Madrid: mirando al cielo

 

 En Madrid miramos al cielo a ver si llueve porque nos dice la alcaldesa Ana Botella que ésa es la causa -que no llueva- de que se acumule la contaminación.  La solución está allí: en el cielo.  Es aquella vieja tradición que llevó a Felipe II a confiar en que Dios dotaría a la Armada Invencible de un poderoso aliado: el buen tiempo en este caso, situando la ayuda del divino en la meteorología como eje de la estrategia naval. Resulta que llovió a cántaros y aquella derrota se sitúa como la mayor chapuza de la Historia de España.

Cada vez más estudios señalan al cambio climático provocado por el ser humano (que por supuesto la eminente científica Botella no comparte) como causa de la disminución de precipitaciones o de graves alteraciones en el clima con fuerte contrastes: sequías e inundaciones. Añadamos también investigaciones que relacionan la influencia de la contaminación en el descenso de las lluvias. La boina de mierda que padecemos a diario en Madrid actuaría como una tapadera que impide la llegada del agua.

 Científicamente el colmo es esperar que llueva para que se vaya la contaminación, un postulado muy extendido –la alcaldesa lo cita a menudo y es una “creencia” popular-. Y no, el agua aplasta la contaminación y luego resurge. O se traslada a ríos y lagos, a la cadena alimentaria. En todo caso, si las causas no se remedian, si las “chimeneas” siguen fluyendo puede caer sobre nosotros el océano atlántico en forma de lluvia que no se resolverá el problema. Pero siempre ha sido una dura tarea en España «desfacer» entuertos supersticiosos nacidos de la ignorancia.

 

 ¿Qué lluvias y vientos podrían borrar estas fábricas diarias de humo contaminante?

Ecologistas en Acción asegura que el 80% de la contaminación de Madrid es debida al tráfico. Y cifra en 16.000 las personas que mueren –en toda España en este caso- a causa de ese envenenamiento ambiental. Muchas más que por los accidente de tráfico, infinitamente más que por el terrorismo en toda su desgraciada trayectoria en España. Los vehículos todoterreno y los que usan gasoil son los principales causantes. Ésos que aparcan así:

Los regidores de Madrid cambian las estaciones de medición para enmascarar la auténtica dimensión del problema. Y la alcaldesa va a subir el impuesto por aparcar. Algo que los coches de sus votantes privilegiados podrán pagar y no se les incomoda con otras medidas menos «populares». Madrid, precisamente, boicoteó un impuesto a la contaminación del gobierno socialista (que tampoco se ha matado en resolver el problema por cierto). Así lo contaba El País:

“Si Vd. se compra un Porsche Cayenne (unos 50.000 euros sin IVA, importado y310 gramosde emisión de dióxido de carbono por cada kilómetro recorrido), esta comunidad autónoma le devolverá casi 1.500 euros. Si se compra un Seat Ibiza (fabricado en España y un tercio de las emisiones del anterior) la devolución será de sólo 114 euros. Así es la ayuda para estimular la venta de vehículos que el Ejecutivo de Esperanza Aguirre anunció hace unos días, que devuelven el 20% del impuesto de matriculación. Como este tributo se paga en función de la contaminación y están exentos los coches más ecológicos (generalmente los más baratos), la ayuda es mayor para los coches más caros y contaminantes”. A veces pienso si, abducidos, narcotizados, ya ni sentimos que no respiramos como debiéramos.

Están esperando a que llueva para que el agua se lleve los agentes contaminantes. Cierto que el movimiento de la atmósfera ayuda, pero el  NO2 con agua, H20, forma ácido nítrico. Esto dice de él la wikipedia:

“El compuesto químico ácido nítrico es un líquido corrosivo, tóxico, que puede ocasionar graves quemaduras. Es utilizado comúnmente como un reactivo de laboratorio, se utiliza para fabricar explosivos como la nitroglicerina y trinitrotolueno (TNT), así como fertilizantes como el nitrato de amonio. Tiene usos adicionales en metalurgia y en refinado, ya que reacciona con la mayoría de los metales y en la síntesis química. Cuando se mezcla con el ácido clorhídrico forma el agua regia, un raro reactivo capaz de disolver el oro y el platino. El ácido nítrico también es un componente de la lluvia ácida”.

