien más rastrero dispuesto a auparse sobre quien sea sin escrúpulos.

Nos acaban de hacer Nobel de Literatura a Bob Dylan. Nos lo han hecho en particular a aquellos que crecimos en varias primaveras de sueños de libertad, resistentes y fructiferos como los veranos invencibles. Sembrando bajo los adoquines las raíces de la posibilidad. Porque una cosa es retroceder, como está haciendo está sociedad, y otra regresar a las ideas que nos sustentaron en tiempos de avances. Ya son de todos. De los que tengan vista y coraje. Para volver a convencerse de que los tiempos están cambiando y  sumergirán como una piedra a los que se niegan a nadar con todos.

La respuesta existe. Vuela libre en el viento. Y pensar que no solo hay héroes y tiranos, la mayoría son simplemente arrastrados por la corriente.

*Publicado en ctxt.es

Despejando algunas X

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Francisco Correa ha testificado en el juicio que se sigue contra él que la gran obra pública del gobierno de Aznar escondía comisiones del 3% para el PP. Se refiere en particular a “carreteras, autopistas y obras del AVE”, el símbolo del progreso de aquellos tiempos en los que se nos decía: “España va bien”. Correa no podía adjudicar obras por sí mismo. Como escribe Ignacio Escolar, “en la cadena de la gran corrupción, los principales eslabones son dos: el constructor que paga y el político corrupto que adjudica. Y ni Correa ni Bárcenas fueron ninguno de esos dos”.

La abundante documentación disponible permite saber que, además, buena parte de esas infraestructuras –las radiales de Madrid en cabeza– sobredimensionaron sus estudios de viabilidad y que los contratos se firmaron con cláusulas que favorecían a las empresas. De ahí que haya que rescatar también las autopistas que sufrieron un importante agujero en pérdidas.

De confirmarse el testimonio del conseguidor de la Gürtel, Francisco Correa, se habría cobrado “mordidas” por la adjudicación de algunas autopistas. Y está probado que se erró en los cálculos y se estipuló que, en la práctica, las pérdidas acabaran siendo pagadas con dinero público.

Un poco de historia:

Corría el año 2001 cuando al PP le entró la fiebre constructora con Francisco Álvarez Cascos recién llegado a Fomento desde la vicepresidencia del primer Gobierno de Aznar. Correa lo ha exculpado, sin embargo, explícitamente, y sin que la Fiscalía le preguntara por ello. En aquellos días tan activos, el gobierno popular ya había aprobado la liberalización absoluta del suelo –fruto de los desvelos de Rodrigo Rato y el propio Aznar–, ya se inflaba con gozo la burbuja del ladrillazo y además parecía haber algunos compromisos que solventar. Mariano Rajoy formaba parte de ese gobierno: era ministro de Interior.

La R2 por ejemplo que une Madrid con Guadalajara, pasando por Yebes, con una estación de AVE  –que igualmente promovió el PP– a 8 kilómetros de la ciudad, sin conexión con Cercanías, y cuyo taxi sale más caro que pagarlo desde Madrid. Yebes iba a ser un pulmón para la capital, con una urbanización modelo edificada en terrenos vendidos por familiares de Esperanza Aguirre. No lo ha sido.

Autopistas y AVE, la fórmula mágica que denuncia Correa para el pago de comisiones dado el costo de las obras. España es el segundo país del mundo con más kilómetros de AVE por habitante y el de menor número de viajeros. Son infraestructuras caras. Para hacernos una idea cada kilómetro del AVE entre Madrid y Barcelona costó 14,4 millones de euros. Lo peor es que la factura final supuso un 31,4% más del precio por el que se adjudicaron los trabajos, según el Tribunal de Cuentas. La línea cuenta con 804 kilómetros.

Construidas en tiempo récord y con los habituales sobrecostes que se dan en España, las autovías y radiales de la era Aznar/Cascos fueron inauguradas con todo boato a partir de 2004. De pago y con otras ofertas disponibles, los viajeros no acudieron.

El fiasco se veía venir. “Desde el Gobierno temen que, en caso de bancarrota, la Administración acabe en el juzgado y tenga que hacerse cargo en cualquier caso de la deuda. Hay argumentos legales para ello: las concesiones se hicieron sobre cálculos de tráficos que jamás se cumplieron, la ley del suelo de Aznar disparó los costes de expropiación de los terrenos y las cuentas, por tanto, jamás salieron”,escribe Ignacio Escolar en 2012 .

En efecto, los estudios de viabilidad de Fomento fallaron tan estrepitosamente que registraron  un 85% menos de tráfico del previsto. De forma que incluso se incrementó la cifra de pérdidas calculada inicialmente. Hablamos ahora de 4.600 millones de euros. El Estado está obligado a pagar en caso de liquidación.

Las empresas constructoras y concesionarias del conjunto de las autopistas quebradas son Acciona, ACS, Abertis, Cintra, Sacyr, FCC, Ferrovial, OHL o Globalvía. Y además participaron en su día varias cajas de ahorros: Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar.

En su declaración de este viernes Correa, por la razón que sea, ha decidido poner nombres a algunas X. Correa acusa a OHL, ACS y Dragados (esta última entró a formar parte de ACS en 2002). Es decir, habla de los grupos controlados por Florentino Pérez (con la familia la March y los conocidos como los “Albertos”, Cortina y Alcocer) y el Marqués de Villar Mir. Ambos han anunciado querellas contra el procesado.

También cita Correa a los que, en sus palabras, habrían cobrado las “mordidas”  entregadas por las empresas.  De “varios ministerios” dice, mencionado a Fomento (Alvárez Cascos, aunque Correa dice que no se refería a él con las siglas PAC) y Medio Ambiente, en donde vuelve a aparecer referido en trama de corrupción Jaume Matas hasta 2003. Le sustituyó a partir de entonces Elvira Rodríguez, que pasaría ser en el gobierno de Rajoy presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV.

En estas revelaciones surtidas a gusto del encausado, Correa obra en favor de sus objetivos particulares y su defensa. Da algunas X; de ser ciertas, aún siguen faltando. Los datos de la regla de tres están en la pizarra.

X de un tiempo con muchas obras, en muchos ámbitos y con muchos Correa, como él mismo afirmó. Un tiempo enquistado en la vida pública española, al que le salen valedores hasta debajo de las piedras para cimentarlo. La gran X que entrega la principal condena a los ciudadanos.

*Publicado en eldiario.es

La Ley de la Selva

Doce adolescentes, de entre 12 y 14 años, propinan una descomunal paliza a una niña de 8, compañera de colegio, según el relato de la agredida y de testigos. Doce adolescentes se habrían dirigido así –probablemente a la voz de uno, dos o tres líderes– a secundar una agresión de extrema crueldad sobre una criatura a la que ya han derribado al suelo. Y la patean y crujen a golpes. Sin que nadie mueva un dedo por ella. Hay que ponerse en la mente de todas y cada una de estas alimañas para hacerse idea de la escena.

La pequeña vuelve a clase. Pasará más de una hora allí sentada. También es necesario situarse en su lugar, su dolor y sentimientos. Cuando la madre la recoge han de ir al hospital. El parte médico refleja múltiples daños: el más grave, desplazamiento del hígado. Parece ser que no es un riñón como se dijo en principio, sino el hígado, órgano esencial para la vida. No añade ni quita grados a la salvajada.

