8,02 de la mañana. Abro los ojos y pongo la radio, el diario acto mecánico. “Es impresentable”, dice Esperanza Aguirre en tono agrio. Una sola décima de segundo para incorporarme de nuevo y desconectar el aparato. Con increíble agilidad para estar apenas despierta, he decidido abortar el discurso, fuera el que fuera. Evitar contaminarme con todo lo que había de seguir en las noticias.
No sé si la recién reelegida presidenta del PP en la comunidad de Madrid dirigía su piropo al PSOE, a alguno de sus miembros en concreto, a IU, a los sindicatos, a la sociedad que protesta en la calle, o hacía un pack con todos ellos. Me daba igual, es todo tan previsible…
Pero inmersa ya en la vida diurna, no dejo de pensar en lo que realmente… es impresentable. Y que a unos políticos –sean del signo que sean- que únicamente han sido elegidos para representarnos y en nuestro nombre llevar la gestión del país, debería hacerles gritar: Es impresentable.
Es impresentable acabar con la sanidad pública, hacer pagar por las ambulancias y las sillas de ruedas, quitar los tratamientos a enfermos graves porque no tienen no sé qué papeles, abocar a las mujeres divorciadas a la tutela del marido para que les “avale” su derecho a la sanidad pública, apretar aún más la angustia de millones de jóvenes mayores de 26 años que, a su falta de trabajo, unirán quedarse sin atención médica como no se apunten al presunto servicio de creación de empleo.
Es impresentable destrozar también la educación y asumir –sin pestañear- que empeorará con los recortes, cuando el fracaso escolar y educacional de España exigía por el contrario mayores medidas de apoyo. Es impresentable reservar los estudios universitarios a los ricos, cercenar la investigación y la cultura.
Es impresentable dedicar los recursos económicos a subvencionar a la iglesia católica, el gasto militar o los toros. O mantener las intocables prebendas de los políticos.
Es impresentable asumir ahora que no van a crear un puto empleo hasta 2020 y decir que seguirá creciendo el paro, cuando además basaron en ese punto esencial la campaña para las elecciones.
Es impresentable mentir tanto y con tanto desparpajo.
Es impresentable obstinarse en el camino suicida de la austeridad, y no reconocer que la peor “herencia,” es la “peor” derecha imaginable.
Es impresentable reírse del inmenso dolor que están causando como hace Aguirre, cuya queja es que «El gobierno no recorta suficiente».
Es impresentable que nos vendan el patrimonio público que pagamos con nuestros impuestos.
Es impresentable reprimir la disidencia, mantener en la cárcel a manifestantes, suprimir el tratado de Schengen o trabajar a toda prisa para endurecer el Código Penal y que aquí no rechiste salvo Dios.
Es impresentable atribuir toda la culpa de la crisis económica al PSOE, y decir que “de haber dejado así España no saldrían a la calle”, cuando el PP tiene en su haber el despilfarro -y alguna cosa más- de la Comunidad Valenciana, Baleares, Madrid (incluido su ayuntamiento) o Galicia, por no seguir por más.
Es impresentable seguir engañando a los ciudadanos diciendo que tras ajustar el déficit “ese dinero se destinará” a atender las necesidades de los ciudadanos, porque no funciona así en la “economía de casino” que los neoliberales defienden. Todo lo contrario, el hambre de codicia jamás se les sacia. Y no hay más que mirar a Grecia, Portugal o Irlanda.
Es impresentable la tibia oposición que está realizando el PSOE, que parece más atento a conservar su parcelita que a solucionar las causas de desesperación de los ciudadanos.
Es impresentable que los grandes medios informativos no prioricen la información que precisa conocer la sociedad y sigan distrayendo con tal irresponsabilidad.
Es impresentable que un grupo notable de ciudadanos tengan tan nulo aprecio a su condición de tales y engullan las mentiras, la situación que viven, y el futuro que se les cierra por mirar para otro lado. Es impresentable permanecer impasible ante tantos signos que alertan de una vuelta del fascismo.
Y es más que impresentable que el Gobierno de España esté «presentado» sus reformas al Gobierno alemán en un sarao en Galicia. Es impresentable, del todo impresentable la actitud prepotente y casi cruel de Rajoy con quienes considera inferiores a él, si no queréis reformas, dos tazas, y el servilismo que despliega hacia quien ve superior: Merkel. Porque además no le sirve de nada: hemos vuelto a entrar en recesión (por la pésima y errónea gestión del PP) y estamos a un paso del bono basura.