Lógicamente, todavía las concentraciones no llegan a ese extremo  y se precisan otros elementos, aunque está claro que la lluvia no resuelve el problema. La solución no vendrá del cielo. Y si algo me fastidia sobre todo es que me mientan insultando mi inteligencia. Ahora bien los catarros eternos, los problemas respiratorios diarios, empiezan a hacer insoportable –para mí- vivir en esta ciudad, aunque bien mirado nos están fabricando un mundo imposible a todos los niveles. En España los remdios de los políticos conservadores pasan por mirar al cielo, a todos los niveles. Pero hasta el cielo «divino» que ellos ven está más limpo. 

 

Hacia una sociedad medieval

“No es una extravagancia propia de ricos ociosos, el hecho de que los países de mayor producción tecnológica y mayor dinamismo económico sean también los que más invierten en investigación básica. Se trata más bien de que los países son ricos porque investigan, no investigan porque ya son ricos”. Así lo esgrimían, aportando datos, Carlos Alonso Martínez y Javier López Facal en Reacciona. “En el ranking Scimago de universidades del mundo, figuran seis universidades alemanas entre las doscientas primeras, frente a una sola española”, decían también. “Alemania produce el 41% de patentes solicitadas a la Oficina de Patentes Europeas, frente al 1,2% de España”, añadían. “No nos resignamos concretamente a que España no tenga una educación tan buena como la de Finlandia, o una investigación científica tan profesional como la de Suecia”, continuaban. “Conseguir el nivel educativo y el nivel científico de Finlandia y Suecia no es imposible: es una cuestión de diseño estratégico, de consenso político y social, de reformas en la arquitectura institucional y de esfuerzo económico sostenido”. Para concluir: ”O mejoramos de manera muy significativa nuestros niveles educativo y científico, o seguiremos adorando a Zeus, Júpiter, Odín y otros dioses, tan enternecedoramente europeos, como definitivamente anacrónicos”.

Y ni siquiera son ya los románticos dioses griegos, romanos o nórdicos, tan literarios como irreales. El gobierno del PP ha decidido cortar en 600 millones de euros los presupuestos de ciencia y tecnología, mientras entrega medio millón de euros diarios a la Iglesia católica. Como dios manda, dicen, sí, el dios medieval que oprimía a la población y la sumía en la miseria y la ignorancia para mayor gloria de las clases privilegiadas. Exactamente igual que ahora.

«Pero aquí no acabamos de enterarnos de nada de esto. Aquí llega uno a la Moncloa, le dan unas tijeras y se cepilla 600 millones del presupuesto de ciencia y tecnología. Le copió la idea al que le pasó las tijeras. Aquí no se aspira al porcentaje del PIB que invierten en investigación los países más desarrollados (3%), ni siquiera al del montón de la Unión Europea (2%), sino al campante y bajante 1,4% de los colistas profesionales. Aquí el centro que investiga en energía y medio ambiente amenaza cierre por cicatería administrativa, y el CSIC en su conjunto se hunde en el pesimismo. Aquí a los científicos que hemos formado con esmero les decimos lo que Lola Flores a sus hinchas: «¡Si me queréis, irse!». Esto lo escribía en un alarido el científico Javier Sampedro en El País, quien, como es lógico, también aportaba datos:

“El gran arranque de la industria estadounidense solo se produjo en los años veinte, cuando el Gobierno federal y el recién creado National Research Council atizaron a todas sus grandes empresas –Westinghouse, Kodak, Standard Oil, Du Pont, AT&T, General Electric– para que apostaran en firme por la investigación.

Tras la Gran Guerra, las grandes empresas occidentales empezaron a dedicar esfuerzos sistemáticos a la actividad científica, y fruto de ello fue la implantación de la radio, el coche y el aeroplano en la vida cotidiana. Cada país es hoy líder allí donde financia a sus científicos y a sus ingenieros. Estados Unidos puso sus recursos en aeronáutica, satélites y ordenadores, y en ese mundo estamos. Japón los puso en videojuegos, videocámaras y coches, como cualquiera puede ver en su casa”.

