“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.
(Las ciudades invisibles. Italo Calvino)
No es la primera vez que traigo este párrafo de Italo Calvino al que encuentro enorme enjundia. Cuando en un país asistes a ladronicios y desfachateces diarias puede acometer la tentación de, en efecto, volverse parte de esa basura. Desde el detalle más simple al más trascendental.
¿Pagar el IVA? ¿Para qué? ¿Para que se lo lleven en sobornos impunes, lo entierren en obras faraónicas o alimenten la regalada vida de muchos próceres?
¿Escribir libros comprometidos? Para qué te vas a meter en líos, pergeñas una cosa amable con tintes progresistas y quedas como dios. El sistema te acepta: no haces daño. Por añadidura, calmas tu conciencia y la de muchos y nada esencial se altera.
¿Enarbolar la lanza de Don Quijote? Tiene bemoles que sea el mito español por excelencia porque primero intentarán desactivarte acusándote de loco pero, si persistes, te defenestran. Baltasar Garzón lo ha sufrido en sus carnes, como ejemplo más reciente.
La mierda enfanga, eso está claro. Es mucho más cómodo dejarse llevar. Puede ser incluso más productivo, tanto económicamente como en auras de prestigio. Como dios manda. Todo el mundo lo hace. El espíritu se relaja ante una tarea que se ve ingente y sobre todo inútil. Lo cierto es que vivir entre tanta podredumbre desmotiva.
Me temo que no se elige completamente. Solo la ética laxa en origen termina por corromperse, del mismo modo que el suicida, o el ladrón, lo es en sí mismo al margen de cualquier circunstancia. Es el ojo que sí ve abierta la posibilidad.
Luchar contra el infierno de los vivos, cansa. Es ser un salmón que debe su rica carne (para el consumo) a nadar siempre contracorriente. Escribía Calvino algo así como que la solución es nadar juntos, aleta con aleta, para compensar las fuerzas que te arrastran. Si todos los oprimidos se animaran llegaríamos al manantial de la montaña para reconducir el curso y ser río que nutre y vivifica.
De momento, lo más sensato es zambullirse en una piscina a meditar… o no pensar.

Diablos, España traga. Veamos el proceso. Sale Rajoy hace poco y dice que España toma «la decisión soberana» de fijar el techo del déficit en el 5,8% y que se lo contará a la UE en Abril. Muy chulito él ¡faltaba más! Vamos a oír lo que sus corifeos llamaron: Rajoy reta a Bruselas.
Un lunes, 12 de Marzo, le dicen en Bruselas que de eso nada, que el 5,3%, lo que equivale a 35.000 millones de euros más de ajustes (de nuestras carnes de salmón o de ameba). De Guindos declara ahora que aceptan: España está comprometida con el (suicida) ajuste presupuestario y se comen la «decisión soberana» con patatas. ¡Qué maravilla!
Ay, que me temo que no tengo remedio 🙂 y la dignidad sí importa.























