En nombre de la mayoría absoluta

El PP está llevando a cabo con inusitada presteza lo que parece un cambio del modelo de Estado en España. Se apoya en la mayoría absoluta que otorgaron a Mariano Rajoy 10.830.693 ciudadanos, el 30,37% del electorado. Conviene recordar que con más porcentaje y más votos, Zapatero no la consiguió en los dos anteriores comicios.

No cabe poner en entredicho la legalidad del Gobierno del PP de acuerdo con nuestras leyes electorales, pero sí preguntarse –a la vista de sus actuaciones– si no está aplicando una mayoría “absolutista” para obtener los fines que persigue. De entrada elude a casi el 70% del electorado que no apostó por Mariano Rajoy. Tampoco da la impresión de pensar en cuántos ciudadanos se inclinaron por él creyendo –en el más estricto sentido de la palabra– que solucionaría la crisis. Lo más grave sin embargo es la torsión del propio concepto de democracia, no solo en actitudes, sino en leyes que se han puesto en vigor. 

Un Gobierno democrático ha de atenerse a normas y convenios de mayor rango que los resultados electorales. Para empezar, España es “un Estado social y democrático de Derecho”, según consagra el Artículo 1º de la Constitución. Social, no mercantil. Y por tanto asegura una serie de derechos a los ciudadanos.

El derecho a la sanidad, por ejemplo. Está recogido en la Constitución española, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y está declarado desde 2010 por la ONU –de la que formamos parte– “Derecho Humano esencial”. Pues desde este 1 de septiembre, el PP deja sin sanidad pública gratuita a más de 150.000 emigrantes y numerosos españoles que no cumplen los requisitos de una salud pagada en virtud de contratos de trabajo.

La reforma laboral tampoco parece ajustarse escrupulosamente a varios artículos constitucionales: el derecho al trabajo (artículo 35), el derecho a la negociación colectiva (artículo 37) o el derecho a la libertad sindical (artículo 28). El Gobierno –y su prensa afín– atacan en particular a los sindicatos.

Por muchos que sean sus errores, su labor también está avalada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23.4: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”. En este sentido, que hayan dejado de ser vinculantes los convenios laborales en las negociaciones colectivas sitúa al trabajador en la indefensión ante el empresario. Agravada de día en día en el país que ostenta el récord de desempleo del mundo desarrollado.

Estamos viendo cercenado el derecho a la justicia con las leyes de Gallardón –que prácticamente reservan los recursos a las sentencias a los más ricos y que han sido protestadas por el propio poder judicial– o la supresión o restricción de los turnos de guardia de oficio en algunas comunidades autónomas. Asistimos atónitos a presiones gubernamentales para adoptar determinada postura como ocurrió para intentar salvar a Dívar. La separación de poderes es consustancial a la democracia.

Sería prolijo para un artículo enumerar lo que no es sino una actitud. ¿La que expresó en el Congreso de los Diputados el exabrupto de la popular Andrea Fabra? Recortes e incrementos nada inocentes. Copagos, merma de la ayuda a la dependencia y al desempleo, dificultad de acceso a la cultura como si ese valor esencial fuera accesorio, colegios segregados por sexo, discriminación de los alumnos en los comedores según su poder adquisitivo, pavor a las tecnologías de la información en los textos escolares, el aborto, la mujer tutelada de nuevo, la  familia, la autoridad frente al diálogo… una vuelta al pasado, en definitiva, con fuertes tintes del capitalismo salvaje al uso. Un cambio del modelo social.

El flagrante asalto a las radiotelevisiones públicas que han vuelto a ser “de partido” y con destituciones arbitrarias debidas a la inquina personal de dirigentes del PP, como ha ocurrido con Ana Pastor en TVE. O el de Javier Gállego y su Carne Cruda de Radio 3 (RNE) por ser crítico, libre y brillante como pocos.

Con una gestión económica nefasta hasta límites que ni los más críticos y conocedores de datos podían anticipar, con un país a las puertas de un segundo rescate, en el que todas las cifras económicas se desmoronan y pierden los ciudadanos calidad de vida y derechos en cascada, el PP se desliza por terrenos peligrosos en el modelo de Estado en el que está empecinado.

Y, además, la agenda del presidente como secreto inviolable. Comparecencias parlamentarias –de Rajoy y de todo su equipo– que son sistemáticamente rechazadas por la mayoría absoluta. O la ausencia de auténticas entrevistas periodísticas y ruedas de prensa.

Hemos visto inducir conceptos perversamente erróneos que no parecen basados solo en la ignorancia, al asegurar varios miembros del partido gobernante que “la soberanía popular reside en el Parlamento”, según atestigua el vídeo, por ejemplo, de la ministra Fátima Báñez. Es en el pueblo donde reside, y las Cortes la representan.

Un Gobierno ha de gobernar, pero ¿hasta dónde llegan las prerrogativas de su mayoría absoluta? Si decidiera –que de ningún modo es el caso– abolir la propiedad privada, ¿sería legítimo también? Pues muchas acciones en la línea ideológica del PP asisten al mismo contrasentido.

