El periodismo es compromiso

 Informarse para saber, para decidir, para actuar. Con grados y matices, se observa sin embargo una huída de una parte de los propios periodistas del compromiso que conlleva ejercer esta profesión con honestidad. O una confusión incluso de ambos términos independientemente: periodismo y compromiso. Mi experiencia me indica que algunos creen que se trata de seguir una ideología política o “indicar a quién votar”. No deja de ser curioso que uno de los periodistas más valientes, incisivos (y respetuosos al mismo tiempo) sea Jordi Évole, desde su programa de presunto humor, Salvados.

   Existe un código ético del periodismo independiente -elaborado por numerosos profesionales a través de foros y entrevistas continuados durante 3 años- que recogieron los periodistas norteamericanos Bill Kovach y Tom Rosenstiel [1]. Habla de narrar una historia, pero con un propósito: proporcionar al ciudadano los elementos para comprender el mundo. La primera obligación del periodismo es decir la verdad, afirma de inicio. Su primera lealtad es para con los ciudadanos. Su esencia es una disciplina de verificación. Se debe mantener la independencia con respecto a las personas sobre las cuales se escribe. También como observador y crítico del poder. Se ha de esforzar por hacer que lo significativo resulte interesante y relevante. Debe tratar que las noticias sean completas y proporcionadas. Abrir la participación y la crítica al público. Se debe permitir que quienes lo practican apliquen su conciencia personal.

   Es decir, el compromiso es con la verdad, la independencia y la sociedad. Y con la propia conciencia. Cualquiera puede cotejar el grado de cumplimiento de estas premisas fundamentales. Y no es inocua su falta. La credibilidad es, por añadidura, un valor que cuesta labrar pero se quiebra como un fino cristal.


[1] Los elementos del periodismo. Bill Kovach y Tom Rosenstiel. Edicciones El País, 2003.

Esta es mi contribución al día mundial de la libertad de prensa. El texto forma parte de mi capítulo en Actúa. Por cierto, este lunes se presenta en Madrid, estáis invitados hasta completar el aforo.

El grito

Es uno de mis cuadros favoritos. Pocos como él reflejan en su trazo esquemático la angustia que impele a gritar. ¿Lo haría el autor? Los lienzos siempre son mudos.

El noruego Edvar Munch pintó varias versiones de ésta su obra cumbre. La última en 1985. La única que estaba en manos de un particular y no en museos de Oslo. Pues bien acaba de ser vendida por 106,5 millones de dólares (81 millones de euros), alzándose con el récord jamás pagado por un cuadro. Ha superado a Picasso que lo ostentaba hasta ahora.

Munch gritó su propia desesperación personal por una vida cargada de infortunios, pero esa obra alumbrada en tiempos en los que la pintura rompía moldes –poco después de la irrupción del impresionismo-, en el que el mundo también estaba asistiendo a cambios significativos, se ha convertido en un icono que traspasó todo el siglo XX y que como tal llega a nuestros días. Andy Warhol también recreó el grito, con menor fuerza sin duda.

Nos cuentan que “el arte de ha convertido en el mejor refugio para los inversores”. En estos tiempos de libros mayoritariamente huecos o entintados, de periódicos vacíos, de sociedad vana, es lógico que se apueste por el valor monetario de una obra de arte para, quizás, después guardarla bajo siete llaves y no mirarla más.

Pero ocurre también que la desesperación es un valor en alza. Consciente o no. Y El grito de Munch puede hasta revalorizarse.

Muchos querríamos gritar por la demolición del precario Estado del Bienestar del que disfrutamos, por el que nunca tuvo la mayor parte de la Humanidad.

Escuchamos a Esperanza Aguirre pedir más recortes, o decir que van a ver si nos cobran por conducir por autovías que ya pagamos, escuchamos a Aguirre, a Cospedal, a Mato, a Montoro, a Soraya, a Gallardón, a Rajoy por solo citar a algunos, y un grito brota en la boca del estómago.

Vemos a los convergentes catalanes dispuestos a cobrar la cama hasta al enfermo, en una sanidad pública que destruyen para dar negocio a sus colegas privados.

Escuchamos a un Basagoiti vasco, sacar el “facherío neoliberal” del armario, y asimilar los seguros de salud con los de un coche, y un bramido se desplaza por nuestro interior.

