Los errores de la televisión pública

Leo que “El PP da por roto el consenso sobre RTVE”. Los dos grandes partidos tuvieron que remontarse a los inicios de la idílica transición para encontrar un candidato aceptable para ambos: Alberto Oliart, de 81 años, era el único sobre el que ponerse de acuerdo. Pero ahora el PP se siente intensamente decepcionado. Denuncia la «manipulación y el sectarismo» de los telediarios y considera que TVE ha «ha dejado de ser la televisión pública española para convertirse en telezapatero«. Los populares dicen sentirse «defraudados» y «traicionados» por Oliart. «El PP exigirá su inmediata dimisión si no la presenta por su propia voluntad, ya que fue nombrado fruto de un acuerdo y ese acuerdo se ha roto”.

No puedo salir del pasmo. Cada día y casi cada hora he de tragarme –si caigo en la tentación de poner los telediarios de mi antigua empresa- todas las opiniones, sobre todas las cosas susceptibles de ser valoradas y algunas más, de Rajoy, Cospedal, Sáenz de Santamaría o quien caiga por allí. Todos los días, a todas las horas. No sé qué opinará Rajoy de la cogida de José Tomás pero es probable que también se lo pregunten, siempre que brinde una oportunidad de confrontación política.

Sigo leyendo, ya en la más absoluta estupefacción, que el detonante ha sido “el tratamiento en TVE de una información sobre el Estatuto de Castilla-La Mancha”. Y que, en su indignación, el PP ha presentado una batería de preguntas en la comisión de control parlamentario sobre la imparcialidad e independencia de los informativos. Oliart deberá responder el martes en el Congreso, y, como vemos, pedir su baja en el cargo.

Debe constar por ahí un tuiteo en el que comentaba a una periodista de Castilla-La Mancha que no había entendido nada de la información del TD2 –el mejor telediario del mundo, según una firma comercial-. La periodista se limitó al “este dice”, “el otro dice”, y, como no había seguido el tema, no supe qué había pasado en realidad. Y ahora comprendo que la pobre chica era otra informadora secuestrada por los cupos.

En este país en el que tantos conceptos democráticos se confunden, los partidos no han comprendido que las televisiones públicas no son sus oficinas de prensa. Ninguna de ellas, y de ninguno de ellos. Y que tanto los partidos políticos como los sometidos –por su voluntad o por el autobenevolente posibilismo- gestores de los medios públicos nos están hurtando la información.

Insisto en lo que he dicho ya otras veces. Los hechos son noticia, no las opiniones, salvo que por su singularidad se conviertan en algo relevante. No las opiniones a peso ¿Alguien ha visto que en las televisiones norteamericanas salga McCaín cada vez que aparece Obama?  ¿Sarzoky tiene sobre sí la permanente sombra de Aubrey, la líder socialista francesa? ¿Quizás en la información británica  Gordon Brown es siamés de Cameron? ¿Y que harán ahora con el liberal Clegg? ¿La BBC alargará sus telediarios? Además, España no es bipardista, tendría que salir hasta la Chunta aragonesista -con perdón por si parece menosprecio a mis queridos paisanos- en cada telediario. Aunque fuera para decir «oh! o ¡ah!, si ha de valorarse la noticia -¡dios, la noticia!- en función de los votos.

En uno de sus peores errores gubernamentales, Zapatero cedió a las servidumbres afectivas -como tantos de sus colegas en otros campos y en otros momentos (léase Telefónica, etecé)-, para descafeinar RTVE, y repartir un pastel que finalmente se comerán los mismos. Y esa medida ha dado un golpe de muerte a la información, y por tanto a la formación de una opinión responsable en la ciudadanía (son muchos los que, aún, se surten fundamentalmente de la televisión para estar al día de lo que sucede). Sólo un medio público no sirve a intereses privados, aunque parezca una perogrullada. Y, mejor, en competencia con las habituales informaciones sesgadas, eufemísticamente llamadas “línea editorial”.

El telediario del fin de semana sí hizo ayer información al hablar de las manifestaciones contra la impunidad del franquismo. ¿Habrá también quejas del PP? Al final, todo quedará en el cese de Oliart, probablemente. En el adelgazamiento aún mayor de RTVE. Y no sé si Zapatero y Rajoy encontrarán en algún general de las guerras púnicas otro candidato de consenso, lo que es seguro es que seguiremos sabiendo, cada día y cada hora, lo que opinan el propio Rajoy, Cospedal, Saénz de Santamaría, la campechana Aguirre, Arenas -no nos olvidems-, o quién toque, y, en su caso -aunque menos-, Zapatero, Blanco, Pajín, and so on, hasta de la mayor o menor clorofila de las lechugas, aunque sin datos, por “convicción moral” si nos atenemos a lo que domina los “argumentos” del PP. No, mire Vd, llame a un catedrático de botánica, preferiblemente especializado en fitoquímica.

Una lástima.  Y la sociedad no es consciente de en cuanto le afecta la desinformación. En cada punto de su vida cotidiana, incluso. Ya dije que nadie lloraría por nosotros. Otras servidumbres ajenas lastraron la televisión pública, pero no por completo. Todo se perdió el día en el que en las redacciones entró la báscula de precisión para servir en el plato la propaganda política.

Actualización (lunes) con tres artículos recomendados:

Valiente, documentado, claro «Cabellos velados, miradas veladas» de Javier Valenzuela.

Demócratas de toda la vida. Ignacio Escolar.

«Decenas de miles de carcamales resentidos asistieron el pasado sábado a los aquelarres»…  así comienza hoy en «Ensuciar la memoria»  Javier Pérez de Albéniz, el descodificador.

Y una viñeta de Cuarto Poder.

