La era de la masificación y el descafeinamiento

En mi reciente visita a Granada (a las jornadas de blogs y medios) me escapé a ver la Alhambra. Viene siendo una necesidad imperiosa dar un paseo por el gran complejo nazarí cada vez que visitó la ciudad. Previamente, desde Madrid, tuve que adquirir una entrada en La Caixa, eligiendo horas libres de las visitas programadas. La riqueza arquitectónica del palacio sigue imperturbable, y continúa asombrando por su perfección, pero no fue lo mismo.

Día laborable de un mes de Abril. Por la tarde. No es temporada alta y, sin embargo, hay inmensas colas para entrar. Recorrido en rebaño. Apenas pude hacer una foto sin gente en esos arcos donde tengo –o tenía, que no las encuentro- muchas, sentada en el borde, para mirar el paisaje sin impedimentos, y sin prisa, porque otro cupo aguarda para entrar. Ahora ni siquiera se puede pasar, una barrera lo impide. En el Patio de los Leones no hay ni leones porque los están restaurando, y el Generalife de mis sueños parece más encorsertado y repulido que nunca. Muy cuidado, es cierto, pero con parte de su alma robada. No os digo más que los nenúfares estaban muertos. Habráse visto 🙂

Uno de los primeros viajes turísticos de mi vida fue a las cuevas de Altamira. Me llevaron mis padres. Y no sé si un día el alzheimer borrará el recuerdo -hasta ahora indeleble- que me produjo contemplar las pinturas rupestres de aquel templo del Paleolítico superior. Me pareció que los bisontes rezumaban sudor, respiraban, vivían. Una percepción sensorial. Y entendí, quizás por primera vez, que el ser humano precisa expresarse en cultura sean cuales sean sus condiciones ambientales. Que el arte es innato al hombre. Creo que pensé: a pesar de los pesares, somos buena gente. Al menos, lo he creído después.

Luego se cerraron al público. Construyeron una réplica, un parque temático artificial. Las personas resultamos peligrosos agentes contaminantes, lanzamos microorganimos nefastos al respirar, y en Altamira se han encontrado ya hasta hongos, como ha sucedido en las de Lascaux (Francia), que, incluso, han horadado la roca. En el caso de Altamira las pinturas estaban allí desde al menos 9.000 años antes de la era cristiana, el problema ha sido la masificación. Ahora el gobierno de Cantabria se propone reabrir las cuevas, cuando los técnicos lo desaconsejan.

La cultura se ha democratizado –que diría un periodista, un político-, y la tercera edad internacional, especialmente, se monta en autobuses y recorre los lugares turísticos viendo los monumentos, a todo correr, a través del visor de su cámara digital, -casi como en la réplica de Altamira-, en lugar de quedarse en casa contemplando su artrosis. Estupendo. Pero no sé. Igual hay que crear más fuentes de cultura, igual hay que irse muy lejos como José Antonio adonde existen maravillas que casi nadie ve.

Cuando escucho en la radio un anuncio del Teatro Häagen-Dazs Calderón, lanzó un respingo. Creo que hay otro que se llama Movistar Rialto. Yo, ya digo, compré mi entrada para la Alhambra en La Caixa. Y, no sé si poseo una desconocida faceta carca, pero me digo: no es esto, no es esto. Somos demasiada gente, son demasiadas empresas vendiendo.

Creo que empiezo a añorar cuando íbamos seis personas en un utilitario, y sin cinturón de seguridad, por carreteras imposibles y sin siquiera doble vía. Cuando se fumaba hasta en los hospitales. Y el dentista te sacaba la muela con el instrumental que había utilizado con un infeccioso o el enfermero ponía la inyección tan sólo hirviendo la aguja en alcohol. E ibas al colegio andando, sin que papá te llevara en coche por la mañana –dejando el automóvil en doble fila- y mamá te recogiera por la tarde –haciendo lo mismo-. Y nadie disponía de móvil, y podía perderse durante horas sin que le controlaran. Hoy termina por ser un desafío… comerse un yogur caducado. En ese punto hemos perdido libertad… y madurez.

Va a ser que, como Susanita, la amiga pija y tonta de Mafalda, “Amo a la Humanidad, lo que me molesta es la gente”. Ciertamente la prefiero de una en una, o en pequeños grupos.

