Network: lo habían avisado

«Network» es una mítica película estadounidense, dirigida en 1976 por Sydney Lumet y en la que Peter Finch realiza una interpretación memorable –por la que recibió un Oscar, de los 4 que tiene el filme-. Pasados los años, no hace mucho, en 2006, «Network» fue elegido como uno de los 10 mejores guiones cinematógrafios de todos los tiempos.

Han pasado 34 años desde 1976. España amanecía a la democracia sin limpiar el subsuelo de reaccionarias bombas de relojería. En Chile, tras la muerte de Salvador Allende, se encontraba en todo su apogeo la puesta en práctica de las doctrinas neoliberales de los Chicago Boys. Rusia y sus satélites permanecían impertérritos tras su telón de acero y ni por asomo se vislumbraba su caída. Aún tenía que soltar su podredumbre fuera de sus límites para enfangar la socialdemocracia. Por entonces la URSS era el “malo” oficial. Siempre lo hay. Y, eso sí, los televisores más grandes tenían 21 pulgadas.

Iba a llegar un mundo perfecto. De accionistas. Dirigidos naturalmente desde las secretas mesas de los consejos de administración. Howard Beale, el personaje interpretado por Peter Finch, pasa de ser un presentador de noticias profundamente harto a casi un predicador más harto todavía, pero ya utilizado por la cadena para obtener beneficios, dada su alta audiencia. Hace 34 años.

Tan embobados como entonces, contemplamos hoy cómo el PP se dispone a vender a manos privadas lo poco que nos queda del Estado, nuestro, de todos. Y embobados les votarán. Claman los demócratas estadounidenses ante el imparable ascenso de un Tea Party ultraderechista, inculto y folclórico, tratando de recordar a los desmemoriados que fue el neoliberalismo de Bush y antecesores el causante de la crisis que padecen, que votarles es atar las manos para reformas. No pueden tampoco hacer mucho los gobernantes progresistas: el Network, la Red de los negocios, es losa ineludible y rige nuestros destinos. Ya lo avisaban. Hace 34 años.

Hoy al tubo catódico se le suman muchos más tubos impresos o digitales. El periodismo que colabora, el que no denuncia, como gran culpable. Atado y bien atado nuestro presente y futuro, 34 años después. Y qué enorme coincidencia. Había crisis. Tremenda.

El periodista Howard Beale concluye su alegato en un grito de previsible final. Un oportuno terrorismo de diseño calla su voz. Y –no se ve ya en el vídeo- la secuencia de su muerte se ofrece a la audiencia mezclada con anuncios. Y aplauden. Zombies, aplauden. Network es una red. La única esperanza es que hoy tenemos otra red de ciudadanos que –aún- no controlan absolutamente.

Pero hay más alternativas…

Gracias a Piezas por los apaños, y a JA por su rica conversación que trajo este recuerdo.

Españoles, cada día más europeos

  Mi viejo sueño de que los españoles seamos tan europeos como solían serlo los ciudadanos del lado norte pirenaico –antes de que llegara la UE con la guadaña azul-, está más próximo a cumplirse. La crisis de los no ricos ha cambiado nuestros hábitos de consumo. Ahora invertimos más en todo lo que implica estar en casa –gastos corrientes de luz y electricidad-, alcohol y tabaco… y eso sí, telefonía. Nos quedamos en el dulce hogar pero llamando a otros ¿para paliar la soledad? ¿el hastío que produce la convivencia quizás? Al mismo tiempo ahorramos en comida –que en los españoles es algo contra natura- y en salud y educación que ya se sabe son cosas superfluas.

   Veo grandes paralelismos con los más arraigados europeos. Ellos también prefieren permanecer al cobijo de sus paredes, sobre todo por no gastar. Tampoco derrochan en comida. Los holandeses por ejemplo emplean en esa partida el 15% de sus ingresos, mientras nosotros hemos llegado a dilapidar la mitad de lo ganado en viandas. Le dan a la bebida más que nosotros por lo general, en contra de la fama extendida. Para ellos educación y salud sí son prioritarios. Y se comen sus soledades y frustraciones, con unos buenos lingotazos o con pastillas, en lugar de llamar por teléfono que es caro.

 

    Claro que esta casa en Lund, Suecia, de tres plantas, con este jardín…

Cuesta 400.000 euros. Y ganan el triple que nosotros. Ese prototipo europeo nos interesa ¿a que sí? Mirad la frutería. Hace 2 años, pero los tomates costaban el equivalente 2 euros. El kilo naturalmente.

