Entrevista en la caspa.tv

 Antonio Delgado ha colgado en su web la entrevista que hicimos antes del verano, y que le agradezco.  Hablamos de los blogs, del periodismo, de España, de Europa, de los políticos, de la sociedad, de la televisión… Y si me permitís un apunte coqueto:  fue antes de erradicar los estragos de peso ocasionados por mi fallido intento de dejar de fumar. Además, la tele engorda.

Si os apetece echarle un vistazo aquí está:

 

Traumaticémonos por el trabajo mal hecho

Un matrimonio de Florida denuncia que el marido encontró un sapo en una lata de Pepsi diet, no se dio cuenta hasta que bebió y se atragantó con él, se traumatizó –esto es clave- y pide una cuantiosa indemnización. Pepsi, muy en su papel, niega que el hecho se haya producido, pero los demandantes cuentan, al parecer, con un análisis de la Administración Federal de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos adonde acudieron con su lata.

   La noticia me ha hecho sonreír. A mí me sucedió algo similar con una Coca Cola, diet incluso. Alquilé una habitación en Nueva York a una austriaco-americana, lista y cultivada y, también, de armas tomar, Stella. Cada una teníamos nuestros propios productos en el frigorífico. Una tarde regreso y mi casera me cuenta, muy excitada, que acababa de cogerme una de mis “cocacolas” porque tenía mucha sed. Al abrirla, había aparecido algo asomando por la abertura. Era un saltamontes, muerto evidentemente. ¿Dónde había comprado yo la lata? ¿Tenía el recibo? Casualmente sí y el supermercado se ubicaba a pocos pasos.

   Stella se bajó blandiendo la lata y subió alborozada, al cabo de un buen rato. Le iban a pagar 3.000 euros del año 90 a condición de que no presentara denuncia. Dudaba si acudir a la justicia de todos modos y obtener más dinero. Se me ocurrió decir:

  -Pero la lata es mía.

  – Ah, pero el susto me lo he llevado yo, soy quien va a quedarse “traumatizada”.

  – Si no hubiera cogido mi «cocacola» la tramatizada sería yo, lo justo es repartir la indemnización-, tercié en ruin negociación.

   -¡Toma!, te pago tu lata, replicó Stella sacando los centavos que costaba.

   Fue ella quien cobró acabando con nuestra amistad y convivencia.

   Algún viaje más tarde, un coche de alquiler en Los Ángeles perdió por completo el sistema de frenos. Aterricé literalmente en un seto. Acudí a la oficina de alquiler, lo devolví, y ellos, entre sonrisas y reverencias, me lo cambiaron por un magnífico descapotable sin coste adicional alguno. En una reunión de hispanos y españoles unas horas más tarde, hasta cuatro abogados se me acercaron –sabedores del suceso- para ofrecerse a representarme en una demanda contra la Agencia de automóviles. Decliné la invitación.

  Desde hace muchos años, EEUU ha hecho de las reclamaciones por disfunciones, de los “traumas” que acarrean a los usuarios, un suculento negocio, especialmente para los abogados. Y las compañías prefieren pagar antes que ir a juicio. Entre esa desmesura y el todo vale, hay un punto intermedio.

   Hoy que batallo con el ordenador –de un año de vida-, que se apaga y tarda en reiniciarse media hora, insisto de nuevo en el que el trabajo bien hecho implica civilización. A mi me traumatizan las cosas que no funcionan en España, que son las que tengo más cerca. Y no pido indemnización, sino que se aplique más interés y más rigor. Y todos deberíamos practicarlo y reclamarlo. Nadie está libre de errores, no sería humano, el problema es cuando se generalizan, se aceptan y hasta se presume de ellos.

Trabajar bien, con atención, con buenos resultados, por uno mismo, por los demás, por España -¡qué mejor patriotismo! a ése apelo-.  Llamar cuando te comprometiste a llamar, cumplir lo prometido, no acudir tarde a las citas, pintar con pulcritud, curar con atención, extraer muelas sin que el paciente se entere, resolver los pleitos con eficacia y cobrando lo justo, fabricar muebles cómodos,  conducir respetando las normas, cocinar aseadamente y tratando de lograr los mejores sabores, servir la comida con amabilidad -que uno no va todos los días al restaurante-, legislar pensando en los ciudadanos, gobernar con esa única prioridad, oponerse sin zancadillas, pensando, de verdad, en el bien de España y no en el propio, informar dando noticias veraces, correctamente estructuradas, sin contaminar, que ayuden a saber lo que ocurre y formarse una opinión.

   Decía la otra noche Iñaki Gabilondo que, en un país descentralizado y sujeto a las directrices de Europa, no debemos mirar a la Moncloa como al farolillo encendido en El Pardo que Franco tenía para los disminuidos mentales y sociales que fabricó, esperando que todo nos lo resuelvan otros. Es una tarea conjunta. Porque, insisto, “la incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad”. Si no nos rebelamos, por lo menos ¡traumaticémonos!

