Mientras atendías al himno…

España vive un nuevo apasionado debate por sus esencias y sus patrias. Ahora con música, ministros de cultura y cultura de ministros, presidentes de partidos de derechas en función de gobierno y los coros habituales de apoyo a la moción y palo al disidente. Entretanto, hay movimientos decisivos -mucho menos entretenidos para el gran deporte nacional del chismorreo-, que cualquier ciudadano sensato debería tener en cuenta.

Luis de Guindos será vicepresidente del BCE. A los expertos les preocupaba que “los próximos altos cargos del BCE (…)  serán quienes lidien con la próxima gran crisis (…) los líderes europeos deberían elegir a los mejores”. Lo Explicaba Paul de Grauwe, de la London School of Economics, a Claudi Pérez en El País. La “próxima gran crisis”, anoten. La van anunciando. El sistema corrompido en el que vivimos se alimenta de esos movimientos. Cruje, y unos ganan y otros pierden. Sin importar las víctimas que orillan.

Los intereses han inclinado la balanza a favor De Guindos. En contra de la opinión del Europarlamento que prefería al candidato irlandés, Philip Lane. Doctor en economía por la Universidad de Harvard, profesor adjunto en la cátedra de Economía y Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia y actual gobernador del Banco de Irlanda. De Guindos es licenciado en economía por el Instituto de Estudios Financieros, CUNEF, en Madrid y Doctor por la Complutense.

El ministro del gobierno español carga en su maleta de marca haber sido el director para España y Portugal (y asesor para Europa) de Lehman Brothers, en el momento justo en el que quebró para ser históricamente la espoleta de la crisis que padecemos. Su gestión en España se saldó con recortes y mentiras. Los ciudadanos no íbamos a pagar nada del rescate y lo pagamos casi todo. El Banco de España dio por perdidos no menos de  60.000 millones del dinero públicoentregado para sanear el sistema bancario.

Así nos dirigimos a la “próxima gran crisis”.

Así y con una cadena de datos en España tan contundentes como indicadores de seria alarma.

Estamos con los bolsillos vacíos. Como país –amarillo y rojo y no pido perdón- con la Deuda Pública más alta de la historia y saqueando la hucha de las pensiones. La Deuda la han triplicado durante la “crisis”. La de la Seguridad Social creció más en 2017 que en los 22 años anteriores juntos.

 Como sociedad, con la tasa de ahorro bordeando el mínimo de su historia. El colchón se desinfla. Solo se ahorra un 6% de los ingresos, como media. Pero un 38% de los ciudadanos no puede afrontar ningún gasto extra. Los que ni les cabe encender la calefacción, ni hacer las tres comidas al día, parecen ya descontados.Y hay quien nada en la abundancia. La media se saca con todos ellos.

Los ingresos del Estado, vía recaudatoria, flaquean también y con manifiesta injusticia. En los impuestos han ejecutado una auténtica revolución en las últimas décadas. En este  recorrido que analiza Joaquín Estefanía vemos que desde los años noventa, ha habido un “desplazamiento de la carga tributaria desde las rentas del capital hacia las del trabajo”. Añadamos el consumo, con la espectacular subida del IVA. Los ciudadanos sostenemos el tinglado, con cada menos servicios a cambio. La evasión de capitales a paraísos fiscales goza, entretanto, de una salud envidiable.

Un panorama que afrontamos como país con sueldos cada vez más precarios. El asalariado medio español ha perdido, al menos,  347 euros de poder adquisitivodesde 2015. Y eso que al auténtico tajo se arrastra desde 2012, año en el que el PP implantó su Reforma laboral, aquella que, precisamente Luis De Guindo anticipó, satisfecho y haciendo méritos, en la UE como “ extraordinariamente agresiva“. Esto sí lo cumplieron. Ha arrojado un 26% de temporalidad y un 32% de asalariados cobrando el salario mínimo, entre otras pérdidas de derechos. Visto en millones, los contratos temporales han pasado de 12,8 millones en 2012 a 18 millones en 2017. Las mujeres y los jóvenes son quienes más lo sufren.  Casi la mitad de los contratos formativos actuales son de peones, camareros y dependientes, según CCOO.

Y, mientras, vuelven a inflar la burbuja del ladrillo. Los pisos para vivir se siguen diseñando como objeto de especulación y no como una necesidad social. Con algún matiz añadido.  La construcción de  vivienda de protección oficial se ha reducido un 93% entre 2007 y 2016. Los alquileres están por las nubes, sobre todo por su potenciación como uso turístico, caiga quien caiga. Los alquileres son mas caros que las hipotecas, dicen en las inmobiliarias. Pero las hipotecas exigen un compromiso de pago -so pena de desahucio-, que requiere un trabajo o unos ingresos fijos que, hoy por hoy, no se pueden asegurar. Ahora asistimos al boom de los autónomos, a los que aún se lo ponen peor en este punto.

Al mismo tiempo, no solo restan, sino que expolian servicios esenciales. La escuela pública ha vuelto a las  cifras de inversión de los años 80, como detallaba Antón Losada. “Tras sobrevivir a los recortes y a la precarización de los docentes, la escuela pública soporta una nueva oleada de acoso y abuso por parte de la vieja y la nueva derecha”, destacó Losada. Y ya ni se esconden.  Defendemos la educación concertada, claro que sí -de pago,  y subvencionada-  declara Cifuentes presidenta de la Comunidad de Madrid.

España ha perdido 12.000 científicos desde 2010 por los brutales recortes a la ciencia bajo la excusa de la crisis. Algunos por completo, se dedican a otra cosa.  Las empresas españolas, entretanto, invierten la mitad que la media europea en investigación.

Mientras atendías al himno, rojo y amarillo, para emocionarte o abochornarte, supimos por eldiario.es que la ministra Tejerina  frena en Europa una bajada de tóxicos en los fertilizantes. Fue alta directiva de Fertiberia, el mayor productor español de fertilizantes, que pertenece al grupo Villar Mir. El Gobierno se opone a que la nueva regulación introduzca límites de cadmio estrictos: “Nos sacaría del mercado”, dice un documento interno de Agricultura. Ni con la salud, se conmueven, no como con el himno de la exiliada fiscal en Miami Marta Sánchez.

Ese punto hemos de tenerlo claro. El negocio de la salud es un bocado muy apetecible para el sistema que nos gobierna y aplican políticas que lo favorecen como tal. La sanidad privada crece imparable a costa del deterioro del sistema público. La inversión en la sanidad pública cae 4.000 millones en 5 años. La sanidad privada ingresa 5.000 millones más. Entre 2009 y 2015.

 En el diario de la corrupción, tenemos hoy la declaración en juicio de uno de los grandes conseguidores de la Gürtel. ‘ El Bigotes’ apunta al marido de Cospedal y dice: “Venía a soltar ‘el mondongo’ y no le he visto en ningún banquillo”. Los espectadores del Telediario de TVE han recibido una versión muy recortada de la realidad, el marido de la ministra de Defensa no existe para la tele pública. En nivel presunto, surge  la número dos del PP de Málaga pagándose un máster y cenas de lujo con dinero público.

Los próceres del PP, inquietos por el ascenso en las encuestas de Ciudadanos, se dieron un buen homenaje hasta con carabineros y jamón de bellota en una comida, al tiempo que el PP pedía ahorrar para la educación de hijos y nietos y  para la pensión. Desde jóvenes incluso propugnan en un anuncio que los jóvenes empiecen ahorrar. Porque ya no se esconden. Es ideológico. Calculan que los jubilados perderán 350 euros al mes, a la larga, por las últimas reformas de pensiones.

La cultura oficial la tenemos en listón Marta Sánchez.

Ricos sí somos ahora, en recortes de derechos y demagogia. El Supremo acaba de confirmar la pena de tres años y medio de cárcel para el rapero Valtonyc, al que considera culpable de injuriar al rey Juan Carlos en sus letras. Lo que lleva a plantearse lo impropio de tal sentencia en un país democrático.

Todo esto y más pasaba mientras mirabas lo que se cotillea del himno. Los medios lo han ido contando, pero sin obtener el potente foco mediático y político del que disfrutan los temas viscerales. Aguanta Marta Sánchez. Sube puntos Anna Gabriel. Puigdemont es pieza fija.

Es para estar amarillo de ira y rojo de vergüenza.

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Forges, ha muerto uno de los nuestros

No, no, veréis, no nos contéis que Forges es Trending Topic, ni cuántos políticos, famosos  y “celebrities” –hasta eso he leído- le despiden y le rinden homenaje. Entre los que citáis hay muy mala gente y Antonio Fraguas de Pablo era un hombre realmente bueno. Era de todos. Viendo las reacciones a su muerte lo que realmente se puede constatar es que era muy querido, porque era uno de los nuestros. Millones de españoles están conmovidos, sintiendo su propio duelo. Se palpa el dolor, casi el desamparo por su ausencia, pero tanto o más el amor hacia este hombre que, además de ser uno de los grandes humoristas españoles, lo sentimos tan nuestro.

  Llamaban a la Cadena SER esta madrugada desde distintos puntos de España hablando de su propio Forges. Como de alguien cercano, que se ha ido. Le paraban en la calle, le pedían que dibujara temas, le contaban que sabían por dónde apuntaba la actualidad al ver su viñeta. Y el día se sucede con el recuerdo de cuantos se sintieron apoyados por el gran Forges. Es difícil encontrar tal amplitud de colectivos sintiendo que Antonio hizo algo por ellos.

Los refugiados, a los que dedicó, dicen, “un recuerdo constante”.

Muy tristes por la noticia del fallecimiento de Antonio Fraguas de Pablo . Siempre nos quedarán sus viñetas y su recuerdo constante a los .

¡No olvidemos nunca!

