Gente que vale la pena

Àngels Martínez Castells y Gabriel Montes en FREM – Madrid.

Àngels Martínez Castells ha estado en Madrid para hablar de Servicios públicos e igualdad de oportunidades. Ángels –que se ha convertido en poco tiempo en una amiga imprescindible- supera sus limitaciones de salud y viaja a divulgar con pasión lo que sabe. El expolio de lo público, las graves consecuencias que acarrea. La envidio porque la responsabilidad de hablar ante un auditorio no deja de ser un esfuerzo que, a mí en particular, me cuesta.

La había invitado la Federación de Enseñanza de CCOO que tiene su sede justo al lado del ministerio de Sanidad, igualdad y servicios sociales, un nombre que no deja de ser una paradoja en estos días. Lo mejor fue ver en la sala llena a personas preocupadas por la educación, atentas y participativas a los datos y argumentaciones de Àngels. Personas anónimas que no saldrán en los telediarios y que sacan tiempo de su descanso para trabajar por los demás. Pensé: «ésta es gente con la que se puede contar». Con todos los que estaban allí, desde la conferenciante al auditorio. Aclaro que para mí la palabra «gente» es hermosa, me suena a ese «People» integrador con la que la designa el idioma inglés.

Desgrana datos Àngels Martínez Castells para demostrar que “las desigualdades –crecientes- están arruinando nuestra sociedad”. Así vemos que “el 37% de todas las compras que se realizan en EEUU, las hace sólo el 5º, según datos de Moody´s: Un 5% de población supone el 37% del consumo”. Hacía eso vamos, o en eso estamos ya.

“La economía no se recuperará mientras no se hagan políticas que reviertan el grado de desigualdad social. Y sólo podrá conseguirse si –como enseñó Keynes—se “socializa” este dinero improductivo y contaminante que recorre el mundo provocando más desestabilización desde los brotes paranoicos de las Bolsas a los acaparamientos en los mercados de futuros; desde las especulaciones de alimentos y materias primas que significan la muerte a gran escala para las poblaciones más débiles, hasta el atesoramiento del oro, de metales preciosos y el acaparamiento de algunas divisas”, asegura Àngels, para concluir con la defensa, por encima de todo, de los valores, de la recuperación del concepto «Valor».

“Podría seguir aportando más cifras, más datos… pero con todo lo dicho basta, creo, para demostrar que con las relaciones “equivocadas” entre imposición y grandes fortunas, es imposible una política social más equitativa que contemple la igualdad de oportunidades . A modo de conclusión: La defensa de los derechos (humanos y de ciudadanía) como un VALOR a preservar.

Como persona que ha formado parte del sector de la enseñanza durante más de 30 años sé que ustedes, como yo, se sienten especialmente interpelados por las desigualdades. A fin de cuentas, enseñar es compartir, es un ejercicio sanísimo de altruismo, y el altruismo se confunde muchas veces con la solidaridad y los valores de las izquierdas. Por tanto, les invito a que, desde nuestra propia experiencia profesional y ciudadana, recuperemos el concepto de VALOR y los valores de lo público, cuando se está produciendo una ofensiva letal contra la ética, la ciencia y la humanidad. Todo este proceso que estamos viviendo día a día, golpe a golpe, no nos da tiempo a reflexionar. Si lo hiciéramos, quizá sería más fuerte la sensación de que repetimos, con torpeza, la experiencia Argentina de los 90, y el drama-fraude de Grecia más reciente, y la voladura (espero que incontrolada, como lo fue de Islandia) de Portugal, y ahora de España.

Necesitamsos recuperar con urgencia un punto sólido de orientación y anclaje, y éste debería ser el de los valores de lo social, lo público y la solidaridad, rescatando la realidad de los espejos deformantes y los conceptos del lenguaje falaz y frívolo. Sólo como ejemplo de lo que no debe ser, recuerdo el manejo del «valor» en boca de la llamada ministra Ana Mato que nos recomendaba “poner en valor lo que tiene mucho valor, porque no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades». Esta ministra nunca entenderá que lo que tiene valor, en salud, son las políticas que pueden evitar que los medicamentos sean necesarios. Una política que fomente la educación pública, la prevención en salud, el trabajo digno, una vivienda en condiciones. Mi propuesta va en el sentido de conectar el VALOR con LA VIDA SOCIAL.: conectar los VALORES con las necesidades, intereses y derechos de la persona.

