Mercados, sí, bwana

Portugal es la víctima más reciente del neoliberalismo. Resulta asombroso contemplar la naturalidad con la que los informativos nos cuentan los problemas a los que ha llevado a nuestros vecinos su deuda. Asumiéndolos como normales, sin antecedentes ni contexto. Cómo tiene que dimitir el presidente porque no le acepta el parlamento su nuevo plan de ajuste. Ver acudir a Sócrates compungido a rendir cuentas a Bruselas. Asistir al nuevo dedo en el ojo que meten a Portugal las agencias de «rating» bajando su calificación. Asumir en el horizonte portugués –y en todos- más y más “austeridad”. Para los ciudadanos de a pie, naturalmente. Y cómo éstos siguen la peripecia tan tranquilos aparentemente.

En 2008, 13 de Septiembre, emerge una descomunal crisis financiera que ha llenado los bolsillos de bancos y “mercados” con cuantiosas ganancias basadas en la nada (y en fraudes). Se les inyecta dinero público para mantenerlos porque… “son demasiado grandes para caer”. Sólo en EEUU, 70.000 millones de dólares. En Europa país por país, e incluso el Banco Central Europeo interviene aportando 30.000 millones de euros.

Y, héteme aquí, que le dan la vuelta a la tortilla.

Acudo a Alberto Garzón y Juan Torres para explicar cómo y con qué consecuencias:

 1) Los bancos también tuvieron un papel clave en la especulación contra la deuda pública. Cuando los Estados se vieron obligados a salvar a la banca y a desembolsar dinero público en diferentes programas de estímulo para evitar una catástrofe mayor tuvieron que incrementar sus niveles de deuda pública. Y esta deuda fue financiada, paradójicamente, por la propia banca. Así, mientras los estados estaban prestando dinero a la banca a bajos tipos de interés (con el objetivo de que la banca lo prestase a empresas y familias), ésta estaba dedicando ese dinero en comprar deuda pública. El resultado era la permanencia de la recesión, el incremento de la deuda pública y el crecimiento de los beneficios bancarios.

2) Muchos de estos fondos y otras tantas entidades vinculadas a los bancos están registrados en paraísos fiscales, de forma que no pagan impuestos con los que financiar los servicios públicos. Esto invierte el sentido de los sistemas fiscales, ya que al final los servicios públicos acaban financiándose por aquellos sectores que no pueden evadir impuestos (las clases populares) mientras que los bancos y las grandes fortunas apenas contribuyen. Esto repercute necesariamente en una peor calidad de los servicios públicos, lo que se utiliza a su vez como excusa y justificación de su privatización .

3) En efecto, los bancos aprovecharon su desigual poder y cultura financiera ante los individuos para imponerles condiciones leoninas y realmente explotadoras, creando de esa forma el método de punción de riqueza que sustentó la burbuja financiera. La banca creó nuevas formas para el pago de las hipotecas, con nuevos y complejos tipos de interés que confundían a quienes suscribirían nuevos contratos. La gente, obligada en muchos casos por las circunstancias a tener que endeudarse (por los bajos salarios, la necesidad de una vivienda y la retracción de los servicios públicos) fue manipulada y engañada no sólo por los agentes bancarios sino también por los brokers o comisionistas, quienes eran contratados por los bancos para ampliar su cartera de hipotecas y cobraban en función del volumen total suscrito. Grandes beneficios para la banca a costa del empobrecimiento generalizado de la población.

Rajoy está contento con lo sucedido en Portugal. Dice que los países necesitan a veces un revulsivo (lo que hace vomitar). El presidente se va y llega otro. Con su acierto habitual, el candidato del PP entiende que el nuevo titular del gobierno es… un revulsivo. Lo que hace vomitar.

La desmemoriada sociedad no recuerda “El papel de las derechas en el desempleo estructural de España”.  Pero las políticas neoliberales son también aplicadas ahora por los socialistas. Y el sector “izquierda exquisita” anda en el cauce canalizado de la consignas incuestionadas. Optimista por naturaleza, espero que quede por ahí alguien, muchos, incontaminado.

¿Quién dice a los especuladores, a la inefable UE azul, sí, bwana? los gobiernos. Los que elegimos. Los que decide esta ciudadanía informada y con criterio. Y protestas ni una que todo son asuntos internos.

Igual habría que volverse “mercado” e irse a especular a Portugal que en nada lo venden a precio de saldo. Es un país que adoro. Pobre Portugal vecino de barbas en remojo.

