La propina

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Escribir una leyenda

Un enrejado metálico sustentado por torres separa la zona pública y la privada del Parque de Chamberí en Madrid. Llegarse hasta esa tela entretejida que detiene el paso, permite visualizar una historia que en el fondo es la eterna relación entre los señoritos y el pueblo llano. Eterna, en España sobre todo. Una trama de desequilibrios que se repite. Por su gestación, ni siquiera por los usuarios. No falta ni un ingrediente.

Quiso el guión que fuese por entonces hasta marquesa consorte la protagonista principal. Esperanza Aguirre, convertida en presidenta de la Comunidad de Madrid gracias al “Tamazayo” en 2004, inaugura en 2007 por primera vez –hubo más– el que dice ser un complejo deportivo y de ocio en lugar privilegiado de la capital. Ha modificado el plan de Alberto Ruíz-Gallardón –que también puso una primera piedra– para construir un parque de 120.000 metros cuadrados sobre el tercer depósito del Canal de Isabel II, ubicado en un barrio, Chamberí, con 150.000 vecinos. Aguirre le va a comer un buen pedazo para destinarlo a un Campo de Golf privado. Y, claro, entre que las pelotas se salen y cualquier persona puede entrar sin pagar, le levantan el vallado. En aquella inauguración, entre gritos a favor y en contra, Aguirre se dio unos pases de fútbol con Florentino Pérez, a la sazón presidente de la empresa constructora y un par de futbolistas famosos.

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Siempre me ha parecido una propina de parque. Los usuarios habituales se han acostumbrado sin duda, pero produce cierto impacto verles disfrutar del trozo que les quedó en los bordes, frente a ese campo casi vacío por lo general. Caminar, jugar al fútbol, subir a las instalaciones del parque infantil, o sentarse, con esa vista.

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La asociación vecinal es potente y ha luchado durante una década por tener un parque completo para el barrio, escaso de zonas verdes. El empeño dio su fruto, con la ayuda del cúmulo de irregularidades que jalonaron el proyecto de Aguirre. Hasta que la justicia lo tumba por considerarlo ilegal, en doble sentencia. Vean aquí un resumen de la peripecia.

Y de nuevo la España perenne resucita. La sentencia habla de restablecer la parcela al estado físico previo a la ilegalidad, lo que implica para los vecinos quedarse también sin la propina que les dejó el PP de Madrid a través de sus sucesivos presidentes: Aguirre y González. Y, como por milagro, irrumpe un afamado tertuliano especializado en estas labores y cuenta al vecindario que todo es culpa… de Podemos y un sector díscolo del PSOE. Ante hechos ocurridos, como siempre, mucho antes de nacer. El sector díscolo del PSOE, desde luego el de Podemos. Disculpen que no enlace su cosa para no contribuir a las visitas de la publicación.

¿Y los vecinos? Las dos actitudes del manual. De un lado los que nunca se movieron y ahora culpan a los que sí lo hicieron de quedarse sin el algo es más que nada. Niños llorosos que no van a poder jugar al fútbol llegaron en protesta por alguna parte, ancianos que tampoco van a poder bajar a pasear. Del otro, el mayoritario, un cúmulo de propuestas para mantener las instalaciones existentes y añadir nuevas en el terreno ganado. Y, sin duda, tirar el separador de tela metálica. Parece que las instituciones implicadas, Comunidad de Madrid, Ayuntamiento, Canal, tienen buena disposición al arreglo. Si no se cruzan otros intereses.

Lo llamativo es la aceptación de la propina en lugar de los derechos. El ataque al mediador. El dardo envenenado convertido en noticia, tan oportuno. De esta forma, la parábola del parque propina ayuda a ver una realidad bastante más general de lo que se cree.

Empleos, como propinas del sistema. Porque aunque es cierto que las propinas valoran servicios, a veces se convierten en versiones modernas y dulcificadas de la limosna. Con los saques que de vez en cuando da la patronal pidiendo, por ejemplo, pagar por debajo del salario mínimo a los menores de 25 años. O contando como trabajo emplearse a tiempo muy parcial. “En 2016, se firmaron 176.400 contratos de un día de duración”, contaba el economista Eduardo Garzón entre otros datos igual de impactantes.

La salud y la vida incluso como propina, si nos portamos bien. En 10 años el Estado ha pagado a la sanidad privada de Madrid 1.500 millones de euros, según denuncia CATMadrid, la Coordinadora antiprivatización. La factura anual es un buen pellizco mientras se deteriora la pública niveles hasta de derrumbe físico. Y pásense por otras muchas comunidades: Andalucía, Cataluña, y la mayoría que quiera usted mirar. En junio publicaba Raúl Rejón en eldiario.es otra sustanciosa historia de enriquecimiento en la sanidad a costa de dinero público. Nada raro si tenemos en cuenta que la inversión en sanidad pública ha descendido en Madrid, desde Aguirre precisamente, un 77%, según informe de CCOO.

La luz que ilumina, la electricidad llave que calienta, cuece o conserva, es otro lujo que se entrega graciosamente a los mortales. El ministro de Energía dice que hay que “acostumbrarse” a precios de la luz más altos, en momentos en los que su cuantía ha alcanzado la alarma social.

En los medios también se huele la propina de la que debe dotarse a puestos de cierta relevancia. De otra forma no se entenderían actitudes tan dóciles al mando, o a los deseos del mando.

En política, se acuerda un salario mínimo de 800 euros y luego se firma uno de 700 como un logro. Entibiar exigencias descabalga objetivos. Devaluar los sueños los convierte en propinas. El alpiste en el comedero, frente al banquete en el que otros se atiborran con el dinero de todos.

Estamos llegando a un punto en el que hasta la democracia se está convirtiendo en una propina. Su principal característica es la discrecionalidad con la que se otorga, impredecible en su cuantía y momento. Generalmente para agradecer dadivosamente un servicio. Mucho reconocimiento deben, sin duda, a la paciencia y templanza de esta ciudadanía, pero no a base de paguitas de marqués a vasallo.

En sentido estricto, los trabajos, los servicios, requieren una compensación formal y adulta. Contractual. Y las propinas sobran. De otra forma, es lo primero que se quita. Textualmente ya. Harrods, la potente cadena de grandes almacenes británica, sorprendió a los trabajadores de sus restaurantes hace unas semanas requiriéndoles el 75% de las propinas que recibían de los clientes, según denunciaron los sindicatos. Difícilmente se puede llegar a mayor mezquindad y a mayor sumisión de los afectados. La degradación de los derechos, por necesidad en el caso de los empleos, es arma de doble filo. En esto, el primero que acepta marca tendencia. También recuperar terreno y derribar vallas. Porque hay veces que se baja tanto la cabeza que ya no se puede volver a levantarla.

*Publicado en eldiarioes

Los fabricantes de Trumps

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Vivimos en una sociedad que no relaciona actos con consecuencias. Cualquiera ve que, en circunstancias normales, al abrir un grifo sale agua y al no cerrarlo en horas se produce una inundación. Para los grandes hechos de nuestro tiempo esa regla de acción/resultado parece obviarse, a pesar de todas las evidencias. El nuevo presidente estadounidense Donald Trump es hijo directo de muchos errores y atropellos. Y los poderes varios siguen sin ver su responsabilidad y por tanto alimentando el fenómeno.

Donald Trump ha organizado un desastre monumental en poco más de una semana en el cargo. Su decreto migratorio contra países de mayoría musulmana con los que no tiene negocios (los unidos por lazos comerciales con él no están incluidos) ha ocasionado un caos humanitario, legal, institucional, de relaciones internacionales, sin precedentes. Una de sus últimas gestas por el momento destituir a la fiscal general interina por negarse a defender su polémico veto. Pero ha habido mucho más después. Le colgó el teléfono al presidente de Australia, lo que está provocando manifestaciones sin precedentes en Melbourne.  La más escandalosa a esta hora es la declaración de la jefa de camapaña de Trump y ahora asesora principal, Kelly Ann Conway, en una entrevista con Chris Matthews, de la cadena de cable MSNBC . Se ha inventado una masacre que nunca existió a la que ha llamado Bowling Green massacre, atribuida a dos irakíes y culpa de Obama, para justificar el veto a los musulmanes. Cuesta creer que, desde instancias oficiales, se pueda llegar a más. El concepto que la propia Matthews acuñó: realidades alternativa, es decir, mentiras como montañas.

Lo previsto, sin embargo. Con 70 años, y dada su ostentación y presencia en medios, pocos pueden decir que no supieran cómo era Trump. Sobradamente conocidos sus métodos empresariales, se le relaciona incluso con las mafias neoyorquinas. Su ideología, xenófoba, racista, machista y de la más cerril extrema derecha. Su pueril egolatría. Su jactanciosa y vulgar forma de vivir, en su propia torre de oro, rodeado de una familia de plástico. ¿Quién ha podido pensar que un ser así va a ocuparse del bienestar de los ciudadanos?

