Reacciones ante la crisis: ira, tristeza, tacañería… radicalización o instalarse en el limbo

Tacaño

La crisis, eso que llaman “crisis”, nos ha convertido a la mayoría en seres iracundos, tristes e incluso… tacaños. Tragar cada día varias ruedas de molino por imposición, quieras o no, agria el carácter. La merma de la confianza en la resolución del problema nos deprime. Y el empobrecimiento que en mayor o menor medida todos estamos notando –salvo unos pocos a quienes sucede todo lo contrario- nos hace mirar cada gasto con un cuidado que raya en la ruindad. También tenemos motivos.

Nos han reducido los ingresos y han elevado los precios. En algunos casos a nivel de escándalo. Nos han apretado el cinturón al cuello sin comerlo ni beberlo. Para gastar más que nunca en un endeudamiento que no tendrá fin por este camino. Ya es oficial que la luz ha subido un 71% en la última década, con una inusitada aceleración desde el inicio de esa estrategia a la que denominan “crisis” sin ser sino una estafa, insisto. No es suficiente para las compañías eléctricas. Están tan quejosos del déficit de tarifa que dicen sigue existiendo (pese a hacernos pagar a los españoles las facturas casi más caras de la UE) que se plantean hasta una demanda.

Todos los precios siguen la misma senda. No lo han avisado pero en Septiembre también ha habido subidas de productos básicos. En cifras del INE el incremento ha sido de un 30% en un año. Repasemos algunos de sus datos:

Patatas y derivados un 31,2%. Frutas frescas un 25,9%. Aceites y grasas un 23,2%. Frutas en conserva y frutos secos, un 4,4%. Legumbres y hortalizas han subido 4%; y crustáceos, moluscos y preparados de pescado otro 3,4% y la leche un 3,3%.

Ya no ha faltado más que el tajo a las pensiones. En muchos casos son el único ingreso con el que cuentan familias con sus miembros en paro. Para muchos jubilados eran la confianza en su futuro. No todo el mundo ha podido pagar un plan de pensiones privado, que por otro lado inmersos en el mercado especulativo son causa fundamental de la depreciación de las pensiones públicas. Muy en peligro por cierto, dado que Sor Bañez se ha lanzado a pulirse el fondo con la alegría cantarina que le caracteriza, cuando maneja un dinero que no es suyo, y unas vidas que no tienen nada que ver con la suya.

Me sorprendo compartiendo esta preocupación con personas que han trabajado mucho también toda su vida y a quien no creía les afectara. Pero así es, nos está llegando a todos, y muchos que no quieren enterarse terminarán por caer en este saco. Porque además este precioso sistema que premia con jubilaciones millonarias a buena parte de los responsables de la crisis, fija topes en las pensiones “máximas” (aunque por el pago de impuestos les correspondiera mayor importe) y no permite prácticamente obtener ingresos de otro modo. No sé si en Alemania nos darán un minijob recogiendo bolsas de basura a 5 euros la hora y eso será legal. Si sirve en el Imperio, igual sí. Lo ideal parece ser, una vez más, nacionalizarse sueco. Un estudio acaba de señalar que es el mejor país para ser viejo. España no estaba mal situada, hasta la llegada de la plaga que ha constituido el PP.

De otro lado, nos está invadiendo en Europa el fascismo que es la reacción torpe, inculta e inducida de quien no conoce quién son sus enemigos reales. Los nazis griegos ya han llegado al asesinato. Noruega ha metido en el gobierno a un partido de extrema derecha xenófoba. Hungría anda haciendo listas de judíos, tal cuál, y castigando duramente y por ley a los sin techo. La Francia que tiene un presunto gobierno socialista ha suspendido Schengen para rumanos y búlgaros. En España ya estamos viendo que día sí, día no, nos sale algún miembro del Partido Popular con símbolos franquistas, nazis o lo que les venga en gana y que no pasa absolutamente nada.

