8M, la imparable Marea Feminista

Es mucho más que una huelga de un día. Es un tsunami de razones  y coraje. Es el fin del silencio, la constatación de una realidad, la voz de lo que le ocurre a la mitad de la población. Estamos ya en la puerta de un 8 de Marzo que cambiará la historia. Hay que verlo desde dentro para creerlo pero enseguida lo van a sentir también. En su piel, porque la fuerza feminista nos va a envolver. Y nos va empujar a un futuro constructivo que ya es presente, que ya lo estamos haciendo.

8M Huelga Feminista
8M Huelga Feminista

Hay que dejar de perder el tiempo, otra vez, en los insectos de mal agüero que intentan entorpecer el camino. Esa serie de hombres y mujeres reaccionarios situados ante un ridículo épico. No hacen huelga “porque es anticapitalista”, toma ya. No van porque ya estamos muy bien y los programas de PP y Ciudadanos nos han apañado no sé qué a las mujeres. Mejor trabajar, mejor a la  japonesa: más tiempo, atando una escoba a las posaderas para aprovechar mejor la multifunción. Que si la han organizado en Irán.  Por favor, cuídense en Orense, porque una concejala con  este nivel de tara mentalpuede ocasionarles muchos problemas.

 ¡No!, basta. Miremos por encima, a la luz y al horizonte abierto.

Esto es la confluencia de un secular hartazgo, con unas ganas de luchar, de hacer, de sumar, impactantes y una preparación labrada a pulso. Personalmente he contemplado, admirada, cómo se ha organizado el grupo de mujeres periodistas o trabajadoras de la comunicación. El rigor de los preparativos para este día 8. La convocatoria,  que ha sido una llamada a la que íbamos acudiendo desde múltiples redacciones, desde los ordenadores de nuestras casas.

¿No se han dado cuenta tampoco de las mareas de mujeres que iban saliendo en masa a confluir en un punto común?

La claridad de ideas, la rotundidad de objetivos, el orden, los actos, los vídeos, fotos, mensajes, consignas, logos, todo. Consultas de dudas, resúmenes diarios.  Dudo que haya habido un acto con este nivel de calidad en el trabajo, de serenidad, de certeza, de ilusión. En una labor colectiva y transversal en el que destacan sin duda algunos nombres de las impulsoras que merecen especial agradecimiento. Y en el que muchas diferencias quedan aparcadas por el bien común. Y ésta es la gran noticia, éste es el sustrato sobre el que edificar.

Y así ha sido, por lo que vamos viendo, en numerosos sectores. No creo ser capaz ni de resumir los colectivos que se han sumado. Científicas, educadoras, investigadoras, estudiantes, enfermeras, abogadas, Kellys, deportistas, sanitarias, pensionistas, cuidadoras, las mujeres del ámbito rural. Y quienes lo harán por su cuenta.  Esta vez es distinto, ni se lo imaginan.

Esto viene muy de muy atrás, claro que sí. Los que nacen cada mañana como en el Día de la Marmota no pueden condicionar la convivencia de una sociedad. Viene, si lo miramos, de los grandes movimientos surgidos con la industrialización a finales del siglo XIX, pero los antecedentes nos llevan hasta a la Antigua Grecia. La ONU celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en 1975, fijándolo en el 8 de marzo. Aquí  señala los hitos de la cronología de esta lucha incensante. Y siempre recordamos en este día aquel incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York, en 1911, en el que murieron 123 trabajadoras al no poder escapar del fuego porque estaban las puertas cerradas para evitar hurtos. La reivindicación viene, pues, del principio de los tiempos, y se prolonga durante décadas hasta nuestros días. Porque es fruto de una realidad insostenible, una injusticia flagrante que hay que remediar, y que ya clama en todos los idiomas, desde diversos puntos del mundo.