Una buena noticia: El presidente de Yemen se declara dispuesto a ceder el poder pacíficamente. Menos mal que los yemeníes se las han apañado solos. Y no todos los dictadores son San Gadafi. Si es que una se anima con cualquier cosa.

Liz y los payasos

Isn’t it rich?

Are we a pair?

Me here at last on the ground,

You in mid-air.

Send in the clowns.

Isn’t it bliss?

Don’t you approve?

One who keeps tearing around,

One who can’t move.

Where are the clowns?

Send in the clowns.

Just when I’d stopped opening doors,

Finally knowing the one that I wanted was yours,

Making my entrance again with my usual flair,

Sure of my lines,

No one is there.

Don’t you love farce?

My fault I fear.

I thought that you’d want what I want.

Sorry, my dear.

But where are the clowns?

Quick, send in the clowns.

Don’t bother, they’re here.

Isn’t it rich?

Isn’t it queer,

Losing my timing this late

In my career?

And where are the clowns?

There ought to be clowns.

Well, maybe next year.

Gran pérdida. Pero no era «la última». Quedan Lauren Bacall, Kim Novak, Shirley MacLaine, que yo sepa. Pasión por los titulos, etiquetas y simplificaciones.

Libia, Gadafi, la ONU, oriente en llamas, reactivación de atentados en Israel/Palestina, Portugal, la UE, los intranquilos mercados, SORTU, una mujer encerrada por su marido dos años mientras una comunidad de solo 20 vecinos mira para otro lado, dinero y estudios para ver cómo se manipula la orientación sexual… Mándame a los payasos. Lluvia adorable, realizaciones inmediatas… No será la última vez.

Mea culpa

Conforme pasan los días me voy convenciendo más y más de que la radiactividad no es en realidad tan peligrosa como pensaba. Resulta que una ha conocido más o menos de cerca los estragos causados por el accidente nuclear de Chernobyl  hace un cuarto de siglo (la tierra quemada que dejó, las malformaciones de los niños nacidos con posterioridad) pero es que eso fue un hecho aislado, debido a la obsolescencia soviética. Convivimos con la radiactividad y no nos pasa nada. Cada vez que me hago una radiografía me sacuden un guisopazo y aquí estoy yo tan campante. Necesitamos la energía atómica para disfrutar de este estupendo progreso que nos rodea a todos los ciudadanos del mundo. Los residuos potencialmente letales –pero solo si se desmandan- son problema de las generaciones venideras, no nuestros.

 Por otro lado, si uno sale a la calle a protestar por la invasión de Irak que han acordado cuatro amiguetes con poder –Bush, Blair, Aznar, y el entonces presidente canadiense- en presencia de Barroso, actual líder o miniterciolíder de la UE, merendándose a la ONU sin empacho y diciendo que Sadam Hussein tenía unas armas peligrosisimas que nos iban a fastidiar a todos, tiene que oponerse de por vida a cualquier acción de fuerza.

Y es que también he entendido que la ONU solo existe para dictar resoluciones sobre papeles, que queden en idems mojados, y gastar mucho dinero. Quedan preciosos allá en Manhattan al lado del Hudson, sentaditos, de tantos colores y vestimentas como hay en el mundo mundial.

Hace un mes que la ONU dictó para Libia la resolución que pide Llamazares –el líder pero no candidato de IU en loor de multitudes-. Una negociación político-diplomática en presencia de observadores internacionales que verifiquen el alto el fuego. Cuatro o cinco «altos el fuego» lleva decretados Gadafi que afronta el asunto como aquel que intenta dejar de fumar: deja todos los días. Pero es lo que tiene que hacerse: hablar y hablar y hablar. Estamos muy guapos hablando.

Sí, la ONU solo está para eso. Limpia mucho nuestras progres conciencias enarbolar banderas y dejar hacer a otros, lo que sea. No a la guerra, no señor. A la nuestra, que los libios llevan un mes a bombardeo limpio por parte de San Gadafi. Menos mal que así se consiguió parar a Hitler, y a Franco, y nuestro país, España, es un paraíso de gente crítica y responsable, altamente educada.

