Se cambia una May, un Trump, un Rajoy por políticos racionales

El jueves los británicos mueven pieza en el tablero de una partida global. Cada vez son más parecidos los problemas y las soluciones en los no tan distintos países. Hablar de Theresa May es, en cierto sentido, hablar de Trump o de Rajoy. La alternativas no son tan similares, lo positivo es que las hay.

Theresa May cumplirá 61 años en octubre pero, en esa tijera que tienen por cabeza los conservadores de hoy, no se le ocurrió otra cosa que añadir a última hora en su programa un copago sanitario a los jubilados. Y no uno cualquiera: se trataba de que costeasen sus enfermedades incluso vendiendo su piso, caso de tenerlo. Pretende además gravar con más intensidad las dolencias crónicas, sobre todo artritis y demencia senil. De ahí que se le haya bautizado con el nombre de “impuesto a la demencia”. Lo corrigió en parte por la auténtica escandalera que se formó entre jubilados, pobres y ricos. Solo en parte.

Fue el 17 de Mayo y May, la primera ministra que no fue directamente elegida en las urnas, cayó en picado en las encuestas. 23 puntos, mientras su rival el laborista Corbyn ganaba 11. El atentado maldito del sábado en Londres ha servido para dejar al descubierto también su gestión como ministra del Interior desde 2010 a 2016. Su drástico recorte de medios y la supresión de 20.000 policías. Lo peor es que ha culpado a la política antiterrorista de los atentados (dos en poco tiempo), como si no tuviera ninguna relación con ella en lugar de haber sido su principal responsable.

Como dicta el manual, May aplicaría recorte de derechos a la población. Más aún, acaba de declarar que “está preparada para debilitar las leyes de protección de los Derechos Humanos para luchar contra el extremismo”.  Pero desde luego seguiría el doble juego de apoyar tácitamente a Arabia Saudí. Al punto de silenciar, como ha hecho, un informe sobre la financiación de los grupos yihadistas en el Reino Unido que apunta directamente a la poderosa autocracia de la Península arábiga, con tan hipócritas relaciones en Occidente. Lo contaba muy bien Iñigo Sáenz de Ugarte. No se pierdan el último número, de intereses y propaganda, de la monarquía saudí y sus vecinos Emiratos, Bahréin y Egipto rompiendo relaciones con Qatar “porque apoya el terrorismo”. Trump acaba de firmar con Arabia Saudí un contrato de venta de armas por valor de 100.000 millones de dólares. Y otros acuerdos que triplican con creces esa cantidad.

Son tan parecidos los dirigentes de este modelo.

Por muchas razones, por su inconsistencia de la que ha dado sobradas pruebas en la campaña, por su ideología fuertemente conservadora, May es la Trump británica. La diferencia más notoria es que ella no hace muecas infantiles de continuo, ni “pucheros” cuando se enfada, ni se pelea con cuantos se encuentra a su paso como el presidente estadounidense. Tampoco juega May en Twitter tanto como Trump. En ese sentido se parece más a Rajoy, huyendo de los periodistas y de debates que la comprometan. Le ha restado simpatías, en el Reino Unido esa actitud importa.

El capitalismo ha ido demasiado lejos. En su crisis y en sus soluciones. Y ha desembocado en el alumbramiento de estos especímenes políticos tan escasamente presentables. Hay más. Pásense por Hungría, por Polonia… Voces de peso en el laborismo piensan que esta situación ha llegado al límite y se van a producir cambios. Las políticas seguidas han traído aumento de la desigualdad y el ascenso de la extrema derecha e incluso el fascismo. “ Todo el mundo sabe que el barco se hunde“… “y vamos a ver la luz”, dice la escritora y columnista de The Guardian, Michele Hanson.

Jeremy Corbyn, el líder laborista más a la izquierda en décadas, al que ni su partido valoraba demasiado, crece ante el descenso de May. Que la canción superventas en el Reino Unido sea ‘Liar, liar’ llamando mentirosa a la candidata tory no es una anécdota. Muchos británicos empiezan a atar cabos y ven la diferencia entre las promesas de los conservadores y los estragos que han causado. Por ejemplo en el Sistema Nacional de Salud al que Cameron dejó exhausto y hoy se considera prácticamente desahuciado.