La Alhambra desde el Mirador de San Nicolás (en día nublado que disuade la masificación de la "puesta de sol")

Exorcismo musical

Sonia me ha recordado que existe Barbra Streisand. Y a estas horas –a cualquier hora- la música da un cierto calambre en el corazón. Para exorcizarlo, en aquel programa de RNE con José Antonio Rodríguez y Concha Villalba del que os he hablado varias veces -en una sección-, analizábamos el contenido real de las canciones que nos afectan hasta doler. Hay muchísimas, cada uno tiene las suyas, además.

“Y sin embargo te quiero” es el cénit del desgarro, probablemente. Racial y española, la han cantado todos (hasta Sabina). Se lo avisaron mil veces y no quiso poner atención. Tragó lo indecible la mujer, sin un reproche, preguntando como una dulce geisha ¿me quieres? Cuando él llegaba a su capricho, tras esperarle hasta muy tarde… y “de estar con unas y otras”. “No debía de quererte… y sin embargo te quiero”. Y la lógica suele funcionar, si avisaba algún indicio habría del desarrollo predecible, pero todos sabemos que el amor es ciego, aunque imagino que hasta cierto punto. La cosa termina con un niño sin apellidos. Y con la enamorada cantándole a la criatura hasta las claras del día (dado que olvida las nanas): “que se me salten los pulsos si te dejo de querer, que las campanas me doblen si te falto alguna vez”. ¡A un bebé en la cuna! Así hemos salido como hemos salido.

El caso es que ayer, en el coche, zapeé por las emisoras de forma aleatoria y encontré a un caballero latinoamericano que me hizo quedarme. Contaba muy compungido una historia con este comienzo: “Hoy me voy a acostar con otra”. Él quería a una señora pero se disponía a copular con una diferente, tratando de culpabilizar a la primera de tamaña desgracia. Iba a pensar en la amada en cada segundo del refocile pero ni en sueños se planteaba prescindir del evento. Lo peor es que se le veía destrozado. Es que parecía que le hubieran obligado y que su destino le condujera a un funeral en lugar de a un buen sarao entre las sábanas. Me dio que pensar. ¿Este hombre estaba a lo que estaba? Porque muchas veces la raíz de los fracasos se encuentra en la falta de concentración. no gustar del trabajo bien hecho. Porque digo yo que no sería una excusa.

Volviendo a Barbra. You don´t bring me flowers any more. Tú ya no me traes flores, ya no me cantas canciones de amor cuando entras por la puerta al final del día. (Entraba cantando canciones de amor por la puerta, atentos). Y no podía esperar para amarla –eso dice-. Odiaba separarse de ella. Odiar, no lamentar. Pues bien, toda la vida entendí que Neil Diamond –que era su pareja- decía: “It´s good for you”. Es bueno para ti. Y me decía: otro con un eufemismo que suele revestirse de diversas formas verbales: no te merezco (esto es verdad), tienes derecho a ser feliz (pero no conmigo). Esa parte se la calla, aunque la señora no vea otra posibilidad de felicidad en ese momento que ese hombre en concreto. Pero acabo de percibir –gracias a la recomendación de Sonia sobre Barbra  que me ha conducido inexorablemente a repasar lo más florido de la cantante- que ¡faltaba un When! Y el asunto cambia diamentralmente. “Cuando es bueno para ti, vale, si soy yo la cosa cambia”. Y ella insiste una y otra vez con que no le trae flores, no le trae flores –la importancia de los pequeños detalles-. El episodio acaba en ruptura. “Mira lo que voy a aprender es a decir adiós, y tú deberías hacer lo mismo”, concluye la mujer, marcando una sensible diferencia con la que aún debe estar diciendo “Y sin embargo te quiero” a sus nietos, si es que el hijo hizo carrera de su vida con semejante infancia. La letra por cierto es de Truman Capote. Y el despido lo dicta Barbra, con mucha educación, con gran elegancia. Ahora lo escucharéis. Por cierto, el tipo parecía legal, salvo que no le llevaba flores ya, eso sí. Nada que ver con el tarambana patrio.

