Adivinanza para mayores de 4 años

obama fiesta 121

Foto tomada en la elección de la primera junta de Europa en Suma en Febrero de este año. Al fondo, yo misma, creadora de la idea y la planificación; a mi lado Luis De Benito, impulsor absoluto con su manifiesto. Tras 8 meses complicados, una auténtica travesía del desierto, propongo estas sencillas adivinanzas ¿Quién de cuantos figuran en la foto es el nuevo presidente? ¿Quiénes sus apoyos?

La página de la asociación, dormitando durante meses -a cargo durante esa enorme siesta, no sé ahora, del hoy vicepresidente- ha registrado una súbita, sí súbita, reactivación, en cuatro días: todo lo llena el nuevo presidente. El mismo que se presenta con este perfil en asuntos europeos:

http://ec.europa.eu/spain/team-europe-soy/juan-cuesta_es.htm

Aclaro que “el sitio web de Juan Cuesta europa en suma”, era inicialmente el de la asociación, ahora no, ahora es realmente “el sitio web de Juan Cuesta”. La conferencia magistral de Felipe González  en la presentación, que lamentablemente yo organicé, ha desaparecido de la página. Varios de mis artículos también. Como aún conservan el blog de los miembros -no creo que dure mucho-, espero que los lectores del nuevo presidente -eso es Europa en Suma- sepan discernir. No fue solo, le apoyaron progresistas de toda la vida. Contratarán un becario mal pagado como contaba en otro post el primer comentario y pedirán subvenciones de las que seguramente privarán -por reparto- a quienes realmente lo necesitan. Esto es España desde el primer peldaño, sus miserias, su mediocridad, sus periodistas -más o menos- acreditados, lo que en la práctica parece quedar de aquella vieja progresía que tantos servicios prestó -realmente- a la sociedad española.

De Europa en Suma a Honduras en Resta

Nunca se peleó tanto por tan poco. Pero así es la condición humana, la que logra que este mundo sea cada día menos habitable. Os voy a detallar lo que es un ejemplo paradigmático de lo que supone acometer un proyecto en España. En Enero os hablé en este blog de Europa en Suma, una idea que presenté a un grupo de compañeros que, como yo, habíamos salido de RTVE plenos de energía y que podía brindarnos una ocupación satisfactoria y útil a los demás. Entre otras cosas enumeraba algunos logros que queríamos conseguir:

“Fomentar Europa puede enriquecer de contenidos a todos sus miembros. Y ayudar a erradicar posiciones extremas en lo político, a beber de una democracia que en nuestros vecinos no ha sufrido tan graves alteraciones como en España. Y, sobre todo, acercarnos y, al tiempo, mostrarnos a los ciudadanos de Europa, a los de a pie, a quienes todos olvidan. Para construir algo juntos, para sumar, como dice nuestro nombre.

Hemos dado un primer paso decisivo al constituir la Asociación, tenemos planes, ilusión. No sé si podrá con nosotros el virus burocrático que enferma a este país, pero estamos decididos a dar la batalla por Europa. Moderna, creativa, imaginativa, dialéctica, profunda e incluso lúdica. Con este espíritu, al menos, afronto nuestro futuro”.

Pero, el día que finalmente se constituyó la Junta, escribí sobre “la erótica del poder“, porque ya sabía todo lo que iba a suceder después. Como lo supo Luís de Benito, un gran periodista, un gran corresponsal, que habla 7 idiomas, y había escrito un vibrante manifiesto como ideario de la asociación. Por eso él, aquel mismo día se apeó del viaje. Como debí hacer yo para no sufrir el vía crucis que he padecido.

Las técnicas del golpe de mano sin faltar ni una del manual: ambición, mentiras, manipulación, tergiversación, ansias de poder, utilización con fines personales de la asociación, cinismo atroz, salpicado de unos cuantos incidentes menores realmente sucios. ¿Para qué? Apenas éramos nada. Aún.