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Los beneficios de la gripe A

manosespaña

“Las guarderías van a llenarse de jabón”, he escuchado, atónita, en esos telediarios de “servicio público” o “interés social” que más bien parecen dirigidos a inmaduros mentales en proceso de crecimiento. ¿No lo estaban ya? La gripe A amenaza con cambiar hábitos y costumbres y no siempre será para mal. Una limpiadora friega el suelo con fruición en las imágenes y el mosaico reluce. Los pequeños españolitos acuden al lavabo en el siguiente plano y, con generosa ración de detergente, se lavan las manos. A continuación, las secan con toallitas desechables. Deberán practicar tan saludable costumbre cada vez que las ensucien. Tendrán, también, su botella de agua particular, en lugar de vasos compartidos. La gripe A va a propiciar la higiene, que, por lógica aplastante -al presentar el jabón y la limpieza como una innovación-, no se prodigaban precisamente. Si al mismo tiempo, les enseñan a los cachorritos humanos patrios a no hablar a gritos y a preocuparse de los demás, a respetarlos, a escucharlos, a entender que el trabajo en equipo reporta mejores resultados a la colectividad, habrá que pensar en la gripe A como un mal que para bien ha venido.

Les van a aleccionar por el contrario con que el contacto físico es peligroso. “Hola”, en lugar de un beso, como los británicos que abolieron hace cuatro días el castigo físico y por acuerdo parlamentario, en la que constituyó una explosiva mezcla de no tocar más que para castigar.

La parte negativa de la gripe A es la inoculación del miedo, nada funciona mejor que el temor e incluso el terror para someter a una sociedad. Claro que morirá gente por gripe A, y por la común, y por esas enfermedades exóticas que viajan en los aviones, y porque les atropelle un coche. La ciudadanía adulta sabe que corre riesgos, incluso el de morir. Y que muchas de sus causas son incontrolables. 6 millones de niños mueren anualmente en el mundo por desnutrición. Ingentes cantidades porque no hay para ellos una pastilla que les detenga la diarrea consecuente a beber agua no potable, por ejemplo. A quienes esta realidad les parezca demagogia, les aseguro que aquellos y los nuestros son igual de niños.

Los telediarios y otros informativos -incluso las autoridades- nos han enseñado ya a guarecernos del sol poniéndonos a la sombra, actitud que conocen de forma innata hasta los animales. A no hacer esfuerzos físicos a 40 grados a la sombra, salvo que dependamos de un trabajo en esa ubicación para subsistir. Ahora a lavarnos las manos, gran signo de prevención… y de progreso. Ya digo, con añadir al programa no hablar a gritos, escuchar, y pensar en el bien común, no parece un mal proyecto. Pero, por favor, incluyan la erradicación del miedo y el impulso del criterio responsable. No beban las babas de un lanzador de esputos, pero besen y vivan. “Puede que los valientes no vivan mucho, pero los cobardes no viven… nunca”, ya lo escribí aquí una vez.

manosafrica

El síndrome del vasallo

Acabo de ver “N, Napoleón y yo”, una película recién estrenada de Paolo Virzi, a la que me acerqué sin grandes expectativas. El actor francés Daniel Auteuil suponía para mí un poderoso gancho, completado con el descubrimiento del joven Elio Germano, la envidiablemente bella Monica Bellucci y, como vería, el resto del reparto. Más hallazgos: no es una sesuda recreación histórica sino una comedia cuajada de matices y de ironía que me desató múltiples reflexiones.

Un Napoleón caduco y fracasado llega desterrado a la isla italiana de Elba que se ha convertido en efímero Principado para acogerle. Año 1814. La población babea al recibirle. Todos, salvo un joven profesor radical jacobino, cuya obsesión es matar al emperador pero termina de secretario que le sigue y apunta sus gracias.

Un supremo hartazgo había desembocado en la Revolución francesa que, cortando expeditivamente cabezas, acabó con una época, la de los privilegios de una casta superior y la tiranía. Resulta de partida incomprensible que, tras tamaña convulsión, la sociedad reprodujera los viejos esquemas, corregidos y aumentados con un emperador del calibre de Napoleón Bonaparte. Pero así fue, parece haber una tendencia al vasallaje en los seres humanos.

El encuentro entre el Emperador y su joven secretario que le detesta va a aportar múltiples matices. Napoleón baja un tanto de su pedestal para dar una faz humana, aunque, encantado de haberse conocido, se haga seguir de un ilustrado que anote sus supuestas frases brillantes que, a veces, incluso repite. La camarilla ríe y se asombra de su brillantez, el pueblo le venera desde lejos. Napoleón ha ocasionado miles de muertos, algunos salieron de la sangre de Elba, pero es poderoso y se baja la cerviz con placer, sin cuestionarse nada. Hasta el odio del joven italiano parece ablandarse con el conocimiento. “No más muertos”, le ha dicho el poderoso y él parece creerle. Pero acabará en traición, según la trayectoria conocida.