Y una foto que hicimos en la manifestación del sábado de algunos «carcamales resentidos»:

Un barco sobre la arena

Hace un par de días soñé que viajaba en un barco pero éste no navegaba por agua, sino por arena. Un pasadizo de piedra natural –discontinuo, con aberturas que permitían ver muy cerca el mar-, guiaba sus pasos, mansamente, eso sí, sin ninguna violencia ni sensación de peligro, a pesar de la extraña singladura. Esta noche –a demasiado temprana hora- me ha despertado otra imagen onírica: estaba con varias personas en la explanada junto a un gran edificio –me recordaba las sedes de varios periódicos- y sí experimentábamos una cierta intranquilidad o de hastío –ambos quizás-. Virginia P. Alonso, directora adjunta de 20 minutos, me ha hecho reparar en las medidas de seguridad del recinto. En lugar de verja, o barra protectora, había una cadena pintada a trozos de blanco, de rojo, y de nada, sin pintura. Es decir, una chapuza. “Así ¿adónde vamos?” ha dicho ella alarmada y asqueada (lo siento Virginia, así ha sido).

Grecia vive momentos amargos, sentenciada por los mercados. En seis meses ha revisado tres veces al alza su déficit público, y, al parecer, hasta mintió a Bruselas sobre su situación real. Los inversores juegan con la deuda del país heleno. La rentabilidad del bono a 10 años se situó ayer en el 8,78%, lo que supone que los griegos deberán pagar 5,73 puntos porcentuales más de interés que los alemanes para colocar su deuda en los mercados. Grecia se va a pique.  Parecería que está en venta y que, ni aún así, la quiere nadie. Y, dicen los expertos, que arrastra a Portugal e incluso a España –a pesar de que nuestra deuda es inferior a la media europea-. En otra división juega Gran Bretaña que, ella sola, se dice que igual quiebra y nadie se inmuta. Una periodista esta mañana en la SER ha comentado que Grecia estaba «acosada por las huelgas«. no sé si entiende la diferencia entre causa y consecuencia. A los griegos, plagados de islas maravillosas, los han metido en un barco que navega por barro y protestan. Les va bastante en ello.

Mientras, Obama intenta sacar adelante su reforma financiera, basada sobre todo en la regulación estatal. Dijo anoche que cree en el libre mercado, pero que «no es una carta blanca para hacer lo que a cada uno le dé la gana, como ocurrió muy a menudo en los años que nos llevaron a la crisis. Algunos en Wall Street se olvidaron de que detrás de cada dólar con el que ellos comercian hay una familia que intenta comprar una casa, pagar una educación, abrir un negocio o ahorrar para la jubilación».

Xavier Sala i Martí, un viejo conocido por sus tesis liberales de manual, estuvo anoche con Iñaki Gabilondo. Profesor de Economía en la Universidad Norteamericana de Columbia, y no sé cuántas cosas más, seguro de sí mismo al punto de decir: “yo y otros colegas de Davos llevamos avisando de la situación una década”, hizo las delicias de mi admirado y querido periodista –un caramelo para una entrevista es Sala-. Ha publicado un libro que a Iñaki le había interesado. Describe a la perfección, dijo, todo lo que ha sucedido. Pero ¿cuál es la solución?

Resumo parte de los argumentos del economista: los gobiernos se han equivocado al ayudar a bancos y empresas y acrecentar su déficit público. Había que haberlos dejado caer. No hubiera pasado nada diferente. La misma angustia y falta de crédito se hubieran dado con los grandes monstruos pagando sus errores. El sistema no ha fracasado. Es la condición humana -«entonces ¿sólo queda rezar? apuntó Gabilondo-. No cabe otra solución que meter a los chorizos en la cárcel en cuanto se les detecte. Cuantos más chorizos -que no dejarán de aparecer- más cárcel -¿Y más negocio para los caros abogados que les libren?- Pero regulación ni media, Obama se equivoca. Y en España todos los gobiernos llevan 20 años de errores. El principal no abordar juntos los principales partidos las soluciones, como hicieron en el pasado otros países en crisis. A Suecia, citó.

La España de la crisis económica se enfrenta hoy y ahora a posiciones ideológicas radicales, sobre todo por cómo afloran las engarzadas en el pasado más negro de nuestra Historia. Nunca se fueron, según se ve. Ríos revueltos en donde pescar que podrían acabar, como en Grecia, en la desesperación de los ciudadanos.

Yo borraría del mapa todas las fronteras, todas las barreras, pero –muerta de sueño- me inquieta esa endeble cadenita tan chapuceramente elaborada. Prefiero mi barco. Patina, baila de puntillas por la arena, y quiero creer que el mar es su horizonte. Preferiría que sus bodegas fueran cargadas de cultura, que corriera por su cubierta la libertad, el sano juicio y la búsqueda del bien común. Y que no le hundiera y le anclara la pesada losa económica. “Detrás de cada euro con el que ellos comercian hay una familia que intenta comprar una casa, pagar una educación, abrir un negocio o ahorrar para la jubilación”.

 

¡Feliz día del libro! ¡Feliz día del Aragón real!

¿Quién ha abierto la caja de los truenos?

Nos vemos obligados a escuchar que en España se ha desatado “el frentismo”, “la revisión de la Transición”, “el guerracivilismo”, y el argumento de la extrema derecha y la derecha más extrema, es que esta argucia es obra del PSOE «y sus grupos de presión» para distraer a la sociedad de la situación económica. «Garzón es una anécdota», aseguran. Y en ese terrible juego de los falsos debates donde no se busca la verdad, nos quedamos con el “éste opina”, “el otro opina” y sírvase Vd. de quien más le guste.

