Involucionismo: la única eficacia del PP

“No sabe Vd. con quien está hablando”. Era una de las frases más hirientes de aquella España negra que muchos creímos haber dejado atrás. Ése parece haber sido el argumento de Javier Castrodeza Sanz, director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad, que quiere para su hijo, estudiante de medicina, una matrícula de honor. Por enchufe. Quitándosela a otro alumno.  El Dr. Carlos Vaquero, catedrático de cirugía y director del Departamento de Cirugía, Oftalmología, Otorrinolaringología y Fisioterapia de la Universidad de Valladolid, ha denunciado presiones y coacciones para otorgar esa alta calificación al vástago del político. Al prestigioso catedrático le ha recordado los métodos del franquismo.

No deja de ser una anécdota, pero altamente significativa. Mientras se recortan becas o se sube el IVA hasta a cuadernos y lápices, los hijos del poder han de tener notas de excelencia para perpetuar esa putrefacta casta dirigente.

Se nos cae el país a pedazos, la ruina y el descrédito no pueden ser mayores. La ineficacia de este gobierno llega al punto de que el ministerio de exteriores –por iniciativa de su secretario de Estado para la UEanuncie una acción conjunta con los gobiernos de Francia e Italia y se vea obligado a retirar a hurtadillas la nota de la web de la Moncloa mientras los gobiernos implicados tildan de “alucinante” la actitud de España. Es que en el franquismo se hacía así. La verdad no importaba si convenía.

Un país rescatado, tutelado, que se mueve al socaire de lo que le mandan desde afuera en las directrices económicas y que no deja de meter la pata en su escasa autonomía en ese terreno. Ah, pero en la involución ideológica galopante, en eso sí es el PP extraordinariamente eficaz, opera como una apisonadora sin tregua ni pausa.

Nos han inundado en cuatro días la televisión pública estatal de estupendos fichajes de Telemadrid y la COPE que, como tales, acreditan su solvencia. Y con ellos podemos ver que –si bien aparece en titulares- la noticia sobre la muerte de Gregorio Peces Barba, padre de la Constitución entre otros muchos valores, se desarrolla transcurridos 25 minutos del Telediario de TVE. Todos recordamos -y si no aquí está aún la memoria– cuando murió el padre –en todos los sentidos- del PP, Manuel Fraga. Abriendo, por en medio y cerrando, con retransmisiones de misas y todo.

O nos encontramos a la secta de los llamados “provida”, hablando de asesinatos y lucros para apoyar a Gallardón en su gesta antiaborto, y en igual de condiciones con los denominados por el telediario “partidos de izquierda y mujeres”.

Y es que el antiguo alcalde despilfarrador, quiere defender “a los más débiles”, a “las personas en proceso de nacer” y se propone volver a una ley de supuestos para el aborto –al nivel de Irlanda y Malta únicamente- y suprimir en él como causa la malformación del feto. Claman algunos médicos sobre la condena al sufrimiento que se infiere a quienes se vean afectados. Pero el caso es echar niños al mundo del PP, a quienes luego se les quita las ayudas a la dependencia y a la supervivencia. El caso es que la mujer sea mujer-mujer, subordinada, supeditada, incapaz para decidir. El caso es que el aborto -que nunca se erradicó- sea penado u obligue a viajar al extranjero como antaño para practicarlo.

Yo no sé si deberíamos celebrar los cumpleaños el día en el que nuestros progenitores echan el polvo clave con la esposa oficial y conveniente o con la amante guapa, si se tiene. Y cuántas “personas” en proceso de nacer se pierden en una buena eyaculación u ovulación. De lo que estoy segura es que el PP nos ha catapultado como poco medio siglo atrás, cuando no varios completos. Y que, difícilmente, quienes creyeron en sus falsas promesas de solucionar la crisis apostaban por esta involución ideológica implacable.

Dicen que lo del aborto y Gallardón es una cortina de humo para distraer de la crisis, solo que la otra cortina que sacó a pachas con Jorge Fernández del Ministerio de Interior para reprimir las protestas, se está solidificando en realidades. El PP va a Rolex y a setas al mismo tiempo.

Entretanto un zombi al frente de los destinos del país, se compara con Peces Barba en sus intentos de hacer lo mejor, o con cualquier deportista que le traiga foto de triunfo. Sin enterarse de nada, quizás ni de que Bruselas ya le prepara al cabeceante Josep Piqué como tecnócrata sustituto. U otro similar.