Jesús Rubio Malagón. Malagonadas.

Hoy el único dios es el dinero, dirigida la sociedad por mentes conservadoras que se apoyan en el dios primigenio de cuando no había ni carreteras, ni aviones, ni teléfonos, sino masas de dinero a amasar y el más grande desequilibrio social. Por el dinero de unos pocos se corta el progreso, apoyados en el “Efecto Mateo”:

Nuevo Testamento. Mateo, capítulo 13, versículos 11-13

“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden”.

El amigo Lucas redundaba en el capítulo 19, versículo 26

“Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Hachazos también por tanto a la cultura, cuyo ministerio desaparece. En peligro el Estado del Bienestar que aporta, entre otras cosas, educación universal y gratuita. “La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, escribía en este caso Javier Pérez de Albéniz en Reacciona. Y concretaba: “Hemos aceptado sin reservas que los líderes políticos transmitan ignorancia. No nos escandalizamos ante la imagen grotesca de altos cargos que no hablan idiomas, se expresa con dificultad, leen como chavales de primaria o se insultan y faltan al respeto”.

Pero es que en el dios casi del Cuaternario, en el medieval, tampoco había televisión ni periódicos. No había presunta “objetividad” y no se apisonaban los datos reales con opiniones disuasorias. “El otro” no era llamado invariablemente a decir lo contrario y llamar a equívoco. Entonces el pueblo malvivía a favor de los protegidos divinos y como mucho se escapaba a escribir anónimamente «El Lazarillo de Tormes», para que generaciones enteras luego justificaran la corrupción y el latrocinio endémicos de la sociedad española.

El progreso lo trajo la ciencia, la cultura, el conocimiento. Todo lo que los adoradores del «dios dinero para unos pocos» -vestidos en España «como para una boda»-  quieren y están consiguiendo cercenar.

¿Peores que las ratas?

Un trabajo publicado en la revista Science ha revelado que las ratas son solidarias. Ya se sabía que algunos animales reaccionan ante el dolor de sus congéneres, los primates, por ejemplo. En el estudio de psicólogos de la Universidad de Chicago han comprobado que se las ingenian para abrir el compartimiento donde una compañera está encerrada y asustada, aunque sea a base de insistir hasta encontrar cómo funciona el mecanismo. Y que no actúan igual si es un peluche el enclaustrado porque saben discernir con su diminuto -aunque intacto- cerebro. Ni siquiera se molestan en abrir el recipiente si en su interior se guarda comida aunque podría satisfacer sus instintos egoístas. Cuando realmente se esfuerzan en cuando ven sufrir a otra rata.

Tanto el estudio como todos los periódicos que han reproducido la noticia dicen: “Las ratas TAMBIÉN son solidarias”. ¿También? Existe el convencimiento de que los humanos lo somos. Quizás lo éramos. Aturdidos por los experimentos de los poderes que hoy dominan el mundo, parecemos ya ser cobayas insensibles, educadas para mirar hacia otro lado y solo movernos para obtener más lucro pisoteando a los demás.

Dos tercios de la población mundial, en torno a cuatro mil millones de personas, viven en la pobreza. El “nuevo-orden” neoliberal europeo lleva a los griegos, por ejemplo, a agudizar el ingenio para comer. Y ese futuro no es descartable para muchos otros europeos. Mientras los poderes mediáticos, hasta quienes pasan aún por progresistas, alaban el acuerdo infernal impuesto por la canciller alemana Angela Merkel –que va a provocar años de recesión-, señalando al egoísta Cameron inglés como único culpable de no sé que armonía para distraer emocionalmente. Y se leen cosas como ésta tocada de soslayo en un largo panegírico de loas: “No hubo debate sobre la austeridad: Alemania y Francia ya han convencido al resto de que no hay alternativa”. Y listo.

