Gracias, Pilar Narvión

Del blog de Javier Capitán, su sobrino

Del blog de Javier Capitán, su sobrino

Leo que ha muerto Pilar Narvión y merece la pena hacerle un hueco en esta actualidad que nos remite invariablemente al lodazal en el que se ha convertido este país. La descubrí cuando apenas tenía yo 12 años. El Heraldo de Aragón llegaba a casa por las mañanas y, por la tarde, mi padre traía el vespertino diario Pueblo. Un periódico del régimen, como todos entonces, pero que durante una época incluía las firmas de varios que luego fueron puntales en el periodismo. Con otra forma de escribir.

Y allí estaba ella. Pilar Narvión. La única mujer que escribía en prensa. No, casi, también lo hacía Josefina Carabias. Ambas fueron las pioneras. Pilar era hasta feminista a su manera. Era inteligente, en una palabra. Hablaba de temas de la mujer además de la crónica política. Y eso no sucedía en absoluto en aquel tiempo.

Aragonesa como yo, nació en Alcañiz, Teruel, y comenzó a publicar a los 13 años. Curiosamente a la misma edad que yo vi mi primer texto impreso. Pasarían muchos años hasta que eso tuviera continuidad. Pilar llegaría a ser corresponsal de Pueblo en Roma y París –todo un hito en aquella época os lo aseguro-, y asimismo subdirectora del periódico. Carabias siguió parecida trayectoria.

El verano pasado, en el último viaje que hicimos con Sampedro, paramos en Medinaceli, Soria, que era lugar que José Luis adoraba. Allí me hablaron de ella. Iba también de vez en cuando. Supe que aún vivía.

Pilar Narvión ha muerto a los 87 años según la nota que ha publicado la Asociación de la Prensa de Madrid. Salvo eso y una referencia en El País, no he visto nada más. Y creedme que merecía mucha más atención. Por el momento, hay que avanzar casi hasta el final de la web para encontrar una referencia –de agencias- en Heraldo de Aragón que –eso sí- destaca que en 2009 le dieron un premio. Lo único que han puesto de su cosecha propia.

A esas edades toca irse, espero que haya tenido una vida feliz. Pero lo que hoy quiero decir es que siempre la he considerado –junto a Josefina Carabias, quizás más Pilar porque la leía a diario- la persona que me abrió una puerta: la de saber que esa profesión maravillosa, el periodismo, también lo podíamos ejercer las mujeres. Uno nunca conoce cuál va a ser el resorte que le anime a echar andar por un sitio u otro, luego fue cuestión de seguir el camino.

La mugre que nos entierra sigue ahí. Cada vez más densa y hedionda, pero se puede sentir la satisfacción de hacer todo lo posible por desenmascararla y destruirla desde el periodismo. Muchos sinsabores y frustraciones, pero también la satisfacción de estar haciendo lo que uno cree debe hacer, y el ver que a veces algo se nota. Curiosamente, digo, fue esta periodista que acaba de morir sin ruido la que a mí en particular me animó a emprender esta senda. Gracias, Pilar. De corazón, de pocas cosas me siento más orgullosa -y me hace más feliz- que de ser periodista.

*Y en homenaje al periodismo, este análisis induciendo las preguntas lógicas que todos deberíamos hacernos:

¿Cómo es posible que un partido que se financia en un 90% con subvenciones sume 40 millones en beneficios? ¿Y que sus deudas asciendan a 80?

Bárcenas confirma a Pedro J. Ramírez la inmensa corrupción del PP

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Pedro J. Ramírez se ha apuntado un gran tanto periodístico al publicar el contenido de una larga entrevista con Luis Bárcenas. Más adelante comentaré los reparos que me ofrece, sin embargo. El extesorero del PP confirma en ella la profunda corrupción del Partido Popular “durante al menos 20 años” –recordemos que como tal el PP tiene 24 años de vida-.

Bárcenas habla –no ya de sobres- sino de “bolsas, maletines o maletas” con dinero que “se entregaban en el despacho del tesorero Álvaro Lapuerta en la calle Génova y en presencia de Bárcenas, en calidad de gerente”. Ambos anotaban nombre de la empresa y cuantía de la entrega. ¿Con qué fin se hacían estas donaciones? “El PP ha estado financiándose de forma ilegal, recibiendo donaciones en metálico de constructoras y otros empresarios que a su vez obtenían adjudicaciones o contratos de las administraciones gobernadas por el partido”, explica Bárcenas. Estaríamos hablando jurídicamente de cohecho y soborno, de entrada.

De acuerdo con su versión, “parte del dinero entregado se ingresaba en las cuentas bancarias del partido, parte se destinaba a pagar en negro el sobrecoste de las campañas electorales para eludir la fiscalización del Tribunal de Cuentas y otra parte se quedaba en la caja fuerte y era utilizado para “otros fines”. Según Bárcenas el pago más recurrente, en metálico, era “al presidente, secretario general y vicesecretarios del partido”. Añade también a otros cargos, un “exdirigente del PSOE y a algún periodista”.  El secreto a voces que explica las inverosímiles opiniones de numerosos tertulianos.

Relata y confiesa la que, según él, es la “única irregularidad” que ha cometido: que cobró 200.000 euros de comisión “por encargo del PP de Castilla-La Mancha a cambio de la adjudicación de una contrata municipal en Toledo a una empresa de construcción…”. Bárcenas se muestra profundamente irritado con María Dolores de Cospedal, pese a ello, pese a esos negocios pasados que cuenta. “¡O le paras los pies a esa tía o te quedas sin secretaria general!”, le dijo a Rajoy.

En conjunto pues es una muestra de una podredumbre sin límites. Hay presiones, chantajes, a cambio de prebendas, según la versión de Bárcenas. Nombres que, tras las imputaciones y las cuentas descubiertas en Suiza, han negociado con él en lugares que cita. Javier Arenas a la cabeza, pero también Michavila y Acebes. Fruto de ello son las mentiras como las que según confirma les contó a los de la cadena ultraderechista 13TV. O, dando idea de su personalidad, las promesas de Rajoy a la mujer del extesorero, Rosalía Iglesias: “Rosa, no os vamos a abandonar”. Bárcenas le había pedido que «cambiara a las dos fiscales anticorrupción asignadas al caso» porque le tenían «animadversión». Un poema todo.