Napoleón no ha muerto, no han desaparecido los emperadores de todo pelaje. El poder ejerce una influencia sobre la sociedad que debería ser calificada de síndrome, el síndrome del vasallo. Desplazad el foco de vuestra atención cuando miréis una foto o un vídeo de alguien con algún tipo de influencias, desde un político a un artista famoso. Advertiréis forzadas sonrisas de encantamiento en cuantos le acompañan. Y cómo la población se acerca, y se detiene, y de alguna forma admira. Al lado y detrás de la cámara lo he vivido hasta la náusea. Coche oficial que aparta el tráfico y que para a pie de acto, innumerables flashes, perennes sonrisas como digo, silencio y veneración. Preguntas periodísticas. Interesa cuanto diga o no diga, aunque sean estupideces –que muchas veces lo son-. La audiencia seguirá después sus palabras. Querrá escucharles en debates, creyéndoles seres superiores a ellos. El poderoso se ve transportado a un limbo del que imagino hace falta mucha cordura para distanciarse y enjuiciar la situación en su justa medida.

¿Qué sabes de la vida de los famosos? Preguntan periódicos serios. ¿Qué hay que saber? Si es un político quiero verle actuar velando por mis intereses y los de mis conciudadanos, si es un artista aspiro a disfrutar de su obra. No más. Pero es la sociedad quien les encumbra y alimenta su ego, haciéndoles sentir en una cúspide de difícil acceso, a la que –en el caso de los políticos- han llegado con los votos, con el mío también, con el tuyo. No es así en todo el mundo. Al presidente sueco Olof Palme, le mataron en la calle porque seguía viviendo en su domicilio y hacía la vida de cualquiera. A la ministra sueca Anna Lindh, lo mismo. Los ciudadanos alemanes pueden al menos apoyarse en las paredes del Bundestag, con Angela Merkel dentro, porque ninguna medida de seguridad, ni ningún guardia, prevalece sobre su consideración de que el Parlamento y el Gobierno son de los ciudadanos.

“El poder no me cambiará”, dijo José Luís Rodríguez Zapatero al ser elegido en 2004. ¿Le ha cambiado? Sí. Ya anda con camarillas de las que sí se fía para esquivar los cuchillos envenenados. Cambia a todos los engolados portavoces, cambia hasta al más humilde concejal de pueblo.

La raíz podría estar en el síndrome del vasallo de la población que les alimenta. Todos los cometidos para que una sociedad funcione son importantes. Pedid autógrafos a la cajera del supermercado, sin ella puede que no tuviéramos qué comer. Pero el ser humano parece necesitar ser dirigido, admirar fuera de los cauces de la lógica y la moderación. Quizás precise mayor autoestima, mayor conciencia de su papel protagonista de la historia. Seguramente es lo que tienen quienes expresamente tocan el edificio del Bundestag alemán porque sienten que es suyo. También trabajan por él, por su país. Esa actitud –que precisa conocimiento responsable, implicación y madurez- es más patriota que el rendezvous o la crítica desde el sótano que sólo ve los pies del ídolo. ¿Dejaríais abierta la llave de vuestro dinero y vuestra despensa y os pondríais a mirar la televisión? Pues España -sin ir más lejos y a partir de ahí lo que queráis- es tan nuestra como nuestro hogar. El vasallo nunca es un auténtico adulto, por eso pide tutelaje.

Vivan las caenas

 Dedicado a quienes creen que este mundo no se puede cambiar porque siempre ha sido así.  Y que así seguirá hagamos lo que hagamos. Así. Desayuna en la cama, no tiene armarios sino habitaciones llenas de ropa carísima, joyas, zapatos…  dice que los pobres de toda la vida están acostumbrados a ser pobres pero que te encuentras con amigos que teniendo patrimonio no disponen de «cash» para ir al supermercado «¡ay, unos dramas¡» Y hay quien cree que la sociedad actual se puede mantener así. Así:

(visto en escolar.net)

¿Pide el PP impunidad?

Veréis… pocas personas habrá que como yo ejerzan una mayor militancia a favor de respetar las normas de tráfico porque creo que benefician al bien común. Pues bien, un día me pusieron una cuantiosa multa y me quitaron dos puntos del carné por circular ¡a 68! Kms por hora en ciudad. Está marcado a 50 como máximo, y prácticamente nadie lo cumple, pero me tocó la lotería del cupo recaudatorio municipal. Salía yo, como una moto, de la Delegación de Hacienda donde me habían perpetrado lo que considero un atropello. Demostrar que lo que es exige enfrentarse a una maquinaria burocrática y judicial de gran calado y anticipar unos ingresos –abogados, procuradores- que no harían sino aumentar el desembolso con muy dudoso pronóstico de éxito. Son un par de incidentes y casi ninguno nos vemos libres de casos iguales o similares.

