“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.
“¡Que vienen, que vienen!” era el grito en las manifestaciones del tardío franquismo –el que yo conocí-, y la Transición –también en la mitificada Transición-. El aviso para evitar persecucciones y palos. Cuando, por ejemplo, un militar íntegro y vicepresidente del gobierno con Adolfo Suárez era insultado y agredido por la ultraderecha. Se trataba del General Gutiérrez Mellado. No vienen, están aquí y nunca se fueron. Ahora han vuelto a envalentonarse ¿Sabemos por qué?
Las crónicas del desfile en la Fiesta Nacional del 12 de octubre, hablan de que nunca se había visto un clima de tanta tensión. De banderas preconstitucionales. De niños de 15 años, vestidos con polos de marca, ideando como insultaban mejor al presidente del gobierno de su país. Estos festejos patrióticos nos dicen muy poco a muchos de nosotros, quizás por que a ellos acuden como mosca a la miel tanto impune fascista.
Hay muchas formas de criticar a Zapatero y seguramente lo merece. Pero qué curiosa casualidad, que año tras año e in crescendo, la tierra ruja cuando el presidente se encuentra en tan grata compañía: los amantes del desfile.
El PP en pleno, por lo que se ve, entiende que esos gritos son “libertad de expresión”. Y van mucho más allá. Cospedal ha dicho que a «unos les reciben con aplausos y a otros con abucheos«. Sí, depende en el que campo en el que se juegue. Jamás la abuchearía a ella la ultraderecha, no le abuchean en sus mítines de adeptos, y, en cambio, soy la primera en censurar su aplastante desfachatez. Es la razón, su desfachatez continuada, de que la abuchee por escrito. No sé si queda en el PP alguien que juegue en campo contrario al de la ultraderecha. O en el demagogia más sucia. Si lo hay, debería decir algo.
Vienen. Están aquí. Y algunos guardamos muy amargo recuerdo de cuando sentaron sus reales soberanos durante parte de nuestros años y 40 seguidos de nuestros padres y abuelos.
Pero, claro. Se ha resucitado también el discurso racista y xenófobo contra la inmigración. Lo ha hecho el PP que espera sacar réditos de la demagogia de un pueblo mal informado, poco educado y sin un gramo de memoria, a lo que se aprecia.
Lo hace Durán i Lleida el admirado y sensato demócrata… hasta que un día salió del armario. Ya dijo hace poco que había que llevar al médico a los homosexuales para corregir su desviación. Hoy reivindicaba para CiU la paternidad de la idea de hacer un censo de inmigrantes. La coalición electoral con una masa electoral que gana 100.000 euros al año, y no quiere más impuestos. El de esos votantes, como los del PP, que temen que unas personas, casi con el culo al aire de pobreza, venidas de fuera de esa tierra que –al parecer compraron en propiedad para ellos solos por ser paridos en ella, en mala hora- les quiten algunas prebendas.
Nada, nosotros a seguir, fascinados, viendo salir mineros del pozo por la gracia de Dios y de la tecnología. Los dichosos mercados nos aprietan el cuello mientras tanto. Y si mucho ha cedido Zapatero, el PP y sus socios catalanes –de charlas en la intimidad- les pondrán alfombra roja.
El papel más importante de la familia en la sociedad actual es, a juicio de casi la mitad de los españoles, el de «criar y educar a los niños«. Y el 45% opina que es la mujer quien debe reducir su jornada laboral para atender el hogar. El CIS ha preguntado a los españoles sobre la familia. Las televisiones hablan de la familia. El PP cambiará –se presume- el Ministerio de Igualdad para convertirlo en el de La Familia.
Lo primero que habría que preguntarse es si existe la familia tradicional o es una entelequia, cuánto de tradicional es la familia idealizada.
El modelo nos habla de un chico que conoce a una chica –de similar edad-, se enamoran y se casan, viven juntos 40 años o más, tienen varios hijos con los que conviven. El trabaja fuera y ella cuida del hogar y la prole. Están en casa los abuelos, que cuentan cuentos a los niños. En Navidad la madre y la abuela hacen pastas y hojaldres para todos. En sus ratos libres bordan. Y, si nos atenemos a las añoranzas planteadas cada vez con más intensidad, a la caída de la tarde rezan en rosario en familia.