Los datos afirman que se ha producido un sensible incremento de los casos debullying en los colegios, y que muchas víctimas no lo cuentan en casa. Temen, probablemente, mayores represalias. Los agredidos son preferentemente niños que por cualquier circunstancia –peso, procedencia– son diferentes al conjunto. La tribu, insegura, ordena la homogeneidad.

Y ahora, en la ceremonia habitual, toca aumentar o restar importancia al caso, eludir o incrementar responsabilidades, responder al puño de hierro con más mano dura, llenar horas de palabrería de consumo, si es el caso.  Son muchos los casos de hecho.

Los adolescentes son espectadores de violencia en las pantallas, argumentan en descargo. Como siempre. Y a los 12, 13 y 14 años, incluso a los 5 si se apura, se sabe que patear entre doce a un ser humano notablemente menor que cada uno de ellos produce efectos desastrosos. Para eso lo hacen. Sin apenas motivo. Para desahogar el odio y el miedo. Lo que no es atenuante alguno.

Estos 12 bárbaros opositan a maltratar en grupo de mayores y subir sus fechorías a la Red. Javier Gállego, Crudo, se refería a estos asaltos en manada, de los que todos somos responsables. Unos más que otros, sin duda.

No es la violencia que se contempla en las pantallas, ficticia o real, el mayor problema. Es la violencia como sistema, la violencia estructural que se está imponiendo en nuestras vidas. El ver triunfar el matonismo con todas sus trampas y zancadillas. Apoyado. La justicia cuando actúa de parte. El desprecio y perversidad con los débiles, como en los grupos menos evolucionados. Termina dejando una raza de cafres.

Cuántas heridas han causado ya las políticas para la desigualdad y las consecuencias que acarrean. España lidera esa brecha en Europa. Reiteradamente. En particular desde que gobierna el PP. Con alarmantes cifras de pobreza infantil o desprotección social. Cuántas secuelas deja y dejará la pobreza inducida. Cuántos niños, jóvenes, adultos y ancianos apaleados contabilizamos desde todos los flancos de la injusticia. Menos mal que ya se puede pedir un Jet privado como quien llama a un taxi con una APP estupenda.

La ley de la selva empieza a definir nuestro mundo de nuevo, reeditando la historia de la barbarie. El Reino Unido, que aprobó un Brexit entre la ira y el desconocimiento, empieza a pensar –ahora– cómo ponerlo en práctica con temibles sesgos de xenofobia. La raza Brexit se afirma por boca de su presidenta Theresa May cuando muestra cierta comprensión a las agresiones a inmigrantesporque quitan el trabajo a los locales, en pura demagogia de la peor especie. Pensando en elaborar listas hasta de escolares extranjeros, los inmigrantes se convierten en moneda de cambio para la negociación de una salida ventajosa de la UE.

May declara que solo admitirán en el país “a los mejores”. Hitler no lo hubiera dicho mejor. Y es la avanzadilla insolente de lo que está ocurriendo en Europa. La vida de miles de refugiados es ya para muchos, para los dirigentes en la práctica, calderilla.

¿Violencia en las pantallas o en la vida? A poco que descuidemos su protección emocional, nos encontramos con el hígado destrozado por la bilis de ver al partido más corrupto de la reciente historia de España a punto de volver a formar gobierno. Podría estar listo antes de que acabe el mes. Apoyado por un obsceno golpe en las filas del PSOE cuyos extremos dejan con la boca abierta y sapos en el estómago. Y por ese devenir de periodistas y medios cómplices. No llegan a ocultar noticias de intolerables atropellos desde el buen periodismo, sin embargo. La Cátedra de Corrupción que tenía instalada el PP, según El Mundo, se suma con sus cutres “powepoint” a este continuo sinsentido.

No es para espíritus sensibles ver los panegíricos que montan al “hombre tranquilo” designado por Susana Díaz –otra incomprendida, leo– como gestor con mando en plaza. Y produce un absoluto empacho de inmundicia oír a Javier Fernández, tan respetuoso con la corrupción del PP,  nuevas alusiones a la cal viva –ahora arrojada sobre Podemos–, que este PSOE haría mejor en guardar si realmente fuera prudente.

La ley de la selva pero más puerca y rastrera. No se sale inmune de su ponzoñoso follaje.

La pobre niña brutalmente apaleada en un colegio de Mallorca ha de apechugar con sus dolores, sus secuelas, y las que en el carácter deja la atroz injusticia. Ojalá encuentre caminos de salida y crecimiento. Los energúmenos que se ensañaron, presuntamente, con ella enfrentarán su papel en la paliza, liderazgo para el mal, servilismo cómplice y dañino. Guardan dentro serias lesiones en el ser de humanidad. No es una chiquillada.

Faltan los que miran. Los que miran y callan. Los que miran y golpean, con manos y pies o con su silencio.

*Publicado en eldiarioes

Las tribus de la Sociedad del Espectáculo

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Van de sorpresa en sorpresa. De conmoción en conmoción. Si hace unos meses fue el Brexit británico, ahora es el Plan de Paz del gobierno colombiano con la guerrilla de las FARC. Tras 54 años de conflicto, 250.000 muertos y 6 millones de víctimas, ha acudido a votar solo el 37% de la población y por unas décimas ha ganado el NO. Los ejemplos se suceden y nos queda mucho más por ver. Son consecuencias, en mayor o menor medida, de la Sociedad del Espectáculo.

Hay numerosas. En España acabamos de asistir a la representación completa de la tragicomedia del PSOE –televisada, radiada, escrita e interpretada– de cuyo cómputo de víctimas destaca sobre todas la credibilidad. Y empieza el juicio de la Gürtel que será manufacturado según convenga. Mejor que no se vea mucho que igual alguien considera una desvergüenza tener y apoyar para que repita el gobierno de un partido procesado por corrupción. A qué punto habrá llegado esta sociedad para que tal aberración este ocurriendo.

La frivolidad es la característica dominante de esta nueva comunidad de adictos a hacer de la vida un show. Cada vez se lee menos y se profundiza menos en los análisis. Parecen haberse sustituido por opiniones ajenas de confrontación, a ser posible, surtidas de lo que llaman –sin ninguna inocencia– “rifirrafes” y “zascas”. Se evidencia pereza para siquiera elaborar los argumentos que les sirven precocinados. Y, sobre todo, para seleccionar el grano de la bazofia. Borrado de la memoria por la sucesión de impactos que llenan el disco duro de los cerebros. Y pasión por el espectáculo.

En el caso de Colombia, vemos a dos políticos que afrontan de muy diferente forma el problema del terrorismo. Álvaro Uribe con mano dura y acción militar, Santos negociando. El expresidente Uribe –a quien se llamó el Aznar de Colombia y mantiene excelentes relaciones con Felipe González– ha hecho campaña por el NO. Con todo el argumentario clásico: con el sí se daría pie a un gobierno del “castrochavismo” y se haría presidente a un terrorista. Ocho años lleva repitiéndolo a diario Uribe, dos meses mostrando Santos los pormenores y ventajas del trato. Un acuerdo de paz  no es fácil, presiones y errores se añaden; lo que no se puede es abordarlo superficialmente y manipulado.

En el Reino Unido ocurrió esta misma simplificación. El aspecto más destacado por analistas serios fue la extrema frivolidad con la que se presentaba algo de tal trascendencia como la salida del país de la Unión Europea. Con cuanto implica desde todos los puntos de vista. Después, siempre, la sorpresa. ¿Y si repetimos votaciones hasta que salga de nuestro gusto? Es que mucha gente no se enteró o no se enteró bien.