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En pocos días hemos profundizado en muchos más datos inquietantes. Su falta absoluta de empatía hacia los demás. Hacia poblaciones enteras de seres humanos, prohibidos por su origen. Hacia su propia familia incluso. Las declaraciones de su esposa, la tercera, Melania, las de él mismo, duelen en la dignidad de mujer. Es como si el multimillonario Donald se hubiera comprado una geisha que ni defeca, valorada por “sus pechos” y su belleza y, sin duda, por su sumisión al marido. Pasados los días, por cierto, Melania ha desaparecido del mapa y cumple las funciones de primera dama, viajes incluidos, la hija favorita de Trump, Ivanka.

 Con sus subalternos, prescinde hasta de la cortesía: se informa que ha prohibido al personal de la Casa Blanca que le hable o le mire si se cruza con él, a no ser que el presidente desee hacerlo y tome la iniciativa. Lo nuevo es que ha dictado una norma por la que los hombres deben usar corbata y las mujeres “atuendos de mujer”.

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Esa forma de firmar sus incendiarios decretos como soltando la cuchilla de una guillotina. Esa firma enorme, apretada, con altos picos de soberbia. Ahora, con la euforia de su éxito definitivo: la cima del mundo. Se ha rodeado de fieles que refuerzan su ego, rechazando a los expertos. En cabeza, Steve Bannon, un activista de ultraderecha, aupado desde la web de difamación y propaganda Breitbart News, a convertirse en el principal asesor presidencial, elemento imprescindible en el Consejo de Seguridad Nacional. Hemos sabido que Trump es una persona influenciable y que Bannon le ha tomado la medida. A juego con todo el equipo, la nueva embajadora ante la ONU, Nikki Haley, hizo gala de la Diplomacia Trump en su presentación con este mensaje: “A quienes no nos apoyan, estamos anotando sus nombres”. Nadie sensato se extraña del temor e indignación que esta presidencia norteamericana suscita.

Trump era un elemento perfectamente conocido, un peligro global. ¿Quién ha podido votarle y confiarle la dirección de su país? Millones de descontentos, sin criterio. Deslumbrados por un botarate –como buena parte de ellos– que ha llegado a tener mucho dinero. Dinero, el gran valor de nuestro tiempo. Y sin duda unos cuantos unabombers del sistema, enfurecidos con la situación.

Alguien, mucho antes, abrió el grifó y no lo cerró. Alguien fabricó al Trump presidente, a los votantes de Trump y a esa ciudadanía abotargada, pisoteada, maleable, abandonada en suma. Es asombroso que no previeran consecuencias a la gran estafa que llamaron crisis. Al fomento de la desigualdad, a los engaños sostenidos, al egoísmo y la crueldad extrema que se ha enseñoreado de nuestro mundo, a la pérdida de principios. Ciertamente, de los escenarios previstos como reacción, Trump es el peor. Y todavía no hemos visto sino el principio de su mandato.

Ha sido lo que un profesor francés, Jean-Claude Michéa, llamó “La escuela de la ignorancia”, la docente y la que emana de los medios de la banalidad. De recortar sistemáticamente en cultura y disuadir el pensamiento crítico. De imponer como valores supremos el dinero y el triunfo. Sin escrúpulos a la trampa. El triunfo y la trampa. Trump como metáfora. Ya saben, “si sueñas, loterías”, dice la administración del PP.

Los medios norteamericanos y muchos europeos son conscientes de lo sucedido. La amenaza a la libertad de expresión, a la verdad, que todos los Trump suponen. Buena parte de los españoles no, con esa visión local que quieren seguir adaptando a sus intereses cualquier oportunidad. Trump ataca a los medios críticos, no a los que están al servicio del poder. Fox no tiene problema alguno, es su modelo. Una sensible diferencia.

Es fácil imaginar, aquí, las reuniones de directores, adjuntos a la dirección, Consejos editoriales, jefes de opinión y opinadores, buscando culpables externos de lo que se labraron para sí y para la sociedad. Como reyes destronados cargados de rabia, sin asumir errores. De paso que alertan contra Trump, lo hacen contra enemigos de sus privilegios, como si formaran paquete. No han dejado ni un resquicio al hartazgo de la ciudadanía. Y termina pasando factura.

Lo mismo –y muchas veces en comandita– que los políticos tradicionales y asimilados. Burdas maniobras han prolongado la agonía del bipartidismo, y sobre todo de unas políticas y unas éticas difíciles de asumir. Todos los días tenemos muestras de esa desvergüenza, que también ha sembrado aquí la desigualdad, la mentira, la superficialidad y el abandono de grandes capas de la sociedad. Todos los días. Con salvadores de las esencias como la presidenta andaluza Susana Díaz, sin empacho en declarar que el fiasco de su partido, el PSOE, en los últimos meses “es el peaje que hemos pagado por proteger la democracia”. O el presidente aragonés Lambán, a quien le parece una “mala noticia” la elección en Francia a través de primarias de Benoît Hamon por ser de izquierdas. Con un 5º puesto en las encuestas tras el paso de Hollande y Valls.

La política que nos trajo hasta aquí, hasta los Trumps, no entiende que el proceso es al revés: sus errores acarrearon estos lodos. Y lo que es todavía peor, no son conscientes de lo que Trump implica en el mundo. Tenemos al Gobierno y sus socios de la gran coalición sin preparase como están haciendo en otros países, tal como contaba aquí Carlos Elordi.

No descartemos la labor de quienes, conscientemente o no, normalizan a Trump comparándolo con otros dirigentes fatídicos. Claro que aquí mismo, en España, hay vallas y con cuchillos cortantes, y que tenemos muertos visibles como los 15 jóvenes del Tarajal y muchos otros. Que trabajadores pobres, con empleo, tienen que acudir a comedores sociales como en EEUU. Pero Trump es la misma amenaza que sacudió Europa en los años 30, la que destruyó Europa. No verlo es otra cortedad de miras. Ante peligros graves hay que priorizar los objetivos.

Los fabricantes de Trumps siguen en activo, ni mucho menos han desenchufado la máquina. Quienes reaccionan a sus atropellos en América y otros continentes, están evidenciando una fuerza y determinación que no se veía en décadas. La campaña de #resistencia va a ser dura y larga. Los ciudadanos de buena voluntad deberían de saber cuándo y para qué abren el grifo. Ya nadie está a salvo de los Trumps.

*Actualización del artículo publicado esta semana en eldiarioes

Dos años de esperanza, frustración y maniobras mediáticas

Enero de 2015. La ministra de Empleo, Fátima Báñez,  escribía a los pensionistas para venderles la gestión de gobierno del PP  y una exigua subida del 0,25% en las mensualidades. En la actual legislatura la ha mantenido pese a no contar con mayoría absoluta. Los enfermos de hepatitis C se lamentaban de su viacrucis sin la medicación que puede salvarles. Hoy, dos dirigentes de la sanidad pública gallega se enfrentan a la investigación (antigua imputación) por asesinato sin que, por cierto, los principales periódicos locales llevaran la noticia a sus portadas.

La máxima preocupación de los grandes medios españoles en aquel inicio de 2015 era Syriza. Al margen de los creativos “Desgrecia” de La Razón, El País vaticinaba a 4 columnas que la victoria de Syriza en las elecciones griegas anticipaba “un periodo de agitación en Europa”. Y acudía en el subtítulo a una opinión de calidad: Rajoy advertía que “no jugaría a la ruleta rusa con Podemos”. En realidad, ahora, el período “de agitación” en Occidente corre a cargo de la extrema derecha, obviamente fanática y demagoga, que está a punto de coronar a su máximo exponente, Donald Trump, en la primera potencia mundial: Estados Unidos.

DENTRO DE 20 AÑOS, LOS HIPÓCRITAS HABITUALES LLORARÁN SUS LÁGRIMAS DE COCODRILO POR GRECIA COMO A TORO PASADO LO HACEN POR SREBRENICA

Machacaron a la Grecia de izquierdas, igual que la había sangrado su conservador bipartidismo. Aquel  verano de 2015, la UE protagonizó uno de los episodios más deleznables que quepa imaginar para cortar las alas a Tsipras, y lo logró. Con decidida voluntad de humillar, como castigo ejemplarizante, y el presidente griego se plegó. Esos días, por cierto, marcaron el principio de la profunda deriva en la que se encuentra la propia Unión Europea cuya actitud con los refugiados sonroja a la más tibia decencia. Los están dejando morir de frío. Dentro de 20 años, los hipócritas habituales llorarán sus lágrimas de cocodrilo por Grecia como a toro pasado lo hacen por Srebrenica o por cada atropello que históricamente propiciaron o no quisieron evitar, escribí entonces, pero, al paso que vamos, serán tantos los destrozos que ya no quedará llanto.

El atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo con un balance de 12 muertos, entre ellos los principales autores de la publicación beligerante contra los integrismos religiosos, supuso el despegue de una espiral diabólica. París, otra vez, Niza, Bruselas, Estambul, Berlín, sufrieron el impacto del terrorismo. Y, como siempre, Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen y tantos otros países olvidados. La espiral que siembra el miedo con causa y el miedo irracional que otros aprovechan. La que atribuye a una colectividad de 1.500 millones de personas el salvajismo de unos pocos, lo que no hace en buena lógica con otras comunidades: la de los noruegos rubios por poner un caso. La que  termina por extender la represión a todos, sin atajar soluciones efectivas si están vinculadas a poder y lucro.