Hace cien años la esperanza de vida en Europa era de 35 ó 40 años, en España en concreto de 35, igual que ahora en algunos países africanos o poco más en Afganistán, por ejemplo. Era muy fácil por tanto casarse «para toda la vida«, luego se volvió mas complicado. La familia «tradicional» solía estar compuesta de un padre con sucesivas mujeres e hijos de varias de ellas. Y el amor no fue hasta muy recientemente una razón para casarse. En los matrimonios había diferencias de edad, siempre a favor del hombre, mayor que su esposa. La familia estaba basada en la subordinación y aún anulación de la mujer, se sostenía a costa de ella. Y había una gran presión social para que la mujer aceptara su papel. También se sustentaba en la explotación de los hijos. Como se producía una fuerte mortandad infantil, la mujer pasaba embarazada y cuidando niños buena parte de su vida. Vemos que incluso en el año 70, cuando tímidamente estaban cambiando algunas cosas, nuestro crecimiento demográfico era aún muy alto: más del 10%, como sucede en los países «en desarrollo«.
¡Y ahí estaba la mujer tradicional de la familia tradicional! Lavando la ropa a mano, fregando el suelo de rodillas –porque aún no había fregona-, yendo al mercado todos los días porque tampoco disponía de frigorífico, y cargando con la compra porque ni la enviaban a casa, ni se iba en coche a por ella, porque tampoco lo tenían más que un 4% de la població (informe FOESSA 1970). En cuanto a los niños, sin enseñanza obligatoria y universal como ahora, a los 14 años trabajaban muchos y aún antes, ahí tenemos la figura del botones o el aprendiz. Y no nos olvidemos de otra figura interesante: «la querida». No existía el divorcio, pero el hombre sobre todo el adinerado podía tener una «querida». El adulterio femenino estuvo penado en España hasta 1978.
En las familias de siglos pasados había muchos más huérfanos, alcohólicos, maltratos, violaciones, abusos e injusticias de los que nos podemos imaginar. Ésa es la familia tradicional. ¿Excepciones? Todas las que queráis aunque muchas veces el recuerdo idealiza la realidad.
Pero llegó la democracia. Y una Constitución. Y la reforma del derecho de familia, y el divorcio, y el aborto, y acabar con la ley que permitía a las niñas casarse a los 12 años porque era cuando ya podían ser madres (sucedió en 1981), 14 para el chico, y que todos los hijos fueran iguales y adquirieran derecho los ilegítimos, y el desarrollo con sus electrodomésticos y otras facilidades «para la mujer«, y el fin de la prohibición de la píldora y mayores medios para evitar la concepción no deseada, y por tanto el comienzo de la liberación de la mujer.
¿Y qué define ahora el modelo mayoritario de familia en la que vivimos? Que sale a la luz en cierto modo el de antaño. Hogares en los que conviven una pareja con hijos de distintos matrimonios. Tenemos también muchas más familias monoparentales, aunque casi el 90% están constituidas por una mujer como cabeza. Parejas homosexuales que propició la ley socialista. Muchos abuelos están en residencias, o viven separadamente. Ya no cuentan cuentos a los niños, aunque a menudo son utilizados para cuidarles en ausencia laboral de sus padres.
Pero, en mi opinión, lo que realmente define a las nuevas familias es su dedicación a la fiebre imperante del consumismo, que parece situar como prioridad pagarle al banco la hipoteca de la casa en la que viven y adquirir muchos bienes que creen necesitar. Y eso va en detrimento de los hijos, de estar físicamente con los hijos. Y así están las criaturitas, que dan miedo.
Podemos hablar a la vista de todo esto sobre la idealizada familia ¿no?
Es el titular que Bárbara Yuste ha puesto a la entrevista que me ha hecho en ABC. En el día en el que el CIS constata que se ha consolidado a los políticos como tercer problema de los españoles, no está mal.