O aún peor: «La fórmula elegida no obligaría a los países firmantes a aprobarlo en referéndum (salvo quizá a la purista Irlanda)». Vaya por dios, que a pesar de los palos del rescate, Irlanda aún pretende persistir en aquella antigualla llamada democracia. Como lo quiso Papandreu en Grecia y le costó el puesto. Aunque las recetas de la austeridad no funcionen como están sintiendo en su carne los portugueses. También nos marca el camino que vamos a seguir en España.  Con seguridad.

Vergara, Público

¿Harían esto las ratas? Parece que no. Tampoco creo que admitieran -absortos ante una pantalla donde ratas millonarias jugaran a algo para doblegar a un equipo o a otro o comprando compulsivamente por decreto-, que les destruyeran el hábitat, como han hecho en Durban en un nuevo fiasco de Cumbre sobre el Cambio Climático. Se ha devaluado hasta el acuerdo de Kyoto. Son ratas a por la comida inmediata aporreando su casa hasta destruirla.

Las ratas son usadas en los laboratorios para estudiar y modificar conductas que luego se aplican en otros menesteres. En los humanos muchas veces. Gran parte de la raza humana, en particular la del mundo desarrollado, ya ha sido adiestrada en el egoísmo y la pasividad. Manipulado su cerebro para servir a la causa de unos pocos que se enriquecen sin cesar a costa de las mermas de los demás. Ojalá fueran al menos ratas, de las de verdad.

   ¡Ah, mientras nos sirvan la comida, y nos distraigan y estemos cómodos!… ¿Y hasta cuándo lo harán? El flautista de Hamelin ya nos conduce al río, ahogados poco a poco en el camino de su flauta de sirena sin que nos demos cuenta en el masivo entretenimiento y sumisión que nos han decretado. Menos mal que atisbos de lucidez aún quedan.

Una sociedad de neutrinos

Los neutrinos son pequeñas partículas (dicen que subatómicas o sea más pequeñas aún que el átomo) que cuentan entre sus principales características que prácticamente no interaccionan con las demás y pasan a través de la materia ordinaria sin apenas perturbarla, sin que nadie se entere.

Atisbada por primera vez su existencia en 1930 (sí, al año siguiente de un famoso crack económico), fue el físico Wolfgang Pauli quien se devanó la mente para entender la aparente pérdida de energía de los neutrones que culminaba en su desintegración β. Incluso planteó el problema en esta ecuación:

 

Cualquiera podría pensar que unos elementos diminutos, a los que se les descubrió una (ínfima) masa tras buscarla mucho, y que además no interaccionan con nadie, no merecerían la más mínima atención, pero no es así. Va una a comer con su sapiente hijo y la radio del coche le vuelve a contar que los neutrinos han invalidado la teoría de la relatividad de Einstein, al menos cuando estableció que no existe velocidad mayor que la de luz. La ciencia –explica mi vástago según creo entender – precisa muchas comprobaciones antes de llegar a una conclusión definitiva, no matemos aún a Einstein ni mucho menos porque además las teorías conviven y por ejemplo los ingenieros se siguen basando en Newton. Ante mi expresión admirada, mi hijo responde que lo que me cuenta es de primero de física. No dice “todo el mundo lo sabe», porque él jamás haría eso, pero entiendo que es lo que, impaciente, quiere expresar. “Menos la mayoría de los periodistas”, aclara adelantándose a la verbalización de mi pensamiento.

Ya en casa, compruebo que los amorfos e insolidarios neutrinos no son en absoluto inocuos: la masa del neutrino tiene importantes consecuencias en el modelo estándar de física de partículas ya que implicaría la posibilidad de transformaciones entre los tres tipos de neutrinos existentes en un fenómeno conocido como «oscilación de neutrinos«. En una palabra, que se cambian de familia sin sentir ¡Por si faltara poco!

Más aún, si el sol es la principal fuente de neutrinos… Una parte de la energía fabricada por las estrellas se pierde y no contribuye a la presión, siendo la razón por la que se dice que los neutrinos son «sumideros de energía». Su contribución a la energía emitida en las primeras etapas no es significativa, nos dicen, pero en los colapsos finales de las estrellas más masivas, cuando su núcleo moribundo se encuentra a elevadísimas densidades, se producen muchos neutrinos en un medio que ya no es transparente a ellos, y sus efectos se notan. Vaya si se notan.