Hasta la infinita cutrez de los dirigentes de este partido que nos ha empobrecido y quitado derechos a la mayoría de los españoles: la compra de ¡trajes también! para Rajoy… asesorados por Ricardo Costa “con fama de elegante”. No olvidemos que la Gürtel, Francisco Correa o El Bigotes también servían por su parte al PP y debe crear tendencia.

Bárcenas dice guardar mucho más material incriminatorio. De hecho relata que lo aparecido es solo una pequeña parte. Y piensa que puede tumbar al gobierno, cosa que él no quiere. “En las actuales circunstancias lo último que conviene a España es que caiga este Gobierno”. Es difícil. Como escribía Isaac Rosa  “El PP sobreviviría a una explosión nuclear”. Muy triste pero verosímil. Es porque la sociedad lo tolera simplemente. En cualquier país serio, este gobierno hubiera caído ya diecisiete, veinte veces.

Sin embargo, se da la casualidad de que justo Pedro J. Ramirez sí parece apoyar un cambio de Gobierno, de Gobierno del PP. Claramente sería Esperanza Aguirre su candidata. La que llegó al despegue de su carrera política por El Tamayazo y se encuentra cuestionada por el Juez Ruz en la trama Gürtel que ha tenido en Madrid gran incidencia. La “abochornada” por la corrupción de su partido como cuenta con enorme desparpajo y con réditos, la encuesta de hoy de Metroscopia demuestra que hay mucha gente que la cree. El colmo. Luego la gran exclusiva de Pedro J. aparece como bastante intencionada. Por otro lado no se entiende que haya tardado tanto en publicar estas declaraciones que Bárcenas le hizo –dice- antes de entrar en la cárcel.  Ese retraso plantea enormes dudas. De paso hoy ha hecho más tirada, y El Mundo se está vendiendo como rosquillas.

Tampoco podemos olvidar que en la lucha por desbancar a Rajoy también está Gallardón, apoyado por Aznar. Se le atribuye el ingreso en prisión de Bárcenas. Y que existe fuerte rivalidad entre Sáenz de Santamaría y Cospedal que lideran sendos grupos de presión. Es decir, en nuestra desgracia todo puede ser aún peor ¿Cabe?

Bárcenas habrá de contar todo esto en sede judicial y documentarlo, aunque ya “sus papeles” sean de dominio público. Y esta sociedad ha de reaccionar de una vez. Un país que se asienta en cimientos tan podridos jamás prosperará si no los limpia de raíz. Lo que hay que cambiar es el partido en el gobierno y perseguir al límite sus responsabilidades.

Preocupantes derivas autoritarias

Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, a cuya «encuesta» anónima y sin rigor alude:

«El 81% de los votantes en EM.es apoya que el ejército haya apartado a los islamistas. La clave: las urnas no lo permiten todo. ¿Entendido?»

Ana Palacio, ex ministra de Exteriores con Aznar, la que se empecinó en difundir por medio mundo las teorías conspiranóicas del 11M en el mismo barco que Pedro J. Ramírez, o la que llegó a decir que invadir ilegalmente Irak nos venía bien para que bajara el precio de la gasolina:

«Hablo con amigos en Cairo. Indignados por el calificativo de «golpe»,argumentan que la democracia es mucho mas que una jornada electoral».

En efecto, las urnas no permiten incumplir el programa de la a a la zeta como ha hecho Rajoy e hizo Mursi en Egipto. Y ante esa situación lo democrático es convocar nuevas elecciones. La democracia tampoco permite -menos todavía, es lo último- que un grupo con armas y ninguna legitimidad para hacerlo, imponga por la fuerza su criterio que es lo que parecen sugerir estos personajes de alta notoriedad. De hecho en España vivimos aún las consecuencias del que perpetró Franco.

O el presidente que nos dejó en herencia Esperanza Aguirre en Madrid, el gran privatizador de hospitales públicos contra viento y marea, que -en otro twit- revive al Fraga más franquista:

La calle es de quien dicen los ciudadanos; y en Madrid han dicho que es del PP.

Todo un demócrata que gobierna para todos, aunque solo lo hayan elegido los votantes del PP. Ah, que ni siquiera ellos le votaron.

Añadamos el papelón que hizo la UE este jueves reteniendo en el aeropuerto de Viena al presidente de Bolivia, Evo Morales, y gracias que a Austria le dejó aterrizar, cosa que no hicieron ni Portugal, ni Francia (con su Hollande y todo, la gran esperanza de cambio de Occidente). España le permitió repostar en Gran Canaria tras un intento de registro del avión, desmentido hoy por Exteriores que dicen se fiaron de la palabra de Morales. Le hacen esto a Obama o Merkel y se organiza la tercera guerra mundial. Buscaban a Edward Snowden por orden de los EEUU del demócrata y premio Nobel de la Paz, Barack Obama. Dedicado a espiar a medio mundo, incluida la UE, busca al delator por el medio que sea.  Ah, y Snowden no estaba allí.

Lo peor, la opinión pública -inducida a aceptar hasta Golpes de Estado o cambios de gobierno al calor de los intereses de rivales políticos apoyados por medios de comunicación- a quien todo esto le parece normal. Vamos, que estamos igual que en los años 30 y ya sabemos cómo acabó. Una sociedad mucho mejor informada y más ética  consintió lo que vino y lo pagó bien caro. Con el ganado que hoy sustenta a estos políticos y estos medios, estamos listos como no se actúe de una vez. Democráticamente, parece que hace falta hasta explicitarlo.

