Felipe González: Una mirada de altura sobre la crisis

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Habló sin hacer ninguna alusión ni a partidos ni a ideologías políticas ni, prácticamente, a elecciones europeas. Felipe González dio una lección magistral el miércoles ante el foro de Europa en Suma que nacía ese día. Sus ideas fueron recogidas por algunos medios pero no con la profusión de  las expresadas por otro ex presidente, José María Aznar, quien llena páginas al decir por ejemplo: «Conmigo no se hubiera producido esta crisis». Correligionario y uno de los pocos defensores de George W. Bush – máximo responsable político de la economía del desastre a la que hemos sido abocados-, de la lluvia de sus políticas en España vinieron estos lodos que enfangan nuestros pasos. Y que su sucesor en la Moncloa, Rodriguez Zapatero, no ha sabido remediar, enfrentado a una de las peores crisis económica de la historia.

 Las palabras de González nos permitieron elevarnos sobre la visión local que implanta orejeras distorsionadoras, para comprender algo más de lo que nos sucede. Allí, en primera fila, estaba Eduardo Madina y me produjo una cierta sensación de alivio. Un joven político que no desecha la experiencia altamente fundamentada y detallada.

Felipe Gonzalez insistio en el carácter global de la crisis. «Si se han volatizado 60 trillones de dólares -que así ha sido- ¿la responsabilidad es de Zapatero o de Esperanza Aguirre? Vd. puede hacer propuestas para aprovechar los márgenes disponibles a nivel local para frenar el efecto de esta pandemia, pero la crisis es global». De hecho, por otro lado, «el 80% de los trabajos del Parlamento español son transposiciones de normativas de la UE«, como había apuntado Juan Cuesta de Europa en Suma.

 
Le preocupa a González que el ciudadano sólo ve datos aislados que no tienen sentido ni orientación y piensa que difícilmente en la campaña electoral se abordará qué papel puede hacer el Parlamento Europeo en la crisis global y en el futuro de Europa. Y eso que la eurocámara es «el escenario mínimo para respuestas coordinadas con EEUU, Obama reconoce que solos no pueden, Europa tampoco puede sin EEUU», vino a expresar el hoy Presidente del «Comité de sabios» de la UE. Hay que coordinar el esfuerzo, arrimar el hombro, y el horizonte nacional es insuficiente para una resolución de la crisis y una definición de un horizonte de futuro.

Una crisis global nacida de una falta de gobernanza ante los ciclos del capitalismo, la caída del Muro de Berlín que trajo la desintegración de los bloques, con su antagonismo y competencia, y-atentos- la revolución tecnológica que cambia la realidad mundial. La crisis ha puesto en evidencia carencias arrastradas desde hace mucho tiempo, «Europa lleva 20 años distraída» y hasta ahora las reacciones han sido nacionales, «un puñetero reino de taifas». Quiero destacar, sin embargo, un apartado que me pareció raíz de muchos de nuestros problemas: el anquilosamiento de Europa.

Decía Felipe González que a la Comisión -el órgano ejecutivo- se le quita iniciativa y el Consejo Europeo -el organismo político formado por los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros de la UE, más el Presidente de la Comisión, que fija las orientaciones políticas generales-, carece de esas iniciativas. «Hace declaraciones de intenciones y de estados de ánimo, no iniciativas. Leemos: el consejo europeo «muestra su preocupación» por no sé qué cosa. Yo pienso que cuando está gravemente preocupado, el Consejo europeo tiene que relajarse, ir a tomarse una copa y cuando se le quite la preocupación decirnos lo que van a hacer con el problema a, be o ce

 El problema viene de muy atrás y no mejora -¿quizás empeora?-. «Llevo 30 años en temas europeos y les aseguro que hay un 30% de las siglas que utilizan, sin desglosarlas, que no sé lo que son. «Ayer me reuní con el BEPA«… si yo no sé lo que son como lo van a saber los ciudadanos europeos, el tío que lo está pasando mal». Nos contó que las ayudas a proyectos innovadores vienen en un lenguaje tan complicado que se precisa un despacho de abogados de altísimo nivel -carísimo- para traducirlas. ¿Qué sucede? Que sólo tienen acceso a ellas quienes pueden pagarlos y muchas veces ni siquiera se adjudican esas ayudas, quedan en el aire porque no se presentan suficientes peticiones. «¿Fallos de comunicación? Si no somos claros comunicando cómo nos van a entender«, concluía González.

Ganamos con nota a EEUU en el sistema educativo y el sanitario, pero si nos preguntamos cuál ha sido ha sido la movilidad del mundo empresarial en EEUU y en Europa desde 1980, nos encontramos sorpresas. González lo explicó así: «Si me ponen una transparencia con las 30 primeras empresas del año 80 EEUU y las del 2009 -que además están en los primeros puestos mundiales-, observo que al menos la mitad han sido sustituidas por algunos pavos que salieron de un garaje -su concepto de PYME no existe-, y que han sido competitivos, imaginativos y han desplazado a los grandes monstruos perfectamente instalados –como ahora se está viendo-. Veámos ahora el mismo cuadro comparativo en Europa ¿Qué hay? los que eran son y seguirán siendo. Y las iniciativas imaginativas, emprendedoras, valientes, competitivas, si surgen ¡hagamos un esfuerzo corporativo entre todos por aplastarles la cabeza! No vaya a ser que desplacen a las grandes corporaciones. Por tanto: tenemos en Europa una rigidez de trasfondo cultural que nos hace funcionar como una corporación, con un corporativismo de intereses en los que se cruzan las élites politicas, empresariales y sindicales».