En poco tiempo, los ciudadanos pasaron a ser consumidores y ya se han convertido en espectadores. Muchos de ellos se agrupan en tribus gregarias –o grupos fijos de abonados– de efectos negativos para el bien común. Los departamentos comerciales les eligen candidatos con los que puedan identificarse. Lo que esté de moda en el momento. Ahora se llevan los modelos de madres amantísimas de sus electores, buenas perversas, impúdicos sabelotodo, mucho cortesano, cínicos de toda la vida, y escasa cultura para dar cercanía a la baja exigencia. Despunta en tendencia el hombre gris y presuntamente sensato y moderado. Siquiera para animar el cartel, el argumento y los protagonistas amenazan con ser idénticos. Las tribus apuntalan los cimientos del teatro, no se saldrán del guión.

La tribu de los idiotas

Idiota no nació como insulto, pero es así como se llama desde la antigua Grecia a “aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses particulares”. En Atenas, su desinterés y aislamiento llevaban al idiota a perder derechos que le correspondían. De ahí que el idiota terminara por ser a asimilado a un ignorante que renuncia por voluntad propia a la política que le afecta. Son los que repiten: bastante tengo con ocuparme de buscar el sustento, atender a mis hijos y qué menos que distraerme con el fútbol o lo que echen por la tele. Y por tanto se inhiben de cualquier responsabilidad social.

La tribu de los “a mí”

Son vástagos de los anteriores. La diferencia apenas radica en que sí prestan atención a los asuntos de la vida pública, pero situándose en el centro de todo argumento. “A mí’ no me han bajado el sueldo. “A mí” que me arreglen lo pedí, “a mí” la calle. “A mí” me atienden en hospitales muy limpios y bonitos. Y un sinfín de visiones absolutamente egoístas que no contemplan ni el daño ni el bienestar de otros.

La tribu de los cuñados

Mucho más definida y popular. Son los que todo lo saben, dan argumentos pueriles y, sin embargo, se dicen y se creen sapientísimos. Sin rastro de pudor para mostrar bien alto su ideario. Con osadía infinita.

*La variedad Hater nos presenta a un cretino integral que no se cortaría en discutir e increpar, sintiéndose en el mismo nivel, al reciente premio Nobel de Medicina sobre su hallazgo: la autofagia. La especie abunda en Twitter y en el periodismo de zascas.

La tribu de los “así ha sido toda la vida”

El voto conservador se nutre de ellos en particular. Amantes de las tradiciones, llama la atención que hayan permanecido impermeables a los cambios y avances que se producen en un mundo en constante evolución. De Heráclito ya, ni hablamos. Ajenos a los hechos que han mutado y obligan a otras respuestas. Incrustados en el blanco y negro, tras varias décadas desde que llegó el color a la televisión. Pueden salir a votar con el rosario en la mano a quienes condenan a la pobreza y la desesperanza a muchos seres humanos y roban el dinero de todos. Son capaces de afirmar –por miles, por millones–  que, el PP, por ejemplo, “ al margen de la corrupción lo hace bien“.

Al margen, como si pudiera deslindarse, en el caso de ser cierto ese “hacerlo bien” para el conjunto de la sociedad. Es de suponer que en la planificación de sus cuentas del mes incluyen un apartado para la “mordida” que se llevan los corruptos.

Alas de mariposa

Tendríamos que hablar de muchas otras tribus. Etiquetas para una sociedad cómoda que no sabe prescindir de ellas. Del “me gusta” y “no me gusta” como base de decisión en asuntos trascendentales para la convivencia de todos. De los serviles y de los que siempre apuestan a caballo ganador aunque caigan bajo sus herraduras. De quienes se fían de toda la pléyade de predicadores del ultraliberalismo que pueblan ya las pantallas; idiotas para idiotas, en la terminología griega. Y de los manipuladores. Y de los Jockers para odiar y vender más.

De ese público que se apasiona, apuesta, sufre y se divierte con la realidad hecha ficción y festejo. Piensas: no se comprarán un coche o un piso con tan poco criterio. En la práctica sí, más: confían su salud y la de su familia, la educación de sus hijos, el futuro de todos, guiados por el político o tertuliano que les cae bien. O por cualquiera que les diga lo que quieren oír para justificarse: “ que otros lo harán peor”. Odian más a quienes les señalan, aunque ni le conozcan, que a quien les hace daño.

El problema es grave. No ha hecho sino aumentar desde que se dieron las primeras voces de alarma. No lleva camino de frenarse salvo que los propios ciudadanos tomen conciencia de lo que está ocurriendo. La Sociedad del Espectáculo, creada a conciencia, se ha hecho un monstruo incontrolable. Pero la principal responsabilidad es de quien la traga. Cuesta entender que seres adultos se sienten a dejarse hacer tinte, champú y corte con sus cerebros.

Los hechos tienen consecuencias. El Efecto Mariposa, con aquel suave aleteo que provocaba tornados al otro lado del mundo, es cosa de niños al lado de la destrucción que está causando ya la Sociedad del Espectáculo.

*Publicado en eldiarioes

El triunfo de la España sucia

 

Amanece con el campo sembrado de cadáveres. Los sublevados se han retirado momentáneamente del escenario y solo la prensa amiga permanece enarbolando la cabeza del derrotado en una pica. Cronistas varios dan su versión de los hechos. Demasiados, somos demasiados tal vez. Numerosos mercaderes se mezclan en la confusión para vender sus productos. Hay quien aplaude, quien come palomitas aún, o pizzas, quien elige culpables en la oferta para aminorar dolor o responsabilidad. La gente sensata está sobrecogida ante lo que la España sucia es capaz de hacer.

La historia de las hostilidades empezó mucho antes pero se desencadena en las navidades del año pasado. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, siempre tan ocurrente, decide fijar elecciones para el 20 de Diciembre a ver si con los villancicos ya sonando, se le anticipa el premio de la lotería que no viene asegurado. Pero no, después de tanto esfuerzo, de encuestas como espoletas, los abusos pasan factura. No demasiada, pero sí la suficiente como para que los votos no le permitan seguir en la Moncloa sin apoyos.

Rajoy le dice al Rey que no se presenta a la investidura, que para perder ni se molesta. Pero Pedro Sánchez, el líder del PSOE, la segunda fuerza más votada casi con el mismo porcentaje que Podemos, se anima a intentarlo. Está muy condicionado –siempre lo estuvo- por la derecha de su partido, o si se quiere, por los más acomodados. Firma un pacto sorprendente (o no) con Ciudadanos que no le aporta los escaños necesarios.

A Pablo Iglesias se le ha ocurrido abreviar trámites y le ha ofrecido formar gobierno. El único error en mi opinión: hacerlo en rueda de prensa y no al propio interesado. Los dioses del PSOE montan en cólera ante la osadía. Temen sin embargo que el secretario general caiga en tentaciones inconvenientes. Y una de las portavocías del Poder, el periódico La Razón, avanza en portada, que Felipe González va a tomar las riendas: “reunirá a la vieja guardia antes del Comité Federal para frenar a Sánchez”. Es 24 de enero.

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El País apoya por la retaguardia en su encantador intento de impulsar a Albert Rivera. El político más valorado, dice, aunque cada vez se desinfle más en las urnas.