Los perseguidos, los encarcelados por defender los Derechos Humanos en regímenes autoritarios, como resalta Amnistía Internacional.

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Ay …cuánto te echaremos de menos. Gracias por tu compromiso, por tu imaginación, por tu pluma siempre dispuesta a la denuncia, la solidaridad y la compasión. Que la tierra te sea leve amigo. (Las imágenes fueron su regalo para gente que lucha por los DDHH

 Gran amigo del medio ambiente decían desde Greenpeace.

 

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Nuestro más sentido pésame por el fallecimiento de , un gran amigo del medio ambiente. Recibió nuestro premio Artemio Precioso y nos regaló ilustraciones maravillosas como esta

Los amantes de los animales y quienes detestan la tortura.

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PACMA

 

Nos ha dejado el maestro . Su humor y su ingenio también ayudó a los animales. ¡Gracias por todo!

Sus compañeros, desolados.

Yo también le conocí hace muchos años. Primero fue una sonrisa que se dibujaba en el control de los Telediarios de TVE aún en Prado del Rey. Antonio Fraguas era mezclador de sonido y ya dibujaba. La televisión creó como un vínculo. Por entrevistas que procuraba no rechazar sé que era feminista desde el principio. “Teníamos que ir nosotros con nuestras mujeres a buscar recetas de la píldora anticonceptiva o conseguirla en las farmacias”. En aquellos negros años en los que estaba prohibida y se prescribía con eufemismos.  La mayoría de los hombres no se implicaban en esto bueno pues ya, evidentemente.

  Siempre crítico con el poder, con  la corrupción en particular. Las manos del trinque salían por todo el cuerpo de los depredadores de lo público para arramplar más. La tortícolis, que precisaba tratamiento médico de tanto mirar para otro lado. Siempre con ese tono amable que calaba más que un grito.

Fue uno de los primeros en detectar el nivel de hartura de la sociedad, siempre estuvo con los pies en el suelo y los ojos abiertos.

Una de sus últimas batallas fue pedir que no se les quite la pensión a los autores jubilados. Vamos a ver si las condolencias de los poderosos satisfacen esa reivindicación, porque hechos son amores como el mismo Forges diría.

Ha muerto uno de los nuestros y así lo sentimos millones de ciudadanos. El tiempo es limitado. Creo que tuvo una vida que supo hacer feliz, y una familia envidiable tan maravillosa como él. Ha muerto con la naturalidad con la que vivió. Y consuela pensar que todavía hay seres que despiertan cariño sincero como ocurre con Forges. Y que fue un placer tenerlo entre nosotros. Nuestro país sería muy distinto con más Forges y menos vándalos.

 

Con portavoza o sin ella, la caverna marca el debate nacional

Lo han vuelto a hacer. Los jefes de pista del gran tinglado saben cómo mover la batuta para que el personal baile al ritmo impuesto. La “portavoza” de Irene Montero se ha situado en el top del debate desplazando noticias de auténtica envergadura. Ni la peligrosa apuesta por la ampliación de la cadena perpetua, o la lucha por el liderazgo más escorado a la derecha entre PP y Ciudadanos o los nuevos vientos de las pensiones han ocupado tanto espacio informativo como una palabra. Han salido expertos lingüistas en cada esquina del país, defensores del purismo de la lengua en cada conversación. Hay que llevar a Montero a la hoguera,  la estupidez elevada al cubo, la nueva cruzada del odio nacional.

Sí, sí, voz ya es un vocablo femenino y no necesita una “a” más para ser portada por una mujer. Personalmente es lo que prefiero pero no estamos en ningún debate lingüístico. Cada hito de esta carrera sangrienta sirve de catalizador del lamentable estado de nuestra sociedad.  Por la pureza del lenguaje, matan… pero no siempre. Casi nunca en realidad. ¿Se dedicaron editoriales como ahora, artículos y columnas, tertulias, insultos mediáticos de grueso calibre, cuando el escritor Arturo Pérez Reverte extendió el uso del término “feminazi” que tomó prestado de otro gran machista?  La defensa de la pureza del lenguaje es tan selectiva que parece  ideológica y de clan.

En 2001 la Real Academia de la Lengua se echó al monte de la modernización e introdujo 32.000 novedades, con nuevas palabras y retoques de muchas otras. Entonces fijó y dio esplendor al español con términos como guay, jope, kit, set, gay, flipar, master, talibán, zapear, pasota, tapear, currante o tropecientos. Pues bien, de los tropecientos expertos del país la mayoría debió encontrar todo muy guay porque no se llenaron los medios de críticas. Nadie buscó la raíz ortodoxa del guay, el jope o del kit.  Ni se reivindicó siquiera la españolidad perdida en el Real Diccionario de web, hardware o software.

Les diré más, en la constante renovación de sus contenidos la RAE le dio otro buen meneo al esplendor del lenguaje en 2010. En esta ocasión introdujo abducir, alcaldable, buñueliano, rojillo, cultureta, espray, festivalero, grafitero, homófobo, oenegé, sobao, sostenibilidad, antiespañol, muslamen, obrón o jet lag, entre otros. Veamos, el “muslamen”,  muslos de persona, es “preferente los de mujer”. El obrón es una obra de gran envergadura, tal cual de elegante. El antiespañol, un contrario a todo lo relacionado con España, a todo, en un pack. Y, ya ve, el sobao es, solo, un bizcocho.

¿Dónde estaban los lingüistas expertos, los talibanes de la pureza idiomática? ¿Cuántas  vestiduras llevan rotas antes de hacer jirones las de hoy por la “portavoza” de Irene Montero? Porque otra razón no habrá, ¿verdad? Me temo que sí, que hay otras.

La RAE, con sus vetustos académicos dentro, se negó a cambiar incluso en sus revolucionarios acercamientos al sentir popular, algunas acepciones muy concretas. Les citaré varias que todavía hoy permanecen.

Cualquiera: Mujer de conducta moral o sexual reprochable (precedida de una).

Mujer fatal: 1. Mujer seductora que ejerce sobre los hombres una atracción irresistible y peligrosa.

Mujer mundana: 1. Prostituta.

Mujer pública: 1. Prostituta. Hombre público: 1. Hombre que tiene presencia e influjo en la vida social.

Hombre bueno: 1. Hombre que actúa como mediador en los actos de conciliación.Mujer buena: No existe en el diccionario. Sí está buena mujer o buen hombre, que nos dicen en la RAE es la forma de “llamar o dirigirse a un desconocido”. Esto sí que es seguir el pálpito de la calle en el siglo XXI.

Mujerzuela:  2. Mujer perdida, de mala vida. Hombrezuelo no existe.

Perra: 6. Prostituta.

Zorra: 7. Prostituta. Zorro: en las ediciones más recientes ya es persona muy taimada, astuta y solapada. Hasta hace poco solo era el hombre el zorro astuto.

Fácil, un adjetivo que también selecciona, así textualmente:

4. Dicho de una persona: Accesible en el trato.

5. Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales.

¿Ustedes  creen que las hordas vengadoras del uso de “portavoza” no lo saben? Los jefes de pista con seguridad, los enfervorizados seguidores ya es más dudoso.

La portavoza tapó un bochornoso debate en el que la ministra Fátima Báñez llegó a negar que hubiera brecha salarial entre hombres y mujeres y sacó sucias armas para invalidar a la portavoz de Unidos Podemos. Tan machistas como todo el contexto. La prensa concertada, los guardianes de las esencias de la involución, imponen la agenda informativa y cuando los ojeadores olisquearon la carnaza de la palabra “portavoza” se llenaron de júbilo.

Unas y otros, más otras y unos, nos pasamos la vida achicando agua de los torpedos que lanza la Caverna. Y lleva su tiempo. Desplaza temas fundamentales. Aunque éste también lo es. No, como vemos, lingüístico, sino ideológico, político, del que a menudo resulta ser cómplice y cobertura de la corrupción.

Portada de ABC el 10 de febrero de 2018
Portada de ABC el 10 de febrero de 2018

Ya ven, no tuvo otra portada mejor que sacar ABC que con cinco escritoras enjuiciando la “portavoza” en lugar de contar a sus lectores la realidad que les preparan con las pensiones que los van a dejar tiesos. Ni estas escritoras pudieron llegar a una elección mejor para implicarse que en el objetivo de ABC a toda portada. Extraña en algunos casos, en otros no.

Lo más trágico es precisamente la complicidad o el seguidismo en estas tareas de involución y siembra de odio interesado. Una palabra, errónea o no, es nada en el contexto del gran fiasco que padecemos. Nadie en su sano juicio le daría ninguna prioridad. Y sobrecoge que personas que se dicen progresistas se sumen al linchamiento de Montero porque “lo uno no quita lo otro” y “ha sido un error”. Pues vale, si tanto les arde en su conciencia, se lo dicen en su justa proporción y ya está. “Les da argumentos a la derecha”. Esto es lo peor. El espíritu servil que acepta la tiranía y evita molestar al abusador para que no siga pisando. Mira que citan a Rosa Parks y olvidan una frase esencial que dijo: “Cuanto más cedíamos, peor nos trataban”.

En aquel zafarrancho de limpieza de la lengua que organizó la RAE en 2001 suprimió por arcaica una palabra de origen aragonés: Fematero. Era el recogedor de basuras. No vendrían nada mal unos cuantos miles de femateros y femateras. Y un poco más de criterio.

 
 

Rajoy, un presidente normal para un electorado normal

Mariano Rajoy ha vuelto a sacar del fondo de armario el concepto “normal” que nunca le ha fallado hasta ahora entre sus votantes normales. Gentes toda ellas con un “sentido común”: el de la normalidad de la derecha española. Común, normal, frecuente, ordinario,  general, universal. Como el Barón de Claret, ministro Portavoz, o la Condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre por su casa, a la que le acercan los pies a los juzgados para responder de alguna de las tramas de corrupción de su partido. Lo normal, en el PP.

