De Europa en Suma a Honduras en Resta

Nunca se peleó tanto por tan poco. Pero así es la condición humana, la que logra que este mundo sea cada día menos habitable. Os voy a detallar lo que es un ejemplo paradigmático de lo que supone acometer un proyecto en España. En Enero os hablé en este blog de Europa en Suma, una idea que presenté a un grupo de compañeros que, como yo, habíamos salido de RTVE plenos de energía y que podía brindarnos una ocupación satisfactoria y útil a los demás. Entre otras cosas enumeraba algunos logros que queríamos conseguir:

“Fomentar Europa puede enriquecer de contenidos a todos sus miembros. Y ayudar a erradicar posiciones extremas en lo político, a beber de una democracia que en nuestros vecinos no ha sufrido tan graves alteraciones como en España. Y, sobre todo, acercarnos y, al tiempo, mostrarnos a los ciudadanos de Europa, a los de a pie, a quienes todos olvidan. Para construir algo juntos, para sumar, como dice nuestro nombre.

Hemos dado un primer paso decisivo al constituir la Asociación, tenemos planes, ilusión. No sé si podrá con nosotros el virus burocrático que enferma a este país, pero estamos decididos a dar la batalla por Europa. Moderna, creativa, imaginativa, dialéctica, profunda e incluso lúdica. Con este espíritu, al menos, afronto nuestro futuro”.

Pero, el día que finalmente se constituyó la Junta, escribí sobre «la erótica del poder«, porque ya sabía todo lo que iba a suceder después. Como lo supo Luís de Benito, un gran periodista, un gran corresponsal, que habla 7 idiomas, y había escrito un vibrante manifiesto como ideario de la asociación. Por eso él, aquel mismo día se apeó del viaje. Como debí hacer yo para no sufrir el vía crucis que he padecido.

Las técnicas del golpe de mano sin faltar ni una del manual: ambición, mentiras, manipulación, tergiversación, ansias de poder, utilización con fines personales de la asociación, cinismo atroz, salpicado de unos cuantos incidentes menores realmente sucios. ¿Para qué? Apenas éramos nada. Aún.

Presentamos Europa en Suma, eso sí, con Felipe González gracias a las intensas gestiones que llevé a cabo, al aval que -sobre el papel- ofrecíamos como grupo, y a su generosidad. También planifiqué el acto, que llegó a ser un éxito con la colaboración de varios miembros desde luego. Acudieron 19 embajadas y numerosos medios informativos. Felipe González dio una conferencia magistral. Todo ello ha desaparecido de la página de Europa en Suma. Hace pocos días lo comenté aquí y lo atribuí a un error, pero pasan los días y se mantiene. Pido mis sinceras disculpas a todos aquellos a quienes involucré en este fiasco. Con algunos, pienso hacerlo personalmente, pero son demasiados y aprovecho este medio para excusarme con todos.

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Desde entonces no se hizo apenas nada más. Dos sesiones de “La hora europea” para intercambiar impresiones con gente de otros países que, vaya por dios, también eran idea mía. Quienes obraron de buena fe –que los hubo-, quizás no se dieron cuenta de que era la inactividad lo que se perseguía para, finalmente, utilizarla como argumento de una renovación. Es nula, prácticamente sólo falto yo en la «nueva»  junta propuesta, y dos dignas dimisiones. Y se ha añadido la única persona que nos cobró –con descuento, nos dijo- por una de las gestiones precisas para constituirnos legalmente a través de su empresa. Es, sin faltar, ni sobrar uno, la Junta que yo esperaba, no ha habido ni un gramo de estética para disimular.

Al calor del éxito y de una propuesta al menos novedosa, se acercaron a mí, como presidenta, otras asociaciones ya existentes. “Nosotros tenemos la ciencia y vosotros un prodigio de comunicación, debemos colaborar”, fue el saludo. Así supe de la ingente cantidad de organizaciones que cobran subvenciones del erario público para hablar de Europa ante reducidos e interesados auditorios.

Al igual que me empeñé en subir a la mesa de la presentación de Europa en Suma a otros tres compañeros para hacer un acto distinto y dar idea de los que yo creí valores humanos y profesionales que contenía nuestro proyecto, también llevé a varios compañeros a las comidas con los otros europeos asociados. Cuál no sería mi sorpresa –esta vez sí- cuando escucho decir a uno de ellos, Enrique Peris (en la última reunión de la defenestración), que los llevé “para arroparme” y que al resto de las asociaciones “no les gusté y les cogí manía”. He hecho de la búsqueda de otras formas de actuar, incluso de presidir, una exigencia de vida. Pero es imposible. Aunque entiendo que quien se guía por fines distintos en su existencia, sea incapaz de entenderlo.

Todas las conferencias y mesas redondas que nos ofrecieron ese primer día, con temas tan apasionantes como “Los retos del Parlamento Europeo” o “La Unión mediterránea” –aunque ésta era en la Menéndez Pelayo de Santander, con sus viajes y su hotel que tenía su plus de atractivo-, las hizo la misma persona: Juan Cuesta (como acreditan los programas de actos). Aquél a quien yo había ofrecido para participar en la primera, en una nueva deferencia. Mi protesta por este hecho causó irritación e incluso fue tomada a broma en esa reunión en la que decidieron disolver la Junta. No me escucharon. Hoy, Juan Cuesta, se postula como nuevo presidente y le “arropan”, todos los que le han ayudado a cambiar el rumbo.

