Hasta que la cultura sea reconstruida

El IVA español a la cultura es el mayor de la Zona Euro. Otros países protegen la cultura. Con Francia a la cabeza, se considera que es un signo de identidad. Noruega no cobra impuesto alguno por la música, por ejemplo. Luxemburgo, Malta, Chipre y Francia son los países con el IVA cultural más bajo (entre el 3 % y el 5,5 %). Finlandia, Eslovenia, Alemania y Holanda aplican entre el 6 % y el 9 %. Grecia se mueve entre el 6,5 % para música y teatro, y el 13 % en el resto de las actividades culturales. Irlanda, otro país rescatado, mantiene un 9 %.  Portugal, que soporta un IVA del 23 %, reserva un 6 % para los libros. La subida al 21 % el IVA de los libros electrónicos en España corta su vuelo que comenzaban a despegar por ser su precio más asequible que el de los impresos. «La cultura es algo accesorio», como dice quien ni la conoce ni la aprecia. O quien parece llevar la idea de cerrar la llave a espíritus más cultivados y más libres”.

Este párrafo corresponde a mi último libro que sale el día 30. Es uno de los muchos temas que abordo con múltiples datos y, aún así, con el tono más ameno que he conseguido nunca. Y una idea bastante original como hilo conductor, que ya veréis. No vengo “a hablar de mi libro” por ningún afán lucrativo, sino porque la realidad nos abofetea con realidades como ésta que destaco, hoy, día del libro, y muchas otras. Escribir en España es casi un acto heroico, vocacional. Y, si cabe alguna duda, ved el desgarrador análisis que hace unos días publicó José Sanclemente. Quien, entre otras cosas, contó:

“El autor se lleva entre el 8 y el 10% del precio de un libro, el 12% son costes de producción (impresión, papel y encuadernación), 2% son los de edición (correcciones de estilo, ortográficas, diseño de portada, etc.) ,  7% los costes de administración y estructura de una editorial mediana (personal, alquileres, suministros , almacenes…),  55% (*) son los costes de distribución y venta (porcentaje que se da al distribuidor y al librero) y  el 3% se destina  a marqueting y promoción (viajes, presentaciones, publicidad en el punto de venta…)  y el margen  que le queda a la  editorial es de un 11%a un 13%.

Dado que el libro no se vende en firme al librero, la devolución  va a cargo de la editorial. Este año pasado las devoluciones, en muchos casos, han sobrepasado el 40% de la tirada distribuída.

He calculado que de un libro cuya tirada haya sido de  3.000 ejemplares (la media) y con un PVP de 15 euros y se haya vendido el 60% (1.800 ejemplares), el autor percibirá 1,5 euros multiplicado por 1800 = 2.700 euros y habrá invertido entre 6 meses y varios años en escribirlo.

La editorial con ese libro tendrá un margen similar (2.970 euros) y se hará cargo de las devoluciones.

¿Saben cual es, según Nielsen, el libro que más ha vendido en lo que llevamos de año? El de Javier Sierra, con 4.900 ejemplares esta semana y algo más de 60.000 en este año.

También les diré que la venta media está en torno a los 1.500 ejemplares. Hay miles de libros, de los más de 30.000 títulos que se editan en España, cuyas ventas son muy inferiores a los 1.000 ejemplares. Solo unos pocos  y escogidos best sellers rompen la barrera de los 100.000 y se cuentan con los dedos de una mano.

El próximo 23 de abril (día del libro) {hoy} se hablará de esos escasos títulos vendedores: los medios de comunicación recogerán la firma de sus autores y harán un ranking de ventas de Sant Jordi, pero solo representarán el 20% de los libros comprados ese día.
Ese día el comprador tendrá un 10% de descuento que asumirá por partes iguales la editorial y el librero.

Animo a comprar libros pero, si es posible, no solo los que figuran en el ranking de mayores ventas”.