Vemos a todos ellos controlar ideológicamente a los ciudadanos, reprimir sus protestas, mientras muchos medios manipulan y dicen que vivimos en el mejor de los mundos y que ni se ocurra comparar esta etapa con la peor de nuestra historia y clamamos por todas las vísceras de nuestro ser.

Asistimos a cómo -p0r políticas erráticas que no se pueden ni contestar- cae al abismo nuestra economía, la prima y la bolsa, la bolsa y la vida, sabemos que es preludio de mayores recortes, y contemplamos a los medios con portadas de fútbol y a tantos ciudadanos ensimismados, y casi es milagro que nuestra voz no atruene el espacio.

Porque en realidad no gritamos, tampoco Munch que lo hizo en el silencio plano aunque su voz haya trascendido hasta nuestros días. Es preferible reírse con una carcajada sonora. Ayer lo hice al saber que los cantamañanas del gobierno de Cataluña estrenaron página web con traducción al inglés pero la hicieron mecánica a través de google y les salió que su flamante presidente era Artur More. ¿Más? Tan menos…

La voz sale en la carcajada, reprimimos el grito en cambio que, entonces, corroe el estómago. Estoy por salir hoy a la calle al menos haciéndola sonar como Tarzán. Menos es nada 🙂

«Es impresentable»

8,02 de la mañana. Abro los ojos y pongo la radio, el diario acto mecánico. “Es impresentable”, dice Esperanza Aguirre en tono agrio. Una sola décima de segundo para incorporarme de nuevo y desconectar el aparato. Con increíble agilidad para estar apenas despierta, he decidido abortar el discurso, fuera el que fuera. Evitar contaminarme con todo lo que había de seguir en las noticias.

No sé si la recién reelegida presidenta del PP en la comunidad de Madrid dirigía su piropo al PSOE, a alguno de sus miembros en concreto, a IU, a los sindicatos, a la sociedad que protesta en la calle, o hacía un pack con todos ellos. Me daba igual, es todo tan previsible…

Pero inmersa ya en la vida diurna, no dejo de pensar en lo que realmente… es impresentable. Y que a unos políticos –sean del signo que sean- que únicamente han sido elegidos para representarnos y en nuestro nombre llevar la gestión del país, debería hacerles gritar: Es impresentable.

Es impresentable acabar con la sanidad pública, hacer pagar por las ambulancias y las sillas de ruedas, quitar los tratamientos a enfermos graves porque no tienen no sé qué papeles, abocar a las mujeres divorciadas a la tutela del marido para que les “avale” su derecho a la sanidad pública, apretar aún más la angustia de millones de jóvenes mayores de 26 años que, a su falta de trabajo, unirán quedarse sin atención médica como no se apunten al presunto servicio de creación de empleo.

Es impresentable destrozar también la educación y asumir –sin pestañear- que empeorará con los recortes, cuando el fracaso escolar y educacional de España exigía por el contrario mayores medidas de apoyo. Es impresentable reservar los estudios universitarios a los ricos, cercenar la investigación y la cultura.

Es impresentable dedicar los recursos económicos a subvencionar a la iglesia católica, el gasto militar o los toros. O mantener las intocables prebendas de los políticos.

Es impresentable asumir ahora que no van a crear un puto empleo hasta 2020 y decir que seguirá creciendo el paro, cuando además basaron en ese punto esencial la campaña para las elecciones.

Es impresentable mentir tanto y con tanto desparpajo.

Es impresentable obstinarse en el camino suicida de la austeridad, y no reconocer que la peor “herencia,” es la “peor” derecha imaginable.

Es impresentable reírse del inmenso dolor que están causando como hace Aguirre, cuya queja es que «El gobierno no recorta suficiente».

Es impresentable que nos vendan el patrimonio público que pagamos con nuestros impuestos.

Es impresentable reprimir la disidencia, mantener en la cárcel a manifestantes, suprimir el tratado de Schengen o trabajar a toda prisa para endurecer el Código Penal y que aquí no rechiste salvo Dios.

Es impresentable atribuir toda la culpa de la crisis económica al PSOE, y decir que “de haber dejado así España no saldrían a la calle”, cuando el PP tiene en su haber el despilfarro -y alguna cosa más- de la Comunidad Valenciana, Baleares, Madrid (incluido su ayuntamiento) o Galicia, por no seguir por más.