El nuevo rumbo es lo que llaman «profesionalizarse», pedir “subvenciones”, la palabra que más he escuchado de su boca. Y disponer de “un local, secretaria y un par de becarios para hacer el trabajo sucio”, dijo textualmente en unas reuniones de la junta, eternas, en las que no se llegaba a conclusiones para actuar, ante mi desesperación. Mi propuesta, 3 días después de la presentación, de reunir a expertos de otros países para comparar “sueldos, impuestos, precios y ayudas sociales” fue desechada para decantarse por un original debate electoral ante  los comicios europeos, que los encargados de gestionarlo no lograron sacar adelante. Espero que ahora sí lo consigan. Es, prácticamente, la misma junta que no actuó ¿Sólo sobraba yo? ¿Por mis propuestas? ¿Torpedeaba, quizás, su incontenible caudal de ideas? Pero la gente se anima mucho sin molestos obstáculos. Y ellos se llevan muy bien. Todavía.

Como os digo, todo lo que iba a pasar lo sabía de antemano, iba a las reuniones y actos con el humor de quien acude a un quirófano a extirparse algún órgano. Seguí porque, en realidad, no preví todo. No el silencio casi general, la “neutralidad” de buena parte de los miembros de la asociación, ante semejante atropello. Admiraba de algunos su lucha en contra de las injusticias, no pensé que no era lo mismo acometerlas desde lejos que afrontarlas de cerca, con algo que perder que se considera valioso. En cuanto a los conspiradores, era mucho más ético fundar otra asociación sin adueñarse de una idea y unas gestiones decisivas.

Al fin, incumpliendo plazos y normas de los estatutos (dado que urge pedir una subvención antes de que caduque el plazo), llega la propuesta de «nueva» Junta. Con esta hipócrita aclaración:

“A medida que el plazo iba trascurriendo y, lamentablemente, no se presentaba ninguna lista de candidatos a los puestos de gestión de la asociación, algunos miembros de la junta directiva saliente, convencidos, como la inmensa mayoría de los socios y simpatizantes de Europa en Suma, de que sería una lástima y casi una insensatez dejar morir un proyecto que nació lleno de entusiasmo y de posibilidades, han decidido en las últimas horas formar una candidatura de amplia representación, que siga trabajando por la asociación y por sus objetivos y que diseñe y ponga en marcha nuevos proyectos y actividades y los ofrezca a la consideración de los socios, contando siempre (porque si no, no sería posible y no tendría sentido mantener Europa en Suma) con la aprobación, la participación, el apoyo y el trabajo del conjunto de los asociados”.

Por supuesta nadie me ha llamado buscando esa «amplia representación» y desde luego nadie en esa junta, dado lo sucedido, me merece -por acción o inacción- la mínima confianza. Son los mismos, excepto yo, quien nos cobró por la inscripción en no sé dónde, y una persona que participó en todas las reuniones y que ha optado por decantarse por el vencedor, de cuyas malas artes sin embargo me había alertado. Eso sí, con otra página web sobre Europa en la mano, aspirante también a subvenciones, y en la que “ha descubierto” –oh, maravilla- el filón de las embajadas como fuente de información y de prestigio.

Uno cree que conoce a las personas porque durante años las ha saludado en el ascensor, en la máquina del café, o, a algunos, en triviales conversaciones de trabajo. Ni se me ha ocurrido mover un dedo para presentar una junta alternativa con las personas que me han dado motivos para confiar en ellas. Yo no tengo nada que ver con ese club, con estas actuaciones que me produce hasta bochorno contar, nada. Dijo Juan Cuesta que si no calculé las «consecuencias» de mi protesta que a la vista están hoy. De este post sí: limpiar mi jardín personal de la mala hierba, y tratar de restablecer la verdad y la justicia en un auditorio que no me silencie.

Pero pido dos cosas:

1) El acta firmada por el secretario con la composición de la nueva junta, para desvincularme legalmente de Europa en suma, en todos los organismos donde firmé y figuro en cabeza –no vaya a haber algún error involuntario en la gestión de las ansiadas subvenciones y me toque compensarlo-.

2) Que no rapiñen también mis ideas sobre los temas que interesan a la sociedad y que envié a todos en un email en febrero, antes de cualquier acto. Pueden elegir entre los que remiten, vía email, las Instituciones europeas porque forman parte de su labor oficial, o exprimirse un poco la cabeza.

Es descorazonador que en España no se pueda acometer un proyecto sin estos problemas. Por tan pobre recompensa. Creo que lo peor de España es su cutrez. A diario denuncio, como sabéis, todo lo que, en mi opinión, impide la convivencia y el progreso de la sociedad. Con vehemencia. Y uno de esos obstáculos, me ha venido a visitar a casa. He ganado algunos amigos y he hecho un nuevo master en el conocimiento humano. Dejo el bagaje de la idea, las mil y una gestiones, la presentación de gran éxito. La “nueva” junta tendrá que demostrar que sabe hacer algo más que maniobrar, en algún caso dar conferencias remuneradas en nombre de la asociación, y reenviar correos de las Instituciones europeas.  Sé que es inútil hasta haberlo contado. Ni soy la primera ni seré la última en sufrir este tipo de percances, ante la indiferencia general. Ésa que algunos aprovechan, ésa que les abre el camino. Yo me dispongo a olvidar el desagradable episodio. Ruego otra vez disculpas a todos aquellos a quienes involucré creyendo que Europa en suma seria diferente. No lo es. Se parece más a Honduras en resta.

Cuando no se necesita pensar en Europa

Toca hablar de Europa. Sucede de vez en cuando para después sumirla en el olvido por largo tiempo. Los irlandeses han votado mayoritariamente el Tratado de Lisboa, después de haberlo rechazado en 2008. Cierto que Bruselas les ha hecho algunas concesiones para limar asperezas, pero en el ánimo de los ciudadanos ha pesado por encima de todo que, fuera de la UE y del euro, hace mucho frío. Aquellos que apuntalaron su desbordante milagro económico, pueden seguir ayudándoles a salir de la crisis. Implora Islandia su acceso por idénticas razones: su debacle financiera desde el Olimpo no se hubiera producido -o hubiera sido menor- de pertenecer a la Unión.