Antes os explico este post. Llevo no ya un día sino varios viendo a ver si soy tocada por la fe liberal y pienso yo que será más fácil si no me meto donde no me llaman. La fe viene cuando ella quiere, es consustancial a su ser, pero hay que echarle una manita. Creo que ser liberal ofrece enormes ventajas en el mundo actual. Ahí tenéis a Rick Costa rehabilitado en funciones y sueldo. O esta ventajosa oferta de trabajo: La CEOE propone un nuevo contrato precario para jóvenes, sin que a sus impulsores se les caigan los palos del sombrajo. Sobre todo, aquí están, se ven, se sienten,  los votantes ávidos de amar a los neoliberales. ¿A quién no le gusta que le quieran?

You don´t bring me flowers…

Actualización 3/3/2010

El olvido de la cultura

Lo cuenta en los comentarios de la entrada anterior Lorenzo. Anécdota presencial: en una papelería-librería “no les suena” el Lazarillo de Tormes y vendedora ¿de chuches no comestibles? y madre de la criatura forzada a leer la obra preguntan insistentemente por “el autor”. Durante años el espejo de la picaresca española fue de lectura obligada en los colegios, veo que ahora también. Hay que saber qué nos ha tejido, qué nos sustenta, y entendiendo la crítica (anónima por miedo) a un sistema de valores, basado en el robo y la trampa, que hoy provoca orgullo e hilaridad.

Pero ésa es otra historia. Hace tiempo que vengo observando que la cultura se remansa en compartimentos parcelados e impermeables y que quizás más que nunca –aunque resulte paradójico por la divulgación de Internet- la cultura se olvida y, como todo, se impregna de la moda.

Resulta evidente que sólo los grandes creadores traspasaron su tiempo. Mozart, Goethe, Goya y todos los demás, convivieron con artesanos de sus géneros que quedaron aparcados. Lo que me asombra es el olvido durante el tiempo de vida. Conservo el imaginario de mis padres –que no fue demasiado amplio dado cómo tenían que luchar por sobrevivir- y mi propio hijo conocía el nuestro (el de su padre y su madre) con nombres que brillaron antes de que él naciera. Ahora consumimos la cultura con extrema rapidez, como todo lo desechable.

Cuando en 2005 le dieron el Premio Nobel de literatura a Harold Pinter, me quedé petrificada al escuchar en el telediario a Lorenzo Milá (con 45 años entonces) decir que había recaído en un escritor “poco conocido”. Harold Pinter fue un mito en los sesenta tardíos, en los setenta, cuando el Mayo francés pedía luchar por lo imposible, otros países le condecoraron con el más alto galardón de las letras hace bien poco, y aquí había pasado al olvido. Los ejemplos son innumerables y acrecientan una sensación de vejez molesta.

Pero, al mismo tiempo –y regreso al principio-, veo a gente de mi generación anclada en el pasado. No han salido de sus ídolos y formas de juventud. Como las generaciones de menos edad tampoco parecen molestarse en echar el anzuelo a la cultura anterior, se crean parcelas condenadas a no entenderse, y a no crecer en la suma. Viator suele hablar en su blog de cultura -tiene pocas visitas (como esta entrada tendrá menos de lo habitual)-. Es una de las personas más preparadas que conozco, como varios que escribís en los comentarios, Pati_Difusa, altamente a tenor de sus enlaces, y no os cito de uno en uno, porque estáis muchos en esa línea. Ninguno parece acabar de salir del parvulario. Tienen –porque la buscan- esa amplitud de conocimientos exigible para que la cultura no se extinga.

Nunca ha habido mayor acceso a ella. Internet nos la sirve en bandeja, mientras no prosperen completamente los decididos propósitos de cercenar La Red, en aras del beneficio económico de particulares. Quizás hay un exceso de oferta y, por ello, la paradoja de que es mucho más difícil encontrar lo valioso.

Anoche, Iñaki Gabilondo y sus tertulianos (gente con amplitud de miras) se asombraban de esta sociedad que adora a becerros soeces (y según se ha sabido ya de ultraderecha), como el último en aparecer. Sólo Javier Valenzuela habló de la búsqueda de espectáculo a cualquier precio, de la televisión como causa. Coincido absolutamente con él, formateó a la sociedad -con sus mensajes cortos y fáciles- para venderle mejor los productos de quienes –de una forma u otra- la pagan. Los demás concluyeron que seguramente era Internet el origen, el miura que desconocen. Cuando la basura es predominante en la televisión e Internet recoge todo el conocimiento, además –por supuesto- de los excrementos de la sociedad, y de nuevas formas audiovisuales que abren caminos. Y tiene, sobre todo, una ventaja imparable: nos interrelaciona, nos convierte en actores en lugar de espectadores tan sólo.