   En su empeño de homologarnos a los europeos, el futuro inquilino de la Moncloa casi por mayoría absoluta ha elegido el modelo británico de Cameron. No tiene muy claro cuál es ese modelo pero le suena bien, declara que «da confianza». De acuerdo, aceptamos los recortes de los ingleses, pero por favor queremos todo el paquete completo. también ellos ganan el triple que nosotros, ni un subaltero cobra menos de 1.000 euros, y así se aceptan de mejor grado los ajustes.

   Puestos, hasta no nos importaría ser como los franceses, que ganan el doble, con una inversión cercana al 30% en gasto social (frente al 21% español), y que se jubilan –para su irritación- a los 62 años, tras el duro ajuste decretado por Sarkozy.

   Rajoy medita nuestro futuro, entre lo que sabe y no sabe, dice y no dice, pensando por encima de todo en la moral de nuestros ancestros. En eso España es y debe ser diferente, reserva espiritual del mundo entero. ¡Matrimonio homosexual!, ¡no, no, eso no puede ser!, esas cosas se hacen a escondidas. Y aquí le vemos sonriendo dulcemente en su despacho, atesorando esa foto tan tierna a su izquierda que preside la estancia.

Otoño 2010: programados para la melancolía y el miedo

Pues sí, ha amanecido nublado y esta pobre España en crisis ve cómo millones de personas que nunca se van de puente -nunca jamás, es que jamás se va nadie de puente- lo van a pasar entre lluvia y viento. Para colmo de males, nos cambian el horario y –leo en un titular- “una hora más que da paso a la melancolía…”. Y como las desgracias no vienen solas, es noche de muertos, masificados y caricaturizados ahora por costumbres foráneas. Muertos al fin y al cabo.    

Y cosas más serias. Se ha ido un hombre coherente y muy bueno, y ha dejado a una viuda hermosa y sólida que parece resumir la historia de la mujer en España. Y recordamos, en el centenario de su nacimiento, al Miguel Hernández de todos los tiempos. Al que cantó a los «vientos del pueblo» pero también a la pasión y la derrota presentidas desde que uno descubre que su corazón late algo más deprisa que los de la prudente mediocridad.

Como el toro te sigo y te persigo,

y dejas mi deseo en una espada,

como el toro burlado, como el toro”.

Y ni siquiera acaba aquí la tragedia. En el ordenamiento social de la codicia, la desfachatez, la opresión y la conformidad, llega el cíclico temor al terrorismo. El miedo como excusa perfecta para apretar tres agujeros más el yugo en el cuello. Nunca el terrorismo ha ocasionado un cambio de régimen, a no ser los provocados por reacción a manos del orden establecido, como sucedió tras el 11S. Y hasta por contaminación se producen más víctimas que por atentados (16.000 al año en España). Mas, a todos los niveles, mientan el miedo para provocar el silencio, la inacción. Nos programan para la melancolía y el miedo, nos programan simplemente.   

 No nos engañemos, dentro de 100 años, todos muertos. La fecha es casi una anécdota. “Es posible que los valientes no vivan mucho, los cobardes no viven nada”, escuché en una película no especialmente sesuda. Y en otra (Out of Africa): “Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias”. Si la luz no entra diáfana por la ventana, fuerte y rotunda, es que nació viciada. Evita las componendas. Y alégrate cuando los dioses te perdonan. Ya lo has hecho otras veces.    

 Por lo demás ¿Es posible encontrar una estación más bella que el otoño? El de toda la gama cromática. En la naturaleza que crece o en el sol que pasa del blanco al dorado fuego, iluminando, calentando, sin quemar. El que trae día grises para la reflexión y lluvias apaciguadoras. El que permite mirar al año vivido y al futuro que aguarda. Para saber que somos nosotros mismos quienes componemos nuestra propia vida.

 

Aguirre, Cospedal y la literatura

   La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, no considera punible que el colaborador de Telemadrid Fernando Sánchez Dragó, haya confesado en su último libro –cuyo título no cito por no hacerle publicidad- que se acostó con dos niñas de 13 años en Tokio en 1967, cuando él tenía 31. La historia con las que él llama «putitas» ha sido ya ampliamente difundida.