El mundo ha cambiado. Los ciudadanos holandeses, por ejemplo, despertaron el año 2015 con una nueva ley que suponía un tajo mortal al Estado del bienestar. El cuidado de ancianos y dependientes, incluso niños discapacitados, pasaba a ser una obligación exclusiva de “familiares, amigos y vecinos”. Los Países Bajos se convertían en “una sociedad participativa”, un “allá te apañes por tu cuenta”, tras haber sido uno de los paradigmas del paraíso del bienestar. Imaginemos el estado de otras sociedades mucho menos exigentes con lo que importa, como es el caso de la española. Hoy, Donald Trump es el presidente de los EEUU aplicando con urgencia un programa xenófobo, insolidario, brutal que se puede encuadrar en el fascismo.

José Ignacio Wert sacaba adelante su ley de educación y sembraba el BOE de adoctrinamiento religioso: el alumno “reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos”, dice el Boletín Oficial del Estado Español aconfesional. Hoy lo tenemos becado en París, como embajador de España ante la OCDE, en unas condiciones laborales dignas de un príncipe. Otro embajador, Federico Trillo, fue descabalgado bajo las alas de un Yak-42 que nunca debió volar, pero poco, como se hacen las cosas en la derecha española y quienes la alientan.

DA LA SENSACIÓN DE QUE TODO SIGUE IGUAL QUE SIEMPRE, O PEOR SI SE MIRA LA INCERTIDUMBRE MUNDIAL, PERO LA POLÍTICA CIUDADANA HA PUESTO UN PIE EN LAS INSTITUCIONES

La corrupción lucía vigorosa. The Times publicaba en marzo de 2015:  “La élite gobernante española acusada de robar 450 millones de euros de dinero público”. Y añadía nombres. A la Gürtel se había sumado la PÚNICA y siguieron EMARSA, GUATEQUE, POKEMON, TAULA… vinculadas al PP. Las sagas familiares cleptómanas, como los Pujol, continuaron mostrando su desvergüenza. O supimos de las tarjetas black de la quebrada Bankia –que tuvimos que rescatar– con las que se solazaron a nuestra costa miembros de los principales partidos y sindicatos. Según la investigación judicial, el nuevo Sodoma y Gomorra estuvo regido por Blesa y Rato, otros dos destacados miembros de la formación en el gobierno.

Algo más pasó: volvió a despertarse ese poder ciudadano que se repliega como un gato al menor atisbo de duda. O de los palos y multas de las leyes y códigos Mordaza con los que se guarneció el PP. En mayo de 2015, las elecciones locales traen ayuntamientos de cambio. En las principales ciudades españolas. Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia, además de Coruña, Cádiz o Santiago. Son acribillados desde el minuto 1 por la prensa convencional. Contrasta con el trato dispensado a los salientes. Fuera de Madrid, incluso en Madrid, muchos ciudadanos desconocen el caso de las viviendas sociales –ocupadas, no vacías– que Ana Botella vendió a un fondo buitre.

Podemos, el partido revelación de 2014, consolidó su fuerza al lograr, en unión de las confluencias, casi el 21% de los votos y 69 diputados en las generales de diciembre de 2015. La alianza Unidos Podemos no sumó  los votos de las dos formaciones por separado en junio de 2016, aunque logró 71 escaños. Ciudadanos, “el Podemos de derechas” que pedía el poder, no respondió a las expectativas creadas por los medios, pero sirvió para apuntalar al PP. Con un PSOE protagonista de un golpe interno que aún le cruje y cuyos vencedores manifiestan sin pudor que lo mejor para España es, al parecer, lo que hizo: un gobierno del PP.

La prensa de parte jugó un papel fundamental durante este tiempo, con una descarada apuesta porque nada cambiase. Sin temor a perder las formas. El director de El País, Antonio Caño, llegó a  enviar una carta a los suscriptores que se habían dado de baja, disconformes con la línea editorial del periódico. Caño atribuyó los editoriales incendiarios y cargados de insultos contra Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE defenestrado a la brava porque se negaba a apoyar al PP,  a la “efervescencia” que se produce en algunos momentos en este tiempo en que “los ánimos están exaltados”.

LOS SUEÑOS DE JUSTICIA Y DIGNIDAD TAMPOCO SE MARCHITAN. EN ALGUNOS PERÍODOS, COMO ÉSTE, CUESTA MÁS PERO OCURRE QUE LOS DERECHOS HUMANOS NO CADUCAN. Y ES IMPERATIVO DEFENDERLOS

La prensa independiente que fluye por Internet –la independiente entre la que utiliza esa vía– ha tenido también un papel esencial. En rescatar la información, dar los datos fundamentales para estimular el pensamiento crítico, y destapar numerosos casos de corrupción. Desde las tarjetas black a los papeles de Panamá por los que grandes figuras han evadido impuestos que detraen al funcionamiento del país.  Fueron perseguidos por ello, colean aún las denuncias… por contar lo que el poder no quiere que se sepa. No está todo perdido por tanto.

Es un largo recorrido de luces y sombras. Hubo puertas que no se abrieron, y realidades no asumidas. Cerrojos que se atrancaron dejando a los más vulnerables fuera. Da la sensación de que todo sigue igual que siempre, o peor si se mira la incertidumbre mundial, pero la política ciudadana ha puesto un pie en las instituciones. Y hay una poderosa siembra de cambio aún no agostada por los temporales. La realidad se impone tozuda en su rotunda injusticia: ocho personas acumulan tanto dinero como los 3.500 millones más desfavorecidos, según informe de Oxfam. Uno  de esos nombres es el español Amancio Ortega. Nuestro país sumaba 7.000 nuevos millonarios en 2016 mientras el 30% de la población más pobre perdía otro tercio de su poder adquisitivo. Sube la electricidad y la bombona de butano y las grandes soflamas de Báñez no permiten cuadrar las cuentas.

Los cantos de recuperación de la prensa cortesana (periódicos, radios y televisiones) no pueden ocultarlo. Ni la política que colabora con esta situación, desdibujar sus intereses. La prensa independiente se lo seguirá contando. Porque los sueños de justicia y dignidad tampoco se marchitan. En algunos períodos, como éste, cuesta más pero ocurre que los derechos humanos no caducan. Y es imperativo defenderlos.

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Publicado aquí: CTXT. Orgullosos de llegar tarde a las últimas noticias

CTXT cumple dos años y escribí este recopilatorio comparado

El mundo árabo-islámico como ellas nos lo contaron

 

libro-mujer-arabeAquí estamos. Las mujeres. Abro este libro, “El mundo árabo-islámico como ellas nos lo contaron” y me encuentro a Carmen V. Valiña que lo ha escrito, a Lourdes Lucía que lo ha publicado en la editorial que dirige , Clave Intelectual, a varias periodistas de TVE y, sobre todo, al ignorado mundo de la mujer en “Oriente”.

Valiña muestra, aporta datos para el análisis y pregunta y pregunta como debe hacer todo buen periodista. Como punto de partida, situar en el contexto. … “Y en el principio fueron las viajeras”. Impactante ya. La historia oficial, la escrita por hombres, no nos contó que “mucho antes del surgimiento de los grandes medios de comunicación (…) las viajeras rompieron barreras y demostraron que ser “mujer”  y “viaje” son conceptos bien avenidos”. “Que ser mujer y conocer los rincones más peligrosos y alejados del globo no son ideas ni mucho menos incompatibles” escribe la autora.

Y así nos descubre varios nombres de mujeres que ya desde el siglo XIX cogieron las maletas y se adentraron en el mundo para contar lo que allí sucedía. Nombres de los que no se ha dicho casi ni media palabra. Tiempos aquellos en los que “se fomentaba la afición al descubrimiento” que algunas no quisieron perderse, iniciando “viajes de acción” y salidas “más allá de los papeles que les atribuía la sociedad”.  Y aunque el peso de las viajeras anglosajonas fue aplastante, también hubo españolas. Carmen de Burgos en Marruecos como corresponsal en 1909. Teresa de Escoriaza, que deduzco se firmaba como Félix de Haro, enviada a Melilla. O Consuelo Gónzalez Ramos que trabajó hasta de enfermera en la trágica “Campaña del Kert” en el norte de África en 1911 y que terminó fundando y dirigiendo un periódico en España.

Sobrevolando las páginas van apareciendo nombres y peripecias. Ese pasado común de silencio y esfuerzo, de represión, que hoy es presente en las mujeres árabes y musulmanas. Lo que lo cambia, algo, es el desarrollo. “Mujeres que estudian, trabajan, lucha. En definitiva, que existen”. Como nos ocurría a las españolas.