La crisis y la España de siempre se enfrentan hoy a un gobierno y un partido que apuesta decididamente contra la cultura, la ciencia y la educación. El momento es terrible. La Asamblea Chamberí (Madrid) del 15M –una de cuyas participantes más activas es Lourdes Lucía- ha elaborado un manifiesto para recoger firmas. Aquí está el enlace. Destaco algunas ideas:

“En este tiempo en que los mercaderes que nos gobiernan predican la resignación, el acatamiento de la miseria decretada, la sumisión. Ahora que nos dicen que lo prescindible son los sueños colectivos, la solidaridad, lo construido con el común esfuerzo, lo público, lo que a todos y todas pertenece: las escuelas, los hospitales, las bibliotecas… todo lo que es la urdimbre necesaria sobre la que edificar un mundo justo y habitable. Precisamente ahora decimos nuestras razones, la dignidad de nuestro trabajo, lo que estamos dispuestos a defender contra viento y marea, contra la tempestad de los recortes y el desprecio a la ciudadanía. Porque hablamos de lo necesario, lo que alimenta nuestra esperanza, un sueño de libertad, un espacio de encuentro que día a día se hace real en las aulas, en los museos, las bibliotecas, los libros, los teatros…

Porque la Cultura no es un adorno, un producto superfluo o decorativo. Es un derecho esencial. Crear aporta una mirada crítica sobre la sociedad y a la vez la certeza de que son posibles una plenitud y una belleza que nos pertenecen y a las que no podemos ni debemos renunciar. La cultura es un espacio de libertad en el que podemos re-descubrir lo real, experimentar el asombro, inventar palabras, formas y gestos que digan la verdad de otro mundo posible.

Es un escándalo que cierren bibliotecas de la Obra Social mientras con fondos públicos se rescata Bankia. Que se haya suprimido el presupuesto para adquisición de libros en las bibliotecas públicas, el despido o la no contratación de bibliotecarios, la situación de nuestros archivos. La consideración del cine, el teatro, la música… no como bienes culturales sino como productos de lujo que deben ser grabados con un IVA que amenaza su propia subsistencia. El abandono de cualquier promoción o interés por la creación artística. Denunciamos la asfixia a la que se somete al mundo de la cultura. No estamos aquí para competir, para enriquecernos con un producto. Estamos para compartir”.

Y hoy es un buen momento para recordar un poema de nuestro Premio Cervantes:

“Hasta que el tiempo fue reconstruido”

Hasta que el tiempo fue reconstruido

bajo tu propia vigilancia, cuántas

residuales versiones de los hechos

fueron depositando su carroña

en papeles, en bocas, en conciencias.

Hombres e ideas tenebrosamente

instalados en la mitología, textos

que suplantaron con abyecta máscara

el rostro de la historia, allí

se conjuraban para hacerte cómplice

de la maquinación contra el fantasma

que recorrió tu juventud

hasta que el tiempo fue reconstruido.

¿Cómo escapar a ciegas, desandar

el camino? ¿Quién que no tú

lo haría, con qué trámites

de acotadas lecciones, testimonios

apócrifos, tenaces simulacros?

Arduo oficio fue el tuyo e inhumanas

las trampas de la vida. ¿Con qué suerte

de antídotos, argucias, imposturas

te preservaste del contagio, mientras

a solas compartías las ruinas

hasta que el tiempo fue reconstruido?

Elegir no pudiste una verdad

distinta de la única, algún medio

de subvertir el orden del pasado,

dirimir lo proscrito, rechazar

el asedio.

Pero tú mismo fuiste

tu testigo: primero un libro,

una mano después, más tarde

una palabra, luego un hombre

y luego otro y otro más, y un año

y otro año, una premonitoria

concurrencia de hombres y de años,

y media vida que concurriría

para que al fin y con tu propia mano

otros nombres pusieras a la historia

mientras que el tiempo fue reconstruido.

 

 

Qué diría hoy Saramago

 

¿Qué diría José Saramago de lo que nos está tocando vivir? Cabe preguntárselo ahora que nos van faltando referentes y el silencio se adueña de muchos que podrían hablar. Hace poco más de dos años y medio que nos falta y su figura crece –si cabe- en su obra viva, pero si quieren realmente sentir a Saramago, premio Nobel de Literatura, escritor, político, hombre, idea, nada como visitarle en la Fundación que lleva su nombre en Lisboa.

 Árbol y Casa dos Bicos, Lisboa. / Rosa María Artal

Árbol y Casa dos Bicos, Lisboa. / Rosa María Artal

Las cenizas de José Saramago están enterradas en plena calle, a la puerta de Casa dos Bicos donde, desde unos pocos meses, funciona la Fundación en su memoria. Bajo un olivo centenario traído de Azinhaga, su aldea natal. Y con tierra de Lanzarote, la isla canaria donde vivió porque vientos de incomprensión por su obra le habían alejado de Portugal.  En particular por El Evangelio según Jesucristo (1991). Una frase de Memorial del Convento fija en el suelo un lema simbólico: “No subió a las estrellas porque pertenecía a la tierra”. Y ahí está. Con todo aquél que se acerque.