El ensañamiento con los funcionarios del sector público por ejemplo, está destinado tan solo a privatizar servicios esenciales de este… Estado social que costeamos con nuestros impuestos, en beneficio de unos pocos.

¿Todo vale con las mayorías absolutas? Terribles ejemplos del pasado hacen temer que no. La relajación actual de los valores democráticos o la prioridad del pago a la especulación sobre las necesidades de los ciudadanos dibujan inquietantes escenarios. También se decidió la inclusión de esa prelación en la Carta Magna, sin más trámite, por la mayoría de PSOE y PP, en este caso juntos.

Es la inacción de la sociedad la que posibilita estas conductas desviadas de las que se convierte en cómplice. No basta con acudir a las urnas. Cuando creemos en fundamentos básicos de nuestra convivencia, como es el valor democrático del voto, hay que pensar en sus condicionantes. Nadie como José Luis Sampedro definió mejor lo que nos ocurre, yendo a las auténticas causas de la situación que nos está llevando al abismo:

¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. (…)  Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

Vivimos tiempos muy duros que pueden llevar a perversiones indeseables. Leyes y factores por modificar, de forma apremiante ante el cariz de los acontecimientos. Pero cuando se ha incumplido el programa y las promesas electorales, cuando la palabra de Rajoy (y de su equipo) es papel mojado tras la lluvia de los hechos caída sobre él, y cuando asistimos al cambio de un modelo de Estado, lo mínimo que se le puede pedir a un partido democrático es que coteje en las urnas si ésa es la voluntad de la mayoría real y convenientemente informada. Nuevas elecciones. ¿Con este panorama político? Esa es ya otra historia que también habrá que contar.

*Publicado en Zona Crítica. eldiario.es

Devuélvannos nuestra vida

A unos más, a otros menos, pero a la mayoría de los españoles nos ha cambiado la vida en estos cuatro años oficiales de crisis y con una insoportable aceleración en la debacle durante los últimos meses.

La UE envía ya comida a España para paliar el hambre de los más necesitados. No ocupó grandes titulares la noticia de que este año se invertían a este fin 80 millones de euros. Un auténtico escarnio ético en uno de los principales países de Europa.

Cada vez se ve más gente en las ciudades pidiendo para comer. En Internet ha tenido gran audiencia el, dramático y hermoso, relato de un hombre en su blog que comienza así:

La semana pasada tocaron a la puerta y fui para allá. Siempre echo un vistazo por la mirilla y al hacerlo he pensado que se trataba de una vecina, pero al abrir la puerta he encontrado delante a una señora que rozaría los 70 años, bien vestida, aseada, educada en las formas …

Resumiendo mucho, me ha dicho que agradecería mucho algo de comida, que sus hijos están en paro y que es ella quien tiene que mantenerlos con su pensión. Que no le da para alimentar a toda la familia y que ha decidido ir casa por casa tocando a las puertas y ver si de esa manera podía llegar a finales de mes porque tenía la nevera vacía (estábamos a día 20 y los pensionistas cobran el día 25)».

Los “colchones” familiares que con tanto ahínco propicia el PP comienzan a  ser insuficientes para acoger el récord de paro del mundo desarrollado. Además de injustos y tercermundistas. Los derechos sustituidos por la benevolencia y la beneficencia.

150.000 emigrantes se quedan sin asistencia sanitaria desde el sábado, a no ser que la paguen a «precio de mercado». Y también españoles. El periodista Antonio Maestre -de quien enlazaba ayer mismo un trabajo magnífico de investigación- se ha quedado sin tarjeta sanitaria, al estar ahora en el paro, a pesar de que ha trabajado desde los 16 años.

Amigos míos, enfermeras, profesores, funcionarios de la Administración, han visto reducido de forma drástica su nivel de vida. Víctimas del mayor ensañamiento de los gobiernos del PP (destinado a acabar con el sector público), no llegan a los compromisos contraídos al haber contado con unos ingresos que, sin más, se han visto mermados.

Con las subidas de impuestos y los re-pagos la mayoría de la sociedad se ve afectada y tiembla y guarda si puede porque se presume que llegarán tiempos aún peores. Lo harán con seguridad si no cambian las políticas que se están llevando a cabo.

Toda la responsabilidad por el mal que nos aqueja, es vivir en una sociedad en la que una minoría decisiva ha votado a políticos plegados a los poderes financieros -causantes de todo el problema-. Y que, en el caso español, no eligen como prioridad el bienestar de la sociedad a la que representan, porque comparten esa religión ideológica en la que todo está basado en el lucro de unos pocos.

Mientras crece en España el sector del lujo (un 25%) algunos políticos tienen la osadía de presentarse a hablar de mermas, incluso de los derechos humanos, sonriente y con la piel casi abrasada por el sol de unas sabrosas vacaciones. 

Ana Mato y los consejeros de sanidad del PP

No causamos la crisis… y la pagamos. Muy duramente. El daño ocasionado por esos políticos y sus electores nos afecta a todos.