Aparecen en el libro muchos nombres de periodistas, de TVE, informadoras en conflictos y en la vida cotidiana. Los esforzados años 70 y 80. Y que abarcan desde la Marcha Verde de 1975 al asesinato del presidente egipcio Anwar El Sadat en 1981, las primeras intifadas, la guerra de Líbano, la revolución islámica en Irán, la invasión rusa de Afganistán. Tiempos esenciales de pioneras como Rosa María Calaf o Carmen Sarmiento, luchando contra las tendencias vigentes, hasta que en los 90 la presencia de informadoras se normaliza. Un recorrido exhaustivo por esos nombres de mujer que se fueron incrustando, nos fuimos incrustando, en el periodismo masculino, en el universo masculino en realidad. Y para hablar de todo lo que pueda interesar a la sociedad.

Valiña encuentra, a través de los reportajes y testimonios sobre el mundo árabo-islámico, puntos llamativos como la diferente forma de tratar a los bandos en los conflictos, o el enfoque occidental que predomina. “La presencia de las periodistas tampoco contribuyó a visibilizar a las mujeres locales: solo aparecen como sujetos dolientes”. El cambio más notable se produce en las Primaveras árabes en donde las periodistas se mueven entre los manifestantes,  dan el punto de vista local y  cuentan cómos y porqués. Ellas y ellos, diría yo.

Todas las periodistas consultadas destacan que el tema se aborda con muchos prejuicios, que no hay un tipo de mujer en la zona sino notables diferencias por países, ocupaciones, enfoques. Y la tendencia a uniformizarlas como ocurre ahora con casi todo en la banalización reinante, añado.

Calaf le dice a Valiña y creo que es un buen resumen: “Siempre he priorizado la visión de género en mi trabajo. Es necesario estar especialmente atentos a los más vulnerables y que más necesitan que alguien les ayude a que se oiga su voz. Sin duda es más difícil incluir en la agenda mediática todo aquello que no está la corriente general. A menudo al proponer temas, te dicen: “pero de eso no habla nadie”, cuando precisamente sería la razón para hablar”.

Ha sido, como digo, un rápido repaso del libro. Por lugares conocidos. Con hallazgos. Con la constatación de la permanente dificultad en informar de lo que no interesa al poder, a las cortes a su sombra. Creo que en esta terrible Era Trump y compañía que infecta a la sociedad mundial, la mejor receta para la xenofobia es el conocimiento , y este libro lo aporta.

El peligro de normalizar a Trump

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El error más dañino sería considerar a Donald Trump un dirigente más, como se intenta y terminará pasando. La elección del magnate norteamericano cambia el tablero y las reglas de juego internacionales. A poco que la sociedad siga su hábito de mirar para otro lado, será el elemento más perjudicado. De ahí, que las mujeres norteamericanas, directa, abrupta y tempranamente afectadas por el Trump presidente, se hayan echado a la calle en una de las mayores manifestaciones de repulsa que se conoce en su país.

No hay grandeza democrática alguna sino un malogro del Sistema en la elección de Trump. No respeta derechos civiles de amplios sectores sociales. Supremacista blanco, los hispanos le sobran por puro racismo. Se han quedado sin representación en los primeros niveles de su gobierno y, de entrada, sin la web en español de la Casa Blanca. Machista militante. Ha excluido a los LGTB. No descarta la tortura para los detenidos. Y ha hecho ya de la mentira y la fullería su práctica política. Los “datos alternativos” que opone a la realidad que no le gusta son eso: mentiras. Y las defiende con agresividad.

Trump es el símbolo del declive de los Estados Unidos. Por eso ha sido elegido. Ha vencido con la bandera ultranacionalista. Con la promesa de volcarse en “América”, en “hacerla grande otra vez”. Lo que implica alejarla de las veleidades de la dirección del mundo y desde luego de los valores de solidaridad y cooperación en los que los mejores presidentes fundamentaron ese papel. No quiere decir que Trump vaya a renunciar a una política ofensiva. En su discurso inaugural, dijo textualmente que a los americanos les defendería el Ejército, las Fuerzas Armadas y Dios. Pero parece que pretende regir sus embestidas por libre. Es una fase.

La rescisión del TPP, el acuerdo de Comercio de Asia Pacifico (excluida China), y la renegociación del NAFTA con México y Canadá, van en el mismo sentido. Claro que los trabajadores norteamericanos se han visto perjudicados por los desmanes del capitalismo, como los españoles o los europeos en general. La incorporación de China al comercio mundial hizo perder millones de empleos. Las medidas extraordinarias de decisión de las empresas sobre las personas previstas en los nuevos tratados estaban levantando muchas ampollas. Ahora Trump decreta aislacionismo y proteccionismo. Y tiene repercusiones. En el comercio exterior propio y en otros países a los que daña y pueden tomar represalias. Es cambiar la cooperación por un protegerse de los demás. Una  vuelta a los clásicos. A modo de ejemplo,  la ley arancelaria Smoot-Hawley del presidente Hoover en el Crack del 29 que Roosvelt hubo de reducir y quedó suprimida en los Acuerdos de Bretton Woods.

Es curioso cómo resaltaba nuestro telediario de TVE esta decisión: “Trump cumple sus promesas”. La de publicar su declaración de impuestos no, y es la primera vez en 40 años que un presidente prescinde de ese requisito. No hay savoir faire que valga, ni oportunidades que darle. El Alto Comisionado para los DDHH de la ONU llegó a decir que Trump es un peligro global.

Nadie debe engañarse, un multimillonario al frente del equipo de multimillonarios ultraconservadores que ha nombrado Trump, seguirá trabajando por los intereses de los suyos. Las “máximas bajadas” de impuestos que anuncia las sumará o restará de otras partidas. Estamos ante la personificación de la demagogia, carente de todo escrúpulo. Máxime con la herramienta de las “verdades alternativas” de la que se ha pertrechado.

Es cierto que Hillary Clinton no era una buena candidata, era el empecinamiento en el error. O que el Partido Demócrata segó los pasos de Sanders como alternativa más progresista. O que Obama no cumplió cuanto prometió. O que conocemos dirigentes que mienten en cada palabra. Pero Trump se ubica en otra división.

El peligro, letal, es normalizar lo que Trump representa. Hay precedentes de amargo recuerdo en los años 30 del SXX y por la misma causa. Idéntica crisis económica por los mismos abusos, la demagogia y el desvío de atención hacia culpabilidades ajenas. No querer ver los síntomas. El fascismo es una gangrena para los Estados y las sociedades que los habitan. Literalmente, las destruye.

Y no lo pueden dejar más claro. La entronización de Trump en “la nueva América” ha dado alas a la “nueva  Europa” que proclaman los principales partidos de ultraderecha, ya numerosos. Recibidos en casa de los neonazis alemanes, sus líderes se mostraron exultantes y decretando el fin de la UE.  Empieza a no verse como un demérito apoyar a la ultraderecha. En Suecia, los conservadores del Partido Moderado,  que antaño rechazaban apoyar a los Nacionalistas Suecos (SD) -en cabeza de las encuestas- declaran ahora que cooperarán con ellos. Theresa May en el Reino Unido anunciaba también su intención de un Brexit con alzamiento de fronteras para emigrantes pobres. En xenofobia, egoísmo y nacionalismo, no se queda atrás.

El resurgimiento en notoriedad de la Rusia de Putin, a la que nostálgicos intentan ver heredera de una idealizada Unión Soviética, tampoco ofrece precisamente tranquilidad. Y China, la que no impone imperialismos según dicen, compra deuda pública sin parar de Estados Unidos, o de los reconducidos Argentina y Brasil, acude en socorro de África. Todo ello con mucho dinero y su fórmula de capitalismo salvaje bajo la dictadura de los jefes del proletariado. Alemania se ofrece por boca de su vicecanciller a “llenar el vacío dejado por un Washington aislacionista”. El mundo se dispone a vivir peligrosamente. Otra vez.

Como los Demócratas norteamericanos, la socialdemocracia europea no cesa de dar tumbos. Manuel Valls en Francia -hasta ahora presidente de un gobierno bajo la denominación de socialista- ha quedado por debajo de Homes, un crítico de su partido, en las primarias. Las encuestas les auguran un 5º puesto en las elecciones presidenciales. Francia elegirá entre ultraderecha y derecha extrema, como tantos otros. La responsabilidad de los partidos socialdemócratas en la situación que vivimos es enorme, decisiva. Los electores no han percibido un papel de oposición y cambio, sino todo lo contrario. No hay más que ver al PSOE español desdibujado a los pies de Rajoy, tras su apoteósico golpe interno.

En Davos, los gerentes económicos del mundo se muestran muy preocupados por el cariz que están tomando los acontecimientos. Esa parte sí la ven. Y piensan que lo mejor es que vuelva todo a su punto de partida, con los partidos y equilibrios de fuerzas tradicionales, solo que un poco más atrás en los derechos sociales. Más o menos, un siglo. Vuelven a decir que es necesario cobrar salarios más bajos, contar con menos sanidad y educación públicas, y bajar las pensiones. Los impuestos que pagamos deben ser para subsumirse en sus agujeros negros.

Todos quieren volver atrás. Como si lo sucedido estos años hubiera sido un mal sueño que, eso sí, dejó bolsillos bien repletos. Conservadores, liberales, socialdemócratas de siempre, los grandes medios de comunicación del sistema. Llaman “populismo” a las amenazas a sus intereses personales y evitan mencionar “fascismo” para lo que está sitiando a la sociedad. Obvian los atropellos que nos han traído hasta aquí y han alumbrado soluciones nocivas. Trump y sus colegas europeos de la ultraderecha, la conservadora May británica, se fijan como modelo aquel tiempo primigenio en el que, según sueñan, todos eran blancos, ricos y felices.

