Parodia de España en la TV de Taiwan

No dejan títere con cabeza: Rajoy, el Rey, la separación de Cataluña, los recortes o las protestas en la calle y la brutalidad policial (no le han «comprado» el discurso al Gobierno).

 

(Existen, como veréis, dos opciones de idioma: chino e inglés. La imagen habla por si sola).

 

España no es Portugal

En nuestras retinas todavía la brutal carga policial que reprimió la protesta popular en Madrid el 25S en su intento de rodear el Congreso de los diputados pidiendo más democracia. Y, en el ánimo, el estupor por la violencia con la que se quiere castigarla. Pero también la vigilia portuguesa ante el Palacio presidencial de Belém en Portugal que, solo 4 días antes, culminó cantando, en paz absoluta, el Grándola vila morena, himno de la Revolución. La huelga general en Grecia.

“España, junto a Grecia y Portugal… a la cola de Europa”. La frase mil veces repetida nos persigue como un estigma. Y es que nuestras trayectorias se cruzan una y otra vez en la Historia. Los que menor salario cobramos de la UE15 (anterior a la ampliación al Este). Donde menos invierte el Estado en lo que llaman “gasto” social, bien patente en sus resultados. Tres países rescatados, acosados, por la crisis de la deuda especulativa. Tres sociedades recortadas hasta la extenuación que, lejos de ver el final del túnel, cada vez ahondan más su recesión.

Un destino paradójico hace que España y Portugal siempre muevan ficha al mismo tiempo. Los dos se aventuraron al mar en busca de Imperios que terminarían por perder casi simultáneamente, dejando su idioma en millones de ciudadanos. El siglo XX los unió en sendas dictaduras que se prolongaron cuatro décadas. Nuestros vecinos reventaron la suya, sin un solo tiro, con los claveles del 25 de Abril en 1974. Un año después España se abre a la democracia, tras la muerte de Franco, con una “Transición” negociada en precario bajo la bota de los vencedores. De la mano entramos en Europa, en la hoy UE, en 1986. Y, ahora, camino parejo de “reformas” neoliberales para alimentar los bolsillos de unos cuantos a costa de la población.

Grecia tuvo también su Golpe de Estado. Los Coroneles sujetaron al pueblo más tarde y menos tiempo (1967/74) pero dejaron su impronta. A los griegos nos une en particular la corrupción y la tolerancia social a la corrupción que siempre termina por ver emerger su caspa putrefacta, evidenciando cómo ésta pudre las raíces de cualquier Estado.

Los caminos entre España y Portugal son más parejos pero divergentes al mismo tiempo.  No mantienen monarquía para empezar (Grecia expulsó la suya por otro lado). Portugal rompió con el pasado en 1974, nosotros nos apañamos una democracia “ad hoc”, sin dirimir responsabilidad alguna por la dictadura. A Portugal, eso sí, la vendieron por parcelas los sucesivos gobiernos. Y hace muchos años que supieron de las “bondades” del FMI. En España todavía no se ha consumado absolutamente el expolio público, pero ya queda poco.

El premio Nobel de Literatura José Saramago aventuró en “La balsa de piedra” (1986) la posibilidad de una Iberia unida, más fuerte como interlocutor ante Europa y el mundo. En su metáfora, desgajaba del continente la península ibérica que, a manera de isla flotante y símbolo de valores, viajaba unida en dirección a América. Hace cinco años intentó revivir la idea de la unificación que nunca le abandonó. Ganaríamos mucho los españoles inyectándonos algo del carácter y educación portugueses.

Grecia es ya un despojo a manos del neoliberalismo. Empecinado en votar lo establecido, sucumbiendo al miedo, sin dejar de salir a la calle –ahogados- sus ciudadanos. Pero es de nuevo Portugal el espejo donde mirarnos. Su economía se hunde al 3,3% tras soportar, disciplinados, todos los recortes que la Troika ha tenido a bien ordenar. Y el gobierno conservador –también persistieron en el error- de Passos Coelho siguió apretando el cuello de sus ciudadanos muy obediente.

Los portugueses, sin embargo, pacientes y sosegados donde los haya, saben decir ¡basta! Y sus protestas han conseguido que el gobierno se replantee la nueva ocurrencia de rebajar los salarios un 7%. El primer ministro ha dado marcha atrás y empieza a buscar dinero donde sí lo hay pero ningún neoliberal hasta ahora quería tocar: en los impuestos que no pagan las grandes fortunas.

La diferencia fundamental entre las dos caras de Iberia es la actitud de sus “Fuerzas del orden”. La policía portuguesa avisó que no reprimiría la manifestación de Belém. Aunque al final lo hizo mínimamente. Más allá aún fue el ejército portugués, con una carta a la que se ha dado escasa difusión en España:

 “Las Fuerzas Armadas, desde aquí, reiteran su firme convicción de que los militares nunca pueden ser un instrumento de represión para sus conciudadanos, de acuerdo a la Constitución que juraron defender”, escriben. Tras expresar su solidaridad con todas las iniciativas abordadas por la ciudadanía afirman que lo que  “en realidad se está haciendo” es: “Engañar,  utilizando el miedo y haciendo promesas que no se cumplirán, sabiendo que la gente está indefensa ante ellas” o “insistir una y otra vez que debemos aceptar la imposición de sacrificios para alcanzar una supuesta solución que está a la vuelta de la esquina, un poco más allá. Volver a doblar la dosis de estos sacrificios sin llegar a esas soluciones, por lo que siempre pagan las consecuencias los mismos. Mientras que a la vez, tanto en Portugal como en otros lugares, se acumulan riquezas sin límite, evitando que otros puedan obtener los salarios justos que se merecen por su trabajo”.