Sin irnos tan lejos, García Albiol, defenestrado en Catalunya, encuentra que no está a la altura del cargo quien suena para la presidencia de la Generalitat: Elsa Artadi, Doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Harvard. “Esta señora no ha demostrado nada”, dice el líder popular. Para precisar a su jefe, Mariano Rajoy, que urge a buscar un presidente “normal”, porque, en caso de que no le parezca normal a él, mantendrá el 155. Lo normal en una democracia.

En España ya llevamos dos legislaturas con un  presidente normal llamado Mariano Rajoy. Más los previos de toda su carrera política con hilillos de plastilina y una catástrofe ecológica incluidos. En su mandato ha recortado hasta en medicamentos de uso común como antiácidos –por mano de la Señora del Confeti Ana Mato- porque una ciudadanía con ardor de estómago conoce mejor el valor de lo normal. Aquel medicamentazo del que tan poco se habla tenía ese único objetivo: fastidiar porque de ahorro, nada de nada. La normalidad de Rajoy y sus lugartenientes en las CCAA se llevó ciencia, cultura, educación, sanidad, ayuda a la dependencia, a la lucha contra la violencia de género. Lo normal. En el PP.

Lo mejor es que todavía queda bastante de dónde tirar. Un consejo de ministros el de este viernes destinado a dar satisfacción a los sentimientos de su electorado normal. A esta gente le gusta la Cadena Perpetua –que esto es la Prisión Permanente Revisable- y extendida a más delitos. Aunque no sirva como disuasión – lo argumenta Ignacio Escolar al detalle– la venganza satisface a un determinado tipo de personas normales versión PP. España tiene una larga tradición en los placeres de este tipo. El desollamiento de infieles en los gloriosamente normales tiempos de la Inquisición parece que fue muy reconfortante. Por cierto, como siga en vigor el delito de blasfemia en esta normal democracia española del Siglo XXI, podríamos volver a reeditarlo. Ni siquiera es constitucional ahora, como explica Joaquín Urías, ex magistrado del TC.  Pero si la quiere la gente normal del PP está todo dicho. O la lapidación que también descarga muchas tensiones en los que arrojan la piedra.

Las pensiones están sentenciadas. El saqueo de la Hucha de reserva, tan ideológico, es solo un síntoma pese a su magnitud.  El gobierno ha decretado medidas nada inocentes este viernes. Un plan de estímulo para fondos de inversión, tal cual, a los que reducirá comisiones para apoyar a bancos y usuarios con la capacidad económica de suscribirlos. Los nuevos pensionistas-si llegan a serlo- cobrarán cada vez menos. Hasta el 30% según algunos cálculos. Por eso el presidente normal del gobierno ha dicho que vaya pensando el personal en hacerse un plan privado sí o sí. Lo reiteran a menudo en todas las voces, pero ahora ya lo presentan como inevitable. En EEUU ya van por los  79 años para seguir subsistiendo trabajando en minijobs.

Lo “normal” es hacerse un plan de pensiones. Solo que la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede afrontar ese gasto.  Únicamente  el 25,7% lo hacían en 2013, al inicio de la precarización más brutal, según el libro de dos economistas solventes: Juan Torres y Vicenç Navarro. Y no va a mejor. A 3,90 euros están pagando la hora en España, contaba Laura Olías en eldiario.es, ahorre usted así para el plan de pensiones y para el resto de los gastos. En aumento, con las privatizaciones y copagos. Los votantes normales del PP -pensionistas, el grueso de su electorado- se niegan a ver las evidencias, al parecer, o algo les compensa.

Vayan ahorrando también para la educación de sus hijos y nietos. Lo normal en los nuevos tiempos. Cifuentes acaba de  regalar suelo público para un colegio en el que habrá que pagar.  Es la tónica. Y el normal apoyo a la ideología de la desigualdad. La Comunidad de Madrid se sitúa en cabeza de Europa, solo por detrás de la Hungría de ultraderecha oficial , en segregación de escolares. Los ricos con los ricos, los pobres con los pobres. Con ayuda de dinero público en muchos casos. Y gracias. Ahorre para el futuro, lo anuncia el Presidente normal.

Rajoy, Sáenz de Santamaría, Báñez, De Guindos, Cospedal, Zoido, Casado, Hernando, son la normalidad del PP que valoran sus votantes. Y Cañete, Camps, Wert, Mato, Soria, Celia Villalobos, viviendo aún de las rentas en mayor o menor grado. Los mejores, será, de esa derecha española tan normal.

Los votantes del PP son capaces de tragar y apoyar una corrupción que salpica con su mugre en cada nueva declaración de sus propios autores. Avalan la educación clasista aunque procedan de capas con escasos recursos y se lo pongan más difícil a los suyos. Se da ese nivel. Sustentan la precarización y privatización de la sanidad. Ni con la salud cejan en su cruzada. Engullen sin problemas las mentiras flagrantes, el uso partidista de la justicia. El borrado y machaco de los ordenadores de Bárcenas y que la Fiscalía diga que no es delito en contra del criterio de jueces. Son personales normales, tan normales como Rajoy.

Se diría que al electorado del PP con un buen palo al que se desvíe de su normalidad y unos cuantos whatsapps de escarnio para enviar a las amistades ya les compensa. Convierten en asunto nacional cualquier estupidez. Aunque, entretanto, se dejen saquear y propicien el saqueo de todos. La educación en valores ha fallado ostensiblemente en España bastante más que la gramatical, que también.

Lo anormal -tras décadas de mayor o menor progreso- es salir como la gente del PP. Pero no desviemos la atención de lo esencial. Un votante puede equivocarse –al punto de creer que es normal lo que hace el partido al que entregaron su confianza-, pero los auténticos responsables de este escarnio son otros. Son los políticos y medios que secundan la profunda anormalidad en la que vivimos. Aquellos, entre los periodistas, que ofrecen una visión distorsionada e interesada de la realidad. El PP que calla y otorga desde todos los puestos de poder y quienes se auparon en las elecciones prometiendo que nunca apoyarían un gobierno de Rajoy. En este caso, Pedro Sánchez y Albert Rivera. No solo lo mantienen en La Moncloa sino a todas las leyes regresivas que uno o los dos anunciaron revocar. Los que siguen subiendo y bajando en los sondeos ante una ciudadanía desconcertada que ve desmoronarse sus pilares sin saber cómo afrontarlo.

 

*Publicado en eldiarioes 9/02/2018 – 

El tiempo de los idiotas

rajoy.avion.baltar

Mariano Rajoy en Avión, Orense, durante una campaña electoral

José Carlos Lorenzana es minero, uno de los que anduvo hasta Madrid en aquella histórica marcha de 2012. Llegó a ser alcalde de su pueblo, Pola de Gordón (León). Luego vendrían las decepciones y la dimisión. Íntegro, coherente, enorme luchador, formuló una inquietante pregunta tras leer que la Fiscalía pide no juzgar al PP por el borrado de los ordenadores de Bárcenas: “¿Quién de vosotros estaría dispuesto a sacrificar su carrera profesional, y probablemente su vida familiar,por combatir algo, la corrupción, que dos tercios de los españoles justifican y ven bien?”

La cuestión nos martillea de continuo a muchos, la oímos a menudo, la vemos en los comentarios a los artículos . Les votarán igual, la mayoría ni se molesta en leer reflexiones que quedan para un sector de concienciados de antemano.  El dopaje que proporciona la corrupción altera los resultados electorales y, dentro de ella, la formidable máquina de apoyo a la propia corrupción del sistema. Pero es cierto que tenemos un problema. Los motivos de preocupación son fundados. Está adquiriendo caracteres de plaga, al punto que se busca cómo tratarla. Nos enfrentamos a la creciente influencia de los idiotas.

El concepto de “idiota” nació como una definición. En la Antigua Grecia. Describía a una persona egoísta y que se desentendía de los asuntos públicos. De ahí vinieron los añadidos peyorativos, la torpeza y cortedad de entendimiento, porque quien descuida su papel en lo común ha de saber que alguien lo hace por él. Muchas veces en contra de sus propios intereses y no existe ineptitud mayor.  Las evidencias del masivo ascenso de los nuevos idiotas son abrumadoras. Todo el sistema aboca a este modelo. De hecho algunos ya han llegado a los gobiernos y desde luego al staff directivo de periódicos. Multiplicando por esporas cada día el crecimiento del fenómeno.

Ya se hacen estudios y se esbozan manuales para tratar con los idiotas, aunque no los llaman exactamente así.  Nos están hablando de personas que se mueven por emociones y rechazan los argumentos, pétreas ante razonamientos, aunque les muestren su error. Seres irracionales, por tanto. Hace unos días el periodista científico de El País Javier Salas publicó un exhaustivo trabajo sobre el tema que titulaba: ¿Por qué no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados?Los datos contrastados convencen menos que los mensajes emocionales. Diversos estudios revelan las limitaciones de la razón, añadía. En algunos individuos más que en otros, eso es notorio, pero en número creciente.

Están y proliferan ya en múltiples campos.  Un informe europeo saca los colores a la sanidad en España por sus listas de espera y su excesiva dependencia de la privada. Noticia de hoy, y de todos los días desde que el PP y sus correligionarios convirtieron nuestra salud en un botín o al menos en objeto de lucro. Ha ocurrido ante nuestros ojos: nos han ido vendiendo parte de la sanidad. Con la connivencia de millones de votantes incapaces de relacionar hechos con consecuencias. Ya se advierte que hay pacientes de primera y de segunda para enfermedades caras. Si le cae un cáncer a un precario lo machaca doblemente. Y tiene culpables.