Alguien tendrá que afrontar el hecho. Así no podemos seguir. Tienen que devolvernos nuestras vidas. No fuimos nosotros, fueron otros los que nos han traído la ruína y la incertidumbre.

«Me desperté en una noche silenciosa, no escuché ni un ruído, los maletines saltaban en la oscuridad, y trajeron la ruina a mi ciudad«, canta Springsteen, anunciado lo obvio: que siguen aquí y… volverán a continuar sus tropelías.

Periodismo oficial: una labor implacable

El próximo objetivo del neoliberalismo (del patrio también por supuesto y en cabeza si se tercia) es atacar las pensiones. Los medios grandes (que no grandes medios), muy en su línea, contribuyen pues a preparar el terreno.

ABC se pregunta de nuevo hasta cuándo durará el sistema de pensiones. Y llama la atención, con gran tino, en que difícilmente podrán cobrarlas los jóvenes actuales en paro dado que no les llegarán los años cotizados. Estimulemos pues los planes privados. Porque al Estado no le llega para estas cosas.

En todos los casos, pero mucho más en el de quienes hemos pagado muchos años, es un claro fraude. Ya nos hicimos con ese plan de pensiones a lo largo de toda una vida laboral en la que nos descontaron mensualmente para ese fín y otros que también están podando.

Y tenemos también el panorama que nos presenta TVE en esta otra noticia en la que vemos a los ricos alemanes que se apuntan a trabajar hasta la muerte. Más de 750.000 jubilados del idílico país trabajan en minijobs por 400 euros, cuando el sueldo medio allí es de casi 2.000 euros. De estos trabajadores compulsivos alemanes, 120.000 sobrepasan los 75 años. Algunos, nos cuentan, lo hacen por necesidad, otros por mantenerse activos. El porcentaje ha aumentado un 60% desde el año 2000. La buena información del corresponsal Miguel Ángel García detalla de qué forma se han reducido las pensiones también en Alemania. El camino a la miseria del que hablábamos ayer.

Si lo hacen hasta en Alemania, cómo no lo vamos a practicar aquí. Pero que nadie dude que le quitan el trabajo a otro mejor remunerado, y que con las cifras de paro de España esto es una entelequia… o una tremenda trampa. Restar aún más empleo a quienes tienen edad de construirse una vida.

Los políticos. Son una pena. Tanto como cuenta este excepcional trabajo del periodista -en paro- Antonio Maestre. Entren y miren cómo es posible con esos patrimonios y esas prebendas ocuparse de asuntos nimios como el bienestar de la sociedad a la que representan.

Por eso, el neoliberalismo reinante ya ha dispuesto gobiernos tecnócratas sin pasar por las urnas. Ésta es una perversión todavía mayor. La política es esencial en un sistema democrático. Es imprescindible, inaplazable, regenerarla, pero no acabar con ella. De alguna forma aún podemos pedirles cuentas, cosa que no sucedería con los dueños de la empresa… en la que están convitiendo los países. La que se dirige a la obtención de beneficios económicos sin pensar en las necesidades de los «empleados».  ¿No pagamos impuestos? ¿Para qué los pagamos pues?

En esta línea, El Mundo nos obsequió hace unos días con este EL GOBIERNO PLATÓNICO DE «LOS MEJORES».  Y describen: «Dirigen empresas que aumentan beneficios y crean empleo, pero ¿podrían «rescatar» a esta España en crisis? Un grupo de expertos los selecciona. Los 14 tienen méritos, dicen, para llegar a La Moncloa».

Lo más granado del empresariado español (ése que en buena parte emplea fuera trabajo esclavo para ahorrar costes). Lo presidiría Pablo Isla, el actual gerente de Inditex y por ejemplo el inefable dueño de Mercadona, Juan Roig, sería el ministro de economía. El que envidia el trabajo de los chinos.  Con mujeres y todo, 5 frente a 9 hombres, como dios manda. Pasad también aquí y contemplad este gobierno estupendo.

Gobierno platónico de El Mundo


¿Qué futuro nos espera?

El 1 de Septiembre va a marcar un punto de inflexión en nuestro camino a la pobreza. Según el diseño del PP para, presuntamente “salir de la crisis”, pagaremos más por menos y mermará de nuevo nuestra calidad de vida. Sube el IVA con incrementos sin precedentes. En múltiples productos. Puede que entre lo más notable esté la elevación del precio de las proteínas: carne, pescado… Como en tiempos de la posguerra habrá que dosificarlas, tomarlas mucho más de tarde en tarde. Entretanto –y la verdad no es demagogia- os invito a daros una vuelta por el Club del Gourmet de El Corte Inglés por ejemplo. Un obsceno espectáculo de ostentación en donde vemos elevadísimos precios de alimentos por ser a veces tan solo más sofisticados y llamados a distinguirse de clases con menos recursos.

A partir de ese 1 de Septiembre también pagaremos íntegramente medicinas de uso muy habitual como el Almax o el Fortasec, expectorantes o –con más consecuencia para quienes lo necesitan- vasodilatadores periféricos. En torno a 150.000 emigrantes se verán privados de la sanidad pública, salvo en urgencias, contraviniendo los derechos humanos.