  Aguirre, antigua ministra de cultura, apela a la «literatura«, pese a ser un libro de no ficción. La ficción inventa, la no ficción supuestamente no. Pero la Presidenta de Madrid declara:  «La historia de la literatura está plagada de relatos de actos absolutamente reprobables. García Márquez, Henry Miller, Gil de Biedma… ¿Qué pasa, que hay que quemar los libros en la hoguera? ¿Hay que quemar a los autores?». Por tanto, el escritor seguirá haciendo su programa en la televisión pública madrileña.

   Esperanza Aguirre no consideró seguramente «literatura» una tribuna de opinión de Eduardo Haro Tecglen hace 5 años, poco antes de que él falleciera:

   «En el número de ayer de EL PAÍS, su colaborador habitual Eduardo Haro Tecglen se permite calificarme de cristianofascista.

En primer lugar, tengo que decir que lo de cristiano pertenece a la esfera de las creencias más íntimas y, en todo caso, ignoro por qué Haro Tecglen se permite utilizarlo.

Y en segundo lugar, quizá para Haro Tecglen, fascista no sea un insulto, pero para mí sí lo es, y de los peores. Yo siempre he sido, y sigo siendo, inequívocamente liberal, que es la ideología que más perturba a los servidores del totalitarismo.

En cambio, la trayectoria de este señor, que es de todos conocida, le ha permitido, dada su longevidad, escribir sin solución de continuidad a favor de los totalitarismos más nefastos de la historia del siglo XX: en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez fue defensor del estalinismo y del comunismo.

Quizá por eso Haro Tecglen se considere un especialista en detectar actitudes fascistas en sus prójimos. Si es así, le reto a que encuentre, en mi ya extensa carrera política, un solo gesto, actitud, declaración o decisión donde yo haya incurrido en alguna posición fascista».

  Dónde va a parar calificar de «cristianofascista» a una persona que la pederastia confesa. Vivimos en un cuento de hadas, sin brujas ni nada. Y con muchos, muchos, enanitos.

Tony Garrido ha encontrado en el archivo de RNE a Sánchez Dragó haciendo apología de la prostitución infantil en 1986

Cospedal y Pedro J. Ramirez también adoran la literatura, de la peor calaña. La realidad, la no ficción, se sustenta en una muy fundamentada sentencia judicial que se molestó en desmontar esta sucia patraña -urdida por dinero y poder-, pero en este caso da más réditos la «literatura». Y los enanitos siguen embobados escuchando.

PP: la ciega viga en ojo propio

Rajoy comienza, por fin, a avanzar el programa que piensa aplicar cuando llegue a la Moncloa. Preocupados por las pensiones –como todos o casi todos- los populares proponen una serie de recortes para poder aumentarlas un 1%. Se precisan 1.500 millones de euros, las cuentas del PP alcanzan solo a la mitad 750 millones. ¿De dónde los saca? Reduciendo las ayudas al desarrollo, ciencia y RTVE. 

Leía ayer que Irán va a reprimir la enseñanza de Filosofía, Derecho, Ciencias Políticas, Estudios de la Mujer o Derechos Humanos. Ya no se abrirán nuevos departamentos, y los ya existentes “tendrán que adaptar sus contenidos a los principios islámicos”. Es lo que tienen los fundamentalismos.  Nosotros vivimos en el neoliberal. La ayuda –o restitución en justicia- a los desfavorecidos del sistema no es rentable, y la ciencia y la información libre de intereses privados resulta peligrosa a los postulados del libérrimo mercado. Lo peor -peor aún- es cuando los fanatismos tan extremos conviven. El día que seriamente explote el polvorín nos vamos a enterar. Nosotros.

   El líder del PP planea también adelgazar el Estado de las autonomías –labor en la que encontrará gran número de seguidores- porque “tenemos una administración excesiva”, y profundizar en la senda de las privatizaciones con laliberalización” de aeropuertos y trenes.

   Su predecesor en el gobierno conservador de España, José María Aznar, se ventiló las llamadas 5 joyas de la corona que había empezado a privatizar Felipe González, aunque conservando siempre la mayoría y titularidad del Estado. A saber, ENDESA, Tabacalera, REPSOL, Telefónica y Argentaria (ahora dentro del BBVA que sólo este año que ha ganado «poquito» se ha llevado más de 3 mil millones de euros y lleva bastante más de una década privatizado). Con ellas, y otras menudencias, obtuvo 30.000 millones de euros. ¿En qué se invirtieron?  ¿en el milagro económico? ¿el que mantuvo los 8 millones de pobres en nuestro país hoy elevados a 9 millones? Las arcas públicas han perdido desde entonces las cuantiosas ganancias –hoy privadas- de estos suculentos negocios. Pero hay que privatizar más. Los aeropuertos y los trenes. ¿El metro y los transportes públicos? La realidad va más deprisa que la ficción.