He comprendido también que si en Libia no se ven muertos –como si veían en Túnez o Egipto- es porque no los hay. Gadafi no mata… sólo impide que entren periodistas. Pero lo que no se ve no existe y eso lo saben muy bien los dictadores listos aunque estén locos. Esos vídeos colgados en youtube de mutilaciones y muertos los han hecho unos opositores muy malos y muy tontos que se matan ellos solos para fastidiar. Todo sea por la causa ¿Cuál? Llevar a Libia a un callejón sin salida, infinitamente peor que una dictadura chantaje y amor de los intereses económicos occidentales.  

 Y es que debo quitarme para empezar ese gusto por la sangre inocente de ciudadanos indefensos. Los que matan sin parar y a miles y millones las malvadas bombas occidentales. He de hacer propósito de enmienda.

Además, es verdad, ¿por qué han empezado por Libia? Ayer contaba mi opinión pero está equivocada. No es porque Gadafi mata «presuntamente» a sus ciudadanos y Ben Alí y Mubarak también pero menos que se fueron y todo, es que las acciones no pueden empezar por parte alguna. Si no se arregla el mundo de golpe, es mejor hablar y hablar.  Qué bien lo vamos a pasar. Como somos tan resolutos, arreglar todos los conflictos de vez nos puede llevar siglos debatiendo y poniendo y quitando comas.  Entretanto, mover un dedo ni locos.

Soy consciente asimismo de que voy por muy mal camino. Soy radical.  He de montarme un medio informativo (del aire o empeñándome) y abandonar mi vida y mis proyectos, para escribir, gratis, todos los días y de todo, mencionando todas las posturas. Éste dice, el otro dice y ya. Debo ser más objetiva.

Como he escrito en http://www.escolar.net/MT/archives/2011/03/los-amigos-de-gadafi.html, con pseudónimo, y van camino de ocultar el comentario a democráticos negativos, lo mejor que leí ayer fue este tuit: @Ludens76 Organizar una manifestación por el #noalaguerra, que la bombardeen y pedir que nadie haga nada. Eso sí es coherencia. Y yo tengo que ser coherente y fiel. Parece que la derecha no me quiere mucho y ahora resulta que sectores de presunta izquierda tampoco. Están escandalizados. Mira que no seguir consignas y cuestionarlas… pero  ¿Que haré yo sin amor? Soy una inconsciente ¿no sé a qué me arriesgo? Sí, pero se conoce que me va la marcha. Y no, eso no es práctico. Debo revisar incluso mi postura acerca del neoliberalismo. No vaya a ser que tengan razón quienes lo defienden con tanto ahínco.

 Voy por muy mal camino y me arrepiento. Así ni contentaré a todos –que para eso estamos- ni medraré. ¿No recordaba que ése precisamente ha sido mi objetivo vital durante mi trayectoria todita toda?

http://www.youtube.com/watch?v=8YGXsw3XK9I

Actualización.

Ruego un poco de calma. Ni vosotros ni yo -solos- vamos a arreglar el mundo. Las discrepancias no deberían tomarse como algo personal. Pero tampoco querría coartarme y no escribir lo que pienso. De todos modos, un poco de calma, insisto, no vendrá mal.

¿Por qué la UE sí ha actuado en Libia?

Cuarto Poder me publica una tribuna con este título.

Acusábamos hace menos de una semana a la llamada “Comunidad Internacional” de permanecer impasible ante la matanza de los libios y ahora nos rasgamos las vestiduras porque la ONU ha actuado y con inusitada resolución (los aviones llegaron a Bengasi y Trípoli antes de que se secara la tinta de la firma en Nueva York). Hace nada era demasiado tarde, ahora demasiado deprisa.

Se dispara el rechazo del #noalaguerra, cuando Libia lleva en ella un mes. El no, por tanto, es a la presencia occidental en ella.

Las etiquetas ideológicas aportan inapelables certezas para explicar lo ocurrido en la ONU: es por petróleo. En el mejor de los casos, porque la teoría de la conspiración en conciliábulo imperalista se abre paso también, esparciando por doquier altas dosis de demagogia. Gadafi es un tirano, o un repentino benefactor de sus ciudadanos. Sus opositores (con tantos muertos ya como en un tsunami, 8.000) “no son trigo limpio” ¿merecían un dictador por tanto que los sujetara?