Todo es para pagar un pufo de los poderes financieros que los ciudadanos de a pie no causamos. Espero que todo el mundo recuerde el inicio de la crisis mundial. Ésa que agravó en España la burbuja inmobiliaria –inflada por el PP y no desactivada por el PSOE de Zapatero- y nuestro endémico tejido productivo basado en el turismo y los servicios.

Toda Europa se encamina a la pobreza. Le Monde recoge las declaraciones de un responsable de Unilever, una potente industria de alimentos cosméticos anglo-holandesa, que así lo afirma textualmente. Y en ese conjunto hay sociedades destinadas a pasarlo peor. Muy prácticos los de Unilever, declaran que van a tratar al mercado español como a los países asiáticos en vías de desarrollo: venden productos en envases más pequeños para que sean más baratos. El gasto se nota menos, aunque sea el mismo.

Porque ¿Qué nos espera? Se puede firmar y rubricar que con estas medidas no «se sale de la crisis», se ahonda. La subida del IVA en Portugal ha conseguido recaudar menos por ese impuesto: los ciudadanos reducen sus compras y no les salen las cuentas al gobierno conservador. Suele pasar con esta injusta tasa. Se fastidia al contribuyente y encima se obtienen menos ingresos. Ni a mala fe, sale peor.

Pero es a Grecia adonde debemos mirar con más atención aún. Tenemos en común con ese país la corrupción política y la tolerancia social a esa corrupción. Algo que siempre pasa una durísima factura. Y aunque en una economía aún más débil, los mismos fundamentos productivos: turismo y construcción inmobiliaria.

El escritor griego Petros Márkaris ha escrito un libro, Las luces se apagan, donde reseña el camino seguido tras 18 meses de “reformas” noeoliberales. Y es desolador. Entresaco algunos párrafos del artículo que Márkaris ha escrito en El País y que merece la pena leer completo:

“Mientras tanto, el conjunto de los ciudadanos sin recursos no deja de crecer. Muchos de ellos no pueden ni siquiera costearse sus medicamentos. ¿Qué hacen entonces? Recurren a la organización Médicos sin Fronteras, que proporciona de forma gratuita algunas medicinas. Las dos clínicas de Médicos sin Fronteras que existen en Atenas están pensadas para asistir a inmigrantes sin recursos, que llegan a Grecia desde África en barcas de remos. Pero cada vez son más los griegos que piden ayuda. Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos sin Fronteras.

Entre ellos, por ejemplo, diabéticos que ya no pueden permitirse comprar insulina. La miseria de los inmigrantes se extiende a los griegos. Hasta hace apenas medio año, cuando me asomaba a la calle desde el balcón de mi casa, veía a inmigrantes que revolvían entre los cubos de basura, en busca de algo para comer. En las últimas semanas, se han unido a ellos cada vez más griegos. No quieren revelar su miseria, por eso hacen su ronda a primera hora de la mañana, cuando las calles están casi desiertas.

(…)

Lo peor para los miembros del partido de los mártires es el desánimo. Han perdido la esperanza. Para ellos, tras la crisis no se esconde perspectiva alguna de alcanzar un futuro mejor. Cuando uno habla con ellos, no es posible dejar de pensar que solo están esperando a que llegue el final. Cuando una gran parte de la sociedad no logra reunir el optimismo necesario, significa que la vida es en verdad agobiante. En muchos de los bloques de viviendas en los que viven ciudadanos con ingresos escasos o moderados ya no se enciende la calefacción. Las familias carecen de dinero para gasóleo, o prefieren utilizarlo para otras cosas.

(…)

La recesión no es la única preocupación de los mártires. A pesar de que sus negocios ya no rinden, están obligados a pagar sus tributos por partida triple: primero, el Impuesto sobre la Renta, después diferentes impuestos adicionales y, por último, un complemento de solidaridad. Un impuesto este, el de solidaridad, que el año próximo deberán abonar en dos ocasiones, mientras que otro impuesto indirecto, el IVA, se incrementó dos veces durante el año pasado. Mientras que los defraudadores no pagan nada o casi nada de estos impuestos adicionales o del complemento de solidaridad, porque muchos no presentan la declaración de Hacienda o disfrazan una gran parte de sus ingresos, los ciudadanos honrados no pueden casi ni respirar.

(…)

La contención del consumo y la falta de créditos ha frenado el crecimiento económico del país y, por este motivo, son muchas las pequeñas empresas que se hunden estos días. Desaparecen, pero no se llevan consigo las numerosas deudas contraídas. Mi cuñado, representante de moda infantil, me contaba entristecido que solo la pasada semana había vivido tres casos semejantes. Es desesperante. Ahora, delante de las oficinas de empleo, se ven largas colas de parados que cada mes aguardan pacientemente la orden de pago con la que el banco debe transferirles su subsidio. Sin embargo, nunca pueden tener la certeza de que el pago llegue a principios de mes. A veces, tienen que esperar algo más para cobrar sus 416,50 euros, pues el número de parados no deja de crecer y a las oficinas de empleo se les termina el dinero.