(…)

Es preciso que en la escuela, en las calles, en los centros de trabajo, y fuera de ellos, las personas, solas o en grupo, aprendamos a decir que «no» a las leyes injustas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Preámbulo, proclama que el pueblo tiene el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. Y yo diría que también por su supervivencia, y por la posibilidad de recuperar el ejercicio de la solidaridad que nos dignifica como seres humanos.”

Castilla-La Mancha, España, peligro de muerte

Castilla-La Mancha, como pionera (junto a la Cataluña de CiU) de los grandes recortes de derechos, ha decretado las tarifas a pagar por las personas a las que se les ha quitado la tarjeta sanitaria. Inmigrantes sin legalizar en España, o parados y jóvenes mayores de 26 años de nuestra nacionalidad que no cumplen los requisitos. En el conjunto del país son más de 900.000 personas que pronto pueden seguir la suerte de la comunidad regentada por María Dolores de Cospedal, secretaria general a su vez del PP.

A modo indicativo vamos a detenernos en algunos apartados porque estas medidas marcan una tónica, incluso de copagos. Eso que «estudia» Ana Mato. De Guindos incide en el asunto al anunciar «grandes novedades» en «reformas» en los próximos días. Estamos en crisis por los errores del poder financiero y de las políticas de austeridad, y eso han de pagarlo los ciudadanos. Y no por igual, con marcada intencionalidad ideológica además.

Por estancia hospitalaria se cobran 580,75 euros, con diversos tramos que varían ligeramente el porcentaje.

Si el ingreso es en el servicio quirúrgico se pone en 1.138,97 euros diarios.

En el servicio neonatal y pediátrico puede llegar a 755,94 euros, a partir del 5º día, muy poco menos los primeros.

Los precios por estancia en UVI, UCI o Unidades Coronarias serán:

Tramo 1: (5 primeros días): 1.497,53 euros.

(A partir del 6º día): 1.347,77 euros.

Tramo 2: (5 primeros días): 1.619,01 euros.

(A partir del 6º día): 1.457,11 euros.

Tramo 3: (5 primeros días): 2.824,04 euros

(A partir del 6º día): 2.541,64 euros.

Tramo 4: (5 primeros días): 1.497,53 euros.

(A partir del 6º día): 1.347,77 euros.

Se facturará aparte, y a precio de coste, los implantes, así como el resto de productos considerados de alto coste.

Procesos obstétricos.

Cesárea con complicaciones. 4.392,77 €

Cesárea sin complicaciones. 3.806,95 €

Parto Vaginal con complicaciones. 3.114,97 €

Parto Vaginal sin complicaciones. 2.369,48 €

Parto Vaginal con esterilización y/o dilatación. 3.606,39 €

Aborto sin dilatación y legrado. 1.476,98 €

Cesárea de alto riesgo con complicaciones. 6.264,49 €

Cesárea de alto riesgo sin complicaciones. 3.819,88 €

El precio por urgencias será: 222,73 euros.

Se facturará siempre, tanto si el paciente ingresa en el Centro como si es dado de alta.

Como muestra, aquí los precios de algunas pruebas diagnósticas, cuyo precio aumenta según se utilice o no contraste por ejemplo:

Tac. Por estudio simple con o sin contraste: 158,85 euros.

Resonancia magnética: 294,31 euros.

Angiografía: 817,10 euros.

Mamografía para diagnóstico: 82,62 euros.

Arteriografía: 841,56 euros.

Densitometría ósea sencilla: 92,54 euros.

Ecografía abdomen: 50,76 euros.

Estudio gastroduenal (EGD): 166,83 euros.

Fistulografía: 77,25 euros.

Radiología simple de tórax: 12,20 euros.

Pruebas de alergia que suele consistir en que el médico observe si se produce alguna reacción al tomar una pastilla o el marcado en el brazo de algunos elementos potencialmente alergenos: 183,89 euros.

Cardiología. Ecocardiograma: 93,89 euros.

