Impuestos: que todo siga igual

Si no leo, oigo y veo mal desde Berlín, el PSOE ha retirado un acuerdo por el que se proponía elevar los impuestos a los más ricos. Argumenta que IU no le garantiza su apoyo en los presupuestos. ¿Y qué? ¿Entendemos que, por tanto. pagamos una trifulca política todos… menos los ricos?

Lo hemos comentado varias veces. Con los sueldos más bajos de la Europa anterior a la ampliación, a excepción de Grecia y Portugal, con una alegre subida de la inflación desde la entrada del euro que nos equipara casi en precios a los más ricos, el 34% de media de impuestos no es poca cosa. Lo peor es que el tramo entre el más y el menos es más corto que en otros países y deja con el 42% a las rentas más elevadas, cuando en Dinamarca u Holanda, en Suecia también –dentro de Europa- pagan el 60%, los demás no. Y en Grecia, por ejemplo, cuyo pico alto está a la par que el nuestro, las rentas bajas no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.

Primero quitaron el impuesto de patrimonio, ahora renuncian a subir los impuestos a los ricos. CIU se oponía. Atentos, CIU se oponía, no lo olviden sus votantes con temor a perder el empleo. De igual modo que ya han confesado todos los partidos conservadores que son partidarios de “la reforma laboral”: despido barato y bajada de sueldos. Recuérdenlo también con la papeleta en la mano. La precariedad de acuerdos parlamentarios del PSOE nos está saliendo muy cara.

Ayer, con toda emoción, regresé al puente de Bolrnholmer, donde hace 2 décadas asistí a la apertura del Muro de Berlín. Bien abierto para insuflar libertad. Pero allí empezó a morir también la izquierda. El capitalismo dueño y señor de nuestros destinos. Pero a la ciudadanía de otros países les pilló mejor preparados y con las espaldas más cubiertas.

Tomando tierra en Berlín

21 grados a mediodía, dormir con edredón. He venido a respirar Europa más cerca de su corazón y tratar de reencontrar escenarios y personas que tanto me impactaron hace dos décadas cuando cayó el muro de Berlín ante mis ojos. Para bien y para mal, cuesta encontrarlos. La piqueta ha trabajado lo suyo. No en todos los casos. Las casas derruidas junto a la pesada frontera, que no podían ser habitadas por razones obvias, se han convertido en un precioso barrio de vanguardia, tiendas pijas de diseño y pequeños restaurantes. El Mitte, la mitad. Es una recuperación altamente simbólica. Pero aún persiste la división entre Este y Oeste en la mentalidad.

Alexander Platz, la joya de Berlín Oriental parece más pequeña que el recuerdo. No he llegado aún mucho más lejos. Espero hacerlo hoy.

Mi alojamiento en el Oeste me permitió ayer escuchar a muchos españoles que están en visita turística. Con mi metro ochenta y el pelo rubio paso por alemana. Un grupo de matrimonios daba limosna, muy convencidos ellos, para reconstruir la vieja iglesia de la Paz (protestante) que fue símbolo occidental de la guerra. En realidad es para mantener abierto el monumento. Señoras maduras salen –también en grupo numeroso- cargadas de bolsas con compras pero diciendo: “España es mucho mejor” –palabra-. Y “¡Qué caro!”.

Los precios de todo oscilan por zonas, pero en efecto son superiores a España. Aunque vi mi famoso patrón oro de la cesta de la compra –tomates- a 1,99 euros. Hermosisimos. Eran polacos. Ahora tenemos mucha más competencia.

De cualquier forma los alemanes cobran el doble que nosotros y sus precios no se han duplicado, ni mucho menos. Leo que el Sr. Trichet, que reside en Francfort, tiene la osadía de pedir regulación de los sueldos españoles y despido aún más libre. Las obras de Berlín Oriental las hacen ciudadanos del Este europeo, no alemanes, como en casi todas partes. Es que siempre ha habido clases ¿no? Nosotros estamos en la de cobrar la mitad.

Orange no me dio el servicio contratado y he estado sin Internet. No me dio nada, ni un minuto de conexión. Espero que no lo cobre. Y, ahora, con otro, no consigo colgar las fotos. Pero todo puede esperar. Menos Berlín. Hoy tengo pogramados grandes choques con la nostalgia.

Quince razones para acudir a votar

unioneuropea

 1) Nuestros sueldos son un 25% inferiores a la media después de la ampliación al Este. De la Europa de los Quince sólo superamos a Grecia y Portugal. Excepto los ejecutivos, que son los quintos mejor remunerados de la UE.

