Mujeres

Somos, en general, algo más sensibles. Tiene que ver con el cerebro y el desarrollo del hemisferio emocional, pura biología. Intelectualmente, tan capaces y tan incapaces como cualquier otro ser humano. Nos educaron, a buena parte de nosotras, para cumplimentar al hombre. Y sobre todo para no afrontar los asuntos de frente. Privadas de poder, había que moverse con argucias. Por eso detesto hasta límites que no podéis imaginar las “armas de mujer” que nos han hecho tanto daño. Ciertamente, casi nadie comprende que no se abuse de su uso. Ir de frente. Ni ellas, ni ellos. Detesto el machismo de la mujer aún más que el del hombre, por las trabas que ha supuesto a nuestro género.

No repetiré más la condición de incapaz mental que otorgó el franquismo a la mujer. Pero sé cómo me sorprendía algunas aptitudes que me imponía, ya en mi niñez,  mi condición femenina. Triviales si se quiere, pero creo que ya desde entonces pensaba. Me preocupó mucho saber la misión que me reservaba la vida por ser mujer. Me preocupó, porque prefería conocer de dónde venimos y adónde vamos. Y saber qué podíamos hacer para desarrollarnos y ser más felices. Como a tantas otras mujeres. Y hombres. Existía la opción, no sin esfuerzo, de luchar por ser persona, pero la dedicación debía ser dual: estudiar y trabajar en su caso, sin abandonar jamás el lavado, secado y colocación de los platos y demás faenas domésticas. Si los hombres de la casa hubieran colaborado, lo hubiéramos hecho en la mitad de tiempo. Y a todos nos habría quedado tiempo para leer o ver la televisión. Pero eso era una tarea femenina. Y así sigue en muchos casos.

Al mismo tiempo, me fui enterando de qué iba la Historia. “La mujer no tiene alma”, decía Aristóteles, y “su mejor cualidad es el silencio”. En realidad, el reconocimiento de la existencia del alma en la mujer, no vino oficialmente hasta un Concilio celebrado al efecto en fecha incierta. Todo cuanto se refiere a la mujer está poco estudiado. La existencia del clítoris se descubrió, como dice mi amiga Olga Lucas, después del descubrimiento de América. En cuanto al alma, unos hablan del Concilio de Macón en el al 581 y otros lo sitúan en Trento mil años más tarde. Lo que ha trascendido es que finalmente se decidió que sí, que teníamos alma… por un solo voto de diferencia. Dueñas o no aún de alma, ilustres pensadores nos han dedicado un auténtico rosario de piropos:

Santo Tomás de Aquino (1.225-1274), teólogo y filósofo italiano: “El padre deber ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es sólo el principio pasivo”.

Erasmo de Rótterdam (1466-1536), filósofo y teólogo holandés: “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”.

Francisco de Quevedo (1.580-1.645), escritor español: “0h¡ qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en los que son buenas para el placer”.

François Marie Arquet Voltaire (1694-1778), escritor francés: “Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan”.

Honore de Balzac (1799-1.850), escritor francés: “Emancipar a las mujeres, es corromperlas”.

Severo Catalina (1.832-1871), político y escritor español: “Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones”.

Jack Nicholson, actor actual estadounidense: “La mujer castra al hombre y lo transforma en cordero”.

La mitificada fuerza… que hoy se desvanece por la toma de decisiones sustituida por un simple botón. La capacidad guerrera… en un mundo que ha de debatirse realmente por astucia, en la que genética y educacionalmente ganamos. El desconocimiento de lo diferente. Porque las mujeres, en inferioridad de condiciones, intentamos comprender esa diversidad, ese nudo gordiano, y actuar o no, en consecuencia.

El 40% mujeres latinoaméricanas sufren violencia de género, cuenta en “el día de..” El Mundo. El futbolista Figo, en mi libro “Ella según ellos”, analizaba la violencia contra las mujeres silenciada por el atraso cultural de muchos pueblos. No maltratan más los suecos a las suecas –que también-, se persigue más. España también lo hace ¡por fin! Pero Afganistán tapia a sus mujeres en vida, las usa y pisotea, y todo el mundo musulmán las esconde bajo pañuelos que oculten a los otros hombres el objeto de su deseo, que ven como pecado; el pecado del ojo masculino las obliga a ocultarse . El catolicismo ultra también consagra el papel subordinado de la mujer, úteros andantes, cofres de las tradiciones.