En la era de la desinformación, de las “creencias” (más que de la opinión), de los ciegos carriles ideológicos, seguimos sin saber qué ha ocurrido realmente para que la gran cámara internacional se sacuda las telarañas. Lo que resulta una falacia redomada es confundir diciendo que Libia es lo mismo que Irak. Nada que ver la unilateral reunión de Las Azores, con inventada excusa de unas armas de destrucción masiva atesoradas (con certeza, decían) por Sadam Hussein, y desoyendo a la ONU, que una resolución del Consejo de Seguridad para frenar las bombas de Gadafi sobre sus opositores ya en la calle.

Dicho esto, incontables resoluciones de la ONU duermen en las oficinas de Naciones Unidas entre el polvo, incluidas las dictadas contra Israel en su conflicto con los palestinos. Y medio centenar de guerras olvidadas se dirimen hoy en soledad.

¿Qué ha ocurrido entonces para que la Comunidad Internacional haya actuado?

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Y, entretanto, Gadafi sigue matando civiles…

Trabajar más, cobrar menos

Ignacio Escolar escribe esta mañana:

Ayer fue un día grande para la democracia española. 21 de marzo de 2011: por primera vez en lo que llevamos de año, Mariano Rajoy dio una rueda de prensa digna de tal nombre (¡viva la transparencia informativa!). Como las buenas noticias nunca vienen solas, ayer también desveló ese secreto para salir de la crisis que había olvidado por no entender su propia letra: “Hay que trabajar unas poquitas horas más o ganar un poquito menos”, dejó dicho en una entrevista de El Correo.

Sería una idea original si fuese nueva, pero hace ya mucho que aquí nos aplicamos ese cuento chino. Los horarios nacionales son de los más largos de Europa –muchos confunden trabajar más horas con trabajar mejor–, y el sueldo medio de los españoles está entre los más bajos de la UE 15. En España, un trabajador gana de media 21.500 euros al año: casi la mitad que un alemán, un inglés o un holandés.

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  Pues sí, éste era el revolucionario secreto de Rajoy. Añado un par de datos.   

    En el primer informe FOESSA de 1970 ya relacionaban la productividad española con la europea, con la alemana casualmente. En el sector siderúrgico, y con unas largas jornadas laborales, «España invertía 195 horas mensuales por trabajador para obtener 62,8 toneladas de acero bruto. Con menos tiempo, 154.7 horas, los alemanes producían 158,3 toneladas».   O sea que nuestras desgracias, la pésima organización, vienen de lejos. Y no parece haber intención alguna de remediarlo. Todo lo contrario.

   Otro. En el comienzo de la crisis, Alemania decidió acortar sus jornadas laborales para que fueran más personas las que trabajaran. Se han recuperado.

  Hay quien me dice con ojos húmedos de emoción y expresión arrebolada: «Rajoy merece una oportunidad». Empiezo a anotar sus filiaciones para pedirles cuentas transcurrido por ejemplo un año de Gobierno. Aquel «te lo dije» que se cumple de forma inexorable estos días (con la energía nuclear por poner un ejemplo y no es el único). Ah, que estas cosas no se hacen. Tenemos tan mala memoria y tal carencia (¿impunidad?) en afrontar responsabilidades.

Libia y la izquierda mundial

   Las fuerzas occidentales ya están interviniendo en Libia, según el mandato de la ONU. Produce vértigo pensar en cómo acabará esto, y si se repetirán  destrozos anteriores o si, de una vez, la ONU será la ONU y su mandato será cumplido de forma estricta. Pero me encuentro profundamente alucinada por las teorías conspiranóicas de una parte de la izquierda, impulsadas -según el hilo que he seguido- sobre todo desde Venezuela, pero también de corazones que ven etiquetas y no hechos.  Compruebo la pervivencia de una izquierda sectaria y trasnochada (potente freno a una acción constructiva), capaz incluso de defender a Gadafi y creer en patrañas. El colmo ha sido un enlace en un comentario en el blog en el que hablaban de niños jugando pacíficamente en las calles de Trípoli en donde los bombardeos, la sangre y los muertos no han existido. Vivimos en la era de la desinformación, ya se sabe.

   Por eso, traigo un artículo que me han enviado que también muestra la preocupación por esta inquietante deriva de cierta izquierda.

Immanuel Wallerstein, su autor no creía (con razón) en la intervención de la ONU -harto lenta en esta cuestión-, pero es muy interesante el resto del análisis:

Hay tanta hipocresía y tantos confusos análisis acerca de lo que está ocurriendo en Libia que apenas sabe uno por donde comenzar. El aspecto más pasado por alto en la situación es la profunda división de la izquierda mundial. Varios estados latinoamericanos de izquierda, siendo el más notable Venezuela, mantienen un apoyo pleno al coronel Kadafi. Pero los voceros de la izquierda mundial en Medio Oriente, Asia, África, Europa, y Norteamérica, decididamente no están de acuerdo.