La viuda de José Saramago, Pilar del Río. / Rosa María Artal

2. Pilar del Río, Presidenta de la Fundación José Saramago. / Rosa María Artal

Pilar del Río, su viuda, desciende acogedora por las escaleras de la Casa dos Bicos, donde subir es leer palabras del escritor. Mujer de fuerza y determinación envidiables, preside la Fundación y, sobre todo, la cuida y la mima. Acude de guía espontánea para los visitantes, entre reunión y reunión para mantener un proyecto que no cuenta con ayudas públicas, salvo el edificio cedido por el Ayuntamiento. Y es tal su dedicación que puede coger una bayeta para limpiar unas motas de polvo en el escritorio de Vasco Gonçalves, general de abril, Presidente de la República, companheiro do povo, que también está ahí con todas sus cosas. Junto al auditorio y la biblioteca.

Pilar del Río, en el escritorio de Vasco Gonçalves. / Rosa María Artal

Pilar del Río, en el escritorio de Vasco Gonçalves. / Rosa María Artal

La inmersión en Saramago permite pasear por sus libros, sus manuscritos, entrevistas, fotos, o el mágico momento de la entrega del Nobel, otorgado por “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Cuando José recordó: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”, su abuelo… descalzo. Una vida dura que se inicia en el seno de una familia campesina sin tierras y sin estudios. Como tantos otros portugueses y españoles, Saramago no pudo ni finalizar el colegio por falta de medios. Recuerdo que a mi inteligente padre también le ocurrió. A mi madre, como mujer, tanto o más. Pero el coraje, a veces, ayuda a remontar. Desde el colegio su ideario se labra en tres valores: responsabilidad, esfuerzo, trabajo. Minuciosidad también, la misma de Pilar, la que se observa en los detallados diarios del escritor.

 Diarios de José Saramago. / Rosa María Artal

Diarios de José Saramago. / Rosa María Artal

Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez, La balsa de piedra, La caverna, El hombre duplicado, El viaje del elefante, Memorial del convento, Historia del cerco de Lisboa (donde a través de la ciudad se encuentran Pilar y José), Caín, la última y todo lo que se quiera. Las ideas magníficas, con frases brillantes y rotundas, que, como él decía, están escritas “para desasosegar”. Y también para iluminar y elevar. Toda la obra, analizada, detallada, con los manuscritos originales. Como éste de una más de sus obras míticas: El año de la muerte de Ricardo Reis hablando de otro gigante: Pessoa.

Manuscrito de "El año de la muerte de Ricardo Reis". / Rosa María Artal

Manuscrito de “El año de la muerte de Ricardo Reis”. / Rosa María Artal

¿Qué diría hoy Saramago? Lo dijo ya en toda su obra y declaraciones. Plenamente vigentes, anticipatorias. “Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”. “Vivimos una crisis moral”. O, apelando a la lucidez, que las soluciones partirán de la sociedad, nadie nos salvará de otro modo. Y los caminos, tomados sabiendo que “El pensamiento correcto es un veneno social”.

Periódicos. / Rosa María Artal

Periódicos. / Rosa María Artal

Zambullirse de nuevo en José Saramago vuelve a ser un revulsivo de conciencias, pero también aporta el sosiego de asistir a una obra plena y culminada. Pilar, la mujer casi alada en felicidad que acompañó al Nobel en Estocolmo, sigue ahí, a pie de tierra, cultivando una labor única. Seguramente en la misma paz. “Nuestra única defensa contra la muerte es el amor” dijo un día de 2005 Samarago. Pude comprobar cómo esa frase cierta se engrandece en la Casa dos Bicos, en toda Lisboa.

Grafiti. / Rosa María Artal

Graffiti con José y Pilar. / Rosa María Artal

Cualquier noche puede salir el sol

Repasando mis favoritos he encontrado esta joya sobre la mítica canción de Jaume Sisa. No viene mal para un fin de semana de estos tiempos…

Federico Mayor Zaragoza: ¡Basta!

Federico Mayor Zaragoza es un hombre que siempre se ha empeñado en construir desde los cargos que, por su extraordinaria brillantez, ha ocupado. Por ejemplo, Director General de la UNESCO durante 12 años. Con las armas del diálogo y la convicción por las ideas. Profundamente demócrata. Pieza fundamental de los libros que coordiné Reacciona y Actúa, autor de muchos más, incluidos poemarios, publica ahora “¡Basta!” en el que propone “Una democracia diferente, un orden mundial distinto”.