   Ahora bien, resulta que Madrid –con  alcalde del PP- disfruta del ayuntamiento más endeudado de España, a pesar de que la basura se amontona en las calles por otras prioridades del presupuesto (túneles, ciudades deportivas fantasmas para un 2016 que se esfumó). Y la Comunidad –gestionada también por una mayoría popular- ha disparado un 9% sus «austeros» presupuestos. De dinero público, recuerdo. De autonomías a restringir. De administraciones del PP que critica despilfarros.

Unos y otros se aplican sin embargo en fortalecer a esas empresas privadas que se nos van a llevar nuestro patrimonio, para ingresar en sus cuentas privadas los beneficios. La CEOE  mueve 587 millones al año y de cada diez euros que ingresa siete son de subvenciones públicas.  Hay que mermar la ayuda al desarrollo, a la ciencia, a sindicatos y partidos, pero no a los empresarios.

    Y el colmo de la desfachatez: la FAES de Aznar, altavoz del neoliberalismo más extremo, ha recibido más de un millón de euros para difundir su ideología en el exterior. Lo cuenta El Plural, que incluye el enlace al BOE. Poned en la búsqueda del PDF FAES y ahí tenéis el presupuesto concedido por el gobierno a la organización: más de un millón de euros. Está clarísima la subvención que le damos -nosotros- a FAES para que «promueva SUS libertades«. ¿Este derroche no lo critica el PP?

   En consecuencia, solo de las «ayudas» a empresarios y a FAES sale el mantenimiento de las pensiones, sin recortar en ciencia y demás. Pero repasad la lista de regalías por la que se escapa nuestro dinero y no os cortéis las venas que hay mucho trabajo por hacer.

Un ERE para los políticos

 

Pues sí, a grandes males, grandes remedios. María Dolores de Cospedal ganó el año pasado 241.480 euros, la mayoría de origen público. Ha hecho una auténtica carrera, duplicando sus abultados ingresos en muy poco tiempo, lo que le ha dado para adquisiciones y cancelaciones de deudas que sus representados no pueden afrontar. Lo sabemos porque en Castilla-La Mancha existe la posibilidad de conocer esas cuentas, al igual que en la mayor parte de los países democráticos. Del resto de nuestros políticos apenas tenemos datos. De ministros y del presidente del gobierno que a estas alturas parece casi el peor remunerado de nuestros próceres con 91.982,40 euros anuales.

   Nuestra Constitución –como todas las democráticas- consagra que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo, a ver, tú y yo, la sociedad, la gente: los políticos son nuestros representantes. Y cobran por su función y de los partidos políticos que también sostienen nuestros impuestos –como debe ser en un sistema de libertades-, las reducidas cuotas de los militantes,  y  donaciones particulares que no sé yo si regalan a fondo perdido o cómo –aunque ésa es otra historia-.

   Bien, estaréis conmigo en que no podemos permitirnos mantener esta nómina. Tenemos que hacer una reducción de plantilla –a todas luces está sobredimensionada para empezar-. Sin duda, ajustar los emolumentos de quienes decidamos mantener. Restringir sus gastos. Facilitar su despido. Congelar sus pensiones –en muchos casos asignadas de por vida-.

   Y aún planteo ir más allá. Entendámonos, no se trata de atentar contra los fundamentos de un Estado de Derecho basado en la representación popular, en la toma de decisiones a favor de la mayoría. No, ni mucho menos, todo lo contrario. De hecho, sucede que esta empresa común parece incluso haber desviado sus objetivos. El colmo de la estupidez es pagar a nuestros gestores para que beneficien a los mercados, empresas e intereses privados, y esquilmen a la mayoría de la población, mermando logros que parecían consolidados. A pesar del adocenamiento inducido y generalizado de la ciudadanía, nuestro personal –los políticos- se ha constituido como problema fundamental de los españoles. Se impone estudiar un Expediente de Regulación de Empleo.