Y voy y me encuentro con que a un señor, a la sazón Presidente de la Generalitat valenciana por parte del PP, le regalan trajes –que se los regalan parece probado- y que van a tomarle medidas a una suite del Hotel Ritz que es donde se aloja cuando viaja a la capital. Y que la dádiva procede de “un amiguito del alma” que, casualmente, logra contratos millonarios con la institución que el dandy de los trajes regenta, y que está implicado en un caso de corrupción. Y que interviene una docena de jueces, el tribunal supremo y los de Madrid y Valencia, y, finalmente, este último archiva la demanda. Por pura coincidencia, lo sé, el presidente del Tribunal es también “más que amigo” del inculpado.

Ya no hablamos de este caso, claro que no. Tenemos para disfrutar de las jornadas estivales un furibundo ataque del PP, con toda su artillería en acción, contra el Gobierno de mi país, y del tuyo, y contra todas sus instituciones –jueces, fiscales, fuerzas de seguridad-, porque se ve víctima de una conspiración. Así que para mí es un «asunto personal»: están agrediendo a mi país. 

La investigación del caso Gürtel procede de las grabaciones y denuncia de un miembro del PP, descontento en el reparto. Ha atravesado todo el entramado policial y judicial hasta alcanzar un centenar de imputados. Amén de otros casos ejemplares como del Sr. Fabra en Castellón, nos ocupa ahora la trama balear por la construcción del velódromo Arena –que muchas más obras se acometieron bajo mandato del popular Jaume Matas, aquel que salió por propia voluntad a aún mejores destinos -¿por piernas?-. Y leemos que la fiscalía ha documentado d-o-c-u-m-e-n-t-a-d-o pagos por 70.000 euros en dinero negro del PP de Baleares. Mi paciencia tiene un límite, y ya la paja ha roto la espalda del sobrecargado camello.

La señora de los carísimos bolsos Vuitton –regalados también por “El bigotes”- es aludida en una investigación que intenta saber que más se hizo cuando el equipo del PP presidía la Federación de Municipios y Provincias. Y sale otro sujeto y suelta que se investigue también la etapa del PSOE. ¿Vivimos en una cueva de ladrones?

Gran lío porque se espose a unos presuntos delincuentes. Error o no, yo veo a los chorizos de menor cuantía con los grilletes cuando son llevados a declarar, tampoco es para tanto. 

Y el insigne Federico Trillo, ejemplo de lo que para el PP significa la justicia –dado que es su portavoz en el Congreso- ,abriendo la boca, cuando, tras todo el asunto del Yak42, debía estar cultivando tubérculos en silencio en un huertecillo murciano.

Y De Cospedal, y Arenas, y Rajoy bramando desde chiringuitos de playa. Y Cristobal Montoro pidiendo que aporte pruebas la policía, los jueces y el gobierno de que no se les ha espiado. La práctica en la que el reo es culpable mientras no se demuestre lo contrario sólo rige –que yo sepa- en la dictadura china. La furibunda derecha española olvida algo fundamental: no los detienen por pertenecer al PP, sino por ser presuntos delincuentes.

El PP es especialista en suicidarse cuando mejor le van las encuestas electorales. Esto escribía el New York Times en su editorial, tras los convulsos días de Marzo de 2004: «Al parecer, Al Qaeda ha conseguido derribar a su primer gobierno democrático. Por supuesto ha estado ayudado por la actitud furtiva, asustadiza e inepta con la que el gobierno de Aznar ha manejado la investigación de los atentados del pasado jueves. En el desesperado intento por mostrar que el terrorismo vasco de ETA era el responsable, ofendió a muchos votantes que se sintieron manipulados».

Las teorías conspiranóicas siguieron con el terrorismo en la pasada legislatura, aún con la autoría del 11M rondando. La jauría se llama Acebes o Zaplana, Trillo siempre, siempre. Ahora De Cospedal y el resto de la troupe. Detrás siempre, siempre,  está el mismo: Mariano Rajoy. Tácticas suicidas, sí, pero no lo suficiente, no para regenerar la bochornosa derecha española.

Ahora es el Estado contra mí. Ofende la inteligencia. Y preocupa. E irrita. Todos estos señores se alojan en el Ritz , reciben trajes y bolsos de regalo, se forran con dinero negro de los ciudadanos, acreditado por investigaciones judiciales. Grandes prebendas, barra libre, borrados los límites de la legalidad, porque nuestros votos les han proporcionado los suculentos empleos de los que disfrutan. Sin nosotros, cobrarían peajes en las autopistas, despacharían embutido en la charcutería,  pelearían en despachos de abogados, registrarían propiedades en polvorientos despachos –es la profesión de Rajoy, por ejemplo-, o en el caso de las elegantes damas se casarían –también- con señores de posibles. No serían nada sin nosotros.