Medio mundo está escandalizado porque organizaciones ultraderechistas -una de ellas directamente vinculada al franquismo-, vayan a lograr llevar a juicio e inhabilitar en sus funciones a un magistrado, Baltasar Garzón, por osar meter la nariz en ese tema tabú en nuestra patria que fue el golpe de Estado y los 40 años de dictadura. Ignoran -los extranjeros- que en realidad las “Hedge Funds” internacionales y todos los promotores de la construcción y miembros de corporaciones corruptas que inflaron la burbuja inmobiliaria, todas los políticas liberales que nos han sumido en esta crisis -y lo harán en las que vengan- están afiliadas al PSOE. Desconocen también que fue la Ministra de Economía, Elena Salgado, quien presentó las querellas contra Garzón, y no Falange o Manos Limpias, o un intachable ciudadano apellidado Correa.

Ignacio Escolar publica en su blog el auto por el que Luciano Varela amonesta a Falange por no haber hecho bien los papeles. No se acusa así hombre, hágalo Vd bien, con las correctas normas procesales, o no vamos a poder seguir con el asunto, la correción formal ante todo. Vamos, que si -como en el chiste- añaden una «hache» a esta frase «ijo de puta» ya sirve. Alentados por la comprensión recibida, los demandantes no se han molestado ni en cubrir las formas.

 Varela dice a Falange que hace demasiadas valoraciones que dificultan entender la descripción de los hechos. Que incluyen constantes referencias personales del acusado que son ajenas al hecho del que se trata. O que su escrito podría entenderse más como una exposición para el debate ideológico que no es lo que dilucida el proceso. Y alude a que no quiere hacer del proceso un escenario para actos propagandísticos.

Y es que, entre otras cosas, Falange llama a Garzón «redentor del bando vencido«. Pero no, ha sido el PSOE quien ha desatado el «guerracivilismo».

¿Esto esto no invalida por si sólo el proceso? ¿No muestra la intencionalidad de sus promotores? ¿Va a ser el Supremo cómplice de esta jugada? Porque ya sabemos cómo acaban «los debates ideológicos» de Falange.

En Alemania está prohibida toda apología del nazismo y el uso de sus símbolos. Y sin cesar estudian como ilegalizar a los partidos neonazis que se han colado en el comprensivo sistema. En España el PP no ha condenado siquiera el franquismo, y Mayor Oreja evitó que lo hiciera el grupo Popular del Parlamento europeo, aunque el resto de la Cámara sí reprobó (de forma devaluada por la ausencia de la derecha) el régimen padecido en España.

Pero disponemos de una Ley estupenda que tenemos por ahí arrinconada: la llamada Ley de partidos.

En su artículo 9, prohíbe «complementar y apoyar políticamente la acción de organizaciones terroristas para la consecución de sus fines de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública, tratando de someter a un clima de terror a los poderes públicos, a determinadas personas o grupos de la sociedad o a la población en general».

 Solo es por ayudar, porque si no fue el más desatado terrorismo y subversión del orden constitucional dar un golpe de Estado y mantener a una sociedad 40 años bajo dictadura, no sé qué más se le puede pedir. Por no hablar de cómo todo esto ha alterado la paz pública o la de varias personas, en particular Baltasar Garzón. Ah, vaya, que no, que no ha sido Varela, que no ha sido el Supremo, que ha sido el PSOE quien ha abierto la caja de los truenos.

Periodismo, objetividad y compromiso

Pascual Serrano, periodista y escritor, escribe hoy un artículo imprescindible para periodistas, y para la sociedad receptora:

«Los teóricos neoliberales centran su análisis sobre la información en la necesidad de elementos como la imparcialidad, la objetividad, la independencia, la neutralidad… El ejemplo más claro de que, en términos absolutos, no existe la neutralidad informativa se evidencia desde el momento en que se elige lo que es noticia1. Cuando un periódico selecciona como noticia principal de portada la concesión de un oscar en Hollywood o un informe de Amnistía Internacional, está tomando una posición editorial determinada. Ya dijo Ryszard Zapuściński que no puede ser corresponsal quien “cree en la objetividad de la información, cuando el único informe posible siempre resulta personal y provisional”.

Algo similar podríamos decir del concepto de equilibrio informativo. El veterano periodista experto en Oriente Medio Robert Fisk criticó ese falso discurso del equilibrio y afirmó que “los periodistas deberíamos estar del lado de quienes sufren. Si habláramos del comercio de esclavos en el siglo XVIII, no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío de esclavos en nuestros reportes. Si cubriéramos la liberación de un campo de concentración nazi, no le daríamos igualdad de tiempo al vocero de las SS”3. José Ignacio López Vigil ha dedicado toda su vida al periodismo comunitario en América Latina, al lado de la gente pobre y sencilla. Él también reivindica el compromiso frente a las injusticias:

Frente a un panorama tan cruel, ninguna persona sensible, con entrañas, puede permanecer indiferente. Es hora de poner todos nuestros esfuerzos personales, toda nuestra creatividad, para mejorar esta situación. No caben mirones cuando está en juego la vida de la mayoría de nuestros congéneres, incluida la del único planeta donde podemos vivirla.

López Vigil va todavía más lejos:

Ni el arte por el arte, ni la información por la información. Buscamos informar para inconformar, para sacudir las comodidades de aquéllos a quienes les sobra y para remover la pasividad de aquéllos a quienes les falta. Las noticias, bien trabajadas, aún sin opinión explícita, sensibilizan sobre estos graves problemas y mueven voluntades para resolverlos.