  Pero, en contra de todo camino de progreso, el Presidente checo –que presidió el primer semestre europeo para más escarnio,- el euroretrógrado Václav Klaus, retrasa la firma del acuerdo para irritación de su propio gobierno, y el polaco, uno de los pintorescos hermanos Kaczynski, también.  Aunque parece que éste será convencido antes.

  La vieja, sólida y democrática Europa decidió organizarse hace más de medio siglo para ahondar y mantener sus principios. Han pasado casi otras bodas de plata desde que, con nuestra entrada y la de Portugal, se formó la fructífera Europa de los Quince. Pues bien, las Instituciones comunes todavía no han logrado superar su “problema de comunicación con los ciudadanos”. Asociaciones de todo tipo, en ingente número, detallan ante reducidos y entregados auditorios lo mucho que Europa influye –que lo hace- en nuestras vidas y cuánto la necesitamos. Y sigue la incomunicación. ¿Por otro medio siglo más? ¿Uno completo?

   El Tratado de Lisboa fue la alternativa a la Constitución que no prosperó por el vetó francés y holandés. La consideraron demasiado conservadora. Un texto farragoso -como todo lo que menta, la UE-, nos hace sin embargo ver en él algunos avances operativos.

Se va a asemejar más al funcionamiento de un organismo compacto. Habrá un presidente fijo –durante dos años y medio prorrogables-, el Alto Representante para la Política Exterior –puesto que hoy ocupa el español Javier Solana- se ve reforzado, también el Parlamento al que se equipara en su poder decisorio al auténtico órgano fuerte de Europa: el Consejo, formado por los jefes de Estado y de gobierno nacionales. Más papel también para los Parlamentos nacionales, u otro sistema de voto.

   Promoví una asociación, Europa en Suma, de la que he sido también presidenta hasta hace unos días. Pretendía imbuir otra forma de abordar lo que casi es un problema: la unión  de los ciudadanos de este continente. Pero el “paquidermismo” contagia a lo europeo oficial. Y también le llegan sus vicios, sus juegos de intereses, incrementados algunas veces en nuestro país por nuestra rica idiosincrasia de envidias, protagonismos, manipulaciones, incluso atisbos de utilización personal consentida.

  A pesar de la burocracia,  Europa es horizontes, pluralidad, diversidad, lenguas, criterios, avances, paz… y España se convierte en ejemplo paradigmático de por qué precisamos un vínculo fuerte y solidario. Ante todo, para ahuyentar inmovilismos, fanatismos, lo local que se pudre devorando sus propias entrañas. Los progresistas españoles siempre miraron a Europa como escapada. Proscritos “afrancesados” reclamaban más cultura e incluso más glamour, pero triunfaron los castizos. En España siempre triunfan los castizos. Saturno goyesco que se alimenta de sí mismo y no deja crecer ideas nuevas.

    “Si no existiera Europa, habría que inventarla para afrontar la crisis”  razonó el ex presidente español Felipe González, trabajador incansable por una UE mejor, en la presentación de Europa en Suma que organicé, y cuyas amplísimas referencias han desaparecido de la página web –imagino que por error, no podría ser de otra manera-.

   La única vía abierta a Europa pasa por vivirla, saber cómo respiran nuestros vecinos, qué les duele, por qué gozan y se afanan, adónde les ha llevado su historia y su desarrollo. Sepa un camarero malagueño que su colega danés gana 2.300 euros al mes por 37 horas de trabajo semanales. Sólo Grecia y Portugal (en la UE15), cobran menos que los españoles, y muchos países duplican nuestros ingresos. Coméntele a cualquier sueco que la mitad de los españoles reciben, como salario mensual, mil euros -o menos-  y contemplará una definitiva expresión de incredulidad. Charle un sindicalista español con un francés o un alemán, y aprenda a batallar por sus derechos y a poner coto a excesos empresariales y gubernamentales. Con horarios que lastran la productividad y la vida personal, hablen tenderos y consumidores sobre cómo España fue el país europeo en donde más creció la inflación con el euro. Atienda Vd. a los llantos de nórdicos y asimilados por sus elevados impuestos, pero descubra que, en algunos países, el Estado costea el dentista en todas sus prestaciones o las gafas. Añada un año de maternidad y paternidad subvencionado total o parcialmente al amparo de las leyes. Con un gasto social seis puntos inferior a la media europea (por debajo, de nuestro 20,9% del PIB, apenas encontramos, hoy, a Malta, Chipre y los países del Este), la cifra no avergüenza más gracias a que José Luís Rodríguez Zapatero presupuestó 60.001,27 millones de euros más, un 52,53% de incremento respecto al PP.

  Indague, pregunte, cuente, comparta. Entérese -desde nuestro secular fracaso escolar-, de por qué Finlandia encabeza la educación mundial. Comuníquense en inglés, o en cualquier otra lengua que conozca, como la han aprendido ellos. España, privilegiado destino turístico, no habla idiomas.  

Una sociedad educada e informada utiliza racionalmente sus recursos. No dedica más de un tercio de sus ingresos a financiar una vivienda, ni paga por ella más de su valor. Ni se hipoteca para viajar de vacaciones u operarse de estética. No tolera y anima las trampas. Incluso en la Europa azul, con brotes de gangrena ultraderechista, ¿Se hubieran producido, impunemente, las insidias sobre unos atentados tan atroces como los del 11M? ¿Y la utilización política del terrorismo? ¿Y la comprensión de la dictadura franquista? Numerosos ejemplos -desde el conflicto del IRA a la persecución del nazismo- demuestran que no.