Entretanto, cada uno tenemos que apechugar con lo que nos toca.  Sin patentes de corso, estupefactos. Soñando que “más que amigos” se apiaden de nuestros casos o, mejor, los resuelvan con Justicia. Y a precios asequibles.

Por cierto ¿qué pide el PP? ¿Impunidad?

¡A por Zapatero! se ha levantado la veda

rita

Anoche cené con una amiga conservadora de manual en lo político, en absoluto en su comportamiento. Mi amiga es mucho más atractiva que la Rita que hoy dibuja Manel Fondetvila, pero he tenido que frotarme los ojos para comprobar que –aunque demasiado poco- he dormido y no seguía escuchándola a ella. A “Rebeca”, voy a llamarla.

Una mujer hecha a sí misma, y coronada por el éxito económico. Poca base cultural, amigos de condición similar, y lectura obligada de El Mundo –el único periódico que se salva de la prensa culpable-. Aún tiene en su caro frigorífico de dos puertas, el lazo azul que el PP recuperó en su artificial campaña de 2007 contra la política antiterrorista del Gobierno. Aquella que llevó reiteradamente a la calle a miles de personas –millones en el cómputo de Esperanza Aguirre-, con banderas rojigualdas, cantando “Libertad sin ira” -que fue en realidad el himno de UCD en la transición- y el “Cara al sol”, alternativamente.

“Total, unos bolsos”, “total, unos trajes”, “todos los políticos roban”. A los “querida, el firmamento es azul”, ella puede decir “yo no creo”, a “Rebeca” no le importan los datos.

Ignacio Escolar critica esta mañana, desde la madurez, el nombramiento de Dívar al frente del Consejo General del Poder Judicial. Y Javier Pérez de Albéniz en Soitu, despliega esta idea:

“Ya ha dado lo mejor de sí mismo. Traer a los soldados de Irak, las leyes del matrimonio gay y el aborto, mayor igualdad para la mujer… De un tiempo a esta parte, y después de avances sociales importantes y toneladas de fuegos artificiales, ZP se desinfla. Y lo hace al ritmo que marca su último ‘triunfito’.

“Peperos” regocijados inundan los comentarios. Se ha levantado la veda. Con la que está cayendo en el PP. Por ejemplo:

“Esta es la política del gobierno socialista: amarillismo, dinero fácil, cutrería, momentos soeces, falsa cultura …. atocinamiento del espectador para no pensar en nada”.

Y ataque frontal a este otro comentario:

“Querido Javier, en este país de mierda -salvo por los costados de alguna buena gente que lejos de comprender picarescas, trampas y actitudes fascistas, se irrita con ellas- la opción a Zapatero es una ultraderecha sin regenerar que acusa al mensajero y «comprende» y envidia regalos y corrupciones a cambio de favores remunerados. Absolutamente reaccionaria en lo moral, que allí donde gobierna como en Madrid ha destrozado la sanidad y la educación. Bastión incombustible del liberalismo más atroz, el causante de todos nuestros males económicos. Unido a una beatería que sigue queriendo imponer con martillo y clavos los postulados de la Iglesia católica -también- más reaccionaria.

Que la saludable crítica no enturbie más aún el fondo de lodo en el que nos movemos. ”

Ningún país carece de retentiva y de memoria como España. Memoria de Pez, le llamé en mi libro. España no nació en el año 2004, cuando triunfó en las elecciones Zapatero. Ni mucho menos. Somos fruto de una herencia desoladora que ancla las raíces en el futuro para perpetuarse.

Ya he hablado suficientemente de ello, daos una vuelta por el blog. Creo que los datos suscitan reflexiones. Diferentes a las mías incluso, por supuesto. Zapatero está cometiendo errores: el nombramiento de Dívar, algunos rasgos de la política exterior, sobre todo el viaje de Moratinos, secundado por Fraga, a la Dictadura de Guinea, la desactivación de RTVE, muchos otros nombramientos como el de la inconsistente Leyre Pajín, o prescindir de pesos pesados –que por cierto le odian-. Pero pongamos haberes y debes en la balanza.

Yo desde ayer me he quedado pensando en una cosa más. Os parecerá anecdótica: El Ministro de Trabajo, Corbacho, dijo que, de ceder a las pretensiones de los empresarios, peligrarían las pensiones y el gobierno no lo va a consentir.

Mi pregunta es ¿Qué haría en este caso un gobierno del PP?

