¿Y la responsabilidad de los periodistas?

La condena radical de la APM al que dio por sentado como un acoso de Podemos a los periodistas ha suscitado un apasionado debate entre los profesionales. Una especie de terapia de grupo pública con una descripción de nuestra profesión que tiene a gran parte del auditorio atónito. En algunos casos confirma sus peores presentimientos. Supimos que “la APM” –que encabeza su comunicado calificando de   “totalmente incompatible con el sistema democrático” la actitud de Podemos– se limitó en la práctica a la presidenta Victoria Prego y su mano derecha, el vicepresidente Nemesio Rodriguez López, que se basó en las acusaciones sin pruebas concretas de una decena de informadores, de los cuales no dieron nombres, y sin preguntar siquiera a los denunciados de Podemos.

 La “carnaza” estaba servida, como a propósito. A partir de ahí, volvieron a desatarse las portadas, editoriales, páginas y páginas, voces y voces, de alarmados notables. Periodistas y columnistas que se han comido con cucharón las graves presiones a muchos de sus propios compañeros en los medios, los despidos y las manipulaciones, saltan ofendidos como si hubieran nacido esa misma mañana libres de todo error. “Sin pecado original” en la gráfica versión de la Biblia.

Como a propósito. Basta contrastar la condena a Podemos, con la versallesca petición de una televisión pública independiente y profesionalizada, sin mencionar las reiteradas denuncias de manipulación, con redacciones paralelas al efecto,  constatables y verificadas, en respuesta a la petición de “medidas urgentes” requeridas por 2.225 trabajadores de RTVE. Arréglense ustedes –les instamos–. Para la APM no es “totalmente incompatible con el sistema democrático” hacer creer cada día a más de dos millones de seres que siguen los telediarios que viven en la arcadia feliz y apartar precisamente a profesionales independientes que darían una información más ajustada a la realidad.

Otros periodistas, los menos, se muestran escandalizados y destacan –en la Zona Crítica de este diario tienen numerosos y muy razonados ejemplos– la doble vara de medir que han empleado la Asociación de la Prensa de Madrid y sus palmeros en lo que es una trayectoria infame de acoso efectivo a periodistas. Iñigo Sáenz de Ugarte hizo un buen repaso de los últimos tiempos. En el pasado hubo también sus presiones, pasillos, traslados y humillaciones. Y, sin duda, quienes se plantaron a las llamadas de políticos. Jefes incluidos. Recuerdo el caso de Ramón Colom en Informe Semanal de TVE ante el Ministerio de Educación del PSOE, en una larga huelga de la Universidad, que daría para un tan lamentable como jocoso relato.

Todas estas reflexiones han aparecido estos días, lo que cuesta encontrar es una mención a la responsabilidad de los periodistas sobre lo que firman, sobre lo que firmamos. Se diría que nuestra profesión es la única que no admite crítica. Se da por hecho que las acusaciones de la APM son ciertas cuando no goza de especial prestigio. Y, por lo que voy leyendo y oyendo, se dibuja a esos “redactores de base” poco más que como un apéndice del teclado del ordenador o un disco mecánico que compone la voz para la noticia. De ser cierto ese papel, no hubieran expulsado a valiosos periodistas de El País, a Jesús Cintora de Cuatro, devuelto a Madrid a la que llamaron “polémica” corresponsal en Oriente Medio de TVE, Yolanda Álvarez, y a tantos recordados estos días que afrontaron sus informaciones.

Tienen razón quienes dicen que “ en ningún trabajo, va en el sueldo de un currante que le traten mal“. Cierto. La violencia es intolerable. Y hay relaciones que pueden llegar a rozar hasta la puerilidad por ambas partes como lo de “mirar con cara de odio” como ha dicho alguno de los denunciantes de Podemos. Pero no se puede olvidar que algunos trabajos acarrean especial responsabilidad. Y los hacemos y los avalamos al estampar la firma.