Éste es un framento de la entrevista del que comienzo extrayendo mi homenaje y agradecimiento a quienes escribís en este blog y alguna cosa más.
Qué has aprendido en este tiempo?
Que existen personas que se molestan en buscar, leer y comentar lo que escribo, y que recibo una respuesta más cercana que nunca. En «Informe Semanal», aunque me reconocían por mi labor diferenciada, la audiencia se distancia más. Los comentarios de mi blog son un lujo. Muchos merecerían su propio blog. Se puede crear un espacio de interrelación muy gratificante. También con otros compañeros periodistas de internet. En la mayoría de los casos me he sentido muy afín con ellos, porque son los que vibran con el periodismo que se hace hoy.
Hay mucha política entre los contenidos del blog, ¿se debe a que es el tema que acapara más titulares de la actualidad informativa?
Se debe a que hay una profundísima crisis política, económica, social y de valores. Creo y defiendo la democracia, y, frente a la tiranía de «los mercados» y el sometimiento de los gobiernos a sus dictados, pienso que la sociedad debe exigir a sus gobernantes y parlamentarios que recuerden que la soberanía reside en el pueblo, que únicamente son nuestros representantes, y deben ocuparse del bien común. La política coherente es la única salida democrática a todo lo que nos está sucediendo. En estos tiempos estamos para pocos adornos y pocas pérdidas de tiempo. De todos modos, también escribo mucho de periodismo.
¿Crees que los contenidos políticos funcionan en los blogs de la misma manera que en los medios tradicionales?
Funcionan mejor en los blogs porque son más libres. En los medios tradicionales, además de que se pueden ver condicionados por la ideología del medio, se da una presencia constante a los políticos que desinforma. No se puede seguir dando tanta difusión a todo lo que dicen u opinan los políticos. No es noticia todo lo que opinan y dicen los periódicos, y el periodismo está –conviene recordarlo- para informar. En los blogs no se hace eso, no hay cuotas, no se pesa por gramos lo que dicen los políticos. Y, en mi caso, procuro dar datos que aporten información al lector, más allá del «éste dijo, el otro dijo» y tan contentos con la manoseada y maltratada objetividad.
“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una novela corta de ciencia ficción, escrita en 1968 por el norteamericano Philip Kindred Dick . Una versión libre de ella dio origen a la imprescindible película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott en 1982. Por cierto, la precariedad en la que viven esos androides prefabricados -tan similares a los humanos- que les obliga a huir de su planeta, se parece mucho más al futuro al que nos abocamos que al «Mundo Feliz» de Adouls Huxley y sus contemporáneos.
Tengo la teoría de que mi casa engulle ciertos objetos. Al vivir más personas en ella, parecería que alguna activara el desagradable mecanismo, pero no, hace poco me explicaron que aquí se me ha instalado el «kippel«. Limpios como los cuidadores de patenas, con todo en apariencia de orden, somos absolutamente inocentes de la ocupación de ese desagradable ente. Termina por no ser basura en sentido estricto, sino mucho peor: cuerpos que han perdido la función que les dábamos y que toman vida propia. A saber:
“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (…) el kippel expulsa el no-kippel (…) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado» escribieron en su día en www.microsiervos.com citando la novela aludida.
Pues bien, en este extraño día de lluvia persistente, de intentar no hacer nada en absoluto, parecería que el «kippel» haya sido vencido por el «no-kippel» y han comenzado a aparecer los objetos perdidos. De hecho, yo me encuentro en total relax y me llaman uno por uno, acudo a su voz y allí están. El problema es que esa propiedad de reproducirse subterfugiamente del «kippel«, oculta cosas valiosas. Y lo mejor es que, como diría cualquier colega de los medios actuales, el prodigio “no ha hecho más que empezar” (les gustan mucho los tópicos). Ahora voy a estar más atenta a los sonidos de lo que queda por volver a hacerse presente.