No más lamentos, por favor. Ya no estamos al borde del precipicio, estamos inmersos en él en caída libre. Económica y en libertades democráticas. Hay solución: actuar exactamente al revés de cómo lo hace el PP. Y empieza ser más que urgente. Ellos «no saben con quienes están hablando»: con la sociedad a la que transitoriamente representan. A toda, no solo a ese 30,2% de «personas en proceso de nacer»… como seres racionales que les dio la mayoría absoluta. Bastaba para saber qué iba a hacer el PP con relacionar conceptos. Eso sí, han desbordado las peores previsiones.

Si mientes, destrozas y fracasas, dimite

Ha duplicado el diferencial de la prima de riesgo en solo 7 meses, llegando a la antaño impensable cifra de 612 puntos. Las bolsas registran niveles históricos de pérdidas. España está rescatada con fondos europeos en su sistema bancario y a punto del rescate total. Inspira nula confianza internacional. Cada vez que abre la boca su ministro Cristóbal Montoro se produce alguna catástrofe. La comunidad valenciana, cuya gestión ofrecía como modelo, también pide rescate del Estado. Ha abaratado el despido y la dignidad del trabajo con su reforma laboral. Disminuye las prestaciones e insulta a los parados españoles (récord en el mundo industrializado). Ha cercenado la sanidad que fue ejemplo en el mundo y obliga al copago. Da un tajo a la investigación presumiendo de ello. Nos devuelve –a través de José Ignacio Wert- a una educación de medio siglo atrás, sube las tasas universitarias y hasta el precio de los cuadernos y lápices. Quita los “peligrosos” y “caros” ordenadores de los colegios. Eleva el impuesto de los libros digitales. Reserva la cultura a los pudientes. Sube de precio productos básicos. Y el gas, la electricidad o la gasolina. Nos vende servicios básicos –que son nuestros- como el ferrocarril. O perpetran una reforma del código penal que castiga con 2 años de cárcel por ejemplo convocar manifestaciones por Internet. No se puede pedir más a la gestión de Mariano Rajoy.

 Pero ahora resulta que “no tiene más remedio” porque no quiere tocar ni de broma los privilegios de aquellos para quien gobierna. Que “no hay dinero”, cuando “sí lo hay”.  La prensa afín silencia las protestas multitudinarias de la sociedad contraria a los recortes para que la adormecida no se entere de la dignidad de los demás. Y ha encontrado un nuevo culpable: el BCE. La culpa ya no es de Zapatero ni del chachachá, es de Europa. De la Europa… tan neoliberal como el PP.

   Las mentiras y desdichos de su programa electoral –recogidos con sus rostros, voces y agrios tonos profusamente en youtube- harían avergonzarse a quien tuviera un mínimo de decencia. Ellos dicen que “las circunstancias han cambiado”.


 

Seamos serios. La campaña del PP, como vemos, estuvo basada en la mentira. Y su caótica gestión ha empeorado nuestros problemas. El desconcierto del gobierno no lo salvan ni las clases de arte dramático que debe recibir con gran aprovechamiento la vicepresidenta. El futuro no se nos puede presentar peor en estas circunstancias. Un triunfo basado en las mentiras debe ser revisado: el gobierno tiene que dimitir y convocar elecciones. Es lo coherente, lo digno, lo justo. No hay apenas donde elegir  y el principal partido con posibilidad de gobernar, el PSOE, anda tan perdido como el PP. Pero así no podemos seguir. Nos jugamos mucho. Por mucho que estemos ya agotados de explicar, de luchar, siquiera de pasarlo mal.

 Cada ser humano tiene una cabeza para relacionar conceptos y de ellos sacar conclusiones y actuar. No se puede delegar más la responsabilidad de pensar y reflexionar. Al menos nos quedamos con el gozo de la dignidad.  El Roto nos explica la nueva teoría de la cazuela. La que escribo en Actúa, libro que relanzamos el lunes en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander porque contiene las respuestas de ahora mismo. Con estas reflexiones os dejo, seguramente por unos días.

 

Escorados

  Cuando una se junta con el mundo oficial -por muy progresista que sea éste en la composición del debate- percibe, una y otra vez, lo alejados que están del mundo real. Ni lo olfatean. El mundo oficial califica de «extrema izquierda» hacer ver por ejemplo que estamos entregando la sanidad (y por tanto la salud), la educación (y por tanto el futuro), los servicios todos del Estado del Bienestar, el derecho al trabajo o el nivel de vida adquirido para pagar a los bancos (con problemas por su mala gestión cuando no por fraude).  Claro, si dice Vd esas cosas…

Los conservadores quieren «conservar» ese orden de prioridades, y los progresistas hablan de «reformar»: no estamos tan mal. Peor están en Burundi ¿verdad? Y mucho mejor en Europa y en la propia España siendo los beneficiarios de la política que nos gobierna.  