Y qué hiciste de la felicidad que me juraste

Faltaba apenas un mes para las elecciones del 20N y Mariano Rajoy -en su tierra y al calor de una empanada, mejillones y carne a o caldeiro bien regados de Ribeiro a buen seguro – llegó a prometer en comida-mitin multitudinaria que su objetivo iba a ser hacer todo lo posible por  “devolver la felicidad” a los españoles. Respondía a una mujer que se lo había pedido. Se sentía triste y agobiada por la situación que vivíamos en 2011 y soñaba con la felicidad perdida que iba a reintegrarle el paisano.

Paradojas del destino, si hay un sentimiento que domina hoy sobre todos entre los españoles es la tristeza, la desolación para ser más exactos. Se advierte hasta en los actos más triviales de nuestra vida: los ciudadanos cargamos con una losa que nos aprisiona y nos hunde el ánimo. Apenas el escape del sarcasmo o el bastante más positivo enfado. Cuando la depresión convive con la rabia aún hay posibilidades de cambio, porque la indignación es un sentimiento activo frente a la tristeza que induce a la pasividad.

El 15 de Mayo representó el triunfo de una actitud de lucha frente a las políticas de austeridad neoliberal que nos decretaba “Bruselas” y el despiadado ente que la posee. Pero si miramos atrás, aquello era casi el Paraíso comparado con lo que nos sucede ahora. Hastía el repaso constante a los extremos de una debacle que adquiere caracteres de mayor esperpento casi a cada minuto. Cuando creemos que no se puede llegar a más, se sobrepasa con toda tranquilidad, con total impunidad. No se escribiría otra cosa que una enumeración de las atrocidades cotidianas que dejan estupefacta un momento y son casi sepultadas por la siguiente. Cansa, quizás porque la denuncia parece -quizás no lo sea- infructuosa. ¿Qué más tiene que pasar?

¿Qué sentirá ahora la admiradora gallega de Rajoy? Es bastante probable que sea una de lasaforradoras afectadas por las preferentes o por las medidas sin par adoptadas por el gobierno del PP. Desconocemos su reacción aunque sabemsos que la mente humana olvida cuando no se usa, mucho más fácilmente que al tener engrasados los circuitos neuronales por la práctica de razonar y, si creyó que el Sr. de los Hilillos, iba a llevarle al nirvana le faltaba utilizar el mecanismo elemental de relacionar conceptos. Igual le canta el viejo bolero del despecho amoroso: Y qué hiciste de la felicidad que me juraste. Y qué excusa puedes darme si mataste la esperanza que hubo en mí.

No nos engañemos, felices solo son los actores principales de este drama. Los ejecutores por propia voluntad del dolor de la mayoría. De existir un mínimo de empatía en su interior, no osarían burlarse de tal forma de la inteligencia y la dignidad de sus víctimas. Están deprimidos hasta los componentes del corifeo que les mantienen en el puesto para que sigan cometiendo atropellos. Los fieles al PP todavía creen a quienes, disfrazados de periodistas, actúan como propagandistas políticos a sueldo –material o en prebendas-. Todavía meten ruido y cacarean que todo se debe “al despilfarro de Zapatero”, aunque muten y señalen a Merkel como causante de nuestros males, o a esa Europa hoy madrastra. Difícil coautoría que no cabe en una mente racional. O no en la progresión ilógica que se propone.

Y también están apesadumbrados los del palo “no pensar para no sufrir” que se embuten igualmente de basura a ver si un milagro consigue evaporar la realidad, el día a día negro como un túnel. Hasta ellos son capaces de dudar de esa luz en su final que con tanto desparpajo prometenpara ya los dueños del cotarro, por la gracia de los votos y algunas cosas más bastante menos lustrosas.

Me leyó el pensamiento Javier Gallego con su artículo “Rajoy morirá en la cama”. Nos sucedió a muchos. Dan ganas de tirar la toalla, arrinconar escrúpulos y buscarse un buen abrevadero como tantos otros, ante cómo se convierte en irresoluble un problema que no lo es. Con la cabeza por delante, con el corazón a flor de piel, terminamos por darnos  contra el mismo muro una y otra vez: esa masa acrítica, apercebada, dispuesta a aguantar lo que les echen a ellos y –por ellos- nos echen a todos. Los que pierden la memoria, los que han guardado su dignidad bajo siete llaves, los que usan la cabeza solo para peinarse, los que “creen” que la crisis pasará y todo volverá a ser como antes.

Por mi edad acarreo mayor memoria vivida que Javier o que muchos que luchan aún contra el Muro hoy imponderable por pura inacción. Tuve la suerte de ir creciendo en un mundo que abría horizontes. Abandonar un pozo y respirar. Desgañitarnos empujando L´estaca que estaba a punto de caer y ya quemábamos con las manos. O porque EEUU se empecinaba en una guerra en Vietnam en la que algo vencimos porque salió trasquilado. Aún quedaba por buscar bajo los adoquines la playa imposible en un París renovador. Y, si seríamos ingenuos, nos adornábamos con flores… precisamente para reivindicar la felicidad y el amor. Construimos unos años, unas décadas y luego… se acabó. Paulatinamente se vio cómo. Si Berlín abrió la puerta al monstruo, en Maastricht se consolidó. La caída de Lehman Brothers en 2008 representó el asalto definitivo. El mal crece si no se le combate… hasta que muere por el peso de su inmundicia.

Por eso sé con certeza que nos encontramos ante el fin de una civilización y lo siento por quienes no están conociendo otra cosa. Marca desarrollarse de una u otra manera. Lo que diferencia a esta época es la falta de ilusiones de presente y futuro. Estar atrapados en la Europa abatida por la irracionalidad y en la España que nos retrotrae al pasado más nefasto desenterrando toneladas de caspa e inmundicia. El sistema muestra todos los signos de la degradación. Es ya una bestia que fenece y nos puede sepultar entre sus estertores. Usar la cabeza. Para huir del hundimiento por cualquier método o –aún- para luchar en la formación de un espíritu crítico. Este mundo que conocemos se derrumba. Habrá otro. Seguro. Incluso representa una oportunidad que se abre. Lo decía José Luis Sampedro quien añadió a renglón seguido: Si mejor o peor, dependerá de nuestra reacción. 