Y ahora el copago extra. No faltaba más que, después de pagar impuestos toda una vida, los “trastos inútiles” que no producen ya, los jubilados, las personas de la edad de Theresa May en adelante, tuvieran que deshacerse hasta de su casa para pagar las enfermedades que acometen con los años. ¿Unirán los británicos hechos con consecuencias? Los españoles mayores de 65 años parece que no. Han quedado con el egoísmo al aire ante el CIS. Es el tramo de edad en el menos preocupa la corrupción, que ha registrado una meteórica subida de más de 12 puntos en un mes. Solo al 13%, frente al 25% de quienes tienen entre 35 y 44 años. Más o menos, al revés que las pensiones. Más drástico, el 0,9% en los más jóvenes, 25,7% los mayores. De ganar May, los jubilados van a aprender una dura lección.

Y puede ir a más. El ultraliberalismo ataca de antiguo en la calvinista Inglaterra. El dios católico era menos mercantilista antes de sus sucesivas interpretaciones. Desde los años 80, desde Thatcher, se empezó a hablar de restringir tratamientos de la salud pública. Primero fumadores y obesos. A Thatcher por cierto la derribó un impuesto arbitrario: el Poll Tax. No saben ustedes dónde dejaron la flema los británicos para luchar contra la irracionalidad que expurgaba sus bolsillos. Los británicos y todos los demás ciudadanos deben saber, saben ya muchos, que volverán a la carga hasta el despoje final si así lo estiman.

Corbyn ha pedido la dimisión de May, ¿dimisión como candidata? Ella habla de la seguridad que nunca podrá garantizar y mucho menos usando la tijera de los recortes. Pero es cierto que, en estas circunstancias extremas, el Reino Unido podría dar un giro no previsto antes de que May empezara a patinar. No es lo que se prevé, se dilucida en los votos de la Inglaterra profunda, aunque se espera un fuerte aumento del voto joven. Está en el aire.

El giro que sí dio Portugal, gracias quizás a la mano izquierda de los socios de gobierno. El que se esperaba en España y no ha logrado aún ser más fuerte que la poderosa maquinaria de intereses y corrupción que se aferra a que nada cambie. La que ve cómo se desbordan las Cloacas del Estado –y esta semana ya llegan a marear tantos vapores fétidos– y sigue apoyando al PP.

Imaginen nuevos vientos en Europa. Los británicos tienen ahora la palabra.

Tres millones de británicos no podrán calentarse en invierno ¿Y en España?

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El diario británico The Independent  lo trae en portada: 3 millones de personas no podrán encender la calefacción en invierno en el Reino Unido. No podrán pagar la factura de gas y electricidad para calentarse.  Se teme que esto cueste la vida a 200 personas diarias. Especialmente ancianos que son quienes lo han denunciado. “Los precios suben, las temperaturas bajan”, define el periódico.

El neoliberalismo mata. Globalizado, podemos encontrar problemas comunes en muchos países. También en España hay ya, justo, 3 millones de pobres y otros muchos en el umbral, con menor población. Y, como en todo el mundo desarrollado, el ataque sistemático a los ancianos a través del recorte de sus pensiones y los repagos farmacéuticos los sitúa como sector destacado entre las víctimas. Pasa en España. En Gran Bretaña se quejan. Pero no es éste la única diferencia.

Como aquí, las compañías de suministro de energía han elevado drásticamente las tarifas. Al punto –dicen allí- de facturar 1.267 euros anuales por gas y electricidad como media. Y eso porque acaban de subirlas. ¿Leo bien? ¿Los británicos pagan apenas 100 euros al mes por ambos suministros? ¿Y sabemos, saben los españoles, que el sueldo medio duplica el nuestro como poco? ¿Qué nos hemos perdido nosotros?

Hay un fuerte debate en el país, además. Las seis mayores compañías van a comparecer esta semana ante el Parlamento. Se les acusa de haber actuado como un “cartel” que acuerda y sube precios, se les critica que evadan impuestos a paraísos fiscales, y se estudia un impuesto especial.

La mayoría de los políticos se muestran indignados con esta situación –aunque sin duda la han propiciado-.  Danny Alexander, el secretario jefe del Tesoro, por ejemplo, declaró: “La gente está furiosa con razón acerca de las empresas y los individuos que evitan el pago de la cantidad correcta de impuestos. Yo estoy furioso por eso. Es algo que no es aceptable en ningún momento, pero particularmente en éste en que estamos pasando por gastos difíciles “. No todos. Angela Knight, directora ejecutiva de Energía del Reino Unido, que representa a las empresas, ha dicho que sus ganancias no son excesivas y que las empresas también “están haciendo grandes inversiones en el Reino Unido y por lo tanto tienen que tener un “margen de explotación“. ¿Grandes inversiones? ¿Y en España invierten en mejoras las colegas?