Los idiotas directos se ven desde lejos. Los antivacunas –que cita Salas- son capaces de poner en riesgo la vida de sus hijos, de perderlos en esa apuesta.  Y de ponernos en peligro a todos. Tras la homeopatía, avanza ahora la curación mental del cáncer que divulgan algunos pregoneros de la irracionalidad.  Y lo asombroso es que encuentran sitio en auditorios públicos, en Universidades, para impartir su palabrería. Acabamos de asistir a la sentencia judicial que exculpa a un curanderode la muerte de un chico con cáncer que, por su consejo, abandonó la quimioterapia. Al final, fue consciente de la brutal equivocación. Su padre se está empeñando en alertar del peligro a otros.

Con idéntica actitud, millones de personas ponen en riesgo su estabilidad, su futuro, sus vidas también, por sus decisiones personales. Los expertos consultados por Salas, los que lo analizan en otras publicaciones, coinciden en que un gran número de personas están dispuestas a creer lo que quieren creer y guiados tan solo por sus emociones. Lo que en sociología se llama “percepción selectiva”. Unas orejeras que borran lo que no les interesa.  Nada les hace cambiar de opinión, a no ser la persuasión –con múltiples cautelas para que no se replieguen recelosos- de alguien que se haya ganado su confianza. Emocionalmente. Estamos en estas manos.

Este viernes, en la tertulia de Hoy por Hoy en la Cadena SER el periodista Antón Losada se esforzaba con paciencia infinita en hacer comprender a una tertuliana -que se presenta como periodista- que existían otras vías para la recuperación que la precarización de los trabajadores. ¿ Y dónde está escrito? ha respondido en un reto tras varios cortes similares. Fuera de ideologías es inadmisible la presencia de una indocumentada para hablar en serio, decenas de libros le ampliarían el campo del conocimiento, pero se mostraba tan impermeable como el prototipo del que hablamos. Las tertulias indiscriminadas han hecho un daño inmenso. No está en el mismo plano la realidad y la mentira, ni los argumentos fundados y las creencias.

Salvo excepciones, una sensible diferencia separa a los idiotas de sus líderes, guías o gurús. Sea un político, un tertuliano, o un vecino. Ellos dan discursos precisos para objetivos precisos, nada emocionales, aunque lo parezca. Tienen mucho más claros sus intereses que aquellos a los que manejan. La comunicación masiva ha reforzado y aglutinado a los idiotas. A los dispuestos a creer ciegamente, por ejemplo, que la culpa de sus males es de los inmigrantes y cuanto les quieran inocular. Numerosos estudios reflejan que este tipo de personas son un campo abonado para los bulos. Y crecen, tanto los bulos como quienes los tragan.

Trump acaba de hacer un discurso del Estado de la Unión con “medias” verdades que es la perfecta definición de las mentiras completas. Él y su equipo hablan de “hechos alternativos” cuando dan datos falsos, Y así mientras Trump lanza una reforma fiscal que favorece a los más ricos, arenga a sus seguidores con la América que sueñan, porque así la quieren y la ven sin importar que sea cierta.

Italia se prepara este domingo a sacar las urnas en unas elecciones complicadas. Los partidos tradicionales se han ido a pique en las encuestas, también en Italia; es la tónica, fruto de sus errores. Matteo Renzi, el deseado centrista italiano, está en las últimas. Encabeza los sondeos el Movimiento 5 Estrellas de Bepo Grillo, ya sin Bepo Grillo. Pero -lo contaba Sagrario Ruiz de Apodaca, la corresponsal de RNE – los jóvenes se desentienden de la política y creen, no sin razón, que los políticos no resolverán sus problemas. Sus problemas. Lo común, lo público no les interesa.

En España es el tiempo de los cuñados, de los que todo lo saben sin saber nada, que es otra de las acepciones del idiota de todos los tiempos. Esponjas y ecos de miles de tópicos. Los que tienen miedo al frío y al calor, según toque, y otorgan su confianza a quienes les mienten y saquean como es fácilmente comprobable.  El personaje de buen simplón tranquilo que interpreta a Rajoy le funciona de maravilla entre sus adeptos. Como la campechanía de Aguirre en su día. Los políticos de la derecha en particular conocen la eficacia de un casting adecuado: el bocazas busca broncas, la listilla, la divina de la muerte, el eficiente y cumplidor ejecutivo. Con obtener más votos que el siguiente ya sirve. Y el marketing lo sabe: es el tiempo de potenciar a los idiotas, de quiénes eligen serlo, obcecación inamovible, insolidaridad manifiesta.  Incapaces de reconocer a su verdugo nublados por la devoción que le profesan.

La fidelidad al PP está en  el nivel que explicó Donald Trump para los suyos: “Podría pararme en la Quinta Avenida y disparar a alguien y no perdería ningún votante”.  Se han parado ya, disparan a las pensiones, al empleo, a la decencia en grado sumo. El PSOE, pese a su caída, mantiene también adhesiones inquebrantables y acríticas. Y entretanto, según dicen, Albert Rivera asciende diciendo “ Sr.golpista y prófugo…” e Inés Arrimadas acude a una entrevista sin saber cuáles son las reivindicaciones feministas del 8 de Marzo, vive sin saberlas. Dice que le parece que no las comparte porque van contra el capitalismo, pero que lo tiene que ver aún. Luego lo confirma: el feminismo hace daño al capitalismo. Miles de electores se identifican con ellos. Con Podemos el sentimiento de rechazo inducido ha funcionado.

Donde realmente triunfa la pasión como guía es en el desafío secesionista. Algunos dejarían su vida en el empeño sí sirviera para aplastar al orgulloso catalán. De hecho lo están haciendo, al permitir en nombre de su odio que les roben tantas cosas. Que nos roben a todos tantas cosas. He escuchado personalmente que se culpa “a los catalanes” hasta de las carencias sanitarias de la otra punta del mapa.

Telediario 1 TVE
Telediario 1 TVE

 La campaña intensiva y permanente de los medios ayuda. El telediario de TVE ha abierto este viernes con el supuesto chalet de Puigdemont en Waterloo como segunda noticia, tras el temporal, resaltando cómo había ironizado “el gobierno” con el alojamiento del depuesto President. Ya hasta los chistes del PP son noticia estelar. Aunque lo haya  desmentido su entorno.  Numerosos medios le han dado similar tratamiento.

En el fondo es la reacción –visceral – a un enorme desconcierto. Llama la atención del visitante exterior la proliferación de banderas españolas en las fachadas, incluso en barrios obreros con múltiples víctimas golpeadas por lo que llaman la crisis. Se diría que buscan un paraguas, un amparo, un sentimiento de pertenencia. Emocional. Sin premisas lógicas. Quienes manejan el tinglado, quienes se aprovechan de él, mantienen la cabeza mucho más fría. Saben cómo estimular a quienes se mueven con la pasión aparcando su cerebro.

Un mundo exclusivamente lógico y matemático sería invivible. Las emociones abren caminos, ayudan a explorar horizontes, acortan el proceso a las soluciones, hacen vibrar, moverse, activan el motor de la acción, de la creación. Pero, por si solas, no servirían como base de funcionamiento para ningún país. Y menos éstas que han poseído a grandes sectores de la sociedad, tan pueriles e inmaduras. Odio, me gusta, fulmino, creo. Ay, el creo.

Si el remedio es la persuasión, el guía que encandile en este maremágnum de intereses, mal vamos. Cuesta asimilarlo, pero está pasando: hay una influencia decisiva de seres que obran postergando la racionalidad. ¿Adónde conduce esto? ¿Qué le decimos a Zana y a todos los demás? ¿Qué nos decimos a todos nosotros?

¿Y saben qué? Todavía hay millones de personas que lo siguen intentando.  ¿Será otra forma de ser idiota?

 

¿Y si el fin no es la unidad de España?

Pablo Casado, cualificado portavoz del PP, avisó a Roger Torrent con toda claridad: “tiene dos hijos y sabe a qué se atiene”.  Este ha sido uno de los más chirriantes solos de trompeta en la fanfarria que culmina la gran ópera bufa de nuestra democracia, ahora en cartel. El presidente del Parlament, en la encrucijada establecida para la investidura de Puigdemont, ha decidido aplazar la sesión. Sin ceder. Quiere una toma de posesión con garantías pero el Constitucional se ha ratificado en los requisitos impuestos. Torrent ha sido rotundo en la idea central: “Ni la vicepresidenta Soraya ni el TC decidirán quién tiene que ser el President de la Generalitat”, ha dicho. La tensión es ya mucha, y por la tarde se han producido incidentes aislados en el acceso al Parlament.

Plumas, teclas y micrófonos hacían guardia desde primera hora de la mañana.  Desde hace muchos días, en realidad. Salvo a los más adictos, tienen al personal agotado. En Radio Nacional de España hablaban de “la corresponsal en Barcelona”, la “corresponsal” en ese país extranjero. Un tertuliano advierte de que, como insistan con Puigdemont, “volveremos a tener que aplicar el artículo 155”. Volveremos.  Como las oscuras gaviotas que nunca abandonan el nido. La idea dominante situaba este martes como un día terrible para la democracia, un día más. Y como principal problema de los españoles, Catalunya. Con una sociedad rehén, está arrastrando por el suelo el prestigio del país, oigo. El Gobierno y los partidos que sustentan al Gobierno se manifiestan en parecidos términos.

Volvamos al balcón donde anidan las oscuras gaviotas. “Tiene dos hijos y sabe a qué se atiene”. La amenaza de Pablo Casado suena a problema grave. Claro que también dijo que Puigdemont podía acabar como Lluís Companys [fusilado], y no pasó nada. En los últimos días hemos asistido a una escalada insólita de la desvergüenza, como gran colofón a una obra largamente trabajada. Cada nota es de una seriedad extrema.