Engordamos y adelgazamos en el mundo civilizado al pairo de lo que nos marcan hombres en su mayoría y descerebradas mujeres. Aunque muchas ya, por fortuna, han derribado buena parte de los tabúes y actúan como seres humanos, la mujer acarrea lastres que sería imposible reseñar en un texto tan corto. Como la sistemática negativa de su acceso a la educación liberadora en el Tercer Mundo.

Muchas culturas –por llamarlas de alguna manera- ven impura a la mujer porque sangra en la regla menstrual. Esa circunstancia biológica que nos permite engendrar, desarrollar y parir una vida. La gran discriminación de la mujer nace de su capacidad de ser madre. Supuesto germen de fragilidad, nido eterno, condicionará su vida. Ese vientre -que se abulta durante nueve meses y que algunas veces, a algunas mujeres, les saca del trabajo- es un obstáculo especialmente para el desarrollo económico. Y, lo que es peor, hace reaccionar a la mujer con sentimiento de culpa porque obstruye ganancias propias y ajenas.

¿Es la maternidad una variable económica? Entonces ¡con todas las consecuencias! Joaquín Díaz Recasens, Jefe de Ginecología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, me descubrió para el mismo libro –descatalogado- el mayor contrasentido: “En un liberalismo más amplio se pagaría mucho por conseguir una mujer que te diera un hijo. ¿Por qué no se valora? Eso debiera entrar en el mercado como cualquier otro valor. Alguien tendría que comprar ese producto maravilloso: es la perpetuación de la especie”.

Se alteran las hormonas cuando somos madres, se alteran aunque el hijo casi peine canas si sufre cualquier problema o asiste a una conquista gozosa. No existe nada comprable en la vida a esa experiencia, y entendería la envidia masculina por carecer de ese privilegio. Y sin embargo no se valora. Desde el embarazo –donde le notas crecer y ser dependiente y autónomo en la más increíble mezcla- a cada momento de la vida. Quizás sí, el abrazo infinito del amor carnal. Amar y ser amadas. Con algo más de profundidad, con algo más de intensidad, que buena parte de los hombres.

Se juraron amor eterno en los momentos de pasión. Y luego se convierten en el enemigo ¿Hay mayor aberración? Nos mata la incultura, los complejos, el afán de dominio. Unos y otros somos seres humanos. Nada más y nada menos.

18 comentarios

  1. Rosa María, un artículo brillante, completo, profundo y realmente bien redactado y estructurado. Es la primera vez que me paso por aquí, pero me he quedado muy impresionada. Te agrego a mi lista de blogs inmediatamente, no tardaré en volver a aparecer por aquí.

  2. El hombre debería aprender de la mujer y ser menos agresivo, hacer las cosas del hogar (parece cándido, pero es importante, yo lo hago y estoy seguro de que si “pasara”, mi novia me mandaría a mi casa con mis padres), y la mujer aprender del hombre y ser más directa, defenderse más de frente cortando desde el principio “malas conductas” digamos.

    Así el hombre dejaría de dar tanto por saco, y la mujer se defendería más.

    Creo que se igualaría un poco la cosa, va de camino, pero parece faltar aún trecho para llegar al equilibrio, porque la mujer, para defenderse y aún atacar, necesita ayuda de los poderes, que ya están en ello, y necesita ayuda del tejido social, que no está tan en ello, creo yo, porque ahí ya entra un tema de educación, que me temo que FALLA.

  3. Parece mentira que viviendo toda la vida rodeados de mujeres, siga habiendo machismo, es algo increíble, que la propia experiencia no te demuestre la idiotez del mismo. Yo supongo que tras ese odio a la mujer se ocultan otras carencias o lavados de cerebros desde pequeños. O el vicio de pagar tu frustración con la persona que está en una situación más precaria que tu, aunque esa persona te haya dado la vida, la felicidad o te proteja siempre. Dicho lo cual, creo que la solución al machismo está más en la educación que en un código civil “discrimine positivamente”.