A nadie se le escapa que ha habido –y hay– artículos y titulares que mezclan información y opinión (cuando es regla del periodismo hacer una nítida diferencia). Acusaciones a miembros de Podemos que resultaron falsas. Titulares y artículos altamente sesgados. No solo contra Podemos y, dentro de la formación contra Pablo Iglesias en particular, Pedro Sánchez también sufrió durísimos rigores antes de ser defenestrado de la Secretaría General del PSOE, sin que los autores del golpe interno recibieran ni el mismo tratamiento, ni prácticamente críticas. Reparemos en las fotos editoriales de los líderes que quieren dejar en mal lugar, publicadas en sus peores tomas. Algunas veces rozan el esperpento. Esas expresiones agrias, desmejoradas. Hasta canas despeinadas pusieron a Iglesias en una portada. Pero es que ¿hace falta demostrar la deriva de buena parte de la prensa, radio y televisión en España? ¿No vemos sus manipulaciones y en definitiva su servicio al poder sin reparar en métodos? Las hemerotecas están llenas.

La firma es importante. Rubrica lo que hacemos. En los contratos mercantiles, tiene consecuencias. Hasta penales en incumplimientos. Cómo será que la propia Victoria Prego dijo en Los desayunos de RTVE que no hacía falta otro nombre que el suyo para demostrar la veracidad de los hechos. Decir Victoria Prego era suficiente. Con una encomiable autoestima para su bienestar personal, que olvida pasajes bien negros de su trayectoria. Aquel silencio en la conspiranoia emprendida por Pedro J. Ramirez en el 11M que hoy se conmemora. La propia publicación de su entrevista a Rajoy en aquella jornada de reflexión con sus “convicciones morales” sobre la autoría de ETA. O el episodio de Suárez y el referéndum a la Monarquía por citar solo algunos de los más relevantes.

Indudablemente vivimos tiempos en los que la precariedad condiciona voluntades. Esta penosa circunstancia no es ajena a haber falseado u ocultado datos que la sociedad precisaba para tomar decisiones. Ni a la banalización de los contenidos. Pero cuando firmamos algo, cuando ponemos nuestra cara, voz y palabras, estamos contando a la audiencia lo que honestamente hemos visto, lo que necesita saber. No cabe la obediencia debida. Se observa una tendencia a exonerar al periodista de los contenidos que firma, como si fuera algo al margen de las directrices de su medio y, en su  caso,  intereses políticos.

Comparémoslo con otras profesiones. Medicina, ingeniería, conducción, lo que quieran. Y apliquen el método. Por ejemplo, si vender comida adulterada ocasiona problemas, imaginen lo que provoca  la información manipulada. Tiene consecuencias. Muchas más que una gastroenteritis. Los datos de la propia APM fueron categóricos: el 75% de los periodistas dijeron sucumbir a la presión de los jefes, y más del 75% se autocensura, es decir no informa de lo que en conciencia cree debería informar.  La audiencia no tiene la culpa.

En absoluto, digo sea el caso de los denunciantes dado que ni sabemos quiénes son, pero el hecho existe y es muy grave. ¿Estamos seguros, en esas condiciones, de que cumplen el servicio público a la sociedad que es nuestra misión? ¿La denuncia de la APM y de todos nosotros no debe ser la de saber y acabar con esa situación? ¿No es esto lo realmente “incompatible con el sistema democrático”? Nuestra vida puede ser muy triste, pero más lo es la de quienes sufren las consecuencias de una información con “verdades alternativas”. Es como poner los pies en un pantano cuando te han dicho que la explanada era de cemento.

*Publicado en eldiarioes

Vivos y muertos

2014-06-25 13.51.12-1

Este señor que figura al fondo y que he captado a vista de pájaro es Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid por herencia de Esperanza Aguirre. El cartel del fondo se ve mucho mejor: daban premios de la APM, la asociación de la prensa de Madrid.