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Muchos avatares después, muchos fracasos, muchos llantos y rabias; unas segundas elecciones en Junio, una investidura de Rajoy fracasada por la firmeza de Sánchez en el No a un gobierno corrupto, múltiples editoriales cuajados de insultos, un hartazgo notable en el electorado, llega la hora de la verdad. Los cuatro días del asalto. Largamente meditado y ensayado. Ahora nos dicen que hasta el gobierno lo sabía.

A estas alturas ya casi nadie ignora el pistoletazo final de Felipe González el miércoles en la Cadena SER. E inmediatamente las dimisiones, el desembarco del PSOE andaluz en Madrid con la enviada de la jefa, Susana Díaz, que en insólita escena se proclama “única autoridad”, sin que ni el tío Tato de Rajoy le haga el menor caso. Un patético recorrido que ha dejado boquiabierta a la ciudadanía.

Y el sábado, 1 de Octubre, el día en el que (1923) Fernando VII abolió todas las leyes progresistas del Trienio Liberal y reinstauró la Inquisición, el día que las mujeres obtuvieron el voto en 1931, el que Franco fue proclamado Jefe de Estado, los ejércitos y las libertades en el 36 tras el golpe de Julio o el día en el que se aprobó, en 2004, el matrimonio homosexual, se desencadena la batalla definitiva en Ferraz.  De nuevo una guerra televisada, radiada, escrita y comentada, manipulada, protestada. Con lloros, gritos, desconcierto, mala vid. Y por encima de todo, un puro bochorno, una vergüenza para un país europeo del Siglo XXI.

Sánchez pierde la votación para hacer un Congreso y dimite. El País le dedica una portada, una edición, desde el rencor y la revancha. No cabe más, ni la caverna mediática oficial llega a tanto. Todos los partidos socialdemócratas europeos pierden apoyos. El descenso no se inició con Pedro Sánchez, lo hizo con Rubalcaba. En las últimas municipales, el PSOE de Sánchez duplicó las alcaldías. Pero todo eso da igual. Lo importante es que gobierne Rajoy, que gobierne el PP y nada cambie.

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Se hace cargo de la gestora el presidente de Asturias, Javier Fernández, un señor que se declaró en campaña “español por los cuatro costados” y al que aterra cualquier posibilidad de referéndum en Cataluña. Cualquier persona informada, bien informada, sabe cuánto porcentaje hay de teatrillo en eso del “España se rompe”. Para los negocios y trapicheos no se rompe ni en broma.

Y gana Susana Díaz y sus autoridades (Verónica, autoridad única, o Micaela, la presidenta de fidelidades mutantes). Y el extremeño Fernández Vara, y el manchego García Page, y el aragonés Lambán, y el asturiano, claro. Y también Rubalcaba, y Felipe González y  Cebrián. Y los resentidos.

Y pierden Pérez Tapias, y Miquel Iceta, y Josep Borrell, y Odón Elorza, y advierte y se duele en serio Javier Solana. Comparen resultados.

Ni Pedro Sánchez es el frasco de las esencias socialistas, ni el PSOE ya un partido imprescindible. Al paso que va puede volverse irrelevante de hecho. Si los planes no cambian, tendremos gobierno de Rajoy que se permite desde el primer minuto exigir contrapartidas por su abstención al partido quebrado. Y gracias que no le convoque terceras elecciones y lo deje en la cuneta. Cambios ni uno: a peor. Con más fuerza por el aval. El PP se aprovecha. La prensa pestilente dice que es Podemos e Izquierda Unida quienes lo hacen. Que no se apartan a una esquina a esperar que el PSOE se recomponga, si puede.

El tiempo, el progreso y la realidad caminan en su contra. La realidad sobre todo. De lo sucedido, del viacrucis que queda por recorrer a los ciudadanos, lo peor es que por encima de los vencedores aparentes –con problemático futuro- el gran triunfo ha sido el de la España sucia.

*Publicado en ctxt.es

Sánchez, el hombre que creyó ser líder del PSOE

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“Todos los hombres del Rey” (2006)

El candidato, Willy Stark, interpretado por Sean Penn, habla con su asistente cuando entra en el compartimento del tren la jefa de campaña:

-Willy no será gobernador, lo sabe- le comenta a la recién llegada.

-¿Se lo has contado?- pregunta ella. Pero no, no se lo ha contado, ha sido su propia deducción –aún con ilusiones, como aguardando que le rebatan-. El candidato era el único que todavía desconocía su papel de figura de paja, para dar aires de renovación, pero no quien el sistema quería para el puesto.

“Todos los hombres del Rey” es un libro de Robert Penn Warren, escrito en 1946, y que recibió el Premio Pulitzer. “El político” la recreó para el cine en 1949 y, con el titulo original, se rodó de nuevo en 2006. Es un clásico. De gran éxito popular. El candidato que vive en la ignorancia de ser utilizado y que, en la ficción, reacciona logrando el puesto y usando también las trampas y suciedades del sistema.

Estupefactos ante el espectáculo que nos está brindando el PSOE -aunque viniera anticipado por múltiples datos- vemos que la obra de Penn Warren cobra enorme actualidad. La política en sí misma se está convirtiendo en espectáculo. El periodismo también. Es fácil distinguir ya candidatos y candidatas de diseño. En  Ciudadanos, surgidos casi de la nada, claramente. Hasta el PP se ha apuntado a salpicar de modelos más estéticos su inamovible ideología y concepción de a qué se dedica su partido: prioritariamente a la búsqueda de sus propios intereses con amplitud de licencias. Podemos supo utilizar a su favor el modo de hacer que hoy se lleva –muy volcados en la televisión- para lograr un cambio y mayor justicia social.

Pedro Sánchez, elegido secretario general del PSOE, no llegó a comprender lo que se quería de él. Es quien más se parece a esa primera fase de Willy Stark.

El PSOE es hoy una amalgama de “sensibilidades”, como gustan decir, y muchos rostros de cemento. Arrastra una deriva común a gran parte de la socialdemocracia europea. Tras la caída del Muro de Berlín, ya no hacía falta ofertar un Estado del Bienestar para competir con el comunismo soviético. Su derechización se ha llevado por delante al partido socialista italiano, tiene en mínimos a los franceses, debilita al de los países nórdicos aunque aguante algo mejor, y prácticamente solo resiste en Portugal en donde incluso gobierna. El PSOE español empezó a hundirse cuando Zapatero sucumbió a los recortes que le pedía Bruselas en 2010 y con la reforma de la Constitución para dar “prioridad absoluta” al pago de las deudas, al cumplimiento del déficit.

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La elección de Sánchez, en competición con Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, parecía optar por el candidato menos a la izquierda y más moldeable. Su físico, del que entonces hacía gala con profusión, también le situaba en el modelo candidato de hoy. Se avino a utilizar y ser utilizado por la presidenta andaluza Susana Díaz. Ella le ayudó a desbancar a Madina que era el favorito. Se dice que a cambio de dejarle el sitio para cuando decidiera saltar a la política nacional. Sánchez no cumplió con su parte.  Más aún, se atrevió a tomar decisiones por sí mismo.

Tras 9 meses sorteando las cortapisas para no pactar con Podemos y los nacionalistas, creciendo el acoso de la prensa –El País en particular-, Pedro Sánchez mantiene el NO y abre la puerta a su ya única salida: intentar ese gobierno progresista. El candidato se les ha ido de las manos. Se acabó la fiesta.