   Lo explicaré de una forma didáctica. Cuando uno no se puede pagar una asistenta, se lava, se friega y se plancha por sí mismo. Yo no puedo seguir costeando a buena parte de nuestros asistentes políticos. El sueldo de Cospedal –por poner el ejemplo más comentado estos días- debe estar basado en su excelencia y eficacia, no me cabe duda. Me perdonaréis la inmodestia pero probablemente yo, como muchos de vosotros, nos expresamos mejor que ella, usamos alguna neurona más, buscamos el bien de una mayoría “mayor” que los intereses privados que ella y su partido defienden (o que hoy mantienen la mayoría de los partidos), somos bastante menos retrógrados, y, si el truco consiste en mentir y manipular, la inteligencia permite aprender, siquiera dejando a un lado la ética. Un ratito aunque sea. Y hoy ya no insisto en cómo, además, un grupo significativo de ellos nos roban a manos llenas.   

    Mi propuesta no es subversiva. Está basada en la lógica y en la eficacia que mandan en el libre mercado (del que solo combato sus excesos). Y voces muy autorizadas y poco sospechosas de ir tirando piedras a los escaparates andan en la misma línea. Mi querido José Luis Sampedro comentaba el otro día –con 93 años- que, en el actual desarrollo tecnológico, los parlamentos masivos están obsoletos. Una docena de personas –elegidas, por supuesto- y asistidas por una buena red de expertos con ordenadores que muestren, al momento, los fundamentos y resultados de cada decisión, harían una función mucho más eficiente.

   Y elegir a los mejores y más preparados como manda la democracia desde los griegos. Estos dispendios, insisto, no nos los podemos permitir. ¿O sí?

Neoliberalismo para todos

Nos han convencido: el neoliberalismo es nuestro camino. Fracasado el comunismo, el mundo ha abrazado el sistema de libre mercado llevado hasta sus últimas consecuencias. O no tanto. Todavía se puede perfeccionar el modelo. De haber alcanzado la excelencia, no vivirían 4.000 millones de personas (dos tercios de la población) en situación de extrema pobreza, muriendo literalmente de hambre por los rincones del planeta. Ni pagarían los privilegiados ciudadanos occidentales –restringiendo su nivel de vida y sus derechos adquiridos– los daños económicos que no han provocado. Urgen, por tanto, soluciones nuevas e imaginativas que proponer a los políticos –nuestros representantes–, quienes, por afinidad ideológica u obligación, acatan e imponen los dictados neoliberales. Nos hemos enamorado todos de la libertad desbocada y queremos disfrutarla al máximo. Si la palabra justicia –imprescindible antaño en el concepto– puede provocar urticaria, atengámonos a las reglas empresariales. Y logremos libertad de hablar, crear, creer, vender, comprar, negociar… y hasta comer para todos.

    Existen posibilidades de beneficio hasta ahora inéditas. El ciudadano medio no ha caído en la cuenta de que, cada vez que presta atención a un anuncio o adquiere lo propuesto, está colaborando en un negocio. Ninguna ética empresarial aceptaría que en la cadena productiva quedara sin cobrar alguno de los integrantes del proceso. Por tanto, el consumidor debe hacer valer su papel activo en los rendimientos del proveedor y exigir remuneración por cada impacto publicitario, por cada acto de compra. Una cantidad siquiera testimonial, pero irrenunciable, que compensara el tiempo y recursos invertidos.

Del mismo modo, quienes nos vemos impelidos –sólo por vivir despiertos– a atender, en los medios informativos y por doquier, la propaganda de una ideología destinada (casi exclusivamente) a generar ganancias privadas, debemos obtener participación en las plusvalías. ¿Alguien negaría el pago al hombre anuncio que promociona un producto en la calle? ¡Cuanto menos a quienes, gratis hasta ahora, consolidamos el modelo que a otros aprovecha suculentamente! Oír, repetir, gastar energía en algún caso requiere devengos. Debemos preguntar: ¿cuánto pagas?