2) Trabajamos 2 horas mensuales más. Y disfrutamos 3 días menos de vacaciones anuales. A la cabeza, Francia con 38 días por año. Y sin puentes zanahoria.

3) Nuestra productividad, eso sí, es un 15% inferior. Los descabellados horarios –abrir por la tarde cuando otros cierran- pueden influir, además de la falta de planificación, en un país con sobreabundancia de puestos directivos.

4) Los impuestos se sitúan en la media de la tabla, pero –a pesar del considerable aumento de los gobiernos Zapatero- invertimos siete puntos menos en gasto social que la media.

5) Ocupamos uno de los primeros lugares… en fracaso escolar.

6) El 60% de los españoles no recicla la basura. Media UE 41%.

7) Sólo el 36% de los españoles conoce otra lengua distinta de la materna. Por debajo, únicamente  los británicos que justo hablan inglés, el segundo idioma del resto. La media europea está en el 56%.

8 ) Pagamos las tarifas más caras de ADSL y telefonía móvil.

9) La rentabilidad de los fondos de pensiones en España es un tercio de  la de Suecia.

10) El 31% de los jubilados españoles roza el umbral de la pobreza, debido a sus bajas pensiones. Ahí sólo nos “supera” Chipre.

11) La vivienda se ha abaratado en el Reino Unido el triple que en España, después de los pinchazos de sus burbujas inmobiliarias.

12) En toda Europa se estudia sin problemas “Educación para la ciudadanía” y son legales la píldora postcoital y el aborto en diferentes plazos. Salvo en Malta que lo prohíbe y en Irlanda que sólo se admite cuando existe riesgo de muerte para la madre.

13) Europa no tolera la corrupción de sus políticos. El último ejemplo: Gran Bretaña.

14) A pesar del actual ascenso de la extrema derecha en la UE, Alemania pena con cárcel la apología de su dictadura nazi y se esfuerza en borrar todos sus vestigios. Y Francia condena a su Le Pen por minimizar el nazismo.

15) En Europa, el terrorismo es asunto de Estado, ningún partido lo utiliza políticamente.

¿No sería deseable, por tanto, ser REALMENTE europeos?

¿Dónde está la bajada de los precios?

 

 

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El Índice de Precios de Consumo (IPC) registró en marzo el primer signo negativo de su historia al caer un 0,1% en tasa interanual en marzo. Esto es lo que nos cuentan las noticias. Según su signo político ven peligro de la “temida” deflación o no, y todos tan contentos.

Bien, yo utilizo de baremo el precio de las camisetas año a año. Un elemento tan arbitrario podría ser como la cirugía estética que entra en el cómputo del IPC. Camisetas sin marca pero con algún tipo de mejora, no la simple de algodón lisa. Hace 2 años la mayoría venía a 18 euros, en 2008 a 24, y este año oscilan entre 36 y 39. Un alto porcentaje de elevación. Un diminuto jersey de bebé recién nacido -que las abuelas tricotaban en media hora- cuesta en torno a los 30 ó 35 euros.

Los expertos nos cuentan muy serios que, hace un año, el precio del barril de petróleo Brent se pagaba a 102,9 dólares, y ahora a 47 dólares -es menos de la mitad-. “Por ello, en los últimos doce meses los carburantes y combustibles acumulan una bajada del 18,4% y los productos energéticos del 11,6%.”, nos aclaran. ¿Quién se come el resto, la diferencia entre 55,9 y 18,4? Ah, los impuestos que pagan otras cosas. De cualquier forma, las petroleras subieron un 4% el combustible en Semana Santa, sin que lo hiciera el Brent.

Tampoco noto apenas la bajada de los precios en la compra diaria. Ha aumentado la producción de “marcas blancas” en los supermercados que sí son algo más baratas, pero el resto está parecido. El pescado prohibitivo, la triste e insípida pechuga de pollo a 6 ó 7 euros el kilo, los filetes de tapa de añojo -que tampoco son para relamerse- 10/12 euros el kilo, vamos a ver el solomillo -que sí- a 40 euros. El tomate decente a 3 euros. Ya vimos los precios de una ciudad media de Suecia, Lund, donde cobran el doble que nosotros. El gas baja -la descomunal cifra de 3 ó 4 euros al mes nos dicen-, la electricidad no se sabe, pero las facturas que yo pago son escandalosas y teniendo cuidado. Imagino que es general el problema. Y compré gafas hace 4 años por 300 euros y ahora me piden, en la misma tienda, 500.