(…)

El cuarto y último partido de la sociedad griega es el que más me preocupa. Es el partido de los desesperanzados: los jóvenes griegos, sentados todo el día frente al ordenador, buscando en Internet, desesperados, un trabajo, sea donde sea. No son emigrantes como sus abuelos, que en los años sesenta llegaron a Alemania desde Macedonia y Tracia para buscar trabajo. Estos jóvenes han ido a la universidad, algunos incluso tienen un doctorado. Sin embargo, cuando terminan la carrera se van directos al paro. (…)

Ya sea a causa de la recesión, de las medidas de contención del gasto, del recorte de la deuda o de las reformas, el caso es que vamos a sacrificar a tres generaciones en nombre de la crisis. Hoy son los jóvenes los que más pierden; mañana lo seremos nosotros, porque en algunos años nos faltarán las fuerzas para seguir luchando. (…)”.

Pero no todos pierden en Grecia, tampoco en España, ni en el resto de Europa…

“Está claro que los beneficiarios y los defraudadores no tienen tales preocupaciones. Apenas sienten que el país está en crisis. Antes de que Grecia entrase en esta situación, ya habían trasladado su dinero al extranjero. Mientras que los bancos griegos han perdido en los últimos 18 meses alrededor de 6.000 millones de euros, los bancos extranjeros —especialmente los suizos— se frotan las manos”.

Añadamos que los griegos han cometido el error histórico de volver a entregar el poder a los causantes de sus males. Como en otros países, como en España, el miedo y la manipulación, el desinterés por la realidad, conduce a votar contra los propios intereses. Nada conseguiremos mirando para otro lado. Discutiendo si son galgos o podencos mientras nos engulle el lobo. Enchufándonos en vena fútbol, cualquier otra distracción, o diciéndonos que no queremos sufrir pensando estas cosas o que no sirve para nada lo que hagamos. Un negro futuro camina sin pausa, y es inexorable si no se cambia su trazado.

De la mano

              

Altos. Elegantes. Paseando en una mañana de domingo cogidos de la mano. ¿Cuántos años llevan haciéndolo? ¿50? ¿25? ¿10? ¿1? ¿Un mes?

Por supuesto que –juntos o cada uno por su lado- han sorteado muchas tormentas como suponía Jacques Brel en la canción que les dedicó. Y, quizás, él le haya llevado el equipaje mil o 30 veces y otras tantas se lo haya dejado en el suelo. Igual su viaje precisa pocos avíos fuera del mundo que forman. Parece, sin embargo, que ni uno ni otro han perdido el sabor del agua y el de la conquista. No se apoyan para andar; se sustentan, suman.

Caminar así de la mano indica que les asiste el talento de llegar a viejos sin ser caducos, como de alguna forma también decía Brel.

De la mano. La que no te dejó al borde del abismo o, al menos, regresó a por ella y tú se lo permitiste o no. La que no fue mordida o la que vio curarse las heridas. La que acaricia siempre la piel que ama.

La que aún sale del bolsillo de tarde en tarde a ver si encuentra alguna suelta que encaje con ella. El mundo a dos es más redondo.

Una larga vida vivida que apuesta por un presente hermoso. De la mano. Paseando en una mañana de domingo. Envidia. Sana.

 

¿Qué nos falla?… El periodismo

«Defendíamos lo que está bien

Luchábamos por razones éticas

Aprobábamos y derogábamos leyes por razones éticas

Hicimos la guerra contra la pobreza, no contra la gente pobre

Nos sacrificábamos. Nos preocupábamos por nuestros vecinos

Construimos grandes cosas

Hicimos tremendos avances tecnológicos

Exploramos el universo

Curamos enfermedades

Y cultivamos los mejores artistas del mundo

Y la mejor economía del mundo

Tratamos de alcanzar las estrellas

Actuamos como hombres

Cultivamos la inteligencia, no la menospreciamos

No nos identificábamos por a quién votamos en las últimas elecciones

Y no… no nos asustábamos tan fácilmente.

Fuimos capaces de ser todas esas cosas

Y de hacer todas esas cosas…

Porque estábamos informados».

Este es el impactante inicio del primer capítulo de “The Newsroom”, una serie norteamericana (no emitida aún en España) sobre la lucha por hacer periodismo, por lograr una sociedad informada. Y no sin dificultades, claro está. Es demasiado jugoso el negocio, aunque se esté hundiendo en su propia trampa.

Un capítulo que se inicia con el debate político habitual en presencia de un periodista auténtico. Y quizás de otro, el moderador, que busca respuestas e inquiere como no estamos acostumbrados aquí. La tragedia, una vez más, es peor en España. Hasta los medios de información extranjeros lo resaltan: la Agencia británica Reuters dice que el periodismo español ha perdido colmillo. Muy benevolente pensar que en los últimos años lo tenía.

Ficción literaria, utopía, pero con realidad al fondo, con amor a una profesión de servicio a la sociedad. El periodista invitado arranca en una declaración impresionante ante la pregunta estúpida de una joven. Una de tantos jóvenes, maduros y viejos estúpidos que hoy pueblan nuestro mundo. ¿Es suya toda la responsabilidad?