Colonoscopia larga diagnóstica y terapéutica: 230,33 euros.

Gastroscopia diagnóstica: 164,51 euros.

Ecoendoscopias Gástricas: 510,56 euros

Otorrinolaringología. Audiometría: 183,89 euros

La consulta de Sintron que precisan miles de personas de forma habitual bajo peligro de supervivencia: 183,89 euros.

Enfermería:

Vacunas. Primera consulta: 114,77 euros

Consultas a Domicilio.

Sin cuidados de enfermería y sin pruebas: Primera consulta: 91,80 euros

Traslados por Servicio de Urgencias y Emergencias.

En UVI móvil: 1.033,13 euros.

En general por una simple ambulancia cobran hasta tarifas por kilómetros. Por ejemplo, por cada Kilómetro de recorrido en carretera: 2,00 euros. Y, como en los taxis,tiempos de espera (por cada hora): 19,49 euros.

Llama la atención que, además del fuerte incremento del precio en los servicios funerarios, en Castilla-La Mancha –de momento solo ahí pero pronto veremos novedades- van a cobrar la autopsia a quienes no dispongan ya de tarjeta sanitaria. Cuesta 1.803,65 euros. Por ese precio se puede matar impunemente a alguien. La vida solo es para quien, como la primera autora de estas medidas, dispone desde la nada (el De distintivo se lo añadió) de un chalé de 600 metros cuadrados, construidos en una finca de 12.000 metros cuadrados. La adquirió, junto a su marido, hace aproximadamente un año por 2,3 millones de euros.  6 policías la custodian durante las 24 horas del día, a los que hay que añadir 5 más que le dan protección personal.  ¿A que algo no cuadra?

En nombre de la mayoría absoluta

El PP está llevando a cabo con inusitada presteza lo que parece un cambio del modelo de Estado en España. Se apoya en la mayoría absoluta que otorgaron a Mariano Rajoy 10.830.693 ciudadanos, el 30,37% del electorado. Conviene recordar que con más porcentaje y más votos, Zapatero no la consiguió en los dos anteriores comicios.

No cabe poner en entredicho la legalidad del Gobierno del PP de acuerdo con nuestras leyes electorales, pero sí preguntarse –a la vista de sus actuaciones– si no está aplicando una mayoría “absolutista” para obtener los fines que persigue. De entrada elude a casi el 70% del electorado que no apostó por Mariano Rajoy. Tampoco da la impresión de pensar en cuántos ciudadanos se inclinaron por él creyendo –en el más estricto sentido de la palabra– que solucionaría la crisis. Lo más grave sin embargo es la torsión del propio concepto de democracia, no solo en actitudes, sino en leyes que se han puesto en vigor. 

Un Gobierno democrático ha de atenerse a normas y convenios de mayor rango que los resultados electorales. Para empezar, España es “un Estado social y democrático de Derecho”, según consagra el Artículo 1º de la Constitución. Social, no mercantil. Y por tanto asegura una serie de derechos a los ciudadanos.

El derecho a la sanidad, por ejemplo. Está recogido en la Constitución española, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y está declarado desde 2010 por la ONU –de la que formamos parte– “Derecho Humano esencial”. Pues desde este 1 de septiembre, el PP deja sin sanidad pública gratuita a más de 150.000 emigrantes y numerosos españoles que no cumplen los requisitos de una salud pagada en virtud de contratos de trabajo.

La reforma laboral tampoco parece ajustarse escrupulosamente a varios artículos constitucionales: el derecho al trabajo (artículo 35), el derecho a la negociación colectiva (artículo 37) o el derecho a la libertad sindical (artículo 28). El Gobierno –y su prensa afín– atacan en particular a los sindicatos.

Por muchos que sean sus errores, su labor también está avalada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23.4: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”. En este sentido, que hayan dejado de ser vinculantes los convenios laborales en las negociaciones colectivas sitúa al trabajador en la indefensión ante el empresario. Agravada de día en día en el país que ostenta el récord de desempleo del mundo desarrollado.