Lo cierto es que cuando entró el euro todo costaba aproximadamente la mitad que ahora, y a ninguno -salvo a los grandes ejecutivos- nos han duplicado el sueldo.

Ningún experto a los que he preguntado -con auténtica insistencia- en mi vida profesional, ha sabido explicarme porqué todo tiene que subir cada año, porqué no se puede mantener al menos. Si es la ley de la oferta o la demanda o esos mecanismos que ellos conocen tan bien y que mantienen el sistema y les hace temer la deflación. Pero ésa es la clave.

No nos fiemos, sin embargo, de las impresiones o de nuestra mala cabeza al encontrar sólo tiendas donde no se han enterado que el IPC baja. Los precios de la zona euro comenzaron a contabilizarse en 1996. El registro del año pasado reveló que en 12 años, hemos visto incrementada la cesta de la compra en torno el 30% ¿Han subido lo mismo los sueldos? Evidentemente, no. Según la OCDE el salario real medio español ha bajado un 4% en los últimos diez años -a pesar de que se vivían tiempos de crecimiento económico- y somos el único país -de cuantos estudia este organismo- en el que se ha producido un descenso del poder adquisitivo.

Aquí están los datos del IPC, que considera reales la página que los publica. Yo no encuentro esas bajadas en el mercado. ¿Alguién podría orientarme sobre dónde están esos precios en descenso?

La democracia enferma

Dominio público en Público. En él hablo de la democracia enferma, igual que suelo hacer en este blog. El mundo, España como parte del mundo y con sus errores propios, y el primer escenario para actuar. Entresaco para el blog el párrafo donde señalo otros síntomas de que esto no funciona como debiera:

“Cayó ya el manto de la impunidad sobre la última masacre de Israel sobre los palestinos. Un muro de 2.500 km sembrados de minas se yergue -olvidado- en el Sáhara, a la espera de un referéndum que nunca se celebra. Se aplastó la revolución dorada -de monjes indefensos y hartos- en el Tíbet. Completamente. Hasta el silencio 30.000 muertos sepultados por un terremoto y -sobre todo- la tiranía, en Myanmar. Totalmente. Hasta la indiferencia. Aunque el mundo dolorido derriba sus barreras en avalancha: lo malo nos toca a todos. Más asesinatos de locura terrorista, cavernaria. Aquí y allá. Se incrementan los precios de los alimentos y la gasolina; luego los especuladores los bajan sin dar explicaciones. Estalla una guerra al norte de la civilizada Europa. Por gas, por petróleo, por hegemonía. Se solidifican y congelan los hielos de la guerra fría. Un dirigente político legisla en su provecho, introduciendo el fantasma del fascismo desde sus pies de bota. Siguen llegando pateras. Sigue matando el hambre. Siguen diezmando poblaciones las guerras y las enfermedades. Unos pocos se lucran con el mal ajeno. Joyas y materiales preciosos -coltan, uranio- causan codicia y muerte en África. En Zimbabue, el cólera sin medicinas mata a cientos de personas. Su dictador, Robert Mugabe, fue exonerado de condena por el G-8 tiempo atrás, por ese juego de vetos y prioridades al que suele jugar.

Se reconstruye el Irak invadido, entre escándalos y más impunidad. Ya no hay espacio para tanto banco y tantos fraudes, pero hay que conservar el sistema a cualquier precio. Ya no caben más coches en el mundo, pero se hace preciso mantener las estructuras. Lloran los bolsillos millonarios -porque alguno de los suyos les engañó- mientras repasan sus cuentas sólidas de Suiza. Baja el petróleo, sin cesar. Y todos los indicadores económicos. Y las Bolsas no se animan. Llegan los despidos, los ERE, tan oportunos a los planes económicos, y gimen -con más motivo- los asalariados.
¿Algo más tiene que pasar para que el mundo se inmute?”

La democracia enferma, artículo completo.