Se trata de una recopilación -muy pensada, con un hilo conductor definido con precisión-, de artículos y fragmentos de libros, conferencias y entrevistas. En su pensamiento, siempre, la lucha por la defensa de los derechos humanos y el rearme ético.

Empecemos ya. Yo creo en el futuro. Y tú ¿a qué te resistes? va desgranando en el prólogo de un texto que cuenta desde cómo hemos llegado a esto, al trabajo estrella que ahora le ocupa fundamentalmente: conseguir una… “Declaración Universal de la Democracia”.

Os dejo la referencia del libro pero quiero añadir que Federico Mayor Zaragoza es uno de los intelectuales vivos en la cumbre del pensamiento, la democracia, la libertad de criterio y el afán de construir. Inaccesible al desaliento, al día de cuantas innovaciones aparecen, es un lujo que tenemos en España y que, por tanto, apenas reconoce como tal el pensamiento oficial.

No sé cuánto sabes de él, de lo que piensa y promueve, te invito a bucear más en ello. Conocer a Federico Mayor Zaragoza es un privilegio. Es quererle, de inmediato.

El gozo de pensar

Últimamente he asistido a un par de actos que han supuesto auténticas explosiones de ingenio. De ésas que, no solo emocionan, sino que abren horizontes desconocidos y te hacen ser más persona.

El actor Juan Diego Botto nos habla de “Un trozo invisible de este mundo”, ése que, confundiendo inmigración y exilio, tapa de todos modos a una serie de seres humanos que habitan nuestro suelo. Autor del brillante texto, destaca por igual su contenido, la forma de decirlo y la impresionante presencia física sobre el escenario.

Cinco monólogos sueltos… y unidos. Drama, comedia, humor y reflexión con un mismo objetivo. El cínico del “yo no soy racista, pero..”. El inmigrante que llama desde un locutorio a su mujer evidenciando cuánta distancia pone la distancia. La subsahariana que pasó todos los tormentos habituales y ata nudos en el estómago en su visibilidad. El exiliado argentino que desgrana los matices de la ignominia del golpe militar de los setenta. Y un soliloquio final que rompe todos los tabúes para reivindicar la razón. Realismo puro destrozando tópicos. Por ejemplo, ese “las cosas [las malas] siempre pasan por algo” para exculparlas. El gozo de encontrar en otro y otros lo que uno piensa. Aún está en cartel en Madrid.

 

También estuve en Segovia, en el Foro social de escritores que organiza un grupo de ciudadanos esforzados y rompedores. Gente que realmente vale la pena. El recinto era una vieja iglesia desamortizada que fue Universidad Popular y en la que dio clases, entre otros, Antonio Machado. Todo un presagio. Desde la presentación, invitando a la desobediencia con textos del Siglo XVI, al moderador con otros de varias décadas atrás, supe que aquello se salía de lo habitual.

Creo que ha sido la mesa más insólita, brillante y divertida en la que he participado. Éramos todos muy diferentes, con afán provocador, estimulador, en distintas direcciones. Yo les hablé de mis tres libros del año, Reacciona, Actúa y La energía liberada. Y por tanto de esa actualidad que nos está tocando vivir. La sorpresa –también para mí- vino después.

 Con Gustavo Duch nos adentramos en el decrecimiento, en cómo se precisa otra forma de vivir. Lo insólito era el planteamiento. Esos datos que nos cuentan que cada año se van de España 35.000 cerdos a la exportación y vienen otros 35.000 de la importación, en innecesario gasto. Y desde luego en las propuestas. Duch invita a no lavarse las manos antes de comer, ni cerrar la boca al ingerir los alimentos como dicen siempre las mamás, ni evitar cantar en la mesa si eso nos divierte. Sobre todo… no lavarse las manos ante la ruina que ha creado el sistema: a los derechos, a las mujeres, al medio rural, a los pueblos indígenas, a la Naturaleza, a todos y todo.

Finalmente, el filósofo Carlos Fernández de Liria. Reflexionó sobre “Para qué sirve un filósofo”. Con tal brillantez, humor inmenso, agudeza y provocación que podía notar cómo se iban barriendo las últimas telarañas del cerebro para usarlo a plenitud. Para buscar más allá incluso. Era un desmontar tópicos uno tras otro. ¿Qué es eso de que la Universidad está “al servicio de la sociedad”? O esa revisión de los lemas de la Revolución francesa: Ante la verdad somos iguales, ante lo intolerable somos libres, ante la belleza somos hermanos. Más o menos, porque estar en la mesa no permite tomar demasiadas notas. Menos mal que pronto sale un libro suyo con ese título: ¿Para qué sirve un filósofo? Parece que para mucho.