Las reglas de este juego aún se están escribiendo; sus trampas, la forma de eludirlas, la astucia y la fuerza para enfrentarlas, las lecciones de la historia, los cómplices necesarios, todo. Apasionante y peligrosa partida en la que la mayoría tiene mucho que perder y nada que ganar. Lo último, normalizar lo que dista enormemente de ser normal. Muchas y muchos ya los saben, y actúan.

En el inicio de la Era Trump

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Donald Trump jura su cargo como presidente de los Estados Unidos

Donald Trump, el ya presidente de los Estados Unidos, ha respondido a lo esperado en sus primeros pasos. Aún se asombran los que no advirtieron su presencia hasta que se plantó en la puerta de la Casa Blanca que ahora ya ha franqueado.  Comenzó diciendo que va a “reconstruir” el país con un gran esfuerzo nacional. “Estamos transfiriendo el poder de Washington al pueblo. El establishment se protegía a sí mismo, no a las ciudadanos”, dijo el magnate que hasta ahora vivía en la Torre que lleva su nombre en Manhattan y que ha llenado su gobierno de multimillonarios. Blancos y ultraconservadores. Éste era su dormitorio hasta este viernes.

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En su discurso anti inmigración, o supremacista blanco, como se quiera,
Trump prometió recuperar las fronteras de EEUU. Como ha hecho, en la misma línea, Theresa May en el Reino Unido y se propone Marine Le Pen si llega a la presidencia francesa cuyas encuestas lidera.

En su gloriosa exaltación, Trump llegó a prometer que Estados Unidos “erradicaría la enfermedad” lo que, como otras afirmaciones, llenó de júbilo a sus fieles presentes en el acto. Cercenará las investigaciones no acordes con su ideología y su primer decreto ha sido reducir el Obamacare y dejar sin asistencia a millones de personas, pero hablar es gratis. Cuando se hace para determinado tipo de gente, en particular. Los que le han llevado al poder.

Desbrozando las muchas reacciones y textos que la presidencia de Trump ha desencadenado ya, me quedo en primer lugar con el artículo de Íñigo Sáenz de Ugarte, subdirector de eldiarioes, que ubica a Trump en su contexto. Recomiendo el artículo completo, con varios datos esenciales. Veamos por ejemplo de dónde parte el America First. 

Dos veces ha dicho Trump “America First”, el grito de guerra con el que los norteamericanos más reaccionarios se movilizaron en 1940 y 1941 para impedir que el Gobierno de Roosevelt declarara la guerra a la Alemania nazi. Es un eslogan de resonancias fascistas.

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Donald Trump ha retrasado el reloj de la historia, ayudado por el contraataque contra la globalización de la forma en que la siente una buena parte de sus votantes. Muchos de ellos son republicanos de toda la vida que votan sin más al candidato que gana las primarias del partido. Otros –los más conservadores o los más convencidos contra toda evidencia de que los demás países estafan a EEUU– querían el Trump que ha pronunciado el discurso: ultranacionalista, nativista (es decir, no creen que las minorías sean auténticos estadounidenses) y aislacionista.

Y sobre todo la conclusión (en la que también coincido):

No hay que dejarse engañar por los tuits delirantes, el maquillaje color naranja, el pelo imposible o la sintaxis confusa. El personaje tiene muchos elementos ridículos, una mina para cómicos y las viñetas de humor. Por debajo de esa fachada, late una idea siniestra.

The New York Times recoge las reacciones de alarma “en el extranjero”. En ellas destaca la del vicecanciller alemán quien ha advertido de una “radicalización drástica” en la política estadounidense,  añadiendo que Berlín estaba listo para llenar el vacío dejado por un Washington aislacionista.

Medios convencionales españoles, como El País o El Mundo, muestran la misma preocupación por la llegada de Trump, aunque con algunos matices sutiles en artículos.

El multimillonario Trump es un “antisistema” en El País

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Y sale con “puño alto” y todo en El Mundo de la mano de una Cayetana Álvarez de Toledo que se agobió tanto en Washington como en la cabalgata de reyes de Carmena. No creo que se lo perdone jamás a Trump.

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Medios de mucha menor repercusión llegaron a encontrar similitudes entre el discurso de Trump y… ¡El de Pablo Iglesias!, lo que me ha llevado a prescindir de mirar la Caverna oficial al completo.

Los gurus mediáticos del neoliberalismo español también se manifestaron.

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Los votantes de Trump, de hecho, no leen periódicos, se “informan”por medios equivalentes a 13TV, Intereconomía u OKDiario. Concretamente, Bannon, el editor de una web sensacionalista, de difamación si se tercia y propaganda similar a la que regenta Eduardo Inda, se ha convertido en asesor presidencial de Trump.

Vayamos con hechos que sobrepasan la anécdota. Ante una menor asistencia a la inauguración de Trump, puso en su perfil de Twitter una foto de la toma de posesión de Obama en 2009. Lo descubrió Time. Igual fue por casualidad. A las pocas horas la quitó.

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Las gorras del acto inaugural del presidente que clama porque se fabrique y se contrate “en América” estaban hechas en China.

 

 

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No era la primera vez…

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Es curioso ver la cantidad de gente que intenta minimizar lo que Trump representa, equiparándolo con Hillary o el propio Obama. Así debió suceder en el propio EEUU para haber llegado a esta situación. Quien no lo entiende, tiene un serio problema. Que nos traspasa al resto, evidentemente.

De la web de la Casa Blanca han desaparecido ya las referencias a Derechos Civiles, Cambio Climático o Colectivo LGTB. Y anuncia que suspenderá los Tratados de Libre Comercio si no se ajustan a su criterio tras negociarlo.

La web contiene un perfil de Melania, la que será Primera Dama “a tiempo parcial” ya que algunas labores serán compartidas con Ivanka, la hija mayor del presidente. Una joya es según se deduce de su curriculum, que por cierto incluye su dedicación al diseño de joyas, fruto de su ” inclinación y pasión por el arte, la arquitectura, el diseño, la moda y la belleza”. Lo cierto es que desde la toma de posesión, Trump ha marcado diferencias con Obama en el trato a su esposa, Primera Dama. Melania queda relegada. 46 años tiene, frente a los 70 de su marido.

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Los capullos ya tienen su presidente. Un tipo infantil,. inculto y ególatra superlativo. Impredecible por tanto, hasta en sus rabietas. Y con todo el poder en su mano.

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Solo queda aguardar que  los dramáticos presagios que se ciernen sobre el mundo en la Era Trump que se acaba de inaugurar no se cumplan por completo. Y que Europa reflexione sobre si va a seguir esta misma espiral diabólica.

Todos lo sabían y nadie hizo nada

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Las palizas del acoso escolar se perpetran y se ruedan muchas veces a la vista de personas que no lo impiden.

La idea se repite cada vez con mayor frecuencia. Al hacerse públicos atropellos considerables, continuados en el tiempo a menudo, comprobamos que eran de dominio público y nadie movía un dedo. La impunidad hecha norma. Lo más proclive a ese silencio cómplice son los abusos de poder y, entre ellos, los abusos sexuales. El mirar para otro lado hace un daño irreparable a las víctimas y a la convivencia social.

Uno de los ejemplos más recientes nos sitúa en la Universidad de Sevilla. Tres profesoras –de toda solvencia– denuncian los reiterados ataques que sufren por parte de Santiago Romero, prestigioso catedrático, el primero de Educación Física en nuestro país. Los han padecido desde 2006 a 2010, cuatro años. El docente ha terminado condenado a siete años de prisión tras ser hallado culpable de delitos continuados de abusos sexuales pero hubo de intervenir hasta el Instituto de la Mujer Andaluz (IAM) para que las tres profesoras fueran atendidas.

Su relato es sobrecogedor. Salvo dos, sus compañeros las evitaban, y 10 de ellos llegaron a testificar en su contra en el juicio. No les creían, dijeron, o no les querían creer. Las secuelas han sido graves. Una de ellas, con el mejor expediente académico de su promoción, ha terminado abandonando la enseñanza.

En el caso del entrenador de atletismo de la Federación española, Miguel Ángel Millán, detenido en diciembre, se ha reiterado que numerosas personas conocían sus prácticas pederastas. Y callaban. Las víctimas suelen tardar un tiempo en armarse de valor y denunciar. A Millán lo llevó a los tribunales un joven de La Laguna, Tenerife, que había padecido las agresiones durante cuatro años y desde los 14, según ha denunciado.

James Rhodes

James Rhodes

El pianista británico James Rhodes ha sido uno de los pocos capaces de mostrar con crudo realismo qué se siente cuando alguien de mucho mayor tamaño se tira sobre la víctima y le penetra a la fuerza, al punto de romperle la espalda como le ocurrió a él. Precisó hasta varias operaciones para paliar el daño. Y cómo los abusos le destrozaron la vida, y cómo la música fue la tabla que le ayudó a salir de alguna manera de la desesperación.