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La secuencia que vivimos en las últimas trepidantes horas muestra todos los pasos del golpe. Felipe González se va a la Cadena SER y revela un trágico secreto: Sánchez le engañó. ¡A él! Parecía que iba a abstenerse en la investidura de Rajoy para darle el gobierno y osó no hacerlo. Ya estaba bien de florituras. El PSOE ha vuelto a perder votos con Sánchez a pesar de cómo le han arropado… a palos. Y lo ha hecho en el País Vasco, donde antes les votaban “a pesar de las cosas que hicimos allí, papapa”, dijo González sin empacho, helando la sangre de muchos.

Felipe González es el Capitán del Grándola vila morena, pero al revés. No da la señal para llenar de claveles y rosas el futuro sino para derechizarlo.  Piezas claves están en la jugada, incluso la impulsan. Desde Andalucía, Susana Díaz, generosa ella, anuncia su disposición a trabar donde se le requiera: la Secretaría general, naturalmente. Y se plantan 17 dimisiones en la mesa de Ferraz para echar a Sánchez. ¿Son suficientes? Bueno hay más vacantes, murió el gran Pedro Zerolo. Puede servir.

Tiras y aflojas, opiniones, programas especiales, palomitas dicen. Sin pañuelos para llorar por tanto inmundicia. El País lleva a portada su editorial sin acabar el día con un entresacado. Muy duro, comentan, llama a Sánchez “insensato sin escrúpulos” saturando el saco de sus bilis. Ni los políticos más corruptos han recibido ese trato.

El jueves continúa igual, con la ruptura hecha. Tenemos el privilegio de conocer a la enviada de Susana Díaz, criada a su sombra. Es una mujer resoluta, Verónica Pérez, que afirma: “en estos momentos la única autoridad en el PSOE soy yo”.  Ha sido un descubrimiento impactante para el resto de España. Nos ha dado auténtica seguridad en el futuro, si es ése el que se marca.

Han desempolvado a Corcuera y a Bono que habla de tener “decoro” y marcharse. Hay también, por supuesto, voces sensatas y preocupadas. Desde Fernández Tapias a Odón Elorza, desde Javier Solana y Borrell a Miquel Iceta. Pero el mando tiene bien agarradas las riendas.

Susana Díaz culmina entre aplausos del PSOE andaluz la faena. Toda la culpa es de Sánchez. Bueno, y de Podemos de quien, dice, les hará como a Izquierda Unida. Ella que les echó a cajas destempladas cuando le habían brindado su apoyo imprescindible para gobernar. Creyó que podría ganar con mayoría absoluta, pero no, perdió votos y se quedó en remojo varias semanas. El problema del PSOE es mucho más profundo.  Un discurso el de Susana Díaz de otro tiempo, sin un ápice de autocrítica, manipulando datos, absolutamente alejado de la realidad que viven millones de personas. Pide un Congreso… después de que haya gobierno. Por tanto no cabe otra opción que la de Rajoy.  Para ella y para el resto de los amotinados.

No querían esto de Pedro Sánchez. Muchas personas sueñan con cambios y no viene mal darles un poco de cuerda, pero todo ha de seguir igual. Poderos intereses en juego, en España y en la Europa de mando neoliberal. En realidad, todo está muy atado y la soga para moverse es corta. Fernández Díaz acusa al Parlamento ¡Al Parlamento!, la representación democrática de la voluntad popular, de “hacer el trabajo sucio al independentismo” por querer investigar las grabaciones que le implican precisamente en juego sucio. Y García-Margallo sale con voz de catacumba a meter miedo y quién sabe si algo más. Habla de una “auténtica emergencia nacional” por el “desafío catalán” y la crisis del PSOE. Un pestilente olor a tenebroso pasado nos inunda.

Pedro Sánchez no supo ver que no se le quería para cambiar nada.  Lo peor es que limpiar toda esta podredumbre es nuestra única esperanza.

*Publicado en CTXT.es 

Y mientras sigue este sábado el bochornoso espectáculo. Relatan desde dentro de Ferraz que hay gente llorando y casi se ha llegado a las manos. Susana Díaz ha llorado lo cual es el colmo.  Los amotinados en torno a ella no quieren ni votar la celebración de un Congreso. Han recogido firmas para presentar una moción de censura contra Sánchez al cual no recogen. Patético todo.

Finalmente, Sánchez ha perdido la votación y ha dimitido. A otra cosa. A dar el gobierno al PP. Los daños en el PSOE van a ser probablemente irreversibles.

EL PSOE está matando al PSOE

Escribí el artículo el mates y se publicó en eldiarioes el miércoles a primera hora. Poco después, Felipe González daba el “pistoletazo de salida” -perdonad la terminología bélica pero es la que emplean en los medios y  no por casualidad- en una entrevista en la SER, en Hoy por Hoy. Dijo que Sánchez le había engañado, pobre, y que no se abstuvo para facilitar el gobierno de Rajoy como le había comentado. Dijo muchas más cosas pero vamos a centrarnos en ésta.

A continuación  17 miembros de la ejecutiva presentaron la dimisión para forzar al Secretario General a marcharse. Incluyeron entre su mayoría al fallecido Pedro Zerolo. Sánchez dijo que se quedaba. Ahora andan de interpretaciones jurídicas entre los amotinados y los fieles a Sánchez.

Este jueves promete ser movido. En las trincheras se carga la metralla. De nuevo insultantes editoriales y tribunas de El País, a niveles que encogen el corazón de quienes un día le amamos como periódico serio e influyente. Muchas opiniones encontradas por doquier. Mi artículo trataba de dar contexto al drama. Aquí os lo dejo para comentar. Para comentar el conjunto, si os apetece.

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Nunca un eslogan electoral fue más paradójico

El hecho cierto es que nadie en su sano juicio confiaría la gestión de un gobierno a un partido que evidencia su división interna a dentelladas. Ni el propio partido, el PSOE, como se está viendo. Nadie ha puesto más zancadillas a su secretario general, Pedro Sánchez, que los poderosos de la formación. Nadie ha tenido un trato tan despiadado de su prensa –teóricamente afín– que el hoy candidato del PSOE. Solo desde la fidelidad irracional se explica que conserve un todavía notable número de votos. El PSOE está matando al PSOE. Un cruento e impúdico espectáculo en el que lo que menos parece contar es el público que se sienta en las butacas. Y, mucho menos aún, los derechos y necesidades de la ciudadanía.

Cuesta creer que el mismo grupo editorial que, en algunas de sus voces, se refería a Sánchez como “brillante, convencido, convincente”; dando la “medida de líder” con “aplastante superioridad”, le esté dedicando tal sarta de improperios. El País, este martes sin ir más lejos, le acusa de tener “Un partido secuestrado” rebosando ya la cesta de bilis que acumula contra Sánchez. Ni qué decir tiene que el resto de las élites que comparten similares intereses, con la dirección, propiedad –varios bancos entre ellos– y el Consejo asesor del periódico, andan en la misma onda contra Pedro Sánchez. La prensa de parte –siempre de la misma parte– no escatima insultos:  marrullero, endeble, irresponsable.

La prodigiosa metamorfosis de héroe a villano se produjo cuando Sánchez se empeñó en decir no a la investidura de Rajoy. Y que no ha variado tras dos elecciones ya. El ruido de los cuchillos saltó a la calle al comprobar, pasmados, los pesos pesados del PSOE que era cierto –y no el habitual teatrillo– que el secretario general no pensaba facilitar el gobierno del PP.