Oficio de político

No dejo de preguntarme si los políticos que nos representan –sólo nos representan aunque a menudo lo olviden– son lo mejor que podíamos encontrar. Realizan una labor encomiable, esencia de la democracia, pero ofrece dudas que -en la evidente maraña de alianzas e intereses-, sea el servicio a la sociedad el motor para alcanzar la cúspide de una formación, o cualquier cargo. Listas cerradas, nombres de progreso interno, endogámico. Llegados a las Cortes, se guían por la “disciplina de partido” para emitir sus votos -si es que van, que ni siquiera acuden siempre-. ¿No sería más operativo que fuera una sola persona por sigla? El resto podría dedicarse, en ese tiempo, a otros menesteres. O… pelear por los intereses de sus votantes, como hacen en otros lugares donde la elección es por listas abiertas.

Nos cuentan que el sueldo de los diputados es de 3.126,52 euros mensuales, a los que se suman los complementos que, en su caso, tenga cada uno en razón del cargo que ocupe. El menor de ellos es de 870,56 para los electos en Madrid, 1.823,86 para los que viven en cualquier otra circunscripción destinados a gastos de alojamiento y manutención en la capital, dado que tengo la impresión de que viajan gratis y en preferente. Pero existen muchos más añadidos en razón de si hacen algo más que apretar el botón del voto -valga-. Por ejemplo, el presidente de la Cámara percibe 3.605,38 en concepto de complemento como miembro de la Mesa, otros 3.915,16 de gastos de representación y 3.210,08 de gastos de libre disposición.

A muchos, este dinero no les basta y trabajan en otro lugar. Hasta en más de uno. El Congreso acaba de autorizar a Acebes y Michavila a cobrar un tercer sueldo en el sector privado. El primero no ha intervenido jamás en una sesión este año, Michavila lo hizo hace cuatro meses. Y ninguno de los dos trabaja de peón de albañil. Marea ver las altas responsabilidades a las que se enfrentan en sus trabajos privados, y… las altas remuneraciones que deben percibir.

Además, la política, al parecer, aporta grandes conocimientos para dirigir negocios. Al abandonar su ejercicio activo, nuestros representantes resultan beneficiados con auténticas loterías de cargos en empresas, con remuneraciones millonarias. Existe una leve regulación con la Ley de Incompatibilidades, pero sin auténticos mecanismos para impedir esta fuga a la prosperidad, recién abandonado el puesto.

Zaplana se lleva a casa un millón de euros -imagino que anuales- por sus puestos en los consejos de las filiales Telefónica O2 Europe y Telefónica O2 República Checa. Ya sabemos que Telefónica le debe grandes favores al PP, que la privatizó. David Taguas, ex director de la Oficina Económica del Presidente Zapatero, también se fue al mundo de la empresa, nada menos que a la patronal de la construcción. El meritorio Josu Jon Imaz, que renunció a la presidencia del PNV, ha curado sus frustraciones haciéndose cargo de PETRONOR, petróleos del Norte, que tampoco parece un mal destino. Tenemos muy bien colocados a Rodrigo Rato y José María Aznar, a Jaume Matas o a Narcís Serra. Lícito, en principio, produce una sensación poco estética en la ciudadanía.

Os propongo que investiguéis -y es fácil, hoy, hacerlo en Internet-, quienes presiden o aconsejan a los principales emporios del país. Por ejemplo: Supermercados Carrefour, la empresa que primero se apuntó a beneficiarse de la libertad de horarios decretada en Madrid por Esperanza Aguirre. La preside Rafael Arias Salgado, otro ex político del PP; pero por allí han pasado José Pedro Pérez-Llorca, Pío Cabanillas Gallas, Rodolfo Martín Villa, Luís Manuel Coscuella, Josep Borrell o Francisco Álvarez Cascos.

Los políticos no contribuyen con sus sueldos al mantenimiento de los partidos, estos reciben subvenciones por numerosos cauces, pero tampoco parece bastarles. No soy la única que me asombro de la calidad de nuestra política, por fortuna. Hoy Javier Martínez Reverte, en una Tribuna de El país reflexiona:

“Si la cantidad es suficiente, la posición de los partidos ante la corrupción debería ser de una claridad meridiana; y si no lo es, deberían explicarlo y pedir más dinero, porque los partidos son absolutamente necesarios en un sistema democrático. Y año tras año vemos cómo los partidos políticos gastan más de lo que recaudan, que no es poco. Y no entran en quiebra. ¿Por qué? Porque los Parlamentos lo permiten, y porque los bancos lo consienten. De cuando en cuando, hasta les condonan sus deudas. Los partidos se han convertido en estructuras que devoran recursos sin cuento, lo que favorece que existan corrupciones, sobre todo en los ámbitos locales, en los que es más fácil confundir el interés personal con el político.