    Es decir que neutrinos parásitos, que no crean prácticamente nada, que no arriman el hombro, ni se mueven ni se notan cuando se genera energía, se apuntan en tromba en los estertores de cuerpos, para succionar la poca fuerza que quede, cambiando de familia si se tercia. Nuestro sistema muere, la energía para construir uno diferente y más justo existe, pero hay que cargar con estas setas egoístas y amorfas.

Vds. disculpen la interpretación libre de algo tan serio como la física, pero si queréis aliviar la depresión, tenemos por ejemplo una cita el miércoles.

Entre el amor y el Limbo

Autor: Davalon

 

«Nueva teoría del Big Ban» de la escritora nicaragüense Gioconda Belli:

«El Big Bang fue el orgasmo primigenio:

Orgasmo de los Dioses amándose en la nada.

Cada vez que te amo repito la génesis universal

protones y neutrones, neutrinos y fotones

saltan de mi encendidos a crear nuevos mundos

centellas y meteoros se cruzan con mis gritos

te amo mientras mis pulmones crean la Vía Láctea de nuevo

y el sol vuelve a nacer redondo y amarillo de mi boca

la luna se me suelta de los dedos

Marte, Plutón, Neptuno, Venus, Saturno y sus anillos

las novas, súper novas, los agujeros negros

anillos concéntricos de galaxias innombrables

se desgajan de mis contorsiones.

Soy Gaia, soy todas las Diosas explotando.

Entre luz de centellas tu planeta de fuego

prende mis luces todas

brotan mundos cometas meteoros se hacen trizas

lluvias de estrellas danzan en el arco del éter

nace por fin la tierra sus edades de magma y cataclismos

la primera partícula de vida moviéndose en la hierba

su cilicio

y luego es el silencio

velocidad de materia que se dispersa en círculos

tus soles y mis soles se asientan en su espacio

es el frío la grandeza del tiempo

la eternidad el azul y el rojo

los sonidos, la estática

el amor insondable tu amor tierno tus manos en mi frente

las campanas a lo lejos bing bang bing bang bing bang

bing bang

Big Bang».

El amor… O El Limbo (post publicado ya el 20 de Agosto de 2010)

Es el lugar más seguro para vivir. La tierra del hombre masa, la cuna de todo el mundo. Dispone de paredes insonorizadas para no escuchar el llanto de dos tercios de la población mundial condenada a un “infierno” en vida. Y, por las ventanas al exterior, apenas entra la luz de la información. Los “mercados” son sólo el cuento temible para enderezar conductas. Las restricciones de la dieta alimenticia, necesidades de la organización. Es caro comer a la sopa boba. Cuanto más bueno y dócil seas, más cromos te dan para canjear en las tiendas. Es un lugar confortable lleno de sugerencias para comprar. Casas, automóviles, vacaciones, vestidos, abalorios… los acumulas, los consumes, tiras sobrantes a la basura y vuelves a empezar.

 Afuera, cuentan, suceden cosas incómodas, potencialmente peligrosas: daños colaterales, flexibilizaciones laborales, reajustes de precios e impuestos, recogidas de beneficios, alzamientos de bienes, contextos que salen y entran, delincuentes, pobres, bombas y conflictos armados, enfermedades. Y se sabe. Y se abraza la seguridad. Alguien nos cuida, nos protege, vela por nosotros. Los protagonistas se pegan y gritan, surgen temas pasionales de controversia sobre los grandes valores, y los residentes pueden participar a través del mando a distancia. Se puede escoger bando, creencia, apostar.

 Los rebeldes son condenados al abismo, sin preámbulos. Apenas se les ve desaparecer. Uno mira en las vidas de los otros y se siente admitido en la norma. Por la televisión comunitaria surten de grandes entretenimientos para pasar el tiempo y escenificar el simulacro de vivir.