Presentamos Europa en Suma, eso sí, con Felipe González gracias a las intensas gestiones que llevé a cabo, al aval que -sobre el papel- ofrecíamos como grupo, y a su generosidad. También planifiqué el acto, que llegó a ser un éxito con la colaboración de varios miembros desde luego. Acudieron 19 embajadas y numerosos medios informativos. Felipe González dio una conferencia magistral. Todo ello ha desaparecido de la página de Europa en Suma. Hace pocos días lo comenté aquí y lo atribuí a un error, pero pasan los días y se mantiene. Pido mis sinceras disculpas a todos aquellos a quienes involucré en este fiasco. Con algunos, pienso hacerlo personalmente, pero son demasiados y aprovecho este medio para excusarme con todos.

FG 047

Desde entonces no se hizo apenas nada más. Dos sesiones de “La hora europea” para intercambiar impresiones con gente de otros países que, vaya por dios, también eran idea mía. Quienes obraron de buena fe –que los hubo-, quizás no se dieron cuenta de que era la inactividad lo que se perseguía para, finalmente, utilizarla como argumento de una renovación. Es nula, prácticamente sólo falto yo en la “nueva”  junta propuesta, y dos dignas dimisiones. Y se ha añadido la única persona que nos cobró –con descuento, nos dijo- por una de las gestiones precisas para constituirnos legalmente a través de su empresa. Es, sin faltar, ni sobrar uno, la Junta que yo esperaba, no ha habido ni un gramo de estética para disimular.

Al calor del éxito y de una propuesta al menos novedosa, se acercaron a mí, como presidenta, otras asociaciones ya existentes. “Nosotros tenemos la ciencia y vosotros un prodigio de comunicación, debemos colaborar”, fue el saludo. Así supe de la ingente cantidad de organizaciones que cobran subvenciones del erario público para hablar de Europa ante reducidos e interesados auditorios.

Al igual que me empeñé en subir a la mesa de la presentación de Europa en Suma a otros tres compañeros para hacer un acto distinto y dar idea de los que yo creí valores humanos y profesionales que contenía nuestro proyecto, también llevé a varios compañeros a las comidas con los otros europeos asociados. Cuál no sería mi sorpresa –esta vez sí- cuando escucho decir a uno de ellos, Enrique Peris (en la última reunión de la defenestración), que los llevé “para arroparme” y que al resto de las asociaciones “no les gusté y les cogí manía”. He hecho de la búsqueda de otras formas de actuar, incluso de presidir, una exigencia de vida. Pero es imposible. Aunque entiendo que quien se guía por fines distintos en su existencia, sea incapaz de entenderlo.

Todas las conferencias y mesas redondas que nos ofrecieron ese primer día, con temas tan apasionantes como “Los retos del Parlamento Europeo” o “La Unión mediterránea” –aunque ésta era en la Menéndez Pelayo de Santander, con sus viajes y su hotel que tenía su plus de atractivo-, las hizo la misma persona: Juan Cuesta (como acreditan los programas de actos). Aquél a quien yo había ofrecido para participar en la primera, en una nueva deferencia. Mi protesta por este hecho causó irritación e incluso fue tomada a broma en esa reunión en la que decidieron disolver la Junta. No me escucharon. Hoy, Juan Cuesta, se postula como nuevo presidente y le “arropan”, todos los que le han ayudado a cambiar el rumbo.

El nuevo rumbo es lo que llaman “profesionalizarse”, pedir “subvenciones”, la palabra que más he escuchado de su boca. Y disponer de “un local, secretaria y un par de becarios para hacer el trabajo sucio”, dijo textualmente en unas reuniones de la junta, eternas, en las que no se llegaba a conclusiones para actuar, ante mi desesperación. Mi propuesta, 3 días después de la presentación, de reunir a expertos de otros países para comparar “sueldos, impuestos, precios y ayudas sociales” fue desechada para decantarse por un original debate electoral ante  los comicios europeos, que los encargados de gestionarlo no lograron sacar adelante. Espero que ahora sí lo consigan. Es, prácticamente, la misma junta que no actuó ¿Sólo sobraba yo? ¿Por mis propuestas? ¿Torpedeaba, quizás, su incontenible caudal de ideas? Pero la gente se anima mucho sin molestos obstáculos. Y ellos se llevan muy bien. Todavía.