En nuestra retina sí, la represión en España, la carcundia jaleando, la prensa internacional destacando la brutalidad de las fuerzas de la autoridad. Las felicitaciones cruzadas de la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y la propia policía. O Mariano Rajoy en su estreno en la ONU ante un hemiciclo prácticamente vacío… hablando de Gibraltar y la antaño vituperada Alianza de Civilizaciones de Zapatero, mientras se le cae España a pedazos. Conflictos mal enfocados, más recesión y todas las cifras económicas en despeñe.

En el dolor de la caspa patria, aún se puede unir la voz a la de nuestros vecinos y corear lo que ellos cantan con sentido: “ el pueblo es quien más ordena”. ¿O no reside en él constitucionalmente la soberanía?

 *Publicado en eldiario.es

Permitídme que hoy lo dedique. A Zé Moreira y a Pilar del Río.

¿Hablamos del Congreso de los Diputados?

El Congreso de los diputados es la Cámara baja de nuestro sistema parlamentario que se complementa con el Senado –aunque no sabemos para qué sirve, para ralentizar los acuerdos con su paso de mayorías por él quizás-. Ambos ostentan la presentación de la soberanía popular, según reza, canta y fija nuestra Constitución. Luego, según los votos logrados para el Congreso, el partido más votado, o el que logra alianzas, forma gobierno. Ya tenemos dos poderes, el tercero será el judicial. Y así hemos completado los tres que marca el sistema democrático que, además, deben guardar una exquisita separación de funciones.

Dice José Luis Sampedro (en Reacciona):

“Pese a los disfraces, la religión permanece anclada en el siglo XVI, la economía en el XVIII y el sistema parlamentario en el XIX”. Y añade:

Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. (…)Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

El Congreso de los diputados está cercado desde hace varios días. El sábado no podían acceder ni los peatones, salvo que fueran al Hotel Palace.  Me ocurrió a mí que tuve que dar un buen rodeo por calles adyacentes para ir donde quería. Es que hoy, 25 de Septiembre, hay convocada una manifestación para rodearlo y exigir reformas. Y el poder político y en gran medida el mediático están muy asustados. Es peligrosa la gente con miedo.

La portavoz kamikaze del PP, Dolores de Cospedal, ha comparado la protesta de hoy con el 23F. Cuando Tejero entró a tiros con fuerzas del ejército armadas y ordenó a los representantes de la soberanía popular tirarse al suelo. Y la delegada del Gobierno del PP en Madrid, Cristina Cifuentes, se ha pasado por el Gato al agua de Intereconomía -de cuyos tertulianos tantos cargos salen ahora- para contar cuántos nazis hay infiltrados en lo de hoy.

Los políticos sí, pero no todos los medios, ni todos los periodistas, ni todos los ciudadanos se atemorizan. Eldiario.es sacó ayer una exclusiva, no recogida hoy –que haya visto- por ningún otro colega. Gonzalo Cortizo se limitó a encontrar los presupuestos que preparan nuestros representantes. Deberían ser públicos pero no lo son.

«La partida para viajes tiene reservados 6.750.000 euros, 19.285 euros por diputado. Este año, como novedad, el Congreso también paga el parking en el aeropuerto: 30.000 euros. Están también presupuestados 7.000 euros anuales para las multas de los coches oficiales«. Si no lo habéis leído aún conviene no perderse ni una línea. Porque ved otro ejemplo:

«El capítulo de telefonía es otro de los grandes gastos del Congreso. Cada diputado tiene a su disposición un Iphone y un Ipad con conexión a internet. A todo ello se suma el coste de las líneas fijas de Congreso, elevando el gasto hasta el 1.150.000 que se pagó en 2011, los 700.000 euros que se gastaron este año o los 500.000 que se prevé gastar en 2013«.

  Viene a demostrar cuán lejos viven los diputados, nuestros representantes en general (habrá otro presupuesto similar para el Senado, para el Gobierno y gobiernos y sus administraciones) de quienes les hemos conferido nuestra representación.

¿Y nuestro amigo Mariano Rajoy, adalid de la austeridad? la fuente no es de la máxima solvencia -Interviú es lo que es- pero, dado el enfado de los -recortados- funcionarios que sirven el catering presidencial, cabe deducir que la información no debe andar muy descaminada:

«Embutidos por valor de 3.427 euros, entre ellos “jamón ibérico de bellota a 190 euros el kilo”, botellas en abundancia de buen vino, Cardhu, Johny Walker, vodka, ron Brugal y ginebra Beefeater, alegran los viajes del presidente en los Falcon y Airbus oficiales«.