No faltan periodistas jóvenes de última generación que también reniegan del mito de la equidistancia, como Olga Rodríguez, curtida en los conflictos de Oriente Medio: “huyo de la equidistancia porque creo que es una trampa: no se puede tratar igual al que bombardea que al que es bombardeado, al invasor que al invadido, al opresor que al oprimido… Vivimos en un mundo plagado de desigualdades, injusticias y desequilibrios y creo que una de las misiones de los periodistas es buscar que la balanza se equilibre”6. Decía el poeta español Gabriel Celaya, “maldigo al poeta que no toma partido”, y hoy el recién fallecido ensayista estadounidense Howard Zinn afirma que “no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que se dirige a un despeñadero”.
(…)
«El discurso de la neutralidad se utiliza inteligentemente desde los medios de comunicación neoliberales. Basta con observar los nombres con los que gustan denominarse en sus cabeceras: El Imparcial, Informaciones, ABC, La Nación, El Mundo, El País, La Razón. Todos son asépticos y neutrales, como desean que creamos que son sus contenidos. Su celo por aparentar ausencia de ideología les lleva incluso a prohibir a sus periodistas que tengan ideas hasta fuera de la redacción, en su vida privada.

La ciudadanía se indigna ante cualquier intento de dirigismo político e ideológico. Sabedores de eso, la estrategia actual de los medios es disimular a toda costa la intencionalidad para que pase inadvertida a las audiencias y pueda ser efectiva. El objetivo es proporcionar (u ocultar) al lector, oyente o espectador determinados elementos de contexto, antecedentes, silenciamientos o métodos discursivos (en el caso de los medios audiovisuales las posibilidades son infinitas) para que llegue a una conclusión y posición ideológica determinadas, pero con la percepción que es el resultado de su capacidad deductiva y no del dirigismo del medio de comunicación. De ahí la importancia de denunciar las falsas objetividades y neutralidades para dignificar un periodismo de principios y valores.

Los grandes medios comerciales hablan de neutralidad periodística mientras tienen periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales de las manos de transnacionales. Alardean de objetividad, pero sus páginas y espacios informativos se reservan al oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas que identifican de esta forma como modelos a admirar. No es verdad que los medios de comunicación comerciales sean soportes neutrales de información. Ellos militan y hacen apología de un modelo económico concreto en el que se desenvuelven y del que obtienen beneficios, bien para su propia empresa o para la casa matriz accionista. Frente a ello, no se trata de que desde el compromiso del periodista el periodismo se convierta en panfleto, la ciudadanía rechaza los intentos de un periodismo militante que no aporta rigor ni información contrastada y sólo incluye ideología. Lo que reivindicamos es la recuperación de la dignidad y el servicio a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. No se debe confundir periodismo comprometido con servir incondicionalmente a un partido político o a un gobierno con el que se simpatiza. El compromiso es con unos principios y unos valores no con unas siglas o un determinado órgano de poder. Y, sobre todo, dar la voz a quienes tantas veces tiene vetado el acceso a los medios de comunicación«.

El artículo completo aquí. Lo recomiendo encarecidamente.

Cenizas

Primero se les hunde económicamente el país. Con ayuda de una política ultraliberal, por supuesto. Su dinero no vale nada fuera de Islandia. Y luego el Eyjafjallajokull entra tímidamente en erupción –los expertos aseguran que el registro es mínimo- e inunda de cenizas Europa. Llevaba 200 años tranquilo pero los volcanes son muy suyos y erupcionan cuando les place. Y buenos están los ánimos en su tierra como para no verse afectado. Te irritas tú, y el vecino, y otra señora que pasa por la calle, y toda la ciudad, y la otra, y la otra –no muchas más que son 300.000 habitantes- haces bilis y lava, y la tierra termina por mostrarse solidaria.

He buscado como se pronuncia el hoy famoso volcán. En la BBC inglesa y en otras televisiones se atreven con el nombre. Aquí no. En mis comienzos como presentadora, en Bilbao, me enseñaron un truco estupendo (entonces esas cosas se cuidaban): separar las sílabas y leer cada una sin pararse hasta terminar la palabra. Veamos: Eyjaf-jalla-jokull. Es fácil ¿no? Evidentemente, el islandés tendrá sus reglas fonéticas, y probablemente –por la zona- sus jotas serán íes, pero está permitido españolizar los nombres. O preguntar en la embajada de Islandia por las jotas, por ejemplo.

El caso es que el volcán islandés ha paralizado el tráfico aéreo de Europa y no sabemos por cuánto tiempo. Las noticias volitivas fijan plazos cortos, por aquello de que se pierden 1.500 millones de euros diarios. Pero algunos especialistas hablan de 3 ó 4 semanas. Y siempre que no se contagie el volcán realmente grande de Islandia, el Kratla , y, no es por asustar, pero el país dispone de 12 volcanes más. En una extensión de poco más de 100.000 Km2. Poco mayor que Andalucía.

KLM y Lufthansa han realizado vuelos de prueba, sin pasajeros, y han concluido que no han vuelto dañados, y se apresuran a reestablecer hoy mismo, parcialmente, sus operaciones. La ceniza puede bloquear los motores e incluso reavivarse en fuego –por algo se prohibió volar en esas condiciones-, pero, de haber un problema, serían daños colaterales.

No podemos seguir así. Perdiendo un dineral. Con Ángela Merkel o Cavaco Silva como almas en pena por esas carreteras, durante casi dos días. Dejando solito, sin representación de campanillas, al presidente polaco en su entierro, o a la reina de Dinamarca en su cumpleaños. Anuladas reuniones de alto nivel, con familias en la playa que no pueden regresar a casa. Una tragedia.

Ayer en twitter con @PaulaMoro_y @Hermanagilda estuvimos divagando sobre el paisaje que se abría si las cenizas duran mucho. ¡Habrá que volver a las diligencias!, o al menos a viajar en coche y en barco, siempre con calma. Con videoconferencias en los dispositivos tecnológicos, que ya es un avance. Para el que lo quiera. Los trenes –tan agradables-se saturarán, y son muy caros ¿por qué? Lo mejor es la diligencia.