El Estado adelgaza en el nuevo orden mundial. Y en curiosa amalgama, se hace más fuerte para reclamar el cumplimiento de sus postulados y castigar la disidencia. Desde los países de la UE –controlados por Bruselas– a los Estados y los gobiernos autónomos. Los servicios públicos se alquilan a empresas privadas con ánimo –y recaudo– de lucro. ¡Cobremos por usarlos! De nuestra participación depende su cuenta de resultados. Decidir en un sentido u otro para cualquier acto de nuestra vida –desde beber un vaso de agua a tomar un avión, acudir a un hospital o estudiar en determinado colegio–, todo, nos convierte en valores económicos a postular en el mercado. Seamos emprendedores. Hay materias primas aún sin explotar: el aire. De broma recurrente, ha pasado a cotizar en bolsa, recién privatizado su tránsito para volar. Luego no es una entelequia que llegue a comercializarse como elemento esencial en la respiración. Urge su aprovechamiento social antes de que se anticipen: una cooperativa de ciudadanos gestionándolo lograría ganancias incalculables. Y apenas quedan otros bienes de libre acceso. Aprendamos de los maestros. En realidad, debemos cobrar por cada músculo, por cada neurona que movamos generando ganancias a otros. Y explorar ignotos campos susceptibles de originar réditos.

¡Facturemos por nuestro voto! Si no podemos elegir directamente al FMI, mercados o agencias de calificación, sino a los ejecutores de sus órdenes a favor de negocios particulares, nos cabe exigir una cuota de beneficios.

Estas retribuciones enunciadas equilibrarían un tanto el acceso a la libertad de todos. Y todavía se puede –y se debe– ir más allá. Si la crisis se ha producido, como aseguran los neoliberales extremos, porque el mercado está aún “demasiado regulado”, ¡suprimamos todo control del Estado! Dejémoslo como mero gestor de mínimos servicios. El contable que anota y calla, el árbitro, el comisario de carrera. Ahora bien, nadie con un mínimo de ética admitiría que cada cual accediera al circuito por donde le pareciera. Es decir, que unos tomaran el itinerario desde la parrilla de salida, otros por la mitad y algunos a diez metros de la meta. De ahí, precisamente, nacen los desequilibrios actuales. Se impone, por tanto, hacer tábula rasa. El fin de lograr la libertad absoluta del mercado –y en consecuencia el progreso sublime– justifica algunos sacrificios iniciales. El proceso implicaría, por supuesto, contabilizar todo el dinero y propiedades existentes en el planeta –incluidos los alojados en paraísos fiscales– y repartirlo equitativamente entre los miembros de la población mundial para que cada uno lo utilizara como mejor creyera oportuno. Todos en el mismo punto de partida. Y desde ahí, la competencia en estado puro, y las habilidades personales para incrementar, mantener o perder los activos propios y dotarse de lo preciso para vivir en la forma elegida.

¿Un esperpento? ¿Cuánto más que la realidad que nos circunda? Como tantas otras grandes palabras, libertad ha resultado ser polisémica. Latiendo desde el comienzo de los tiempos, ha servido para crecer y ser mermado, avanzar y defenderse, oprimir y volar. Justicia, igualdad, responsabilidad, egoísmo bailan en su danza de sinónimos al albur de las épocas. Pero nunca como ahora se unió prioritariamente al concepto negocio: actividad para obtener lucro. Dinero… para pagar la libertad. ¿Cuál?

  Este artículo (del que soy autora) aparece con fecha 22 de Octubre de 201o en Público.

El festival machista

Basta raspar con una uña para que el machismo feroz aflore y se desparrame en caudal incontenible. En apenas unas horas, la muñeca de feria a la que atizar con cualquier verborrea a mano ha cambiado de nombre. Aparcamos momentáneamente a Bibiana Aído, y vamos a por Leire Pajín.  La «monigota» gusta más si es de izquierdas y no viene investida de testosterona.

   Empezaré por decir que Leire Pajín no me parece un ser humano especialmente preparado para el cargo de ministra y mucho menos de Sanidad cuando existen varias fotos de ella, en diferentes actos públicos, con pulseras magufas Power Balance.  Eso inhabilitaría a cualquier cargo público.  Pero resulta que el  príncipe heredero de la corona de España también ha sido visto con ella. Y, si de preparación para puestos de responsabilidad se trata, es aún más lamentable el que ocupa un imputado judicialmente: el fantasma de las luces y las sombras, campechano usuario de unos trajes regalados (por unos señores receptores de contratos investigados por la Justicia) cuyo importe me apañaría en estos momentos bastante el presupuesto. Y dado que lo que roban los cargos públicos, como decía ayer, es dinero mío, empiezo a no estar dispuesta a consentirlo. Dan ganas de dimitir de ciudadano, ya que no lo hacen quienes nos representan. Exigiendo antes la devolución de lo hurtado,  por supuesto.