*Publicado en eldiario.es

Realidad española: acostarse deprimida, levantarse optimista

Ayer fue un día especialmente duro por los hechos noticiables que se producían. La Audiencia provincial de Madrid atendía el recurso de la Fiscalía del Estado español –o sea la que debe obrar en favor de los intereses de los ciudadanos- y anulaba la causa contra Miguel Blesa por haber facilitado desde Caja Madrid a Díaz Ferrán 26 millones de euros en créditos que avaló con una empresa quebrada. El ex presidente de la patronal CEOE está ahora en la cárcel e inmerso en varios procesos acusado de todo tipo de actividades fraudulentas. Blesa saldrá a no tardar. Hasta ha sido amonestado el juez que osó entrullarle.

Seguía el sainete con el carné de la infanta, las atribuciones de la Hacienda Pública y las no-explicaciones de Montoro.

El Gobierno “reformaba” la Administración para dejar en la raspa el servicio público y ponía a la venta 15.000 edificios de nuestro patrimonio. Hace poco la alcaldesa de Madrid “liquidó” unos cuadros por el 40% de su valor.

Ignacio González andaba viendo de adjudicar nuestros hospitales públicos en su persistente tarea de dar negocio con nuestra salud a inversores privados. Los sindicatos denunciaban también que reducía la seguridad en el Metro de Madrid en un 40%.

Y, entre otras muchas tropelías, el FMI nos recetaba las medidas de “estar en el buen camino”: bajar los sueldos, despedir gratis, bajar pensiones, etc..

Y encima, por esta manía mía de querer estar informada, me fui a dormir con esta horrible visión en las portadas anticipadas. Ese temple, esa seguridad, esa resolución, ese poder, ese circo ambulante…

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Hoy me he despertado, afortunadamente, algo más tarde lo habitual y como ya en la radio andaban tertuliando, se me ha ocurrido mirar en la cama las noticias más destacadas que ofrece el servicio de mi móvil. No estaba ninguna de todas éstas que os cito. Todo había sido un mal sueño. Como también he podido comprobar al hacer un repaso ya a los medios. Una que creía que se habría abierto el suelo en canal y estarían los españoles en las barricadas ante tanto atropello y ¡nada! Lo que anoche me preocupaba no ocupa lugares dramáticos.

Pero me centraré en ese fascinante despertar informativo vía móvil Samsung por más señas. Entre las noticias destacadas del mundo, hablan del pacto de Rajoy y Rubalcaba. “Orgullosos de ser españoles, a pesar de todo”, titula otra que remite a ABC. “El gobierno –de España imagino- despliega un plan contra incendios”. ABC. “Un defensor férreo de la Constitución presidirá el TC”. La Razón.

Me paso entonces a las noticias más importantes de España para este servicio que –como digo- se facilita a  miles o millones de usuarios. Encabeza de nuevo el pacto Rajoy-Rubalcaba. “La infanta vuelve a un acto institucional en pleno revuelo por el…”. El Mundo. “Un avión de 25 millones contra el fuego”. El País. “El Vaticano beatificará 500 mártires españoles”. ABC. Y como insisten con lo del orgullo de ser españoles, no tengo más remedio que pincharlo a ver qué es para reforzar ese naciente optimismo matutino.

“Nuestro patrimonio cultural y la selección de fútbol nos llenan más de orgullo que las multinacionales o que Baltasar Garzón”, apunta de subtitulo la noticia. Promete. Es un Barómetro del Instituto Elcano. Y por él descubro que Garzón –al que ABC trata de forma peyorativa por no producir tanto orgullo como la Selección de Fútbol-  compite con Instituciones completas como el Ejército. A título individual, únicamente están Ferrán Adriá con un 6,8 y Amancio Ortega con un 6,2. Garzón “solo” tiene un 5,4. El diario aclara: es el único que hace sentir más orgullosa a la izquierda que a la derecha. ¡Acabáramos! Por cierto en la lista de razones para el orgullo patrio -puestos a comparar que tanto les gusta- no está ni el resoluto Rajoy de sus portadas, ni la sencilla y sincera Soraya Sáenz de Santamaría, ni siquiera alguno de sus periodistas.

Pues nada a seguir con esta esperanzadora jornada. ¿La realidad? ¿Y eso qué é?

La cultura ¿un bien superfluo?

Fue entender por qué cuando lo miraba “se me llenaban los huesos de espuma”.  Gabriel García Márquez me llevó en volandas al universo mágico de Macondo y nada volvió a ser exactamente igual. Fue, también, comprobar que en el  “Mundo Feliz” pergeñado y controlado por otros, la división de clases llega a fabricar incluso “epsilones” apenas sin cerebro para los trabajos duros. Aldous Huxley abría las páginas de mi mente en la brillante metáfora. Solo unos pocos cuestionaban el orden establecido, el resto “Sin esfuerzo excesivo ni de espíritu ni muscular, siete horas y media de un trabajo ligero, nada agotador, y enseguida la ración de soma, deportes, copulación sin restricción, y el Cine Sentido”. Y fue leer para saber, para querer emular y buscar ideas y palabras que enriquecen y hacen sentir y pensar. Y fue escuchar a Luciano Pavarotti en el espacio abierto para todos del Hyde Park londinense en una noche de lluvia intensa e integrarse en un Nesum Dorma colectivo. O querer parar un avión en Casablanca para que Ilsa Laszlo hiciera lo que realmente deseaba en una película perfecta. Mil manifestaciones más que hemos paladeado para ser más felices y mejores ¿Cómo es posible que la cultura no se aprecie ni se proteja, que se apueste incluso contra ella en estos días amargos?