“Quien no se mueve, no siente las cadenas” leo que dijo Rosa Luxemburgo. Y esa reacción también se da. Observo que se está extendiendo también en España un conservadurismo de amplio calado. Ya no es que no vean el empobrecimiento general ni siquiera advierten los baches de Madridciudad que les gusta mucho. La alcaldesa heredada después de haberse gastado tal cantidad de millones en su Madrid 2020 que ya he perdido la cuenta, ahora prepara una remodelación de la Puerta del Sol que por lo visto es muy urgente y necesaria. Y mucha gente, encantada. Porque no lo ven. No sienten sus cadenas. Es curioso que he podido terminar de constatarlo de una forma lacerante en unas clases de conversación en inglés… gratuitas. Luego buena parte de los colegas no son herederos de los Rothschild, en ninguno de los sentidos.

Nos estamos amargando por una realidad que ya nos afecta. Por un futuro que vemos con la clarividencia que aporta, simplemente, conocer los datos, relacionarlos y sacar conclusiones. Y todo ese negro futuro se aclararía de forma drástica –en más tiempo cuanto más se avance en la destrucción- solo con que esos gilipollas egoístas se enteraran de algo. Esos cretinos insolidarios son nuestros primeros enemigos. Porque es por culpa de ellos que esa bola de nieve nefasta se sigue engrosando.

Así andamos. Sabiendo hacer diagnósticos y sin tener los resortes para parar esta debacle. Lo último, regalarles nuestro cabreo supino y aún menos tristeza y desesperanza. Ya está bien.Toda esa gente, desde los gobernantes a los pasivos, no tienen derecho a robarnos nuestro trabajo, nuestro presente y nuestro futuro. Menos todavía, nuestras ilusiones

Entre el amor y el Limbo

Autor: Davalon

 

“Nueva teoría del Big Ban” de la escritora nicaragüense Gioconda Belli:

“El Big Bang fue el orgasmo primigenio:

Orgasmo de los Dioses amándose en la nada.

Cada vez que te amo repito la génesis universal

protones y neutrones, neutrinos y fotones

saltan de mi encendidos a crear nuevos mundos

centellas y meteoros se cruzan con mis gritos

te amo mientras mis pulmones crean la Vía Láctea de nuevo

y el sol vuelve a nacer redondo y amarillo de mi boca

la luna se me suelta de los dedos

Marte, Plutón, Neptuno, Venus, Saturno y sus anillos

las novas, súper novas, los agujeros negros

anillos concéntricos de galaxias innombrables

se desgajan de mis contorsiones.

Soy Gaia, soy todas las Diosas explotando.

Entre luz de centellas tu planeta de fuego

prende mis luces todas

brotan mundos cometas meteoros se hacen trizas

lluvias de estrellas danzan en el arco del éter

nace por fin la tierra sus edades de magma y cataclismos

la primera partícula de vida moviéndose en la hierba

su cilicio

y luego es el silencio

velocidad de materia que se dispersa en círculos

tus soles y mis soles se asientan en su espacio

es el frío la grandeza del tiempo

la eternidad el azul y el rojo

los sonidos, la estática

el amor insondable tu amor tierno tus manos en mi frente

las campanas a lo lejos bing bang bing bang bing bang

bing bang

Big Bang”.

El amor… O El Limbo (post publicado ya el 20 de Agosto de 2010)

Es el lugar más seguro para vivir. La tierra del hombre masa, la cuna de todo el mundo. Dispone de paredes insonorizadas para no escuchar el llanto de dos tercios de la población mundial condenada a un “infierno” en vida. Y, por las ventanas al exterior, apenas entra la luz de la información. Los “mercados” son sólo el cuento temible para enderezar conductas. Las restricciones de la dieta alimenticia, necesidades de la organización. Es caro comer a la sopa boba. Cuanto más bueno y dócil seas, más cromos te dan para canjear en las tiendas. Es un lugar confortable lleno de sugerencias para comprar. Casas, automóviles, vacaciones, vestidos, abalorios… los acumulas, los consumes, tiras sobrantes a la basura y vuelves a empezar.

 Afuera, cuentan, suceden cosas incómodas, potencialmente peligrosas: daños colaterales, flexibilizaciones laborales, reajustes de precios e impuestos, recogidas de beneficios, alzamientos de bienes, contextos que salen y entran, delincuentes, pobres, bombas y conflictos armados, enfermedades. Y se sabe. Y se abraza la seguridad. Alguien nos cuida, nos protege, vela por nosotros. Los protagonistas se pegan y gritan, surgen temas pasionales de controversia sobre los grandes valores, y los residentes pueden participar a través del mando a distancia. Se puede escoger bando, creencia, apostar.