Una, burguesa de pro, con notables síntomas de esa condición, se siente rara -por no decir algún sinónimo políticamente correcto de «muerta de risa»- al ser calificada de pertenecer a la «extrema izquierda». Máxime cuando las preocupaciones que manifiesta la gente -que no sea la «mayoría silenciosa» que quiere resucitar como concepto el neofranquismo- se alinean con esa idea de lo injusto que es entregar nuestros derechos para privilegiar a quien no lo merece, al menos -y no solo ni mucho menos- por su actuación poco limpia.

 ¿Estará una escorada o lo está el mundo oficial? ¿Es todo opinable y relativo?

 Entre las principales certezas que se atesoran está que un día el mundo oficial se topará con el mundo real que bulle a su lado sin que se entere. Y que podrían acabar -siquiera metáforicamente- como aquella María Antonieata a quien atribuyen  el dicho: ¿Por qué no comen bollos si no tienen pan?

 Derecha, izquierda, centro… No sé, me parece que buscar y encontrar «el norte» es siempre una buena idea.

Vale que apoyemos a los mineros pero… ¿a los funcionarios?

Isaac Rosa en eldiario.es

La semana pasada fuimos muchos los que entonamos el “soy minero” para sumarnos a la lucha de quienes marchaban hacia Madrid desde las comarcas mineras. Esta semana somos también muchos los que apoyamos la protesta de los funcionarios. Tal vez no seamos tantos ahora como los que aplaudíamos a los integrantes de la ‘marcha negra’, y tampoco extrañaría, pues todo lo que en los mineros es admiración y cariño acumulado durante siglos, en el caso de los funcionarios es vilipendio y caricatura también de siglos. Si en el imaginario popular los mineros son los héroes de la clase obrera, en ese mismo imaginario los funcionarios suelen aparecer como un cuerpo gandul, parásito y privilegiado, material abundante para chistes y diana fácil para el resentimiento de los trabajadores más explotados.

Como comprenderán, no voy a perder un minuto en desmentir esa imagen negativa.

No lo haré por varios motivos: porque tenemos todo el año para señalar deficiencias y proponer cambios en la función pública, y hacerlo en el momento en que son atacados es hacerle el juego a los atacantes. Y porque diga lo que diga, siempre aparecerá alguien dispuesto a negar la mayor y relatar una larga lista de faltas cometidas por funcionarios de las que ha sido testigo. Que entre los funcionarios hay actitudes indolentes, desleales y aprovechadas, por supuesto: como las hay en cualquier rincón de un país como este, donde todo un ex presidente de la patronal se dedica a esconder dinero en Suiza tras arruinar varias empresas. Y digo más: lo natural sería que se extendiesen los comportamientos indolentes, desleales y aprovechados, pues poca entrega, compromiso y esfuerzo cabe esperar de quienes son maltratados una y otra vez. 

Para seguir leyendo enlazo de nuevo…

Y también…

Cosas que nunca decimos por Antonio Avendaño

Una vez que le hemos echado la culpa de todo lo que nos pasa a Zapatero, a Merkel, al euro, a las hipotecas basura, a la banca en general, a Bankia en particular, a los ministros, consejeros, diputados, senadores, directores generales, delegados provinciales, alcaldes, tenientes de alcalde, pedáneos, concejales, funcionarios de carrera, funcionarios interinos y trabajadores del sector público en general; una vez que hemos hecho todo eso, deberíamos empezar a hacer otras cosas. Deberíamos pensar también qué cosas hacemos mal, cuáles de ellas tienen arreglo, cuáles no y cómo podemos empezar a arreglar las primeras y olvidarnos de las segundas.

La raíz no de todos pero sí de muchos de nuestros problemas es que no creemos en las instituciones. Que creemos en ellas sobre el papel, pero no sobre la realidad. Que al minuto siguiente de fundar la institución buscamos la manera de vaciarla de contenido, de falsear su propósito y su contenido, de amarrar su composición a nuestro favor, de amañar su funcionamiento. En principio ese era un tipo de vicio de la derecha, pero al cual la izquierda se apuntó pronto y al final ha acabado cogiéndole el gusto y teniendo también un severo problema de adicción a él. 

¿En qué consiste exactamente ese vicio de simular una fe en las instituciones que al minuto siguiente se traiciona? Consiste en cosas como estas.