Con el mismo empeño que el PP va contra la sanidad pública, la educación o la ciencia y la investigación arremete contra la cultura. Y, en este caso, sin rechazo popular masivo. España soporta ahora el IVA cultural más caro de Europa, un 21%. Incluso el Portugal -que nos antecede en el calvario y que aplica un 23% a casi todo- reserva el 6% para los libros. Los recortes han supuesto un ataque frontal a cuanto suponga cultura. La ley Wert desprecia en el bachillerato las artes escénicas y restringe la música y la plástica. Ni un solo euro se destina a la compra de libros para bibliotecas públicas. Se resienten los museos con importantes mermas, hasta El Prado (“turístico”, “Marca España”) ha visto reducido su presupuesto en un 30%. El Teatro Real de Madrid el 23%. Teatro e igualmente cine, música y festivales asisten a momentos críticos por la tijera depredadora. Ni la Convención de la UNESCO DE 2005 que manda proteger y promover las expresiones de la diversidad cultural se tiene en cuenta a pesar de que España la suscribió.

De hecho, la estrategia del ministro liquidador de la Educación y la Cultura ha sido que cine, teatro y conciertos dejen de ser arte para meterlos en el saco del espectáculo, el entretenimiento. De este modo justifica la elevación de su precio. España ha pasado a ser  uno de los pocos países que considera la cultura una mercancía más.

Mariano Rajoy que acudió recientemente a la Biblioteca Nacional por primera en su mandato –puede que por primera vez en su vida- se refirió a ese concepto. Habló de que «el nuevo ecosistema de consumo cultural se encuentra ya en el cibersepacio». Ése al que, por cierto, quieren controlar también con subterfugios por su “peligrosidad”, creo que para la Seguridad Nacional que es cosa seria. El presidente del gobierno lo que valora es la lengua española como “producto más internacional y prestigiado de España». Y quiere que ley de educación -que ha perpetrado a medias con su ministro- impulse la cultura como «sector clave para adaptar lacompetitividad y transmitir una marca de vanguardia». Así ve el PP la cultura.

Lo peor es cómo la ven los ciudadanos que engullen este enorme retroceso sin problemas. Los mismos que no leen o, si compran un libro, lo hacen preferentemente de los autores que  “salen por la tele” y que -como decía, el premonitorio Huxley-  con los deportes, la copulación sin restricción y todo el soma que arrojan sobre todo las pantallas de plasma tienen bastante. Y, encima, cuando la ración de soma de comer, de estar sano, de tener una vida digna empieza a escasear tan alarmantemente.

El domingo el predecesor de Wert, Ángel Gabilondo, se refirió en un homenaje a José Luis Sampedro a cómo “se empieza por leer libros y, claro, se acaba queriendo arreglar el mundo”. De eso se trata, sí. Dóciles epsilones de carga, percebes sumisos, y casi ni eso, una masa krill para usar y deglutir.

Es entrar en la Cuevas de Altamira. En la Catedral Gótica de León. En el románico Castillo de Loarre oscense. En el diseño de vanguardia. En la desarmada derrota del “Ne me quitte pas” de Jacques Brel.  En la alegría de vivir de Singing in the rain. Es tanto… Sentarse ante El jardín de las delicias de El Bosco o ante cualquier cuadro de Goya que tan bien reflejó España. Es leer a Saramago y a Sampedro, y a Calderón y  a Gioconda Belli y a Richard Dawkins. Cada cuál tiene su imaginario, sus preferencias, pero un país de ciudadanos libres no puede reducirlo a la bota de Messi o el cerebro de Cristiano.  La cultura no es un bien superfluo. Y no es tolerable que un gobierno de epsilones venidos a más con mando en tijera se empeñe en embrutecer a la mayoría de un país.

*Publicado en eldiario.es

Viviendo en el desvarío

Verlo aparecer, como una apolillada marioneta de cartón piedra, sin asomo de autocrítica, orgulloso de sí mismo hasta el ridículo, ofreciéndose como salvador patrio insustituible, cerró el círculo del diagnóstico: vivimos en el delirio. Fuera de toda lógica, criterio u honestidad. Cuando uno se encuentra inmerso en el desquicie, padeciéndolo emocionalmente, se nublan los sentidos y termina siendo cómplice de la sinrazón. Eso nos está ocurriendo y Aznar y cuanto rodeó su aparición subliminal fue el dato que faltaba.

Es de ver, sentir y sufrir… y no creer. Cada día nuevos impactos que, lejos de aclarar, aturden. Hemos llegado a tal nivel de degradación que parecemos pensar que la vida es así y no tiene remedio. Casi por cualquier lado que se mire. Aznar, dios sol centrado en sí mismo, ni se refirió a Europa. Pero es imprescindible tener en cuenta las desquiciadas políticas de austeridad que el multimando de Bruselas está imponiendo para pagar una crisis que la  mayor parte de los ciudadanos no provocamos y en la que se empeña con una desfachatez despiadada. Mientras, los dirigentes políticos la secundan como zombis. O como actores encantados de su papel. La última, la reunión de jefes de Estado y de gobierno que deciden “redoblar sus esfuerzos” contra el fraude fiscal… sin aportar una sola medida. Es decir, se han comprometido a volver a estudiar “la revisión de la directiva sobre fiscalidad del ahorro” para ver si la aprueban antes de fin de año y que los países que buenamente quieran intercambien datos bancarios. En la línea de siempre.

En esa UE podrida, inoperante -salvo para servir a los poderes financieros-, que está aniquilando Europa y a sus ciudadanos, España es el colmo del desatino en medio de una, sin duda notable, jaula de grillos que se degradada por minutos. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más nos tiene que pasar? Un partido votado por una mayoría de incautos porque promete salir de la crisis económica y atajar el desempleo… y crea un millón de parados que va a completar la escandalosa cifra de 6.202.700. O eleva la deuda pública española a ritmo y cuantía inauditos en nuestra historia. Sí, del 68,5% en que la cogió Rajoy, pasó al 84,2% al terminar el año y ha añadido 40.000 millones de euros más en un solo trimestre hasta llegar al récord absoluto de casi el 88%. Y aún espera más. Será. Todos los países tocados por las recetas de la Troika, o de Merkel sin más, han registrado alzas espectaculares de sus deudas cuando han sido… secuestrados. Como nosotros. Y mucho más cuando localmente las medidas adoptadas son un puro dislate. Esos 40.000 millones de euros más, todos los que vengan, saldrán del mismo sitio: de nuestros servicios y derechos. Y seguiremos viendo las muecas de De Guindos diciendo que todo va bien. O las de Montoro. Il Dottore y el Pantaleone de este sainete trágico.