  4. Mi madre, que nació en 1920, tuvo la suerte de tener un padre y una madre no retrógados que gozaban de una posición socioeconómica privilegiada gracias al éxito profesional de él. Ella, muchacha inteligente, estudió brillantemente bachillerato superior y demostró un talento especial para el cálculo y las matemáticas. Después, vino la guerra. En Valencia, ante la escasez de maestros, le ofrecieron ejercer como tal en aquellos años y eso hizo con la autorización de su padre y, además, ante la necesidad material de entonces, su sueldo era preciso. Después, mi abuelo músico, la ayudó a formarse en canto y piano como alumna libre del Conservatorio de Madrid. Mi abuelo que estaba en la lista negra del franquismo.

    No quiero contar muchos detalles. El caso es que, a la muerte de mi abuelo en 1945, mi madre y, también mi tía, se vieron obligadas a volver al mercado laboral. Mi madre comenzó a trabajar como dependienta en una papelería. Su pericia con los números la llevó a, en realidad, hacer funciones de encargada y contable… Luego se casó. En 1959.

    La historia de mi padre era totalmente distinta. Mi otro abuelo no tenía nada que ver y hacía las veces de padre y marido severísimo y violento y, también, de patrón de los suyos. Mi padre era un hombre trabajador y voluntarioso pero tenía muy pocas luces. Los rudimentos de lectoescritura que manejaba y el uso de las cuatro reglas de cálculo -que manejaba con torpeza- se lo había enseñado mi madre mientras fueron novios.

    Mis padres se dedicaron a diversas empresas. Entre ellas, a finales de los 60, montaron un despacho de quinielas. El cerebro de la pareja, mi madre, se encargaba del papeleo y la contabilidad. Yo siempre vi naturalemente a mi madre brillar con el cálculo y en la toma de decisiones económicas. El caso es que a principios de los 70 el Patronato de Apuestas del Estado estableció una nueva premisa para evitar problemas de seguridad: los representantes de los establecimientos de apuestas tenían que abrir una cuenta en el banco en la que irían depositando los ingresos producidos descontando de ellos la comisión marcada. Mi madre fue al banco a informarse (si hubiera ido mi padre, la cosa habría resultado casi inútil) y, cuando volvió -estaba yo presente- le dijo a mi padre: “Enrique, tienes que autorizarme para que esta cuenta esté a mi nombre para que no haya que andar firmando permisos cada vez que haga gestiones”. Yo me extrañé y pregunté: “¿Autorizarte?, ¿Por qué?”. Lo pregunté varias veces porque no me respondían y, al final, mi madre me dijo: “Porque las mujeres no podemos tener una cuenta a nuestro nombre sin que nos autorice el padre o el marido”.

    Juro que me llevé un disgusto grande y supe que se me había caído encima una tostada gordísima por el lado de la injusticia.

  5. Por cierto, y a quien le interese, esto toca también del mismo tema

  6. rosa maría artal

     /  25 noviembre 2009

    Pati, tu canción dedicada de hoy:

  7. Gracias!!!

  8. No tengo muy claras las diferencias sociales que deberían marcarse para favorecer a las mujeres.

    Pero muchas veces me he preguntado cómo sería nuestra sociedad si en vez de basarse en el patriarcado, se basara en el matriarcado.

    ¿Sería más justa, compasiva y equilibrada…? ¿habría tanta violencia y corrupción? ¿se avanzaría tanto en descubrimientos, revoluciones, expediciones, investigaciones…? En fin, nunca lo sabremos.

    Pero lo que sí tengo muy claro es que si la sociedad en la que me toca vivir puede ser mejor si las mujeres mandaran, adelante, contáis con todo mi apoyo. Si aportáis más justicia, compasión, rigor, más y mejores proyectos, elaborados con cuidado y atención, por lo que sea, porque estáis más preparadas, mejor formadas, más abiertas, bregáis mucho en diplomacia, en llegar a acuerdos útiles y pragmáticos entre vosotras, entonces me pongo a vuestras órdenes sin dudarlo.

    Pero algo me dice que esta visión tan ideal no podrá darse, porque tampoco sois perfectas… No me preguntéis porqué, no sabría entrar en detalles… Quizá sea una conclusión más filosófica que realista. Saldríamos fuertes en algunos aspectos, pero nos debilitaríamos en otros… No sabría decir cuáles, no tengo yo el cerebro para tan sesudos análisis. En fin, espero no ofender a nadie con mis dudas. Y si es así, lo siento y pido disculpas de antemano.