¿Cómo es posible que cada día nos despertemos con nuevas afrentas a nuestros derechos, a nuestra inteligencia incluso, y la sociedad en su conjunto siga bajando la cabeza y aceptando lo que le echen? ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?

Porque no están informados. Porque están en realidad desinformados. Una larga labor de disuasiones en el entretenimiento, en la infantilización, en los falsos debates donde –sin datos- apenas se deja otra opción al ciudadano que elegir la de aquél que “más le gusta”, en la selección calculada de presuntas noticias, en la manipulación, en el miedo… a algo peor. ¿Qué hay peor?

Pero aún lo seguimos intentando. Desde distintos puntos del mundo, se sigue luchando por el periodismo de verdad, dado que en estos momentos es más vital que nunca para la sociedad. En esta alocada carrera por destrozarnos, por aniquilar el sistema que teníamos, no hemos llegado ni a la mitad del camino previsto. Caemos ya por un precipio y cada vez se acelera más la velocidad a la que solo espera el impacto en derrota.

No es labor de llaneros solitarios, sin embargo. Échadnos una mano. Colaborad en buscar noticias siquiera apartando la maleza de tanta basura. Apelad a los periodistas en activo que aún queden, que aún quedan, con un mínimo de dignidad.

Es España la que está hecha un «Ecce Homo»

 No es lo peor que la “restauración” de un cuadro religioso perpetrada por una anciana de la localidad zaragozana de Borja esté dando la vuelta al mundo para nuestro escarnio, el grave problema es que se le dé carácter de símbolo de lo que Rajoy y su equipo están haciendo con España. Desde la Armada Invencible este país es pionero en chapuzas pero pasan los siglos y la tendencia se mantiene.

   La elección de la octogenaria aragonesa no es baladí. “Ecce homo”: He aquí el hombre. Fue la frase con la que Poncio Pilatos, el gobernador romano de Judea, se lavó las manos al entregar a Jesús de Nazaret al populacho. Torturado, flagelado, con corona de espinas insertada en las sienes, venía ya el pobre “hecho un Cristo”.  Siglos de Historia del Arte lo han recogido.

   Partimos pues de una alegoría de algo ya maltrecho, y se deja en manos de incompetentes su restauración. Graves errores de bulto del pasado (lejano y cercano) afloran cada día y el retrato de España es una purita herrumbre. Entonces enviamos a De Guindos, Montoro, Soria, Báñez, al propio Rajoy, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y el resto de la troupe a darle unos brochazos y queda una caricatura descarnada: rescate, recesión, recortes insostenibles, subidas de precios inasumibles. Ana Mato nos ha dejado la sanidad acribillada. Wert tiene la educación tal que en una regresión al franquismo. Cospedal o Aguirre o Botella… aparecen para dejar los servicios públicos como malas copias de las pinturas negras de Goya. No se puede hacer peor si no es con estrabismo o muy mala leche.

   Las gentes serias de fuera empezarán a relacionar conceptos (eso que aquí tanto cuesta). Tirarán de hemerotecas antiguas y recientes. Las muchas mentiras, sí, pero también las gloriosas declaraciones con la que nos surten a diario los “restauradores” de la patria. Gallardón y la “mujer auténtica” (madre a la fuerza). Ana Mato alabando las virtudes de los remedios naturales para las dolencias a ver a quién engaña para que no gaste un euro de su presupuesto. Soria, ministro de turismo entre otras cosas, pidiendo que los españoles veraneen en España porque fuera “hay 40º y mosquitos” en un verano con olas de calor consecutivas. O penalizando las energías renovables. Wert calculando que si los juegos olímpicos durarán una semana más España obtendría muchas más medallas ¿en ausencia de contrarios? O Rajoy que en cuanto entra en levitación encuentra todo “tan bonito”. ¿Alguien cuerdo puede digerir esto sin que le dé un espasmo?

  Y luego el aborto perseguido con cárcel, las protestas ciudadanas penalizadas, racismo, xenofobia, los Códices Calixtinos, los toros, Gibraltar,  las plegarias de gobernantes a las vírgenes varias para que solucionen la crisis ¿La Armada Invencible otra vez? ¿Las Cruzadas? Por desgracia, en eso ya estamos. Brochazo tras brochazo, nos están dejando España hecha un “Ecce Homo” y va a ser difícil encontrar restauradores que reparen tanto desatino. Y está claro que esta pintura no la compra ya nadie con un mínimo de criterio. Por mucho que la vistan de seda los políticos y los medios locales.

 *Publicado en Zona Crítica eldiario.es

¿Cómo lograr una «mujer auténtica»?

  El objetivo es el planteado por Gallardón, una mujer auténtica es la que tiene hijos. Contra viento y marea, aunque luego nadie le ayude a darles de comer. No importa lo que quiera u opine, la misión de la mujer en la vida es procrear. Y las grandes tareas ideológicas (como las que tiene en marcha este gobierno) se empiezan desde la infancia.