 Ése problema de rigidez cultural afecta a nuestro sistema educativo. Tenemos a jóvenes con una formación de una calidad y cantidad de conocimientos que nunca tuvieron, pero o no saben o no les dejen transformar esos conocimientos adquiridas en ofertas que añadan valor a los demás. Salen con una titulación muy buena, pero siguen siendo demandantes del Estado, de la Comunidad de Castilla-La Mancha… o de Botín: un trabajo seguro y para toda la vida. Tenemos escuelas de empresariales donde el 78% de los titulados no quieren hacer una empresa, si tuviéramos escuelas de medicina en el que el 78% de los licenciados no quisieran hacer medicina la cerraríamos ¿verdad?», aclaró el ex presidente socialista.

 ¿Su receta? Hacer un pacto social, económico y político entre todos los agentes, elaborando propuestas para aguantar los márgenes de esta pandemia que es la crisis financiera actual. Un nuevo pacto social del Siglo XXI. Transferido a Europa, habrá que despertarla, dinamizarla, y, dentro de ella a España, quitarle las orejeras, para todos «recuperar (¿adquirir?) nuestro papel como potencia económica-tecnológica» que demanda la realidad de los tiempos. Con una cohesión social que se derivará inexorablemente, para ser sostenible, con la capacidad de añadir valor (que reviertan en los demás) a esa economía competitiva en el mundo globalizado». Nada de cambiar el sistema capitalista, parece decir González: «El Estado del bienestar sólo es posible si la economía funciona».

Esto y mucho más dijo Felipe González. Estoy segura de que muchas de sus ideas irán saliendo en sucesivas entradas. Pero quería resaltar, en este largo post, el carácter global de la crisis, el anquilosamiento de Europa que la agrava en nuestro entorno, y el rumbo equivocado de la España enzarzada en minucias disuasorias, mientras miles de personas cada día se suman al paro en un mundo que nos deja escasa capacidad de maniobra.

Gracias, hoy en especial, por prestarme atención, si has llegado hasta aquí.

Cuatro millones de parados: emergencia nacional

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    (Medina. En Público)

Más de cuatro millones de parados, exactamente 4.010.700, la cifra más alta desde que contabilizan datos a partir de 1976. Un 17,36% de la población activa sólo superado en 1998 cuando se alcanzó un 17,99%. Y ya mas de un millón de hogares con todos sus miembros sin empleo, tras incrementarse el número en casi un 30% en el último trimestre. Amanece, por tanto, un viernes negro con alguna previsión negativa más para España.

Nuestro país ha engullido en un año los 3 millones de puestos de trabajo creados durante la primera legislatura de Zapatero. La Encuesta de Población Activa (EPA) es mucho más real que la que ofrece el INEM, porque en ésta se contabilizan las personas susceptibles de trabajar, no sólo quienes acuden a las largas colas de las oficinas de empleo.

Por si faltara poco, el FMI confirma que México supera ya a España como mayor economía de un país de habla hispana. Y que el ascenso de Corea, Canadá y otros países emergentes relegarán pronto al PIB español al puesto número 14. De hecho ya no somos la octava economía mundial, sino la novena, justo detrás de Rusia.

Números expertos señalan que, en las turbulencias actuales, la hegemonía está cambiando de manos. Felipe González en su conferencia para la presentación de Europa en suma, alertaba del peligro reduccionista de culpar y pedir soluciones de forma tan tajante a las políticas “locales” de la crisis “Ya sea Zapatero en España o Esperanza Aguirre en Madrid”. Sólo que con un millón de hogares con todos sus miembros de lunes, martes, miércoles y toda la semana al sol, es difícil pedir contenciones. Los países que están practicando un mayor intervencionismo, un “me salvo yo sin pensar en los demás”, logran mejores resultados pero contribuyen, según los teóricos, a la prolongación de la crisis. Me supera, sigo insistiendo en que lo que falla es el modelo capitalista y los parches de esparadrapo malamente pueden remediar su cáncer terminal.

Pero en España las causas de la debacle sí están claras. Y convendrá tener la cabeza fría. La burbuja inmobiliaria nos ha asfixiado y la inflaron o no la aliviaron todos los partidos que han ocupado puestos de gobierno. Mucho más que nadie el PP con su ley liberalizadora del suelo. Desde la Ley 6/98 y hasta 2004, el suelo urbanizado de vivienda libre se encareció un 200% . Y tanto Aznar, como Aguirre, siguen diciendo que hay que persistir en ello como solución en contra de todos los criterios razonables mundiales. Pero el PSOE tampoco adoptó medidas de contención, embriagado por los empleos que generaba el ladrillo y que se han demostrado ficticios.

Con el cemento enseñoreándose de lo que han dejado de ser nuestras paradisíacas costas, con los precios al nivel de los países de origen de los visitantes, con el empeoramiento del servicio y el trato poco amigable de los españoles –quizás en los inicios fuera servil pero todo tiene un punto medio-, el turismo decae y lo hará aún más.

Ésos eran los pilares de nuestra economía, que falla ostensiblemente en los sólidos cimientos que proporciona la industria. En la impagable conferencia de González supimos que hay, ahora, otras formas de generar riqueza y que las nuevas tecnologías están cambiando también la estructura económica. Dará para una nueva entrada de este blog mucho más elaborada.