Eso es lo asombroso, verlos sacar pecho y prometer lo que jamás cumplen y que no pase nada. Y que tampoco se desate una masiva reacción social al conocer sus jugosos sobresueldos. “Complementar” con 4.200 euros mensuales un salario notable -como ha reconocido el presidente del Senado- es una total ofensa a una ciudadanía empobrecida por sus políticas, por muy legal que (dicen) sea. Y no es el único, qué va, el desfile sigue y se encaja con la misma impudicia que el resto de sus actuaciones. Es dinero público, nuestro. El PP, forzado por la investigación, admitió que el 95% de su presupuesto procede de fondos del erario. Y ni se inmuta, hay hasta quien lo comprende.

El resto de la troupe está a su nivel. Vemos a la singular ministra Báñez invitando a marcharse a los jóvenes españoles pero firmando un convenio para atraer a “profesionales cualificados” extranjeros. A Wert empecinado en meternos el catecismo católico en el cerebro con un mazo si es preciso y en preparar empleados para el mercado y no ciudadanos. A Soraya Sáenz de Santamaría secundándolo todo, ora contrita en rueda de prensa, ora agresiva en el Parlamento. O a Gallardón “remodelando” al gusto ultramontano la justicia, el Código Penal o las libertades de las mujeres. ¿No es incomprensible que todo siga igual?

Y hay más. Cajas, bancos, empresas, arcas saqueadas a lo largo y ancho del país. Y las idas y venidas del yerno y de la hija, hasta en la casa del Rey. El periplo de políticos por la oficina de contratación que parece ser presuntamente, a tenor de las informaciones judiciales, la Zarzuela. Y la “amiga entrañable” poniendo salsa picante a la opereta.

Y Gürtel. Que paga confetis para las fiestas de los niños de Mato y ella no se entera, y sigue siendo ministra, y sigue destrozando la sanidad pública. O una iluminación de más de 30.000 euros para la boda de la hija de los Aznar, cuando la mayoría de los invitado se gastó 400 euros en vajillas clásicas. Y “la duda ofende” si se piensa que sirvió para facilitar contratos. Se ha establecido la relación directa entre las donaciones al PP y casuales adjudicaciones millonarias de contratos públicos por mucho más monto. Lo que ofende es el insulto a la inteligencia.

Y todo esto no es sino la espuma de un pozo profundo que nos aturde. Oposición “responsable”… de quedarse quieta. Insuficientes apuestas de regeneración. Luchas ya a colmillo desnudo en el PP ara desbancar a cuantos están en el poder y llegar a peor… si cabe. El museo de los horrores actual tiene desvanes profundos.

No faltaba más que Aznar. Con una entrevista a la medida en la que, como se tocaron “temas candentes”, se da por buena. O se ha extendido un desesperanzado posibilismo o hemos llegado a olvidar hasta lo que es el periodismo. Rebatir las declaraciones con datos. Preguntar, por ejemplo, por la burbuja inmobiliaria germen fundamental de nuestro descalabro. Adónde fue el dinero obtenido por las privatizaciones de grandes empresas públicas. Repreguntar de verdad. Invitar a periodistas críticos, es decir a periodistas.

Vivimos en el desvarío. Con una sociedad que sigue durante ya más de una semana como noticia más vista en uno de los periódicos la   “ruleta sexual” de Colombia. Que se empecina en el “todos son iguales” y el “y tú más” y no ve salidas. La variable que destruye la ecuación de esa “felicidad” basada en el miedo y el conformismo es, sin embargo, la realidad. La que nos mantiene tristes y angustiados, a pesar de toda la búsqueda de gratificaciones ilusorias.

No es fácil  vivir en la locura, en un ambiente desquiciado, podrido a posta, con total voluntad y ningún atenuante. premeditadamente dirigido con lucidez malsana -no están locos- a crear rentable desconcierto. Grandes obras de la literatura, desde el Mundo feliz de Huxley a Fahrenheit 451 nos mostraron personas oponiéndose a la marea de la inercia. Bichos raros que usaban su cabeza y su dignidad, afrontando riesgos, sobre todo el de la soledad heroica. Pero quizás el primero fue nuestro, D. Quijote de la Mancha. El cuerdo en un mundo perturbado que ha de ser perseguido como anomalía. ¿España país de Quijotes? De algunos, sí, pocos. De quienes entierran la razón que brota pujante, mucho más. Hasta ahora. Porque ahora ya, contar con una masiva conducta contracorriente es cuestión de supervivencia. Sabemos que mañana, pasado y al otro, habrá más revelaciones, más desatinos, más sufrimiento, menos futuro.

*Publicado en eldiario.es

Borrando parados

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La foto no puede ser más simbólica. Nos muestra una oficina de empleo con dos personas en su exterior. Una nítida, la otra desdibujada hasta casi su desaparición. La instantánea ilustra una exclusiva de la Cadena SER: “Madrid insta a las oficinas de Empleo a contratar primero a los que cobran la prestación”. Han tenido acceso a un documento con nuevas instrucciones impuestas por la Comunidad presidida por Ignacio González para repartir los escasos puestos de trabajo de los que disponen a personas que cobran el paro. Y preferentemente si tienen entre 20 y 45 años y poseen estudios de bachiller superior como mínimo.