   El titular de un ministerio que aún se llama educación, José Ignacio Wert, acaba de mostrarse contrario a  dos pronunciamientos del Tribunal Supremo  rechazando que los colegios que segregan a niños y niñas por su sexo sean financiados con fondos públicos. No hay dinero para comedores, ni para que gire dos minutos el microondas y caliente la que se trae de casa, pero es prioritario «educar» a los niños con los niños y a las niñas con las niñas. A costa de los impuestos de todos, además. ¿La causa última? que se evitan «peligros» y que suponen más fácil el adoctrinamiento.

En 2008 escribí mis argumentos sobre Las raíces de la desigualdad entre mujeres y hombres, las razones de la violencia machista, también, en una Tribuna de El País. Y quiero destacar estos párrafos.

«El problema está en el fondo, y hay que cambiar los esquemas. En el colegio, en casa, en la sociedad que a veces presta un tácito apoyo «comprendiendo» estas situaciones, en las doctrinas morales que, sin sonrojo, califican a los malos tratos como «fruto amargo de la revolución sexual». Así lo hicieron los obispos españoles.

La educación es clave porque aún sigue siendo el escollo. Habría que aclarar en los libros de texto que las mujeres han sido en la Historia algo más que Reinas. Los colegios que separan a niños y niñas asisten a un sordo auge. Argumentan que cerebros, maduración y actitud son distintos en uno y otro sexo. Cierto. No existe la uniformidad (ni entre los miembros del mismo). Pero dejemos que unos y otras asuman sus hormonas porque el premio no tiene precio: conocerse, saber que la niña que alborota las entrañas, ríe, llora, se empeña y se preocupa… como él.»

Hemos cambiado los esquemas, sí, pero al revés, hacia atrás. El problema -común a otras religiones muy atrasadas- está en el ojo que mira. El ojo sucio solo ve porquería allá donde lo dirija.

El Norte

En el norte, lo primero que uno hace al despertarse es mirar al cielo, al paisaje, que no es mala forma de comenzar el día. Ocurre que, en el norte, el sol y las nubes mantienen más que en otros puntos cardinales, sus propias reglas de convivencia. Algo más igualitarias, de poder a poder. En el mismo día, en la misma mañana incluso, sale el sol, las nubes y la lluvia, si se tercia.

Al norte venimos,  siquiera dos o tres días, los turistas que huimos de «los mosquitos y los 40º» que…  achicharran en este momento a buena parte de España, sin que el ministro del ramo (turismo) se entere. Los que, quizás, preferimos que la sangre atempere sus hervores. Basta con girar la cabeza para que el verde (árboles, plantas) siga inundando de paz.

Por su forma de comportarse se ve quién saborea del norte cuando quiere y quién corre ávido a por él. Por lo demás, la misma España. Los gregarios que plantan la toalla y todo un campamento al lado de donde tú estás, a pesar de que no sean playas tan abigarradas como las del mediterráneo más cálido. Múltiples paseantes en la orilla. Viejos que acuden tambaleantes al agua, apoyados… por familiares y no como veía estos días n Madrid por esas emigrantes que el gobierno quiere echar. Por las que abandonaron sus propios viejos y jóvenes en su tierra para cuidarnos. Y grupos de jóvenes cuya conversación constante es su futuro, si se van o no se van de España. Ni siquiera el mar les calma.

Sigues (menos de lo habitual) las noticias. Se preparan más recortes. Más aún, en la carrera desenfrenada del PP por culminar la caída en el abismo en la que nos encontramos hasta el sonoro crack contra el suelo. El  pequeño hotel de gente sabia tiene rincones con libros de todo tiempo.

Las olas del mar suenan de día y de noche. Mar bravo. Que sube y baja y a veces sorprende a la toalla. Buena comida, natural,  mejor compañía. La calidez  y la inteligencia como mejor cóctel. Sin prisas, ni programas. El norte de España es el sueño de otro norte que hace siglos barrió la caspa.  El norte siempre es una buena opción.

Los pies en el suelo. Inminente el fin de la brevísima estancia, del respiro. La tentación infantil de plasmar ideas en la arena impoluta del amanecer. Y saber con certeza que las olas se la habrán llevado. Pero que seguiremos escribiendo cada día de nuestra vida para tratar de enderezar el rumbo. El norte parece ser hoy una de las direcciones más difíciles de encontrar.

Rajoy, la estrategia del percebe

Ha basado su vida en la constancia, en aferrarse a lo que consigue contra viento y marea. Su máxima parece ser la que esbozó otro gallego como él, Camilo José Cela: “En este país, el que resiste, gana”. Hipótesis que no siempre se cumple pero que en Mariano Rajoy ha funcionado hasta convertirlo en ejemplo paradigmático. Cabe preguntarse si no encuentra inspiración en las aguas que bañan su tierra natal, si no sigue… la estrategia del percebe.