Atentos a los cantos de sirena que nos hablarán de soluciones alternativas que en realidad se basan en hacer lo que piden los empresarios: flexibilizar el empleo, abaratar el despido, hacer que la crisis la paguen, la sigan pagando aún más los trabajadores. El barco que hoy gime por su brecha en el costado, ha sido empujado al naufragio por muchos. Por los contratos precarios, por los sueldos miserables, por los precios desorbitados – ¿recordáis? lo tenéis en este blog y en mi libro, también en esta fuente– que España registró el mayor aumento de los precios de la UE con la entrada del euro? ¿Y recordáis quién gobernaba entonces? No olvidemos los ingentes beneficios de un empresariado insolidario que achaca los bajos salarios de los españoles a su falta de competitivad mientras paga a sus ejecutivos -que serían los responsables- sueldos tan generosos que los sitúan en el quinto lugar de Europa. El barco ha sido empujado, también,  por la corrupción, por el ladrillazo, por la falta de memoria de la sociedad española.

Muchas causas y soluciones también se arbitran desde fuera. Habrá que analizarlas más, priorizarlas, pero sobre todo creo que ha llegado la hora de echar una mano, de asirnos fuertemente y empujar hacia adelante porque estamos ante una emergencia nacional. Cuatro millones de personas deambulan buscando un empleo y todo lo que paga, un millón de hogares tienen a todos sus miembros en esta situación. Seamos patriotas. Todos, incluso los que alardean de himnos, banderas y zancadillas impregnadas de cinismo.

Actualización 14,45

Rajoy anuncia una ofensiva contra el Gobierno por el paro. No contra el paro, sino contra el Gobierno. Ha acusado a Zapatero de llevar la economía a una «situación imposible». A Zapatero. El Presidente del PP, acompañado de su secretaria general Maria Dolores de Cospedal,  ha hecho estas declaraciones mientras visitaba al portavoz popular en el ayuntamiento y empresario vinícola y fabricante de calderas Tomás Cabañero de Villarrobledo (Albacete), quien ha echado a la calle a  140 trabajadores (casi la mitad de su plantilla. Los trabajadores le han denunciado por despido ilegal.

Felipe González propone un pacto contra la crisis

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Lleno a rebosar, dieciséis embajadas representadas -mirad las cabelleras de la Europa de más arriba en la primera fila- , Felipe González nos ha presentado esta tarde-noche Europa en Suma.  Elaboraré mis propias reflexiones -ha sido enormemente interesante-, pero os dejo, como anticipo, algunas ideas de urgencia reseñadas -muy bien- por la Agencia EFE.

Felipe González ha propuesto hoy un pacto social, económico y político entre todos los agentes de la Unión Europa (UE) para hacer frente a la crisis global. González, actual presidente del «Comité de Sabios» de la UE, ha resaltado que este pacto debería incluir un primer paquete de medidas anticíclicas y una reforma del sistema financiero.

El pacto, a juicio de González, también debería abordar una «revisión de la agenda de Lisboa» para hacer frente a la pérdida de la competitividad, a las rigideces del sistema y al retraso relativo en la incorporación a la sociedad del conocimiento.

González ha estimado además que el pacto tendría que propiciar «una verdadera revolución energética» en Europa para responder al desafío del cambio climático.

En su intervención, González ha asegurado que si no existiera Europa, habría que inventarla y algunos de los Veintisiete Estados miembros estarían buscando espacios comunes de colaboración para hacer frente a los retos actuales.

Paradójicamente, «tenemos un espacio compartido y cada día lo utilizamos menos», según el ex presidente, quien ha opinado que cada vez hay una tendencia mayor hacia la nacionalización o renacionalización de determinadas políticas o una acción intergubernamental en detrimento de las instituciones, que representan el motor de la construcción europea.

Ha lamentado que, cuando queda más de un mes para las elecciones europeas, difícilmente se debatirá sobre el papel que puede desempeñar el Parlamento Europeo en la crisis global y en la definición del futuro de Europa, que es el escenario mínimo para encontrar una respuesta coordinada con Estados Unidos frente a la crisis.

Ha resaltado que Estados Unidos, a través de su presidente, Barack Obama, ha reconocido que no pueden solos ni contra la crisis financiera, ni contra la crisis de seguridad, ni en la lucha contra el cambio climático.

«Es hora de decir que sin Estados Unidos, no podemos. Ellos solos no pueden, pero sin ellos no podemos», ha dicho González, quien ha subrayado la importancia de coordinar los esfuerzos y no esperar a que «tire del carro» Estados Unidos para ver si en el cuarto trimestre del año hay algún signo de repunte en la crisis.

El ex presidente ha considerado que la UE tiene que intentar corresponsabilizarse y «arrimar el hombro», al considerar que el espacio local nacional es «insuficiente» para ofrecer respuestas a la crisis.

Actualización 23 de Abril. La noticia en otros medios:

Europa press: Felipe Gonzalez propone un pacto europeo para coordinar políticas anticíclicas y «corregir» la agenda de lisboa

El Plural: Felipe González cree “decepcionante” la respuesta de Europa a la crisis y reclama más “coordinación” e “iniciativa”

ABC: Felipe González pide a la Unión Europea una auténtica política anticíclica y un marco regulatorio por la crisis

Estrella Digital: Felipe González «El Estado de bienestar sólo es financiable si la economía funciona»

El Confidencial: González en contra del despliegue del escudo antimisiles en Europa del Este

¿Dónde está la bajada de los precios?