Sigamos pues comentándonos el Lazarillo de Tormes, y Dune, y No logo, y La doctrina del shock, y la pintura, la música, la arquitectura, el cine -si nos deja tiempo el ruido. Mantengamos, como en la premonitoria Farenheit 451 de Ray Bradbury (1953), la memoria de la cultura. Sólo ella aporta instrumentos de pensamiento crítico para defenderse del masivo adocenamiento al que nos inducen.

Manifiesto «En defensa de los derechos fundamentales en Internet»

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

(Suscribo este manifiesto elaborado y suscrito por un gran número de periodistas y creadores de Internet. Probablemente poetas y juglares acudieron a las «autoridades competentes» cuando surgió la imprenta, porque el gran medio iba a anularles o modificar su modo de hacer largamente establecido. Nadie discute hoy el avance que supuso la estampación de los textos y cómo agilizó su difusión entre los ciudadanos. La ceguera de no querer ver la innovación, lo que se impone por su propio peso al incluir mejoras y mayor implantación social, se extiende sobrepasado el siglo XX de los grandes hallazgos. Pero así es la vida. Y la condición humana. Y los privilegios adquiridos).

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

El obelisco de Calatrava en Madrid

Os presento el obelisco que se ha instalado en la Plaza de Castilla de Madrid. Obra de Santiago Calatrava, la ha regalado a la ciudad, junto con la Fundación Caja Madrid. El llorado Soitu nos contaba algunos pormenores del asunto.

  Todavía la glorieta está en obras, muy en obras, y la compañía de las dudosamente estéticas construcciones de la Puerta de Europa (o Torres Kio en el pasado), presta al conjunto una imagen que desconcierta y que ha inducido hasta a chistes.  Hablando en plata: un pastiche, lo que define el urbanismo de Madrid. Pero lo cierto es que el dorado obelisco entretiene el perenne atasco de Plaza de Castilla, que no gira, sino que se mueve en sí mismo aportando formas y reflejos que pueden llegar a ser un relajante ejericio de sosiego, siempre bien recibido. A mí me gusta.

Salgo para Zaragoza, a mi casa madrastra, donde hay gente que aún me quiere. Hoy no hay tiempo para más.

Mujeres

Somos, en general, algo más sensibles. Tiene que ver con el cerebro y el desarrollo del hemisferio emocional, pura biología. Intelectualmente, tan capaces y tan incapaces como cualquier otro ser humano. Nos educaron, a buena parte de nosotras, para cumplimentar al hombre. Y sobre todo para no afrontar los asuntos de frente. Privadas de poder, había que moverse con argucias. Por eso detesto hasta límites que no podéis imaginar las “armas de mujer” que nos han hecho tanto daño. Ciertamente, casi nadie comprende que no se abuse de su uso. Ir de frente. Ni ellas, ni ellos. Detesto el machismo de la mujer aún más que el del hombre, por las trabas que ha supuesto a nuestro género.

No repetiré más la condición de incapaz mental que otorgó el franquismo a la mujer. Pero sé cómo me sorprendía algunas aptitudes que me imponía, ya en mi niñez,  mi condición femenina. Triviales si se quiere, pero creo que ya desde entonces pensaba. Me preocupó mucho saber la misión que me reservaba la vida por ser mujer. Me preocupó, porque prefería conocer de dónde venimos y adónde vamos. Y saber qué podíamos hacer para desarrollarnos y ser más felices. Como a tantas otras mujeres. Y hombres. Existía la opción, no sin esfuerzo, de luchar por ser persona, pero la dedicación debía ser dual: estudiar y trabajar en su caso, sin abandonar jamás el lavado, secado y colocación de los platos y demás faenas domésticas. Si los hombres de la casa hubieran colaborado, lo hubiéramos hecho en la mitad de tiempo. Y a todos nos habría quedado tiempo para leer o ver la televisión. Pero eso era una tarea femenina. Y así sigue en muchos casos.