  Aclarado este punto, ni de viaje se ve uno libre del festival machista desatado en España.  Una mujer, Marta Arroyo, probablemente de pelo en pecho y pata quebrada en el alma, firmaba un divertido articulo llamado «las niñas bonitas de ZP»,  en donde además de a Pajín incluía a Trinidad Jiménez, que es guapa y agradable de trato, y esas cosas en política no se pueden consentir. Hay que tenerlos «bien puestos» y parecerlo.

 Un provocador progre a continuación, José A. Pérez,  autor del exitoso blog,  mimesacojea, escribía entre otras lindezas, la Ministra Pajín, «lo tiene todo la condenada: vagina y pocas luces». Explica el muchacho que él está acostumbrado a decir barbaridades y palabrotas, y exhibe una muestra de su repertorio. Ingenioso blog que acierta a veces rotundamente, pero no compensa en su snob propósito de escandalizar. Lo curioso es que a muchos señores les divirtió. A  los del palo «yo no soy machista pero…».

   Pero el premio «bestiajo de oro» se lo llevó el alcalde de Valladolid, Javier León de La Riva  -defendido hoy por la presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga -esa señora que no usa anticonceptivos porque dios lo manda-, como  «un buen candidato«. «La Leire Pajín, una chica preparadísima, hábil, discreta, que va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y que va a ser la alegría de la huerta. Tengo que decir que cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí», dijo el susodicho y aún sigue en el puesto. Creo que ha pedido perdón. Y también ha habido gentucilla a la que con eso le ha bastado. De cualquier forma el alcalde  no hace sino seguir el pensamiento de otros ilustres cavernícolas. Me facilita el  trabajo de archivo Ignacio Escolar:  “cara de actriz porno”; que “está culonzuela, respingona”; que “exhibe algunos atributos muy respetables, pero insuficientes para compensar su cacumen”. “No me importaría jugar un rato con la Pajín, me conformaría con lo que su apellido sugiere”. Pollas bravas  e incontroladas como las de los perros. A esos ejemplares se les entrega la gestión de nuestros asuntos o la creación de opinión.

  Y es que en ésas, Zapatero ha cedido y ha suprimido el Ministerio de Igualdad. Los genes del Pleistoceno reverdecen con el éxito tan largamente buscado. Ese Ministerio era innecesario, prescindible, ya veo.

No con mi dinero

     

 La fotografía es fresca, de ahora mismo. Tras un mes con zanja, la cierran –hasta la próxima ocasión- y pintan en el paso de cebra en distinta dirección que el resto. Como veréis tampoco nadie se ha molestado en asfaltar las grietas ancestrales que pueblan la calle. Han alisado lo nuevo, pero lo han hecho, al revés, para elevar un monumento a la chapuza. Otra perspectiva.

 

 Pues bien, al entrar en casa, recibo una multa por aparcar sin distintivo en zona azul. No es cierto, siempre cojo el recibo y nunca me paso de tiempo. Libré hace unos meses batalla épica contra el Ayuntamiento de Madrid por lo mismo. En aquella ocasión –y dado que la multa figuraba en el parabrisas, no en el caso que hoy me apuntan- conservé el resguardo. El esperpento llegó al extremo de que el recurso me fue denegado pese a presentar ese recibo, y solo un buen funcionario –casi el único que trabajaba mientras el resto tomaba café- me solucionó el problema. La semana pasada tiré todos los papelillos azules y verdes que aún llevaba en el coche desde hace un par de meses. Lo justo: no tengo pruebas frente al atraco legal. Es su palabra contra la mía. He destruido las pruebas, como digo, de que no era culpable (pura democracia). La persona que ha traído la multa ha respondido a mis preguntas que lleva repartidas 60 multas esta mañana, y que sí es un fuerte incremento sobre lo habitual.

   Toca pagar el IBI y el abusivo y nuevo impuesto de las basuras ¿Hasta cuando voy a sufragar los despilfarros del Ayuntamiento de Madrid? Las sedes, los túneles, las construcciones fantasmas para Madrid 2016. O las de la Comunidad, con esa ciudad de la Justicia que languidece, como muchas otras cosas. Su infinita ineficacia. ¿Quéreis otra foto?