La lucha por los derechos de las mujeres tomó renovada fuerza por reacción a la llegada de Donald Trump  a la presidencia de EEUU con su mochila de machismo y su modelo de mujeres neumáticas en su entorno. El agravio se hizo insoportable. Aquella marea morada que llenó las calles, hace algo más de un año, fue un poderoso lazo de unidad, de pérdida del miedo. Porque siempre ocurre así, un día se sopesa qué importa más. Salieron luego las actrices acosadas de #MeToo, hartas de tanta presión y abuso. Y supimos de las enormes dimensiones de un problema que tantas mujeres guardaban en su desazón. como inevitable. Y, llegaron, claro está, las disuasiones para que todo siga como toda la vida. Hasta de otras actrices privilegiadas en el trabajo, menos en su solidaridad.

Hasta la biología han mentado de nuevo. Una prominente Ciudadana de FAES y de rencores permanentes a la alcaldesa Carmena por un quítame ahí unos reyes magos, se ha empleado con fruición:  La huelga es una estupidez, dice. Por mor de la biología -y los prejuicios-, se debe consentir, al parecer, mayor precariedad e inseguridad laboral, la brecha salarial, la dificultad de conciliar, un techo de cristal que resta a la mujer capacidad de dirigir en los trabajos en los que está tan preparada como el hombre, el acoso sexual o los ninguneos –como argumenta nuestro manifiesto-. Que la pasión y la posesión machista lleguen a los golpes y hasta el asesinato.

Mil mujeres han muerto en España a manos de sus parejas o ex parejas desde 2003, cuando empezaron a contabilizarse de forma más rigurosa. Que una cifra así, siendo una sola mujer ya un exceso, se considere dentro de la normalidad da idea del problema  al que nos enfrentamos. Se acepta la excelencia del hombre para opinar en los medios. Hasta para decidir sobre nosotras. Precisamos solo y nada menos que la igualdad, y no se da. En el fondo, es la consagración de una teoría y una práctica que deja a las mujeres como ciudadanas de segunda clase, en grado de subordinación.

Huelga Feminista. Mapa desigualdad
Huelga Feminista. Mapa desigualdad

Los  mapas de la desigualdad son tan flagrantes que constituyen en sí mismos la mayor de las evidencias. ¿Qué razón puede justificar tamaña injusticia? ¿La biología, dicen? ¿La maternidad? ¿La fuerza para apretar el botón de una máquina de carga? Cuesta creer que todavía anden colgados de esa alcayata con telarañas tantas mentes obtusas. Y ahí siguen, erre que erre intentando justificar la pervivencia de los tópicos. Ninguna razón objetiva lo explica. Argumentos tan pobres y manidos les retratan. Una huelga internacional  y tampoco se libra de la manipulación del torpe y cutre machismo español como si los ecos de sus memeces no fueran a salir de los dominios de su cortijo. Mírenlos como los parásitos que son dispuestos a alimentarse de nuestras renuncias.

No saben la reserva de talento, fuerza e ilusión que se da entre las mujeres. Hace tiempo que lo vengo observando en las nuevas generaciones que enlazan con arraigadas convicciones de todas las edades. Pase lo que pase este 8 de Marzo, no hay vuelta atrás. No van a cerrar las puertas de la fábrica incendiada en razón de millones de mujeres. Nuestras voces se oyen desde el escenario de los Oscars de Hollywood a las calles de toda España, en ciudades y pueblos. ¿Cómo se ha podido consentir este vacío, esta negación de nuestros derechos?

Para los que aún sigan intentando hacer el ridículo desde la suprema cerrazón habrá que contarles cómo ha podido ocurrir este estallido de afirmación, este dejar de aguantar. ¿Saben quién está detrás de este histórico 8M de 2018?

Se lo digo. Detrás estamos nosotras, las mujeres.