El PSOE, un partido con más de un siglo de historia, se vio afectado por la misma incomprensible deriva que mutó a toda la socialdemocracia europea tras la caída del Muro de Berlín. Había impulsado y mantenido el moderno Estado del Bienestar –cuya necesidad surgió en 1946 tras la cruenta II Guerra Mundial– pero optó por acercarse a los postulados de la derecha que ya renegaba de ese consenso social en el que también participó.

De aquellos tiempos y de la mano del equipo de Felipe González viene en España la Reconversión Industrial, la Reforma laboral y las privatizaciones. Su crisis, la de este curioso neoliberalismo protector del sistema financiero con dinero público, abrió la caja de los truenos. La mayor pérdida fue para los ciudadanos y, en segundo lugar, para los socialistas europeos.

Si hay un punto de partida en España para la crisis abierta del PSOE es el 12 de Mayo de 2010. Ese día José Luis Rodríguez Zapatero comparece en el Congreso para decir que ha de reducir el déficit público y anuncia recortes –mínimos frente a la gran sangría perpetrada después por el PP–. Viene de Bruselas donde le han apretado las clavijas como han ido haciendo con los países del Sur.  Hasta Obama le llamó la víspera para que cumpliera “su deber”. Lacerantes son los entresijos de aquellos días, de aquella época. Zapatero sucumbió en lugar de dimitir.

El presidente socialista echaba por tierra una legislatura, con aciertos y errores, en la que había promovido leyes modernizadoras de calado. La ley de Igualdad y de Conciliación de la vida laboral, la de Dependencia, los divorcios rápidos, el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y para quienes solo piensan en el dinero, había incrementado un 4,1%  el “gasto” social –léase inversión– y las pensiones (un 30% las no contributivas). Poderoso contraste: ahora España parece dedicada a la tarea de –en la práctica– legalizar la corrupción.

El colofón fue aceptar la orden –de Merkel en realidad– de introducir en la Constitución que el cumplimiento del déficit, el pago a los acreedores, tiene “prioridad absoluta” –así lo dice– sobre cualquier necesidad de los ciudadanos. El famoso artículo 135. Zapatero lo firmó con Rajoy en tres días de agosto (2011) aunque el presidente del PP comentó en la reciente campaña que se acordó en 15 minutos. El bipartidismo suponía entonces el 73% del Parlamento. Ahora, por cierto, el 55%.

La indignación saltó a las calles. Lo había hecho ya el 15M impulsada por miles de ciudadanos que soñaban con cambios posibles. Rubalcaba sucede a Zapatero como secretario general y candidato. Ha tenido un papel decisivo en el fin de la lucha armada de ETA pero evidencia que carece de deseo alguno de ganar las elecciones. Curiosamente, me colé en una rueda de prensa que, pocos días antes del 20N, daba dentro de unas jornadas en las que entre otros participaba Lula Da Silva. Pedí la palabra y le pregunté por qué estaba entregando un triunfo, muy previsible ya, al PP, si pensaba adoptar alguna estrategia. Contestó con una rápida evasiva y ante mi intento de repreguntar… me quitaron el micrófono. Aún me recuerdo forcejeando con la mujer encargada de pasarlo. Jamás me había ocurrido una cosa igual. Me pareció significativo en fondo y forma.

Rubalcaba, con Felipe González y la vieja guardia, cortaron el paso a Carme Chacón para la Secretaria General. Nos dicen que, ahora, ambos se han aliado frente a Sánchez. Muy grave deben ser los agravios de éste para obviar una jugada que truncó su carrera política. Pedro Sánchez ha dejado el camino sembrado de víctimas, eso es cierto. Echó a Tomás Gómez de Madrid, hasta cambiando la cerradura de la puerta, tras haber logrado su apoyo y prometido mantenerle. Lo cuenta Ignacio Escolar en detalle. A su competidor en las primarias, Eduardo Madina, el gran favorito, le colocó en las listas en puesto de no salir. Así ocurrió en las elecciones de diciembre, y a punto estuvo de repetirse en junio. Pero cuesta mucho creer que Madina esté junto a Susana Díaz, que maniobró en contra suya para que saliera Sánchez.

Los resultados electorales de la etapa de Pedro Sánchez son los peores de la historia del PSOE, es incuestionable. Pero venían cayendo en picado desde 2008 por los hechos reseñados. Y es ése el problema que no han resuelto. Pedro Sánchez fue una apuesta sorprendente en su día. Da el aspecto de una persona ambiciosa y fría y no se le ve mucho más o menos socialista que a los que llaman sus críticos. Tiene agallas y ha limado errores. Y es fácil coincidir con él –desde la decencia política, desde la decencia–, en que no es posible facilitar un gobierno de este PP. “Está peleando sus bazas con emocionante voluntad”, como le decían al principio voces que hoy le critican. Y eso le hace ganar adeptos. Mucho más al vérsele víctima de un acoso sin igual.

Contaba Ana Cañil hace meses en eldiario.es quiénes constituyen, ahora, los mayores opositores de Sánchez. “Son 60+60 porque tienen más de 60 años e ingresan más de 60.000 euros al año. Es más, 60.000 euros es una propina para varios de los exministros de Felipe González y algunos de los de Zapatero”. Añadamos al soporte del clan mediático con millonarios de solemnidad. Esa piña actúa con los agraviados y con las baronías. Fuertes tintes clientelares en varias de ellas y grandes dosis de conservadurismo. Fueron los que negaron, en diciembre, la posibilidad de pactar con Podemos, como contó Pérez Tapias, el tercer candidato. Por más que le den la vuelta y echen culpas fuera. Todo ese conglomerado es el problema del PSOE. Esta crisis estalla en el momento más inoportuno, pendiente España de formar gobierno; pero es lo que ocurre cuando la presión llega al límite.

Y no lleva visos de apaciguarse. Es poco probable que permitan a Sánchez saltarse el precepto. Y, si el repuesto es Susana Díaz, no se hará sino ahondar en la caída. Política profesional, de aparato, de maniobras, también bajan sus apoyos. Andalucía ha perdido 270.000 votantes desde 2011, que equivalen a 5 diputados. La sociedad es más plural y busca soluciones si no se las dan. Algunos, al menos. El PSOE lleva ya seis años como mínimo buscando el norte.

El problema de los ciudadanos es múltiple. Ver cómo se trabaja por un gobierno del PP, de este PP, sembrando amenazas. 15.000 votos más en Galicia, la tierra natal del PP si lo miramos bien, no suma demasiado objetivamente aunque lo agranden el imputado Baltar y los medios. El PP no tiene mayoría suficiente para gobernar, ése es el gran drama de quienes apuestan porque nada cambie en España. Para un demócrata hay peores opciones que repetir elecciones: tener un gobierno vergonzante. No es ético apoyar un gobierno corrupto, políticas de fomento de la desigualdad, ineficacia contable, autoritarismo y trampas. Y parece que hoy por hoy Sánchez es uno de los pocos en el PSOE que se opone a ello, por las razones que sean.

¿Estabilidad? No hay estabilidad en una cloaca. Solo los parásitos, virus y bacterias viven a gusto en ellas.

*Publicado en eldiarioes

Ah, pero ¿Se presentaba Pedro Sánchez a las elecciones?

Este domingo, 25 de Septiembre, se celebraron elecciones en dos comunidades españolas: Galicia y el País Vasco. En la primera arrasó el PP dando a Nuñez Feijóo su tercera mayoría absoluta. En la segunda ganó holgadamente, con mayoría simple, el PNV que puede elegir socio para pactar. Pero la noticia no es ésa para la prensa… y radio y televisión españolas.