 Los rebeldes son condenados al abismo, sin preámbulos. Apenas se les ve desaparecer. Uno mira en las vidas de los otros y se siente admitido en la norma. Por la televisión comunitaria surten de grandes entretenimientos para pasar el tiempo y escenificar el simulacro de vivir.

 Sofás ocres, cortinas ocres, paredes ocres, suelo gris.  Ni fuego, ni hielo. La temperatura es de 22º y cuando llegan olas de calor o de frío, huracanes y diluvios, la sensación térmica permanece inalterable. Presión sanguínea en 12/7, la diástole y la sístole sin sobresaltos y 72 pulsaciones de pulso cardíaco. Excesos en comida y bebida, emociones y conciencia, no se reflejan en las gráficas. La sensación corporal y de los sentimientos es siempre la correcta. No hay mejor lugar para vivir. El averno no es opción. El cielo efímero no se contempla.

La liturgia católica decidió abolir no hace mucho el limbo de la mano de Ratzinger porque mantenía dudas de si en efecto era una verdad de fe. La realidad se colaba por las ventanas y había que cerrarlas. El limbo es un lugar incontaminado, libre de humos, alientos, pestilencia. O ésa es al menos la sensación limbística. ¿Qué más se puede pedir?

El limbo

Es el lugar más seguro para vivir. La tierra del hombre masa, la cuna de todo el mundo. Dispone de paredes insonorizadas para no escuchar el llanto de dos tercios de la población mundial condenada a un “infierno” en vida. Y, por las ventanas al exterior, apenas entra la luz de la información. Los “mercados” son sólo el cuento temible para enderezar conductas. Las restricciones de la dieta alimenticia, necesidades de la organización. Es caro comer a la sopa boba. Cuanto más bueno y dócil seas, más cromos te dan para canjear en las tiendas. Es un lugar confortable lleno de sugerencias para comprar. Casas, automóviles, vacaciones, vestidos, abalorios… los acumulas, los consumes, tiras sobrantes a la basura y vuelves a empezar.

 Afuera, cuentan, suceden cosas incómodas, potencialmente peligrosas: daños colaterales, flexibilizaciones laborales, reajustes de precios e impuestos, recogidas de beneficios, alzamientos de bienes, contextos que salen y entran, delincuentes, pobres, bombas y conflictos armados, enfermedades. Y se sabe. Y se abraza la seguridad. Alguien nos cuida, nos protege, vela por nosotros. Los protagonistas se pegan y gritan, surgen temas pasionales de controversia sobre los grandes valores, y los residentes pueden participar a través del mando a distancia. Se puede escoger bando, creencia, apostar.

 Los rebeldes son condenados al abismo, sin preámbulos. Apenas se les ve desaparecer. Uno mira en las vidas de los otros y se siente admitido en la norma. Por la televisión comunitaria surten de grandes entretenimientos para pasar el tiempo y escenificar el simulacro de vivir.

 Sofás ocres, cortinas ocres, paredes ocres, suelo gris.  Ni fuego, ni hielo. La temperatura es de 22º y cuando llegan olas de calor o de frío, huracanes y diluvios, la sensación térmica permanece inalterable. Presión sanguínea en 12/7, la diástole y la sístole sin sobresaltos y 72 pulsaciones de pulso cardíaco. Excesos en comida y bebida, emociones y conciencia, no se reflejan en las gráficas. La sensación corporal y de los sentimientos es siempre la correcta. No hay mejor lugar para vivir. El averno no es opción. El cielo efímero no se contempla.

La liturgia católica decidió abolir no hace mucho el limbo de la mano de Ratzinger porque mantenía dudas de si en efecto era una verdad de fe. La realidad se colaba por las ventanas y había que cerrarlas. El limbo es un lugar incontaminado, libre de humos, alientos, pestilencia. O ésa es al menos la sensación limbística. ¿Qué más se puede pedir?

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