Y merece la pena.. seguir leyendo

El bulo como síntoma de ignorancia

El 22 de Abril de 2012 un modesto bloguero escribió una entrada  titulada “El presidente en el país de los horrores”, que comenzaba así:

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros. Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante. No se engañe, por eso lo han votado tanta gente”.

“Alguien” decidió subsanar el problema de que el presidente –o cualquiera- “nunca le leyera” y adjudicó el texto a José Luis Sampedro. Multitud de publicaciones lo han reproducido incluso con la foto del querido profesor. Comentaristas y tertulianos se han hecho eco de él en diversos tonos. Cada día varias personas lo enlazan y distribuyen. Empiezo a dudar si hay alguna obra real de Sampedro -de extraordinaria brillantez- que haya alcanzado mayor difusión. Tyndaro, el autor, no sabe qué más a hacer para desmontar el bulo, pero sus quejas ya no tienen el mismo eco. La bala ya ha salido y no vuelve atrás.

Y es que el texto contiene una expresión mágica: “Hijo de puta”. Ese sector de la sociedad que solo lee titulares –como mucho- gusta de la simplificación y de las palabras “fuertes”.

Con la misma o mayor intensidad, se ha difundido que en España hay exactamente 445.568 políticos, tres o cuatro veces más que en país alguno. Y eso sirve para degradar aún más de lo que lo está la política. Un periodista, también en un blog, se ha molestado en contarlos –los bulos se disuelven como por arte de magia confrontados con la verdad-. Y resulta que son la cuarta parte. Y esto ¿cómo ha sido? Enrique Betancourt lo explica:

“Porque en el ranking figuran cargos de confianza, trabajadores del Defensor del Pueblo, sindicalistas liberados, integrantes de las patronales, empleados de las empresas públicas (como esos de Gesplan a los que se acaba de aplicar un ERE, a los que supongo hará mucha gracia el tratamiento de “políticos”, en paro por cierto), organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica, cámaras de comercio o investigación oceanográfica y pesquera (¿estarán los ‘políticos’ del Centro Tecnológico de Ciencias Marinas de Taliarte? ¿investigando sobre lubinas, doradas o bocinegros?).

Pero también organismos de gestión catastrales, gabinetes de prensa, cargos de designación directas en Educación y Sanidad, entidades bibliotecarias y museísticas y, asómbrense, agencias meteorológicas y entidades de transplantes y donación de órganos, así como agencias de cambio climático y reducción del gasto energético, entidades de astronomía y astrofísica (nuestro Instituto Astrofísico de Canarias debe estar lleno de políticos de todos los colores…y estrellas), protección medioambiental y actuaciones en la costa o Instituto Cervantes. Les faltó bedeles, ujieres, conserjes y personal de limpieza de ministerios y consejerías”.

Por supuesto, el presunto exceso de políticos y la cifra mágica de los 445.568, circula con tertulias mediáticas y redes sociales, llega al correo en power point o con textos en rojo y grandes admiraciones. La bola de nieve se engrosa y rueda sin control.

La sociedad con mayor acceso a la información de la historia crea y traga bulos como en las épocas del mayor oscurantismo, cuando se hurtaba la verdad.  Puede que más incluso. Hay quien pondría las manos en el fuego porque Elvis Presley vive y el hombre nunca llegó a la luna. O porque los atentados del 11M fueron obra de ETA y no del terrorismo islámico que no le venía bien al entonces gobierno del PP, y que ha dado impunes y lustrosos beneficios a El Mundo de Pedro J. Ramírez y el resto de la caverna.

Hay quien repite como el balido de un rebaño que “No hay dinero”, que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o que “no hay otra solución que los recortes” y “todos debemos arrimar el hombro” (menos los beneficiarios del sistema neoliberal para quien trabaja el gobierno del PP). Ése es el objetivo.

El bulo puede entrar en nuestro ámbito y, por supuesto, encontrar cabida momentánea. Pero reflexionando un poco uno ve que el texto del «Hijo de puta» no puede ser de Sampedro, o que -aún en el país de la trampa y la corrupción- suena rara esa desorbitada cifra de políticos. Pero la proliferación del bulo -múltiple- es síntoma de ignorancia, de credulidad, de poca estima por uno mismo como ser racional. De sumisión. De desorientación social. Vamos a llegar a dudar de todo lo que nos cuentan. Aunque ciertamente en los tiempos que corren desde el gobierno nos dan motivos de perplejidad todos los días.