Ahora bien, Lost (Perdidos), la serie que atrapa a media humanidad, acaba esta temporada, tras haberse perdido sus guionistas durante 4 al menos de las 6 que ha durado. Y la clave del desenlace está en un humo negro que quiere escapar de una isla para destruir el mundo. O lo del Eyjafjallajokull es un ardid publicitario de Hollywood –que el beneficio es el beneficio-, o en efecto llega el fin de una era que atempera la prisa, y modera otros humos (de soberbia y de codicia). Volver al carro y la digilencia, siquiera sea para evolucionar un poco mejor de lo que lo hemos hecho.

Actualización 19,00:

Ya van contando cómo se pronuncia bien:

«EYAFYADLA» y añadirle el «YOKUL» si se quiere decir ‘glaciar’ en islandés. «La ‘y’ española es similar a nuestra ‘j’. Y la ‘ll’ se pronuncia ‘dl’ o ‘tl’  (como nos decía islandesa en un comentario).

La brecha mental

La mesa en la que participé. Con Bárbara Juste, Vanessa Jiménez, Silvia Cobo y Álvaro Ortiz

“Los medios tradicionales sólo hablan su idioma. Nosotros, además del suyo, el nuestro, y el de los programadores”. Más o menos, es lo que dijo Ícaro Moyano (tuenti) –una máquina de fabricar frases lapidarias- en las Séptimas jornadas de Blogs y Medios de Granada. Creo que añadió alguna lengua más incluso en su bagaje y la queja de que los poderosos exigen la interlocución en su propio idioma, como es lógico (diles a los estadounidenses que dialoguen en galego, por poner un caso). En este punto, no podía estar más acertado.

Tengo la impresión de que la peor brecha digital, es la mental, la social. Hay dos mundos separados por un profundo abismo. Lo peor es que yo me siento agarrada a las matas de cada borde –la izquierda en un lado, la derecha en el otro-, en precario equilibrio, en aire de nadie. A ambos lados me ven –si me ven- exótica, como poco. Por eso quisiera hacer un esfuerzo de traducción, a ver si sumo a más personas al tránsito y logramos establecer un puente de libre y cómoda circulación.

Durante dos días, brillantes profesionales del periodismo digital (en algún caso, responsables de webs de medios tradicionales) han hablado en Granada de la situación actual de la comunicación (digital y no), de sus problemas, hallazgos y perspectivas. Están preocupados. Y, más aún, los periodistas jóvenes que ven muy incierto su futuro. Allí acuden, además, los que no aspiran a ser “reporteros” del corazón o programas de humor, o “de guerra”. Los que tienen los pies en el suelo y conciencia de lo que es el periodismo real.

En ambos mundos paralelos existe vértigo cuando de reojo miran al otro. Pero el futuro está en el digital. Y es imparable. Colegas coetáneos hacen gala de ignorar lo que se cuece en Internet y consideran que las redes sociales “son para veinteañeros”. Están equivocados. El lobo no deja de acechar debajo de la cama porque cerremos los ojos. Y una buena parte de la sociedad se está aislando en un reducto anacoreta que no tiene grandes posibilidades de pervivir. Los digitales puros, por otro lado, corren peligro de encapsularse y hacerse impermeables y endogámicos.

Hoy por hoy, sin embargo, la mayoría de la población aún se informa por los medios tradicionales, sobre todo, la televisión. Y nos encontramos con una frivolización absoluta de los contenidos, sujetos a la dictadura de la audiencia (del dinero, del beneficio) que incluso dicta las escaletas de telediarios en las privadas, y con la conversión de las públicas en oficinas de prensa de los partidos. Una chica contó en un coloquio sus fallidos intentos de elaborar un reportaje, porque “la agenda” política llena su informativo a diario.

A Pepe Cervera (periodista multi-medios, hoy en RTVE) le gusta decir que hay que saber decir no a los redactores jefes, excesiva y peligrosa heroicidad en un país de empleo precario. Y también que todos los medios han de saber “que quieren ser de mayores” para establecer el programa que les lleve a su objetivo. Todos ellos se debaten entre si habrá que pagar por la calidad, o si los medios tradicionales “sabrán producir nuevos productos rentables”, como dice el propio Cervera. Un mundo que los “establecidos” (en un presente que se convierte en pasado por segundos) ignoran vive ya vigoroso y fuera de su alcance. Juanpi Seijo, editor de 1001 medios, llamó la atención sobre los anuncios que empiezan a ofrecer televisores con wifi. Es decir, los vídeos de youtube –todo, ciencia, cultura, actualidad, historia- en gran pantalla, a un clic del mando a distancia. El futuro va a ser muy competitivo, muy parcelado también, lo que probablemente restará influencia social a la información en concreto.

¿Serán necesarios los periodistas? Ya se trabaja con robots que vuelcan contenidon en las webs. Pero anuncian que en ese futuro serán los programadores, los buscadores –tipo google-, quienes contratarán a periodistas sustituyendo el criterio informativo por la rentabilidad económica, sin eufemismo alguno como ahora.

Soy de quienes piensan que, aún en ese mundo que a muchos les parecerá de ciencia ficción pero no lo es, lo que importa es la comunicación, y dentro de ella el periodismo. Que quitamos matas podridas del estanque o nos entretenemos en desperdigar hermosos nenúfares (tecnológicos por supuesto), sin olisquear siquiera la marea que se cuece en el fondo y que tanto nos influye vitalmente. No conozco ningún foro de periodistas –y estoy en muchos- donde se discuta de las noticias, de lo que mueve el mundo. Mentarlo produce hasta rechazo.