 Sofás ocres, cortinas ocres, paredes ocres, suelo gris.  Ni fuego, ni hielo. La temperatura es de 22º y cuando llegan olas de calor o de frío, huracanes y diluvios, la sensación térmica permanece inalterable. Presión sanguínea en 12/7, la diástole y la sístole sin sobresaltos y 72 pulsaciones de pulso cardíaco. Excesos en comida y bebida, emociones y conciencia, no se reflejan en las gráficas. La sensación corporal y de los sentimientos es siempre la correcta. No hay mejor lugar para vivir. El averno no es opción. El cielo efímero no se contempla.

La liturgia católica decidió abolir no hace mucho el limbo de la mano de Ratzinger porque mantenía dudas de si en efecto era una verdad de fe. La realidad se colaba por las ventanas y había que cerrarlas. El limbo es un lugar incontaminado, libre de humos, alientos, pestilencia. O ésa es al menos la sensación limbística. ¿Qué más se puede pedir?

Estrellas fallidas, planetas de medio pelo

Fuente: El País

“Las enanas marrones son cuerpos celestes peculiares, a mitad de camino entre las estrellas y los planetas. Pero ni son estrellas normales (porque no tienen suficiente masa para encender en su interior las reacciones nucleares necesarias para brillar), ni son planetas (porque no están en órbita de un astro, sino flotando libremente en el espacio)”. Así lo explica la noticia que da cuenta de un hallazgo de científicos de la Universidad de Toronto por el que se han topado con más de dos docenas de estas estrellas enanas marrones, a las que llaman en realidad “estrellas fallidas”.

Las pobres no pueden ser clasificadas en las etiquetas preexistentes. No brillan que es un grave inconveniente para ser estrellas de primera y no puede ser planetas porque para ello precisan tener un astro alrededor del cuál girar. Van por libre. Sin brillo, sin astro regidor y a su aire ¿Cómo podían considerarlas dentro de la ortodoxia?

En modo alguno es una crítica a los científicos a quienes adoro. Entiendo perfectamente que mientras se determinan características comunes para hacer un grupo o definición se obre con cautela. Por lo que voy leyendo ocurre que probablemente hay más estrellas enanas marrones de las que se creía, sin embargo, pero es más difícil dar con ellas por aquello de su opacidad y porque se apartan de los esquemas conocidos.

Igual peco de la osadía del profano, pero me parece entender que el patrón para medir cuerpos estelares es Júpiter que vendría a ser al espacio como Alemania para Europa, para el Euro y para el modelo de rectitud. Como el «todo el mundo» de la España conservadora.

Desde 1963 en el que un científico que ni tiene página en wikipedia, Shiv Kumar, se dedicó a buscar cuerpos celestes que no cumplieran las normas, se conoce la existencia de las enanas marrones. Y yo sin saberlo.

Parece que su error de comportamiento se produce porque queman deuterio (un componente del hidrógeno que debe ser el que permite brillar) en su juventud. Del todo, se quedan sin él. Tras ese dispendio, las enanas marrones siguen brillando por un tiempo debido al calor residual de las reacciones y a la lenta contracción de la materia que las forma, pero ya sin remedio para sus resplandores.

No tengo muy claro si no brillar y no tener un comportamiento gregario son condiciones para ser considerado quien quiera que sea un acto “fallido”. En esta soleada mañana de otoño -de fulgores y gritos, opacidades sin fin- encuentro sugerentes sin embargo a esos cuerpos celestes, vagando a su aire en tierra de nadie.

La cultura es la mejor revolución

El PP ha sacado el bulldozer aún antes de haber recibido las llaves de prácticamente todo el poder en España (En la UE que nos destruye ya lo tiene también).

   Tras el acoso a la educación pública (a la educación no mediatizada ideológicamente y dentro de lo que cabe porque el conservadurismo marca tendencia en nuestro país) añade ahora los hachazos a la cultura. Fuera el Festival de Cine de Valencia, mientras se mantiene un circuito de F1 pagado con dinero público. Un Alvárez Cascos desgajado del PP se carga el Centro Niemeyer en Asturias. Y es sólo el principio.

 “La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, escribe Javier Pérez de Albéniz en Reacciona.

 En el mismo libro, los científicos Carlos Martínez y Javier López Facal plantean varias ideas altamente interesantes:

“En el ranking Scimago de universidades del mundo, figuran seis universidades alemanas entre las doscientas primeras, frente a una sola española”.