Esto me ha llevado a una segunda reflexión, mucho más decisiva. Han vuelto a revivir en consecuencia CDs por ejemplo y, para escucharlos, he conectado, tras mucho tiempo sin hacerlo, el equipo de música, más cerca del sofá reparador. Es un ejemplo. Resulta que los seres humanos somos producto de una trayectoria y, sin embargo, solemos quedarnos con lo último que llega, arrinconando buena parte de lo anterior. Me refiero a las personas que mantienen sus ojos abiertos, no a los del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Errores y aciertos nos labran y solidifican, multitud de recuerdos renacen para volver a latir y matizar el conjunto. Nefasto mirar sólo a un inicio como suelen hacer en todos los aniversarios, incompleto quedarse únicamente con lo nuevo, somos un todo, y es eso lo que nos sustenta. Debe ser ese error, precisamente, lo que desencadena el «kippel«. Es una teoría no refutada, claro. Sabe uno de este modo que tanto la felicidad como el dolor pasan, ya los conocemos, ocurrió otras veces. Y desde esa altura, se puede usar con igualdad facilidad la firmeza y la condescendencia. Incluso para uno mismo.
Tengo la impresión de que el “kippel” que se instaló en mundos imaginarios, habita, desconocido, en el planeta Tierra. Ahí debe estar la raíz de lo que nos ocurre. Hay que apagar los ruidos y encender la realidad para escuchar el orden natural, su contrario, y sacarlo a la luz. Lo está pidiendo, ya os digo.
“Mahatma Gandhi, esa gran mujer pacifista”. Lo dicen en RNE, y lo recoge Isaías Lafuente en la SER. Sin comentarios. Hace poco, falleció “Tony Curtis, ese gran actor cómico”… para los que sólo vieron, al parecer, “Con faldas y a lo loco” del centenar de películas que hizo. Un afamado presentador de televisión, se acogió en 2005 al tópico que rodea a los Nobel de Literatura y dijo: “Harold Pinter, un escritor desconocido”. Cercano a la cincuentena, este año el periodista no habrá tenido problemas en reconocer a Vargas Llosa, eso está bien. O una solvente redactora de cultura llamando «Nessun Dorna» al aria final del Turandot de Puccini, y eso que es una de los temas más famosos de ópera.
Podríamos encontrar ejemplos a diario, buena parte de quienes hablan o escriben en los medios (me parece una forma precisa de calificar lo que hacen), creen que el mundo nació el mismo día que ellos. Y es eso lo que transmiten. A la sociedad. Los fallos en cultura “sólo” acarrearían la profusión de solemnes orejas de burro, pero es que mis amados parlantes y «escribidores» también lo hacen con noticias de política, economía o lo que se tercie. Lo anterior no existe. No existen tampoco las hemerotecas, archivos de todo tipo, ni los libros y enciclopedias. Da trabajo. El fuego de la trivialidad y la pasividad ha arrasado nuestra «Biblioteca de Alejandría«.
Y se llevan unas sorpresas descomunales. Un día estalla un volcán y resulta que tenía dentro una cosa llamada lava, surgida espontáneamente diez minutos antes. O esa gente tan mala que pone bombas ¿por qué lo hará? La vida es un espectáculo.
En la era de la excesiva información cada vez sabemos menos, si no nos molestamos en buscar. Los primeros, parece, quienes difunden informaciones. En el periodismo –como en la vida quizás- es esencial la curiosidad. Si voy a escribir y titular sobre Tony Curtis, dado que ha venido un urgente diciendo que se ha muerto, y eso parece ser importante ¿no me sale de dentro saber quién es y qué hizo?
Es peligroso alumbrar el mundo cada día y borrar el pasado: nos condenamos a cometer muchos errores y en toda la gama de calibres. «La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido«. Milan Kundera.
Os dejo con Pavarotti y Nessun Dorma –ninguno duerma-. La adoro y más. Es un fragmento del reportaje que hicimos desde la corresponsalía de Londres para Informe Semanal. Pavarotti en el Hyde Park de Londres. Verano de 1991. Concierto nocturno y gratuito, al aire libre como se deduce. Una inmensa multitud la coreaba. Se habló de 350.000 personas. Muchos de ellos asistían a la ópera en directo por primera vez en su vida. Nunca se la oí cantar mejor.