Y, sin embargo, las jornadas de Granada me han descubierto un paisaje esperanzador. Además de los teóricos, ofrecen la novedad –en España, se hace en otros países- de las flash talks y las flash movies. Traduzco: trabajos de jóvenes creadores o periodistas que lo exponen a la audiencia. De entre ellos, me llamó poderosamente la atención Braulio García Jaén, un periodista que tras pasar (en prácticas) por el grupo PRISA, se dedicó a un profundo reportaje de investigación (eso que ya no se hace) que ha logrado el premio crónicas Seix Barral de la fundación nuevo periodismo iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. Ellos fueron quienes costearon el proyecto, ése era el galardón. A lo largo de 3 años colgó en su blog las pesquisas sobre un caso de error judicial producido para acallar  una ola de violaciones. El libro se titula “Justicia poética”. Y en este país donde no se educa –a diferencia de otros- en la exposición en público de las ideas, tanto Braulio como los demás, lo hicieron con gran brillantez. No todos tienen trabajo ahora. Son quienes deberían tenerlo. Sólo la imaginación salvará al periodismo encorsetado, pero hace falta un mínimo de financiación para darle salida (mínimo, los costes son más baratos). En el mundo digital muchos lo hacen contra viento y marea.

Unas jornadas de profundo interés, innovadoras, cálidas y entrañables a la vez, por la labor de Javier Barrera (@juan larzabal), Cristina (mujer viva y encantadora), JJMerelo o Paco Torres, y Victoria Cabrera que logra, con entusiasmo, su financiación.

Javier Barrera, Rosa Jiménez Cano, yo, y otros, tomando un café

Acabo este largo post (es fin de semana, imagino que tendréis más tiempo) con un vídeo que me enviaron ayer precisamente y que no tiene nada que ver con las jornadas. Es ingenioso, pero muestra el desprecio que un importante sector de la sociedad siente por las tecnologías digitales. ¿El mismo que suscitó en su día lo que hoy, por consolidado, alaban? Lo que importa es el CONTENIDO, y todos deberíamos reflexionar sobre ello. Con una sonrisa, por supuesto.

Goldman Sachs ¿Inicio de control o nueva crisis mundial?

Las autoridades de EE UU acusan a Goldman Sachs de fraude. El SEC, el regulador de su mercado de valores, considera que el banco creó y vendió, a sabiendas, derivados de las hipotecas ‘subprime’, detonantes de la crisis en la que actualmente aún nos encontramos. Bajan las acciones del Banco, y las sensibles Bolsas se han teñido de rojo.

   El secreto a voces ha llegado a oídos de las autoridades norteamericanas -oh, milagro-, pero lo realmente novedoso es que se han decidido a actuar. ¿Es el comienzo de la cordura que ponga fin a tantos desmanes? ¿O estamos ante una nueva crisis precisamente por la reacción de los implicados?

Haced apuestas. (Estoy de regreso a Madrid desde Granada)

Mas información:

http://www.expansion.com/2010/04/16/inversion/1271430214.html

http://www.nytimes.com/2010/04/17/business/17goldman.html?ref=global-home

José Luis Sampedro merece un gran premio literario

 

Un grupo de Facebook que –en este momento- reúne ya a 700 personas, quiere -queremos- lograr que a José Luis Sampedro le sea reconocida de alguna manera su labor literaria, en sí misma y como símbolo de lo mucho que ha hecho en otros terrenos. Lo argumento:

José Luis Sampedro acaba de cumplir 93 años. Catedrático de Estructura económica y escritor –brillante, erudito y popular-, aúna el conocimiento de la que se ha convertido en la ciencia de nuestro tiempo -que interpreta en un sentido humanista y no monetarista a diferencia de la mayoría-, y la creación literaria.»El río que nos lleva»,»Octubre, Octubre»,”La sonrisa etrusca”, “La vieja sirena”, “Real Sitio”, “Sobre política, mercado y convivencia” , «Escribir es vivir» (con su mujer, Olga Lucas)», o «El mercado y la globalización», avalan sobradamente su obra. Su coherencia y lucidez, tanto o más. Pues bien, a pesar de que al referirse a él se emplea el tópico de “el multipremiado escritor”, no ha obtenido ni uno sólo de los grandes premios literarios que se otorgan en nuestro país. Quizás es demasiado crítico. Quizás su sencillez, su humildad, no son monedas de cambio en el juego.

Cada uno puede tener una valoración distinta de la importancia de los premios, pero no dejan de ser un reconocimiento que otros sí reciben. Por tanto, si te parece que José Luis Sampedro merece el Príncipe de Asturias, el Cervantes, o el Nacional de Literatura –los dos segundos potestad del gobierno-, únete a la iniciativa y difúndela entre tus amigos. Deseamos tenerle mucho tiempo entre otros, pero, como digo, ha cumplido ya 93 años. Acredita sobrados méritos, y debemos intentarlo por justicia, por nosotros.

“Todo él es un premio para mí después de haberlo conocido», dice Valle Alcober. “Qué podemos decir de JL Sampedro quienes enseñamos en el «IES José Luis Sampedro» de Tres cantos sino que es un ejemplo: de vida y como escritor”, Juan Luis Requejo. “Quiero aprender a ser un entusiasta de la vida como él”, Nieve de Medina.

Carlos Dominguez Buron: «José Luis Sampedro es mi maestro. Me enseñó los fundamentos de la Economía, junto con Samuelson, pero me enseñó algo más importante, una Etica laica, un espíritu crítico y el ejercicio de la libertad de pensamiento. Nunca le agradeceré bastante su aporte a mi formación».

Pilar Bardem:  «Yo,simplemente le amo. por su sabiduría ejercida con humildad, por su coherencia ejercida sin radicalismos, por su sentido del humor y del amor ,por sus enseñanzas cuando escribe y cuando habla. y por tantas cosas que me ha dado con su ejemplo y cariño».