Estamos viendo cercenado el derecho a la justicia con las leyes de Gallardón –que prácticamente reservan los recursos a las sentencias a los más ricos y que han sido protestadas por el propio poder judicial– o la supresión o restricción de los turnos de guardia de oficio en algunas comunidades autónomas. Asistimos atónitos a presiones gubernamentales para adoptar determinada postura como ocurrió para intentar salvar a Dívar. La separación de poderes es consustancial a la democracia.

Sería prolijo para un artículo enumerar lo que no es sino una actitud. ¿La que expresó en el Congreso de los Diputados el exabrupto de la popular Andrea Fabra? Recortes e incrementos nada inocentes. Copagos, merma de la ayuda a la dependencia y al desempleo, dificultad de acceso a la cultura como si ese valor esencial fuera accesorio, colegios segregados por sexo, discriminación de los alumnos en los comedores según su poder adquisitivo, pavor a las tecnologías de la información en los textos escolares, el aborto, la mujer tutelada de nuevo, la  familia, la autoridad frente al diálogo… una vuelta al pasado, en definitiva, con fuertes tintes del capitalismo salvaje al uso. Un cambio del modelo social.

El flagrante asalto a las radiotelevisiones públicas que han vuelto a ser “de partido” y con destituciones arbitrarias debidas a la inquina personal de dirigentes del PP, como ha ocurrido con Ana Pastor en TVE. O el de Javier Gállego y su Carne Cruda de Radio 3 (RNE) por ser crítico, libre y brillante como pocos.

Con una gestión económica nefasta hasta límites que ni los más críticos y conocedores de datos podían anticipar, con un país a las puertas de un segundo rescate, en el que todas las cifras económicas se desmoronan y pierden los ciudadanos calidad de vida y derechos en cascada, el PP se desliza por terrenos peligrosos en el modelo de Estado en el que está empecinado.

Y, además, la agenda del presidente como secreto inviolable. Comparecencias parlamentarias –de Rajoy y de todo su equipo– que son sistemáticamente rechazadas por la mayoría absoluta. O la ausencia de auténticas entrevistas periodísticas y ruedas de prensa.

Hemos visto inducir conceptos perversamente erróneos que no parecen basados solo en la ignorancia, al asegurar varios miembros del partido gobernante que “la soberanía popular reside en el Parlamento”, según atestigua el vídeo, por ejemplo, de la ministra Fátima Báñez. Es en el pueblo donde reside, y las Cortes la representan.

Un Gobierno ha de gobernar, pero ¿hasta dónde llegan las prerrogativas de su mayoría absoluta? Si decidiera –que de ningún modo es el caso– abolir la propiedad privada, ¿sería legítimo también? Pues muchas acciones en la línea ideológica del PP asisten al mismo contrasentido.

El ensañamiento con los funcionarios del sector público por ejemplo, está destinado tan solo a privatizar servicios esenciales de este… Estado social que costeamos con nuestros impuestos, en beneficio de unos pocos.

¿Todo vale con las mayorías absolutas? Terribles ejemplos del pasado hacen temer que no. La relajación actual de los valores democráticos o la prioridad del pago a la especulación sobre las necesidades de los ciudadanos dibujan inquietantes escenarios. También se decidió la inclusión de esa prelación en la Carta Magna, sin más trámite, por la mayoría de PSOE y PP, en este caso juntos.

Es la inacción de la sociedad la que posibilita estas conductas desviadas de las que se convierte en cómplice. No basta con acudir a las urnas. Cuando creemos en fundamentos básicos de nuestra convivencia, como es el valor democrático del voto, hay que pensar en sus condicionantes. Nadie como José Luis Sampedro definió mejor lo que nos ocurre, yendo a las auténticas causas de la situación que nos está llevando al abismo:

¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. (…)  Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

Vivimos tiempos muy duros que pueden llevar a perversiones indeseables. Leyes y factores por modificar, de forma apremiante ante el cariz de los acontecimientos. Pero cuando se ha incumplido el programa y las promesas electorales, cuando la palabra de Rajoy (y de su equipo) es papel mojado tras la lluvia de los hechos caída sobre él, y cuando asistimos al cambio de un modelo de Estado, lo mínimo que se le puede pedir a un partido democrático es que coteje en las urnas si ésa es la voluntad de la mayoría real y convenientemente informada. Nuevas elecciones. ¿Con este panorama político? Esa es ya otra historia que también habrá que contar.