Al mismo tiempo, me fui enterando de qué iba la Historia. “La mujer no tiene alma”, decía Aristóteles, y “su mejor cualidad es el silencio”. En realidad, el reconocimiento de la existencia del alma en la mujer, no vino oficialmente hasta un Concilio celebrado al efecto en fecha incierta. Todo cuanto se refiere a la mujer está poco estudiado. La existencia del clítoris se descubrió, como dice mi amiga Olga Lucas, después del descubrimiento de América. En cuanto al alma, unos hablan del Concilio de Macón en el al 581 y otros lo sitúan en Trento mil años más tarde. Lo que ha trascendido es que finalmente se decidió que sí, que teníamos alma… por un solo voto de diferencia. Dueñas o no aún de alma, ilustres pensadores nos han dedicado un auténtico rosario de piropos:

Santo Tomás de Aquino (1.225-1274), teólogo y filósofo italiano: “El padre deber ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es sólo el principio pasivo”.

Erasmo de Rótterdam (1466-1536), filósofo y teólogo holandés: “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”.

Francisco de Quevedo (1.580-1.645), escritor español: “0h¡ qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en los que son buenas para el placer”.

François Marie Arquet Voltaire (1694-1778), escritor francés: “Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan”.

Honore de Balzac (1799-1.850), escritor francés: “Emancipar a las mujeres, es corromperlas”.

Severo Catalina (1.832-1871), político y escritor español: “Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones”.

Jack Nicholson, actor actual estadounidense: “La mujer castra al hombre y lo transforma en cordero”.

La mitificada fuerza… que hoy se desvanece por la toma de decisiones sustituida por un simple botón. La capacidad guerrera… en un mundo que ha de debatirse realmente por astucia, en la que genética y educacionalmente ganamos. El desconocimiento de lo diferente. Porque las mujeres, en inferioridad de condiciones, intentamos comprender esa diversidad, ese nudo gordiano, y actuar o no, en consecuencia.

El 40% mujeres latinoaméricanas sufren violencia de género, cuenta en “el día de..” El Mundo. El futbolista Figo, en mi libro “Ella según ellos”, analizaba la violencia contra las mujeres silenciada por el atraso cultural de muchos pueblos. No maltratan más los suecos a las suecas –que también-, se persigue más. España también lo hace ¡por fin! Pero Afganistán tapia a sus mujeres en vida, las usa y pisotea, y todo el mundo musulmán las esconde bajo pañuelos que oculten a los otros hombres el objeto de su deseo, que ven como pecado; el pecado del ojo masculino las obliga a ocultarse . El catolicismo ultra también consagra el papel subordinado de la mujer, úteros andantes, cofres de las tradiciones.

Engordamos y adelgazamos en el mundo civilizado al pairo de lo que nos marcan hombres en su mayoría y descerebradas mujeres. Aunque muchas ya, por fortuna, han derribado buena parte de los tabúes y actúan como seres humanos, la mujer acarrea lastres que sería imposible reseñar en un texto tan corto. Como la sistemática negativa de su acceso a la educación liberadora en el Tercer Mundo.

Muchas culturas –por llamarlas de alguna manera- ven impura a la mujer porque sangra en la regla menstrual. Esa circunstancia biológica que nos permite engendrar, desarrollar y parir una vida. La gran discriminación de la mujer nace de su capacidad de ser madre. Supuesto germen de fragilidad, nido eterno, condicionará su vida. Ese vientre -que se abulta durante nueve meses y que algunas veces, a algunas mujeres, les saca del trabajo- es un obstáculo especialmente para el desarrollo económico. Y, lo que es peor, hace reaccionar a la mujer con sentimiento de culpa porque obstruye ganancias propias y ajenas.

¿Es la maternidad una variable económica? Entonces ¡con todas las consecuencias! Joaquín Díaz Recasens, Jefe de Ginecología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, me descubrió para el mismo libro –descatalogado- el mayor contrasentido: “En un liberalismo más amplio se pagaría mucho por conseguir una mujer que te diera un hijo. ¿Por qué no se valora? Eso debiera entrar en el mercado como cualquier otro valor. Alguien tendría que comprar ese producto maravilloso: es la perpetuación de la especie”.

Se alteran las hormonas cuando somos madres, se alteran aunque el hijo casi peine canas si sufre cualquier problema o asiste a una conquista gozosa. No existe nada comprable en la vida a esa experiencia, y entendería la envidia masculina por carecer de ese privilegio. Y sin embargo no se valora. Desde el embarazo –donde le notas crecer y ser dependiente y autónomo en la más increíble mezcla- a cada momento de la vida. Quizás sí, el abrazo infinito del amor carnal. Amar y ser amadas. Con algo más de profundidad, con algo más de intensidad, que buena parte de los hombres.