Y la gran demócrata Cospedal, la que dice que pide «sacrificios», quita el agua embotellada a los enfermos pero ella y su equipo beben Numen, que cuesta 5 euros o muy poco menos si se compran 6 botellas de litro.

Ayer, un bendito me dijo que Cospedal bebe ese tipo de agua «porque es gobernanta». Le parecía lógico. Y es que Numen es «Un estilo de vida. Su agua no es para los amantes de lo exquisito sino, sencillamente, para quienes se atreven a adueñarse de la esencia«.

  No son éstas las razones para exigir reformas, aunque nos irriten. Nos están aplicando unos ajustes durísimos -que nos afectan mucho más- para pagar los desmanes de los poderes financieros y políticos que no ocasionamos. Pero muestran la profunda lejanía que han llegado a alcanzar muchos políticos de sus representados.

 La Política no es lo que están haciendo gran parte de quienes ahora la ejercen. La necesitamos, sin embargo. Regenerada, compartida, participativa. Democrática. Los runrunes fascistas, populistas o tecnocráticos que vemos, no auguran nada bueno. Los primeros que deben saberlo son quienes se llenan la boca con ella y exigen un respeto que no se ganan con sus actuaciones.

Asustarse o no asustarse, that´s the question

La viñeta de Forges me ha arrancado una rotunda carcajada, muy liberadora para comenzar día y semana. Para cuando he llegado a ella ya había visto la enorme preocupación de los medios grandes por Cataluña, si acaso País Vasco, nada Galicia que es “como dios manda”. O por Hugo Chávez y su Venezuela, o, por la Argentina de Cristina Fernández que también nos inquieta mucho.

A mí me han llamado la atención otras cosas. Vamos con algunas de ellas…

Las empresas pagaron por impuestos solo el 11,6% de sus beneficios en 2011, nos cuenta El País, con datos de la Agencia Tributaria. Es decir, menor porcentaje de lo que cotizamos los asalariados.

Este año acabará con 180.000 nuevos desahucios, en información de eldiario.es. Bate un récord. Y se suman a los perpetrados ya durante la crisis. Desde 2007, el impago de hipotecas ha afectado a 374.230 hogares, cuyos inquilinos se han visto en la calle. Recordemos que en muchos casos los bancos y cajas ejecutores han recibido dinero público para su mantenimiento. Y en cantidades astrónomicas.

El gobierno prepara una estupenda Ley de Transparencia que nos meterán por los ojos como un gran logro, aunque prevé la posibilidad del silencio como respuesta. Es decir, que contestan a las preguntas de la ciudadanía… si les viene en gana.

ABC abra su web con un anuncio -camuflado de información- en el que se promociona a una empresa que da los pisos a 10 euros. Con un pequeño trámite: es una lotería. Tal cual, sin eufemismos.

Ignacio Escolar también ha hecho revista de prensa con el tratamiento dado por los medios grandes a la dimisión de Esperanza Aguirre. Los panegíricos del ultraconservador Mario Vargas Llosa o del «renovado» Informe Semanal nos han dejado estupefactos -de no haberlo esperado, claro-. Pero también aprovecha Nacho para recordarnos cuánto de liberal tiene Aguirre con un profuso contenido en enlaces que lo atestiguan. Empieza así…

«En todas las hagiografías con la que la prensa está despidiendo a Esperanza Aguirre estomaga especialmente el abuso de un adjetivo –“liberal”– para cantar las virtudes de la lideresa que se va. Liberal: partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico. Al hilo de esta definición, ¿cómo de liberal fue la “ gestapillo”? ¿O el tamayazo? ¿O la gestión de Bankia? ¿O Fundescam? ¿Cómo de liberales fueron los contratos otorgados a los donantes de esta fundación del PP de Madrid –como Arturo Fernández, como Díaz Ferrán–, unos filántropos que recuperaron con creces su inversión tras pagar su campaña electoral?

¿Cómo de liberal es regar de publicidad institucional a la prensa para engrasar su lealtad? ¿Cómo de liberal es que la Comunidad de Madrid gaste en anuncios tres veces más que Cataluña? ¿Es acaso liberal, o es como para sospechar, invertir cantidades indecentes en anunciar cosas que todo el mundo ya conoce, como que del grifo sale agua o que en Madrid tenemos un suburbano fenomenal? ¿Es normal que el Metro de Madrid (vuela) invierta diez veces más en publicidad que el de Barcelona? ¿Es liberal, o es libertinaje, despilfarrar 4,5 millones de euros en campañas publicitarias de las que nada se supo, salvo que ese zurrón de pasta se pagó sin rechistar?

¿Cómo de liberal fue despedir a Germán Yanke tras esta entrevista? ¿Y contratar tiempo después a Hermann Terstch en su mismo lugar (con un sueldo que nadie ha querido nunca explicar)? ¿Cómo de liberal fue presionar al ABC hasta forzar el despido de José Antonio Zarzalejos? ¿Cómo de liberal es Telemadrid

Y sigue así…

En estas condiciones -y otras muchas-, la «Marca España» anda por los suelos. Tanto como para que otro medio grande, en este caso mundial y hasta ahora acreditadísimo, el New York Times se permita publicar un reportaje de fotografías en blanco y negro de nuestro país bajo el título «En España, austeridad y hambre«. A los más viejos de lugar os recordará aquella España de Las Hurdes de posguerra. Tal cual.