*Publicado en Zona Crítica. eldiario.es

Sanidad tercermundista, sanidad neoliberal

Cuatro días ha tardado el Gobierno en incluir en el BOE los cambios en el Sistema de Salud español aprobados en el último Consejo de Ministros. Comienza el desarrollo con más de 6 páginas de propaganda gubernamental y neoliberal que comienza así de bonito:

«La creación del Sistema Nacional de Salud ha sido uno de los grandes logros de nuestro Estado del bienestar, dada su calidad, su vocación universal, la amplitud de sus prestaciones, su sustentación en el esquema progresivo de los impuestos y la solidaridad con los menos favorecidos, lo que le ha situado en la vanguardia sanitaria como un modelo de referencia mundial«.

Lo peor es que a continuación viene el «Sin embargo», los famosos «No obstante» judiciales. Y se disparan los hachazos:

Quedan excluidos del Sistema Nacional de Salud los inmigrantes sin contrato de trabajo (algo que no prodigan numerosos empresarios españoles). Como hizo Berlusconi y propone la ultraderechista francesa Marine Le Pen. Se calcula que se quedarán sin tarjeta sanitaria 150.000 personas con todos los riegos (y de todo tipo) que implica. Solo serán atendidos en urgencias y en los embarazos y partos.

Todos, españoles incluidos, tendrán que estar apuntados en la oficina de empleo, en el caso de parados, para tener asistencia sanitaria. Si no habrán de pagar el servicio. Se amplía extrema por tanto la medida existente que ya apunté hace años en SOITU, y que apenas afectaba al 2% de la población.

Se quedan sin sanidad pública todos los mayores de 26 años que no hayan cotizado. Por haber estado estudiando o por no haber encontrado trabajo (caso del 50% de ellos en este momento).

Las farmacias tendrán acceso a los datos fiscales y nivel de renta de los españoles sin consentimiento de los interesados para ver en qué baremo están para cobrarles el suplemento. Me pregunto que si de TODOS.

Los usuarios de la Sanidad pública tendrán que pagar parte de las prótesis, los productos dietéticos (se refiere realmente a complementos alimenticios) e incluso el transporte sanitario no urgente. Es decir, tendrán que pagar esos abuelos que vemos acudir a consultas. En cuanto a las prótesis igual empezamos a ver gente arrastrando sus muñones sin pierna ortopédica, porque no sabemos aún cuántos “cafes” -MÁS- les cobrarán por ello. Se ha calculado ya que lo que se reclama a Iñaki Urdangarín en su juicio por corrupción equivale a 3 millones de cafés. 27,5 millones de cafés en el caso de Jaume Matas. Y la inservible Ciudad de la cultura de Galicia –entre la multitud de obras faraónicas inútiles- 200 millones de cafés.

El porcentaje de aportación del usuario «se regirá por las mismas normas que regulan la prestación farmacéutica, tomando como base de cálculo para ello el precio final del producto y sin que se aplique ningún limite de cuantía a esta aportación».

Se modifica el artículo relativo al desarrollo de los servicios comunes, entre los que no se incluirán aquellas técnicas, tecnologías y procedimientos que no tengan suficientemente probada su «contribución eficaz a la prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y curación de las enfermedades, conservación o mejora de la esperanza de vida, autonomía y eliminación o disminución del dolor y el sufrimiento». El Ministerio de Sanidad decidirá la «eficacia» de pruebas y tratamientos que sí entren dentro de la prestación del Servicio Nacional de salud.

Muchas disposiciones sobre el funcionamiento de los centros de salud. A bote pronto veo esto: En el ámbito de cada servicio de salud se establecerán, modificarán o suprimirán las categorías de personal estatutario.

Todo esto, por ejemplo, es lo que votó una amiga mía, jubilada y con escasos recursos. Y todo esto lo que eluden pensar en nada ajeno al triunfo de su equipo de fútbol o… la derrota de su rival.