Sí, con total naturalidad, por la página pasan a empujar la idea, personas conocidas y anónimas. He visto, por ejemplo, a las escritoras Espido Freire o Rosa Regás. La editora Silvia Querini, la actriz Concha Goyanes, numerosos periodistas, Javier Couso –a cuyo hermano tenemos en el recuerdo-, catedráticos como Fermín Bouza, una política tan honesta como Inés Sabanés, el magistrado Martín Pallín. Unos escriben, otros no. Todos igual de importantes, todos a una, simplemente.

Me han escrito apoyando la idea, entre otros, Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense, el teólogo Juan José Tamayo, el director de «Le Monde Diplomatic», Ignacio Ramonet, el escritor Ramón Chao, o la periodista Pilar del Río.

El Ayuntamiento de Aranjuez se adhiere también. En 2004, presentó candidatura para que le otorgaran el Príncipe de Asturias, apoyada por numerosas asociaciones –sin éxito para su empeño-. Del expediente recojo esta argumentación:

La figura y la obra de Don José Luis Sampedro, impregnadas ambas de constantes universales, destacan por su actualidad y, al mismo tiempo, su permanencia en el tiempo. Su preocupación constante por la búsqueda de la dualidad objetiva, convierten su obra en un referente para todas las generaciones y, al mismo tiempo, configuran un mensaje internacional que llega a todos los pueblos del mundo. Humanidad, sinceridad, tolerancia, solidaridad, libertad, son algunas de las características que empapan su producción literaria, emanadas de su personalidad abierta y cosmopolita , como símbolo de hombre polifacético e intelectual comprometido con su tiempo y preocupado por la sociedad que le rodea y el entorno en el que vive, aportando una visión optimista dentro de la cruda realidad, sin disimular su fe en la resolución de los problemas de la humanidad.

Pues eso, si quieres sumarte, en Facebook o como te parezca. Se trata de que cada uno lo difunda entre sus conocidos, tejer una red. Lo haremos llegar a quien tenga capacidad de conseguir que nuestra idea salga adelante.

Los españoles que amaban las tramas negras

  El País me publica hoy una tribuna de opinión. Empieza así:

No, España no es Suecia. El curtido periodista Mikael Blomkvist andaría en la tesitura de eludir un ERE y a sus revelaciones se le opondrían declaraciones disolventes. Y Lisbeth Salander trabajaría de becaria, reparando ordenadores en un servicio técnico y, a lo sumo, escribiría un blog encriptado.

La trilogía Millenium, de Stieg Larsson, ha vendido en España casi tres millones de ejemplares, y, a su calor, se ha revitalizado la novela negra. Corrupciones, crímenes, abusos de poder, espionaje, todos los resortes de la sinrazón y la maldad humana, héroes justicieros agobiados de impedimentos, atrapan a un lector que vibra con sus avatares. Pues bien, lo que está sucediendo en España -desde Gürtel a Mallorca, pasando por Madrid, Valencia y los sótanos de la justicia- constituiría un éxito de ventas arrasador si fuera llevado a la ficción literaria.

La tentación de emular a Larsson asalta a cualquier escritor. No en vano, la novela negra sueca nació -ya en los años sesenta- para ejercer una crítica moral, no sólo para entretener. Obedecía -y obedece- al desacuerdo con los recortes al Estado del bienestar nórdico, ese que, ni en su perfil más empobrecido, ha llegado a conocer España. Los nórdicos poseen un poderoso espíritu ciudadano que acostumbra a denunciar las imperfecciones del sistema para corregirlas. No, España no es Suecia.

Todo argumento precisa un marco donde desarrollarse. Imaginemos, pues, un país que padeció un golpe de Estado y una feroz Guerra Civil, seguidos de 40 años de dictadura castradora. Luego, vivió una transición a la democracia como manto reparador y manta ocultadora, y una tardía explosión económica enraizada en la caspa y el fango.

La acción nos sitúa ante un enriquecimiento súbito del país en las cifras macroeconómicas y en unos cuantos bolsillos particulares. Lo posibilita una ley del suelo ultraliberalizadora, que puebla la tierra de ladrillos, arranca árboles y siembra césped artificial en lucrativos campos de golf sedientos de agua de riego y boca. Y se deslizan comisiones bajo mano a esas corporaciones públicas que recalifican suelos y autorizan obras. Amparadas en una deficiente ley de financiación de partidos y entidades locales y, especialmente, en la alabada picaresca española que todo lo perdona.

Añadamos una organización administrativa anclada casi en el siglo XIX, plagada de errores y despilfarro, y un clientelismo político de bolsa llena y manga ancha que otorga favores para cualquier posible acto ejecutivo a realizar.

Y pasemos al argumento. A un par de atildados y burdos personajes de la más tópica escenografía española -pelo engominado el uno, bigote ascendente el otro-, que, a punta de pistola o con agasajos desmedidos, corrompen -presuntamente- a unos políticos ataviados con la patente de corso de la soberbia. Automóviles de más de 30.000 euros, relojes de 2.400, maletas de Loewe, bolsos de Louis Vuitton, trajes de Milano, viajes, hoteles de lujo, juguetes para los niños, las secretarias… Y sobres, muchos sobres, morados. Y la firma del contrato al amigo generoso. Y valijas que vuelan a paraísos fiscales con más millones de los que se invierten en algunos servicios básicos. El duro trabajo que mucha gente ha entregado a los impuestos acaba en bolsillos privados.

No os perdáis como sigue y acaba el argumento en el artículo completo 🙂

Ante la corrupción en el PP

El director de El País, Javier Moreno, publica hoy un contundente análisis sobre el PP en Cuarta Página -el más destacado espacio editorial-. A modo de resumen, dice:

«La trama Gürtel muestra en toda su crudeza que el proyecto político de los actuales líderes de la derecha, de no mediar rectificación, embrutece la vida política española y la arrastra lejos de los niveles europeos».