Francisco Camps –como decíamos ayer- ha retirado, temporalmente, la educación sexual de los institutos. Ya avanzó que quería «rediseñar su contenido«. Ahora vemos que la medida coincide con una petición del Arzobispado de Valencia que, de hecho, pondrá a disposición de los colegios concertados y privados durante este curso, un texto alternativo. El arzobispado ha declarado que se están «ultimando los detalles» de este programa contrario a la masturbación, los anticonceptivos, el aborto o el inicio de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Evidentemente todos los miembros del Arzobispado –supuestamente célibes- son auténticos expertos en el tema.
Siempre me ha desconcertado la obsesión por reprimir el sexo del ultraconservadurismo. Una –a pesar de todo- amiga quiere enviar a Bibiana Aído a la cárcel por haber entrado en las procelosas aguas de lo innombrable. Tras más de 30 años de democracia, la educación sexual sigue siendo un tabú en los colegios españoles, tanto públicos como privados, según se ha denunciado reiteradamente. Depende, en gran parte, del signo del centro, en algunos es una quimera. El peso de la Iglesia se deja notar y, hasta en la educación pública existe una mentalidad conservadora latente que sigue considerando el sexo algo a esconder. De esta forma, buena parte de los niños españoles continúan informándose a través de amigos y con los medios de comunicación. Los ardorosos adolescentes valencianos –casi todos lo son a esa edad- se toparán ahora con la sotana que les dice que no forniquen y, si lo hacen, sin preservativo para traer muchos votantes al mundo, aunque luego se mueran de hambre.
Es asombrosa la permisividad con el resto de los llamados mandamientos de la ley de dios. La reiterada malversación de fondos públicos se trata como pecadillos veniales, amarse es un delito mortal, si no cuenta con la bendición de algún célibe sacerdote.
Entre todas las disquisiciones que se disparan acerca del papel de un dios en la creación del mundo –frente a los racionales hallazgos de la ciencia-, lo más incomprensible es que ese Ser –distinto en cada religión- se haya molestado en ordenar con quién y cómo debe uno meterse en la cama.
Paradójica también la obsesión de los dirigentes valencianos, de tan «dudosa» sexualidad, por imponer el hombre-mujer y bajo sacramento en las relaciones sexuales.
El desarrollo científico, tecnológico, cultural, no ha ido parejo en absoluto con el progreso humano. Si nuestros antepasados prehistóricos se zurraban con garrotes y piedras, ahora lo hacemos igual, solo que con sofisticadas bombas. No sólo es necesaria la formación sexual -para sacar mucho más provecho de ella y no cometer errores evitables-, se hace indispensable educar en los afectos, terreno en el que no se ha avanzado nada en milenios. Amarse con emoción, a la luz del día, sin oscuras sotanas que nos oculten. Al fin y al cabo, es uno de los pocos placeres que todavía no cotiza en bolsa.
En vista de la encendida defensa que hace el PP para declarar los toros bien de interés cultural y patrimonio protegido por la UNESCO, es de suponer que actuará en consecuencia cuando llegue al poder como le vaticinan las encuestas, dado que ya lo ha hecho en las comunidades que gobierna. Pero todavía nos pueden deparar muchas más sorpresas. Por ejemplo, lograr la misma calificación para la corrupción española. Así Cospedal (y el resto de los ecos) no tendría que salir a atacar el Estado de Derecho cada vez que la policía entrulla a miembros de su partido por malversación de fondos públicos, cosa que ocurre con cierta frecuencia. Hay cosas que no deben exponerse a la vista pública. Se lavan o se ocultan en casa, como toda la vida.
Declarar la corrupción española bien de interés cultural, de interés turístico también, y patrimonio protegido de la UNESCO, se asienta en profundas razones que no pueden verse obviadas.