Es impresentable seguir engañando a los ciudadanos diciendo que tras ajustar el déficit “ese dinero se destinará” a atender las necesidades de los ciudadanos, porque no funciona así en la “economía de casino” que los neoliberales defienden. Todo lo contrario, el hambre de codicia jamás se les sacia. Y no hay más que mirar a Grecia, Portugal o Irlanda.

Es impresentable la tibia oposición que está realizando el PSOE, que parece más atento a conservar su parcelita que a solucionar las causas de desesperación de los ciudadanos.

Es impresentable que los grandes medios informativos no prioricen la información que precisa conocer la sociedad y sigan distrayendo con tal irresponsabilidad.

Es impresentable que un grupo notable de ciudadanos tengan tan nulo aprecio a su condición de tales y engullan las mentiras, la situación que viven, y el futuro que se les cierra por mirar para otro lado. Es impresentable permanecer impasible ante tantos signos que alertan de una vuelta del fascismo.

  Y es más que impresentable que el Gobierno de España esté «presentado» sus reformas al Gobierno alemán en un sarao en Galicia. Es impresentable, del todo impresentable la actitud prepotente y casi cruel de Rajoy con quienes considera inferiores a él, si no queréis reformas, dos tazas, y el servilismo que despliega hacia quien ve superior: Merkel. Porque además no le sirve de nada: hemos vuelto a entrar en recesión (por la pésima y errónea gestión del PP) y estamos a un paso del bono basura.  

Una cuña para hacer palanca

Eneko.20 minutos

Eneko en 20 Minutos

La Europa ultra-azul teme seriamente que François Hollande, el candidato socialista francés, logre la presidencia de la república. Por ello se ha visto obligada a mover ficha. La propia “jefa” de facto en persona, Angela Merkel, se ha puesto a diseñar un “Plan de crecimiento” que estudiarán el resto de los países con toda la parafernalia que sea precisa para dar la impresión de que se está produciendo un cambio.

Este nuevo Plan Marshall –que incluso así de pomposamente empieza a anunciarse- es la perdiz que marean de vez en cuando (junto al establecimiento de la Tasa Tobin a las transacciones financieras) si algún elemento perturba la gran estafa a los ciudadanos que nos están perpetrando. ¿Queréis un poquito de crecimiento ante tanta austeridad? Venga, va, os damos una zanahoria para correr tras ella. De hecho, es tan “original” el Plan Merkel que rescata el Banco Europeo de Inversiones (BEI) –al que tienen depauperado- porque fue precisamente el instrumento que Hollande anunció para poner en marcha inversiones.

Saber lo que hay que hacer para crecer, saben. Por eso hablan de acometer proyectos de infraestructuras, energía y tecnología: el caramelo viene bien envuelto. Ahora bien, leo que piensan dotar al plan de la “astronómica” cifra de 200.000 millones de euros. Veamos, 700.000 dieron al primer fondo de rescate de los países hace justo dos años en el aciago día en el que doblegaron a Zapatero a su política neoliberal. 1,6 billones de euros a los bancos, dicho por Almunia, y ya llevan 1 billón más en líneas de crédito a un 1% de interés para que nuestras queridas entidades lo presten a los Estados que les dan el dinero al 5% ó 6% y cierren el grifo a los particulares, dado que les sale mucho más rentable especular en la burbuja de la deuda.

Por lo que veo lo que van a pedir a los gobiernos para inyectar al BEI son 10.000 millones entre todos, para pipas, con perdón. Pero barajan otras opciones para engrosar el presupuesto. Cuenta Claudi Pérez:

«En la próxima cumbre, tras las elecciones francesas, la Comisión presentará un menú de opciones que pasa por capitalizar el BEI o recurrir a la ingeniería financiera para acometer proyectos por importe de unos 200.000 millones a través de avales, eurobonos para financiar inversiones o todo tipo de vehículos financieros sofisticados, o incluso con la creación de una agencia europea de infraestructuras».

Es decir, de nuevo “ingeniería financiera” (o sea, aire financiero sin fondos reales), y sobre todo «la participación de la iniciativa privada» para que se aproveche de esos 200.000 millones de euros que alcanza el plan.