Gente que vale la pena

Àngels Martínez Castells y Gabriel Montes en FREM – Madrid.

Àngels Martínez Castells ha estado en Madrid para hablar de Servicios públicos e igualdad de oportunidades. Ángels –que se ha convertido en poco tiempo en una amiga imprescindible- supera sus limitaciones de salud y viaja a divulgar con pasión lo que sabe. El expolio de lo público, las graves consecuencias que acarrea. La envidio porque la responsabilidad de hablar ante un auditorio no deja de ser un esfuerzo que, a mí en particular, me cuesta.

La había invitado la Federación de Enseñanza de CCOO que tiene su sede justo al lado del ministerio de Sanidad, igualdad y servicios sociales, un nombre que no deja de ser una paradoja en estos días. Lo mejor fue ver en la sala llena a personas preocupadas por la educación, atentas y participativas a los datos y argumentaciones de Àngels. Personas anónimas que no saldrán en los telediarios y que sacan tiempo de su descanso para trabajar por los demás. Pensé: «ésta es gente con la que se puede contar». Con todos los que estaban allí, desde la conferenciante al auditorio. Aclaro que para mí la palabra «gente» es hermosa, me suena a ese «People» integrador con la que la designa el idioma inglés.

Desgrana datos Àngels Martínez Castells para demostrar que “las desigualdades –crecientes- están arruinando nuestra sociedad”. Así vemos que “el 37% de todas las compras que se realizan en EEUU, las hace sólo el 5º, según datos de Moody´s: Un 5% de población supone el 37% del consumo”. Hacía eso vamos, o en eso estamos ya.

“La economía no se recuperará mientras no se hagan políticas que reviertan el grado de desigualdad social. Y sólo podrá conseguirse si –como enseñó Keynes—se “socializa” este dinero improductivo y contaminante que recorre el mundo provocando más desestabilización desde los brotes paranoicos de las Bolsas a los acaparamientos en los mercados de futuros; desde las especulaciones de alimentos y materias primas que significan la muerte a gran escala para las poblaciones más débiles, hasta el atesoramiento del oro, de metales preciosos y el acaparamiento de algunas divisas”, asegura Àngels, para concluir con la defensa, por encima de todo, de los valores, de la recuperación del concepto «Valor».

“Podría seguir aportando más cifras, más datos… pero con todo lo dicho basta, creo, para demostrar que con las relaciones “equivocadas” entre imposición y grandes fortunas, es imposible una política social más equitativa que contemple la igualdad de oportunidades . A modo de conclusión: La defensa de los derechos (humanos y de ciudadanía) como un VALOR a preservar.

Como persona que ha formado parte del sector de la enseñanza durante más de 30 años sé que ustedes, como yo, se sienten especialmente interpelados por las desigualdades. A fin de cuentas, enseñar es compartir, es un ejercicio sanísimo de altruismo, y el altruismo se confunde muchas veces con la solidaridad y los valores de las izquierdas. Por tanto, les invito a que, desde nuestra propia experiencia profesional y ciudadana, recuperemos el concepto de VALOR y los valores de lo público, cuando se está produciendo una ofensiva letal contra la ética, la ciencia y la humanidad. Todo este proceso que estamos viviendo día a día, golpe a golpe, no nos da tiempo a reflexionar. Si lo hiciéramos, quizá sería más fuerte la sensación de que repetimos, con torpeza, la experiencia Argentina de los 90, y el drama-fraude de Grecia más reciente, y la voladura (espero que incontrolada, como lo fue de Islandia) de Portugal, y ahora de España.

Necesitamsos recuperar con urgencia un punto sólido de orientación y anclaje, y éste debería ser el de los valores de lo social, lo público y la solidaridad, rescatando la realidad de los espejos deformantes y los conceptos del lenguaje falaz y frívolo. Sólo como ejemplo de lo que no debe ser, recuerdo el manejo del «valor» en boca de la llamada ministra Ana Mato que nos recomendaba “poner en valor lo que tiene mucho valor, porque no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades». Esta ministra nunca entenderá que lo que tiene valor, en salud, son las políticas que pueden evitar que los medicamentos sean necesarios. Una política que fomente la educación pública, la prevención en salud, el trabajo digno, una vivienda en condiciones. Mi propuesta va en el sentido de conectar el VALOR con LA VIDA SOCIAL.: conectar los VALORES con las necesidades, intereses y derechos de la persona.

(…)

Es preciso que en la escuela, en las calles, en los centros de trabajo, y fuera de ellos, las personas, solas o en grupo, aprendamos a decir que «no» a las leyes injustas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Preámbulo, proclama que el pueblo tiene el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. Y yo diría que también por su supervivencia, y por la posibilidad de recuperar el ejercicio de la solidaridad que nos dignifica como seres humanos.”