    Consultemos a los europeos si se oponen a que sus hijos estudien “Educación para la ciudadanía”, tanto en colegios laicos como católicos. Si, salvo una minoría, cuestiona normativas europeas –como la píldora postcoital o el aborto-. Atendamos a qué lugar  ocupa en sus prioridades la búsqueda del bien común –esencia de la (buena) educación-. 

   Europa nos homologó en democracia cuando entramos en su seno en 1986.  Y los fondos estructurales y de cohesión construyeron carreteras y autovías, líneas ferroviarias, modelándonos como país desarrollado. Pero nos faltó inhalar a fondo los valores prometidos: tolerancia, respeto, pluralidad, educación, y convergencia equilibrada fuera de los datos macroeconómicos que exigía Bruselas. La integración real, la que hermana a los socios del mismo club en utopía que aspira a realizarse.  

       La caverna se prepara para aguar la presidencia de turno española. El Mundo cruza hoy los dedos para que el presidente checo firme antes del 31 de diciembre y “Zapatero pierda protagonismo” en la presidencia de turno.

    La UE se abrió a los países del este soviético, con un nivel de desarrollo y de educación que nos hacía profundamente extraños. Como si de otro continente se tratase. Sin hacer reforma alguna. Sin propiciar que quien no quiere estar en la Unión y obstaculiza su funcionamiento, sea expulsado. Los euroescépticos aún esperan que el Tratado de Lisboa llegue sin firmar a las elecciones británicas que, dando el triunfo a los conservadores, engrosarían también las filas de quienes no desean Europa. ¿No sería mejor que abandonaran el club?

  Existe una privilegiada élite, los Erasmus, que viven Europa sin necesitar pensar en cómo la dinamizan o la dan a conocer. Porque sus amigos y su círculo son europeos, piensan y sienten en europeo. Y Europa llegará cuando sus ciudadanos se relacionen al mismo nivel, siquiera leyéndose. ¿Un siglo? ¿Con torpedos constantes?  Necesitamos Europa; cuando Europa se desdibuja, emerge la involución.

Que tres años no es nada

vanguardia

Lo apuntó Celebes en un comentario. Hart@ de la actualidad que vivimos, iba a leer un periódico viejo para buscar análisis más sosegados. La inmediatez bombardea y resta proyección y percepción. Una buena idea que le agradezco. Elijo el 22 de Septiembre de 2006 y busco las facilidades que ofrece la excelente hemeroteca de La Vanguardia permitiendo leer en el diario hasta los anuncios.

Abre en portada con este titular destacado: “Europa censura la política de inmigración de España”. Alemania, Austria y Holanda habían recriminado a nuestro país por la regulación de los “sin papeles”. El Ministro de Justicia pedía a los socios europeos “dinero, medios y recursos”. Hoy España aprueba una ley de inmigración restrictiva, mientras sabemos que los muertos de hambre han llegado a 1.020 millones en el mundo y 3.000 más pasan serios apuros. Entre ellos, los hijos de la madre patria, los latinoamericanos, muchos de los cuales se acuestan por la noche con el estómago vacío.

Hungría vivía revueltas debido a la difícil transición desde el comunismo. El populismo se abría paso. Hoy tiene diputados de extrema derecha en el Parlamento Europeo y la crisis ha acrecentado sus problemas económicos previos.

El entonces ministro del interior francés, Nicolas Sarkozy había desatado una crisis institucional por su represión de la revuelta de los barrios periféricos. La mano dura le llevó al poder.

Italia había descubierto una vasta red de escuchas ilegales para espiar a políticos y empresarios. Hoy Berlusconi reina impune en su país, mientras otros bien cercanos siguen sus pasos. También el populismo acecha a pueblos que no sufrieron el comunismo.

Un comisario europeo por Italia, Frattini, afirmaba que “las amenazas contra el Papa afectan a toda la Humanidad”. Ratzinger acababa de hacer un polémico discurso contra el mundo musulmán que había suscitado críticas. Y ahí seguimos. Pura solidez inalterable.

En plena campaña electoral para el Parlamento catalán, Rajoy había declarado que «secundaba la labor de oposición de Zaplana sobre el 11M», en apoyo de la teoría de la conspiración. La Vanguardia dedicaba una página-dentro de una serie-  a desmontar tal patraña apoyada en la investigación que luego revalidaría la sentencia del juicio. Hoy Rajoy y la cúpula de su partido acaban de salir de secundar la teoría de las escuchas a su partido, de la que acusaban al gobierno. Ni entonces ni ahora han pagado precio alguno.

Se ocupaba el gran periódico de un civilizado pueblo de las “alternativas cívicas para un mejor desarrollo ambiental”. De dejar el coche y viajar en autobús, aunque fuera en un anuncio. Y en su editorial principal de la Ley de Investigación en biomedicina que acaba de aprobar el Consejo de Ministros.

El socialista Juan Carlos Rodriguez Ibarra abandonaba la presidencia de la Junta de Extremadura diciendo que no quería sueldo de ex. Hoy se prodiga en la actualidad política pidiendo, por ejemplo, que la sanidad sea solo para españoles.