Se juraron amor eterno en los momentos de pasión. Y luego se convierten en el enemigo ¿Hay mayor aberración? Nos mata la incultura, los complejos, el afán de dominio. Unos y otros somos seres humanos. Nada más y nada menos.

Pensar, práctica en desuso

Las calculadoras como muletas en la resolución de problemas, el pensamiento mascado para ser mejor digerido. Pocos parecen enfrentarse a la realidad con ojos nuevos cada día para hacerse preguntas y encontrar respuestas, para equivocarse y volver a replantearlas, para tratar de ver, asociar y sacar conclusiones. Lanzarse a la aventura de descender una montaña hasta el mar del conocimiento como río nuevo, en lugar de seguir – en barca sin piloto identificado- todos los canales establecidos. Más aún, como razona Ignacio Escolar, entrar en el jardín secreto está penado por la sociedad.

Varios amigos coetáneos míos coinciden en resaltar que ahora ya no parecen existir grandes pensadores, cuyas palabras aguardar con interés. Los Aranguren, Madariaga, Marías, de nuestra juventud, publicaban artículos, eran entrevistados en grandes medios. Ahora, en efecto, no pueden proliferar más los “opinadores” de oficio, tediosos repetidores de tópicos, pero faltan los elaboradores de ideas. Se ha perdido -se diría- la práctica de pensar.

Es un mal general, los filósofos han sido sustituidos por los sociólogos –de meritoria labor sin duda- en una corriente que trata como máximo de analizar los hechos, pegarse a la realidad. Pareciera que la última corriente de pensamiento filosófico notable fuera la del Círculo de Viena y data de la primera mitad del Siglo XX. De otro lado, se recupera la “matematización”, las matemáticas como eje e instrumento: Todo lo que no puede reducirse a variables cuantitativas se rechaza.

Descubrí en un reportaje el valor capital de las matemáticas sin embargo. Origen de todas las ciencias, ofrece un punto clave: “Es una cuestión de entrenamiento”, me decía la matemática Marta San-Solé, “un deportista de élite no llega a serlo si no hay un entrenamiento muy duro detrás. Y, si uno no se rompe la cabeza resolviendo problemas desde niño, problemas sencillos, pero que sirvan de entrenamiento al racionamiento, pues evidentemente no va a tener una cultura matemática”.

Ni de vida. Hay que trabajar para abrir cauces, pero si no se ejercita, el cerebro se extingue. En un mundo global, con sobre-información, las ideas nuevas se diluyen en el conjunto. Con la crisis, no hay tiempo para pensar –precisamente, cuando sería más necesario-. La Universidad hoy busca el pragmatismo urgente, piezas que encajen en empresas, en lugar de primar ser lo que siempre fue: un foro para el desarrollo de ideas. Pero la causa principal puede estar en los medios de comunicación. Los espacios culturales de los telediarios ya no informan sobre cultura, sino que promocionan industrias o productos propios. Productos, no cultura. Los medios más serios no se arriesgan con experimentos. Los debates políticos han quedado reducidos a lo que el sociólogo Fermín Bouza denomina «píldoras»: «la televisión ha contribuido a un proceso de debilitamiento de las ideologías porque ha impedido el discurso ideológico. Es un discurso de píldoras, sintético, rápido, y ha formateado al resto de la sociedad a su manera”. 59 segundos para sintetizar una idea, la audiencia ya no aguanta más tiempo atendiendo.

 Vivimos en una sociedad trivializada y, por tanto, más vulnerable. Ella da de comer a los medios también, en un bucle que se retroalimenta. El fin último es fomentar el consumo, como dice una intelectual innovadora, ésta sí, Naomi Klein.

Aún tenemos en España, mejor en la península ibérica, a Saramago, Sampedro, José Vidal-Beneyto o Federico Mayor Zaragoza. Mezclados, y tapados, con las hordas “cristianoronaldas”. Un cerebro para toda la vida. Anquilosado y lánguido por falta de uso. Cuestionarlo todo, volver a mirar, asociar y concluir para hallar nuevas soluciones. Fortalecer el cerebro, entrenarlo. Para abordar también problemas prácticos, sí, esos que nos acucian. Empequeñecios y más accesibles a un pensamiento maduro.