 

 

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El Índice de Precios de Consumo (IPC) registró en marzo el primer signo negativo de su historia al caer un 0,1% en tasa interanual en marzo. Esto es lo que nos cuentan las noticias. Según su signo político ven peligro de la «temida» deflación o no, y todos tan contentos.

Bien, yo utilizo de baremo el precio de las camisetas año a año. Un elemento tan arbitrario podría ser como la cirugía estética que entra en el cómputo del IPC. Camisetas sin marca pero con algún tipo de mejora, no la simple de algodón lisa. Hace 2 años la mayoría venía a 18 euros, en 2008 a 24, y este año oscilan entre 36 y 39. Un alto porcentaje de elevación. Un diminuto jersey de bebé recién nacido -que las abuelas tricotaban en media hora- cuesta en torno a los 30 ó 35 euros.

Los expertos nos cuentan muy serios que, hace un año, el precio del barril de petróleo Brent se pagaba a 102,9 dólares, y ahora a 47 dólares -es menos de la mitad-. «Por ello, en los últimos doce meses los carburantes y combustibles acumulan una bajada del 18,4% y los productos energéticos del 11,6%.», nos aclaran. ¿Quién se come el resto, la diferencia entre 55,9 y 18,4? Ah, los impuestos que pagan otras cosas. De cualquier forma, las petroleras subieron un 4% el combustible en Semana Santa, sin que lo hiciera el Brent.

Tampoco noto apenas la bajada de los precios en la compra diaria. Ha aumentado la producción de «marcas blancas» en los supermercados que sí son algo más baratas, pero el resto está parecido. El pescado prohibitivo, la triste e insípida pechuga de pollo a 6 ó 7 euros el kilo, los filetes de tapa de añojo -que tampoco son para relamerse- 10/12 euros el kilo, vamos a ver el solomillo -que sí- a 40 euros. El tomate decente a 3 euros. Ya vimos los precios de una ciudad media de Suecia, Lund, donde cobran el doble que nosotros. El gas baja -la descomunal cifra de 3 ó 4 euros al mes nos dicen-, la electricidad no se sabe, pero las facturas que yo pago son escandalosas y teniendo cuidado. Imagino que es general el problema. Y compré gafas hace 4 años por 300 euros y ahora me piden, en la misma tienda, 500.

Lo cierto es que cuando entró el euro todo costaba aproximadamente la mitad que ahora, y a ninguno -salvo a los grandes ejecutivos- nos han duplicado el sueldo.

Ningún experto a los que he preguntado -con auténtica insistencia- en mi vida profesional, ha sabido explicarme porqué todo tiene que subir cada año, porqué no se puede mantener al menos. Si es la ley de la oferta o la demanda o esos mecanismos que ellos conocen tan bien y que mantienen el sistema y les hace temer la deflación. Pero ésa es la clave.

No nos fiemos, sin embargo, de las impresiones o de nuestra mala cabeza al encontrar sólo tiendas donde no se han enterado que el IPC baja. Los precios de la zona euro comenzaron a contabilizarse en 1996. El registro del año pasado reveló que en 12 años, hemos visto incrementada la cesta de la compra en torno el 30% ¿Han subido lo mismo los sueldos? Evidentemente, no. Según la OCDE el salario real medio español ha bajado un 4% en los últimos diez años -a pesar de que se vivían tiempos de crecimiento económico- y somos el único país -de cuantos estudia este organismo- en el que se ha producido un descenso del poder adquisitivo.

Aquí están los datos del IPC, que considera reales la página que los publica. Yo no encuentro esas bajadas en el mercado. ¿Alguién podría orientarme sobre dónde están esos precios en descenso?

El Gobierno aplicará una «drástica reducción» de la publicidad en TVE

 Mucho qué decir al respecto, demasiados intereses contrapuestos. Gran parte de lo que tenía que decir lo dije en TVE, en Informe Semanal, en Octubre de 2006, cuando la televisión en España cumplió 50 años.  Creo que tiene una gran vigencia. (Magnífica la realización de Carlos Alonso). Lo rescato de los archivos del programa:

       http://www.informesemanal.tve.es/?go=e5911a8f3a240786c19429278dceea2c54011d4340331c100a811dd8cebcd5cc88c36af9aca51024762f42cf9ae57e40d0f63f197898469de9aea46a2142e76c0802591bccaef003a141466bb04ff24e8c22df979f3bea764e8dfa85ff9d87e16c35977e1c585516964b8c02b2ea069c2a4a9dded99f0a7a83516897cea0b2f68bcc35f7297770cd

Menos resignación y más acción

Ayer descubrí que me había atracado mi banco de toda la vida y evité que lo hiciera -al menos temporalmente- una óptica. En este país hay que tener un cuidado extremo para que no te desvalijen. No ya los desgraciados rateros, sino las gentes instaladas, los soportes del sistema. Lo peor es que han logrado anestesiar a la mayor parte de la ciudadanía que ya no se inmuta por las denuncias, aunque sean sobre hechos flagrantes. Dos minutos de morbo al enterarse, y a enchufarse a la tele o al fútbol: nos han desactivado. Han seguido practicando la desconexión de los ciudadanos, tarea en la que llevan toda la vida los poderes fácticos.