Los colegios han conocido o conocen de estas agresiones, en múltiples lugares. Pero las violaciones no son solo sexuales, ni el mutismo de quienes lo saben se limita a un círculo muy próximo. Los violentos ni siquiera se molestan ya en perpetrar sus ataques en la oscuridad. Las palizas del acoso escolar al diferente son grabadas en vídeo y difundidas. Y se perpetran y se ruedan a la vista de personas que no lo impiden. El silencio en estos casos es tomar partido: por los agresores.  El rector de la Universidad de Sevilla dijo que había dado al caso un tratamiento “simétrico”. La simetría en estas cuestiones favorece siempre al agresor.

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Las imágenes de los refugiados, ahora entre la nieve como antes en el barro, en tiendas de campaña, en larga fila para comer algo y muriendo literalmente de frío, es otro de los grandes crímenes de nuestro tiempo que se desarrolla sin costo punible alguno. Más aún, con el aplauso de parte de la sociedad que de esta forma alienta a los políticos de ultraderecha.

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Las políticas conservadoras de toda la vida también se han impregnado de ese espíritu de cruel insolidaridad para no perder votos. Cualquier apoyo para que continúen por ese camino es colaboración en sus ultrajes. Y que nadie dude que dejar sin comida, sin luz o sin casa, sin la debida educación y atención sanitaria a seres humanos, lo son. Todo aquel que prescinda de esa relación entre el poder otorgado y sus consecuencias, ahora tan dramáticas, no hace sino engañarse y ocultarse su participación. Lo mismo que han de saber que robar –dinero o servicios– y tragar que se robe, conducen al mismo destino. Enmascararlo añade grados a la cooperación.

A diario, asistimos a tragedias de gran calado y arbitrariedades que se obvian para no significarse. Ensañamientos sin causa, completamente injustos, que se aceptan como si fuera una cornisa que cae encima y le toca al que pasa, una fatalidad. Sabemos de la voluntad de humillar hasta a niños a los que se considera de otra clase social. Y son actitudes que queman muy adentro.

Es cierto que no hay ser humano que pueda ocuparse de todo, y para eso existen cauces que afronten los atropellos. Lo último es encogerse de hombros. O pedir perdón con la boca pequeña. Siempre se puede hacer algo. Siquiera no contribuir a los escarnios de nuestros semejantes.

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Spotlight, Oscar a la mejor película en 2016

Spotlight consiguió el Oscar de 2016 a la mejor película. Narraba un caso real: la peripecia de una investigación periodística del Boston Globe para informar sobre brutales casos de pederastia en la Iglesia católica. Habían sido consentidos durante décadas. Todos los sabían y nadie hizo nada. Tratar de disuadir cualquier noticia sobre ellos, para ser más precisos. Es decir, tenían conocimiento de lo que pasaba que es lo mismo que contaba el músico Rhodes y pueden contar todos los demás. Un preboste de la ciudad, aun así, le dice al periodista que se empecina en seguir adelante:

—”¿Y tú dónde vas a ir después de esto?”.

Esa es la clave por la que tantas cosas se callan.

Forzados, abandonados, sufriendo, con dolores y daños que puede evitar la denuncia, la justicia, la solidaridad de nuestros semejantes. Es estúpido creer que hay islas donde preservarse de esta deriva de egoísmos y tinieblas. Ni siquiera los tiranos están a salvo. Nadie lo está. Y es conveniente saberlo en los tiempos que corren y que emprenden veloz carrera de barbarie.

Nunca se ha gritado más, diciendo menos. Nunca ha sido tan estruendoso el silencio. El silencio está siendo devastador. Es lo que se escucha tras los sentimientos y los cuerpos rotos. En el miedo y la cobardía. Tras el frío y la injusticia. Tras el altavoz apagado de las conciencias.

Últimas anotaciones para la Carta a los Reyes Magos

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Las tres semanas españolas de la Navidad tocan a su fin. Muchos españoles apuran las últimas horas entregados a la tarea de comprar con encomiable entusiasmo. Los grandes parques temáticos de centros comerciales llenos desde primera hora de la mañana. Pasillos y tiendas en alegre festejo. Apenas nadie tiene, como nosotros, doble visita de forasteros obsequiosos que entran de noche por las ventanas a traer regalos. Uno, procedente del norte; tres, de Oriente. Como en España no se vive en ninguna parte repetirán algunos.

Las librerías registran una inusual actividad, auténtica aglomeración. Es fácil comprobar la presencia de neófitos que no distinguen entre las cajas de pagar y los pupitres de información. Loado sea el espíritu que los introduce en los templos del saber –y del merchandising, todo hay que decirlo- piensas por un momento, solo un momento. Dos tendencias sobresalen entre los libros: los de autoayuda y los de cocina.

Cualquiera cara conocida por salir en una pantalla cocinando ha debido sacar su libro. Y así encontramos Cocina para familias o personas solas, vegetariana, verde, sana y de fritos y tapas. Innovadora y tradicional o casera, rápida y de baja –y lenta – cocción, para adelgazar –comiendo -, para aumentar la longevidad o para Peter Pan que todavía deben ser los hombres que se resisten a crecer. Probablemente con un rico surtido de papillas o platos de pasta. Rizando el rizo es posible aunar las dos preferencias de moda y adquirir libros de cocina para vivir mejor.

Se unirá así a toda la suerte de consejos en formato libro, cartel, taza, cepillo de dientes o adorno en donde recuerdes que tú puedes con todo, has de perseguir tus sueños –éste se lleva mucho -, y seguir andando aunque no puedas más porque es lo que te diferencia de otros. Que rendirse no es una opción, que saldrás de está, que esto también pasará, que cada día cuenta contigo y que en definitiva tienes que ser feliz. No deja de ser curioso en un país que registra cifras récord en consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Quizás piensen que tomando el desayuno con esa frase positiva no será necesario el tranquimazín o el orfidal. Uno ponía Not, no en inglés, que explica muchas cosas.

La España de Campofrío en su apogeo, la maniquea, la que hace las delicias de esa simpleza fanfarrona y persistente que ha dado en llamarse “cuñadismo”. Lo peor es que muchos niños participan de la ceremonia con similar júbilo. Papa Noel o Santa Claus han caducado por este año como el yogur y esperan ya a Melchor, Gaspar y Baltasar. Y los caramelos que se cogen con paraguas del revés para que los otros no pillen ni uno.

Pobres de nosotros. Quienes viven así y quienes sufren sus decisiones. Porque mirar la deriva de esta sociedad lleva a preguntarse si estamos preparados para afrontar lo que se nos viene encima.

Nos encontramos en uno de los momentos más preocupantes de nuestras vidas. Todas las piezas del caos construidas a conciencia están a punto de ensamblarse. No quisieron evitarlo antes y ahora tampoco. Se están afrontando los alarmantes cambios con la habitual despreocupación, con insensata irresponsabilidad.

Estados Unidos y Rusia reactivan la guerra fría. Reactivan sus negocios para ser más precisos. Disponiendo ya material de defensa ante amenazas, cuando precisamente confluirán en la cabeza de ambos países dos personas con muchos puntos en común y gran afinidad y simpatía el uno por el otro. Trump, el inminente presidente norteamericano, defendió a Putin, frente a Obama. El mundo en estas manos vive en un polvorín. Y las empresas empiezan a tomar partido. Por el poder. La automovilística Ford ha cancelado una inversión millonaria en México por las amenazas de Trump.

Pero aún habría que añadir a Theresa May en el Reino Unido del Brexit que no pasa por ser la más razonable, ni progresista. Varios más aguardan la salida. Sin olvidar a unos cuantos sátiros diseminados por puntos neurálgicos, como Al Asad en Siria o Erdogan en Turquía que está encarcelando a medio país con la excusa del presunto golpe de Estado que sufrió. Y sin duda los atentados terroristas que -sean fruto de asesinos solitarios u organizados por ISIS que los reivindica todos-, crean una gran alarma social. Añadan la siembra permanente del miedo. Seguridad es la palabra del inicio de 2017, la que cuentan proporcionan los controles y las armas.

Entretanto, muchos ciudadanos, en su nube. Vistas las tendencias de consumo de estos días, igual piden, en la carta a los Reyes Magos, una máquina de croquetas para comer la cuarta parte de proteínas envueltas en harina. Con la ventaja añadida de que son blandas y fáciles de pasar. Y varias tazas de pensar en positivo.

Pero convendría más demandar que sus hijos no lleguen a saber cómo, entre las decisiones de unos y otros, les va a ser más difícil estudiar y conseguir un trabajo bien remunerado. Y que emigrar empieza a no ser una salida cuando se levantan las fronteras y en el Reino Unido, o en los Estados Unidos de Trump, solo quieren a los nacionales. Tenemos tanto que contarles. Imagínense a quienes ni siquiera les alcanza muchas veces para croquetas.