La conclusión es que tenemos que estar atentos a los estímulos que invitan a desempolvar ese cerebro que, tan reiteradamente, nos invitan a no emplear. Que así corre el aire y uno se siente más oxigenado hasta en su propia vida.

Cualquier sistema que montéis sin nosotros…

Lo escribió Leonard Cohen y lo lee el gran Constantino Romero

Necronomía

Conocí a José Rubio Malagón (Madrid, 1972) simplemente porque me escribió enviándome sus viñetas. Algunas de ellas empleé en el blog, dado que él me autorizó. Sintonía absoluta con ese humor de denuncia, esquemático y rotundo.

Lleva 15 años publicando su trabajo en diferentes medios. Ahora lo hace preferentemente en El Jueves, lainformación.com y El Mundo. Este viernes sale a la venta su libro “Necronomía” con una recopilación de 83 páginas. Muy bien editado, textura, colores, contenido. En la mejor de la mejor tradición del humor gráfico español, singular y con un pulso latente de vigía, de llamada a la realidad. Actualizado hasta los dolores de la deuda, atraviesa los mercados, la reforma laboral o el retraso en la edad de jubilación. Malagón se sirve del humor negro para denunciar los abusos de este sistema económico que ha teñido la política y la sociedad. Donde prima más el beneficio, el lucro de unos pocos, que las personas. Sonreír, mucho mejor que llorar, para buscar la rabia y de ella la fuerza para actúar.

¿El libro? Ah ¿pero no era la firma?

San Jordi. Librería en Barcelona. Firman entre otros Ignacio Ramonet y autores de su altura intelectual. En un determinado momento entra también en las mesas Mario Vaquerizo con su afamado libro “Haciendo majaradas, diciendo tonterías”, uno de los más vendidos. Me cuentan que la avalancha de admiradores de Mario ha roto todas las barreras de seguridad al punto que el resto de los autores han optado por marcharse bajo el temor de perecer sepultados. Ramonet que reside en París ha preguntado quién era el escritor. Se lo han contado. Seguro que la anécdota enriquece uno de sus próximos libros. Él ha plasmado páginas memorables sobre cómo manipula y embrutece el poder mediático.

Muchos títulos, muchos autores, y mucha afluencia sin embargo. Todavía hay personas que buscan libros. Pero no es la única referencia del éxito arrollador en San Jordi para autores por el hecho de “salir por la tele”.

Conversaciones en Internet me han confirmado lo que intuía y no quería racionalizar: hay que escribir “por amor al arte”. Lo mismo que cualquier expresión cultural. Han llegado a decirme que uno siempre busca un “lucro” escribiendo aunque no sea económico. Y encima quiere uno siquiera resarcirse mínimamente de los gastos o del esfuerzo. ¡Qué desfachatez!

Tienen razón los que dicen que solo se paga lo que se valora. Al menos en este terreno, pronto podría llegar a todos, hasta a los sentimientos que parece ser por el momento –y salvo excepciones que también buscan un buen negocio- lo único que se libra. Y lo que se valora es “ser famoso” y “salir por la tele”. Puede uno “salir por tele” pelando patatas o dando brincos, lo importante es que esté en la pantalla. De hecho prima más la aparición en una actividad frívola que razonando –que en algún caso también se da-. Es de dudar, incluso, si la lectura que interesa es el texto o solo la firma y la dedicatoria.

¿Quién creará entonces cultura? Escribir –como otras actividades- también cansa, es un trabajo entendido éste como esfuerzo. ¿Quién se arriesgará a publicar para perder la inversión? ¿Hay que publicar también por “amor al arte”? ¿En meritorias editoriales que no alcanza difusión? ¿En Internet como hacemos en los blogs… para una audiencia similar a la de los blogs? ¿Y qué “amor al arte?  ¿El “amor al arte” de las estrellas de la tele que aprovechan el tirón y sacan un libro? Y muchos, muchísimos, hay que vender y desde luego nunca en un libro colectivo para que compense si es rentabilidad económica lo que se busca. Un libro cuesta lo que un menú barato diario, y digital como un pincho de tortilla. Cuesta, “vale” mucho más. Realmente el trabajo desmantelador de la cultura y la educación emprendido por el PP lo tiene ya ganado, queda poco que conservar. Levantar el estado actual de una buena parte de los españoles sí exigiría cultura subvencionada, para inyectar en vena. El venidero será ya irremediable.