Diarios La Razón y ABC. El primero dirigido por un miembro destacado del PP que ha ocupado cargos públicos con Mariano Rajoy (cargos públicos y algunas cosas más), el segundo es ABC, no hay mucho más que decir, a salvo de se quiera seguir su actual etapa por los datos que aporta la omnipresente presencia de su director en las tertulias de TVE.

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El Mundo va por estos lares… Moral y todo es el refuerzo al PP.

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Y El País, en cuyo Consejo de Administración se sientan los grandes bancos por la mala cabeza de sus dirigentes -mala para el periódico, no para sus bolsillos-, y en su Consejo Asesor Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba. ve sus sueños cumplidos: se pueden cargar a Sánchez. Vamos, no han dejado de pedirlo, no es una suposición. Desde que se negó a entronizar a Rajoy porque antes lo ponían más bonito que a un San Luis, casi, casi, como a Rivera -que ése sí se ha llevado el domingo un buen batacazo-. Guardo artículos conmovedores.

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La estabilidad es lo fetén. La estabilidad en la corrupción, en las políticas de fomento de la desigualdad y la soga al cuello de la Deuda Pública engrosada para llegar a ser impagable. ¿No han leído cuánto tenemos, nosotros, los ciudadanos, que desembolsar para resolver el problema creado por Rajoy? Eso sí lo detallan, porque en efecto alguien tendrá que hacerse cargo del fiasco.

¿Es de recibo este tratamiento mediático a las elecciones de Galicia y El País Vasco?

¿Y de Podemos qué dicen? salivando un sujeto escribe una columna afirmando: “Podemos, se acabó la fiesta”. Falta añadir: que la fiesta es cosa nuestra.

El PSOE y su prensa festejan la pérdida de votos del partido en Galicia y Euskadi. Lo nunca visto ¿eh? Grandes voces -en poder- prefieren que gane Rajoy por aquello de “la estabilidad”. El bipartidismo pero  con un PSOE socioliberal ¿¡? el que es calcado del PP, si acaso menos autoritario, menos fachoso. Lo escribí estos días ampliamente.  Y también que “su fiesta”  está llevándonos a una implantación de la extrema derecha en Europa que debería asustar a quien tenga dos dedos de frente. No se preocupen que los guruses de esta historia tienen las espaldas bien cubiertas y no va con ellos.

Ni una palabra en la crítica a Sánchez de las zancadillas ominosas que le vienen poniendo los que aspiran a quitarle su silla. Un secretario general que ejerce como tal,  insólito ¿eh?

En un magnífico artículo, éste, Nacho Escolar sintetiza en un par de las 5 claves de la noche electoral el problema del PSOE:

“3. Los socialistas cosechan su peor resultado histórico tanto en Euskadi como en Galicia, lo que ya no es novedad. En Galicia, empatan en escaños con En Marea pero quedan los terceros en votos. En Euskadi, son penúltimos y empatan en escaños con el PP. De las dos graves derrotas, la más preocupante para los socialistas es la vasca. El PSOE paga allí –igual que en Catalunya– su giro jacobino: el abandono del discurso de la España plurinacional que, con Zapatero, le dio sus mejores resultados. Y también las consecuencias de su pacto con el PNV. La gran coalición suele llevar a esto: a que otros partidos te quiten tu lugar de la oposición.

(…)

5. ¿Habrá golpe de Estado en el PSOE? Sí, sin duda esta semana será dura para Pedro Sánchez; la mayoría de los barones del partido van a intentar sacarle de la secretaría general este sábado a más tardar y los movimiento de tropas se verán el mismo lunes. Otra cosa es que lo vayan a conseguir, y que puedan hacerlo sin que el propio partido pague un coste excepcional. Si matan a Sánchez para después abstenerse y abrir el paso a Rajoy, ¿cómo explicárselo a los votantes que hoy mayoritariamente en las encuestas están por el no? Y si lo matan pero mantienen el no a Rajoy para ir a elecciones, ¿cuál es el argumento para hacerlo de urgencia, sin esperar a que los militantes que eligieron a Sánchez puedan volver votar?

Pedro Sánchez va a dar la batalla no solo por mantenerse en el PSOE; si sale vivo, también peleará por llegar a La Moncloa. Irónicamente, el resultado de este domingo le complica a Sánchez el primer objetivo –mantenerse como secretario general– pero le pone un poquito más cerca la presidencia del Gobierno (aunque esto siga siendo aún muy difícil de lograr). Uno de sus posibles apoyos, Ciudadanos, hoy tiene muchos más motivos para pactar. Su pésimo resultado en Euskadi y Galicia empuja a Albert Rivera a buscar cualquier salida que no lleve a una repetición electoral. Después de esta noche, ya está claro quién pagaría la factura más alta si en diciembre se vuelve a votar”.

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El PP debe gran parte de su triunfo a Orense donde manda el cacique Baltar. imputado -investigado dicen ahora para suavizar la idea- por diversos delitos de corrupción y por ofrecer trabajo a cambio de sexo. Ha barrido allí.  Ha ganado un escaño más. Sin hacer mella en la bancada conservadora que usa grandes tragaderas, morales precisamente.

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Fotos recogidas por Gonzalo Semprún

Pero toda esta prensa cree, intenta, que esta fiesta va a durar siempre.  Tienen poderosos medios para lograrlo. Incluso periodistas progresitos (ahora me gusta llamarles “progresitos”) que les hacen la faena de aliño desde otra esquina. Ni siquiera ven manipulación en todo esto los angelitos. “Todos son iguales”, ya saben.

Un panorama deprimente que, una vez más lo digo, exigiría una conciencia ciudadana y un valor y un esfuerzo extraordinarios.

Hacen falta ganas para seguir intentándolo, muchas ganas. A ver por dónde nos sale Pedro Sánchez que, frente a todo pronóstico inicial, está demostrando  un arrojo notable. Y a ver si, como dije también en este artículo del bipartidismo, los que queden sanos o medios sanos se apuntan a echar al PP del gobierno y atenuar al menos las maniobras de sus sucias camarillas. El enemigo es poderoso. Y rastrero.

Dudaba si poner de final aquel parte del franquismo: Cautivo y desarmado… Porque realmente el entramado en el que  nos movemos asusta. Parece que lo práctico es arrimarse al botijo dejando lo que sea en el camino. Pero por el momento prefiero a Iceta del PSC, qué le vamos a hacer…

Aquellos felices días del #bipartidismoPerfecto

Si algo ha demostrado el largo tiempo sin formar nuevo gobierno en España ha sido la descomposición de la política hegemónica en las últimas décadas. Como esos enfermos que van tirando por inercia y un día se derrumban, los principales partidos españoles hasta ahora están quedando con sus averías al descubierto. Los estamos viendo desintegrarse mientras su prensa de apoyo –que tanto calló– lucha por mantenerlos en pie, creando opinión favorable a la época en la que, supuestamente, las gallinas ponían huevos de oro. Idílicos tiempos aquellos del “bipartidismo perfecto” –como llega a calificarlo El País en un artículo este martes–. Y de repente, surgiendo de la nada, las fuerzas oscuras del Mal hicieron brotar la indignación en gran parte de la ciudadanía por un sistema que consideraban injusto. No, muchos abrieron los ojos y vieron por sí mismos.