   Los votantes españoles quieren entregar al PP el mando de España. No tienen en cuenta, al parecer, lo que hacen en las corporaciones que gobiernan.

    Ah, «todos son iguales» me acaba de decir un vecino. Unos «menos iguales» que otros, pero, en efecto el problema es de enormes magnitudes. Estoy harta de que, en menudo y en grande, me roben a manos llenas. Harta de los cohechos, malversaciones y demás, que se llevan mi dinero. Harta del despilfarro y mala gestión. Cada vez que leo declaraciones de políticos –hace poco una consejera de Madrid en un sarao en Rimini- me digo ¡En Rímini! Y, probablemente, con mi dinero.

   Sin vacaciones este año –hay que pagar a quienes nos esquilman-, me acogen en Sevilla unos días. Estoy a punto de salir si consigo hacer la maleta. Actualizaré menos, quizás, ya veremos. Aquí os dejo el salón para que comentéis cuanto queráis y de lo que queráis.

PD.

Creo que layla no quiere que me vaya… o se apunta al viaje.

José Luis Sampedro, un premio al Humanismo

  Actualmente uno apenas puede entenderse más que con quienes emiten en la misma onda. Getafe Negro (ese magnífico ciclo sobre la novela negra) ha instituido un premio nuevo: El José Luis Sampedro de Humanismo. Ninguna definición le cuadra mejor, pocos pueden hacer honor a esa idea con tal precisión.  

  El escritor Lorenzo Silva lo propuso y en Getafe (Madrid) se ha creado eso que llaman un «microclima» para hablar y premiar nada menos que al Humanismo. Hoy, en este mundo del egoísmo y la codicia económica.  

Cualquier disciplina se puede ejercer pensando en el ser humano y atendiendo a su mejora y estímulo. Sampedro lo viene haciendo desde la literatura, la economía, el sillón F de la Academia de la Lengua, el pensamiento y, por encima de todo, como un hombre excepcional en numerosos aspectos.

    

   Como en casa. Olga Lucas, su mujer, sostiene y absorbe cada una de sus palabras. Se apoyan el uno en el otro en un proyecto colectivo, en el entendimiento y el amor. Todo eso se respiraba hoy en Getafe.  

 Cómodos, en sintonía, cuantos intervenían iban destacando lo que atesora Sampedro: su compromiso y su luz, su sabiduría y su espíritu crítico, su trabajo y su sacrificio, su honestidad.   

 Carlos Berzosa, el rector, fue alumno suyo. En los años 60 ya les hablaba de la pobreza y el hambre. Era muy provocador, ha dicho. Estimulante. Acudían a oírle alumnos de otras materias aunque no estudiaran economía. Sampedro mantenía que ésta es estructural:  sus elementos son interdependientes y no aislados, cualitativos, y es una ciencia humanista y social. Los modelos de hoy, dice Berzosa, son abstractos y alejados de la realidad. Casi en mayúsculas el rector ha agradecido que Sampedro les enseñó a pensar, a amar la libertad y luchar contra las dictaduras.  En la España franquista, de la que se autoexilió desde 1968 a 1976. 

 A eso ha vuelto a aplicarse hoy José Luis Sampedro. Emocionado por ver en la sala a tantos jóvenes (y no sólo jóvenes), ha llegado a pedirles por favor –y varias veces- que sean factores de cambio. Reivindicando como toda su vida el pensamiento libre, el que rechazan los absolutismos por todos los medios a su alcance. «Con pensamiento libre habría ciudanía y con ella no se producirían las crisis«, decía.    

Dolido esta Sampedro por la Europa que «ha perdido toda su grandeza», «ejemplo de lo que es ir hacia abajo» cuando antaño fue paradigma de los valores humanistas. «Hoy Europa es la de los intereses». «Por favor, luchemos contra eso». 

 ¿Tenemos tiempo para pensar? ¿Tenemos tiempo para vivirnos y que no nos vivan?

 El microclima, una onda humanista, estar allí porque se quería estar. Lo que más aprecio de José Luis, además de su enorme talento, es una suerte de ingenuidad, de limpieza, que me inspira una enorme ternura. Creo que nos ocurre a muchos. Huyen los grandes premios para el escritor crítico y comprometido, aunque tenga 93 años… peleones e irreductibles. Por eso, desde rincones y alturas salimos a decirle, simplemente, que le queremos y que es un privilegio tenerle entre nosotros.