“Alemania produce el 41% de patentes solicitadas ala Oficinade Patentes Europeas, frente al 1,2% de España”.

 “No es una extravagancia propia de ricos ociosos, el hecho de que los países de mayor producción tecnológica y mayor dinamismo económico sean también los que más invierten en investigación básica. Se trata más bien de que  los países son ricos porque investigan, no investigan porque ya son ricos”.

 “Conseguir el nivel educativo y el nivel científico de Finlandia y Suecia no es imposible: es una cuestión de diseño estratégico, de consenso político y social, de reformas en la arquitectura institucional y de esfuerzo económico sostenido”.

¿Y la información? Aquí me remito a José Luis Sampedro: “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

   España arrastra un castrador retraso en estas materias esenciales. En valentía también pese a cacareados mitos patrios. El alcalde de Nueva York cita al 15M para explicar las protestas estadounidenses contra los bancos, sí, pero una amplia mayoría esta acogotada en un rincón viendo cómo, de venir mal dadas, salva sus propios muebles. Entretanto quienes se comprometen en la defensa del bien común sufren un auténtico asedio de requerimientos a pronunciarse y participar más allá de sus fuerzas (léase el caso del citado José Luis Sampedro). Y no es justo, ni siquiera digno. Como dijo alguien en este blog, la pasividad es otra forma de violencia contra el conjunto de la sociedad.

   El camino de cercenar educación, cultura e información es el peor escenario posible para solucionar nuestros problemas pero hay que sumar fuerzas para combatirlo. Y usar la cabeza. Y la dignidad que, seguro, reposa en algún lado. ¿O tiramos todos la toalla? Muchas veces dan serias tentaciones de hacerlo.

  Recurro de nuevo a la foto de las prohibiciones de paso sobre un muro de cemento. ¡Es la propiedad privada, señores! La de unos pocos a la que protegen con los instrumentos del poder las políticas conservadoras.

 

Hotel abandonado en Alhama de Aragón (Zaragoza)

A la luna de la razón

Margherita Hack

No le debió ser fácil a esta mujer en los años treinta del siglo pasado decidirse a estudiar astrofísica, y menos en un período en el que el ser humano demostró la degeneración a la que podía llegar. Se llama Margherita Hack, es italiana y tiene 90 años. La primera mujer que dirigió un observatorio astronómico en su país. Su prestigio hizo que llamaran con su apellido a un asteroide. Yo no sabía de su existencia. Me he enterado por una de mis cadenas favoritas de televisión: Euronews. Informa en su auténtico sentido de la palabra. Sin estridencias. No hay cuotas, ni “rifirrafes”. Y sitúa en ese continente europeo que es mucho más que la UE y sus instrumentos de función… o disfunción.

Todo lo que dice y pueda decir esta mujer de vida plena y serena, parece interesante. Inermes ante el desconocimiento, los periodistas sin embargo le preguntan por lo que se puede abarcar. Incluso por la vieja amiga: la luna. Porque, aunque inalcanzable con las manos, forma parte de nuestro imaginario. Margherita no pierde la paciencia aun respondiendo que buena parte de los atributos que se otorgan a nuestro satélite son supersticiones. Si influye en nuestras vidas a veces es sólo porque –llena en particular- ilumina más la noche y si uno no tiene la precaución de bajar las persianas impide dormir a quienes necesitan oscuridad para ese cometido.

La mayor parte de su fascinación reside -como en tantas otras cosas- en lo que nosotros vemos. La luna ni se entera: es la misma sea cual sea su posición respecto a la tierra y al sol. Y, aún así, se le atribuyen propiedades que no tiene. Quizás, sobre todas, un poder generador de romanticismo y melancolía. La vida sería algo más tediosa si no fuéramos capaces de ilusionarnos pero ¿con la autosugestión? ¿Con… la mentira?

Me confieso hechizada por la ciencia, por cómo logra explicar lo que no sabemos, en esa rara mezcla de razón y pasión inherente al ser humano.

¿La luna? Al final no es más que una bombilla de mágicas luces. El resto lo ponemos nosotros. Tampoco está tan mal.