Viniendo ahora hacia casa escuchaba en la radio (de alguna manera este artículo es continuación del anterior) a un empleado –no un oyente- comentar la festividad del día. Ha hablado de El Quijote, ese símbolo tan español del desfacedor de entuertos al que anulan tildándolo de loco. No era eso lo que había escuchado el comentarista. Se ha acercado al soliloquio de la razón –por cierto la figura literaria se llama políptoton- y lo ha leído:

“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra hermosura”.

Ha convenido que no entendía nada y que no es de extrañar que al Quijote lo llamaran loco. Con lo clarito que hablan Cristiano Ronaldo y Mourinho. Sí, el sueño de la… sinrazón produce monstruos. Y ésta es la ciudadanía a la que están robando su presente y su mañana. ¿Tanto cuesta utilizar la cabeza para algo más que para peinarse?

Entiéndase -para los no habituales del blog que me conocéis- que quien escribe  “salió en tele” precisamente durante muchos años y que puede escribir hasta de erotismo o de recetas de cocina. Tampoco me quejo en absoluto de la difusión de mis últimos libros. No es un lamento personal por tanto. La crítica amarga es por el estado de idiocia al que ha llegado la sociedad. Dolor por el inmenso daño que causan a la ciudadanía en su conjunto.

Hacia una sociedad medieval

“No es una extravagancia propia de ricos ociosos, el hecho de que los países de mayor producción tecnológica y mayor dinamismo económico sean también los que más invierten en investigación básica. Se trata más bien de que los países son ricos porque investigan, no investigan porque ya son ricos”. Así lo esgrimían, aportando datos, Carlos Alonso Martínez y Javier López Facal en Reacciona. “En el ranking Scimago de universidades del mundo, figuran seis universidades alemanas entre las doscientas primeras, frente a una sola española”, decían también. “Alemania produce el 41% de patentes solicitadas a la Oficina de Patentes Europeas, frente al 1,2% de España”, añadían. “No nos resignamos concretamente a que España no tenga una educación tan buena como la de Finlandia, o una investigación científica tan profesional como la de Suecia”, continuaban. “Conseguir el nivel educativo y el nivel científico de Finlandia y Suecia no es imposible: es una cuestión de diseño estratégico, de consenso político y social, de reformas en la arquitectura institucional y de esfuerzo económico sostenido”. Para concluir: ”O mejoramos de manera muy significativa nuestros niveles educativo y científico, o seguiremos adorando a Zeus, Júpiter, Odín y otros dioses, tan enternecedoramente europeos, como definitivamente anacrónicos”.

Y ni siquiera son ya los románticos dioses griegos, romanos o nórdicos, tan literarios como irreales. El gobierno del PP ha decidido cortar en 600 millones de euros los presupuestos de ciencia y tecnología, mientras entrega medio millón de euros diarios a la Iglesia católica. Como dios manda, dicen, sí, el dios medieval que oprimía a la población y la sumía en la miseria y la ignorancia para mayor gloria de las clases privilegiadas. Exactamente igual que ahora.

“Pero aquí no acabamos de enterarnos de nada de esto. Aquí llega uno a la Moncloa, le dan unas tijeras y se cepilla 600 millones del presupuesto de ciencia y tecnología. Le copió la idea al que le pasó las tijeras. Aquí no se aspira al porcentaje del PIB que invierten en investigación los países más desarrollados (3%), ni siquiera al del montón de la Unión Europea (2%), sino al campante y bajante 1,4% de los colistas profesionales. Aquí el centro que investiga en energía y medio ambiente amenaza cierre por cicatería administrativa, y el CSIC en su conjunto se hunde en el pesimismo. Aquí a los científicos que hemos formado con esmero les decimos lo que Lola Flores a sus hinchas: “¡Si me queréis, irse!”. Esto lo escribía en un alarido el científico Javier Sampedro en El País, quien, como es lógico, también aportaba datos:

“El gran arranque de la industria estadounidense solo se produjo en los años veinte, cuando el Gobierno federal y el recién creado National Research Council atizaron a todas sus grandes empresas –Westinghouse, Kodak, Standard Oil, Du Pont, AT&T, General Electric– para que apostaran en firme por la investigación.