Tras filtraciones de la operación, El País confirma que algunos ministros, el propio Rajoy, y, desde luego, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría  llamaron a miembros del Tribunal Constitucional para “trasladarles lo grave que sería investir a Puigdemont”. La separación de poderes saltaba por los aires, con ella suele ir el Estado de Derecho, y apenas nadie se inmutó. “Estamos asistiendo -de la mano del TC- al nacimiento del ‘derecho constitucional del enemigo’. La idea es que frente a quien desafía al Estado no rigen las normas estatales y cabe cualquier acción que lo frene políticamente. Aunque sea inconstitucional”, escribía el profesor de la materia y antiguo letrado del TC  Joaquín Urías.

Hagamos una salvedad: el Tribunal Constitucional dejó de ser un órgano exclusivamente consultivo desde 2015, cuando el PP le otorgó con su mayoría absoluta poder sancionador, una revolución jurídica, se dijo. Casualmente, puso al frente al magistrado Pérez de los Cobos, el mismo al que quería estos días colocar en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde han de verse recursos a actuaciones del gobierno del PP, también desde Catalunya. La jueza homófoba que logró el puesto -mintiendo en el currículo- alegó que este candidato trabajaba para el Gobierno de España. Luego supimos que  el Constitucional elaboró ‘a posteriori’ los fundamentos jurídicos de la decisión sobre Puigdemont. El prestigio de España está con todo esto que da gusto verlo.

Las llamadas del Gobierno al Constitucional, lejos de provocar un clamor de indignación, han sido alabadas por quienes están siempre dispuestos a estos menesteres. Se diría que aplican el principio maquiavélico según el cual “el fin justifica los medios”. El fin, aparentemente, es preservar la unidad de España. Sin atenerse a molestos requisitos legales. Sin tener en cuenta los votos obtenidos por la opción independentista en Catalunya. Para un demócrata, la propia democracia es un bien superior en sí misma. Ya no es hora de hablar cuánto se hizo mal en este camino, el fraude que supone que el PP, hoy en el Gobierno, se ponga a recoger firmas para declarar inconstitucional el Estatut aprobado por los ciudadanos. Ese que ahora añoran algunos que ayudaron a hacer crecer esta enorme madeja. Supuestamente ese es el fin, pero permítanme que lo dude.

Al mismo tiempo, y en pleno juicio Gürtel, nos salta la Fiscalía pidiendo que no se juzgue al PP en el caso de los ordenadores de Bárcenas en aplicación de la doctrina Botín. La Fiscalía no ve delito en borrar 35 veces su contenido ni en el contenido que no conoce a través de la investigación por el simple hecho de que lo han hecho desaparecer. El Ministerio Fiscal tiene entre las misiones que lo definen “promover la acción de la Justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público”. Y tampoco pasa nada. No protesta la gran familia por los daños causados a la imagen de España. A la realidad de España, a su democracia.

Entretanto, el Tribunal Supremo -que también ha de decidir sobre denuncias contra el Gobierno- conoce nuevos nombramientos, entre ellos el número dos de Gallardón y un ex senador del PP.  En la línea de lo que viene siendo la tónica.

La labor que dirige Mariano Rajoy cubre un amplio espectro. Acabo de leer en eldiario.es que la nueva Ley de Contratos del Sector Público para poner coto a prácticas que facilitan la corrupción eleva del 10% al 50% los sobrecostes permitidos en contratos como los de las mordidas de Gürtel. No hay más preguntas, señoría.

El Rey Felipe VI tampoco se ha pronunciado sobre estos graves asuntos. Nos cuentan los cronistas que en Davos saludó al magnate asiático Lim Boon Heng, a quien quería conocer. Es el presidente de Temasek, uno de los fondos soberanos más grandes del mundo que opera desde Singapur y que  declaró a periodistas españoles: “Espero que Catalunya esté bajo control”. Bajo control.

Este 30 de enero, en su 50 cumpleaños, Felipe de Borbón ha sido homenajeado efusivamente por los medios afines. El País nos servía la gran frase del día como estímulo para empezar la jornada:

“El Rey no se presenta a las elecciones, pero eso no quiere decir que no esté sometido al escrutinio de los ciudadanos. La Casa del Rey sondea regularmente el estado de la opinión pública”.

Tranquiliza mucho. Un escrutinio de uso interno sin consecuencias. Quizás para lanzar o no los vídeos familiares con almuerzos entrañables. Eso sí es que someterse a un escrutinio, no me dirán. A la misma hora sabíamos que laAudiencia Nacional ha condenado a un hombre por llamar corrupto malparido al rey Juan Carlos en Facebook. Se le ha encontrado culpable de injurias a la Corona que pueden atentar contra la paz social.

Casi a la vez Rajoy decía que lo más sensato es proponer un candidato limpio en Catalunya. Predicando con el ejemplo. Y que “por encima de la ley no hay nada”. Salvo algunas cosas. Muchas, como vemos.

Donde haya sondeos, que se quiten las urnas. No dan más que problemas a estas buenas gentes que mandan, si a los ciudadanos se les ocurre votar lo que no les gusta. Ciertamente, con el apoyo de partidos muy concretos, corresponsables por tanto. Y de millones de personas a quienes se supone que al menos conocerán la razón de sus prelaciones. En estas circunstancias, a ver qué sociedad es rehén de qué. ¿De Catalunya? ¿De Puigdemont?

Y ahora díganme: ¿de verdad creen que lo que se dilucida de forma prioritaria es la unidad de España?

 
 

Jack El Destripador como método de diagnóstico

Puigdemont, Catalunya, legalidad, PP, millones, Catalunya, Puigdemont, Puigdemont, imperio de la ley, millones, PP, PSOE, Ciudadanos, jueza homófoba, millones, empleo, legalidad, millones, PP, Puigdemont.  La cantinela suena en nuestros oídos de la madrugada a la noche.  Como una letanía se repite en un eco interminable de sonidos y textos. Interpretada desde la severidad de una maestra de escuela en el Telediario 1 que se torna júbilo en el “PP, ora pro nobis”, a la gomina de sus tertulias.

Agrias, justicieras, censoras, superiores de nacimiento en las ondas de las radios, la sorna mal disimulada entre los aposentados en la derecha de todas los televisiones.  Salta de ellas al papel, a las ondas de voz y de regreso a las pantallas de la temible red. Puigdemont, Catalunya, PP, millones, millones, we are the best, siempre the best, a por ellos. Agua, por favor, un vaso de agua.

Dice la magistrada Elósegui que el tribunal de Estrasburgo debía elegir entre un juez al servicio del gobierno y ella que es neutral. Neutral y homófoba. Y machista y retrógrada.  A veces la disyuntiva ni siquiera es tal y viene todo junto en el mismo paquete. Ése es nuestro drama, la España de hoy, la peor de siempre. Fuera de nuestras fronteras nos conocen bien pero en la Europa de los mercaderes pesa mucho contar con un contable que paga las cuentas a los acreedores de la deuda pública convertida por Rajoy en descomunal. Es el mercado, amigos.

Nuestras élites andan reunidas en Davos, Suiza, mira qué casualidad. Nieve y bancos. Bancos de cuentas opacas si se precisa, ciudadanos que votan hasta si vender pipas en los kioscos. A Davos hemos mandado un rey, jefe de Estado no electo, que da lecciones de democracia y riñe a Catalunya. Ningún otro jefe o jefa de Estado con corona ha acudido, nos lo contaba el catedrático Pérez Royo. Y no es una anécdota.

Toda la selecta delegación española ha podido constatar que Catalunya preocupa mucho, que los palos policiales del 1-0 hicieron un daño enorme a la Marca España.  Cómo será que TVE entrevista al presidente del BBVA -el bien pagado Francisco González- para que cuente que se siente tranquilo con el tema de Cataluña. Noticia de alcance. Si él está tranquilo, si los grandes magnates y empresarios de postín que se ocupan de nuestros destinos en Davos están tranquilos, no hay más que hablar.

La vicepresidenta sale con gafas retro y moviendo rítmicamente las dos manos, con dos dedos enhiestos (se llevan las maestras de derechas esta temporada) para decir que su jefe el impoluto, inmaculado, Mariano Rajoy,  hará cuanto sea necesario y más por evitar que Puigdemont vuelva a ser presidente de la Generalitat de Catalunya. Pide el gobierno un dictamen al Consejo de Estado, les dice que no procede, que Puigdemont tiene intacto sus derechos civiles -como los tiene el encarcelado Junqueras-, pero el gobierno del PP no se arredra. Ahora toca apelar al Constitucional. Para poner al alto tribunal en un brete. Expertos independientes lo consideran incluso “un fraude de ley”.

En el recurso de inhabilitación preventiva de Puigdemont, al PP le apoyan sus socios. Ciudadanos saca a la palestra hasta a Girauta que ya es haber perdido el miedo al ridículo. Pedro Sánchez Castejón pone tuits. El empleo es precario, te están robando tu pensión, la electricidad está al doble de precio que hace una década, los estudiantes han de abandonar la universidad porque no pueden pagar la matrícula, este es un país rico con trabajadores pobres. A su bola, como un bot, limpio de responsabilidades. Pero al Gobierno de Rajoy ni tocarlo, ni siquiera a RTVE, una de sus voces más activas. De Rajoy y del PP.

Catalunya. Corrupción. Gurtel. ¿Qué me dice usted de corrupción?, alma de dios, son estrategias de defensa. En estéreo, en cadena de estéreos. Desigualdad de récord, injusticia, listas de espera médicas, privatizaciones, sarna en los hospitales, goteras en las UCI infantiles, te cambio balas por ciencia… déjadlo ya¡ qué plastas. El Bernabeu, el Atleti, el Barça, Messi, Zidane, Puigdemont, Cataluña, ¡Venezuela!, oh, my God, regresa Venezuela.