    También tengo muy claro que, tal y como está ahora la sociedad occidental, se dan las circunstancias históricas adecuadas como para darse el cambio antes mencionado sin significar por ello mucho trauma: la mujer al poder. A ver si ellas lo hacen mejor.

  9. Laura

     /  25 noviembre 2009

    Creo que el error estriba, precisamente, en esa idea de “la mujer al poder”. No se trata de dar la vuelta a todo y quedar nosotras por encima ahora. Se trata, simplemente, de igualdad.

    Y esa igualdad pasa porque, por ser mujer, no sé de por sentado que soy más sensible o empática (yo personalmente no lo soy). Ni que por ser hombre se sea más decidido o se tengan siempre ganas de follar (con perdón). La igualdad es ver a la persona por encima del sexo o, mejor, del género.

    Por desgracia me encuentro a diario con hombres y mujeres que se aferran a los estereotipos como si les fuera la vida en ello. Hay que dinamitar los prejuicios.

    Entre ellos, por cierto, el de que ser madres nos hace especiales. Si nosotras somos madres, ellos son padres. La experiencia debería ser trascendental para ambos progenitores. Hay que desmitificar ese idea del vínculo mágico consecuencia de haber llevado al hijo nueve meses en el vientre. Más pesará el resto de años de cariño, desvelos y educación, y en eso deberían intervenir padre y madre.

    Desde luego, es la educación la que podría acabar con esos estereotipos tan dañinos. Por desgracia, creo que cada día están más arraigados. De alguna manera se nos imponen y nos sometemos gustosos a ellos. Por eso no creo que veamos jamás una sociedad donde hombre y mujer sean iguales.

  10. Soto

     /  25 noviembre 2009

    Hola Rosa Maria y amigos bloqueros:
    Rosa,has logrado un Post genial,en la forma ,el estilo y el contenido,es un gran articulo,extraordinariamente documentado y expuesto el argumento magistramente ,de verdad,asi lo percibo;suscribo lo que escribe Rukia((“Rosa María, un artículo brillante, completo, profundo y realmente bien redactado y estructurado”)).no tengo nada que añadir,quizás matizar que es muy facil de comprender lo que tu quieres decir ,por eso ,estoy en la linea de Laura en la matización de lo que deber ser la mujer como ser humano que es,ser igual que el hombre en derechos y deberes, y lo complemento con lo que tu muy bién describes al principio del Post:((“Somos, en general, algo más sensibles. Tiene que ver con el cerebro y el desarrollo del hemisferio emocional, pura biología. Intelectualmente, tan capaces y tan incapaces como cualquier otro ser humano””))Arturo,(te menciono en pos de un buen debate),creo que no se trata de que ocupen ellas o no ocupen el poder,se trata,de que en igualdad de condiciones cada uno/a ocupará el puesto en la sociedad según sus carateristicas personales ,ni más ni menos .lo primero que tiene que conseguir la mujer(nosotroa ayudar a tope en la tarea) la igualdad,por condición de derecho que tiene.
    Apertas agarimosas

  11. francisco gomez

     /  25 noviembre 2009

    Rosa Maria
    Redondo el pensamiento que nos dejas y debo decir que estoy en la linea de Laura esa es mi visión del tema pero con un matiz ,debo decir que los jóvenes digan lo que digan de ellos son la esperanza real de que cambiara esta injusticia y cuando hablas con ellos lo tiene claro.
    Saludos Paco

  12. Me ha gustado mucho tu post, como dice mi amigo boquero Soto éste es uno de mis temas vitales. este año me he dedicado más a las/os jóvenes y la violencia de género, pese a que la campaña de hispanoamérica ya la había recogido en mi blog.
    Soy una articulista aficionada en varios periódicos de Canarias; te dejo mi artículo sobre el particular y mi blog
    http://carmencoello.blogspot.com/2009/11/jovenes-y-violencia-de-genero.html
    Por cierto no creo que como mujer tenga eso que llaman alma, tengo conciencia de eso, de mujer y dos hijos maravillosos, hombres de bien.

  13. francisco gomez

     /  25 noviembre 2009

    Los que conocemos a Carmen Coello de sus articulossabemos de sus desvelos por explicar este tema sin desaliento y con una entrega sin limites,mujeres como ella son las que ayudan a cambiar a la sociedad.