Disculpas políticas

Los altos estamentos del poder se están aficionando a utilizar lo que llaman «nuevas» tecnologías para envíar mensajes a los ciudadanos. Algunos lo hacen para echar broncas en tono solemne. Otros para pedir eperdón. Asi lo hizo Nick Cleg, el liberal que apoyó al conservador Cameron para convertirse en número dos del gobierno británico. Clegg ofrece sus disculpas a los votantes por haber roto una promesa electoral. Sí, habéis leído bien. Estas cosas pasan. Asegura que lo hizo «con la mejor intención», que se siente realmente consternado, y no deja de repetir «lo siento».

   En Gran Bretaña engañar a los ciudadanos tiene un coste político. Y, parece, que las salidas populistas se calan al momento. Las sentidas disculpas de Clegg han sido transformadas en un Remix que hace furor en el Reino Unido. Tanto es así que va a ser vendido y sus beneficios entregados a una institución benéfica.

   Muchos nos preguntamos ya qué éxito cosecharía un musical completo con todas las mentiras del Gobierno español y de los altos cargos del PP -son los que mandan ahora, si nos animamos con el pasado podría salir una saga-.

Pero lo realmente ejemplar es una ciudadanía que merece tanto respeto como para que a un político le de miedo la reacción a sus promesas electorales incumplidas. 

 «I´m sorry» ha quedado, al menos, como una canción bien marchosa 🙂

El difícil paso a la eficacia

 

No a los recortes. Justicia. El cartel acaba cuidadosamente depositado en la papelera tras la festiva manifestación. ¿Un símbolo de dónde almacena el Gobierno las reivindicaciones de los ciudadanos? Muchos lo ven así. En particular quienes no se mueven, aunque también empieza a hacer mella en algunos que se rebelan y no ven frutos. El poder llama al voto cada 4 años y ahí se resumen sus «lisonjas» al ciudadano. Mayorías absolutas que se usan para imponer por decreto –incluso lo contrario de lo que se prometió- y nulo control ejercido por unas instituciones cada día más desprestigiadas. Con el peligro que entraña. El paso más difícil de dar en nuestra sociedad es el de la teoría a la eficacia.

A estas alturas de la crisis –y por mucha que sea la manipulación y la desinformación- buena parte de la ciudadanía conoce sus causas: el derrumbe mundial y local del sector financiero por sus malas prácticas. El agujero de la burbuja inmobiliaria que se añade en España, con un tejido productivo francamente pobre. Y nota que la factura se la están cobrando a la población en general, a través de la merma de servicios con los que contaba y de subidas de impuestos.

Hay quién sigue persiguiendo la sombra del Zapatero como único culpable. O de repente ha descubierto que la UE se ha transmutado de madre amantísima en madrastra severa. Quien engulle la falacia de que fue el Estado del Bienestar el origen porque «habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades». La mayoría, sin embargo, intuye al menos la verdad.

Es decir, conoce los diagnósticos de la crítica situación en la que nos encontramos y, aunque en menor medida, que existen otras soluciones a las que empecinadamente nos obligan. Subida de impuestos a quienes más ganan, persecución –real- del fraude fiscal, supresión de los paraísos fiscales, imposición de una tasa a las transacciones financieras especulativas, inversión en el sector público como dinamizador económico, reajuste de subvenciones y gastos o una Banca pública. Es decir, limar las anomalías y aplicar una economía social y humana frente a la neoliberal cuyos resultados no pueden evidenciarse más caóticos. No será su malignidad «transitoria» porque no hay sino observar lo que les ocurre a las anteriores víctimas: Grecia, Portugal e Irlanda.

«Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?» repiten los más escépticos o los más conformistas. España no arbitra en sus leyes una participación ciudadana efectiva. Los referéndums –tan caros de obtener- no son vinculantes. Ni -en la práctica-, las iniciativas ciudadanas para las que se exigen 500.000 firmas, frente a las 50.000 de otros países. En Italia, tan peculiar como España, han logrado cambiar leyes. No hace falta irse al Norte de los países serios.

Se sale a la calle a protestar en número y frecuencia que bate récords… y las manifestaciones son a menudo borradas por nuevos impactos de actualidad. Numerosas asociaciones se desgañitan, año tras año, en explicar la realidad de lo que ocurre. Surgen nuevos medios con la voluntad de informar sobre las consignas decretadas. Se escriben y se venden libros con datos y argumentos claves. Vuelven los mineros y los profesores de la «marea verde» de sus huelgas, con los bolsillos vacíos de dinero aunque llenos de dignidad. Y… sigue sin darse el paso a la eficacia.

En el fondo, son movimientos telúricos, más o menos intensos, que apenas parecen hacer mella en el poder, a lo sumo cosquillean las plantas de sus pedestales. Quizás es porque a quienes imponen estas políticas contra la sociedad les ocurre exactamente lo contrario: están organizados, tienen muy claro el objetivo (aunque parezca un eufemismo en el caso de Rajoy también sabe a quién se debe), actúan al unísono, con consenso. primando la obtención del fin.