El análisis de Hugo Chávez parece enfocarse primordialmente, en realidad en exclusiva, en el hecho de que Estados Unidos y Europa occidental hayan estado profiriendo amenazas y condenas al régimen de Kadafi. El coronel, Chávez y algunos otros insisten en que el mundo occidental pretende invadir Libia y “robarse” su petróleo. Todo ese análisis para nada ubica lo que ha estado ocurriendo y deja mal el juicio de Chávez –y de hecho su reputación con el resto de la izquierda mundial.

Primero que nada, durante los últimos 10 años y hasta hace algunas semanas, Kadafi no obtuvo sino buena prensa en el mundo occidental. Intentó probar por todos los medios posibles que no era un gobernante que respaldara al “terrorismo” y que su único deseo era integrarse plenamente a la corriente principal geopolítica y económica en el mundo. Libia y el mundo occidental han estado logrando un arreglo tras otro, todos con ganancias. Es difícil para mí ver a Kadafi como un héroe del movimiento mundial antimperialista, por lo menos en los últimos 10 años.

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Otra opinión que ha encontrado Standad Life: La izquierda y los tiranos, Salvador Giner

¿Por qué cuesta tanto ser de izquierdas? ¿No debería ser fácil y normal que un ciudadano amante de la libertad, de la igualdad de oportunidades, de la autodeterminación de los pueblos, de la redistribución de la renta y de la equidad mostrara una elemental simpatía por los gobiernos que ponen en vigor esos valores elementales? ¿No es cierto que los valores de cualquier sociedad decente son precisamente los de la izquierda y no otros?

 Lo terrible es no poder hallar una respuesta fácil a la pregunta. ¿Qué enigmática fuerza histórica o, simplemente, qué lógica diabólica hace que la izquierda -la aliada natural del feminismo, del ecologismo, del pacifismo, de la educación para todos- traicione una y otra vez sus principios elementales?

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Por cierto, entre los «no-muertos» por las tropas de Gadafi,  está el periodista Mohamed Nabous, que era todo un símbolo. Euronews le entrevistó poco antes de ser asesinado este sábado.  Y aquí más información de él.

Mayoría absoluta (presente y futura)

Fallas. Valencia. 2011

Responsabilidad de proteger

No resulta nada fácil el debate personal entre la necesidad o no del uso de la fuerza para obtener fines superiores. Suele ser el comienzo de una bola de nieve que se va engrosando en su mortífera caída por la ladera. Pero la realidad es que no vivimos ni mucho menos en un mundo perfecto y que esta fuerza va contra otra fuerza: la que ejerce un Estado sobre sus ciudadanos (quizás la peor que puede existir).

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado finalmente el uso de la fuerza para imponer la zona de exclusión aérea en Libia. Emilio Menéndez del Valle nos explica cómo se ha ido abriendo paso en Naciones Unidas –sin que nosotros lo hayamos notado realmente, yo no- lo que llama la “responsabilidad de proteger”.

“Se trata de una doctrina sobre seguridad internacional (paz justa incluida) y derechos humanos que incorpora principios fundamentales. Ante todo, establece que el Estado es el primer responsable de la protección de su población, a la que no puede agredir. La soberanía de los Estados incluye derechos, pero también deberes y responsabilidades. Si se da el caso (como ha ocurrido en Libia, Egipto, Túnez y otros) de que los Gobiernos son incapaces de proteger a sus poblaciones (o son cómplices o actores directos) del genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica o crímenes de lesa humanidad, la comunidad internacional (vía Naciones Unidas) tiene la responsabilidad de entrar en acción. El objetivo principal es librar a la población civil de un Gobierno manifiestamente injusto, tiránico y usualmente corrupto. La responsabilidad de proteger debe ser inicialmente promovida mediante medios pacíficos. Habitualmente, especímenes tipo Gadafi, Mugabe, militares birmanos u otros de semejante ralea, no suelen ser sensibles a tales enfoques. De ahí que a la postre, para proteger a los inocentes, se deba recurrir a medidas coercitivas, incluida la fuerza militar”.