En este blog puede verse sin embargo la irritación que produce la mala política, los desmanes del capitalismo consentido -más aún, apoyado-, el sistema en sí mismo. Sólo que no existen cauces eficaces para que esa protesta se canalice y provoque las reacciones precisas, los cambios necesarios.

Todo sistema se corrompe y es imperfecto. El mejor, sin duda, la democracia. Hay que olvidarse de grandes utopías si se quiere ser práctico. Ahora bien, el orden establecido es manifiestamente mejorable. Pero lo encargados de hacerlo parecen haber perdido el rumbo. Voluntariamente o invadidos por la inercia.

Mi banco de toda la vida me ha secuestrado 5.000 euros durante 5 años, tiempo en el que ni siquiera sé si seguirá existiendo como tal. No soy rica, es un serio contratiempo. La fechoría la perpetró con engaños una ejecutiva de diseño que me embaucó vilmente haciendo lo contrario de lo que le pedía. Si trato de recuperarlos, antes de tiempo,  pierdo 800 euros. Me mintó en la fecha del vencimiento del bono.

Al salir de la oficina bancaria, acudí a la tercera tienda franquicia de una óptica avalada por un señor francés. Publicitan una interesante oferta, pero en los dos primeros establecimientos vieron que yo no me adaptaba a sus condiciones. En el tercero sí. Ahora bien, las gafas de sol llevan suplemento por color y por curvatura. La oferta no incluye no sé de qué de réflex, luego si no lo pones te fríes los ojos, y, por supuesto, colocarlo lleva suplemento. Tengo alguna dioptría más en un ojo que en otro, luego hay que reducir el cristal: otro suplemento. «Es que Vd. tiene dioptrías» me dijo la empleada. Hombre, no voy a ponerme gafas para guarecer los ojos en una urna, las gafas solían servir para ver bien. El negocio no les cuadraba porque no pedía progresivas. Dos señoritas diferentes estaban muy interesadas en ello, pese a que les dije que, a pesar de mi edad, no tengo presbicia, veo perfectamente de cerca. Con todo la cosa se ponía en 500 euros para los que dan facilidades de pago. Una amiga pagó hace poco 1.300 euros, dice que debo darme contenta. Sólo que en la mayor parte de Europa las gafas son gratis, las costea el Estado. No son un lujo.  Y merecen una prioridad del gasto, anteponiéndola por ejemplo a subvencionar fábricas de procesiones.

Éste es también un país, donde la Hacienda Pública, persigue a los asalariados y les hace objeto de sanciones arbitrarias, mientras deja escapar los grandes fraudes. Y ante todo esto, el único consejo que te dan es que te resignes y que procures que no te pase otra vez. ¿Poniendo una vela a la virgen?

En España fallan los cimientos de raíz. El PSOE se dispone a cargarse hoy una ley en el Parlamento que consensuó el año pasado para revalorizar las pensiones y hacerlas algo más dignas. Las subió un 30% la pasada legislatura, el populista PP es mucho más responsable del atraso. Pero un país desarrollado no se puede permitir pagar 400 ó 500 euros a una persona que ha trabajado -aunque sea en casa como esposa, ahora viuda- para que viva todo un mes. El argumento: les supone 5.000 millones de euros. Han entregado 9.000 a las constructoras para que hagan aceras. ¿Cuánto a los bancos para que rapiñen cuanto quieran?

De disponer de tiempo, daos un paseo por el blog -los seguidores habituales lo sabéis-. Tenemos los sueldos más precarios de la Europa de los Quince, salvo Grecia y Portugal. Corrupción a todos los niveles, incluso con sanciones del Parlamento europeo. Pero, como os dije en la entrada de ayer, los sueldos millonarios de los incontables asesores del gobierno de Aragón, y de cualquier parte donde se hurgue, no provocaron reacción alguna. Y lo mismo parece ocurrir en el mundo entero. Bueno, los constructores fraudulentos que han matado literalmente a las gentes de L´Aquila, parece que terminarán en la cárcel a instancias de la fiscalía italiana. Pero los familiares de los muertos ni siquiera insultan a su jefe de gobierno cuando le ven aparecer.

Nos resignábamos cuando el sistema parecía funcionar. Sólo lo parecía. Pero es que nadie sabe cómo se va a arreglar el inmenso fiasco. El sistema, el famoso sistema, está viciado en origen. Proponen regeneraciones, socialismos alternativos… No sé. Es economía de guerra, que precisa política de guerra también. Replantearse todo. Ir a lo esencial. Comenzar por abajo Por las pensiones suficientes, por atajar corrupciones y corruptelas con contundencia, por la educación en profundidad que es lo único que puede salvarnos a la larga.

Sentarse a una mesa, tachar prácticamente todos los presupuestos de los poderes públicos y pensarlos de nuevo. Fijar prioridades reales, útiles, con visión de futuro. Pero los políticos están demasiado impregnados en la madeja. Giran como caballitos de feria mirando al frente sin ver la realidad. Y nosotros, la sociedad, les lanzamos palomitas de maíz para que se entretengan. Y seguimos poniendo cirios a los santos para que el ciclón no nos alcance.