Como os digo, todo lo que iba a pasar lo sabía de antemano, iba a las reuniones y actos con el humor de quien acude a un quirófano a extirparse algún órgano. Seguí porque, en realidad, no preví todo. No el silencio casi general, la “neutralidad” de buena parte de los miembros de la asociación, ante semejante atropello. Admiraba de algunos su lucha en contra de las injusticias, no pensé que no era lo mismo acometerlas desde lejos que afrontarlas de cerca, con algo que perder que se considera valioso. En cuanto a los conspiradores, era mucho más ético fundar otra asociación sin adueñarse de una idea y unas gestiones decisivas.

Al fin, incumpliendo plazos y normas de los estatutos (dado que urge pedir una subvención antes de que caduque el plazo), llega la propuesta de “nueva” Junta. Con esta hipócrita aclaración:

“A medida que el plazo iba trascurriendo y, lamentablemente, no se presentaba ninguna lista de candidatos a los puestos de gestión de la asociación, algunos miembros de la junta directiva saliente, convencidos, como la inmensa mayoría de los socios y simpatizantes de Europa en Suma, de que sería una lástima y casi una insensatez dejar morir un proyecto que nació lleno de entusiasmo y de posibilidades, han decidido en las últimas horas formar una candidatura de amplia representación, que siga trabajando por la asociación y por sus objetivos y que diseñe y ponga en marcha nuevos proyectos y actividades y los ofrezca a la consideración de los socios, contando siempre (porque si no, no sería posible y no tendría sentido mantener Europa en Suma) con la aprobación, la participación, el apoyo y el trabajo del conjunto de los asociados”.

Por supuesta nadie me ha llamado buscando esa “amplia representación” y desde luego nadie en esa junta, dado lo sucedido, me merece -por acción o inacción- la mínima confianza. Son los mismos, excepto yo, quien nos cobró por la inscripción en no sé dónde, y una persona que participó en todas las reuniones y que ha optado por decantarse por el vencedor, de cuyas malas artes sin embargo me había alertado. Eso sí, con otra página web sobre Europa en la mano, aspirante también a subvenciones, y en la que “ha descubierto” –oh, maravilla- el filón de las embajadas como fuente de información y de prestigio.

Uno cree que conoce a las personas porque durante años las ha saludado en el ascensor, en la máquina del café, o, a algunos, en triviales conversaciones de trabajo. Ni se me ha ocurrido mover un dedo para presentar una junta alternativa con las personas que me han dado motivos para confiar en ellas. Yo no tengo nada que ver con ese club, con estas actuaciones que me produce hasta bochorno contar, nada. Dijo Juan Cuesta que si no calculé las “consecuencias” de mi protesta que a la vista están hoy. De este post sí: limpiar mi jardín personal de la mala hierba, y tratar de restablecer la verdad y la justicia en un auditorio que no me silencie.

Pero pido dos cosas:

1) El acta firmada por el secretario con la composición de la nueva junta, para desvincularme legalmente de Europa en suma, en todos los organismos donde firmé y figuro en cabeza –no vaya a haber algún error involuntario en la gestión de las ansiadas subvenciones y me toque compensarlo-.

2) Que no rapiñen también mis ideas sobre los temas que interesan a la sociedad y que envié a todos en un email en febrero, antes de cualquier acto. Pueden elegir entre los que remiten, vía email, las Instituciones europeas porque forman parte de su labor oficial, o exprimirse un poco la cabeza.

Es descorazonador que en España no se pueda acometer un proyecto sin estos problemas. Por tan pobre recompensa. Creo que lo peor de España es su cutrez. A diario denuncio, como sabéis, todo lo que, en mi opinión, impide la convivencia y el progreso de la sociedad. Con vehemencia. Y uno de esos obstáculos, me ha venido a visitar a casa. He ganado algunos amigos y he hecho un nuevo master en el conocimiento humano. Dejo el bagaje de la idea, las mil y una gestiones, la presentación de gran éxito. La “nueva” junta tendrá que demostrar que sabe hacer algo más que maniobrar, en algún caso dar conferencias remuneradas en nombre de la asociación, y reenviar correos de las Instituciones europeas.  Sé que es inútil hasta haberlo contado. Ni soy la primera ni seré la última en sufrir este tipo de percances, ante la indiferencia general. Ésa que algunos aprovechan, ésa que les abre el camino. Yo me dispongo a olvidar el desagradable episodio. Ruego otra vez disculpas a todos aquellos a quienes involucré creyendo que Europa en suma seria diferente. No lo es. Se parece más a Honduras en resta.

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