Seamos fuertes, ellos hacen lo que pueden. Sin meterse en algunas cosas. A ver si les vamos a decir a los empresarios qué es lo que tienen que pagar a las mujeres. El presidente alado levita en estado de ingravidez. En Davos toman canapés, la amenaza tuitera muerde sin fuerza. Lo que apalea es el BOE. O los juzgados, según toquen.

El ex president les ha hecho un buen roto. Está amortizado nos dicen, con suerte se convertirá en el catalán errante surcando las aguas y los aires europeos. Pero les lleva a maltraer. Interior lo busca hasta en aeropuertos que solo admiten aterrizajes en paracaídas. Puigdemont, convertido en el rebelde involuntario con bufanda y sonrisa, antihéroe de manual, es de lo poco que alivia la desvergüenza convertida en rutina que nos ha engullido. Y hay algo, mucho, de épica lucha contra el cíclope podrido. A ese nivel en el que nos movemos en España. Por los siglos de los siglos y desde los siglos de los siglos.

Los diagnósticos habituales ya no sirven, rebotan en los cómplices de este drama como en la pared de un frontón. Hay que ser todavía más didácticos con quienes ni siquiera se reconocen al mirarse al espejo. Lo que está ocurriendo en España es como si,  degollada la enésima víctima de Jack el Destripador, volviéramos a decirle: eso qué haces está mal. Te lo dije muchas veces, está mal. Y saliera la letanía en eco: Puigdemont, Catalunya, legalidad, PP, millones, Catalunya, Puigdemont, Puigdemont, imperio de la ley, millones, PP, PSOE, Ciudadanos, somos los mejores, millones, a por ellos. No sería lógico, ni aceptable.

Jack, el destripador, el más famoso asesino en serie británico, no llegó a ser identificado: quedó casi en un concepto. Las víctimas sí, eran reales y fueron asesinadas con la máxima crueldad. Los delitos quedaron impunes. Llevamos el mismo camino. Aquí nos están descuartizando el Estado del Bienestar, la decencia, los derechos y libertades,  y, al paso que vamos, la Democracia. Una parte de la sociedad es una amenaza para el resto, hemos de ser conscientes de ello. Con sus creencias, sus líderes, su nula autocrítica, la irresponsabilidad de sus actos sobre la sociedad. Y todo lo apaga la cantinela, Puigdemont y lo que sigue, ya saben, ya lo sufren.

Olvídense de razonamientos, no atienden a ninguno. Apelen como mucho a su dignidad, o a su sentido del deber por amor a la  España del PP y socios, para ponerse los primeros en la lista que autoriza a ser robados, engañados, degradados, minusvalorados, prevaricados, extorsionados, insultados, agostados. O no. Aquí elegimos lentejas: o las tomas o no las dejas. Y mientras no enfoquemos el fondo del problema, no hay salida.

El Post: El periodismo no fue un sueño

“Cómo me gusta esto”. Lo dice Ben Bradlee, director del Washington Post, saliendo de un reguero de papeles esparcidos por el suelo y las mesas, a los que un grupo de periodistas están extrayendo las revelaciones que contienen. Es el  Informe McNamara, 7.000 páginas que relatan lo que el secretario de Defensa de Kennedy llamó “Historia de la toma de decisiones de los EE. UU. en Vietnam, 1945-66”. En realidad es el encubrimiento que las administraciones de cuatro presidentes norteamericanos hicieron en la Guerra de Vietnam, prolongada pese a saber con certeza que no la iban a ganar y que se llevó las vidas de más de 58.000 soldados estadounidenses e incontables víctimas indirectas.

Un periodista de raza, el reportero del New York Times Neil Sheehan, fotocopia a escondidas los informes catalogados de Alto secreto, comienza la publicación en su propio periódico, la detiene el entonces presidente Richard Nixon con denuncias judiciales y la retoma el Post en una batalla épica por la libertad de expresión y contra la mordaza que intenta imponer la Casa Blanca. Múltiples periódicos hacen suya la información como apoyo. Van a juicio, la Justicia, el Tribunal Supremo, apuesta por el derecho a la información de los ciudadanos. “La prensa está al servicio de los gobernados, no de los gobernantes”, afirma en su auto. Periodistas de medio mundo, españoles en particular, nos emocionamos. Cómo nos gustaba esto.

Steven Spielberg ha llevado al cine la gesta del periodismo en aquellos años 70 para hablar de la prensa y el poder hoy. Los documentos del Pentágono relata una peripecia real que algunos nuevos redactores de la Historia intentan incluso presentar como falsa, aun existiendo pruebas documentales de su veracidad. Lo cierto es que el Informe McNamara se redactó dejando al descubierto que EEUU hizo guerra y sucia mientras decía buscar la paz.

The New York Times informa del dictamen del Tribunal Supremo
The New York Times informa del dictamen del Tribunal Supremo

Vi la película el sábado. Ese mismo día apenas ninguna portada de la prensa española traía las revelaciones, las acusaciones, de destacados imputados de la trama Gürtel en Valencia. La noticia era de máxima relevancia. Implicados en las acciones delictivas aseguraban que el partido en el gobierno de España y de varias comunidades contrata obra pública a cambio de comisiones que cobra en B y que, si se tercia, todo el que tiene acceso a meter la mano, lo hace. Con nombres. Con nombres que se suman a las múltiples investigaciones sobre otros casos de corrupción. A la prensa de los kioskos, se sumaba RTVE, la televisión pública estatal. Abrió ese día con la caída de un árbol en Holanda y retrasó y minimizó cuanto pudo la Gürtel. En torno a dos millones de seres siguen esos telediarios. Los otros tantos que atienden los informativos de las dos principales cadenas privadas también van bien servidos.

Llovía sobre mojado, llovía a cántaros y sigue diluviando cada día. El periodismo convencional español ya no es crítico, ya no sirve a los gobernados cuando alguna vez lo hizo aunque no fuera masivamente. En la Transición muchas cabeceras fueron decisivas para el cambio, RTVE también. Después hubo épocas, sin duda mejores que ésta. Se diría que ahora cada puntada lleva el hilo de un interés que no es el de los ciudadanos. Cruzadas netas donde se marca el Bien y el Mal inapelables. Este martes, el periódico que todavía fuera de España se toma como referencia, escribe en su editorial: “El juez Llarena se ha negado a entrar en el juego de Puigdemont y lo ha hecho con argumentos jurídicos de calado político”. “De calado político” un juez, más aún, un magistrado del Supremo. Salta por los aires la separación de poderes entonces. Y no pasa nada.

Y aún colea la “encuesta de estado emocional” que daba la mayor intención de voto a Ciudadanos elevada a verdad suprema. El insensato sin escrúpulos, como fue llamado el líder del PSOE, sigue tan sentenciado como Rajoy. Y no porque no haga méritos por su cuenta sino porque así parece haber sido decretado. Otro artículo de fondo llega a decir que se sirvió “de la demonización” del PP “para recuperar la secretaría general del partido”. La corrupción y las injustas políticas sociales no demonizan suficiente al partido en el poder para la prensa adicta. De la caverna mediática oficial ni se precisan detalles.

El Catedrático y Decano de Filosofía  José Antonio Pérez Tapias que acaba de abandonar el PSOE, partido a cuya secretaria general optó, escribe un artículo con argumentos que produzcan soluciones. Él cree que la cuestión territorial sin resolver aparca problemas graves de nuestra sociedad. Una frase, casi al margen, me ha llamado  la atención: “Cuando los líderes políticos convoquen a la prensa para hablar sobre empleo, por ejemplo, no dejarán de preguntarles por su posición respecto a lo que sucede en Catalunya”. Pienso que no es consecuencia, sino origen. Antes fue Venezuela, antes ETA. Las prioridades informativas siempre tienen un Lucifer para distraer la atención de lo esencial. Y estas ruedas de prensa –en el caso de que les permitan preguntar además- caen en ese error fundamental. Desesperante oír tomar la palabra para preguntar una y otra vez por Catalunya, por Puigdemont, y vuelta y otra vez, en un país que bate récords de desigualdad social y en el que los juzgados rigurosos nos muestran a gritos nuestra pringada realidad.

El problema no es Catalunya, es España, los aparatos de poder del Estado con más precisión. Lo sabemos muchos y desde hace mucho tiempo. La corrupción ha infectado la médula espinal de esta sociedad y la prensa concertada es parte esencial, tanto por lo que dice con doble intención como por lo que oculta.  Todavía quedan, por supuesto, esforzados profesionales que realizan con rigor su trabajo incluso en medios hostiles, pero no es suficiente. La prensa ya está vencida, por eso ahora los poderes van a por Internet, a por las redes sociales que se les escapan. A confundir llamando Fake News a la verdad. El presidente Trump es un experto en la materia, pero hay muchos más, aquí también.

Cartel de la película 'The Post: Los papeles del Pentágono'
Cartel de la película ‘The Post: Los papeles del Pentágono’

Cuando una noticia relevante llega a un medio, involucra a los periodistas. En elWashington Post fue decisiva la actuación de su editora Katharine Graham, la primera mujer en ese cargo y casi por casualidad, como un descarte de los titulares masculinos. Amiga personal de McNamara, reiteradamente minusvalorada, sacó fuerzas de su ética y optó por cumplir con el compromiso de todo periódico con sus lectores, con los ciudadanos. Quien crea que esto se hace solo por posicionamiento empresarial desconoce los riesgos que se afrontan. Esto ocurre cuando, por ejemplo, llegan noticias, hechos, correos de personas destacadas, hasta de las más altas instancias, y sabes que la publicación acarreará complicaciones. El día que pienses que vale más el condumio, el que todos lo hacen, no sé qué estabilidad a salvaguardar, vale más que lo dejes y te dediques a otra cosa. La sociedad no tiene la culpa.