Algo hemos visto. No dejo de reiterarlo estos días. Aquí hay un buen resumen:

(Visto en escolar.net)

Aquellos que pisamos la luna

 

luna amarilla

Hoy sé que fue un privilegio ser rabiosamente joven cuando se despedía la década de los sesenta. Los viejos no se enteraron porque casi nunca lo hacen y los niños no habían llegado aún al umbral del conocimiento. No era fácil. En absoluto. Estados Unidos –el mundo, en consecuencia- había visto desaparecer a tiros a dos Kennedys y un Martin Luther King que simbolizaba la lucha de los negros por sus derechos y por tanto por los derechos de los seres humanos. España seguía siendo impermeable a toda idea nueva. Sumidos en la dictadura, apenas habían llegado los ecos de la efervescencia francesa en Mayo del 68 –ésa que ahora denigran-. Pero lo suficiente para que fuese alentador “ser realistas: pedir lo imposible”, o que una buena norma de vida está en esta idea: “prohibido prohibir”. En lugar de pragmatismo y pesimismo, el gran canto a la imaginación y la utopía. Aunque también apagaran los tanques en Checoslovaquia las primaveras de libertad.

Menos de un cuarto de siglo después de la Segunda Guerra mundial, de los horrores del nazismo y el fascismo, la sociedad, los políticos, habían puesto diques para intentar que nunca más se repitieran. Declaración Universal de los Derechos Humanos, creación de la ONU y demás organismos internacionales, formulación de una Europa fuerte y radicalmente democrática. Y, mira por dónde, los enemigos no rivalizaban por aplastarse con nuevas bombas, competían… por abrir los horizontes de la Tierra hacia el espacio.

Ser joven en los sesenta significaba parar con flores la guerra de Vietnam. Sin haberse “inventado” el SIDA, el lema era hacer “el amor, no la guerra”. El modelo estético se desbordaba en formas y colores, en exuberancia, sin verse constreñido –como ahora- a esqueletos y perchas muertas de hambre. Con un falso desarrollismo, España tenía un crudo futuro. La muerte del dictador destaparía los pies de barro de la economía. Dos devaluaciones de la peseta, inflación del 20%, del 40%, tipos de interés hasta el 27%, paro sin subsidios. Y, aún así, se luchaba por el porvenir. Yo vendí libros por las casas cuyas puertas se abrían, como complemento a un trabajo de oficina mal pagado. Di clases de español a extranjeros aprendiendo a mi vez otras culturas.

La libertad flotaba en el ambiente -libertad sin maquillar como ahora de liberalismo conservador-, impulsada sobre todo por jóvenes utópicos. No logramos casi nada. Bajo los adoquines, en efecto, no había arena de playa. O sí la había: una sin mar que agrieta los cimientos. Y, sin embargo, algo ocurrió. Al menos, que la mujer española comenzó a liberarse –sola, y a un altísimo precio en soledades- protagonizando el mayor cambio social que se dio en España en el último tercio del Siglo XX. Y el afán de construir, ahora detenido, sabiamente desmantelado desde los poderes.

Y finalmente… pisamos la luna. ¿Qué más podía pedirse? Porque allí subimos todos. El mundo entero, de todas las edades. Fue el triunfo de lo imposible, lo inaccesible, un símbolo impulsor, asiendo la imaginación para afianzarse a la tierra y mojarse en labrarla.

Hoy no es posible hablar del histórico viaje lunar sin dedicar amplios espacios a mentar conspiraciones. Con más información que nunca, ha crecido, sin embargo, la ignorancia y su consiguiente superchería. Se han hundido los criterios. Incluso Saramago reniega de la luna. Ha perdido la memoria.  También mira al suelo.

 Sé que fue un inmenso privilegio batallar con fuerza por cambiar el mundo. Sobre todo cuando veo el de hoy, atado al suelo, plagado de miserias y abusos que la indiferencia y la pasividad no quieren cambiar. Hasta los jóvenes se inhiben en una actitud contra natura. Y se quejan de un camino de rosas que les ha tocado vivir, en comparación con el nuestro. Tiempo de regresiones, oscuro y maldito, sin memoria, que prepara inexorables nuevos cataclismos.

Sin nostalgia, sin dolor, sin mirar atrás idealizando el futuro, sino todo lo contrario, invito a atrapar otra vez la utopía, la luna blanca, maravillosa y mágica, porque sólo apuntando alto se logran pequeños avances. Todavía estamos aquí nosotros. Esta generación de maduros españoles crecimos oliendo de lejos, como digo, que bajo los adoquines había arena de playa y que realismo era pedir lo imposible. Con el rock, que nos hizo inmortales. Tocamos con las manos la utopía al construir la España democrática y no nos fuimos a dormir. Todavía seguimos muchos con la grúa aparcada y dispuesta a entrar en acción. Cuando Bob Dylan cantaba “los tiempos están cambiando”, no era un deseo, cambiaron realmente. Un poco. Lo que es posible mover el pesado mundo. Con fuerza, ilusión y coraje es posible. Y hoy… más necesario que nunca.