    El primero que comparó a la mujer con una flor, fue un poeta; el segundo, un imbécil.
    Voltaire
    Paco

  14. Laura

     /  26 noviembre 2009

    Amigo Francisco, yo, por desgracia, no veo que los jóvenes sean niinguna esperanza. Hace poco he leído en varios sitios (y no recuerdo dónde, por lo que me disculparás que no mencione la fuente) que las nuevas generaciones vuelven a ser más machistas que sus predecesoras.

    Yo tengo 31 años y veo actitudes horribles en hombres y mujeres de mi edad. Hombres que persisten en ver a la mujer como un objeto sexual y que le achacan todos los estereotipos que desde siempre han estigmatizado a la mujer (los malos, no los que pudieran ser positivos).

    Igual que escucho a mujeres que reniegan de nuestro ingreso al mundo laboral, y añoran el poder ser “solo ” amas de casa. Sin entender que la ventaja está en que ahora (teóricamente) podemos elegir. O sin pensar que, tal vez si exigieran de sus parejas más colaboración, el compatibilizar trabajo y hogar sería mucho más sencillo.

    Así que insisto, no veo la esperanza. Y me temo que, si tuviera una hija, pudiera ser que ella encontrara más dificultades de las que pueda encontrar yo.

    También creo que, desde los distintos estamentos, se está apoyando muy mal la lucha por la igualdad de la mujer. Esta por ejemplo esa ridiculez (yo la considero así) del todos y todas, ellos y ellas, niños y niñas (por no hablar de las miembras), que se ha impuesto en el lenguaje. Pero no se vigila por ejemplo la publicidad sexista (hay anuncios que sonrojan), o se penaliza de alguna manera la discriminación salarial. Resulta que, a la larga, los esfuerzos por sembrar la igualdad acaban por ser no sólo infructuosos, sino ridículos y enervantes.

    En fin, pido disculpas por tan largo comentario. El tema da para mucho.

  15. luis

     /  26 noviembre 2009

    El patriarcado es una abominable forma de dominación que castra por igual a mujeres y a hombres, y que ha sido perpetuada por igual por hombres y mujeres.
    A las mujeres las ha castrado socialmente, convirtiéndolas en esclavas domésticas, impidiendo su desarrollo cultural al prohibirles estudiar y trabajar, negando su derecho a la independencia económica y por supuesto cortando de raíz cualquier tipo de acceso a los círculos de poder y toma de decisiones. Además han sufrido durante siglos la violencia explícita, intensa y constante de los hombres que más cerca tenían, tanto sicológica como en muchas ocasiones física. La suma de todas estas atrocidades han hecho de las mujeres durante siglos personas que simplemente no contaban para la sociedad ni se desarrollaban socialmente, personas sin derechos, esclavas. Personas que sufrían, en lugar de vivir.
    A los hombres, el patriarcado les ha castrado emocionalmente. Por un lado se les ha educado en el convencimiento de que la violencia es una virtud masculina necesaria para convertirse en un hombre de provecho. Nuestros antepasados necesitaban la violencia para sobrevivir, así que base biológica que explique la función evolutiva de la violencia existe, está ahí. Pero hace mucho tiempo que ya no es útil. También se les ha enseñado que un hombre de verdad no debe mostrar sus sentimientos, y ante situaciones difíciles debe mostrarse entero, sin dejar que los golpes de la vida le afecten lo más mínimo. Si son sensibles ante al arte o la injusticia, les llamarán afeminados, igual que si lloran para liberar su tristeza o frustración. Si prefieren aprender astronomía a jugar al fútbol o pelear en el recreo, serán objeto de burla. Es decir, se les educa para que sean más bestias que personas. Y por otro lado y a la vez que todo esto, desde pequeños se les ha eximido de las responsabilidades más elementales: ocuparte de la higiene y el orden de tu espacio vital (lo hacían madres o hermanas), aprender a cocinar tus propios alimentos, ocuparte de saber preparar la ropa que vistes, en fin, esas cosillas. ¿En qué convierte esta ‘educación’ a un ser humano? En una persona inmadura, indolente, caprichosa, emocionalmente infantil, egoista, violenta ante las más mínimas contrariedades y sobre todo, en una persona que sufre. En el caso del hombre aún hay algo más atroz. Esa castración emocional, unida a una de las mentiras machistas más crueles de todas, la de que la crianza de los hijos compete a la madre, ha privado durante siglos a millones de hombres de lo más gozoso que un hombre puede vivir: ser padre. Miles de hombres se sienten incapaces de afrontarlo por el simple hecho de que toda su educación es justo lo contrario que se necesita para estar preparado para esta tarea, además de que siempre ha estado mal visto que el hombre bañara a sus hijos o les cambiara el pañal.
    No se sabe con seguridad quién coño inventó toda esta mierda, pero sí se sabe que se inventó cuando la forma de producir alimentos permitió que con menos trabajo, comiéramos más. Así que es fácil sospechar de los de siempre: los que quieren vivir a costa de los demás a base de engaños, mentiras, violencia, crimen.
    Lo de siempre.