El informe sobre Vietnam existió. Se desclasificó en 2011, con todos sus detalles. Aún se vende el original o así lo anuncian. Por 5 euros, ya ven. La profunda arrogancia de Richard Nixon escribiría nuevos capítulos de infamia de forma inmediata. El Watergate ya se gestaba y fue de nuevo el Washington Post con la editora Graham y el director Ben Bradlee el que desenmascaró la trama con el trabajo de sus periodistas, resistió el envite de Nixon y logró su dimisión como presidente de los Estados Unidos. Un hito que en cierto modo tapó para la historia aquellos decisivos papeles sobre Vietnam que involucraban también a Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson.

Cómo me gustaba esto. Encajar las piezas, denunciar los abusos, servir a la sociedad, serle útil. El momento de la película que desató mis lágrimas fue ver a miles de ciudadanos estadounidenses a las puertas del Tribunal Supremo luchar por su derecho a la información y por la libertad de expresión. Cuesta creer que tantas personas sean indiferentes ahora a esos derechos, concatenados a varios otros.

Las mentiras tanto como la guerra les habían matado a miles de compatriotas, a seres queridos de muchos de ellos. El poder corrupto y la manipulación cuestan también miles de vidas y sin duda un enorme sufrimiento. Hacen caminar a la sociedad sobre arenas movedizas. Y, ahora como entonces quizás, múltiples víctimas caen en la trampa, arrastrando a otros. Con el barro al cuello yerguen la cabeza para gritar las consignas generales evidenciando una escala de prioridades ilógica.

Y aun así el periodismo sigue siendo una buena idea, una de las pocas tablas para salir de este atolladero.

*Publicado en eldiario.es

Un escándalo sostenido por corruptos y cenutrios

rajoy.camps.rita

 

Audiencia Nacional. Crespo nombra en Gürtel a Costa, Fabra y Camps. Y, Rajoy, en FITUR, rodeado de periodistas, dice… que 2017 fue un año magnífico para el turismo. Así funciona el tinglado. En los últimos días, varios encausados por corrupción han cantado ante la justicia para confirmar las sospechas largamente avanzadas. En España, miembros del Partido Popular o de los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió contrataron obras, pagadas con dinero público, a cambio de mordidas astronómicas en las que el que pudo metió el cazo para volcarlo a su bolsillo. De estos partidos básicamente y también de otros. Una práctica que se presume habitual, una forma de ejercer la función pública. Pero el problema ni siquiera acaba ahí.

Constatamos que a amplios sectores de la sociedad les da lo mismo que les roben, que nos roben. Que la justicia va por barrios, dejando oasis de intocables y deteniendo con aroma de arbitrariedad por opiniones  o actitudes convertidas en delito. Sabemos que nada sano puede salir de la abismal disparidad de criterios al abordar los problemas. Que el río revuelto viene con víctimas asfixiadas y pescadores que se aprovechan ignorando todo escrúpulo. Comprobamos que las injusticias sociales alcanzan cotas de escándalo. O que un empresario condenado por las tarjetas Black, investigado por otra trama de corrupción, recién denunciado por un compinche como receptor de una comisión millonaria, llamadocompi yogui por los Reyes de España, viaja a Davos en la comitiva que nos representa como país y que encabeza el propio Felipe VI.

Vivimos tiempos complicados que parecen encaminarse a un futuro peor. Hasta la ficción literaria y cinematográfica nos presenta un espejo negro, un Black Mirror, al que avanzamos. Se han aparcado los coches voladores y los trajes fluorescentes, la ciencia ficción nos lleva a un terreno más oscuro. Quizás porque es más realista, más apoyado en datos del presente. Solo que el futuro no está escrito; el espejo no es barrera, es cristal frágil y quebradizo. Detrás puede haber esa sima que auguran o nuevos horizontes para construir, dejando atrás la mugre.

Depende de nosotros, de todos nosotros. En gran medida, de los cómplices de este estado insostenible. Una de las primeras obras que vi representada en un teatro –el Teatro Principal de Zaragoza- fue “A puerta cerrada”, de Jean Paul Sartre. Tan rotunda que, con ella, entendí para siempre que El infierno son los otros.  La mayor de las armonías puede verse alterada por las relaciones personales hasta  crear un clima insostenible. El infierno son los otros, a menudo, del mismo modo que hay personas que, por el contrario,  se convierten en aliados y soporte.

Hoy, en España y en muchos otros lugares del mundo, van ganando los colaboradores necesarios de la sinrazón, el abuso y la tiranía. Un grupo significativo como coautores directos, otros por pura tibieza y una gran mayoría sin ser conscientes siquiera. ¿Cuántos valores tienen que fallar en una sociedad, en cada persona, para que se apueste por dirigentes corruptos, aprovechados, sin preparación ni ética, turbios, falaces, a pesar de que dañan hasta los propios intereses de sus electores?  Los hilos son ya tan gruesos, hay tanto que cargar y es tan innecesario ya disimular, que sin duda cabe hablar de influencias y manipulaciones pero eso no lo explica todo, ni mucho menos lo justifica.

El infierno son los otros, los que enturbian la vida.  Estamos conviviendo en el mismo país donde millones de personas miran a otro lado cuando el gobierno deja sin atención a los dependientes o aplica políticas que aumentan la pobreza mientras favorece la sobreabundancia de las grandes fortunas. Son datos y lo saben por más que sus gurús de baba les mareen con las cifras. Hay 13 millones de personas en España en riesgo de exclusión social, casi 5 no pueden calentar su casa cuando hace frío.  Cada semana  mueren 8 trabajadores durante su jornada laboral.  Según datos del Ministerio, en 2017 hubo 451 accidentes mortales y 3.500 graves.  Las cifras aumentan. Habrá razones.

Y sigue habiendo desahucios. Agustín  Moreno, un profesor que acaba de jubilarse y que venía escribiendo textos imprescindibles sobre educación, empleó su recién estrenado tiempo libre esta semana en acudir a un desahucio. Lo contó en Cuarto Poder. Y previamente escribió en Twitter: ¿Cómo se puede dejar en la calle a una madre con 2 hijos de 16 y de 12 años, uno de ellos con una minusvalía del 41%, y que no se les caiga la cara de vergüenza a todos los que tienen la responsabilidad de evitarlo?  Esto se vota. ¿Cuántas valores han de anularse para llegar a este extremo? ¿Cuánta miseria esconde el silencio cómplice?

Y se vota la privatización de la sanidad y las goteras, una tromba de agua en realidad, en la UCI pediátrica de un hospital público. La Unidad para niños en estado de máxima gravedad. El colapso de las urgencias y las listas de espera. Y se apuesta en las urnas por los empleos de una semana de duración que trajo la reforma laboral, los sueldos precarios, la disminución de los subsidios de desempleo. Y por la subida de casi 500 euros en las tasas universitarias. Y el aumento descomunal de la Deuda Pública, negocio de especuladores. Está en el 99,4%, en 2007 la teníamos en el 35,5%, echen cuentas. Y la politización de la justicia. Y la RTVE manipulada para contar lo contrario de lo que ocurre. Y las subvenciones en forma de publicidad institucional a los medios que terminan siendo concertados con el gobierno, con el poder, con todos los que comen en esa mesa.

Se está privando a políticos de sus derechos civiles sin haberse determinado su culpabilidad en un juicio. Se invirtieron  87 millones de euros en el despliegue policial para enfrentar el referéndum en Catalunya. El Ministro Zoido llamó al operativo Operación Copérnico por, dice, “el giro copernicano” que tendría que darse. Un ministro a juego con sus votantes, sin duda. Se está pervirtiendo el lenguaje con fines precisos como no soñó ni Orwell. O sí, él sí. Se manda, insisto, a Davos a una representación de España que, sin quererlo, es demasiado fidedigna, porque nada trae consecuencias.  Aunque no lo parezca, también todo esto se vota.

Hemos tenido gobiernos que, no solo rescatan con nuestro dinero a bancos y empresas, sino que consintieron el fraude de las preferentes. Y ahí los vemos en comisiones de pasar el rato, echando culpas fuera. Lo hicieron solos y en compañía de otros. Lo hacen aún con tantas cosas. Se vota, esto se vota. Dando la confianza a los partidos responsables de esta gestión y a los partidos que les apoyan. Es cierto que uno no puede asumir todos los errores de aquellos a quienes eligió, pero lo que está pasando en España dista mucho de ser el ejercicio normal de la política. De la justicia y el periodismo también. Demasiadas irregulares y trampas que los tuercen. Nos sentencian a una condena que se da como irremediable y no lo es.

El infierno son los otros. Se ven ejércitos de zombis, tabernios, cuñados, cenutrios, neutrinos, encandilarse con quienes ponen en peligro su propia sanidad, su propia pensión, la educación de todos, el progreso en forma de investigación, la cultura. Apriétense los cinturones los pensionistas que hay que rescatar a las  autopistas privadas y no hay más dinero. España consolidó ese modelo que, además, se cree muy sabio y avispado, exactamente igual que las víctimas del timo de la estampita o el tocomocho. Los que, siguiendo la flecha, condenan a los conductores varados en la nieve y se enfervorizan con el “a por ellos”.  Los que censuran severamente a las víctimas de la codicia y bajan los ojos ante sus verdugos. Parece haber millones de seres que no relacionan sus hechos con las consecuencias que ocasionan. Hijos de esa España eterna que se ocupó a fondo en disuadir el pensamiento crítico y propio.