Prueben a pedir a a los reyes magos justo lo contrario: saber lo que está sociedad está haciendo y por qué. Han de estar preparados. Una reflexión acerca de lo bien que se traga la corrupción del PP. El constante olor a trampa de muchas de sus decisiones. El sabor a impunidad llegada al culmen en el caso de las responsabilidades por el accidente del Yak 42, con 62 militares muertos, que hubiera sido evitable.

Los privilegios de unos sobre otros. Los apaños para no pagar impuestos. El “cerebro financiero” de la Gürtel se lo amañó a Supermercados Alcampo, según su propia confesión. Los indultos del gobierno del PP, como a ese “promotor inmobiliario” que estafó a numerosas familias vendiendo casas que nunca construyó. Imaginen que la corrupción organizada fuera de un partido de izquierdas. Piensen qué pasaría y qué dirían usted, sus conocidos y los medios. Reflexionen sobre cómo está sociedad engulle la corrupción letal y se atraganta con fantasmas de odios inducidos.

Recapaciten sobre qué hay de verdad en toda esta patraña, en quién se beneficia. Cómo el mundo ha llegado a las puertas de Trump, y de Putin, y todos los demás de una larga lista. A un segundo gobierno de Rajoy y a una Gestora del PSOE que da el gobierno a Rajoy. Cómo se lo han contado o cómo no se lo han contado. Y por qué. Calibren esa influencia sobre los hechos. Y, sobre todo, piensen qué van a hacer ustedes.

Para empezar, todos los niños -y mayores- del mundo harían bien en pedir a los Reyes Magos que les saquen de debajo de la cama al lobo ComeCaperucitasyPeterPanes. Es lo primero para ser autónomo. Aunque mucho mejor será que lo saquemos nosotros mismos.

*Publicado en eldiarioes

Yak 42, símbolo de ignominia


Federico Trillo, entonces Ministro de Defensa,  en el lugar del accidente bajo paragüas

Federico Trillo, entonces Ministro de Defensa, en el lugar del accidente bajo paragüas

Partía el corazón ver el desconsuelo y la rabia de familiares de las víctimas del Yak 42 aquel final de mayo de 2003. El día 26, un avión ucraniano de la UM Airlines se había estrellado en Turquía con 75 personas a bordo, entre ellas todo el pasaje: 62 militares españoles. Regresaban a casa tras una misión en Afganistán y Kirguistán de 4 meses y medio.Y habían advertido reiteradamente a sus allegados de las lamentables condiciones en las que viajaban. El comandante José Manuel Ripollés remitió a un amigo un correo electrónico 4 días antes del accidente mostrando su preocupación: “Son aviones alquilados a un grupo de piratas aéreos, que trabajan en condiciones límite (…) la verdad es que sólo con ver las ruedas y la ropa tirada por la cabina te empieza a dar taquicardia”. Ripollés era hermano de una compañera de TVE, que sería incansable en la exigencia de responsabilidades.

El relato era similar en los distintos escenarios. Familias compungidas en las que nos colamos los periodistas, esta vez para saber las quejas previas de las víctimas y la impotencia de sus seres queridos. Velatorios sin el fallecido, o aquel entierro en Valencia en el que un padre roto empujó el féretro de su hijo en el nicho con una expresión difícil de olvidar. Ocurre que las víctimas se ven de forma distinta cuando se asiste a su tragedia, a la vida que dejan, a la sensación de la fatalidad eludible y es algo que deberíamos saber comunicar.

Llegó después el funeral de Estado en Torrejón de Ardoz. A toda prisa. Con presencia de los reyes y el príncipe de Asturias, y retransmitido en directo por las cadenas de televisión de ámbito nacional. Se declaró luto oficial, con sus banderas a media asta. Y se entregó a las familias unos ataúdes con los restos que no siempre correspondían a sus parientes. La chapuza de las identificaciones, para llegar a tiempo al solemne funeral, ha quedado inscrita en los anales de la ignominia patria.

Y comenzó un lío jurídico –no es exagerado emplear ese término- en el que el ministro de Defensa en ese momento, Federico Trillo, quedó absolutamente exonerado. Incluso revalidado. Mariano Rajoy le defendió reiteradamente, Trillo fue diputado por Alicante, y comentó que las urnas le habían avalado.

Ahora se ha conocido el dictamen del Consejo de Estado aprobado el 20 de octubre. El 3 de enero, desde el 20 de octubre. Por unanimidad de la Comisión Permanente reconocen oficialmente -por primera vez y después de 13 años- la responsabilidad del Ministerio de Defensa en los hechos. Afirman que “el accidente pudo haberse evitado si estos (los responsables de Defensa) hubieran cumplido con su deber de velar por las condiciones en que viajaban los soldados”, según informa El País. Diario que ha adelantado la noticia, la ha relegado después por alguna minucia de Podemos y no es fácil encontrarla en el resto de los medios.

Salomónicamente, según suele decirse, el Consejo de Estado admite la responsabilidad pero no la inculpación, tampoco ahora hay delito. Murieron 62 personas, que podrían seguir vivas de cumplirse las normas. Por cierto, nadie nos explicó por qué se contrataban esos aviones deplorables, disponiendo el ejército español de aparatos adecuados. Las consecuencias de tamañas irregularidades han quedado muy difusas.

La demanda económica contra la compañía ucraniana sí prosperó estipulando indemnizaciones. Las penales no. En 2012 se declaró el sobreseimiento de los seis altos mandos militares imputados. La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ratificó el archivo de la causa. No había delito, sentenció.

En el proceso por las identificaciones, resultó condenado a tres años de prisión el general médico Vicente Navarro y a 18 meses los comandantes sanitarios José Ramón Ramírez y Miguel Ángel Sáez. Por un delito de falsedad en documento oficial al haber adulterado las identificaciones de 30 de los 62 militares fallecidos. El general murió antes de cumplir condena y los comandantes fueron indultados por Rajoy de su inhabilitación que implicaba la salida del ejército. Tampoco ingresaron en prisión, al ser pena inferior a dos años. Pagaron la multa de 900 euros.

Federico Trillo sigue de Embajador de España en Londres.

*Publicado en eldiarioes

2016, el año del desconcierto

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Dicen y escriben que 2016 ha sido el año que no vieron venir. Suele ocurrir cuando se vive en los cenáculos del poder y las personas se convierten en números estadísticos o un fastidio si osan hacer patente su malestar. Con claridad, 2016 ha sido el año de las mil definiciones que se resumen en una: desconcierto. El año que acaba ha confirmado el absoluto divorcio entre las élites y el resto de la población. El triunfo del No que lo caracteriza es a lo que todos ellos representan, a lo establecido, aunque los erráticos caminos de la banalidad programada, no hagan sino consolidarlo. Porque en 2016, la verdad, los límites de lo admisible, han saltado por los aires. El año en el que se volvió atrás para reedificar los más terribles monstruos de nuestro pasado, con el fascismo en ciernes a la cabeza. Se ha desencadenado lo que, desde hace no menos de un quinquenio, incluso casi un decenio, veíamos venir y escribimos. Basta tener los pies en el suelo y mirar qué sucede alrededor.

El rey en el palacio del ayer. La cuerda para el nudo. La risotada. El dolor. El consumible. La manta de la que tirar. Una espectacular ciénaga. Barra libre para robar. Para imponer. Para mentir. La pobreza invisible. Necesidades inaplazables. Impunidad. Crónicas cortesanas. Al servicio del poder. Periodismo. Al servicio de la gente. El año que fuimos “populistas” o el de las etiquetas. Aquél en el que la corrupción parece haber sido legalizada tácitamente. La invasión aplastante de los mediocres.

Maniobras para la continuidad del PP y las políticas de siempre

En España fuimos repitiendo elecciones generales hasta que -con un golpe de mano chapucero y evidente-, se formó el gobierno que conviene al poder, al que vive en camarillas y no ve venir otra cosa que las bandejas de canapés. O los peligros que acechan a sus privilegios. La decencia se ha resentido en gran medida del devastador impacto. Hasta provocar destrozos desestabilizadores. El “atado y bien atado” que anuda desde antaño los caminos de futuro de los españoles volvió a echarnos otra lazada más.

Repasar la mascarada política y mediática de estos doce meses deja sabor a inmensa tomadura de pelo. Es ver quiénes movían los hilos de la operación, cómo se desechaban las piezas inservibles, las encuestas-puñal, la maquinaria de la intoxicación a pleno rendimiento. Cuando en el Congreso entraron las personas que cada día vemos en la calle, los aposentados dieron un fuerte respingo. De ahí que se blindaran para luchar contra la pura alergia física a la realidad y a la posibilidad de algún cambio que alterara su estatus.

Por 2016 pasaron ministros, como José Manuel Soria, tan preocupado por los beneficios de las empresas energéticas y por orillar adversarios políticos, que terminó apeado por un offshore negado a ritmo de sainete. Y llegaron repuestos como la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en pura añoranza de aquel pasado de Beneficencia en el que la gente no se quejaba no fuera a ser que, encima, le cayera un buen palo. Conocimos al Hernando mutante de un partido llamado PSOE, las migas asturianas al PP, y a la reina en el sur pendiente de una Operación Triunfo, con los vientos favorables de los dioses del socialismo versión cachirulo. A la explosión de las tensiones, de la presión, en un proyecto interesante  que pesa más que las personas que no estén a la altura. A la evaporación de Ciudadanos mientras se desdecía, prácticamente, de cuanto dijo.