Son evidentes sus intenciones: se “ahorran” el pago del subsidio. Pero también, en esta inhóspita jungla en la que han convertido los países como no ceso de repetir, discriminan a los más débiles. Estamos hablando de políticos que, además de su sueldo, cobran en muchos casos un complemento bajo mano. Ya lo han confirmado el presidente del Senado, Pío García Escudero, que se llevaba –en el tiempo investigado- 4.200 euros mensuales más de lo que le correspondía. O el diputado  Eugenio Nasarre al que le correspondían 1.800 y que entendía que pagar aparte era práctica generalizada en el partido popular. Dado que, forzado por la investigación, el PP admitió que el 95% del dinero para su funcionamiento es público, estamos costeando entre todos estas regalías. Pero los parados no tienen derecho… ni a atrabajo, para que el PP intente  cuadrar esas cuentas ficticias que con tanto desparpajo pregonan como signos positivos.

6.202.700 personas buscan empleo y no lo encuentran. De ellas, más de la mitad son de larga duración: 3.206.500. Desde 2007 los parados en esta situación han pasado del 20,8% al 51,6% del total. Actualmente, casi dos millones llevan más de dos años fuera de la vida laboral y ya no cobran nada. El PP los ha sentenciado a que ni siquiera cuenten entre los que optan a trabajo. Dada la escasez es preferible, insistamos, darlo a quienes pagan prestación para obtener unos euros… que entregaremos a pagar a los especuladores la deuda que crece y crece como jamás lo hizo, a pesar de los recortes, por la pésima gestión.

Los parados están en proceso de borrado, transparentes, desintegrados. Pero tras cada uno de ellos hay un ser humano con anhelos y desdichas que no tiene culpa alguna de su desgracia. El viento de la historia habrá de poner en su lugar a los responsables de esta siniestra época. El culpable directo de la directriz que denuncia la Cadena SER es Ignacio González, el presidente que nos dejó en herencia Esperanza Aguirre. Ayer se dio un baño de amor de partido como señala en portada uno de los diarios amigos: ABC. Esta troupe y algunos más son una piña, más o menos avenida en sus ansias de poder, que –por el momento- opera con total impunidad. Así de felices se les ve.

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«Salmones contra percebes», de la roca al mar abierto

Rocío Martínez publica en «La Huella Digital» esta crítica a mi libro.

Rosa María Artal publica nuevo libro: Salmones contra percebes (Temas de Hoy)en el que hace un retrato de la España más actual, sumida en una innegable crisis que no sólo es, ni mucho menos, de carácter económico.

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La temida y perpetuada palabra en tantos discursos que abarca numerosas realidades, crisis, tiene un origen socioeconómico que no todos conocen. ¿Por qué estamos alcanzando, en 2013, tasas inauditas de corrupción política que va de la mano de la ineficiencia más supina de los dirigentes? ¿Es la justicia, más que ciega, inexistente en el país de los EREs, los fusilamientos de periodistas, los desahucios y la precariedad laboral? ¿Sabía usted que los recortes económicos más duros que se han realizado corresponden a las áreas de educación, sanidad y cultura?

Este libro, aunque ameno y delicioso, no es plato que uno se serviría con gusto. Su aparición ha sido propiciada por una situación lamentable que ha hecho ponerse en pie a más de uno. Artal, periodista veterana, le toma el pulso a este circo del “y tú más” que se está resquebrajando, y a través de este análisis asistimos al espectáculo de la desnudez de un país que ni siquiera se molesta en adecentarse para la foto. Haría falta mucho maquillaje para disimular los pelotazos fiscales que se descubren casi semanalmente, la espita de la emigración juvenil abierta de par en par, los ciudadanos ninguneados (¡y criminalizados!) por el aparato político, el “periodismo plasmático” que coloca en ruedas de prensa a una televisión de alta definición, la inoperancia de los medios de comunicación que han sustituido la capacidad de movilizar por la de desinformar… ¿Cómo se puede vivir así? Es evidente que algo falla.

No obstante, no debemos caer en la desesperanza. Casi todo es cuestión de actitud y, he aquí la buena noticia, aunque los sectores más afectados por la crisis están pagando unas circunstancias que no pudieron escoger y que ahora no pueden cambiar, lo positivo es que casi siempre podemos elegir cómo afrontarlas. Pero… ¿de qué manera elegir? Bien, eso dependerá de cómo se tome usted la vida. ¿Es usted un salmón o un percebe? Los salmones, peces valientes y robustos, se caracterizan por un espíritu aventurero e irreductible, que les lleva a buscar nuevas oportunidades en aguas lejanas. Los percebes, crustáceos aferrados a la seguridad de su amada roca, harán lo imposible por mantenerse en suzona de confort, desde la cual evitarán o ignorarán los cambios y la realidad exterior. Paseando por estas páginas, notaremos cómo nuestro autoconcepto se da, en una u otra ocasión, por aludido. ¿Nos resignamos o nos movemos?

Influida por el recientemente fallecido José Luis Sampedro -con quien colaboró en Reacciona-, Artal examina en este sonrojante libro las “pautas de comportamiento” de cada especie, a las que se suman otras como “tiburones”, “orcas” o los bancos de “krill”… así, entre la etología, la metáfora y sin ahorrar en ironía, podemos hacer un ejercicio de autocrítica repasando la historia de este país –cargada de tópicos inherentes- y asomándonos al continente del que formamos parte, pero que parece habernos olvidado. ¿Qué hacen los percebes cuando se anuncian nuevos recortes, medidas de austeridad, sacrificios? ¿Cómo reaccionan los salmones ante el aumento de la desigualdad social y el atropello de los derechos más básicos de la ciudadanía? ¿Qué les queda esperar a los salmones alevines? La concisión del texto, sumada a su labor de documentación, le hace ganar enteros. Quizá se echa en falta, eso sí, una perspectiva “desde fuera” más pormenorizada: junto con la inmersión en hemerotecas nacionales, un análisis de la prensa internacional que arroje datos sobre cómo se nos ve desde otras partes del mundo, le habría otorgado una tridimensionalidad más acusada. Resultan particularmente estupendos los dos últimos capítulos del manual, en los que se descubren las pautas para blindar nuestro derecho a definirnos (informarse, relacionar, sacar conclusiones, relacionar) y decidir. Que, “con la que está cayendo”, al menos, no nos quiten ese.