Son demasiados. Tras el Black Mirror no está el coche fantástico, está el ejército de espectros guiados por los Caminantes Blancos. En este juego de tronos son decisivos. Avanzan sin mirar atrás, pierden brazos, piernas, la cabeza, y siguen andando, abatiendo, sepultando, como enemigos. Cuando hay otra realidad tras el espejo: una puerta, y vías abiertas, y una luz, una sociedad y un país que podría apostar por la decencia y el futuro. Es que por este camino no va a haber ni mañana.

 

La Operación Ciudadanos cabalga de nuevo

arrimadas.rivera.EFE

Ciudadanos  ganaría las elecciones generales en España.  Así lo afirmaba la encuesta de Metroscopia para El País (13 de enero) que impactaba en el convulso momento que vivimos. Un 27% de los votos serían para el partido de Albert Rivera, debido a una drástica bajada del PP, el mantenimiento más o menos del PSOE y un descenso de Unidos Podemos. Una pieza antológica dado que se sustenta en “estimación de voto”, precisado de “cocina”, con las respuestas de 2.000 entrevistas telefónicas  a móviles seleccionados de forma aleatoria y porque, dentro de los muy precisos términos empleados en el texto, se advierte: “Los datos  [mejor sería decir los resultados] solo sirven para medir un estado de ánimo coyuntural”.  Con esta base, se lanzaron sin embargo las campanas al vuelo. Llegan los editoriales como “el auge de Ciudadanos”, la entrevista con el líder abriendo portada y viéndose presidente, los artículos de opinión.  Y la cadena de contagio en otros miembros del clan de la prensa convencional, algunas añadiendo más encuestas similares.

Portada de ABC
Portada de ABC

No escatiman elogios: talante pactista y pragmático, centrista, reformista y dinámico. Se nos avanza que, a pesar de “la identificación del líder y la victoria”, Albert Rivera debe “tolerar alternativas”,  en particular la de Inés Arrimadas, provista de “un carisma”  a su altura,  si  “Ciudadanos se atreve a abrir la cuestión sucesoria”. Tal cual.Si esto era en El País no desprecien tampoco la portada de ABC con Rivera iluminado en sepia y rostro angelical en el centro de un trío con los malcarados Pedro Sánchez y Mariano Rajoy a los lados.

La sentencia contra Rajoy ha llegado. “ La mitad del electorado del PP deja de creer en el partido” presenta El País en sus alegaciones, con el soporte de esa encuesta de ánimo que ya se ha convertido en veredicto inapelable.  Rajoy ha cometido muchos errores y ” el insensato sin escrúpulos” –como llamaron en un editorial a Pedro Sánchez- hace lo que cabe esperar de un insensato sin escrúpulos por más que se esfuerce en ganar puntos entre los jueces de esta contienda.

Hagan el favor de seguirme al año 2015 un momento. 30 de Noviembre, encuesta de Metroscopia para El País:

Portada de El País del 29 de noviembre de 2015
Portada de El País del 29 de noviembre de 2015

“Ya solo quedan en liza tres partidos:  Triple empate de PP, PSOE y Ciudadanos a tres semanas del 20-D. Los tres llegan con la misma opción de ganar. Podemos se descuelga de los vencedores”. Con un hermoso queso que se reparten a 22 puntos con diferentes restos tras las comas, las tres formaciones.

“Rivera llega en un momento dulcísimo”, “entrenado, fresco, sin mochilas del pasado”, explicaba Luis Arroyo, sociólogo y presidente de Asesores de Comunicación Pública, consultado por el diario de PRISA. Ciudadanos atrapa el voto joven y el de Podemos cae en picado, seguían los titulares.

Luego llegaron las elecciones y Ciudadanos obtuvo un 13,9% frente a ese 22,6% que le había dado Metroscopia tres semanas antes. El margen de error fue  como para retirarse de la profesión. El “hundido” Podemos cosechó un 20,6%,  Pero se crean “estados de ánimo”, del ascenso de Ciudadanos se contagió hasta el CIS, los consultados del CIS: “En vísperas de las generales del 2015 el CIS les llegó a otorgar entre 63 y 66 escaños y sacaron 40, y en 2016 vaticinó que se mantendrían igual y bajaron a 32″, cuenta Carmen Moraga en eldiario.es

Cuesta creer que no se esté recordando todo esto de forma masiva, que se de como dato incontestable la encuesta con estos antecedentes, repitiéndolo como un mantra, sin contemplar una sombra de duda. Y hay que hacerlo. Asistimos al que parece segundo gran asalto de la Operación Ciudadanos, animado por el éxito de Arrimadas en Cataluña y los errores del resto. Han sido 1.102.000 votos con un crecimiento espectacular en la Comunidad (367.000 desde 2015) pero es imprescindible valorar otros factores.

El principal error del PP fue concurrir con un candidato impresentable como García Albiol. El discurso de la mano dura era tan intenso en el PP como en Ciudadanos, los catalanes incómodos con el 155 lo estaban con cuantos partidos lo apoyaron, pero Albiol era un fiasco insuperable, en particular comparado con Arrimadas. Ciudadanos y PP compiten en ese nivel. El PSC nadó entre sus abultadas contradicciones y no salió a flote. Unidos Podemos se equivocó en Cataluña y no por pedir un acuerdo pactado. El principal fallo de la convocatoria a las urnas fue, muy por encima de las demás, celebrar unas elecciones bajo un estado excepcional, por no decir de excepción. Lo escribí de hecho: daría cifras alteradas y en absoluto extrapolables al conjunto de España.

El éxito demoscópico de Ciudadanos, o mediático, o publicitario, esconde contenidos graves. El partido no ha cambiado un ápice su programa, tiene el mismo que cuando las encuestas ya le habían bajado a porcentajes del 12%. No es su programa lo que se abraza. Su ascenso se debe a su postura radical y por métodos coercitivos de la unidad de España. Es decir su éxito actual está fundamentado en la exaltación del nacionalismo español. Doblemente reforzado al enfrentarse a una catalanofobia que puede calificarse de xenófoba.  Es un segmento ideológico que se inscribe en terrenos potencialmente peligrosos. Ciudadanos no es centrista, no es pactista salvo con sus correligionarios conservadores, no lo es como forma de resolver conflictos y bien lo ha demostrado en Cataluña. Girauta o Toni Cantó son ejemplos bien contundentes del “pactismo” ciudadano.

Albert Rivera se desdijo -sin mover un músculo- de cuanto había prometido. No iba a apoyar nunca un gobierno de Rajoy y lo hizo con todo su equipaje. Y bajó en expectativas electorales. Ha votado con el PP acciones conservadora s y vetado progresistas: se ha opuesto a tramitar una ley de vivienda con soluciones habitacionales, por ejemplo. La comisión de investigación de la policía política llevó mala vida con el acuerdo de ambos. En muchos casos concurre con ellos el PSOE para evitar se investiguen el Parlamento las  cargas policiales del 1-O o para rechazar  el veto a la venta de armas a Arabia Saudí e Irak. Ciudadanos intentó que el Congreso aplaudiera oficialmente la postura del PP frente al independentismo, y en esta ocasión el grupo del PSOE no se apuntó. No le ha pasado, nos dicen, ninguna factura. Sigue ¿cómo era?… En estado de gracia, en grandes momentos endulzados.

El éxito en las encuestas de Ciudadanos viene cargado de otras interrogantes. Es el partido más cuidado de España, prácticamente intocable. No se le pregunta por su financiación, y hasta las dudas del Tribunal de Cuentas se saldan con argumentos de problemas técnicos.  Nada, de sus conflictos internos y deserciones. Nada del machismo que aflora al menor raspado. O de cómo Rivera ha podido adquirir  un chalet de 1 millón de euros con las modestas cuentas que presentaba hace bien poco tiempo. Imaginen que sucediera con alguien de izquierda. No hace falta imaginar, recuerden. Las personas inteligentes, sensatas sin más, suelen hacerse preguntas esenciales. ¿Por qué este trato tan desigual? ¿Por qué los poderes apuestan ahora preferentemente por Ciudadanos?

De no producirse algún adelanto, las próximas elecciones son europeas y locales.  Ahí veremos lo que da de sí un programa ultraliberal basado en la unidad de España. En mi opinión poco. En asuntos municipales Ciudadanos ha tenido hasta ahora escaso éxito, aunque la gota malaya de su ascenso (demoscópico) vaya calando.  Al PP le está afectando tanto la Operación Ciudadanos como su propia y escandalosa actividad. Fuera, en el partido solo recibe aplausos y alguna ausencia.

El PSOE, nos dicen, anda viendo cómo retiene a los votantes que se pasan a Ciudadanos y al mismo tiempo  busca atraer a votantes de Unidos Podemos.Cuando se menciona y le mencionan como izquierda “arden las redes” en ironías. La izquierda tiene votantes en España, por mucho que quieran desmotivarlos, hay varios millones que ni siquiera atienden a lo que echan por los medios concertados.  Unidos Podemos deberá demostrar –todos deberían pero es una entelequia pedirlo- que la política es la búsqueda del bien común y que quién ocupe las sillas para lograrlo es accesorio.

Hace falta contar -desde donde quiera que estén- con quienes se atrevan a enfrentar el profundo agujero de corrupción con su mezcla de poderes y alteraciones de derechos, que subsume hasta las mejores intenciones de cambio. No es tarea fácil. De momento, cojan las gafas de mirar encuestas y recuerden: Metroscopia dio a Ciudadanos un 22,6% de intención de voto 3 semanas antes de las generales de 2015,  frente a ese 13,9% que logró realmente. “La lucha del hombre contra el poder [dejénme que inserte: turbio] es la lucha de la memoria contra el olvido”. Lo dijo Milan Kundera.

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