En términos generales, de desinformación. Y no se puede edificar nada sobre cimientos falsos. Nada. Los puentes se caerían si los datos sobre los que se asientan no fueran reales. Igual es la verdad de los hechos que aporta la información cierta.

Tiempos de bulos y de relativización. Todo es opinable, todo tiene matices interesados. Y de tragarse lo que decidan otros sin el menor cuestionamiento. Tiempos de no usar la cabeza.

… Y no lo llevaba en su programa

Y no dimite… y no se mete debajo de una cama.

Ay, milana bonita

El gobierno ha sacado de la cobertura de la Seguridad Social una serie de productos a los que ahora va a gravar -además- con un 21% de IVA, lo que implica una subida de este tributo de casi el 150%.

Buena parte del conjunto de productos afectados  por el incremento del IVA parece indicar una  intencionalidad ideológica. Por ejemplo, hacer privativa la cultura a quien pueda pagarla, dificultando su acceso popular. O acentuar las desigualdades sociales.

Llama la atención en particular que el PP considere un lujo a costearse uno mismo –en muchos países europeos el Estado sufraga estas necesidades- y a un elevado precio, el dentista o las gafas y lentillas. Parece que quisiera volver a la España “como dios manda” de cegatos y desdentados que servían sumisos al señorito. Aquella que retrató Delibes y bordó Mario Camus en “Los santos inocentes”. Con un Alfredo Landa lameculos y puteado. Y un magistral Paco Rabal, sin dientes y no sabemos si incluso ni mucho vista, ni luces, aunque atinaba a ver, querer y sentir a su… milana bonita.

14 de Julio. Toma de La Bastilla. La prensa española no lo recuerda, se mueve por otros intereses  al tratar las protestas populares por los recorte (y recrimina que «ningún manifestante ni periodista  prestara ayuda» a la delegada del Gobierno en Madrid). Pero una ciudadanía conectada e informada parece tener más libertad o mayor sentido periodístico.

Composición del usuario de twitter @arma_pollo

En un retroceso histórico, los Juan Diego y familia vuelven al poder y lo ejercen con bota de hierro. Y muchos Alfredo Landa. Una enorme irritación crea también numerosos Paco Rabal. Y es que hay cosas intocables. Como la milana bonita.

Actualización:

En su línea habitual, el Gobierno modifica o amplia en el BOE lo relacionado en el Consejo de Ministros. Las gafas y las lentillas subirán al 10% de IVA y no al 21%. Habrá menos cegatos que desdentados, por tanto. Añade una reducción del 30% a la ayuda al alquiler para jóvenes, que queda en 147 euros al mes. Y donde realmente evalúa las medidas es en un documento en inglés destinado a inversores y facilitado a la prensa extranjera, cuyo conocimiento debe ser innecesario para los españoles. En él, por cierto, figura una cantidad menor de la que el PP ha prometido a Bruselas: habrá más recortes.

Sí hay dinero

Rajoy no tiene fondos “ni para pagar las prestaciones por desempleo  ni a los funcionarios, ni la sanidad, ni la educación”. Y el “no hay dinero” lo repite como un mantra un amplio sector de la sociedad. Según dicen, lo dilapidó Zapatero y no tuvo nada que ver ni la crisis financiera mundial, ni la burbuja inmobiliaria inflada por el PP y no pinchada por el socialista, ni el consecuente pufo de Bankia -que hunde sus raíces en las comunidades madrileña y valenciana, desde hace años comandadas por los populares-, ni el gasto de las autonomías, causantes del incremento del déficit en el último año y que, casualmente, estaban en manos del mismo partido en su mayoría.

El último recorte del Gobierno se lleva por delante subsidios de parados, derechos de empleados del sector público -ése al que Rajoy acusa, prácticamente, de ser el causante de la deuda- e incrementa el IVA para todos los ciudadanos. Con éstas y algunas partidas más, vamos a “ahorrar” 65.000 millones de euros… justo lo que necesita el sector bancario y que ha motivado su rescate. Lo que “no tenía contrapartidas”. 

El tijeretazo llega después de drásticos recortes en sanidad, educación, cultura, ciencia e investigación, lucha contra el desempleo, la violencia de género o el SIDA, ayuda a la dependencia y al Desarrollo, todo lo que cercenaron los presupuestos generales del Estado. No fue suficiente: poco después el gobierno daba un golpe mortal a la sanidad y la educación públicas de nuevo, con el recorte de 10.000 millones más. Además de aprobar una reforma laboral que consagra el despido libre en la práctica, la bajada de sueldos o la movilidad arbitraria de los trabajadores.