La práctica de la teoría ha dejado ejemplos de amargo recuerdo. Esperemos que no sea así esta vez, que la ONU equilibre las fuerzas en Libia, impida las bombas del tirano (al que tantos alimentaron), cese la hemorragia de un pueblo valiente que se levanta -con gran riesgo- por sus derechos y se vaya. La ONU actuaría así como un gobierno mundial. Luego la Justicia Internacional dirimiría las responsabilidades del tirano.

Otra noticia también llama hoy mi atención. El G7 intervendrá en los mercados para respaldar a Japón. Los cuervos especuladores habían entrado a saco a lucrarse de las desgracias varias de Japón. Terremoto, tsunami y crisis nuclear son “una gran oportunidad de negocio»… privado. el entrecomillado es lo que suelen pensar, ya es incluso lo que suelen decir sin pudor. Así el yen alcanzó estos días su cotización más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El Banco central nipón ha tenido que inyectar millones para frenar la “carrera alcista” de su moneda, en lugar de dedicar, pongamos por caso, esos fondos a socorrer a la población. Los autores han sido ese ente al que siguen llamando “los mercados”. Pero de abstracto nada. Investigue mínimamente algún interesado en sus filiaciones, nombres y apellidos, a través de las transacciones realizadas estos días. Ésos son “los mercados”, ésos los cuervos carroñeros. Ésas son las leyes del “libre mercado” tal y como está ahora.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y el Banco Central Europeo se han unido para frenar la subida del yen. No es que el G7 sea mucho de fiar, pero esta vez hay que aplaudir su acción. ¿Responsabilidad de proteger? No sé por qué lo dudo, pero sí parece ser ése su efecto.

Quedan muchas más cosas por preservar, por defender (que no es lo mismo), muchas. Pero este viernes luminoso amanece con ciertas esperanzas. Necesitamos un respiro.

Libia: los hemos dejado solos

Tropas de Gadafi bombardean Bengasi, el último refugio de los sublevados contra el régimen dictatorial que padecen. Los rebeldes han pedido desesperadamente ayuda a Occidente. Pero Occidente es una abominable piltrafa gobernada por hipócritas a quienes les importa más el petróleo de Libia que el respeto a los derechos humanos, a la vida humana, a la valentía.

Uno por uno, los organismos internacionales (la bochornosa UE, el G8 que nadie eligió, la ONU, los gobiernos) han dado la espalda a los ciudadanos libios, enfrascados –dicen- en largas deliberaciones absolutamente ineficaces. No quieren mover un dedo. Y ni uno han canteado cuando había diversas formas de poner coto a las atrocidades del dictador. Ya se desdecirán de sus tibias críticas ante Gadafi cuando vuelvan a verle. Son expertos. Oh, la diplomacia.

Me avergüenzo de todos los gobiernos e instituciones que han sido capaces de ver la sangre derramada -y en breve aplastada- de los libios que han tenido el coraje de intentar cambiar las cosas, de buscar la cacareada democracia de la que nosotros realmente también carecemos. Lo han pagado muy caro. Escarmiento ejemplar.

Pero a toda esta tropa de impresentables (a buena parte de ellos porque otros se han atribuido poder por su voluntad sin más) los hemos elegido nosotros, los ciudadanos que vemos morir a los libios mirando para otro lado. Ellos han demostrado un arrojo del que nosotros carecemos. Escarmiento ejemplar, digo. Todo el mundo quieto. Aquí paz y después gloria.

Equidistán

Equidistán es un país en el que todas las verdades son relativas. No hay absolutamente nada cierto. Al menos para un observador que contemple con cierta frialdad las opiniones vertidas. Todo es uno y su contrario. Yo no mido 178 centímetros y tengo los ojos marrón claro. De hecho, si alguien estima que no sobrepaso el metro cincuenta y mis pupilas son azul eléctrico, nadie le sacará de su convencimiento… erróneo.

Una amiga mía conservadora, y muy aficionada a hablar de política, tiene muy delimitadas las fronteras: la vida se ve según la ideología. Las manifestaciones de los contrarios a la suya, se etiquetan en un lado y se ponen en cuarentena cuando no se rechazan. Y ya está. Las cosas son como ella las ha pensado previamente. Al menos, admite como válida otra forma de verlas. Pero los hechos reales no existen como tales, todos han de ser interpretados.