  16. Marina...

     /  26 noviembre 2009

    Ay caramba, que harían esos cabrones de Filósofos y escritores si no existieran ¿mujeres? Seguro que alimentarían bien las cabras y ovejas. El hombre sin la mujer no es nadie. Al lado de un buen hombre que triunfa, siempre hay una mujer inteligente. Creo que son una minoría los hombres machistas y violentos, pero que están haciendo mucho daño en todo el mundo. Tengamos la esperanza de que esta lacra se termine de una vez para siempre. Que así sea.

  17. Laura

     /  27 noviembre 2009

    Luis, tu comentario me parece acertadísimo, y da mucho que pensar. Es una perspectiva sobre la que no se suele reflexionar, pero está cargada de verdad.

    Planteo sin embargo aquí una duda: si la mujer, oprimida durante siglos ha decidido salir de su prehistoria, es decir, se ha puesto las pilas para cambiar esa situación. ¿Por qué el hombre (y concuerdo absolutamente contigo en que también ha sido infeliz por el machismo) se aferra a esa situación y parece oponerse con fuerza a cualquier cambio?

    Insisto en que conozco a muchos hombres jóvenes que se revuelven como gato panza arriba ante la idea de considerar a la mujer su igual. A pesar de que están rodeados de mujeres que trabajan, estudian, etc. siguen aferrados a los estereotipos (los perversos, insisto): mujer pasiva sexualmente, mala conductora, llorona…

    Aventuro una respuesta: las situaciones de poder, aunque sean injustas, enganchan.

  18. luis

     /  27 noviembre 2009

    Bueno, Laura, yo no comparto tu visión pesimista del presente y el futuro. No sé que edad tienes, pero yo soy del 71 y recuerdo perfectamente cuando de pequeño mi madre me llevaba al parque. En aquel entonces era muy raro ver algún padre por allí ocupándose del ocio de sus hijos e hijas. Hoy, si miras en un parque un día de buen tiempo a media mañana, verás que la cosa ha cambiado muchísimo. Yo creo que todos los niños y niñas de esas generaciones en las que sus padres también han cambiado la conducta, serán muy diferentes sin ni siquiera pensar en ello: su educación ya les hará distint@s.
    Es verdad que todavía hay mucha resistencia, sobre todo en ambientes conservadores y/o menos cultivados, pero el cambio, en mi opinión, avanza sin remedio. Y las mujeres deberíais pensar una cosa. A mí y a la mayoría de los hombres de mi generación y las generaciones cercanas, nos educaron en el patriarcado, sin fisuras. Aunque sabemos qué es lo correcto, nos cuesta un trabajo muy grande poder llevarlo a cabo. Nadie nos enseñó ni nos preparo para ello. Sabemos que hay muchos hombres que hacen cosas horribles (no sólo los que terminan pegando y hasta matando), y nos avergüenza pisar el mismo planeta que ellos, e intentamos ser de otra manera. Pero no os creáis que lo correcto, por el simple hecho de serlo, es algo fácil de realizar. Necesitamos vuestra ayuda y comprensión, aunque sé que pedir esto a estas alturas puede resultar hasta hiriente. Sin embargo, aunque veo el futuro con optimismo, también veo como la caverna, en este y otros aspectos, es cada vez más radical en su ceguera reaccionaria. ¿Te acuerdas de La bola de cristal? ‘Solo no puedes. Con amigos, sí’. Pues eso: junt@s podemos.

    Un beso sin género 🙂

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