Hijo del que fuera presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el joven Mariano estudió Derecho como él y, ya desde el último año de carrera, preparó oposiciones a registrador de la propiedad. Las aprobó para convertirse a los 24 años en el titular de ese cargo más joven de España. Hecho que desempolva ahora la derecha mediática como muestra de sus virtudes.

En realidad, no es una profesión para pensar y deducir sino para dejar constancia escrita de títulos. Exige perseverancia, no brillantez. En España, los registradores de la propiedad gozan de un estatus insólito y privilegiado que escandaliza a sus colegas europeos. Es el único país en el que cobran directamente al ciudadano que quiere inscribir algo, en lugar de ser funcionarios con un sueldo aceptable que realizan gratis para el contribuyente la misma función. En Europa es un servicio público, aquí privado y con pingües ganancias

Desde hace más de 30 años, Mariano Rajoy se dedica a la política. pero también mantiene su plaza –por más de dos décadas ya sin hacer uso de ella– como registrador de Santa Pola (Alicante), a la que no ha renunciado ni como presidente del Gobierno. Gracias a la peculiar legislación española, su trabajo –es el único registrador de esta localidad– lo hace otro profesional de Elche y existen fundadas sospechas de que se reparten los beneficios cuya cuantía cifran la mayoría de los fuentes en torno a un millón de euros anuales. El periodista Miguel Ángel Aguilar pidió explicaciones a Rajoy en un muy documentado artículo y nunca ha habido respuesta. También ahí Rajoy resiste. Como el percebe.

El percebe es un crustáceo cirrópodo que, tras un breve período nadando en libertad como larva, se aferra a una roca o sustrato duro de adulto y allí permanece de por vida. En su cabeza o uña se insertan sus órganos vitales. Es a través del pedúnculo –recubierto con una piel gruesa– como se mueve y consigue su alimentación. Absolutamente impermeable, no tiene corazón (su función la realiza el esófago), es hermafrodita aunque sin capacidad para autofecundarse, y presenta una baja capacidad para el transporte de oxígeno, debido a que carece de agallas como tales. De ahí que precise para instalarse de aguas turbulentas que al batirse liberan más cantidad de ese elemento esencial. Aunque siempre han de ser poco profundas, que no presenten grandes riesgos y ayudados por su buena adaptación a períodos en seco cuando baja la marea. Algunas variedades actúan como parásitos, por ejemplo de los cangrejos.

En la azarosa vida marina –cruel donde las haya–, los percebes utilizan dos sistemas contra los depredadores, que incluso pueden ser otros miembros de su misma especie. Una es la colonización masiva de una zona: establecerse en gran número y al mismo tiempo, lo que permite sobrevivir, arropados unos con otros, a buena parte de ellos. La otra consiste en el crecimiento rápido que les facilita ascender a niveles más altos que sus competidores y conseguir un tamaño que resista los ataques.

Y ahí tenemos al Mariano Rajoy político. Ahíto de cargos relevantes en los que no destacó, se ve aupado a candidato a la presidencia por el PP, designado por Aznar. Nadie daba un euro por él tras su derrota en 2004, y menos aún en 2008 cuando fue intensamente contestado en su partido y, tanto o más, en la carcunda mediática, pero una vez más se mantuvo. La revuelta marea de la crisis le da aire y lo catapulta a la Moncloa por mayoría absoluta, a pesar de contar solo con los votos del 30,37% del electorado, por los azares de nuestra también peculiar ley electoral. Zapatero no la consiguió con un 32,18% en 2008, ni con el 31,89% del 2004 y más papeletas a su favor que el PP en 2011 en ambas ocasiones.

Mariano Rajoy hoy acarrea el récord de ser el presidente que más rápido ha perdido su aceptación popular. A él y a su Gobierno se debe el agravamiento de la crisis y la pérdida de condiciones de vida y derechos de los españoles. Fuera, según describía pormenorizadamente el semanario alemán Der Spiegel, “está irritando a sus socios europeos con llamadas telefónicas frenéticas”, mientras  guarda silencio en su propio país. La imagen que da Der Spiegel de Rajoy –“mirando desamparado e impotente los gráficos”– le convertiría en un cadáver político en vías de dimitir, si no fuera porque Rajoy  parece seguir, en toda circunstancia, la estrategia del percebe que tan buenos resultados le ha brindado hasta ahora. Por mucho que descarguen tempestades y batan las olas, no hará previsiblemente nada… salvo asirse al cargo.

El percebe marino se aferra, aguanta, persevera, ocurra lo que ocurra a su alrededor. Su único propósito es mantenerse. Si no sucumbe ante un competidor, su destino final es un plato. Múltiples percebeiros se afanan a diario, entre el miedo y el valor, en esa tarea dura y costosa, incluso poniendo en peligro su vida, porque este crustáceo llega prácticamente a soldarse con el lugar que ocupa. No sirven las victorias morales, sino las efectivas. En muchos casos, los mariscadores terminan por hallar un resorte que desprenda al percebe de la roca a la que con tanto ahínco se sujeta contra todo pronóstico y toda lógica… colectiva. El mar y la tierra son de todos, no solo del percebe.

*Publicado en Zona Crítica. Eldiario.es