Desde hace décadas la sociología ha estudiado la percepción selectiva –me fascinó su estudio-. Uno desbroza de la realidad lo que está de acuerdo con su idea y no ve el resto. En un corrillo de periodistas en Huesca el otro día, uno de ellos habló de informes concretos sobre este asunto: “Cuando les presentan los datos auténticos, los rechazan”. También lo he comprobado. Tratas de exprimir tus neuronas para aportar argumentos, cifras, comparaciones y al final te responden: “Ya, pero yo no creo que sea así”. La creencia se ha adueñado de nuestra sociedad.  Nada que ver con el pensamiento crítico. Ni con el pensamiento a secas, claro.

En Equidistán muchos grandes medios informativos actúan reforzando el mensaje equidistaní. Habla Zapatero, dice lo contrario Rajoy, y punto, que los datos reales no contaminen el espectáculo. El cliente se surte de la opinión que más le gusta. En los falsos debates (ideados solo para entretener a la audiencia) ocurre lo mismo.

En Equidistán, por tanto, no existe la memoria. Se pierde en la maraña de opiniones cruzadas.

De repente, eso que llaman para darle lustre “las cancillerías” se preguntan “si no habrá que revisar la seguridad de las centrales nucleares”. Señores, que hace un cuarto de siglo justo supimos lo que era un Chernóbil. ¿Se han olvidado? ¿No hay informes en parte alguna? Ah, no, que hay matices que… “relativizan”, no se puede comparar aquello con esto.

Y los medios informativos hablan de “histeria nuclear”, y ya tenemos el “debate” servido: ¿está vd a favor de las nucleares o en contra? ¿Le gusta a Vd más el café solo o con leche?

Los pronucleares echan mano de  todo para seguir manteniendo el tinglado. Esto es igual que los aviones, no deja uno de viajar en ellos porque de vez en cuando uno se estrelle (mala suerte). Lo que ocurre es que los cascotes no permanecen miles de años en el suelo como amenaza. Ah, que el CO2 también es malísimo. Sí, casi a diario saludo a Alberto Ruiz Gallardón y Ana Botella a ver si se apiadan de mis pulmones, y barren el manto putrefacto que cubre siempre Madrid por la contaminación de los automóviles. Y quien dice Madrid, pues, ya sabéis, donde queráis. De todos modos, aviados andamos.

¿Qué quiere Vd? informe bien ¿cómo quiere mantener el nivel de progreso sin nucleares? O sin derivados del petróleo, aunque vayan al aire y del aire a nuestro organismo. ¿Café solo o con leche?

Pero ¿de qué progreso me hablan? ¿Eso es progreso?

¿No querrá Vd volver al brasero? Pues no precisamente. Las energías renovables aportaban ya casi el 20% de la producción eléctrica de España. Antes del parón que ordenan las empresas que fabrican nucleares o las petroleras. Ya, pero “yo no creo que esto sea así”. Vale. Té solo o con limón.

El Japón desgraciado, cobaya de las nucleares, pasa por momentos críticos. Y “los mercados”! huyen de la quema hundiendo su bolsa de valores.Quizás si los gobiernos que elegimos como nuestros representantes se ocuparan de los ciudadanos y no estuvieran dedicados a defender a los especuladores privados,las cosas pintaran de otra forma.

Un comentarista de alguna tele norteamericana soltó esta perlita:

«El costo humano aquí parece ser mucho peor que el costo económico y podemos estar agradecidos por ello.»

En el Equidistán en el que vivimos, te dirán que el peligro nuclear en Japón es terrorífico y también que no, que es una minucia. Danzarán ante tus ojos los destellos de los fuegos artificiales para que te distraigas, olvides y aceptes lo que te echen.

Como muchos otros, yo no vivo en Equidistán, lo sufro. Os aseguro que mido 178 cms y tengo los ojos marrón claro. Y que hace más de un cuarto de siglo –más- que sé lo que implica la energía nuclear. En el veinte aniversario de la tragedia ucraniana, unos compañeros de Informe Semanal hicieron este reportaje. Ah, no, que esto es exagerado, «demagógico». Ver para creer, ver para no creer. Es que Chernóbil era sovietica. Pero como dice hoy el Washington Post “si en Japón no puede hacer centrales nucleares seguras ¿dónde las harán?” Igual los especuladores y políticos neoliberales le tienen que decretar un “ajuste” de los suyos a la Naturaleza. De momento, el sufrido y disciplinado pueblo japonés me encoge el corazón. Y con razones.