Halloween sanitario

Desde anteanoche siento como si me estuvieran cortando la espalda con una motosierra. Como la máxima intensidad –mucha- depende de movimientos entendí que podía ser una contractura o pinzamiento –no una fractura-, pero que necesitaba comprobación médica. Nunca lo hiciera, la que fue clínica de referencia en España, la Jiménez Díaz de Madrid, se ha masificado en la nueva filosofía de que la salud es una “oportunidad de negocio” y me tuvo 5 horas en urgencias, 4,45 de ellas esperando. Y no de cualquier forma.

Como en un cuento de terror, los pacientes son obligados a aguardar solos porque sus acompañantes no caben. No han previsto otra sala, por ejemplo, para ampliar el espacio. Y no se nos permite salir. Con las sillas desvencijadas (y eso sí todo muy bien pintado en los accesos), no se autoriza abandonar la habitación ni siquiera hasta el dintel de la puerta para –en mi caso- apoyar la espalda en la pared. Primero vino una mujer con uniforme que, incluso por su acento, parecía de la KGB. Luego, un cambio de turno nos trajo a un español que acariciaba una porra diciendo: Está prohibido. Todo allí estaba prohibido. Salvo permanecer solos durante horas, aspirando virus varios, y el dolor de tantas personas. Una mujer que se había roto el brazo al caer en una acera desvencijada de Gallardón (concretamente en la calle Caleruega) veía crecer la inflamación de su brazo sin que le llegara el turno, con una cara de pena que me daban ganas de abrazarla. Otra temblaba literalmente en su silla de ruedas. La cueva de los horrores sin otra salida que escapar sin diagnóstico. Pregunto ¿Qué necesidad hay de aumentar el sufrimiento de los ahora llamados «clientes»?

Ciertamente el personal no daba abasto a trabajar. Por eso, una joven doctora que me atendió me argumentó que “las urgencias están saturadas por gente como yo que acude sin necesitarlo”. Con un par de ovarios, lo ha puesto en el informe –un tanto dulcificado-, tal como le reté a hacerlo. De nada le sirvió que le argumentara que ellos deberían ser los primeros en negarse a que se comercie con la salud y se trabaje en esas condiciones. Pero yo trabajo desde los 13 años y creo he pagado con creces la atención que pueda necesitar.

Pendiente de un estudio de alergias medicamentosas desde hace dos meses en esa misma clínica, me recetó lo único que –por no haberlo tomado- no sé si me va a provocar alguna reacción. Lógicamente, no lo he tomado, no fuera a requerir volver a tan siniestro lugar.

En 2005 hice un reportaje sobre el sistema sanitario español que ya se veía amenazado. La OMS todavía nos consideraba el séptimo mejor del mundo. Y descubrí datos como éstos: Es la primera empresa de España, 300.000 empleos directos, y mas de dos millones indirectos, el 6% de la población trabaja en sanidad. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: el 5% del producto interior bruto. Han de cuidar de algo tan delicado como la salud de todos los españoles y residentes en nuestro país, prácticamente en cuanto necesiten para conservarla e incluso promoverla y gratis salvo en el copago de medicamentos a los menores de 65 años.

Mirad cómo terminé el reportaje:

La OMS definió la salud ya en el año 1947 como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad o dolencia». Una utopía hacia la que numerosos profesionales intentan caminar. Mientras, los números mandan. La mayor parte de los sistemas sanitarios tienden a priorizar, a racionar, porque dicen que ya no es posible dar todo, a todos y gratis. Los más utilitaristas favorecen a los ciudadanos que dicen merecen los recursos por su estilo sano de vida y discriminan a los que no se cuidan. Dicen que será el futuro inevitable. Es una labor de todos conseguir que la sanidad española, universal y gratuita, resuelva sus problemas para seguir siendo una de las mejores y justas del mundo.

Seis años más tarde, echad un vistazo a Cataluña o Madrid y decidme hacia donde ha evolucionado.

Eso sí, no volveré a “saturar” las colapsadas urgencias a no ser que me lleven inconsciente. Mejor la motosierra en la espalda, que el terrible cuento de terror que viví ayer y que, sin duda… ha empeorado mi espalda.

Soy un gasto público por Isaac Rosa

El escritor ha reaparecido en Público con esta impresionante columna:

La semana pasada, y les prometo que fue sin querer, me convertí en gasto público. Algo que hoy equivale a decir que eres un peligro público. Entré en un hospital para un asunto menor y acabé recorriendo varias plantas durante una semana. Me convertí en gasto público desatado, un arañazo en los presupuestos, varias milésimas más de déficit.