La foto del inicio también puede simbolizar la extrema prudencia de las reivindicaciones. Terminada la marcha, se coloca la pancarta en la papelera para que no ande molestando por ahí. Civismo puro. Y así debe ser para marcar diferencias, para construir sin lodo.

Es difícil romper las barreras del miedo, de esa «anorexia política» como ha sido calificada – @atticusUve en twitter – «que nos hace mirarnos en el espejo y no vernos suficientemente pobres». Aún. O de la estupidez humana que Carlo María Cipolla definía en su grado máximo así: «Una persona estúpida es aquella que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo un provecho para si, o incluso obteniendo un perjuicio».

Históricamente, sin embargo, ha ocurrido en muchas ocasiones que la pancarta se agita para destrozar la papelera, se desempolvan las guillotinas o -con un autoinmolado, hambre y revelaciones como detonante- miles de personas se sientan en las plazas contra viento y marea, cárcel y muerte, derribando dictadores. Un cúmulo de factores, una hierba que rompe la sobrecargada espalda del camello. Los atemorizados y apáticos que pierden el miedo, quienes reflexionan sobre la estupidez de cavar el propio agujero. Lo que viene después también es variado e imprevisible.

Ante una situación insostenible, es tiempo aún de prevenir, de hacerse oír, de exigir derechos, de mostrar poder, de apelar –incluso- a quienes entre nuestros legítimos representantes y sus partidos saben que éste que nos obligan a seguir no es el camino. Dejar de marear a las perdices –si es el caso-, organizar esquemas, métodos, pasos y prioridades, y dar el paso a la eficacia.

*Publicado en eldiario.es

Muere Santiago Carrillo

El histórico dirigente comunista que llevó al partido a apostar por un sistema de libertades alejado de la doctrina de Moscú, figura clave en la Transición española, ha muerto en su casa de Madrid. Una trayectoria brillante, densa, con trascendencia. Una vida plena que se acaba a los 97 años. Objeto de múltiples iras, odios y calumnias, siguió hasta última hora preocupado por la deriva que estaba tomando nuestro país y la sociedad actual.