Permuto Valencia por Dinamarca y Madrid por Suecia

Fiel a mi idea de que la mejor forma de aprendizaje es el contacto directo y ponerse en el lugar del otro, hace tiempo que vengo pensando en una solución revolucionaria para arreglar algunos de nuestros problemas y, colateralmente, solucionar otros ajenos. Se trata de un experimento por el que se permutaría Valencia por Dinamarca y Madrid por Suecia. Atiendo a las cuestiones más urgentes. De resultar positiva la prueba podríamos estudiar nuevos intercambios.

La Comunidad Valenciana cuentan casi con el mismo número de habitantes que Dinamarca: unos 5 millones de personas. El primer aspecto positivo sería que en Dinamarca los valencianos se encontrarían mucho más holgados, dispondrían de casi el doble de territorio, 43.000 Kms. cuadrados, frente a 23.000. Un pasado histórico de solera les es común, y a ambos les baña el mar. Claro que allí son el Mar del Norte y el Báltico de temperaturas gélidas, pero dicen –no sé si está probado- que el frío curte. Más de 400 islas, la mayor parte despobladas, inmensos terrenos para construir y especular, ahora que el litoral valenciano está saturado de ladrillo. Tendrían que acostumbrarse, eso sí, a residir en un paisaje armónico, con un urbanismo elegante y bien diseñado.

copenhague

Los valencianos cobrarían allí 3.250 euros (ése es su salario medio, el más alto de la UE y con pocas diferencias sociales). Pagarían también precios algo más elevados, aunque no más de un 10% de los que tenemos en España. E impuestos superiores al 50%, el 60% para los millonarios, (En España la media es 34% y 42% para los más ricos). A cambio dispondrían de grandes medidas sociales, porque allí el Estado gasta en los ciudadanos el 30% del PIB, mientras nuestro país sigue estando a la cola de Europa con un 21%. Yo creo que en el aspecto económico rentaría el trueque a los valencianos.

Deberían aprender todos inglés, en Europa no puede uno moverse sin este idioma.  «Educación para la ciudadanía», sin objeciones y en el idioma propio. Y otros horarios. Entrar a trabajar a las 9 y terminar a las 4 por ejemplo, con un bocadillito en medio, sin dos platos, postre, café y pacharán.

Pero también compensa todo esto:

Dinamarca es el segundo país más pacífico del mundo según Global Peace Index en 2008. Su capital, Copenhague, está considerada por la revista Monocle como la mejor ciudad para vivir en su Top 20 Most Livable Cities Chart. Asimismo, está clasificada como una GaWC Ciudad cultural mundial, siendo tercera en Europa occidental, sólo sobrepasada por Londres y París.

En cuanto al clima, en verano se quitarían de agobios, y en invierno, desde luego, se pelarían de frío. Y el sol, nada de la maravillosa luz Mediterránea, en invierno apenas lo ven y en verano no se esconde, el muy ladino, casi en todo el día. Pero eso con unas buenas persianas, puede paliarse.

Son algo menos tacaños que los suecos, aunque tampoco dilapidan el dinero. Ambas partes -españoles y nórdicos- pueden aprender para obtener una media aceptable. Porque podíamos dejar algún danés allí para hacer más fácil el tránsito.

Con todo, lo más positivo, lo que me inclina a proponer esta permuta es que Dinamarca fue el país menos corrupto del mundo en el año 2008 según Corruption Perceptions Index. Y, además, que la sociedad tiene arraigados una serie de valores democráticos que defienden a ultranza: la igualdad, la libertad de expresión y los derechos humanos, el respeto al ser humano, la solidaridad y la responsabilidad hacia la comunidad, tanto en la vida social como en la familiar. Ya sé que en Valencia, en España, también, pero allí es norma de vida profundamente interiorizada por la sociedad. Insisto que estoy hablando de un primer estadio de las permutas.

Prácticamente los mismos valores y circunstancias –algo más de gasto social incluso- comparte la vecina Suecia. Con 9 millones de habitantes –que no sé cómo meteríamos en Madrid-, nos brindarían un inmenso territorio de 449.964 Km², en el que tanto Esperanza Aguirre como Alberto Ruiz Gallardón serían realmente felices por las posibilidades de inversión que ofrece. Ahora bien, ambos, Camps y Rita Barberá también, se verían obligados a vivir con mucha mayor austeridad y, especialmente, con mayor control incluso ciudadano. Cualquiera tendría acceso a su declaración de impuestos.

    Los nuevos madrileños nórdicos dispondríamos de los mismos gélidos mares que nuestros nuevos vecinos valencianos, pero playa al fin y al cabo, lo único que le falta a Madrid para ser maravillosa. Habría que hacer, desde luego, un esfuerzo por manter las calles limpias, asfaltadas y con las señales de tráfico bien pintadas. Cuando vinieran las visitas no podríamos tener las ciudades como está nuestra capital.