Tras la Gran Guerra, las grandes empresas occidentales empezaron a dedicar esfuerzos sistemáticos a la actividad científica, y fruto de ello fue la implantación de la radio, el coche y el aeroplano en la vida cotidiana. Cada país es hoy líder allí donde financia a sus científicos y a sus ingenieros. Estados Unidos puso sus recursos en aeronáutica, satélites y ordenadores, y en ese mundo estamos. Japón los puso en videojuegos, videocámaras y coches, como cualquiera puede ver en su casa”.

Jesús Rubio Malagón. Malagonadas.

Hoy el único dios es el dinero, dirigida la sociedad por mentes conservadoras que se apoyan en el dios primigenio de cuando no había ni carreteras, ni aviones, ni teléfonos, sino masas de dinero a amasar y el más grande desequilibrio social. Por el dinero de unos pocos se corta el progreso, apoyados en el “Efecto Mateo”:

Nuevo Testamento. Mateo, capítulo 13, versículos 11-13

“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden”.

El amigo Lucas redundaba en el capítulo 19, versículo 26

“Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Hachazos también por tanto a la cultura, cuyo ministerio desaparece. En peligro el Estado del Bienestar que aporta, entre otras cosas, educación universal y gratuita. “La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, escribía en este caso Javier Pérez de Albéniz en Reacciona. Y concretaba: “Hemos aceptado sin reservas que los líderes políticos transmitan ignorancia. No nos escandalizamos ante la imagen grotesca de altos cargos que no hablan idiomas, se expresa con dificultad, leen como chavales de primaria o se insultan y faltan al respeto”.

Pero es que en el dios casi del Cuaternario, en el medieval, tampoco había televisión ni periódicos. No había presunta “objetividad” y no se apisonaban los datos reales con opiniones disuasorias. “El otro” no era llamado invariablemente a decir lo contrario y llamar a equívoco. Entonces el pueblo malvivía a favor de los protegidos divinos y como mucho se escapaba a escribir anónimamente “El Lazarillo de Tormes”, para que generaciones enteras luego justificaran la corrupción y el latrocinio endémicos de la sociedad española.

El progreso lo trajo la ciencia, la cultura, el conocimiento. Todo lo que los adoradores del “dios dinero para unos pocos” -vestidos en España “como para una boda”-  quieren y están consiguiendo cercenar.

Con energía, brillantez y amistad

Àngels Martínez Castells y yo nos conocimos en Internet. En este blog y en twitter. Admirada de su valía y de su irreductible coraje para luchar contra las desigualdades y otras formas de injusticia, me acerqué a ella hasta colaborar en Reacciona y hasta ser, en poco tiempo, amigas imprescindibles. Juntas hemos hecho algunas presentaciones, como una  -inolvidable- en Altea, llamadas por los Indignados de allí. Con su delicioso marido Zé Moreira, mítico capitán de los claveles portugueses, que nos hizo esta foto poco antes de salir hacia el acto.

Pues bien, igualmente en Ojos de Papel publica una crítica a mi libro que me ha emocionado. Meditada, de enorme trabajo, comienza así:

El pasado día 9 de noviembre salió a la venta La energía liberada, el último libro de Rosa Maria Artal, con el subtítulo de El estallido social de un mundo en crisis. Saludé su alumbramiento aquel mismo día en mi blog Punts de Vista, pero quedaron muchas cosas por decir y, entre otras, relacionar su publicación con un momento confuso para España, entre los últimos alientos de un gobierno que ha ampliado los derechos cívicos hasta la vanguardia europea cuando, desde el punto de vista económico, se dejaba apresar –e imponía—unos irracionales grilletes de desigualdad que iban a mellar de forma grave el apoyo de sus partidarios.
 
Nunca creí demasiado en el poder de la palabra escrita, pero –aunque no era intención de la autora ni estoy segura se escribió para tan cortas coyunturas— lamento que La energía liberada no haya podido ni siquiera amortiguar, en alguna medida, los graznidos voraces de tanta gaviota. No me malinterpreten: el texto no muestra inclinación ni parentesco –para nada– con opciones partidarias en el sentido tradicional, pero el proyecto intelectual y vital que contiene está en las antípodas de esas mayorías absolutas de neutrinos parásitos, “sumideros de energía” que están lejos de aportar ideas propias pero que nos quitan fuerzas para construir una sociedad más justa. Porque la autora sí toma partido en La energía liberada por otra interpretación de la realidad, por otra manera de vivir y ejercer la solidaridad, y por sembrar semillas de empoderamiento ciudadano.
 