“La mala educación escolar” era el título de un artículo de opinión de Monserrat Domínguez. Junto a los males tradicionales no resueltos y aún acrecentados en la actualidad, un niño le preguntaba a su padre mientras le llevaba al colegio «si era legal» lo que estaban escuchando por la radio. La hoy periodista de la SER destacaba, de un informe llamado Cisneros, que “el acaso mediático al adversario político ha comenzado a adoptar tintes de “mobbing” y “bullying”, es decir, de matonismo”. Hoy,  los medios españoles  se dedican a la similar tarea, y el fuego amigo se entrecruza con bombas enemigas de bajo y superior calibre, en un panorama que induce al desconcierto a los menos avisados.

El defensor del pueblo Enrique Múgica –histórico miembro del PSOE- acababa de presentar recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut. Márius Carol lo comparaba a Carrie la protagonista de “Sexo en Nueva York” cuando dijo: “Supongo que hacemos una buena pareja. Yo soy adicta a la moda y él a la política. Y la verdad ¿cuál es la diferencia? Ambas adicciones vienen de ideas recicladas y las hacen parecer más frescas e inspiradoras”. el defensor de los españoles sin voz -a quienes el Estatut les preocupa en la cuantiosa cifra de un 1% según las encuestas del CIS- había coincidido en tiempo y espacio en Madrid con Milla Jojovich que venía a presentar su campaña para la firma Mango y compartían lugar en los periódicos. Carol les veía similar pasión por sus cosas, y pensaba si también él añoraba perderse en una isla desierta como la actriz. Hoy Múgica sigue en activo, tanto que preconiza para solucionar el problema de la insurrección de la infancia, el uso del Vd. en las escuelas, igual que el PP.

No sabíamos nada aún de las «subprimes» y no queríamos saberlo de Lehman Brothers y sus colegas. La bolsa española subía y sobrepasaba los 12.000 puntos.

Sufrían los catalanes las obras del AVE que hoy transporta al Rey de Suecia para aprender lo que es un tren en condiciones. Una terrible tormenta sacudía Galicia, Bill Clinton se afanaba en recoger dinero para luchar contra el cambio climático y para ayudar –mediante la caridad, por supuesto- a los desheredados de la fortuna liberal, que hoy engrosan y engrosan su número.

Y Yosu, un senegalés que entonces tenía 28 años, abordaba su séptimo intento de llegar a Europa, las penalidades no le habían disuadido, y seguía empeñado en lograr su objetivo. Llevaba 12 meses en Nuadibú, en Mauritania -donde por cierto existe un escondido y olvidado Guantánamo de los emigrantes-. De esa actualidad pasada, instructiva pero desalentadora para presente y futuro, sólo me gustaría saber que fue de Yosu. ¿Alguien tiene noticias de él? ¿O lo tenemos en el fondo del mar? De todo corazón espero que no, y que su tenacidad y la de tantos como él nos ayude y regenere.

Para todos los detalles, pasen y lean.

El índice de sentimiento económico

He descubierto un nuevo modismo, o eufemismo (los paren con fruición). Leo que –noticia de ahora mismo- “el índice de sentimiento económico de la zona euro se incrementó en agosto por quinto mes consecutivo”. Busco y averiguo que se trata de un indicador que parece haberse inventado la UE en su eterno empeño de «acercar Europa a los ciudadanos», tarea en la que lleva –por este camino- no menos de 30 años, sin éxito alguno.

Bien, esto encuentro: “El Indicador de Sentimiento Económico (ESI) es un indicador sintético compuesto por cinco indicadores de confianza sectoriales con distinta ponderación: indicador de confianza industrial (40%), indicador de confianza del sector servicios (30%), indicador de confianza de la construcción (5%), indicador de confianza de los consumidores (20%) e indicador de confianza del comercio minorista (5%). Los indicadores de confianza son medidas aritméticas ajustadas a la estacionalidad de los datos obtenidos de una encuesta con preguntas específicas de cada sector. El ESI se calcula como un índice con valor medio cien y una desviación de 10 durante un determinado periodo de muestreo (1990-2008)”.

“La economía tiene sentimientos”, me he dicho alborozada. Pero no estoy nada segura. Hace poco han inventado mascotas robóticas para los ancianos, en este caso nos encontramos con sentimientos “sintéticos”, artificiales, fabricados. ¿Pueden existir los sentimientos sintéticos? Sí, para ocultar la realidad.

En la inmensa tomadura de pelo a la que está sometida la ciudadanía, despuntan indicios de que la crisis empieza remontarse. Y sólo con eso suben los precios de los alimentos y los carburantes, situación exactamente igual en la que nos encontrábamos justo antes de su inicio, antes de la caída de Lehman Brothers y demás compañías.

Por cierto, el sentimiento económico mejora, nos dicen. Incluso en la España acosada por malas noticias. Copio:

«La mayor parte de los países miembros de la UE registraron mejoras en el sentimiento económico, liderados por Reino Unido (9,7 puntos), Países Bajos (7,6) y Alemania (5,1). También se registraron incrementos «notables» en Polonia (4,5), Italia (3,8) y España (2,9)».

¿Habrán llevado a la economía al psiquiatra? Buena falta haría. O al juzgado.

Aires suecos en Europa

Suecia acaba de asumir la presidencia de la Unión Europea, con un cambio de aires respecto a la euroescéptica Chequia que permite respirar mejor. Con los liberales en el Gobierno del país, el conservador Fredrik Reinfeldt presenta un programa de actuaciones que, de nuevo, hace envidiar a ciertas derechas europeas. Quiere –lógicamente- abordar los retos de la crisis económica y, sobre todo, lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático. Desde el comienzo, la presidencia sueca ha dejado claro que su objetivo es reactivar la ampliación incluyendo a Croacia y Turquía, lo que levanta ampollas en muchos países y ha ocasionado, por ejemplo, el ascenso de la ultraderecha en Holanda. Y, con sentido práctico, también quiere olvidar lo que llama “pulsos estériles” sobre la reelección de Durao Barroso al frente de la Comisión.