He llegado cuando hablaba la presidenta Carmen del Riego. Siempre que la escucho reivindica un papel del periodismo como de ser testigo sin hacer mucho ruido. Para mí la tibieza en el periodismo siempre es complicidad. De alguna manera. Aquello de “quien calla, otorga” lo explica bien.

Todos los premiados, en cambio, han reivindicado el compromiso del periodismo, su papel de ser la crítica del poder. Especialmente Jordi Évole. Ha dicho que no creía ser el mejor periodista de 2013 y ha enumerado las características de quienes sí lo son. Quienes denuncian los desahucios con el nombre del banco ejecutor. O las malas prácticas del presidente de su comunidad autónoma aunque con ello corriesen el riesgo de quedarse sin parte de la publicidad institucional. O quienes se negaron a ir al Mundial del fútbol con todos los gastos pagados por Iberdrola. Según informó La Marea, era el caso de la presidenta de la APM.

Pero lo que realmente me desencaja es dar unos premios a periodistas y llevarse al político jefe de Madrid e invitarle a hablar.  Es algo de otros tiempos. La autoridad, el orden, el acto social con jerarquías. No es la primera vez, y no se aprende. Vamos, que cualquiera sacaría la impresión de que hay una concomitancia de la APM, o de quienes deciden en ella, con el poder que no veas. Cómo habrá sido que me he marchado hasta sin probar los canapés y eso a las 2 de la tarde es una heroicidad. Pero es que yo soy poco “polite” con los que mandan. Correcta y educada espero que sí.

Y bueno venía el día. El juez Castro, arrostrando fortísimas presionas, decide sentar en el banquillo a la Infanta Cristina . Y el fiscal anticorrupción  recurre de nuevo porque a la pobrecita se la juzga por ser quien es (ayer hija del rey; hoy, hermana del rey), siendo que no se enteraba de nada de cuanto hacía su marido. Como debe ser. En justicia sobre todo, si uno no sabe no es responsable, viene a decir. El juez en cambio considera que Cristina intervino para vaciar Aizoon. Y si así fuera ¿no lo hizo por amor como nos contaron? algo tan vivo como el amor.

Willy Meyer ha dimitido. Resulta que los parlamentarios europeos tenían una SICAV en Luxemburgo –fue una exclusiva de Infolibre-. Un montón de ellos, casi todos. Elena Valenciano también. Rosa Díez participó también en su época europea. Cañete con cualificación: es uno de los administradores. Pero solo ha dimitido Willy Meyer y dicen que es porque en IU han visto el cielo abierto para poder echarlo. Como nos aclara Zana, la reacción de la militancia de IU fue de rechazo y lo que decidió el cese: “nos movimos, (mandando correos a la Dirección, criticando su acción, pidiendo la dimisión públicamente…), y no tragamos sus disculpas”.  De los otros partidos implicados no he visto nada. Algunos ni corren ni vuelan sino que se meten bajo la mesa a ver si pasa el temporal.

En la nómina de chorizo del día no entro, hay un montón de ellos hoy. Y esto es una croniquita de andar por casa, dado el abultado número de noticias de entidad que han confluido. Fijaos que ni entro en la dimisión de Magdalena Álvarez, imputada algo así como por su responsabilidad política en los EREs de Andalucía. No entro porque me quedo a la espera de que dimitan también Rajoy, el gobierno en pleno, otros políticos afectados y, sin duda, los órganos fundamentales de la Justicia en España. Y este tema dará para mucho.

Y en la venta sistemática de todo lo nuestro apunto que hasta esto están dando para negocio. Mucho hay con tanto parado. Gallardón, por su parte, ha conseguido privatizar el Registro Civil, menudo empecinamiento tenía. Los colegas de Rajoy, los registradores de la Propiedad no lo quisieron, menos mal que ha encontrado a los mercantiles. Así nuestros datos personales están al alcance de quien debe.

Hoy ha muerto, El Feo… que junto al Malo y El Bueno, compuso una época del cine. Aunque Eli Walach participó en muchas otras grandes películas, Los siete magníficos, El padrino, Mystic river, etc..