Con todo y cuando ya se está con el agua al cuello no es mala noticia. Las políticas de austeridad han sumido a Europa en el caos y están acabando en España con su ya de por sí precario Estado del Bienestar. Enlazo el análisis de Joaquín Estefanía “Creadores de escasez” por si lo queréis leer después con calma: “Dos años después del inicio de las políticas de austeridad extrema el panorama es desolador: Se multiplica el paro, la exclusión, las clases medias se empobrecen y mueren empresas”. Como repetimos hasta la extenuación aquí, “Las ayudas estatales al sistema financiero están en el epicentro de buena parte de los problemas de déficit y endeudamiento”. Y “Mientras los beneficios (de unos pocos) siguen siendo individuales, los riesgos (de la mayoría) se socializan”.

Veamos, en el más que probable caso de que Hollande gane, todavía no sabemos qué le permitirán hacer. A la España de Zapatero nada, dada su ruina propia. Francia es un país decisivo en la UE, pero a Obama tampoco le han dejado -con su mayor o menos colaboración- llevar a cabo sus intenciones de acabar o moderar esta estafa.

En España, tenemos al PP-Atila que, por convicción, no dejará en pie nada que beneficie el Estado del Bienestar, que corta, saja y privatiza con fruición, y que está dispuesto a emplear la máxima violencia para acabar con la contestación social. Y eso en “ausencia” de una oposición socialista que no da respuestas adecuadas (Aquí también es interesante leer después el análisis de Soledad Gallego-Díaz , «El presidente perplejo» sobre el panorama político español). Pero…

El “Efecto Hollande” ya ha hecho una muesca. Le temen y aún no ha ganado siquiera. Hay lugar para una cuña desde la que hacer palanca. Es la sociedad la que debe exigir sus derechos y parar esta locura. Si ya sueltan zanahorias, dejemos de ser liebres mecánicas. Constituimos una mayoría de seres humanos de carne y hueso, alma y cerebro (salvo los que reniegan de tal condición para seguir siendo monigotes) y, con las armas de la razón y de la no violencia, podemos hacer valer nuestro poder. Me temo que no hay otro remedio.

Como si nadie tuviera memoria

¿Hacía falta esta exultante demostración de firmeza y euforia?  Total para rechazar lo que ahora nos imponen sin rubor (Gracias Joan por la alerta)

Pero hay más y no tiene desperdicio: Aquí.
Otra muestra entre muchas…

Y en todo momento la felicidad en la defensa de sus campañas, sea una o su contraria.

Como si fuera ayer

Portadas de Hermano Lobo en 1974

Rajoy debe dimitir

Datos históricos de desempleo en la Encuesta de Población Activa (EPA). El paro sube a 5.639.500 de personas, el 24.44%. En un solo trimestre, el primero de 2012, 365.900 trabajadores se han sumado a la escandalosa cifra que nos sitúa en el récord del mundo industrializado. Suben también los hogares en los que todos sus miembros están en paro, sobrepasan ya el 1.700.000. Además ya son más de la mitad de los jóvenes (el 52%) los que se encuentran sin trabajo.

La dramática situación en España abre las páginas web de medios internacionales. Y buena parte de ellos se preguntan si las reformas de Rajoy no van a servir de nada.

Si los organismos internacionales y numerosos nacionales calculaban acabar este año con unos insostenibles 6 millones de desempleados, los abrumadores datos de la EPA, hoy, hacen prever en la lógica un horizonte mucho más negro aún. La causa es la política de austeridad suicida, la reforma laboral sin duda, y la escasa confianza que genera el gobierno del PP. Ayer, el buitre calificador S&P ya había bajado la nota de España hasta dejarla a dos escalones del bono basura.

Cuando, como Rajoy y todo el PP, se ha basado la campaña en pedir elecciones anticipadas por las cifras de paro, cuando se ha sostenido toda la estrategia previa en la promesa de crear empleo, este rotundo fracaso no puede desembocar en otra medida que la dimisión. González Pons llegó a prometer 3 millones de empleos. Si Rajoy no se va ya, el futuro es la pura ruina que el gobierno a la deriva intentará pagar con más recortes a la población, y con la mano dura contra las protestas.

¿Con qué clase de mentiras y falsas promesas “justificará” el PP tamaño desempleo en un trimestre completo de gestión que les compete exclusivamene a ellos? estad atentos que pueden llegar a ser muy creativos.

Enlazo un artículo rotundo de Juan José Millás , en la línea de lo que siempre decimos aquí; es decir, en la manipulación del lenguaje que es tanto como la manipulación de las ideas que llegan a las mentes poco preparadas y poco entrenadas en el ejercicio de pensar…. Un sindios:

«Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades».