Nadie ha dicho que sea fácil

Nadie hubiera imaginado que una sociedad fuera capaz de soportar tantos atropellos –y de tal calibre– sin estallar masivamente de rabia. Nada más injusto que juzgar a una ciudadanía en bloque, sin tener en cuenta las distintas actitudes que en ella conviven, pero sí es cierta la existencia de una mayoría decisiva que no se mueve. Prácticamente la misma que solo ve dos únicas alternativas convencionales y piensa que ya no hay salidas y ahora toca “aguantar”, en lo que he venido en denominar actitud percebe.

El problema –nos dicen– es que “no es fácil” encontrar otras soluciones. Esta sociedad se ha apuntado a la ley del mínimo esfuerzo como a un dogma inapelable. No solo la nuestra, está ocurriendo en buena parte del mundo sojuzgado por el neoliberalismo. Una ideología que, en sus inicios, propugnaba precisamente el arrojo y la asunción de riesgos como filosofía de vida y ahora expande el miedo a la libertad. Islandia es ejemplo paradigmático. Cuando ya tocaban con la mano el final de su amarga travesía, olvidan el origen de sus sinsabores y vuelven a votar a los causantes de su derrumbe. Es que lo están pasando mal, han de aceptar sacrificios para salir del atolladero y se aferran a un pasado que se idealiza. Los años en los que se mantuvieron haciendo cabriolas en el aire sin pisar tierra y gestando lo que inevitablemente iba a producirse: darse de bruces contra el suelo.

Sea o no sea una maniobra calculada, lo cierto es que gran parte de los ciudadanos tienden a comportarse como si estuvieran condicionados a eludir cualquier sufrimiento inmediato aunque sea mayor el que habrá de venir si no se toman medidas, o con mucha más precisión: cualquier responsabilidad. Una educación en el infantilismo que en España se agrava por su historia y los cuarenta años de dictadura dedicada concretamente a ese objetivo. El de crear seres dependientes, incapaces de salirse del cauce marcado y precisados de tutela. A la altura de quienes lo diseñaron. Dirigentes de tan escasas luces como profundamente mezquinos. Eso es lo más patético: la infinita  mediocridad de los caudillos que nos sojuzgan, hoy como ayer.

Imbuida la mayoría en la búsqueda de soluciones “fáciles”, asistimos a preguntas en las que se pide dar en un minuto o dos la salida a la crisis. Rápido, claro, y que no cueste mucho trabajo entender. Si hablamos de ponerlas en práctica, entonces invade un agotador cansancio preventivo.  Esfuerzos ni uno, yo quiero que me traigan a casa el remedio y empaquetado con un lazo para que me haga más ilusión. El percebe en su roca abriendo la boca para comer el plancton que pasa.

Claro que no es fácil. Se trata de revertir por completo las políticas que se están siguiendo. Solo para empezar a hablar hay que arbitrar que todos paguen impuestos proporcionales a su renta. Prohibir los paraísos fiscales y perseguir a los defraudadores. Si estamos hablando de entre 16 y 24 billones de euros el monto de lo evadido, ¿cómo puede nadie practicar el mínimo recorte a los ciudadanos permitiendo ese escandaloso agujero negro? Un tercio de la riqueza mundial. ¿Cómo pueden consentirlo personas hechas y derechas para ellos y para sus hijos?  Ni un euro público más a los bancos por otro lado. Si tienen problemas, se toma el control para ponerlos realmente al servicio de los ciudadanos y que faciliten préstamos. Fin de los créditos del BCE al 1% mientras ellos los cobran en torno al 10%. Si es libre mercado que lo sea de verdad. Devolución y pena a los robos de la corrupción, con responsabilidad subsidiaria del partido que “nos los presentó” incluso. Cobro a la Iglesia católica de los impuestos que le corresponden como cualquier institución o ciudadano. Control y un buen expurgue de “asesores de libre designación”. Inversión en el sector público que no solo proporciona empleo, sino bienestar a las personas. Recuperación también de todo el patrimonio y servicios públicos privatizados. Inversión del dinero recobrado en medidas de estímulo a la economía. Solo con alguna de esas medidas –ni siquiera con todas– no sería preciso recorte alguno y el conjunto de la sociedad viviría mucho mejor. Se propiciaría el crecimiento cuyos beneficios han sido taxativamente probados. Tanto como la perversión del austericidio o la imaginaria autorregulación del mercado.

¿Una caricatura? ¿Una ingenuidad? ¿Mayor que la de tragar sin obtener sino palos y tijera? No es fácil, no. Una vez trincado el botín, no quieren soltarlo, sean cuales sean las víctimas de estas políticas. Pero todavía parece más difícil soportar que resten la sanidad –es decir, el cuidado de la salud– con resultado de enfermedad, malestar, infelicidad o muerte. Y todo para crear una nueva burbuja especulativa, nido de nuevas corrupciones, como alertaba The New York Times, a costa de algo tan preciado e insustituible como la vida. O la educación. O la Seguridad Social y las pensiones. ¿Hasta dónde se puede poner el listón de “aguantar” las mermas? ¿Hasta la muerte? ¿Hasta el futuro de las nuevas generaciones? Y en derechos civiles ¿hasta la rendición absoluta de la condición de ciudadanos libres?

Esa minoría depredadora que está destrozando la sociedad en su provecho, está organizada. Y sabe lo que quiere. Las víctimas no. Tampoco les hubiera sido fácil a ellos lograr su objetivo a no ser por la inacción de los ciudadanos. Deben reír asombrados de que se engulla todo, hagan lo que hagan.  Hay algo rigurosamente cierto: cuantos más sean quienes se pongan a trabajar por el cambio preciso… más fácil será lograrlo. Ya hay algunos, muchos, que nadan para remontar los acontecimientos… cargando a sus lomos con el peso de los inertes. Dejen, encima, de ofenderlos. Y sepan que cuanto más se tarde en reaccionar, menos fácil, más difícil, será restituir siquiera lo perdido.

 *Publicado en eldiario.es