No me dieron la factura “en la sombra” ésa que ya reparten en algunos sitios, pero si me hubieran echado la cuenta sería cuantiosa, pues fue una semana de barra libre, atención médica a todo trapo, entre pruebas diagnósticas (con esas máquinas carísimas), estancia (a pensión completa, imagínense), tratamientos y tantos trabajadores pendientes de mí (y para colmo eran muy atentos, incluso cariñosos, en vez de limitarse a cumplir con lo mínimo, que el tiempo es oro). Tumbado en la cama, imaginaba que me colocaban sobre el cabecero un contador digital que sumase euros a medida que pasaban las horas.

Y en esto que, mientras estoy ingresado, oigo que Esperanza Aguirre inaugura en Torrejón un hospital 100% privado (“de titularidad pública”; qué consuelo cuando hasta el personal médico está en manos de una empresa). Y mientras recorre las instalaciones, Aguirre ve en cada habitación un juego de sábanas para la cama del acompañante, y exclama eufórica: “Eso es lo que quiero. Que en las públicas la gente esté igual que en las clínicas privadas.”

Me contuve la carcajada no fuera a ser que se me soltasen los puntos y acabase generando más gasto. Aunque en realidad es para llorar. Aguirre quiere (y lo está haciendo ya en los nuevos centros) que los pacientes estemos en manos de empresas cuya prioridad, por mucha propaganda corporativa que hagan, nunca será nuestra salud sino ganar dinero. Que estemos al cuidado de médicos sometidos a presiones laborales, como ya ocurre en algunos centros. Que nos curemos en hospitales donde la factura no quede en la sombra, sino en la mesa de un contable preocupado por gastar menos para ganar más.

Yo lo tengo claro: el trabajo impresionante del personal sanitario (y aprovecho para dar las gracias de corazón a todos los de Vascular, Cardiología y UCI Coronaria del Ramón y Cajal), que mantiene el tipo entre presiones y recortes, hace que vea el deseo de Aguirre como una amenaza, y los tijeretazos presentes y futuros como una declaración de guerra.

Mal mes para ponerse enfermo

Portada de Público…

A por el Estado del Bienestar

Paso a paso y sin pausa se está desmantelando el Estado del Bienestar que tanto nos costó conseguir. España –que aún permanece casi seis puntos por debajo de la media europea en “gasto” social- no conoció jamás las prestaciones de las que muchos de nuestros vecinos disfrutan. Los países nórdicos a la cabeza, Alemania o Francia invierten –incluso con gobiernos conservadores- mucho más en sus ciudadanos. Es decir, revierten en ellos los impuestos que les cobran. Del aire no vienen los dineros.

Las comunidades abren un debate sobre el copago, las del PP naturalmente, avanzan los titulares abriendo paso a lo que ha de llegar. Copago en sanidad y educación, ha dicho el Presidente de Murcia.

“Los defensores del copago argumentan que, cobrando una cantidad simbólica por estos servicios, se reduciría su demanda porque la gente no abusaría de ellos. Tal vez sea así en la Sanidad, aunque no creo que compense: pocos van al médico por gusto, ese pago simbólico –por pequeño que sea– no supondrá lo mismo para todos y nos arriesgamos a que algunos enfermos mueran por ahorrar tres pesetas. Sin embargo, ¿quién “abusa” de la Educación? ¿Qué clase de copago reduciría la demanda en los colegios sin provocar graves problemas de exclusión social?” escribe al respecto Ignacio Escolar.

Nos están vendiendo lo nuestro ante nuestra indiferencia. ¿De quién es el dinero público? Reacciona contiene todo un capítulo dedicado a ello. Porque lo asombroso es que asistamos al expolio tan contentos e incluso utilizando los mismos “argumentos” que nos inoculan. “Es que va mucha gente al médico”. Pocas ganas dan de hacerlo por capricho, al menos en la cada vez más masificada e impersonal sanidad de Madrid, gestionada ya por empresas privada en busca del lucro y privado, el suyo. En cuanto a la educación, la mala calidad de la española es la causa fundamental de que se carezca de información y criterio siquiera para saber y no oponerse a estos atropellos. ¿Copago para la educación? en vena y gratis habría que inyectarla.