Y ha muerto Ana María Matute, Premio Cervantes (la tercera y última con este galardón), Académica de la Lengua (esa otra rareza en España, mujer académica) y una de las grandes novelistas del Siglo XX. Sin hacer un ruido, sin levantar mayores dramas mediáticos y populares. Una mujer libre, viva durante los muchos años que ha estado con nosotros.

Al final no sé quién está más vivo o más muerto. No sé cuánta vida se respira en el carril. Seguramente mucha a juzgar por los numerosos adeptos a esta vía. O no ¿y si son zombies? estos convulsos tiempos se prestan a tantas confusiones..

El Colegio de médicos denuncia la situación de la sanidad madrileña

No era una impresión personal. El Colegio de Médicos de Madrid, institución poco dada a criticar públicamente las políticas sanitarias del Gobierno regional (dice con acierto El País), ha suscrito las quejas que buena parte de sus colegiados llevaron a la asamblea general la semana pasada. El colegio habla de “descontento generalizado” de los médicos que trabajan en la sanidad pública en un documento en el que enumera algunos de los problemas a los que se enfrentan y advierte de una posible huelga. Respecto a los nuevos hospitales dice: “Se han abierto utilizando plantillas de los antiguos hospitales sin reposición de las plazas vacantes”, lo que lleva a disponer de “recursos humanos y técnicos precarios”. El colegio (compuesto por 36.000 colegiados) lo ha hecho público días después de que las dos vocalías con más peso de la institución, la de primaria y la de hospitales, suscribieran un manifiesto en el que alertaban del “deterioro” y la “mercantilización” que sufre la sanidad pública madrileña debido a los recortes de financiación, la escasez de profesionales y la Ley de libre elección y área única, recién aprobada. El sistema sanitario “está sufriendo un proceso de privatización y mercantilización que cambia los objetivos del modelo diseñado en la Ley General de Sanidad”, aseguran.

Por mi experiencia, no es mucho mejor la sanidad pseudoprivada de las compañías y conciertos profesionales. Masificación, avidez por cobrar el talón o pasar la tarjeta, para luego oír decir a algún médico a quien uno confía su salud: “¿sabe Vd. lo que me pagan por esta consulta en…?” Esforzadas excepciones como siempre mantienen el sistema, pero el malestar se palpa.

Acabo de quedarme sin ginecólogo después de 20 años y coincidiendo con un problema que, por las continuas dilaciones, había llegado a aparentar ser grave, aunque afortunadamente no lo es, según acabo de saber, pero me ha traído en jaque –y en dolor- 8 meses. La mercantilización que propicia la sanidad de la comunidad de Madrid ha agobiado de tal manera a los profesionales que quien fuera mi querido doctor ya no atiende, ni por favor, a nadie del colectivo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Creo que no lo entiendo, aunque quizás debería estar agradecida por haber gozado de su saber durante dos décadas en un cupo similar al de “Beneficencia”.

En un reportaje de Informe Semanal, de costosa elaboración, al que dedicamos mucho tiempo y mucha documentación, descubrí que en los pueblos y pequeñas ciudades, el médico todavía tiene tiempo de atender a los pacientes, recordar su historial y hasta sus manías, todavía les visita en casa si enferman seriamente. La sanidad de Madrid sume a veces en el desconcierto y por tanto en la indefensión. Imagino que no para un infarto o algo acuciante, espero que sea así. Quizás es que vivimos demasiados ciudadanos aquí y no se prioriza la inversión en lo que realmente afecta. Quizás es que descentralizar la sanidad fue un error garrafal, como aseguran muchos profesionales, que, como mínimo, ha ocasionado sustanciales diferencias entre comunidades.

Por fortuna, estoy básicamente sana y la tenacidad pone por fin en vías de solución algunos problemas largamente irresolutos. Pero no podemos depender de la suerte. Hasta de la de topar con profesionales cuyo hastío y decepción aún no les impida atender a cada paciente como si fuera un ser humano único.

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