La tradición. Desde el gran éxito editorial de Anónimo, con el Lazarillo de Tormes, sabemos que forma parte de nuestras más arraigadas costumbres. Cuatro siglos ya de la obra y no hemos hecho nada por reivindicar nuestra insuperable aportación al mundo. Se apoyaría también en refranes populares como el que dice “Abierto el cajón, convidado está el ladrón”. Grandes y pequeños, nobles y villanos, reyes y presidentes han robado a manos llenas el dinero público. España puede acreditar una gran tradición en esta práctica, y las tradiciones hay que conservarlas. ¿Qué haríamos sin tradiciones? La corrupción es “un componente especial de la cultura española”.
Trato dado a los corruptos. Como los toros antes de la corrida, los corruptos españoles gozan de grandes prebendas, superiores a los humanos honestos. Y a diferencia de los astados que palman en sangre, nuestros corruptos a gran escala, suelen salir casi indemnes de la cogida. Buenos y caros abogados, lentitud de una justicia que no siempre es del todo ciega, apoyo solidario de unos con otros, e incluso de desconocidos que quieren medrar sin escrúpulos. Muchos españoles llevan un corrupto dentro.
La estética. La corrupción española no es un deporte ni un sacrificio ritual, no, es una mezcla de baile, arte y virilidad. Embutidos en trabillas italianas a costa de los contribuyentes, danzan ante nuestros ojos, con un par de bemoles, amariposados y señoras (por cierto hay menos porque menores son sus cargos públicos probablemente) incluidos. Sus capoteos mediáticos nos embelesan, nos marean.
La trascendencia. Contemplar la corrupción sirve para descargar colectivamente sentimientos positivos y negativos, algo enormemente saludable según los expertos. Es una lucha casi religiosa entre el bien y el mal. Irritados algunos, complacientes otros, vemos que triunfa el mal, a diferencia de lo que ocurre en las corridas de toros, y nos preparamos para la realidad de la vida.
Declarar la corrupción de interés turístico e incluso fiesta nacional, nos traería valores añadidos. Podríamos llevar a nuestros turistas a contemplar los ladrillos del litoral que han edificado millonarias fortunas particulares, el cemento del interior, los campos de golf, los vertederos de basuras, o incluso las administraciones de lotería donde compra Fabra sus boletos. Incontables puestos de trabajo en guías turísticos y una incalculable riqueza para el país.
No olvidemos los souvenirs. Talonarios, sobres bajo mano, chapas, camisetas, jarras, llaveros con la efigie de las estrellas de la corrupción. Beneficio seguro. Una auténtica industria al servicio de «la fiesta». Y, como apuntan los comentarios, congresos y aulas de corrupción donde aprender la carrera.
La corrupción española protegida como patrimonio de la Humanidad en la UNESCO, homologaría además a los grandes malversadores y especuladores mundiales. Agradecidos, «los mercados» dejarían de atacarnos. No se ven más que ventajas.
La sabiduría práctica, la inteligencia emocional, no está para luchar contra los elementos, sabe navegar con el viento a favor y sacar provecho de su patrimonio. Hay que subvencionar –más aún- a los artistas de la corrupción española, no dejar que la fiesta muera. Con rigor y sin apoyos, estos bravos ejemplares desaparecerían. España sería otra. Honesta, responsable, culta.
Por cierto, Camps ha retirado temporalmente la educación sexual de los institutos porque tiene que «rediseñar» sus contenidos (la abejita y el polen, me han apuntado como posibilidad). Y un informe internacional sitúa a los jóvenes españoles a la cola de Europa en innovación y competitividad. Lo atribuye a que aquí no se cultiva la inteligencia. Según los expertos, eso lastra el desarrollo económico y social de los países. ¡Qué sabrán ellos! Aquí les va divinamente a unos cuantos. Y más que les irá. Estamos en el buen camino. ¡Corrupción, fiesta nacional, bien de interés turístico, cultural y patrimonio protegido por la UNESCO!