El Embajador sueco en España reunió ayer a un grupo de personas para celebrar la presidencia de su país. “Directa, cercana, priorizando al máximo la lucha contra el cambio climático”, vino a decir que sería ésta, Anders Rönquist, y fue algo que se demostró incluso en la recepción. No más de cuarenta personas, quizás menos. Pocas autoridades españolas, la secretaria de Estado de Inmigración Consuelo Rumí, el nuevo europarlamentario socialista Diego López Garrido o el Director de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca. Muchos representantes del cuerpo diplomático acreditado en España y suecos de a pie. Un concierto. Vivo. Robert Wells triunfa en medio mundo con su piano trepidante. El embajador invita a quitarse las chaquetas que aprieta el calor, y tanto él como los demás siguen el ritmo con los pies. Exquisiteces suecas traídas del restaurante Aptit Stockholm, con sus chefs y todo, hielo de Laponia para construir vasos –gracias, todo ello, a la colaboración de empresas suecas que los nórdicos saben gestionar los gastos-. ¿Acto elitista? Para nada. Suecia ha abolido desde hace años las extremas diferencias sociales. Querían presentarse, llanos, discretos y dialogantes como son. “Hacerse el sueco” es odiar el conflicto, corroboran.

Toda la revista de presentación está dedicada al cambio climático. “La inteligencia ecológica es rentable”, “Objetivos claros para cuidar la tierra”, “El desarrollo urbano sostenible”, “Estocolmo, la primera capital verde de Europa” y todo ello plagado de datos.

Suecia ha llevado al Parlamento de Estrasburgo un Partido Pirata. Empresa de intercambios prohibidos, se constituye en formación política para luchar por sus derechos, iniciativas ciudadanas contra la política tradicional. Y el nuevo propietario de la compañía inicial marca nuevas pautas: pagará a quien comparte archivos de Internet y cobrará a las operadoras por aligerarles el tráfico.

Necesitamos Europa, España más que otros países. También necesitaría Europa Honduras. Seis meses suecos y llegará la Presidencia española. Quizás con unos y otros reavivemos el fósil.

Alguien reacciona

Y ha sido Alemania. Frente a la «preocupación» de la UE -¿necesitará un psicólogo la UE?- y el lavarse las manos norteamericano, Alemania ha llamado al embajador iraní a consultas. Previamente, había condenado la represión policial contra los manifestantes de la oposición en Irán tras la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad.

«Las acciones violentas de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes son inaceptables», afirmó el ministro de Relaciones Exteriores, Frank Walter Steinmeir, en un comunicado. Steinmeir pidió a las autoridades de Teherán que aclararan las informaciones en las que se denuncian irregularidades durante la elección.»Espero de las autoridades de Teherán que estudien de cerca estas acusaciones y que proporcionen explicaciones»,concluyó.

     Viene a cuento de esto. 

¿Neutralidad o inhibición?

 

Foto: El País

Foto: El País

Violentos disturbios acompañan el supuesto triunfo en las urnas de Mahmud Ahmadineyad en Irán. Su rival, el reformista Mir Hosein Musaví, denuncia fraude y demuestra un hecho: los SMS con los que –en línea Obama- convocaba masivamente a sus seguidores fueron bloqueados. El líder supremo de la revolución islámica en el país, el ayatolá Ali Jamenei anuncia el éxito de su correligionario como “una señal divina”. Y analistas internacionales corroboran el inmenso tufo a fraude de estas elecciones.

Omaba, tras su esperanzador discurso en Egipto, “espera” que sea lo mejor para el pueblo iraní, y la UE –que ayer se sumó a la sospecha del pucherazo electoral- “contempla con preocupación” el problema iraní.

Felipe González, ironizaba en la presentación de nuestra Europa en Suma, con los estados emocionales de la Comisión europea. “Muestran su preocupación”, “Se manifiestan inquietos”… pero no mueven un dedo. No ofrecen soluciones, acción.

El “bushismo”, coreado por nuestro Aznar, se propuso “llevar la democracia” a diversos lugares en conflicto. Y lo hizo a bombazos. Ayer mismo hablábamos del resultado de la intervención en Afganistán. Más muertos que en las Torres Gemelas y ni un sólo resultado positivo. O la de Iraq que sangra víctimas a diario y que se ha convertido –que no lo era- en el foco del terrorismo islamista internacional.

La población afgana –medieval en todos sus parámetros- conoce las “ayudas” estadounidense. Como cuando, invadidos por la URSS, apoyaron a los talibanes y luego les dejaron, a ellos, al pueblo, abandonados a su suerte. La democracia no puede ser impuesta, debe convencer a la población para que luche por ella.

Es lo que está pasando en Irán. Por primera vez en mucho tiempo -en esa zona-, una parte de la sociedad se rebela contra la tiranía. Y se apunta a un simulacro de elecciones democráticas. Pero el EEUU de Obama y la UE, vuelven a considerarlo asuntos internos –pese a lo que se juegan-, y, como mucho, “se preocupan”.

Eso es lo que había que apoyar para implantar la democracia en los lugares donde no existe. Enviar observadores internacionales, si acaso aún fuera tiempo, a revisar los votos emitidos. Y, mucho mejor, obligar –incluso con coacciones democráticas- a repetir la convocatoria electoral, vigilando sus resultados.

Los rostros decepcionados, desesperados y ensangrentados de quienes luchan por un Irán democrático son el germen para el cambio. Y no podemos dejarlos solos. Cada vez que se acalla un punto de democracia, se resiente toda ella, toda la Humanidad.