La investigación, subordinada al mercado

Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal, mis queridos científicos coautores de Reacciona a los que cada día me alegro más de haber tenido el privilegio de conocer, escriben un maravilloso artículo en El País. Quiero con él despegarme un poco de la basura que nos circunda…

Empieza así:

Durante los primeros siglos de la ciencia moderna, su cultivo solía corresponder a caballeros de posibles, bien por su patrimonio familiar o por algún generoso mecenazgo. Ocurría también que el sabio podía obtener alguna sinecura regia, que le permitía dedicarse a su pasión secreta de escudriñar lo desconocido e inexplicado.

A medida que la ciencia se fue desarrollando y empezó a descubrir fenómenos y objetos que podían reportar alguna utilidad e incluso algún beneficio económico, la actividad de los sabios dejó de ser una ocupación de excéntricos visionarios para convertirse en una posible fuente de soluciones a problemas reales y en una herramienta útil a la sociedad y al poder.

Cuando Galileo presentó su recién construido telescopio al senado de la república de Venecia, en 1609, a los senadores les impresionó tanto que desde el campanile de San Marcos se pudiera ver Murano como si estuviese al lado, que lo hicieron fijo en su cátedra de Padua y le doblaron el sueldo. No es que a las autoridades venecianas les interesase mucho el estudio de los planetas del sistema solar, pero aquel artilugio tenía un evidente interés militar para la defensa de la República Serenísima.

Obviamente, el interés de las autoridades fue a más durante aquel siglo, que vio nacer las primeras academias y sociedades científicas, y se fue incrementando a lo largo del siglo XVIII, cuando prácticamente todos los monarcas ilustrados crearon reales gabinetes, jardines botánicos y museos, financiaron expediciones científicas, fundaron academias, observatorios astronómicos y centros de estudios superiores especializados.

Así, cuando Wilhelm von Humboldt creó la Universidad de Berlín en 1810, en un palacio donado por el rey Federico Guillermo III de Prusia, le propuso ya la doble misión de la enseñanza superior y la investigación, e introdujo en el currículo académico materias como la química, la física, las matemáticas o la medicina, además de las materias clásicas, habituales en todas las universidades. Esta universidad habría de servir de modelo a todas las que se irían creando en Europa y en América durante el siglo XIX, y de su eficacia como institución de enseñanza superior e investigación puede dar cuenta el hecho de que entre sus alumnos se encuentran 29 premios Nobel, entre ellos Albert Einstein o Max Planck. El siglo XIX, así pues, vio cómo la actividad de los científicos se convirtió en un asunto de interés general, para los gobernantes y los empresarios, que constataban que de su cultivo se podían obtener ventajas competitivas y negocios saneados.

En ese siglo, la ciencia empezó a llegar incluso al gran público y a los escritores, que crearon un género nuevo, la ciencia ficción. Cuando Mary Shelley publicó en 1818 su Frankenstein o el moderno Prometeo, no solo estaba inaugurando un género literario, sino también sentando las bases para la concepción popular, todavía ampliamente extendida, del científico como persona desequilibrada y potencialmente peligrosa para la sociedad.

El siglo XIX fue testigo de cómo la investigación científica se convertía en una actividad de interés público y, por lo tanto, en una cuestión política….

Completo aquí.

Reaccionando en la Universidad

  Con esta imagen me saludaba la mañana. El sonido, el golpear de las olas. La Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander nos invitó a dar una conferencia sobre Reacciona. Fuimos cinco autores. Llamo la atención sobre los argumentos de Carlos Martínez, investigador del CSIC, quien, con Javier López Facal, escribe el artículo sobre… la «reacción» en ciencia. No suele participar en las presentaciones y merece mucho la pena atender a su lección magistral. Por lo demás, creo que la conferencia fue de gran altura, incluyendo la presentación del vicerrector, Ángel Pelayo. La Universidad inspira…  

Aquí tenéis el enlace por si queréis echarle un vistazo.  El vídeo duro dos horas, pero se puede parar, adelantar, retroceder…

http://redsocial.uimp20.es/pages/reacciona?xg_source=activity