“No lloremos sobre la leche derramada” como gusta decir el ministro De Guindos y busquemos el dinero que le falta ver a Rajoy, no vaya a ser que se nos vierta encima toda la producción mamaria de los ganados ovino y caprino.

Contamos en España con 143.000 personas (en datos de Merryl Linch), ricas de solemnidad, y a un número indeterminado de casi tan grandes fortunas, que no pagan los mismos impuestos que los demás. Y, entre ellas, a un selecto club de poco más de tres mil personas que reúnen un capital cercano a los 25.000 millones euros. Con diversos accionistas que amplían el conjunto hasta unos 400.000 millones de euros, atesoran ellos solos un capital mobiliario similar al que disponen, juntos, los 17 millones de hogares que existen en España. Agrupados en SICAV cotizan a un 1%. Una equiparación de impuestos de este grupo con el resto de los ciudadanos aportaría una gran inyección al fisco. 

Se podría perseguir realmente el fraude fiscal y la economía sumergida que nos roban al conjunto de los españoles 240.000 millones de euros anuales, el 23,3% del PIB, según cálculos de GHESTA. El sindicato de los Técnicos de Hacienda, con modesto realismo, propone medidas para aflorar tan solo el 10% y recaudar 38.000 millones anuales

  Los paraísos fiscales son otro agujero negro de nuestra economía, de la europea, de la mundial. A ellos evaden con total impunidad una cantidad que ningún gobierno ha cifrado en un número concreto. Aquí, en lugar de perseguir el fraude, el PP ha decretado una amnistía para que estos delincuentes fiscales coticen entre un 8% y un 10%, sin intereses, ni sanciones, ni la menor publicidad. Una medida condenada, por otro lado, al fracaso recaudatorio como explica el economista Juan Fernández Vigueras.

El monto de la corrupción política y de sus beneficiarios es otra cifra insondable, aunque repasando sumarios judiciales intuímos que nos daría para “salir de pobres”. Cada partido debería reponer de forma subsidiaria lo que nos han sustraído las personas a las que, por su causa,  entregamos la llave de la caja fuerte.

Tenemos esos 13.266.216,12 euros mensuales (casi 160 millones al año) que aprobó el primer consejo de ministros del PP para –como hicieron todos sus antecesores- sustentar a la Iglesia Católica en un país aconfesional, y que son solo una parte de las subvenciones que por otros conceptos recibe. O lo que, al menos, podría recaudarse por el pago del IBI del que está exonerada, cuya cuantía  ha sido evaluada en 3.000 millones de euros anuales.

Prácticamente el único Ministerio que ha aumentado alguna partida en sus presupuestos ha sido el que dirige José Ignacio Wert. La inversión global se ha reducido drásticamente pero se ha dispuesto más dinero para el Consejo Superior de Deportes y para la promoción de los toros –ese muerto al que se intenta revivir por ser tan “español”-. ¿Es prioritario sobre las escuelas rurales o las becas universitarias?  

Los clubes de fútbol deben a Hacienda 752 millones de euros. Aunque parece que sin ese deporte no podemos vivir –provocaría un cataclismo nacional superior a ningún otro- convendría que fueran saldando sus deudas.

La Casa Real, los asesores de libre designación, los coches oficiales, los viajes, la telefonía móvil, comidas y hasta los canapés del poder también podrían ajustarse. Y nadie sabe qué pinta el Senado en nuestro ordenamiento legislativo. Imprescindible tijera también aquí.

Sin ingresos directos pero como potente motor dinamizador de la economía -y por tanto de la creación de empleo-, tenemos precisamente a Bankia. Si está nacionalizada y va a recibir esa ingente cantidad de dinero, que actúe como banca pública y facilite créditos y sin usura.

La imposición de la Tasa Tobin a las transacciones financieras que otros gobiernos europeos empiezan a establecer sería otra importante fuente de ingresos. ATTAC –que nació con ese objetivo- argumenta que solo se refiere a la compra-venta de activos financieros utilizados fundamentalmente para la especulación. Su cuantía es únicamente del 0,1% de esas operaciones. 

Dinero sí hay por tanto, y podríamos buscarle más a Mariano Rajoy (habremos de pensar también en resarcirnos de todo el inmenso patrimonio público que los gobiernos de los últimos años nos han enajenado sin expropiarnos como hacen con los propietarios privados). Con él, no solo no sería necesario aniquilar el Estado del Bienestar ni el derecho a una vida digna, sino que podríamos lograr mucho mayores cotas de prosperidad.