Pensar en español

 LA EÑE NOS DISTINGUE…

Decimoséptima letra del alfabeto castellano, naciste de la unión de dos enes consecutivas. Por ser única, diferente y escasa, se lucha desde hace años para aniquilarte. Tacaños de mente, bisoños de imaginación, te rechazan. Contraes en un dígito un sonido que tienen otros idiomas y que ellos suelen escribir con nh o con gn. Huraños te miraban y te repudiaban: se negaban a fabricar máquinas de escribir o teclados de ordenador con eñes, quisieron obligarte a convertirte en doble letra de nuevo escribiendo n-i, para hacer más nionio lo ñoño. Pero un mono no es lo mismo que un moño y, menos aún, monio, demonio, antimonio,  sucedáneo de la nada. Sonar es una actividad mucho más inmediata, y prosaica que soñar y el puño se debilita si le falta la virgulilla, el sombrero señor que jamás te quitas. Al aire, en un guiño, optimista, airoso, casi flamenco, acabado en ascendente para saludar al futuro.

La academia condescendiente acepta decir con pureza registrada… tropecientos currantes flipan zapeando, jope que guay, mientras tu presencia escueta se enseñorea del diccionario para darle identidad. Uñas y cuñas, arañas y musarañas se escriben con eñe. Tienes la fuerza del coño y la puñeta. Diferencias entre el niño y la niña, entre el cuño y la cuña, el caño y la caña. Te tiñes de añil y de armiño, sabes a ñoqui y a ñora, hueles a especial y sin ti moriría el ñu y el ñandú, la ñacariñá y el ñame. Y los coruñeses, albaceteñenos, maños aragoneses, españoles todos , panameños, salvadoreños u hondureños. Atañes a un mercado de cuatrocientos cincuenta millones de personas que merece la pena conservar. «La ortografía también es gente», dijo Pessoa. Y la gente, ideas y sentimientos. Hija primogénita de la España que los extranjeros escriben Espana, te adoptó el gallego y cruzaste el inmenso océano. Suenas sin sueño, a pecados mortales como la envidia, la hipocresía o la mentira, pero también a creatividad, ingenio y pasión. Nos has hecho dueños de una letra que sirve para emponzoñar, al tiempo que para añorar. A una letra que nos distingue, como sello y seña. Por ti, el otoño se viste de eñes, los años se visten de eñes, y el futuro de mañanas.

¡Vaya faena Stieg Larsson!

Stieg_Larsson

He terminado esta tarde el segundo volumen de la serie Millennium de Stieg Larsson, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Me despedí hace 4 días de mis amistades y me he dedicado en cuerpo y alma a leer durante horas. Me despedí porque sabía lo que me había ocurrido con el primer libro “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Puede que en éste, la pasión, la obsesión, haya sido aún más intensa: no podía parar de leer.

El primer volumen me pareció más meditado. Enseguida advertí que era una gran historia, espléndidamente contada. El segundo tiene más pasión. Si a mitad de lectura te sorprenden con dos picos de tremendo impacto ¿cómo puede derivar, cómo ir a más? En una trepidante sucesión de secuencias que te amarran a la lectura hasta dejarte sin aliento.

Literatura del Siglo XXI. Directa, ágil. Unos personajes poco convencionales, buena parte de ellos, y muy creíbles. La perfecta conjunción en una orquesta de personas que tejen una trama brillante. El suspense de la novela negra, brutal, con un compromiso con los valores, la verdad y la justicia por encima de todos.

Conozco el alma de un periodista escritor como Stieg. Él era Mikael Blomkvist. Idealista, de izquierdas, perfeccionista, riguroso, obsesionado con el fin que perseguía. Y, como él… tomaba comida basura, relegando la buena alimentación por secundaria, fumaba muchos paquetes de cigarrillos y bebía veinte cafés al día. Suecia es un país pequeño y Stieg un hombre de prestigio. No debió serle difícil encontrar un editor. Durante tres años –de 2001 a 2004- escribió su única e imperecedera obra. No llegó a verla publicada. No supo de su éxito. Unas escaleras le mataron. El colesterol y el estrés debían estar saturando sus arterias. El ascensor de la revista donde trabajaba se averió y subió 7 pisos andando. Llegó muerto. Literalmente. Tenía 50 años. Una historia digna de haber sido escrita por él mismo.

