Estrellas fallidas, planetas de medio pelo

Fuente: El País

“Las enanas marrones son cuerpos celestes peculiares, a mitad de camino entre las estrellas y los planetas. Pero ni son estrellas normales (porque no tienen suficiente masa para encender en su interior las reacciones nucleares necesarias para brillar), ni son planetas (porque no están en órbita de un astro, sino flotando libremente en el espacio)”. Así lo explica la noticia que da cuenta de un hallazgo de científicos de la Universidad de Toronto por el que se han topado con más de dos docenas de estas estrellas enanas marrones, a las que llaman en realidad “estrellas fallidas”.

Las pobres no pueden ser clasificadas en las etiquetas preexistentes. No brillan que es un grave inconveniente para ser estrellas de primera y no puede ser planetas porque para ello precisan tener un astro alrededor del cuál girar. Van por libre. Sin brillo, sin astro regidor y a su aire ¿Cómo podían considerarlas dentro de la ortodoxia?

En modo alguno es una crítica a los científicos a quienes adoro. Entiendo perfectamente que mientras se determinan características comunes para hacer un grupo o definición se obre con cautela. Por lo que voy leyendo ocurre que probablemente hay más estrellas enanas marrones de las que se creía, sin embargo, pero es más difícil dar con ellas por aquello de su opacidad y porque se apartan de los esquemas conocidos.

Igual peco de la osadía del profano, pero me parece entender que el patrón para medir cuerpos estelares es Júpiter que vendría a ser al espacio como Alemania para Europa, para el Euro y para el modelo de rectitud. Como el “todo el mundo” de la España conservadora.

Desde 1963 en el que un científico que ni tiene página en wikipedia, Shiv Kumar, se dedicó a buscar cuerpos celestes que no cumplieran las normas, se conoce la existencia de las enanas marrones. Y yo sin saberlo.

Parece que su error de comportamiento se produce porque queman deuterio (un componente del hidrógeno que debe ser el que permite brillar) en su juventud. Del todo, se quedan sin él. Tras ese dispendio, las enanas marrones siguen brillando por un tiempo debido al calor residual de las reacciones y a la lenta contracción de la materia que las forma, pero ya sin remedio para sus resplandores.

No tengo muy claro si no brillar y no tener un comportamiento gregario son condiciones para ser considerado quien quiera que sea un acto “fallido”. En esta soleada mañana de otoño -de fulgores y gritos, opacidades sin fin- encuentro sugerentes sin embargo a esos cuerpos celestes, vagando a su aire en tierra de nadie.

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