Se han acabado los paraísos fiscales… y estudio mudarme a Gibraltar

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¿No era tan difícil acabar con los paraísos fiscales? Pues la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lo ha hecho en menos de una semana. Fue uno de los puntos más llamativos y esperados de la reunión del G20, el 2 Abril: terminar con la impunidad de ciertos Estados o territorios que aplican un régimen tributario intensamente favorable a los ciudadanos y empresas no residentes, que se domicilien a efectos legales en el mismo. Las ventajas que dan a sus nuevos ciudadanos -que ni están obligado a pisar su suelo- son una exención total o una reducción muy significativa de los principales impuestos. La segunda característica esencial es que estos países consagran el secreto bancario y la protección de datos. Nadie te pregunta de dónde obtienes tus ingresos.

Con estas premisas no es fácil saber el dinero que en ellos se esconde, pero el FMI hizo una aproximación en 1999 -hace diez años nada menos- y concluyó que los activos extraterritoriales incluidos en sus balances generales alcanzaron los 4,6 billones de dólares, de los que 0,9 billones estaban en el Caribe, 1 billón en Asia y la mayoría de los restantes 2,7 billones correspondían a los centros financieros internacionales, es decir, Londres, los servicios bancarios internacionales (IBF) estadounidenses y el mercado extraterritorial japonés (JOM). Pongamos un ejemplo, en Gibraltar, que lo tenemos bien cerca, las empresas allí asentadas fiscalmente pagan entre 200 y 300 libras al año en un único pago fijo. Poco más de 200 ó 300 euros anuales, dado que la libra se cotiza a 1,04 euros.

Pues bien, la OCD acaba de anunciar que ya no hay ningún país en la «lista negra», ya no hay paraísos fiscales. Uruguay, Costa Rica, Filipinas y Malasia, los cuatro únicos países que figuraban en ella hace una semana, han prometido ser buenos chicos y cumplir las normas.

La OCD es, en contra de lo que pueda parecer, un organismo serio. Compuesto por los 30 Estados más ricos y desarrollados del planeta (acaparan el 70% del mercado mundial), lleva casi medio siglo dedicado a coordinar las políticas económicas y sociales de estos Estados. Elabora informes, aconseja, dicta. Es decir, que ellos se lo guisan, ellos se lo comen.

No es que no les preocupen los paraísos fiscales, no, para demostrarlo, la OCDE dispone también de listas grises de varios tonos. En la»gris oscura» se encuentran 36 Estados, incluidos Andorra, Gibraltar, Liechtenstein, Barbados, Liberia, Bahamas, Bahrein, Belize, Bermudas, Islas Cayman y Panamá -y los cuatro recién reivindicados-. En la «gris clara» se sitúan, Austria, Bélgica, Brunei, Chile, Guatemala, Luxemburgo, Singapur y Suiza. Las listas de colores se comprometen a «intercambios de información suficientes como para situarse en la parte gris». Y todos tan contentos.

El secretario general de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, se muestra, de hecho, feliz con haber echado lejía a su lista y aclarado el negro -la han lavado igual que al dinero sucio-. El G20 había amenazado -nada más que eso- con sancionar a los paraísos fiscales. Gurría dice que, en todo caso, no habría que llegar a tanto: es partidario de olvidarse de las sanciones porque «el clima ha cambiado» en las últimas semanas. Para Gurría, más importante que las sanciones es el hecho de que todos los países tachados de paraísos fiscales se hayan comprometido a colaborar con la OCDE y estén firmando acuerdos bilaterales para intercambiar información y salir de la opacidad bancaria.

Contando con que, además, para obtener esa información había que solicitarla de paraíso en paraíso, me planteo un dilema: ¿Contribuyo a la laxitud general del planeta o a la de España en particular? Porque mudarse a Gibraltar, con sol, mar y playa, una colina, monos, y la posibilidad de pasar uno a tomar pescaítos todos los días a La Línea de la Concepción, practicando inglés para que no se oxide, viajes baratos a Londres que me encanta… no parece mal plan. Es el territorio británico más próspero y estable, y uno de los países y territorios con mejor calidad de vida y niveles de seguridad del mundo, según el estudio Jane’s Country Risk de 2008, realizado por el Jane’s Information Group, nada menos. Está además excluido de la «armonización» del IVA. Pagar 200 ó 300 euros anuales de impuestos. Viendo la BBC en lugar de las cadenas de televisión españolas. Sin la obligación de escuchar en todos los telediarios a Rajoy y el «este dice, el otro dice». Además, no es un paraíso fiscal, no existen los paraísos fiscales, no contravengo ninguna norma ética. Es una opción en principio apetecible.

   La otra opción es intentar que la corrupción se acabe con continuas denuncias. Pero no parece que sirvan de mucho y estoy ya muy mayor.

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No es liberalismo, es neofeudalismo

Vivimos tiempos tan confusos que ya no sabemos qué sistema político y económico es el hegemónico. Nos cansamos de despotricar contra el liberalismo como causa de nuestros males actuales -también pasados y futuros- y no advertimos el cambio de régimen que se ha producido ante nuestros ojos. «El liberalismo -copio- es un sistema filosófico, económico y de acción política, que promueve las libertades civiles y el máximo límite al poder coactivo de los gobiernos sobre las personas; se opone a cualquier forma de despotismo y es la doctrina en la que se fundamentan el gobierno representativo y la democracia parlamentaria». Prima el individualismo, la libertad, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, y el respeto a la propiedad privada como fuente de desarrollo individual, y como derecho inalterable que debe ser salvaguardado por la ley y protegido por el Estado. Es evidente que no es lo que está sucediendo ahora, los gestores de la crisis no están siendo obligados a asumir responsabilidades y la ley del embudo es norma en el trato a unos ciudadanos y otros, apenas protege el Estado, los Estados, los derechos de los ciudadanos de a pie frente a los desmanes de los poderosos, más aún, les obliga a pagar los errores de los otros.