La Historia se repite

El ascenso de la ultraderecha en Holanda, que se coloca tras los democristianos vencedores y en el gobierno desde 2002 –aunque perdiendo escaños-, y relegando al tercer lugar a la izquierda laborista, cumple los peores pronósticos. Anticipa al mismo tiempo la tendencia de lo que puede suceder en otros países.

Una de las democracias más antiguas y más sólidas, fundador de lo que llegó a ser la UE, con quizás las políticas más abiertas y provocadoras del mundo, consolida al fin lo que se venía gestando: el auge de un partido antieuropeísta, contrario a la ampliación de países a los que considera inferiores –con rechazo absoluto a la entrada de Turquía- y antiislámico.

Con ese regusto amargo, anoche vimos en casa, por casualidad, una película que me revolvió: “Mrs. Henderson presenta” de Stephen Freans. Una arístócrata quien al enviudar decide convertirse en “vieja dama indigna” comprando un teatro de variedades. Lo curioso era que había vivido la Primera Guerra Mundial perdiendo un hijo de 21 años y que iba a tocarle sufrir la Segunda. La penuria económica de la población –no de ella- desde la crisis financiera del 29, va gestando el nazismo (apoyado y votado por la población) que desencadena la búsqueda de un nuevo imperio a través de las armas. Y uno asiste ante la pantalla al proceso que culmina con las bombas y la destrucción.

Fracasó otra vez el fascismo y la Unión Europea surgió precisamente para que nunca más se repitiera. Ya tenemos en Italia a un «mussolini» de la nueva Era, millonario, populista, forzando leyes a su medida –tan graves como la de la impunidad-, con una doble moral vergonzosa –Eluana y las Bacanales no parecen muy compatibles- y… votado masivamente por los ciudadanos. Holanda (Países Bajos en su denominación oficial) resucita la ultraderecha, xenófoba y racista. Nuestro Rajoy cierra campaña, eufórico, diciendo: “Hemos ganando en Holanda”. Europa es azul desde los noventa pero ahora se tiñe también de morado putrefacto y amenazador.

Las estimulantes conversaciones con mi hijo, nos han llevado esta mañana a recordar que, hasta griegos y romanos, el gobierno de los pueblos era un ejercicio de fuerza. Surgió la política buscando –por distintas vías- la organización en el servicio de los ciudadanos, frente al poder que sólo persigue el beneficio propio en un ejercicio de dominación. Ése dilema no se ha resuelto nunca. Entregamos el mando para que se ocupen de nosotros y nuestro voto se convierte en poder descarnado.

Una crisis casi tan grave como la del 29, provocada por el capitalismo salvaje, por la derecha, revierte en su beneficio. El enemigo hoy no es el judío –aupado al sistema con gran influencia- sino la piel diferente que viene a quitarnos trabajo, con otro desarrollo que nosotros –el primer mundo- detuvimos, y otras creencias tan desquiciadas como las nuestras si se basan en religiones. El poder se reconcentra en sí mismo y se aprovecha, se sigue aprovechando. Los países cierran filas en sus fronteras.

La siguiente ficha en moverse, en ser movida, ¿adónde nos lleva? Los peores augurios se ciernen sobre el mundo si no reaccionamos.

Yo veo dos focos de esperanza:

1) En EEUU, sí han reaccionado. Y es la primera potencia mundial. Allí no pueden decir Rajoy, Aznar, Mayor, Aguirre y tantos otros: han ganado “los nuestros”. Por el contrario, a su Bush lo han desmantelado. Sin embargo, se “transfusiona” sangre al sistema enfermo en lugar de cambiarlo, buscar otro modelo, que no es, desde luego, el fracasado comunismo. (Me dice el corrector ortográfico que no existe esa palabra, transfusiona, yo creo que sí, los fondos pasan de nuestros bolsillos a los de quien ha provocado la crisis, la inyección no viene del aire).

2) La sociedad de la información. Internet nos ha comunicado y tenemos muchos más datos que nunca. Gran parte de la población ha sido desactivada deliberadamente, amarrada en deudas que son entendidas como posesiones a conservar, pero otra bulle como no lo hizo jamás. Hay que emprender la tarea de impregnarles: con información, con datos.

El dilema “política para los ciudadanos/poder para unos pocos”, no va a cambiar con nuestro voto. No hoy, no mañana. Pero es urgente hacer algo:  parar la amenaza que viene, la que ha llegado a Holanda y veremos en otros países al terminar el recuento.

Obama reinventa EEUU

Un discurso histórico de Barack Hussein Obama en la Universidad de El Cairo que no tiene la repercusión debida en el país que –como empiezan a hacer casi todos- sólo sabe mirar adentro sin entender, ni apreciar, los hilos que mueven el mundo y le afectan. Hussein, Obama, está construyendo un nuevo EEUU, con otra dialéctica, lo que Nacho Escolar llama el uso de la palabra. Aún en la hegemonía del planeta, resulta esperanzador.

Un experto, que ya dio todas las claves hace unos días, nos subraya qué ha dicho Obama y qué representa, relatando la experiencia de escuchar el discurso con muchos de quienes crean opinión en España. Os dejo con Javier Valenzuela.

“En cualquier caso, Obama empleó el tono y las palabras exactas para comenzar a poner fin a una relación entre Estados Unidos y ese mundo que él mismo calificó como de «tensión», «miedo» y «desconfianza» mutuas. Obama también abordó todos y cada uno de los temas conflictivos, sin escabullirse ni al hablar de por qué EE UU sigue en Afganistán, ni de la desastrosa e injustificada invasión de Irak, ni del mucho dolor de los palestinos, ni de la ausencia de democracia y derechos humanos en buena parte del mundo árabe y musulmán, ni de la necesaria igualdad de la mujer”.

