Gracias, Pilar Narvión

Del blog de Javier Capitán, su sobrino

Del blog de Javier Capitán, su sobrino

Leo que ha muerto Pilar Narvión y merece la pena hacerle un hueco en esta actualidad que nos remite invariablemente al lodazal en el que se ha convertido este país. La descubrí cuando apenas tenía yo 12 años. El Heraldo de Aragón llegaba a casa por las mañanas y, por la tarde, mi padre traía el vespertino diario Pueblo. Un periódico del régimen, como todos entonces, pero que durante una época incluía las firmas de varios que luego fueron puntales en el periodismo. Con otra forma de escribir.

Y allí estaba ella. Pilar Narvión. La única mujer que escribía en prensa. No, casi, también lo hacía Josefina Carabias. Ambas fueron las pioneras. Pilar era hasta feminista a su manera. Era inteligente, en una palabra. Hablaba de temas de la mujer además de la crónica política. Y eso no sucedía en absoluto en aquel tiempo.

Aragonesa como yo, nació en Alcañiz, Teruel, y comenzó a publicar a los 13 años. Curiosamente a la misma edad que yo vi mi primer texto impreso. Pasarían muchos años hasta que eso tuviera continuidad. Pilar llegaría a ser corresponsal de Pueblo en Roma y París –todo un hito en aquella época os lo aseguro-, y asimismo subdirectora del periódico. Carabias siguió parecida trayectoria.

El verano pasado, en el último viaje que hicimos con Sampedro, paramos en Medinaceli, Soria, que era lugar que José Luis adoraba. Allí me hablaron de ella. Iba también de vez en cuando. Supe que aún vivía.

Pilar Narvión ha muerto a los 87 años según la nota que ha publicado la Asociación de la Prensa de Madrid. Salvo eso y una referencia en El País, no he visto nada más. Y creedme que merecía mucha más atención. Por el momento, hay que avanzar casi hasta el final de la web para encontrar una referencia –de agencias- en Heraldo de Aragón que –eso sí- destaca que en 2009 le dieron un premio. Lo único que han puesto de su cosecha propia.

A esas edades toca irse, espero que haya tenido una vida feliz. Pero lo que hoy quiero decir es que siempre la he considerado –junto a Josefina Carabias, quizás más Pilar porque la leía a diario- la persona que me abrió una puerta: la de saber que esa profesión maravillosa, el periodismo, también lo podíamos ejercer las mujeres. Uno nunca conoce cuál va a ser el resorte que le anime a echar andar por un sitio u otro, luego fue cuestión de seguir el camino.

La mugre que nos entierra sigue ahí. Cada vez más densa y hedionda, pero se puede sentir la satisfacción de hacer todo lo posible por desenmascararla y destruirla desde el periodismo. Muchos sinsabores y frustraciones, pero también la satisfacción de estar haciendo lo que uno cree debe hacer, y el ver que a veces algo se nota. Curiosamente, digo, fue esta periodista que acaba de morir sin ruido la que a mí en particular me animó a emprender esta senda. Gracias, Pilar. De corazón, de pocas cosas me siento más orgullosa -y me hace más feliz- que de ser periodista.

*Y en homenaje al periodismo, este análisis induciendo las preguntas lógicas que todos deberíamos hacernos:

¿Cómo es posible que un partido que se financia en un 90% con subvenciones sume 40 millones en beneficios? ¿Y que sus deudas asciendan a 80?

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