*Publicado en eldiarioes 6/03/2018 – 

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Una historia del mundo sin mujeres: las borraron

Si algo ha habido realmente demoledor para las mujeres fue y es el tú no puedes,tú no sabestú no eres en definitiva. A una semana del 8 de Marzo que se celebra este año con una huelga feminista internacional, la derecha española, PP y Ciudadanos,  trata de desactivarla afirmando que es insolidaria, elitista, anticapitalista.  En el mejor de los casos, no encuentran motivos para un paro reivindicativo. Muchos hombres y mujeres machistas nos organizan cómo, cuándo y por qué canalizar la protesta. En el PSOE, andan con sus cabriolas habituales en la disciplina de  nado guardando la  ropa y no sé sabe bien. El colmo fue Javier Maroto, portavoz del PP, atribuyendo la autoría de una convocatoria en más de 150 países a Pablo Iglesias, el líder de Podemos, que no destaca especialmente por su feminismo. Para Maroto no cabe más que un hombre al frente. Tal es la mentalidad incrustada en cabezas poco porosas a las ideas.

Hablamos de desigualdad, humillación, sometimiento, violación, asesinato, y ni siquiera les parecen suficientes motivos porque perpetrar esos abusos contra la mujer está universalmente admitido. Lo grave fue que durante tiempo inmemorial las propias mujeres creímos también –salvo excepciones- que era así. Es lo que más está cambiando. Provoca indignada alarma ver la cantidad de mujeres que borraron de la historia. Auténticas pioneras, tachadas, expulsadas, como si no hubieran existido. Y lo cara que pagaron la osadía de su valor y su libertad.

Este tiempo de hartazgo supremo, la discriminación largamente engrosada, nos están trayendo por fin un cambio de tendencia en las propias mujeres, en una gran mayoría. Un aluvión de descubrimientos ha venido a rellenar los vacíos de las mujeres que nos hurtaron. Resulta que hubo científicas, políticas decisivas, artistas, descubridoras, periodistas, fotógrafas, aventureras, pero el relato patriarcal las eliminó . Nos dejaban como únicos referentes para ocupar un lugar en los libros, ser hijas de rey, amantes de poderosos o vírgenes y mártires, lo cual entraña no pocas dificultades y en algunos casos notables incomodidades.

Vamos al siglo XVI. Año 1545. Una mujer, Beatriz Bernal, publica una novela de caballería de nombre tan largo que dejaremos en Historia de los invictos y magnánimos caballeros don Cristalián de España, príncipe de Trapisonda y del infante Luzescanio. Está mal visto, por indecoroso, que la mujer sepa “de leer”, a no ser libros “buenos” que “la inflamen en el amor de la castidad”, decía el célebre Padre Astete, y Beatriz Bernal, castellana de Valladolid, escribió una novela. Cumpliendo además el Test de Bechdel que evalúa el porcentaje de diálogos entre mujeres cuyo tema fundamental no sean los hombres, según nos cuenta el autor. Esta historia y otras 18 forman parte del libro “ Mujeres singulares 2” (hay un 1) de Carlos César Álvarez, ingeniero que escribe. Un filón para conocer a mujeres que desafiaron las normas de la sociedad cuando muy pocas personas lo hacían.

 Mujeres radicales del mundo” es otra compilación de las norteamericanas Kate Schatz y Miriam Klein Stahl (ilustradora). Desde la pobre y gran Hipatia de Alejandría, Siglo V, matemática, astrónoma y filósofa, a quien desollaron y arrastraron por la ciudad hasta la muerte porque el integrismo religioso rechazaba sus hallazgos científicos, a la niña Malala de Pakistán a la que el talibanismo casi mata por querer estudiar. Un recorrido por el mundo pasado y presente en el que muchas mujeres han tenido mucho que decir y hacer.