Sí, las libertades, eso por añadidura…

Hay tantas Españas…

Hay una España que vive en los grandes centros de consumo. Una voz metálica de fondo les habla de la vuelta al cole, de la nueva temporada, de los pantalones ajustados, de los tonos rojo y gris, o rosa, o blanco y negro, de las ofertas del supermercado. En las pausas, música. Más o menos estridente o placentera según el nivel adquisitivo de los clientes. Parecen pensar que quienes acuden a centros baratos prefieren la chabacanería. Esta España se pasea entre inalcanzables relojes y trajes de marca o entre más asequibles pintalabios que satisfagan el gozo de comprar. Algunos, si no los ven, los roban. Y sus ciudadanos salen del recinto, pero siguen viviendo en el centro comercial que ahora les da cuenta de la gripe A, B o C, de que tienen que lavarse las manos, de que hay crisis, de unos cuantos accidentes y otros tantos sucesos. De los avatares de unos ídolos que podrían figurar en las estanterías de los comercios chinos de todo a un euro, que los harán sentirse superiores y en el fondo los invitarán a emularlos para ganar el dinero fácil. No suelen explicarles los porqués de todo ello, ya están políticos y expertos para dar su versión a gotas medidas. Siguen caminando entre luces frías, pocas salidas accesibles, y la voz impersonal que anuncia en reclamo adonde deberían dirigirse.

Hay otra España que desarrolla su existencia en un hormiguero. Trabaja. Sale de expedición y busca alimentos y cuanto precisa. Suele marchar en fila reglada, pero a veces se escapa y explora. Cuando encuentra un impedimento, reacciona buscando nuevas rutas. Cuida su refugio, clasifica. Cree que sus tareas son en bien de la colectividad aunque algún zángano desbarate los propósitos de la mayoría. El hormiguero es su hábitat, pero también sale a aspirar los olores de la vida y corta flores para su morada. Canta, si puede, como la cigarra. Y ama —desde la obrera a la reina, del macho fértil al soldado— instigada por sus poderosas feromonas.

Una más que zozobra abducida por la prisa. No sabe cómo, está embarcada en una lancha rápida sin timonel. Achica agua de las fugas si navega, trepa al palo de la vela supletoria, friega los suelos de la cubierta, cocina en un fogón lo que haya. Sin pausa, ni tiempo para reflexionar. Salta a trompicones cuando la barca camina en tierra. Se ahoga, respira. Y no siempre cobra.

Hay otra España que grita. Reside en un cuadrilátero de boxeo. Con toros que cruzan el ring y piezas de caza que hay que abatir. Buena parte de los contendientes fuman y beben sin control y aporrean a quienes intentan impedirlo. Desacreditan y rechazan a quienes no son como ellos. Se asoman a las cuerdas para vociferar que han de ser penalizados y apartados de la colectividad quienes usen su libertad y su criterio. Todos son hombres, hasta las mujeres. La virilidad extrema los caracteriza.

La quinta reside en España y en muchos otros lugares del mundo. Participa de buena parte de las que anteceden cuando le place porque le asisten todos los derechos. Deposita sus pertenencias en una o varias casas o urbanizaciones de lujo. Ellos las utilizan para dormir buena parte de las noches del año, no todas, y en los fines de semana si no viajan. Ellas entre tanto se entregan a cuidar de su cuerpo, de su cara, de su pelo, de su atuendo… Su mayor guía y en ocasiones tirano: la báscula, eje primordial de sus conversaciones. Las más comprometidas con la sociedad prestan apoyo a alguna asociación humanitaria, de habitual, católica. Ellos traen mucho dinero a las cuentas corrientes y más de una vez eligen la belleza verdadera como distracción. Absolutamente prescindibles, reliquias de un pasado que se resiste a morir.

La sexta España —y puede haber muchas más— solía llorar para alumbrar una vida nueva. Se albergaba en un paritorio. Llevaba siglos allí. Siempre en el crudo momento de las contracciones, las entrañas desgarradas, que, en circunstancias normales, se olvidan por completo con la venturosa llegada del hijo ansiado. Ésta apenas ha llegado a verle asomar la cabeza, pero el bebé que se sueña fuerte y sano se hace esperar. Muchos españoles lo aguardan desde el fondo de la historia. Antonio Machado, por ejemplo, aún debe hacerlo desde su exilio mortuorio francés, en el que —al menos— nunca faltan flores. En 1913, harto de la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía”, creyó ver nacer ¡ya! otra: la “del cincel y de la maza”, la “España de la rabia y de la idea”. Quizá sí estaba, quizás ya es un ser real y con futuro.