 Los viejos liberales afrontaban las consecuencias de sus negocios. Si les salían bien, atesoraban múltiples ganancias que, por supuesto, no repartían. Pero, si fracasaban, apechugaban con sus pérdidas, se iban a la bancarrota. Ahora socializamos las pérdidas, pero no los beneficios, luego tampoco es socialismo o socialdemocracia. Sencillamente, hemos vuelto al feudalismo. Es decir, la organización social, política y económica basada en el feudo que predominó en la Europa occidental entre los siglos IX y XV. Se trataba de propiedades de terrenos cultivados principalmente por siervos (ciudadanos libres), parte de cuya producción debía ser entregada en concepto de «censo» (arriendo) al amo de las tierras -«por la gracia de Dios»-, en la mayoría de los casos un pequeño noble (señor) nominalmente leal a un rey. Gran papel de la Iglesia Católica en el invento, durante los concilios de Charroux y de Puy consagra a los prelados y señores como jefes sociales y sanciona con graves penas la desobediencia de estas normas. Los señores, a partir de ese momento, «reciben el poder de Dios» y deben procurar la paz entre ellos, pacto que deben renovar generación tras generación. En los países desarrollados, el peso decisorio de la Iglesia Católica, es, hoy, escaso, pero en España -daño añadido- es una losa de varios quintales.

Estamos ante la falsa creencia de que tomamos decisiones al votar, pero el orden social se decide en consejos de administración privados con la connivencia de los gobiernos y de otros poderes  -hoy, también los potentes medios de comunicación-. Como en la Edad Media, si el señor, los señores, emprenden una campaña, y fracasan, se paga con los impuestos de los nuevos siervos, o se les recorta la paga en nuestro caso. El señor nunca pierde. Al igual que en las Cruzadas, los señores van con sus estandartes -ahora sus logos- a conquistar nuevos mercados y nuevas fuentes de financiación -catequizar infieles era la excusa-, sufragados por la plebe y, de nuevo, sin repartir beneficios. Lo que es peor, ahora les bordamos sus logos entusiasmados, consumiendo cuanto nos mandan.

«Washington concederá más ayudas a General Motors y Chrysler» -leo-. Ni el meritorio Obama cambia completamente el rumbo, ahora esto, tras prometer insuflar también un nuevo billón de dólares al sistema. Que los causantes de la crisis no estén en la cárcel, que incluso cobren sus primas pactadas como si nada pasara, casi es una anécdota. Muy ilustrativa, eso sí. Angela Merkel, la envidiable conservadora alemana, «anticipa que la próxima reunión del G20 no resolverá la crisis» -dice que harán falta muchas más-.

Los nuevos siervos seguiremos pagando, ajustando un agujero más cada vez los cinturones. Traigo de nuevo la frase premonitoria de Josep Stiglitz, Premio Nobel de Economía, sobre las medidas que se estaban -y están- adoptando «es como poner transfusiones a alguien con hemorragia interna». Lo único es que, como en el feudalismo, quien lucha y se desangra es el ciudadano. Nos van a hacer vivir una espantosa agonía, hasta que se convenzan de que, por este camino, no vamos a ninguna parte. Y, digo yo, algo tendremos que decir ¿no?

Krugman y la solución a la crisis económica de España.

Doctores tienen las ciencias. Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, ha estado en España, en Sevilla, para intervenir en un foro sobre la crisis junto a Felipe González y José María Aznar. Y ha hecho un diagnóstico revolucionario: España necesita una deflación del 15%. Es decir, que bajen los precios de forma generalizada. La mayoría de los expertos, los agentes económicos (empresarios y asimilados) y hasta los políticos, tiemblan cuando se menta la palabra «deflación». El término se asocia a crisis y entienden que reducir los precios es una auténtica debacle para el sistema. La temen más que a la inflación, la subida de precios.

 Aseguran que la deflación puede desencadenar un círculo vicioso: los comerciantes se ven obligados a vender sus productos más baratos porque se retrae la demanda. Apenas llegan a cubrir sus costes fijos. Con precios bajando de forma generalizada, la demanda disminuye aún más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. En la inflación, sin embargo, ocurre todo lo contrario: los consumidores prefieren comprar cuanto antes los bienes de larga duración, para anticiparse a subidas de precios. Las consecuencias son, nos dicen, terribles: la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas.

Pues bien, Krugman dice que eso es lo que necesita España. La primera parte: que bajen los precios, para adecuarse a nuestros miserables salarios, digo yo, porque para las soluciones de siempre -bajar los salarios también-, no necesitamos a un Premio Nobel. Aún así nos augura una durísima travesía de 5 ó 7 años -así lo ha dicho-. . «Será un camino doloroso o extremadamente doloroso para España», aseguró en ese foro el economista norteamericano, ya que, en España,  los precios y los salarios «son insostenibles y no están alineados con su situación económica».