La periodista Cristina Fallarás nos lleva a la historia de España, sostenida por mujeres a menudo atravesadas por distintas intolerancias. En pie, pese a los empujones y golpes. “ Honrarás a tu padre y a tu madre” habla de aquellas familias que truncó una llamada de botas en la puerta y un tiro en la tapia de Torrero en Zaragoza. En la guerra que provocó el maldito franquismo que late aún de forma tan perniciosa en la actual derecha española. La supervivencia de la viuda a cargo de la prole.  El caminar de la propia Cristina sobreponiéndose al miedo para gozar y vivir y seguir doliéndose. En la búsqueda constante de la pertenencia. “Con la certeza de que no estaba sola, de que alguien allí atrás, yo misma por ejemplo en algún sitio, agazapada, esperaba su ocasión”, dice, en una de esas reflexiones que da forma a la sensación de tantas de nosotras.

¿Qué pasaría en un día sin mujeres?” se pregunta la convocatoria de la huelga internacional. Se diría que el mundo se desarrolló sin nosotras durante siglos, por el manto de silencio que nos tapó. Pero no era cierto. No lograron borrarnos del todo, aunque se emplearon a fondo en el empeño. El papel de la mujer ni es ni fue secundario y casi siempre se hizo con doble esfuerzo al del varón medio. Urge remediar el olvido impuesto. La violencia machista crece entre los jóvenes acorde con la involución que atravesamos. Las denuncias se han triplicado en los últimos 9 años entre los menores de 29 años. Más de la cuarta parte considera “normal” esa violencia en una pareja.  Tanto por limpiar.

El machismo reverdecido aún desprecia a la mujer por su físico. A todas las edades y en todos los sitios. El maltrato se agudiza si es política y de izquierdas. Allí les vemos -incluso desde su propia decrepitud- descalificar a algunas, catalanas, por feas o por gordas. En un patetismo indescriptible. Hasta siguen utilizando el término “malfollada”. Lo que  sea o no sea la mujer, depende para ellos de su halo divino. El machismo también dictamina sobre el cuerpo de la mujer y sobre su sexualidad.

Por eso, acabaré este recorrido con un libro de Anna Freixas, doctora en psicología y ya jubilada. Algunos de sus estudios los guardo  desde hace décadas porque llamaba la atención sobre la casi inexistente presencia de mujeres en los libros de texto con los que crecimos. Y es básico normalizar la realidad. Es básico saber lo que podemos hacer, lo que hicimos.

  “Sin reglas” trata de la sexualidad de la mujer madura, de la erótica y la libertad femenina también en esa época. Un tema tabú, escondido en el silencio o comentado como algo ridículo. El colmo para el machismo de cuño. Aunque entre las muchas libertades que se adquieren con el tiempo está la de minimizar los comentarios irrelevantes. Nadie es más libre que una mujer libre. Con prólogo de Soledad Gallego-Díaz es un canto a cuanto nos queda por disfrutar, también en el sexo, de ser esa la elección y no la obligación.  Anna Freixas  ha entrevistado a 729 mujeres entre 50 y 83 años de todas las opciones sexuales. Las conclusiones rompen varios estereotipos, entre ellos que el deseo sexual disminuye tras la menopausia. La actividad sexual sí, el deseo no en general. Y la calidad del orgasmo no se reduce sino que aumenta. Pese a todos los tópicos, condicionantes y complejos, “las mujeres mayores se las arreglan, más o menos, para no aceptar la condena que se les quiere imponer”.

No es cierto si el machismo te dice que no puedes, no sabes o no eres. “Nunca tuve ninguna duda de que quería escalar aquella montaña, sin importar lo que la gente pensara”.  La japonesa Yunko Tabei lo hizo en 1975. Era el Everest y ella la primera mujer en coronarlo. En 1912, Fanny Bullock Workman, plantó un palo con un cartel en lo alto del Mont Blanc  al llegar hasta allí. ¿Una bandera de su país? No. El texto decía: “Voto para las mujeres”.  No hablamos de vidas ejemplares y únicas, se trata de ser. De escalar las metas de cada día. De descansar si te apetece. De saber que la tarea es ingente, pero no tienes que hacerla tú toda. Y de no permitir que te echen a puntapiés cuando estés haciendo lo quieres hacer.

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