(De «La energía liberada» de Rosa María Artal)

¿O no?

Delincuencia Vs Seguridad

Un nuevo balance vuelve a situarnos como uno de los países con menor indice de criminalidad de la Unión Europea. Más aún, durante 2011 (último año de gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero) el índice bajó medio punto. El Ministro del Interior,  Jorge Fernández Díaz, ha dicho que hay que cambiar la metodología para contarlos, porque hay más delitos de los que parece. Y tanto, aunque igual no coincidimos en su descripción.

España tiene una tasa de criminalidad del 48,4 ‰, frente a la media de la UE que está en el 64,9 ‰. La sobrepasan ampliamente Suecia con 151,9 infracciones penales por mil habitantes, y Bélgica (97,1). Sólo tres países tienen menor tasa de delincuencia que España: Italia, Portugal y Grecia.

Llama la atención del informe que han crecido los delitos “contra la libertad”, aunque la noticia no especifica el porcentaje exacto, si bien se incluye con otros delitos en un escueto –o no tan escueto- 3,2 %.

Como conviene siempre confrontar magnitudes, pedir –como hago en Actúa- “campos de fútbol” en todas ellas igual que nos la dan ¡sin solicitud alguna! para las hectáreas-, resulta que España, a su vez, cuenta con uno de los mayores ratios de policía por habitante de la UE: 483,3 cada 100.000. Y otra vez nos superan Italia (552,1) y Portugal (488,5). La media de la UE es de 352,3.

¿Quiere esto decir que a más policía menos delitos y que la coacción funciona… o no es ésa la causa?

Hasta ahora –mientras se mantenían los índices de delito bajos- las fuerzas de seguridad habían protagonizado escasas manifestaciones violentas. Aunque flagrantes y encima saldadas en algún caso con la amnistía. Veremos qué pasa ahora. En general la violencia engendra violencia y los países fuertemente armados para el «orden» y controlados comparten pasados de represión poco homologada en democracia.

Por cierto, los ciudadanos que expresan su disconformidad con las -constitucionales y amparadas por los Derechos Humanos- manifestaciones populares ¿son delincuentes? Pues así se disponen a declararlos el PP en la «reforma» ¡ay, las «reformas»! del Código Penal. Y de la peor especie: terroristas. Incluso en su resistencia pasiva a la autoridad. Incluso haciendo extensiva a la organización, partido o sindicato al que pertenece el «violento» la responsabilidad.

De cualquier forma ¿Se justifica esa legión de fuerzas del orden para un país llamativamente pacífico? ¿Tantas porras y pistolas, la última compra -a añadir al arsenal- de 1 millón de euros en gases lacrimógenos y medio millón en pelotas de goma? ¿Qué seguridad mantienen? ¿De quién nos protegen?

En la llamada que hago en el libro a utilizar la cabeza, hablo precisamente de la delincuencia y la seguridad. En estos términos:

La mayor parte de los ciudadanos –susceptibles a la xenofobia- identifican delincuencia con inmigración. O con hurtos de poca monta. A muy pocas personas se las oye citando como delincuentes a especuladores, usureros, a quien roba sumas astronómicas, a los actores de la corrupción política. Esta confusión conduce a permanecer inerme a sus ataques, a no identificar al verdadero enemigo. A no calibrar la influencia de lo que sustraen unos y otros. A seguir admitiendo el dolo de las ingentes cantidades de dinero público que se llevan algunos políticos y sus cómplices manteniendo incluso el prestigio. A consagrar la impunidad, uno de tantos monstruos que crece hasta aplastarnos cuando no se les combate. A volver a doblegarse a normas que utilizan como excusa la “seguridad” que se contrapone a la delincuencia. ¿De qué delincuencia nos defienden?

La «responsabiliad corporativa» -añado- ¿vale también para los partidos, organizaciones y sindicatos en cuyo seno haya habido un chorizo que se ha llevado dinero público, de todos? ¿Pagarán con cárcel las cúpulas de los partidos? ¿Nos devolverán lo robado? Es decir ¿Qué responsabilidad jurídica y penal corresponderìa al PP por haber nombrado a Jaume Matas? Cuando termine el juicio a Gerardo Díaz-Ferran encausado en numerosos fraudes y corrupciones mientras era presidente de la CEOE ¿ingresarán en prisión una cuota de los empresarios que lo eligieron? ¿Cómo subsanarán el dolo hecho?