Lo que no entiendo es que si hasta desde posiciones «de letras», todos lo hemos visto, los grandes poderes sociales nos cuenten otra historia, los empresarios ofrezcan un 1% de revisión salarial, pidan abaratar el despido, flexibilizar el empleo  y todo lo que ya conocemos, y los políticos no tomen las medidas pertinentes. Los precios en España estaban inflados, sobredimensionados. De todo. Desde los pisos a los tomates. España fue el país de la UE donde más subieron los precios con la entrada del euro -el milagro económico de Aznar, que nadie enmendó después- y donde al mismo tiempo se perdió poder adquisitivo en los salarios. Era un caso excepcional, anómalo. Durante muchos años, un gran número de personas se han enriquecido a costa de los ciudadanos. Las consecuencias las pagamos todos. Se la jugaron, nos la jugaron y ahora aún osan pedirnos que sigamos sosteniendo su sistema.  ¿No buscan un recambio para Solbes? Paul Krugman es la solución. Al menos, que le escuchen. Aunque tendrá que ser de una forma selectiva: son precios y salarios entre sí los que chirrían en España. Y son los beneficios empresariales lo que hay que reduc ir, no los sueldos.

Pobres chicos ricos

Son 793 socios y poseen entre todos 2,4 billones de dólares. Hace sólo un año acumulaban el doble de capital. La crisis también ha sacudido -y casi como nunca- al club de los «milmillonarios» que recoge y resalta anualmente la Revista Forbes. 355 desgraciados se han visto obligados a abandonar el barco como ratas: ya no disponen de mil millones en sus cuentas corrientes.

Bill Gates vuelve a ser el hombre más rico del mundo. Le siguen otro norteamericano, el inversionista Warren Buffett y el magnate mexicano Carlos Slim. Entre los tres, poseen 112.000 millones de dólares, pero todos han perdido dinero. En el top ten dominan los norteamericanos -en toda la lista lo hacen-. Hay cuatro europeos: el dueño de IKEA, el sobrio sueco Ingvar Kamprad -que viaja en vuelos de Aeroflot -la cutre compañía de aviación rusa- para dar ejemplo a sus conciudadanos-, dos alemanes, y un español, Amancio Ortega (Inditex, Zara), que, mira por donde, es uno de los que menos dinero se ha dejado en la crisis y regresa a la cumbre de los más ricos. Su fortuna se estima en 18.000 millones de dólares (14.000 millones de euros).  Nuestros ricos son muy competitivos como se ve, más que los franceses desde luego.

Aunque no tanto. Dos tercios de millonarios españoles han dejado la lista Forbes -pobres-. Y, los que quedan, han mermado su capital al punto que hay que pasar varias páginas para encontrarlos. Pero allí están, Rosalía de Mera, ex mujer de Amancio Ortega, Isak Andic, Alicia Koplowitz, Manuel Jove, Florentino Pérez, Esther Koplowitz, José María Aristrain, Alberto Alcocer, Emilio Botín, Alberto Cortina y Enrique Bañuelos. Acumulan una fortuna de sólo 36.300 millones de dólares.

La media de edad, ha subido a 63 años y ha mermado la presencia de mujeres: 72, cuando hubo 99. Es decir, que para ser rico sin riesgos, es imprescindible ser, también, maduro y hombre.

Las cosas están realmente feas. 2008 nos dejó la escalofriante cifra de 963 millones de pobres -menos de un dólar al día-, a la que se habían sumado 40 millones de golpe. Pero ahora el Banco Mundial nos anuncia que 2009 lanzará por debajo de la línea de la pobreza a 46 millones de personas más en el mundo.

Saquemos una calculara y echemos cuentas. ¿Quién necesita el dinero para algo tan poco supérfluo como comer? ¿Cuánto? ¿En dónde está? Siempre me ha llamado la atención la estructura piramidal de la sociedad. Cada civilización, cada organización, tiende a estrecharse arriba en una casta aristocrática con derechos por encima de los demás. Todo es porque uno no puede ocuparse del teclado, o de la azada, o del mostrador, y al mismo tiempo, del fiasco y el litigio, del banco o del gobierno. Y viceversa. Esa elemental circunstancia y la fea condición humana hacen el resto. Liberales sin frenos y falsos socializadores, jefecillos de tribu e ídolos de barro, sangres púrpuras, azules o sepias, se construyen su pedestal privado. «Amo a la Humanidad, lo que me revienta es la gente», decía Susanita, la amiga de Mafalda. Se diría que ellos no nos quieren sino para usarnos, sin saber que ya no corren tiempos de Olimpos elitistas -porque han fracasado en su labor global-. Ellos son nosotros. Todos somos todos. Y a mayores privilegios, menos digerible la dejación de obligaciones.

Cada vez más voces expertas hablan de establecer un nuevo orden mundial, de forma inaplazable. Líbreme el destino de invocar los fracasos y excesos del comunismo, pero una socialdemocracia, con fuerte control estatal de los negocios y el mercado, pero aún mayor control de los políticos por parte de la sociedad, se aventura como la única salida posible. Que quiebren los bancos que sea preciso, que se hundan las fábricas de coches que no sean rentables porque ya no caben más coches en el mundo o repartamos mejor su ubicación. Nos dicen los empresarios españoles que sólo aceptan subir un 1% nuestros precarios y bochornosos -comparados con Europa- sueldos. ¡Ya vale! La sociedad ha de tomar las riendas. Porque leer que setecientas pesonas poseen 2,4 billones de dólares, mientras millones se mueren literalmente de hambre,  estomaga el desayuno, la comida, la cena, e intranquiliza el sueño. Porque no piensan cambiar. Nada va a cambiar si no nos movemos.

El Roto lo ha editoriliazado hoy en su viñeta de El País.

 

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