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Altísima inversión en innovación y tecnología, tanto en el sector privado como público, y auténtica pasión por el cuidado del medio ambiente. A acoger con cariño y respeto a los emigrantes –salvo excepciones- ya estamos acostumbrados en Madrid, pero la experiencia sueca nos serviría porque ellos llevan haciéndolo desde los años 70. Allí fueron buena parte de los arrojados por las dictaduras latinoamericanas. De hecho, es uno de los países que más interés tiene por el idioma español que se estudia incluso en las Universidades. Un problema que veo es que en Suecia prima la educación pública, pero ese aspecto es subsanable. En seis meses, pienso que algo cambiaría la mentalidad. Porque digo yo que será el aire o el agua lo que forma los criterios. No puede ser otra cosa.

Y lo mejor: un puente entre Dinamarca y Suecia, que en 15 minutos te sitúa en el otro país. Valencianos y madrileños podríamos compartir las nuevas experiencias. Por ejemplo, la de respetar el tráfico y desplazarse en bicicleta que es tan sano. Y tan barato. O que, en lugar de «ayudar»  a su mujer en casa el día que les viene bien, tienen que afrontar a partes casi iguales el cuidado de los hijos y las tareas del hogar.

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Esto es un primer esbozo del proyecto de permuta. Y ya es demasiado extenso, podemos profundizar en la idea. Al mismo tiempo, prestaríamos a los nórdicos en España espontaneidad, el gran arte de la improvisación y un saber vivir –aunque sea endeudándose en nuestro caso-. Aprenden rápido. Un año a prueba. Eso es todo. Me quedo pensando y mirando el mar Báltico.

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«Fiestas» de San Fermín: parte médico del domingo

Europa Press y diversas agencias:

El sexto encierro de los Sanfermines, protagonizado por toros de Miura, ha dejado al menos cinco heridos por asta de toro. La carrera ha sido muy peligrosa, después de que un toro quedase descolgado del resto de sus hermanos.

Uno de los corredores heridos ha recibido una primera cornada en el tórax. Y otra segunda le ha provocado una  herida de 15 centímetros en la parte posterior del muslo bajo el glúteo y le ha llegado hasta el hueso de la pelvis. El corredor se encuentra ya en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), después de ser operado. Su pronóstico es grave, aunque estable a salvo de complicaciones. Preocupa especialmente su herida en el pecho. Tiene fracturada la segunda costilla y puede afectarle a un pulmón.

 Otro corredor presenta un pronóstico grave tras ser empitonado en el cuello. También se encuentra en la UCI y los dos doctores confían asimismo en que salve la vida. 

También han sido empitonados otros tres corredores, uno en el muslo que ha sido atendido en el puesto de Espoz y Mina, otro en el brazo en la zona del Ayuntamiento y el último en la espalda en Mercaderes.

Además de los cinco heridos por asta, han sido trasladados a centros hospitalarios de Pamplona otros seis corredores con diversos traumatismos.

En concreto, en el Hospital de Navarra han ingresado tres corredores, uno con traumatismo craneoencefálico en Santo Domingo, otro con traumatismo abdominal también en Santo Domingo y el tercero con un baretazo lumbar en Mercaderes.

En el Hospital Virgen del Camino se encuentra un mozo con traumatismo en la rodilla en Mercaderes, otro con traumatismo craneoencefálico y contusiones en extremidades también en Mercaderes, y el último con una posible fractura de tobillo en Telefónica.

Leo que “Hermitaño” –quien seguro estaba en la ganadería cuando hace dos años la visité para un reportaje de Informe Semanal-, se “ha cebado” con el primer corredor.

El Mundo añade:

“La traición de los ‘miuras’

Los de Miura han traicionado a los organizadores de los encierros. Son elegidos para correr en fin de semana porque su nobleza hace que sus estadísticas de heridos en la calle sean bajas incluso en días con el recorrido atestado de corredores, como ha ocurrido de nuevo este domingo. ‘Ermitaño’, burraco, herrado con el número 10, ha sido el principal responsable, pero no el único, porque la carrera ha tenido peligro de principio a fin”.

Han conseguido, por tanto, que vea el vídeo del encierro. El pobre animal, rodeado de cientos de personas, se ha caído y se han ido sus compañeros. Los mozos le acosaban, incluso después de empitonar a algunos hombres.  Siempre es bueno ponerse en el lugar del otro para entender cualquier cosa. Es un animal, sí, pues con mayor motivo, porque parece que no son tan racionales como los humanos. Se ha visto solo y rodeado de gente. ¿Es ilógico lo que ha pasado?

Ver: Sanfermínes, fiesta con partes médicos.