Lo peor es que casi todos los partidos democráticos participan, cómplices entre ellos, del implícito acuerdo de no cuestionar sus sistemas de funcionamiento. Y, como apéndices de esas estructuras, los parlamentarios fijan sus propios emolumentos, sus dietas de viaje y comida, y hasta sus planes de pensiones, algunos tan escandalosos como los que disfrutan los parlamentarios europeos, que alcanzan además el derecho a la pensión máxima con tres años de dedicación mientras un trabajador normal necesita 35.

Los partidos son estructuras sin alma. Son edificios. Unos edificios habitados por gentes que pueden tener en origen un encomiable afán de servicio público, pero cuyos intereses son los de profesionales que tienen que sostener un tren de vida, y defender con uñas y dientes un puesto de trabajo para el que no es fácil encontrar repuesto”.

Es imposible que políticos de la calaña que estamos viendo estos días, cerrando comisiones sin haber investigado nada, justificando lo injustificable, sean nuestros representantes más idóneos, siquiera que merezcan serlo de sus votantes estrictos: ni una sola voz discordante ante los atropellos. Viven como dioses, reciben sustanciosos emolumentos, tienen su futuro asegurado, vuelan por sus días entre flashes, halagos y peloteos, y además gozan del poder y todo lo que implica en cuanto a accesos a prebendas y capacidad de aplastar sin contemplaciones.  Entre los más dispuestos también hay mucha inoperancia, no vemos resultados suficientes. Tenemos que plantearnos, muy seriamente, si podemos seguir tolerando este estado de cosas. Y, sobre todo, si con el dinero que nos cuestan no podíamos pagarnos algo mejor.

España: sueldos mileuristas, sueldos millonarios

Lund (Suecia) en el verano de la inflación (2008), para entenderse en euros, hay que quitar un cero. Los tomates cuestan 2 euros, por tanto.

Lund (Suecia) en el verano de la inflación (2008), para entenderse en euros, hay que quitar un cero. Por tanto, un kilo de tomates cuesta 2 euros y uno de naranjas 1 euro.

Francisco González es el asalariado mejor pagado de España. El BBVA que preside ha hecho públicas las retribuciones de sus directos. González ha ingresado 16 millones de euros el año pasado, entre sueldo fijo, variable, y dotación para su fondo de pensiones -apunte este último en el que lleva aculados 72,54 millones de euros-. Además dispone de un blindaje -por si le expulsan del banco- que asciende a 93,7 millones. Y eso que, dada la crisis, ha visto reducidas sus prestaciones en un 5%. Es decir, en 2007 ganó un 5% más.

 Los directivos españoles son los quintos mejor remunerados de Europa. El sueldo medio anda por los 4 millones de euros anuales, con una interesante revalorización anual del 15%, algo más que la inflación, que nos aplican al resto.

En España, hay, al mismo tiempo, 11 millones de “mileuristas” -sueldos iguales o inferiores a mil euros mensuales-. Seguimos ganando un 33% menos que nuestros vecinos de la antigua Europa de los 15. Con un nivel medio de impuestos, una de las más altas elevaciones de precios desde la entrada del euro, nuestro poder adquisitivo ha mermado en los últimos diez años. La OCDE lo ha cuantificado. Dice que el salario real medio español ha bajado un 4% en esa última década.

Con el permiso tácito de mi editorial, FOCA, reproduzco el cuadro orientativo que incluyo en mi libro, “España, ombligo del mundo”:

graficoFuente: EUROSTAT 2008

Pongo ejemplos tangibles: En Dinamarca, los camareros ganan 2.300 euros al mes, más propinas, por jornadas de 37 horas semanales. Por atender, por ejemplo, un restaurante con terraza. Alguien que llegue sin preparación alguna obtiene desde el primer día 1.500 euros mensuales. Más propinas, insisto. Otro caso: uno de los sueldos más bajos de Suecia es el de conductor de autobús: 1.800 euros por 40 horas semanales. Los suecos miran incrédulos a quien les dice que ser “mileurista” en España es casi un lujo, frente a los menos de 600 euros del salario mínimo que se han venido cobrando hasta ahora. En la foto podéis ver que sus precios no difieren tanto de los españoles. Incluso las naranjas son baratas allí que aquí donde las producimos. 1,80 cuestan hoy, en el super de unos grandes almacenes… en oferta.

El paro nos acosa, los empresarios y hasta el ministro Corbacho piden moderación salarial. ¿No es una desvergüenza?

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