Corrupción fangosa

Vimos los grandes desfiles por los juzgados de un buen número de saqueadores de lo público, nivel presunto. Cuesta recordar la serie de mangancias, cohechos y cohechitos, prevaricaciones y transgresiones varias que este sufrido pueblo ha soportado. Menos mal que cada día llegan refuerzos para recordar que en cualquier otro país, incluso en algunos bananeros, la corrupción pasa factura. Y declaraciones como las de Francisco Correa, mediador de la Gürtel, hubieran hecho saltar gobiernos por los aires. Nos han dejado ahogados de cinismo y desvergüenza. A las personas decentes, se entiende.

Añadamos el temor a la impunidad que se materializa en la imagen de una Infanta de España que, a tenor de sus declaraciones: “Qué ganas tengo de que esto acabe para no volver a pisar este país”,  parece dar por hecho –como tantos otros- que saldrá exonerada de los delitos contra la Hacienda Pública por los que se le juzgó. El amor lo excusa todo cuando se posee sangre azul en particular. Azul realeza o azul ideológico. Mientras en España muchas personas siguen viviendo sin luz, mueren sin luz.

No hay sector susceptible de lucrarse en el que algunos de nuestros próceres no hayan metido mano. Todo es magro para la rapiña: infraestructuras, servicios, hasta colegios y hospitales. Visto los destrozos en la sanidad, incluso vidas humanas. 2016 nos deja la impresión de que en España operan varias mafias y que una parte de las pistas que sigue la justicia proviene de algún tipo de ajuste de cuentas entre bandas o facciones rivales. Algunas, como afirman las pesquisas judiciales de Ausbanc, chantajeando a bancos y empresas de lo más relevante del país durante 20 años sin que nadie dijera ni pío. En cambio todo español debe estar al corriente ya hasta del primer borrón, real o supuesto, de cualquier miembro de Podemos en sus años de parvulario y, sin duda, del color de su ropa interior.

La prensa cortesana

“Puigdemont promete romper España”, leímos en un titular entre los muchos irrisorios con los que nos obsequian a diario. “Insensato sin escrúpulos” llamaba un editorial al candidato del PSOE que acabaría defenestrado. La prensa oficial participando de parte en política. Hasta obvió noticias. Una bien reciente: la investigación por homicidio a dos altos cargos de la sanidad pública gallega al posponer la medicación eficaz para la hepatitis C no ha llegado a las portadas de los principales medios de la comunidad. Una más alejada en el tiempo, un juez grabado proponiendo a un imputado fabricar indicios contra su predecesora, Victoria Rosell, sin que tenga grandes repercusiones, ni mediáticas. La denuncia del ex Ministro Soria contra ella,   por supuesto cohecho, retraso malicioso y prevaricación, relacionado con el caso, archivada por la justicia con similar eco. Y nunca hemos sabido tanto de Venezuela y tan poco de Huesca, Cáceres o León, por poner el caso.

Multitud de personas en España, no se enteran de asuntos esenciales que les afectan. Cuesta creer que las graves noticias difundidas sobre la atención pediátrica en la Comunidad de Madrid no levanten auténticas ampollas. Hablamos de niños. Absolutamente imperdonable que las denuncias de carencias o deficiencias se estén saldando con despidos, ante el silencio cómplice de los apoyos políticos, de los medios y los propios usuarios. Vistas las consecuencias, seguramente muchos lo dicen solo en voz baja, aunque lo dicen.

2016, el año en el que las políticas pudieron cambiar y el pasado se atrincheró, dejando una ciudadanía anestesiada o frustrada. La España sucia ha ganado de nuevo la batalla, un respiro más. Un estertor quizás.

El Rey en su palacio

Descorazonador escuchar el remate del Rey Felipe VI, en un mensaje de Navidad conservador y banal por mucho que lo alabe la gran coalición de poder. Sorprende que una persona de su edad y preparación, con contactos en la vida real (de realidad) opte por ese camino.  El  discurso menos visto de la historia, y sigue hablando, con paternalismo, de un país que la mayoría desconoce.

Crece la ultraderecha

2016 se vio venir. El desvarío electo, la peste fascista. La hegemonía de los inanes convertidos en sujeto. Los nuevos rumbos mundiales sí traen significativas variaciones: la ultraderecha, la sinrazón, avanzan a grandes zancadas, mientras los medios y la propia sociedad vuelven a equivocar el foco. Los  emigrantes pobres no son los culpables. Y no hay nada -ni los dolorosísimos atentados terroristas-, más desestabilizador que la extrema derecha por su capacidad de llegar al poder en varios países, algunos muy decisivos. Europa entretanto no mueve un dedo. 2016 acrecienta el profundo deterioro del proyecto común. El año que… siguió muriendo la UE.

La involución ha animado a salir del armario posiciones ultraconsevadoras. El machismo se ha rearmado con fiereza. Con ese reguero de muertes incomprensibles, y la exaltación verbal de sus defensores. La homofobia también ha repuntado hasta apalear a varias víctimas.

El año que… sabe a injusticia y egoísmo llegado a la crueldad. En el que ya ni se mira a los miles de refugiados que se traga el mar -5.000 en 2016 como mínimo- o a los que se abandona llegados a tierra. Manos pequeñas que abrazan el llanto inconmensurable del padre. Niños que ya no lloran. Un año que apesta a cerrazón y torpeza. A mordaza, la forma que el poder autoritario tiene que dialogar con sus inferiores. A trampa, fraude, plagio, mentira y manipulación. El año en el que fue estruendoso el silencio de las buenas personas, de muchas que creen serlo.

Amanece cada día

Pero la vida no sería soportable sin las luces que alumbran la marcha y nos hacen levantarnos cada día con ganas de emprender la jornada. Asideros que cada uno reconoce como suyos. Sin manida autoayuda. Mi propia retina se llena de mujeres que se alzan con muchos pesos a cuestas para luchar por los demás, mientras den de sí las fuerzas. O jóvenes generosos volcados en una idea sin otro afán que contribuir a un mundo mejor. O un general, al que el gobierno del PP cesó con deshonor por su opción política, leyendo un libro, solo en una silla, en medio de un tumulto de personas, focos y cámaras.

Y, frente a esa prensa, radio y televisión cortesanas tan dañinas para la sociedad, he vuelto a ratificar, a conocer y reconocer a periodistas insobornables, empujados a contar lo que precisan saber los ciudadanos, cueste lo que cueste. Como un mandato irremediable que impele a revelar lo que el poder no quiere que se sepa. A pesar de las represalias o de no llegar a los afectados, tan distraídos en otros menesteres.

El año de las voces que ya no se callan para lograr detener la pezuña mortal de los machistas y las lenguas viperinas de su coro de soportes, colaboradores necesarios. Violencia y más violencia. Y, enfrente, coraje, fuerza, honestidad, razón.

He visto, ustedes también, a artistas, actores, a la cultura que persiste y vuela sobre las dificultades. A los científicos que se multiplican por encima de la tijera para investigar y buscar soluciones. A personas que, desde cualquier ámbito, siguen intentando lo mejor para su familia y para ellos incluso en terrenos hostiles.

La muerte y la vida

Es cierto que la muerte se nos ha llevado mucho en 2016: personas y utopías. Lo primero es lógico, lo segundo no, aunque lo diga aquel concejal mastuerzo de Pamplona. El mundo que resucita la irracionalidad y la violencia da miedo, pero podría caer en su propia emboscada. Otras muertes significativas, deberían tomarse, como insistía José Luis Sampedro, en algo que forma parte de la vida. Me quedo, si me lo permiten, con las viñetas feministas de la pionera Nuria Pompeia, fallecida este mismo martes. Ese compendio de valores que constituye “Matar un ruiseñor” que nos dejó en herencia perpetua Harper Lee. Carrie Fisher, la Princesa Leia de Star War por ser mito de una generación a la que demostró que una mujer puede encabezar una rebelión y que no hace falta ser perfecta. Con el entusiasmo del solista del Coro del Ejército Rojo al cantar la jota de La Dolores muerto, según se ha publicado, al estrellarte el avión en el que viajaba con sus compañeros en Navidad.  Con el propio grupo que hace muchos años nos descubrió los Ojos Negros de Rusia. Con la creatividad de Bowie y Prince, con la prodigiosa voz de George Michel y con Leonard Cohen que nos acompañó en un buen tramo del trayecto, en caídas y empeños. A muchos.

Con los caminos que recorrimos juntos, las fronteras que traspasamos, los muros que derribamos. Las jaulas que, más que abrir, rompimos. Las sendas cotidianas. En los pasos que buscan la belleza, la dignidad y la justicia. No hay otra, excepto si no ves venir nada que no sea tu propio interés. Los años no son sino tramos de tiempo a convenir. Pero, atentos, porque ése al que llamaremos 2017 se ve venir. Y viene fino. El nombre por el que será conocido aún está por escribir.

*Publicado en eldiarioes

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