El 20 de Febrero de 2012 escribió su último artículo para El País que tituló «¿Volvemos a los tiempos del miedo?». «El 60% de los españoles estima que el juez Garzón es víctima de una persecución. Yo estoy entre ellos y aunque yo no lo soy tengo la satisfacción de saber que muchos reputados juristas piensan lo mismo. Pero lo más extraordinario es que más allá de nuestras fronteras, en Europa y América, por no decir en el mundo entero, la opinión pública también protesta la sentencia de nuestro Tribunal Supremo y los más prestigiosos medios de comunicación extranjeros la comentan con sorpresa y reserva. En el caso del juez Garzón, se ha hecho un montaje sumamente aparatoso, tres juicios seguidos con cargos de lo más diverso, dando la impresión de que si no se le hundía en el primero lo sería en el segundo o en el tercero, no había escapatoria. Consumado lo que tiene todas las apariencias de un error judicial, de una especie de caso Dreyfus a la española, comienza a levantarse una campaña en la que participan autoridades políticas y judiciales que pretenden cerrar la boca ahora a los que exponen dudas o críticas a esa sentencia. Se dice que estamos arruinando el crédito y la autoridad de uno de los poderes del Estado y que esto es un ataque a la Democracia como si se tratase de hacernos callar, de intimidarnos. ¿Es que acaso los ciudadanos no tenemos derecho a criticar la sentencia de un tribunal o cualquiera de las decisiones de uno de los poderes del Estado? Eso es lo que sucedía en tiempos del juez Eymar, pero no lo propio de un Estado auténticamente democrático. Hasta ahora en este país hemos tenido amplia libertad para criticar a los poderes públicos. Cierto que las leyes aprobadas por el Parlamento, las sentencias de los tribunales, se han aplicado, pero unos y otros las hemos criticado con toda libertad y hemos reclamado su anulación en el ejercicio de un derecho ciudadano. Hasta aquí nadie ha ocultado sus opiniones. Hemos censurado seriamente, desde la derecha y desde la izquierda, lo que considerábamos errores del Gobierno de Rodríguez Zapatero sin que nadie se escandalizase. Hemos puesto verde a la llamada clase política. Hemos denunciado el peligro del alejamiento entre las instituciones, los partidos políticos y el ciudadano en el curso de la crisis económica que tan intensamente sufre España. Hemos criticado algunas decisiones del Tribunal Constitucional. Últimamente, el CIS, en su encuesta de opinión, ha hecho público que el 70% de los españoles tienen poca o ninguna confianza en el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Un miembro de la familia real está bajo la seria imputación de un juez, y prensa y ciudadanos lo comentan libremente. Y de repente se intenta cerrar la boca a los que consideran injusta la condena del juez Garzón, el hombre que procesó a Pinochet precipitando su caída, que apoyó a las víctimas de la opresión fascista en Argentina, que impulsó la causa de la rehabilitación de las víctimas del franquismo y a la vez persiguió eficazmente al terrorismo etarra, al narcotráfico, e hizo lo necesario para impedir prácticas de terrorismo de Estado defendiendo el Estado de derecho. Se dice que Garzón violó la ley que solo admite las escuchas en los casos de terrorismo. Pero hay otros juristas, la Fiscalía del Estado, el juez Pedreira y muchos hombres de ley que aprobaron y aprueban la conducta de Garzón. Yo no soy abogado, pero pienso que la corrupción de la política por negociantes como los de la trama Gürtel ha hecho más daño al sistema democrático en España que el lacerante terrorismo de ETA. En definitiva, el Estado democrático se fortaleció luchando contra el terrorismo y ETA fue derrotada por las fuerzas de seguridad y, en definitiva, por la unión de todos los demócratas. Mientras que la corrupción ha hecho que los ciudadanos pierdan el respeto a los partidos políticos, a las instituciones y a la misma moral política, sin las cuales la democracia no funciona, suena a escándalo que la primera condena sea la del juez que inició la investigación de la trama Gürtel, que comprometió gravemente a miembros del partido que ahora gobierna. Si se acepta generalmente que los políticos pueden llegar a corromperse, ¿cómo negar la posibilidad de que algunos abogados se dejen corromper y terminen colaborando con la trama de un delito de blanqueo de dinero, que fue la sospecha que originó la decisión de Garzón? Y por cierto, la experiencia de este proceso, a juzgar por su desarrollo hasta hoy, en absoluto ha impedido la labor de las defensas. En las circunstancias que atravesamos, la condena del juez Garzón es también un síntoma de que la salud de nuestra democracia está tocada. Hay otros datos que acentúan la inquietud. En este país está creciendo el miedo y los españoles tenemos una larga experiencia de lo que puede ser el miedo como paralizante del espíritu cívico. Con más de cinco millones de parados, el Gobierno lanza una nueva reforma laboral que solo va a aumentar las rentas del capital para satisfacción de los bancos y a debilitar el poder sindical. Se engaña deliberadamente a los ciudadanos cuando se dice que a la larga eso creará empleo. Cualquier persona sensata sabe que una mayor rebaja de los sueldos reduce la demanda y eso provoca más paro. Pero se trata de crear la idea de que esto es una fatalidad contra la que a los ciudadanos no les queda más remedio que resignarse, lo que genera más miedo entre los que se sienten débiles. Sobre ese estado de ánimo, el Gobierno piensa que será más fácil imponer medidas como las que la Iglesia dicte, las reglas de moral del Estado, aunque eso anule derechos humanos importantes. Que la trama Gürtel y otras puedan quedar en la impunidad, como ha comenzado a suceder en el reciente juicio de Valencia, añade la sensación de desamparo. Que la Academia de Historia, que parecía resignarse a corregir el diccionario de personalidades que negaba el carácter de totalitaria a la dictadura de Franco y justificaba su colaboración con el Eje fascista, de improviso anuncia que va a mantener la redacción primitiva, aumenta la sensación de que estamos retrocediendo. Que se anuncia que criticar una sentencia como la impuesta a Garzón es una amenaza para la democracia o las intervenciones de la policía en la Puerta del Sol contra el 15-M, que hasta ahora no se habían producido, tiene que poner en guardia a la ciudadanía contra un posible peligro de involución. Hay que impedir que vuelvan los tiempos del miedo».  Para conocerle mejor, el reportaje biográfico que para Informe Semanal de TVE  le hicieron Isabel Martínez Reverte y Outi Saarinen. http://youtu.be/EzXTdJk7LAQ http://youtu.be/ztvSS88XlcU

eldiario.es, periodismo del Siglo XXI

 Un nuevo periódico ha nacido: eldiario.es. Con el aval de grandísimos profesionales: Ignacio Escolar –como director- Juan Luis Sánchez e Iñigo Sáenz de Ugarte al frente. Un equipo reducido, eficaz y brillante les acompañan.

   Periodismo del Siglo XXI. Este atribulado período se caracteriza precisamente por una degradación del periodismo, causa y efecto de otros muchos males. Pero es éste el que hay que hacer para un futuro que se abre y no está escrito. Información libre, honesta, original en formas y contenidos.

  Bucead por la página. Trae como exclusiva que “El Congreso se salta la ley 1982 para ocultar sus cuentas”. «La Casa Real no difundirá el coste de las fotos de Letizia Ortiz», a su lado. El tratamiento de la noticia política del día, habla de cómo “Aguirre se va retando a Rajoy” o de “El oscuro rastro del sucesor, Ignacio González».

 Reportaje destacado “La Alemania que no se ve”, la precariedad en el país que domina la UE. En el que frente a sueldos medios que doblan el español, muchas personas malviven y suplican un minijob. Ese que quieren exportar a España en concreto.

 La economía con claves, método imprescindible para entender lo que nos está ocurriendo. “El banco malo comprará activos tóxicos casi a la mitad de su valor”.

 Secciones nuevas que remarcan más que nos encontramos ante  ese periodismo del Siglo XXI. Desalambre, el blog de los derechos humanos,  activismo y libertad de expresión. Nos habla en su estreno de «Los dibujos que resquebrajan la censura digital en China». O Interferencias: palabras e imágenes, sobre todo, para contarnos de otro manera. A nosotros, sí, los ciudadanos.  