La preocupación por los jubilados que no podrán calentarse ha llevado a estudiar sensibles rebajas en sus facturas. Y se prodigan las alarmas acerca de cómo influye en la salud pasar frío. El Dr Paul Cosford, director de protección de la salud y director médico del Sistema de Salud Pública de Inglaterra (PHE), explicó: “En un clima más frío, mantenerse caliente es esencial para mantenerse saludable, especialmente para los más jóvenes, las personas mayores o los que tienen una dolencia crónica, como las enfermedades del corazón y el asma. Hay una amplia gama de problemas de salud relacionados con la vivienda y el frío clima de invierno, pero, sobre todo, un ambiente interior o al aire libre frío puede empeorar los problemas del corazón y respiratorias y pueden causar la muerte.

El invierno es mucho más frío en Inglaterra que en algunos lugares de España –no en todos que buenos bajoceros se registran aquí-, pero al menos allí se habla de las consecuencias de la brutal religión del lucro a toda costa que ha impuesto el neoliberalismo que nos aqueja. En España nada. Claro que muchas personas no podrán encender la calefacción en invierno, ya pasaron así el pasado. El poder adquisitivo aún se ha mermado más ahora. Pero aquí nos dice el gobierno que la recesión se ha terminado y el inefable ministro Cristóbal Montoro se atreve a declarar que “la gente ya nota la recuperación”. De la cordura, querríamos. La recuperación de la cordura si alguna vez la tuvimos.

La máxima diferencia es ésa. Los ingleses se quejan, debaten, piensan los unos en los otros algo más que nosotros. Obligan a los políticos a mojarse. Aquí la mayoría está en la inopia. Aún así, es muy probable que 200 británicos mueran de frío cada día. En España ni nos enteráramos de cuántos.

(Gracias Gonzalo Semprúm por enlazar periódicos cada noche)

A por el Estado del Bienestar

Paso a paso y sin pausa se está desmantelando el Estado del Bienestar que tanto nos costó conseguir. España –que aún permanece casi seis puntos por debajo de la media europea en “gasto” social- no conoció jamás las prestaciones de las que muchos de nuestros vecinos disfrutan. Los países nórdicos a la cabeza, Alemania o Francia invierten –incluso con gobiernos conservadores- mucho más en sus ciudadanos. Es decir, revierten en ellos los impuestos que les cobran. Del aire no vienen los dineros.

Las comunidades abren un debate sobre el copago, las del PP naturalmente, avanzan los titulares abriendo paso a lo que ha de llegar. Copago en sanidad y educación, ha dicho el Presidente de Murcia.

“Los defensores del copago argumentan que, cobrando una cantidad simbólica por estos servicios, se reduciría su demanda porque la gente no abusaría de ellos. Tal vez sea así en la Sanidad, aunque no creo que compense: pocos van al médico por gusto, ese pago simbólico –por pequeño que sea– no supondrá lo mismo para todos y nos arriesgamos a que algunos enfermos mueran por ahorrar tres pesetas. Sin embargo, ¿quién “abusa” de la Educación? ¿Qué clase de copago reduciría la demanda en los colegios sin provocar graves problemas de exclusión social?” escribe al respecto Ignacio Escolar.

Nos están vendiendo lo nuestro ante nuestra indiferencia. ¿De quién es el dinero público? Reacciona contiene todo un capítulo dedicado a ello. Porque lo asombroso es que asistamos al expolio tan contentos e incluso utilizando los mismos “argumentos” que nos inoculan. “Es que va mucha gente al médico”. Pocas ganas dan de hacerlo por capricho, al menos en la cada vez más masificada e impersonal sanidad de Madrid, gestionada ya por empresas privada en busca del lucro y privado, el suyo. En cuanto a la educación, la mala calidad de la española es la causa fundamental de que se carezca de información y criterio siquiera para saber y no oponerse a estos atropellos. ¿Copago para la educación? en vena y gratis habría que inyectarla.

Y, ya os digo, estamos -hoy como siempre- a la cola de Europa en inversión social (es más adecuado llamarlo así). Del eterno furgón de cola, ya se han bajado los viejos compañeros: Grecia y Portugal. Por detrás de España sólo quedan seis países del Este (Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania) y Luxemburgo. Hasta ahora, hasta hace un tiempo en realidad, la sanidad española podía presumir de eficacia pese a disponer de menos fondos que otros países. Pero también se quiere acabar con eso. La apisonadora neoliberal camina imparable. ¿Es imparable?

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