Por suerte, Rosa María Artal ha trabajado rápido y bien. Ha escrito un magnífico libro de periodismo bien documentado, utilizando el buen hacer de su oficio para levantar acta de las claves, anotar los puntos de inflexión, avisar cuándo han aparecido nuevas grietas en las estructuras sociales, y cómo el musgo del la mediocridad y del hastío ha empezado a esconder, peligrosamente, profundos intersticios. Rosa María Artal desconfía de los panoramas sociales sin relieve y nos convida de nuevo a explorar horizontes, a no huir de las contradicciones, a sumergirnos en los conflictos. Invita a desplegar con ella velas, gavias y trinquetes para dejarnos arrastrar por los vientos de los pueblos, para huir de esta aparente calma chicha de la trampa y la mentira, donde medran los bueyes y los corruptos. Ayuda a compartir esa energía que nos envuelve abriendo puertas y ventanas, y avisa de los momentos en que el mundo, aunque parezca que se detiene, avanza y se ilumina, y nos enseña a utilizar los instrumentos de su oficio para detectar trampas de lenguaje y perforar las opacidades del sistema.

Rosa María Artal utiliza la visión panorámica imprescindible para entender por qué en un determinado punto del planeta se agrieta la corteza y brota una esperanza inesperada (ya sea en Sol, o en la plaza Tahir, o en Zuccotti Park)

De la mano de Rosa Maria Artal recorremos países gravemente amenazados (Grecia, Portugal, Letonia) países que se levantan (Islandia) y países fantásticos que se enseñorean de nuestro paisaje mental (Equidistán) para que el discurso público de los medios se hunda y confunda en un trémolo amedrentado: por el contrario, su discurso vibrante nos previene de los tono monocordes que hace indistinguibles las verdades de las mentiras.Seguramente habrán leído ya algunas malinterpretaciones que confunden y circunscriben –por pereza de lectura o por esa tendencia tan española de quedarse en el mensaje aparente de los titulares, La energía liberada a un intento más o menos comercial de explicar el 15-M. Pero lo cierto es que el trabajo emprendido por la periodista y escritora es de muchísimo más calado, y se remonta con acierto a los orígenes de la crisis, nos revela sus causas, se detiene en tono especialmente acusador en la corrupción y no rehúye identificar los personajes que interactúan en el desastre, ya sean de carácter político, social o económico.
 
La propia autora lo explica:No es un libro `del 15M´, aunque contenga una detallada descripción del movimiento. He tratado, sobre todo, de aportar información esencial sobre la génesis de la crisis en todos sus detalles, incluso en los indispensables antecedentes que nos hablan de una estrategia diseñada. Desde el mismo mes de Noviembre de 1989 cuando –recién caído el Muro de Berlín y con él el bloque contrario- se firma el Consenso de Washington (seguido del Consenso de Bruselas) que –con premura extrema- adapta para el mundo lo que los neoliberales venían aplicando en Latinoamérica y África, con justificaciones varias y en lugares que pasarán más desapercibidos”.
 
Basta esta cita para darnos cuenta de que Rosa María Artal utiliza la visión panorámica imprescindible para entender por qué en un determinado punto del planeta se agrieta la corteza y brota una esperanza inesperada (ya sea en Sol, o en la plaza Tahir, o en Zuccotti Park). Pero si nos centramos en los efectos sin repasar, con Rosa María, Artal, las causas y sus responsables, contribuiremos no es sólo a empequeñecer injustamente su propuesta, sino que también le inyectaremos, de la manera más injusta, caducidad: les aseguro que La energía liberada trasciende, de largo, la por otro lado loable tarea de relatar en cronologías de mayor o menor densidad, lo que sólo es un momento (o un resultado parcial e incompleto, si se quiere) de las tensiones que han venido rompiendo equilibrios, desequilibrando pactos, y repartiendo sesgadamente responsabilidades y culpabilizaciones inmerecidas, mientras los auténticos responsables siguen dictando su voluntad desde áticos decorados con especies en extinción y reciben torpes indultos que alejan para muy, muy tarde, la esperanza socialdemócrata –hoy tocada y no se sabe hasta qué punto hundida– de recuperación. De alguna manera en Reacciona lo adelantaba al escribir en mi texto sobre las estafas cotidianas: “El sueño socialdemócrata ha muerto y el capitalismo arrogante toma por bandera la falta de equidad, la explotación y las desigualdades: inicia un retorno al futuro que sólo conduce a la barbarie.”
 
 Lo que entonces no sabía todavía…
 
 

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