Las desmesuradamente aireadas primarias del PSOE en Madrid han revelado que en toda la Comunidad hay 18.000 afiliados a este partido y que ni siquiera todos acudieron a votar para tomar una decisión significativa. Cuenta Miguel Ángel Aguilar –alarmado por la misma cuestión- que los militantes con carné del PP han llegado a los 90.000 en Madrid. Que son 700.000 en toda España, frente a los 360.000 del PSOE y los 55.000 de Izquierda Unida. Las cuotas de los socialistas representan 6 euros al mes, dice Aguilar, salvo los cargos públicos que cotizan en función de sus ingresos (aunque parece que no pagan más de 20 euros mensuales).
Ignacio Escolar encontró hace poco un informe de la Comisión Europea en donde se mostraba que España es uno de los países con menor afiliación sindical (el 15% frente al 25% de media con más del 70% en Suecia y Dinamarca) y con mayor número de empresas inscritas en las patronales (el 72%).
De estas canteras se nutren los cargos (políticos, sindicales o empresariales). Todo ello explica muchas de las situaciones que padecemos. Sus picos significativos son éstos, en mi opinión:
Escasísimo compromiso de los españoles por las cuestiones de todos.
Mayor en la derecha y en la patronal que en la izquierda o las uniones de trabajadores.
Peligrosa endogamia.
Puede que hayan sido los males seculares de España…
40 años, uno tras otro, de tutela franquista que nos trató como súbditos con debilidad mental, creando una inercia que tardará en irse.
La recurrente falta de educación de la ciudadanía que induce actitudes profundamente egoístas.
Ver la obsoleta y jerárquica estructura de las organizaciones que disuade de participar en ellas. Salvo, como vemos, en las empresas.
En las formaciones de izquierda aparecen como grupúsculos (comparados con los votantes) que se guisan y se comen –sin duda echando sal a los dulces, y azúcar a los salados por fastidiar al rival- un pastel que debiera competernos a todos. Todo fruto de la endogamia. Apenas 500 votos han separado a Tomas Gómez de Trinidad Jiménez y el hecho ha ocasionado un terremoto que hace temblar los cimientos de La Moncloa. Poco más de 7.000 personas han tomado una decisión que termina afectando a todo el país. Aunque siempre sea mejor a que lo haga una sola persona, una camarilla o los miembros de una ejecutiva.
Los movimientos vecinales están prácticamente muertos. Proliferan en cambio minoritarias asociaciones eufemísticamente llamadas –en muchos casos- “sin ánimo de lucro”, ávidas de subvenciones públicas, para reunirse de vez en cuando y hacerse chapitas y carteles con su nombre. Como casi todo lo que ahora sucede, esta situación ha sido promovida desde los poderes varios, pero la sociedad no se libra ni mucho menos de culpa. Huímos del compromiso, por las razones que sea, dejando en muy pocas manos lo que se dispone para todos. Es decir, la antítesis de la democracia.
En otros países no sucede lo mismo. La implicación en los destinos del conjunto de la sociedad es mayor. Y se nota.
Entono la primera el «mea culpa», no tengo inconveniente. Jamás he estado afiliada a un partido o sindicato. Creía que el ejercicio asalariado del periodismo e incluso el no remunerado, me impedía suscribir una militancia que condicionaría mi independencia. Y los sindicatos están adscritos a partidos. En el fondo, ocurre también que soy más bien ácrata. Participo en algunas asociaciones, las que he encontrado más acordes con mis ideas y más efectivas en el marasmo que os contaba. Por ejemplo, ATTAC, Amnistía Internacional (ninguna de las dos recibe subvenciones públicas, se costean con cuotas), o varias ONGs de «medicina del mundo«. De la Europa en Suma que creé me echaron para convertirse en sucursal de la UE oficial.
Os animo a empezar por algo. Pero la solución final es que nos impliquemos más, que cambiemos las estructuras del sistema con la masiva participación en sus cauces. O creemos nuevos si encontramos viciados los que existen. No son de recibo estos datos de los que hoy hablamos. Insisto en que no es así en otros países que han logrado mayor bienestar del conjunto, todos los ciudadanos se benefician. El patriotismo es eso, no lo que nos cuentan.