No ha podido contar los porqués y detalles de su trama a millones de lectores ávidos. No ha disfrutado de su éxito. No escribirá más, cuando varias legiones de admiradores le hubiéramos comprando sus libros sin dudar. No escribirá más. Y con el amargo sabor de un final abierto, tras transitar por una angustiosa travesía que llenaba de imágenes y sensaciones las horas, lo que me indigna es que se haya muerto. No saber más de él, no contar con esa literatura que me ha devuelto la vieja pasión por las buenas historias, bien escritas, que atrapan y abren horizontes. Nos hubiéramos entendido. Luchador de causas inútiles, su mensaje puebla el mundo civilizado. Sé que de haber presentido que sería el único, hubiera volcado todos sus ideales, aún más –si cabe- de lo que lo hizo. Vaya faena Stieg Larsson ¿qué te costaba tomar zumo de naranja, o esa leche sin lactosa que tenéis en Suecia, en lugar de tanto café? O hacer caso a las autoridades y no fumar. Te espero dentro de unos días, en el último tomo. Aunque será aún más dolorosa la despedida.

Libros, feria, la epopeya de vender

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Estos días, los medios se dedican profusamente a publicitar los libros de sus colaboradores. Parece que todos hayan escrito algo. Con editoriales propias, algunos de ellos, sólo hablan de los suyos. Excepto RTVE. Quizás será porque no posee editorial. La Feria del libro de Madrid está abierta y, como siempre he dicho, es más una feria que un libro, más industria que cultura en un mundo –y sobre todo un país- que protege a quienes producen objetos culturales que a su contenido presuntamente enriquecedor.

70.000 libros se publican al año en España, la mayor parte en torno a Navidad porque es un regalo barato y socorrido, aunque, probablemente, se arrincona en la estantería, por falta de tiempo. Otro pico importante es, ahora, en torno a la feria del libro de Junio, dirigido a compradores que se proponen leer en vacaciones. Porque, me parece, estos lectores sí eligen y si pasan de la primera página. El 58% de los españoles se declara lector de libros, o al menos comprador. Una cifra muy baja comparada con otros países. Lo curioso es que casi la mitad de los españoles escriben y, más aún, dicen eso de “esto es para escribir un libro”.

No saben que buscar editor es una tarea ímproba –salvo los consagrados o quienes pertenezcan a un grupo mediático- y que, en el caso de conseguirlo, luego viene la gran epopeya de vender. Los grandes centros sólo ponen a la vista los libros de escritores que les garanticen con absoluta seguridad las ventas… o famosos por otra circunstancia, por “salir” en televisión. O aquellos promocionados por la propia editorial. Es decir, buena parte de las novedades de las isletas responden a un pago de la editorial, en dinero o en especie.

Uno de mis libros –“Ellas según ellos”- lo encontré siguiendo a un empleado en el Corte Inglés hasta… la sección de Medicina. Abrí mucho los ojos y pregunté qué hacía allí. “Como habla de la mujer”, evidentemente no lo hacía en el aspecto biológico.

Todos los escritores de renombre han de tener su libro listo para los grandes picos de venta. Allí pelean por el liderato desde premios Nobel a médicos de primera fila. Y con los sempiternos libros de fantasías pseudocientíficas –llamados de autoayuda- o pseudohistóricas –todas las familias templarias del mundo habido-. Sólo por milagro, de vez en cuando, surgen niños vestidos con pijamas de rayas, que se escapan a las férreas leyes del mercado y sobresalen sin medios, sin que su editorial cotice al gran centro para que ponga el libro visible. La mayor parte de los escritores reciben un 10% del valor del libro. Hay que vender muchos para que rente. Por eso, concentran los esfuerzos en media docena.

Este jueves comprobaré cómo anda el mercado este año. Y pensaré en quienes han depositado joyas literarias, pasión e ilusión en unas páginas que muchos no verán. El mercado tiene sus favoritos, reales o inducidos. Pero un escaparate como ése ofrece, sin duda, tesoros a quienes los sepan buscar. Igual tienen que apartar la maleza, pero los hay.

Con cierto pudor, y ganas de encontrar conocidos en la sombra o en el aire, estaré allí. Jueves 4 de Junio. Feria del libro de Madrid. En la prestigiosa Librería Alberti. Caseta 57. España, ombligo del mundo, es el mío.