Y, ya os digo, estamos -hoy como siempre- a la cola de Europa en inversión social (es más adecuado llamarlo así). Del eterno furgón de cola, ya se han bajado los viejos compañeros: Grecia y Portugal. Por detrás de España sólo quedan seis países del Este (Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania) y Luxemburgo. Hasta ahora, hasta hace un tiempo en realidad, la sanidad española podía presumir de eficacia pese a disponer de menos fondos que otros países. Pero también se quiere acabar con eso. La apisonadora neoliberal camina imparable. ¿Es imparable?

Objetivo prioritario: ganar dinero

En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.

El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.

¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.

Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño.  Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.

En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.

Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos.  Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?

Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.

Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.

Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.

No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.

Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.

El Colegio de médicos denuncia la situación de la sanidad madrileña

No era una impresión personal. El Colegio de Médicos de Madrid, institución poco dada a criticar públicamente las políticas sanitarias del Gobierno regional (dice con acierto El País), ha suscrito las quejas que buena parte de sus colegiados llevaron a la asamblea general la semana pasada. El colegio habla de «descontento generalizado» de los médicos que trabajan en la sanidad pública en un documento en el que enumera algunos de los problemas a los que se enfrentan y advierte de una posible huelga. Respecto a los nuevos hospitales dice: «Se han abierto utilizando plantillas de los antiguos hospitales sin reposición de las plazas vacantes», lo que lleva a disponer de “recursos humanos y técnicos precarios». El colegio (compuesto por 36.000 colegiados) lo ha hecho público días después de que las dos vocalías con más peso de la institución, la de primaria y la de hospitales, suscribieran un manifiesto en el que alertaban del «deterioro» y la «mercantilización» que sufre la sanidad pública madrileña debido a los recortes de financiación, la escasez de profesionales y la Ley de libre elección y área única, recién aprobada. El sistema sanitario «está sufriendo un proceso de privatización y mercantilización que cambia los objetivos del modelo diseñado en la Ley General de Sanidad», aseguran.

Por mi experiencia, no es mucho mejor la sanidad pseudoprivada de las compañías y conciertos profesionales. Masificación, avidez por cobrar el talón o pasar la tarjeta, para luego oír decir a algún médico a quien uno confía su salud: “¿sabe Vd. lo que me pagan por esta consulta en…?” Esforzadas excepciones como siempre mantienen el sistema, pero el malestar se palpa.

Acabo de quedarme sin ginecólogo después de 20 años y coincidiendo con un problema que, por las continuas dilaciones, había llegado a aparentar ser grave, aunque afortunadamente no lo es, según acabo de saber, pero me ha traído en jaque –y en dolor- 8 meses. La mercantilización que propicia la sanidad de la comunidad de Madrid ha agobiado de tal manera a los profesionales que quien fuera mi querido doctor ya no atiende, ni por favor, a nadie del colectivo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Creo que no lo entiendo, aunque quizás debería estar agradecida por haber gozado de su saber durante dos décadas en un cupo similar al de “Beneficencia”.

En un reportaje de Informe Semanal, de costosa elaboración, al que dedicamos mucho tiempo y mucha documentación, descubrí que en los pueblos y pequeñas ciudades, el médico todavía tiene tiempo de atender a los pacientes, recordar su historial y hasta sus manías, todavía les visita en casa si enferman seriamente. La sanidad de Madrid sume a veces en el desconcierto y por tanto en la indefensión. Imagino que no para un infarto o algo acuciante, espero que sea así. Quizás es que vivimos demasiados ciudadanos aquí y no se prioriza la inversión en lo que realmente afecta. Quizás es que descentralizar la sanidad fue un error garrafal, como aseguran muchos profesionales, que, como mínimo, ha ocasionado sustanciales diferencias entre comunidades.

Por fortuna, estoy básicamente sana y la tenacidad pone por fin en vías de solución algunos problemas largamente irresolutos. Pero no podemos depender de la suerte. Hasta de la de topar con profesionales cuyo hastío y decepción aún no les impida atender a cada paciente como si fuera un ser humano único.

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