La brecha mental

La mesa en la que participé. Con Bárbara Juste, Vanessa Jiménez, Silvia Cobo y Álvaro Ortiz

“Los medios tradicionales sólo hablan su idioma. Nosotros, además del suyo, el nuestro, y el de los programadores”. Más o menos, es lo que dijo Ícaro Moyano (tuenti) –una máquina de fabricar frases lapidarias- en las Séptimas jornadas de Blogs y Medios de Granada. Creo que añadió alguna lengua más incluso en su bagaje y la queja de que los poderosos exigen la interlocución en su propio idioma, como es lógico (diles a los estadounidenses que dialoguen en galego, por poner un caso). En este punto, no podía estar más acertado.

Tengo la impresión de que la peor brecha digital, es la mental, la social. Hay dos mundos separados por un profundo abismo. Lo peor es que yo me siento agarrada a las matas de cada borde –la izquierda en un lado, la derecha en el otro-, en precario equilibrio, en aire de nadie. A ambos lados me ven –si me ven- exótica, como poco. Por eso quisiera hacer un esfuerzo de traducción, a ver si sumo a más personas al tránsito y logramos establecer un puente de libre y cómoda circulación.

Durante dos días, brillantes profesionales del periodismo digital (en algún caso, responsables de webs de medios tradicionales) han hablado en Granada de la situación actual de la comunicación (digital y no), de sus problemas, hallazgos y perspectivas. Están preocupados. Y, más aún, los periodistas jóvenes que ven muy incierto su futuro. Allí acuden, además, los que no aspiran a ser “reporteros” del corazón o programas de humor, o “de guerra”. Los que tienen los pies en el suelo y conciencia de lo que es el periodismo real.

En ambos mundos paralelos existe vértigo cuando de reojo miran al otro. Pero el futuro está en el digital. Y es imparable. Colegas coetáneos hacen gala de ignorar lo que se cuece en Internet y consideran que las redes sociales “son para veinteañeros”. Están equivocados. El lobo no deja de acechar debajo de la cama porque cerremos los ojos. Y una buena parte de la sociedad se está aislando en un reducto anacoreta que no tiene grandes posibilidades de pervivir. Los digitales puros, por otro lado, corren peligro de encapsularse y hacerse impermeables y endogámicos.

Hoy por hoy, sin embargo, la mayoría de la población aún se informa por los medios tradicionales, sobre todo, la televisión. Y nos encontramos con una frivolización absoluta de los contenidos, sujetos a la dictadura de la audiencia (del dinero, del beneficio) que incluso dicta las escaletas de telediarios en las privadas, y con la conversión de las públicas en oficinas de prensa de los partidos. Una chica contó en un coloquio sus fallidos intentos de elaborar un reportaje, porque “la agenda” política llena su informativo a diario.

A Pepe Cervera (periodista multi-medios, hoy en RTVE) le gusta decir que hay que saber decir no a los redactores jefes, excesiva y peligrosa heroicidad en un país de empleo precario. Y también que todos los medios han de saber “que quieren ser de mayores” para establecer el programa que les lleve a su objetivo. Todos ellos se debaten entre si habrá que pagar por la calidad, o si los medios tradicionales “sabrán producir nuevos productos rentables”, como dice el propio Cervera. Un mundo que los “establecidos” (en un presente que se convierte en pasado por segundos) ignoran vive ya vigoroso y fuera de su alcance. Juanpi Seijo, editor de 1001 medios, llamó la atención sobre los anuncios que empiezan a ofrecer televisores con wifi. Es decir, los vídeos de youtube –todo, ciencia, cultura, actualidad, historia- en gran pantalla, a un clic del mando a distancia. El futuro va a ser muy competitivo, muy parcelado también, lo que probablemente restará influencia social a la información en concreto.

¿Serán necesarios los periodistas? Ya se trabaja con robots que vuelcan contenidon en las webs. Pero anuncian que en ese futuro serán los programadores, los buscadores –tipo google-, quienes contratarán a periodistas sustituyendo el criterio informativo por la rentabilidad económica, sin eufemismo alguno como ahora.

Soy de quienes piensan que, aún en ese mundo que a muchos les parecerá de ciencia ficción pero no lo es, lo que importa es la comunicación, y dentro de ella el periodismo. Que quitamos matas podridas del estanque o nos entretenemos en desperdigar hermosos nenúfares (tecnológicos por supuesto), sin olisquear siquiera la marea que se cuece en el fondo y que tanto nos influye vitalmente. No conozco ningún foro de periodistas –y estoy en muchos- donde se discuta de las noticias, de lo que mueve el mundo. Mentarlo produce hasta rechazo.

Y, sin embargo, las jornadas de Granada me han descubierto un paisaje esperanzador. Además de los teóricos, ofrecen la novedad –en España, se hace en otros países- de las flash talks y las flash movies. Traduzco: trabajos de jóvenes creadores o periodistas que lo exponen a la audiencia. De entre ellos, me llamó poderosamente la atención Braulio García Jaén, un periodista que tras pasar (en prácticas) por el grupo PRISA, se dedicó a un profundo reportaje de investigación (eso que ya no se hace) que ha logrado el premio crónicas Seix Barral de la fundación nuevo periodismo iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. Ellos fueron quienes costearon el proyecto, ése era el galardón. A lo largo de 3 años colgó en su blog las pesquisas sobre un caso de error judicial producido para acallar  una ola de violaciones. El libro se titula “Justicia poética”. Y en este país donde no se educa –a diferencia de otros- en la exposición en público de las ideas, tanto Braulio como los demás, lo hicieron con gran brillantez. No todos tienen trabajo ahora. Son quienes deberían tenerlo. Sólo la imaginación salvará al periodismo encorsetado, pero hace falta un mínimo de financiación para darle salida (mínimo, los costes son más baratos). En el mundo digital muchos lo hacen contra viento y marea.

Unas jornadas de profundo interés, innovadoras, cálidas y entrañables a la vez, por la labor de Javier Barrera (@juan larzabal), Cristina (mujer viva y encantadora), JJMerelo o Paco Torres, y Victoria Cabrera que logra, con entusiasmo, su financiación.

Javier Barrera, Rosa Jiménez Cano, yo, y otros, tomando un café

Acabo este largo post (es fin de semana, imagino que tendréis más tiempo) con un vídeo que me enviaron ayer precisamente y que no tiene nada que ver con las jornadas. Es ingenioso, pero muestra el desprecio que un importante sector de la sociedad siente por las tecnologías digitales. ¿El mismo que suscitó en su día lo que hoy, por consolidado, alaban? Lo que importa es el CONTENIDO, y todos deberíamos reflexionar sobre ello. Con una sonrisa, por supuesto.

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