¿Habremos de pedir una web como la de los Mossos para denunciar corruptos y fascistas, es decir, los que atentan contra la democracia de todos?

Porque… no será amedrentar a la población lo que se busca ¿verdad? esa ciudadanía que roba y mata poquito, menos que en toda Europa, y a veces sin que media una bala de goma policial.

Sanidad tercermundista, sanidad neoliberal

Cuatro días ha tardado el Gobierno en incluir en el BOE los cambios en el Sistema de Salud español aprobados en el último Consejo de Ministros. Comienza el desarrollo con más de 6 páginas de propaganda gubernamental y neoliberal que comienza así de bonito:

«La creación del Sistema Nacional de Salud ha sido uno de los grandes logros de nuestro Estado del bienestar, dada su calidad, su vocación universal, la amplitud de sus prestaciones, su sustentación en el esquema progresivo de los impuestos y la solidaridad con los menos favorecidos, lo que le ha situado en la vanguardia sanitaria como un modelo de referencia mundial«.

Lo peor es que a continuación viene el «Sin embargo», los famosos «No obstante» judiciales. Y se disparan los hachazos:

Quedan excluidos del Sistema Nacional de Salud los inmigrantes sin contrato de trabajo (algo que no prodigan numerosos empresarios españoles). Como hizo Berlusconi y propone la ultraderechista francesa Marine Le Pen. Se calcula que se quedarán sin tarjeta sanitaria 150.000 personas con todos los riegos (y de todo tipo) que implica. Solo serán atendidos en urgencias y en los embarazos y partos.

Todos, españoles incluidos, tendrán que estar apuntados en la oficina de empleo, en el caso de parados, para tener asistencia sanitaria. Si no habrán de pagar el servicio. Se amplía extrema por tanto la medida existente que ya apunté hace años en SOITU, y que apenas afectaba al 2% de la población.

Se quedan sin sanidad pública todos los mayores de 26 años que no hayan cotizado. Por haber estado estudiando o por no haber encontrado trabajo (caso del 50% de ellos en este momento).

Las farmacias tendrán acceso a los datos fiscales y nivel de renta de los españoles sin consentimiento de los interesados para ver en qué baremo están para cobrarles el suplemento. Me pregunto que si de TODOS.

Los usuarios de la Sanidad pública tendrán que pagar parte de las prótesis, los productos dietéticos (se refiere realmente a complementos alimenticios) e incluso el transporte sanitario no urgente. Es decir, tendrán que pagar esos abuelos que vemos acudir a consultas. En cuanto a las prótesis igual empezamos a ver gente arrastrando sus muñones sin pierna ortopédica, porque no sabemos aún cuántos “cafes” -MÁS- les cobrarán por ello. Se ha calculado ya que lo que se reclama a Iñaki Urdangarín en su juicio por corrupción equivale a 3 millones de cafés. 27,5 millones de cafés en el caso de Jaume Matas. Y la inservible Ciudad de la cultura de Galicia –entre la multitud de obras faraónicas inútiles- 200 millones de cafés.

El porcentaje de aportación del usuario «se regirá por las mismas normas que regulan la prestación farmacéutica, tomando como base de cálculo para ello el precio final del producto y sin que se aplique ningún limite de cuantía a esta aportación».

Se modifica el artículo relativo al desarrollo de los servicios comunes, entre los que no se incluirán aquellas técnicas, tecnologías y procedimientos que no tengan suficientemente probada su «contribución eficaz a la prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y curación de las enfermedades, conservación o mejora de la esperanza de vida, autonomía y eliminación o disminución del dolor y el sufrimiento». El Ministerio de Sanidad decidirá la «eficacia» de pruebas y tratamientos que sí entren dentro de la prestación del Servicio Nacional de salud.

Muchas disposiciones sobre el funcionamiento de los centros de salud. A bote pronto veo esto: En el ámbito de cada servicio de salud se establecerán, modificarán o suprimirán las categorías de personal estatutario.

Todo esto, por ejemplo, es lo que votó una amiga mía, jubilada y con escasos recursos. Y todo esto lo que eluden pensar en nada ajeno al triunfo de su equipo de fútbol o… la derrota de su rival.