Es su Sistema el que se hunde. La crisis financiera internacional que provocó el capitalismo por sus errores y abusos se está saldando de una forma muy similar alcrack del 29. El fascismo con diferentes matices –llámenle si quieren ultraderecha xenófoba y racista y plagada de agravantes– prende ya en numerosos países de Europa. Imaginen un mundo con Trump en EEUU y Marine Le Pen en Francia secundada por toda esa plaga que se sienta ya en Parlamentos y gobierna en algunos países como Hungría y Polonia. La prensa convencional se preocupa más de otros intereses que, según está evidenciando, no son los de la mayoría social.

El “bipartidismo perfecto” que añoran tenía por cierto unos partidos nacionalistas con voz y voto a compartir hemiciclo. Menos mal que todo se solucionaba hablando su idioma en la intimidad. Una perfección, por tanto, con ciertos apéndices. Y con enormes disfunciones. ¿Se han preguntado cómo es posible que creciera de tal forma la corrupción en España sin que el periodismo estuviera atento a su labor de vigilancia del poder? O cómo en servicios del Estado del Bienestar o sueldos siempre se nos colocaba “a la cola de Europa”… “junto a Grecia y Portugal”. Con los recortes practicados por el PP el panorama no ha mejorado precisamente. Hemos de recordar que el “bipartidismo perfecto” cambió la Constitución para primar sobre cualquier necesidad de los ciudadanos, el pago de la deuda –esa que crece y crece ahora como nunca–. El texto fija “prioridad absoluta”.

En funciones, aunque gobernando, el PP se desintegra por la corrupción que le corroe y por las luchas de poder en su seno que no trascienden tanto como las de otros partidos, dado que son aún los dueños de la caja fuerte. Lo estamos viendo deshacerse a jirones y todo sigue igual. Allí tenemos a sus valedores oficiales y oficiosos apoyando su continuidad. Y paseando a sus baluartes como esa joya que presidía Lehman Brothers en España y Portugal cuando su empresa detonó la carga que demolió las altas torres, De Guindos. Sin complejos. Todos metiendo miedo: paralización, bochorno, ridículo, estupor, ruina. Lo que alarma o debería alarmar es sostener un gobierno como el del actual PP. Es obsceno; si se piensa, hasta punible. Las imputaciones del ERE andaluz llegaron oportunas para avalar la tesis oficial de que entre iguales hay que lamerse las heridas. Y a espaldas de la gente.

Los cuchillos vuelan ya por la otra pata del bipartidismo. El PSOE vive un “clima asfixiante”, en palabras de Rubalcaba. Los “críticos” –como son llamados eufemísticamente–, quieren cortar cualquier pacto con Unidos Podemos, como ya hicieron en diciembre, y empieza a exasperarles la insistencia de Pedro Sánchez con el ‘No’ al PP. Viejas glorias demasiado aposentadas, varias baronías con Susana Díaz o Fernández Vara en cabeza, y agraviados por el secretario general que no son pocos ni menores, prefieren pasar a la oposición.  Se trata de derribar a Pedro Sánchez y dejar gobernar a Rajoy –o si acaso otro parecido que tranquilice a la galería– para ver si retorna al “bipartidismo perfecto”. La derecha, con una pátina más presentable, y el “socialismo moderno”.

La cruzada lleva mucho tiempo ya en marcha. Un profesor “de liderazgo” que opera en Francia y Singapur según paréntesis, explicaba, hace poco otra vez, la antigualla que representa no ser socioliberal. “Para sobrevivir, los partidos de centroizquierda están luchando con la izquierda por conquistar el voto de protesta, emocional y desinformado sobre la globalización, un voto anclado en el pasado y al margen de los retos del futuro”, repetía el firmante. Tan informado él, que desde que los socialistas franceses siguen con entusiasmo estos mandatos han logrado que sus principales cabezas, François Hollande y Manuel Valls, estén bajo mínimos. Emmanuel Macron, su ministro de Economía, les supera ampliamente en intención de voto. Y lo que es mucho peor: la batalla electoral por la Presidencia de la República está a día de hoy entre la derecha de Sarkozy cada vez más radicalizada y la ultraderecha de Marine Le Pen. Y esto sí que debe preocuparnos y muy hondamente por el futuro que se dibuja.

El decepcionante gobierno de Hollande –que tantas esperanzas despertó– no es ajeno a esta tragedia. Manuel Valls avisó al poco tiempo de acceder a la jefatura del gobierno en una memorable entrevista: “La izquierda puede morir si no se reinventa y renuncia al progreso” y aludía a la “falta de coraje” para hacer reformas profundas. La laboral, por ejemplo, calcada –en suave– de Rajoy que impuso por decreto. Cuajada de protestas, apenas difundidas por la prensa española, ha sido el colofón de un persistente fracaso. Un poco más de progreso de este cariz y regresamos al feudalismo.

La socialdemocracia alemana, por su parte, acaba de perder 7 puntos en Berlín, aunque conserva la Alcaldía por la debacle del partido de Merkel. Paradójico que a la adalid de la austeridad europea le pase factura no ser tan despiadada como la ultraderecha que le pisa los talones. Hablar de ascenso de derecha extrema en Alemania es cruzar una barrera muy preocupante, es abrir la Caja de Pandora. Y no parece que el SPD sea capaz de frenarla. Crece Die Linke, los postcomunistas.

El único partido socialista que goza de una notable aceptación popular es el portugués. En el gobierno, coaligado a comunistas y el Bloque de Izquierdas, mantiene un 53% de apoyo. Pese al acoso de la UE neoliberal. Se conoce que funciona mejor ser de izquierdas aun siendo menos “moderno”.

Pedro Sánchez se dice en la línea de Valls y éste en la de Blair.  Y fue a Lisboa a ver cómo se había formado el gobierno progresista. Le echa coraje, siquiera por supervivencia. Es decisivo para la formación de gobierno. Las elecciones del domingo en Galicia y País Vasco marcarán tendencias.

El  bipartidismo que añoran las élites es el que contiene un PSOE socioliberal. Apuntalado por Ciudadanos y un Albert Rivera que hace cuanto haga falta –hasta sucesivos harakiris– “por el bien de España”, la de los que mandan hasta ahora para entendernos. Unidos Podemos parece seguir un tanto tocado por un resultado electoral que no esperaba. O por el futuro escrito. Ése que diseñan mucho más allá de todos nosotros que no somos su prioridad. También tiene discrepancias internas, las expone en público y son aireadas mucho más. Es lo que hay y con ello hay que bregar.

El bipartidismo era y es perfecto. El mensaje cala en sectores amplios de la ciudadanía demasiado perezosos para prestar atención  más allá de titulares de voz o escritos. En los adictos al “me gusta” antes de al “reflexiono”. Lo dañaron los mismos que pretenden seguir manteniéndolo vivo a cualquier precio, hasta sujeto a cables y tubos. La plaga ultraderechista se extiende por Occidente, entretanto, causando mucha menor preocupación.

La gravedad del momento exigiría medidas sensatas. Ver qué y quiénes quedan medianamente sanos en decencia y eficacia –que los hay– para formar gobierno. Uno que tenga como meta tomar decisiones drásticas que palíen los daños producidos por el nefasto mandato de Rajoy y, en general, por el “bipartidismo perfecto” de élites y aprovechados. Porca miseria, con lo felices que eran.

*Publicado en eldiarioes

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