  En Zona crítica,  los valiosos artículos a los que nos tenían acostumbrados en el prelanzamiento. Como lectora, me ha interesado en particular “La criminalización de la resistencial”, en el Código Penal de Gallardón. Una regresión intolerable que prácticamente penaliza hasta informar:

«Se criminaliza la difusión de “mensajes o consignas” que inciten a la comisión de los delitos del artículo 558, “ o que sirvan para reforzar la decisión de llevarlos a cabo”. Por si no causase inquietud la indefinición de dichos términos, obsérvese a qué delitos hace referencia el vigente artículo 558:

Serán castigados con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses, los que perturben gravemente el orden en la audiencia de un tribunal o juzgado, en los actos públicos propios de cualquier autoridad o corporación, en colegio electoral, oficina o establecimiento público, centro docente o con motivo de la celebración de espectáculos deportivos o culturales. En estos casos se podrá imponer también la pena de privación de acudir a los lugares, eventos o espectáculos de la misma naturaleza por un tiempo superior hasta tres años a la pena de prisión impuesta.

De entrar en vigor la reforma proyectada, puede ser objeto de proceso penal todos aquellos que envíen por Twitter, o cualquier otra red social, consignas “que sirvan para reforzar la decisión” de perturbar el orden en cualquier acto público de cualquier autoridad».

Decídme si en este momento no es imprescindible un periodismo que informe sin ataduras ni consignas, con contextos y claves. He destacado algunos temas, hay muchos más.

Olga Rodríguez es la defensora del lector. Aquella deliciosa niña, hija de mi compañero en TVE Gonzalo Rodríguez, que un día, muy joven -mientras conteníamos el aliento-, se fue a Bagdad sola a informar de la guerra  y terminó convertida en una periodista excepcional. 

 José Sanclemente, al frente de la gestión empresarial. Uno de los más veteranos en este equipo joven, que sin embargo elige para su primer texto este «La ilusión para hacer periodismo». Sí, es que si se tiene el virus, no se va ni con palos.  Yo -que apareceré por Zona Crítica- también lo padezco… gozosamente. Y es un privilegio tener un hueco en esta realidad (que ya no proyecto).

Escolar.net se muda a eldiario.es. Fue el germen. «En aquél momento parecía una buena idea» siempre como subtítulo. Lo fue, sí, lo fue. Y lo es. Enhorabuena y espero que la audiencia lo corrobore.  Este periódico es el dedo en el ojo que dibuja Manel Fontdevila en su viñeta de estreno. Y no para medrar personalmente, sino para vigilar al poder, criticarlo y exigirle como debe hacer el auténtico periodismo. De cualquier época.

Esperanza Aguirre dimite

Andrés Gil en eldiario.es

Esperanza Aguirre lo deja. Abandona la política. Apenas 16 meses después de ganar unas elecciones y al cabo de 30 años en la primera fila, como concejal, ministra, presidenta del Senado y los últimos nueve como jefe del Ejecutivo madrileño, abandona sus cargos. Lo ha anunciado en una conferencia de prensa urgente a las 14.00, al poco de llegar a la puerta del Sol desde Moncloa. Acababa de comunicar su decisión al presidente del Gobierno minutos antes. «He estado esperando a que me recibiera Rajoy para decírselo a ustedes [en alusión a la prensa]».

Con la voz entrecortada, emocionada, explicó sus motivos: «Me han diagnosticado una enfermedad muy grave y muy seria [en alusión al cáncer de mama del que se operó en febrero de 2011], que se supone está superada. Tengo una revisión el 25». Pero Aguirre dijo algo más: «Vienen los nietos, he de ocuparme de mi madre, disfrutar de mi familia, mis siete hermanos, mis hijos… Hay que saber elegir el momento de marcharse. Y es éste». ¿Y qué hará ahora? A Aguirre se le quebró la voz: «Ni idea… Ya no me levantaré a las 6.30 de la mañana para oír tres radios a la vez. No lo sé. Pero estaré disponible para mi partido si consideran que puedo ser útil».

«Es una decisión dura», confesó: «Los acontecimientos personales de los últimos años de mi vida han influido. Pero siempre pensé que la política era algo temporal. Soy funcionaria y pediré mi reingreso en el Ministerio». La salida de Aguirre deja en bandeja la presidencia regional a quien ha sido su mano derecha durante los últimos nueve años, el vicepresidente, Ignacio González. Asumirá el poder en funciones hasta que la Cámara regional vote la investidura: «Es la persona más capaz. No notarán diferencia los madrileños, si acaso a mejor. Ha pasado por todas las administraciones». Eso sí, también es una de las personas menos afines al presidente del Gobierno.

Aguirre, en su despedida, quiso acordarse «de los compañeros, los militantes, los contrincantes, la prensa», pero no del presidente Rajoy, a quien había comunicado su dimisión escasos minutos antes que a la prensa. Un Rajoy que, según ella, «me ha comprendido».

A los diez minutos del anuncio, el vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, que ya había hablado ante la prensa a media mañana, volvió a salir para expresar «el más absoluto respeto» y confirmó que el presidente «se ha enterado esta mañana».