Véamos algunos  párrafos de un artículo que no tiene desperdicio:

«Todo ello comenzó mientras el señor Aznar, a la sazón presidente del Gobierno, casaba a su hija en El Escorial -sarao al que asistieron como invitados distinguidos algunos de estos vividores- y dirigía los destinos de España con tal concentración que descuidó lo que la corte de los milagros organizaba a sus espaldas, según pudieron descubrir atónitos los espectadores que el jueves pasado siguieran la entrevista en CNN+ de Iñaki Gabilondo con la señora Cospedal, hoy secretaria general de ese mismo partido. Sobre que el saqueo se prolongara unos años más en los feudos del PP de Madrid y Valencia quedamos de momento huérfanos de explicación. Nadie en el partido supo nada, ni es responsable de nada, ni asume naturalmente responsabilidad política alguna por nada.

(…)

Los ciudadanos consideran de forma mayoritaria -incluido un notable porcentaje de votantes del Partido Popular-, como publica hoy EL PAÍS, que Francisco Camps y Esperanza Aguirre son también responsables de las tropelías de la trama Gürtel en sus respectivos territorios, y que el líder del partido, Mariano Rajoy, siempre ha sabido más de las andanzas de los corruptos de lo que ha venido en reconocer, a tenor de sus vacilaciones con el ex tesorero del partido, y a día de hoy todavía miembro del Grupo Popular en el Senado, Luis Bárcenas.

Son tantas y tan obscenas las colecciones de relojes de lujo, los bolsos, los trajes, algún yate, los inconfesables negocios inmobiliarios, los millones cobrados en comisiones diversas y las vergonzosas conversaciones grabadas entre los sospechosos que convierten en irrisorios, me parece a mí, los intentos del PP y de sus terminales mediáticas de encapsular al partido de tanto desafuero, y sobre ello no vale la pena seguir discutiendo. Más me interesa, por el contrario, una reflexión en profundidad sobre la venalidad en la democracia española que vaya más allá de la constatación más o menos impotente del lamentable estado en que se encuentra la política en este país. Hay que defender la democracia, sostiene Norberto Bobbio, aun cuando ésta sea ineficiente o corrupta. Y hay que hacerlo también, me atrevería a añadir yo, aun cuando la insensatez y la escasa cultura democrática de gran parte de la clase política, especialmente de una derecha que no logra incorporarse del todo a la gran tradición conservadora del resto de Europa, augure un triste futuro a la tarea.

(…)

No resulta necesaria harta sagacidad para concluir que España no sólo no ha logrado en estas tres décadas situarse al nivel de los países con mejores prácticas, ni por lo que respecta a los partidos ni a los tribunales, sino que ahora se corre serio riesgo de descender aún más peldaños en esta particular escalera al infierno si, como todos los sondeos parecen apuntar, la derecha gana las próximas elecciones sin haber purgado previamente su papel central en el escándalo de Gürtel y otros (Matas, Fabra), y asumido las consecuencias que de ello se derivan.

(…)

Por lo demás, y en lo que respecta a la corrupción, no creo que a estas alturas quepa duda alguna de que un eventual triunfo de la derecha traerá como correlato automático el discurso que ya hemos oído en su versión más arrabalera e iletrada en los mítines de Camps, Fabra o la siempre desaforada Rita Barberá. Los votos cosechados, han dicho todos ellos de una forma u otra, expían los abusos cometidos, y el pueblo, el mejor tribunal en última instancia, les absuelve así de los cargos que de forma atrabiliaria les atribuyeron jueces prevaricadores, fiscales partidistas y una policía manejada a su antojo por un Gobierno socialista constituido en régimen y decidido a liquidar la oposición. Para lograr sus objetivos, los socialistas no paran en mientes, según han afirmado tanto la señora Cospedal como el señor Cascos, vicepresidente con Aznar, respaldados de forma oficial por el partido este mismo viernes. Y así los españoles han tenido que escuchar de dirigentes cuyas declaraciones no toleraría ningún partido democrático en Europa cómo los policías trucan las pruebas del sumario o el Ministerio del Interior monta un sistema de escuchas ilegales contra la oposición política.

El que resulte estrambótica no convierte esta hez en menos peligrosa, y convendría no menospreciar su capacidad de desestabilización. La campaña que orquestaron los dirigentes populares contra Baltasar Garzón desde el mismo fin de semana que el juez encarceló al cabecilla de la trama tiene mucho que ver con el irrespirable clima que se ha creado en los tribunales españoles, sectarios y cargados de ideología, en los que el magistrado puede ver liquidada su carrera ante el asombro del resto del mundo».

Aquí todo el artículo.

  Resulta reconfortante ver defendida en un decisivo periódico la impresión que casi cada día tratamos de hacer llegar -desde posiciones modestas- a la ciudadanía, para que -con la información (argumentada y analizada)- disponga de medios para ser más responsable y más libre, para que -informados- todos lo seamos.

Actualización

Más. Una columna de Antonio Orejudo en Público: La culpa de la corrupción la tienes tú.

Tú coges a un militante del PP de Valencia y le robas la cartera con el dinero que acaba de sacar del cajero automático, y el tío te persigue hasta que te pilla. Lógico. A la gente no le gusta que le roben. Lo que me parece raro es lo contrario, que pilles a un caco desvalijándote la casa y que en vez retorcerle el brazo, pienses que hay una conspiración contra el que te está levantando el televisor de plasma, y que el verdadero culpable eres tú. Eso es más o menos lo que pasa con la corrupción política: nos roban y nos quedamos tan campantes. Nos quedamos tan campantes los que somos normales. Los anormales van un paso más allá y defienden al ladrón de su dinero…. (continúa leyendo).

Y un maestro: Forges.