“En la posterior ronda de comentarios, sólo un conocido radiopredicador muy de derechas le puso un pero a la totalidad del discurso. En su opinión, Obama había hecho todo una exhibición de «debilidad» ante el, para él, peligrosísimo universo islámico. Al radiopredicador le había dolido en particular el que hubiera hecho una referencia a Al Andalus como modelo de convivencia, para lo que era la Edad Media, de culturas y religiones. Al Andalus, vino a decir, era una espantosa dictadura musulmana”.

“El 11-S y los días que siguieron todos nos sentimos neoyorquinos. Luego Estados Unidos se extravió, se hizo irreconocible, se convirtió en una potencia que recortaba derechos y libertades en el interior y se comportaba agresiva y autoritariamente en el exterior. Pues bien, Obama siguió este jueves intentando recuperar el gran capital de simpatía que su país recibió el 11-S. Y lo hizo ante el público más difícil: un mundo árabe y musulmán receloso no sólo por las políticas de Bush sino por décadas de doble rasero norteamericano. Y tal vez, como observaron tres de los participantes en el encuentro en la embajada de Estados Unidos en Madrid, consiguió su mayor punto de credibilidad cuando dijo: «La situación del pueblo palestino es intolerable».

El resto del artículo aquí. Y en el blog de Javier.

  La ultraderecha, según un sondeo, se coloca como segunda fuerza política de los Países Bajos (Holanda). Era peligrosamete previsible. Veremos qué sucede en el Reino Unido, en el resto de la UE. No son descartables otras «sorpresas» similares. No sigamos de espaldas a lo que acontece. La información puede seguir teniedo opciones a cambiar los desastres del sistema. Trivializada, controlada, aún es posible encontrarla. Nosotros tenemos una pequeña llave en las urnas.  No importa lo que digan algunos impresentables políticos españoles: hay que votar. Europa a la deriva, mientras EEUU resurge de la mano de Obama -si le dejan-.

¿Dónde está la bajada de los precios?

 

 

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El Índice de Precios de Consumo (IPC) registró en marzo el primer signo negativo de su historia al caer un 0,1% en tasa interanual en marzo. Esto es lo que nos cuentan las noticias. Según su signo político ven peligro de la «temida» deflación o no, y todos tan contentos.

Bien, yo utilizo de baremo el precio de las camisetas año a año. Un elemento tan arbitrario podría ser como la cirugía estética que entra en el cómputo del IPC. Camisetas sin marca pero con algún tipo de mejora, no la simple de algodón lisa. Hace 2 años la mayoría venía a 18 euros, en 2008 a 24, y este año oscilan entre 36 y 39. Un alto porcentaje de elevación. Un diminuto jersey de bebé recién nacido -que las abuelas tricotaban en media hora- cuesta en torno a los 30 ó 35 euros.

Los expertos nos cuentan muy serios que, hace un año, el precio del barril de petróleo Brent se pagaba a 102,9 dólares, y ahora a 47 dólares -es menos de la mitad-. «Por ello, en los últimos doce meses los carburantes y combustibles acumulan una bajada del 18,4% y los productos energéticos del 11,6%.», nos aclaran. ¿Quién se come el resto, la diferencia entre 55,9 y 18,4? Ah, los impuestos que pagan otras cosas. De cualquier forma, las petroleras subieron un 4% el combustible en Semana Santa, sin que lo hiciera el Brent.

Tampoco noto apenas la bajada de los precios en la compra diaria. Ha aumentado la producción de «marcas blancas» en los supermercados que sí son algo más baratas, pero el resto está parecido. El pescado prohibitivo, la triste e insípida pechuga de pollo a 6 ó 7 euros el kilo, los filetes de tapa de añojo -que tampoco son para relamerse- 10/12 euros el kilo, vamos a ver el solomillo -que sí- a 40 euros. El tomate decente a 3 euros. Ya vimos los precios de una ciudad media de Suecia, Lund, donde cobran el doble que nosotros. El gas baja -la descomunal cifra de 3 ó 4 euros al mes nos dicen-, la electricidad no se sabe, pero las facturas que yo pago son escandalosas y teniendo cuidado. Imagino que es general el problema. Y compré gafas hace 4 años por 300 euros y ahora me piden, en la misma tienda, 500.

Lo cierto es que cuando entró el euro todo costaba aproximadamente la mitad que ahora, y a ninguno -salvo a los grandes ejecutivos- nos han duplicado el sueldo.

Ningún experto a los que he preguntado -con auténtica insistencia- en mi vida profesional, ha sabido explicarme porqué todo tiene que subir cada año, porqué no se puede mantener al menos. Si es la ley de la oferta o la demanda o esos mecanismos que ellos conocen tan bien y que mantienen el sistema y les hace temer la deflación. Pero ésa es la clave.

No nos fiemos, sin embargo, de las impresiones o de nuestra mala cabeza al encontrar sólo tiendas donde no se han enterado que el IPC baja. Los precios de la zona euro comenzaron a contabilizarse en 1996. El registro del año pasado reveló que en 12 años, hemos visto incrementada la cesta de la compra en torno el 30% ¿Han subido lo mismo los sueldos? Evidentemente, no. Según la OCDE el salario real medio español ha bajado un 4% en los últimos diez años -a pesar de que se vivían tiempos de crecimiento económico- y somos el único país -de cuantos estudia este organismo- en el que se ha producido un descenso del poder adquisitivo.

Aquí están los datos del IPC, que considera reales la página que los publica. Yo no encuentro esas bajadas en el mercado. ¿Alguién podría orientarme sobre dónde están esos precios en descenso?