Lo que falla es la intención de base: los políticos neoliberales no buscan el bienestar de la sociedad a la que representan. Para ellos, los países no son un proyecto social, han de funcionar como empresas mercantiles y jerarquizadas. Las personas representan la variable económica con la que maximizar ganancias, de ahí que se las exprima en las pérdidas. Aunque seamos las que sustentamos todo el tinglado.

Lo asombroso es esa ciudadanía que hace dejación de serlo y a quien le parece lógico entregar sanidad, educación, servicios públicos, derechos, presente y futuro para que unos pocos incrementen sus privilegios. Esa rueda de molino al cuello con la que cargamos en España para intentar avanzar en el bien común.

*Publicado en Zona Crítica, eldiario.es

¿Están informados los españoles?

  Una sociedad, un ciudadano incluso, que carece de información real se encuentra inerme ante la toma de decisiones, hasta en la de votar. Es como si caminara con una venda e ignorara si va sobre camino seguro o por el borde de un precipicio. El conocimiento de lo que ocurre, el periodismo, es consustancial a la democracia, condición imprescindible. Bendita democracia con la que se llenan la boca quienes más contribuyen a degradarla, siquiera por su ceguera. Lo que cada uno hace repercute en la colectividad.

Luis Faci (@lfaci) y Antonio Delgado (@adelgado) bucearon anoche en twitter por las portadas de la prensa española señalando las diferencias entre lo que ofrecían los periódicos el 13 de Mayo de 2010 -tras la histórica sesión del Congreso donde Zapatero anunció los recortes que le imponía Bruselas- y lo que trae hoy, un día después de que Rajoy practique una poda mucho más amplia, dura y trascendental y, además, en un país intervenido… por seguir políticas de austeridad neoliberal.

Comencemos por El País con un paliativo «evitar el derrumbe» dedicado a Rajoy…

El Mundo lo tiene claro: el pobre Rajoy no puede elegir, frente aquel Zapatero que huía y recibía su merecido…

Para ABC nada más importante como los mineros y los «antisistema». Rajoy toma medidas «imprescindibles» en segundo término…

La Razón nos muestra a ese responsable presidente que habla de sacrificios -como en las religiones culposas- frente a esas hordas sindicales irresponsables…

El panfleto que edita Intereconómía es el más creativo: aquel individuo que recortaba debía dimitir. Rajoy sacaba pecho y clamaba: España es ya un protectorado…

Ahora estamos de enhorabuena ¡Europa ya manda! y este presidente no regenta ningún protectorado pero «no puede elegir»…

El resto de la prensa trataba así el tema en 2010 y así en 2012.

Con las televisiones en general, tampoco podemos contar. Apenas dan claves limitándose a mostrar lo que dice el gobierno y la oposición, para que el personal elija lo que más «le gusta». La marcha de los mineros y todas las protestas son ninguneadas o manipuladas. Su principal objetivo parece… distraer (en el más estricto sentido de la palabra).

Queda Internet pero todavía es un sector menos seguido como fuente de información que los medios oficiales, por mucho que protesten sus usuarios de que no es así. Los datos ofrecen la realidad de una sociedad que se surte fundamentalmente de la televisión y de los periódicos que prefiere. De la radio también donde hay ofertas desiguales.

En consecuencia ¿están informados los españoles?

Mineros, una explosión de dignidad

Acostarse -muy tarde- con la retina, el oído y el espíritu impregnados de la marcha minera y despertarse con Mariano Rajoy desgranando en el Congreso un patético discurso, produce shock traumático. Con toda desfachatez -obligado, humillado y empecinado en el error-  ha anunciado nuevos y  durísimos ajustes para la población, diciendo que son “imprescindibles” y demostrando lo grande que le viene el cargo al que se aferra. Habrá más recesión, más paro, y él lo sabe. Espero que al menos lo sepa. Muchos ciudadanos sí están enterados.

Ha dicho el  presidente Rajoy que «al final de los sacrificios habrá recompensa». Es mentira. También lo sabe. Espero. Hace falta mucho cuajo para echar la culpa al depauperado sector público español –uno de los más bajos de la UE que se propone desmantelar además- de nuestra crítica situación. También ha pedido ayuda a los partidos, a los medios –un político no debe pedir “ayuda” a los medios y los medios no deben dársela ni mucho menos porque su misión es la información real y la crítica- y a la sociedad. Cuando en Mayo de 2010 Zapatero se hizo el harakiri como hoy Rajoy, esto fue lo que dijo Rajoy: “Europa ha cantado las cuarenta a Zapatero”. Toda una “ayuda”. Solo quería -él y su partido- trincar el poder. Y para esto. Porque lo peor es que ahora “Bruselas” y toda la trouppe neoliberal, le ha cantado las 400 a Rajoy y somos un país intervenido y tutelado.

La realidad no es este nefasto presidente, hay otra que vivimos ayer en Madrid miles de personas. Llegaban los mineros tras 19 días de recorrer a pie un largo camino desde sus puntos de origen hasta la capital. La plaza de Moncloa estaba abarrotada cuando aparecieron con sus cascos encendidos, el cansancio y la felicidad –por el trabajo bien hecho, por la acogida- en el rostro. Y así siguió todo el trayecto. Eran más de la 1 de la madrugada y miles de personas aguardaban en la Gran Vía a saludarles. Nadie quería irse. El espíritu que allí se vivía era único. Era corear “sí, se puede” porque los mineros lo están demostrando.

Poco antes, cerca de la Plaza de España, ellos comenzaron a decir: “Este pueblo sí nos quiere”, algunos -como armarios- llorando. Desde luego, porque los mineros están llevando a cabo lo que seguramente todos y cada uno de los presentes en el recibimiento quisiéramos hacer. Contra viento y sol, contra la incomprensión y contra el riesgo. Ellos sí tienen coraje y dignidad. Y luchan por su supervivencia y puede que por la de todos, incluso de los que siguen agazapados esperando que escampe, lo que con Rajoy no va a suceder.

Tengo una relación emocional con los mineros. Mi padre era un luchador nato, un “emprendedor” que dirían ahora los políticos plásticos. Y en su búsqueda por nuestra supervivencia recaló precisamente en un pequeño negocio de almacenamiento de carbón y suministro de contratas para calefacción. Ése fue también mi primer trabajo. Desde los 13 años. Y tuve que compatibilizarlo con mis estudios de secundaria y periodismo. Quiero decir con esto que, desde casi una niña, olí el carbón y aprendí la diferencia entre la dura antracita llena de energía, la brillante hulla más blanda y volátil, o el recio lignito, pariente pobre de las anteriores. Y cada enorme camión que venía, llegaba cargado de tormos irregulares, extraídos mano a mano por los mineros. Y tiznaba hasta la respiración. Sólo quería huir de aquello.

No sé si el carbón es viable, pero estoy segura de que hay trabajos que marcan. Otros no, algunos intensamente. No se le puede decir a un minero que el suyo es inútil y desfasado cuando se han enterrado durante años para picar a mano la roca, sin luz natural, a muchos metros bajo el suelo. Y han enfermado sus pulmones, o han visto morir a compañeros por los derrumbes.

Cuando se están dando soluciones a los bancos –tan generosas y a nuestra costa-, no se puede condenar a poblaciones enteras a la ruina. Hay que dar alternativas. Forzosamente. Y es lo que fundamentalmente buscan los mineros. Y luchan por ellas. Y las merecen.

¿Dónde están los cinco millones de parados? ¿Dónde los funcionarios a quienes masacran a conciencia quitándoles la paga de navidad y lo que es más grave: derechos? ¿Dónde, por ejemplo, todos los ciudadanos que tendremos que pagar mucho más por cualquier cosa con la subida del IVA? ¿Los que entregamos la sanidad y la educación a cambio de más pobreza para nosotros y riqueza para los de siempre? Los mineros demuestran que “sí se puede”. Aunque cuesta esfuerzo y seguridad.

El señor de la Moncloa no va a resolver la situación, ningún miembro de su partido. Basta oír la osada irresponsabilidad de Esperanza Aguirre al burlarse de la marcha minera con la enorme indignación que hay en la calle. Hoy, el día de las grandes recortes. No lo hará tampoco Rubalcaba. Dudo prácticamente de todos los partidos, más ocupados por su silla y su poder que por los ciudadanos. Es muy grave: están deteriorando la democracia que precisa de la Política para funcionar. Así estamos en una situación dramática: intervenidos, perdida soberanía, el horizonte con las medidas adoptadas hoy es el caos. Es Grecia. Mirad a Grecia. Hacédselo ver a quienes reniegan de usar su cabeza y relacionar conceptos.

Pero ahí están ellos, los mineros. Caminando firmes por defender su vida. Tras respirarlos de cerca, retomo fuerzas y también sé que, si muchos queremos, se puede. Anoche, protegidos por los mineros, el miedo se evaporó.

 

*Quiero dedicar este post a nuestro amigo Zana. Pregunté por él, no lo encontré entre el enorme gentío. Un beso y gracias a ti y a todos tus compañeros por esta lección magistral de dignidad.