Habrase visto qué desfachatez la de estos pobres

La savia nueva del PP. Pilar Sol diputada del PP en las Cortes de la Comunidad Valenciana por la provincia de Alicante. Sí, sí, sí…

El PP desmontando «mentiras» en sanidad

Son tan majos… hasta dolores de cabeza quitan. No, la VISA no hay que sacarla (aún) en el médico, solo… para pagar en la farmacia… y todos los impuestos que conlleva sufragar las políticas neoliberales. El resto de los daños se pagan en especie: en salud.

Por cierto, segunda jornada de huelga de la sanidad pública madrileña. Y manifestación por la tarde en Neptuno.

Tras el 25N

Pues sí, a Artur Mas le ha salido el envite al revés. Vio las calles de Barcelona llenas de gente el 11S y pensó que aquello iba por él, que Cataluña era él. Y, sin embargo, los ciudadanos –con un criterio inusual por estos lares- han rechazado su política de recortes, que eso en realidad se dilucidaba. No todos, claro, las inercias son difíciles de revertir pero Artur Mas ha perdido 12 escaños.

La subida espectacular de ERC o la irrupción de CUP con tres diputados indican que sí hay espíritu independentista en Cataluña (más o menos el mismo que hace dos años), pero sin recortes. Con políticas sociales, como también muestra otro ascenso importante, el de ICV-EUiA.

El PP suma apoyos y gana un escaño. Tiene que haber de todo al parecer. Y Ciutadans también, se queda con 9. Es decir que este triunfo apoteósico “de España” que festeja la carcundia, tiene una representación de 28 diputados. Solemne éxito. La sensatez catalana ha llevado a no tener siquiera en consideración a UPyD, la otra pata del nacionalismo español.

Lo del PSC ya es de traca. Se queda como tercera fuerza política, pierde 8 diputados, y sus mandos se felicitan de lo bien que lo han hecho. Preocupante en realidad, porque a este paso en el conjunto del Estado tenemos PP para rato.

Artur Mas tiene ahora una muy difícil papeleta. Para seguir con sus políticas de recortes y privatizaciones, para seguir favoreciendo a los colegas del empresariado privado, solo cuenta con el PP que es quien hace lo mismo. Su sonrisa campechana, de cemento, tras conocer los resultados, no hace descartable incluso esa opción. Pero no creo que los catalanes lo consientan y menos con el espíritu que reflejan los resultados del 25N. Habrá que ver.

Os confieso que me produce tedio hasta escribir de esto. Sé que es muy serio, pero no puedo evitar un cierto desapasionamiento. Porque hoy “la vida sigue igual” y continúan pasando cosas tanto o más trascendentales.

El marido de Cospedal anda metido en una inmobiliaria y la amiga Ana Botella, a la sazón alcaldesa de Madrid, les ha hecho el favor de echar a 100 familias de sus casas para que puedan vender los pisos. Ni desahucios, ni suidicios, ni mandangas, la pela para la casta es lo primero.

El Gobierno ha decidido por fin a la cifra que pide a Bruselas para «salvar» a los bancos. 42.500 milloncejos de nada. La conveniencia no se discute. Mientras,  la UE tienen mártir a Grecia porque no se deciden a desbloquear PRÉSTAMOS por valor de 31.500. Habrán de exprimir mucho más a la población, solo que apenas queda ya sangre de donde sacar. ¿A qué es raro este paralelismo?

Una noticia esperanzadora, sin embargo. La sanidad madrileña está de huelga por la salud de todos. Ante la decisión de privatizar hospitales y ambulatorios. Ante la decisión de que nuestra salud sea un negocio. Perdiendo sus sueldos de estos días no trabajados.  Por nuestro bien, no deberíamos dejarlos solos.

La responsabilidad de los medios en la crisis

Este verano en Torres (Jaén) hablamos de muchas cosas en los Cursos de la Universidad que organiza Baltasar Garzón. Creo que os gustará el debate sobre la responsabilidad de los medios en la crisis. Es solo un resumen, estuvimos más de dos horas con un interesantísimo coloquio también.

Soledad Gallego-Díaz, Rosa María Calaf, Ignacio Escolar y yo tratamos de analizar en profundidad este asunto.



Todos los vídeos del curso, recogidos por la Fundación de Baltasar Garzón Fibgar, son interesantísmos. Los iremos destacando.

Rajoy habla idiomas

Lo peor es que ha reducido drásticamente el presupuesto para enseñanza de idiomas.

¿Tiene Rajoy preparado el helicóptero por si acaso?

Portada de ABC 22/11/2012. Real, no es un montaje.

El gobierno del PP –y sus prolongaciones en comunidades autónomas- están traspasando unas líneas rojas que nos ponen en serio peligro. Ocurre que, mientras registra un estrepitoso fracaso en las cifras económicas –asunto por el cuál se supone que sus votantes les entregaron la confianza- muestra una radical eficacia en la involución ideológica.

Comencemos por el diseño de país: croupiers y putas de la mano de Adelson –investigado por corrupciones varias- y puerta abierta a las mafias china y rusa para que blanqueen aquí su dinero. No solo lo digo yo, lo temen los abogados.

Los abogados y todos los profesionales del Derecho se encuentran en pie de guerra por la subida de tasas. Consagra que solo habrá justicia para los ricos, para quienes pueden pagarla. La medida “disuasoria” de acudir a los juzgados para todo, como dice el inefable Gallardón, llega al esperpento al exigir 200 euros para recurrir una multa de 100, por ejemplo. Esto implica que si te toca, te tocó, como cualquier otra desgracia. Pero tiene un alcance mucho más grave.

El PP ha judicializado el país en sus nuevas leyes. Para el PP de, entre otros, Gallardón –que sigue siendo el ministro más valorado- todo es delito. Y en algunos asuntos el “si te toca, te tocó” puede ser realmente desestabilizador. Harán falta muchos medios económicos para litigar y recurrir.

Entretanto –y por no gastar el dinero que no hay-, el domingo pasado casi 37 millones de españoles (el 83,5% de la audiencia) permaneció al menos un minuto delante de las pantallas de televisión. Una sucesión de carcundia insulta la inteligencia en el más ingenuo zapping. No sé si alguno vería la repetición de Informe Semanal. Contaban en él que lo del Madrid Arena -plagado de irregularidades en las que cada día aflora una nueva– había sido “por ganas de fiestuqui”. El realizador, Carlos Alonso, se negó a firmar el reportaje. Lo han echado. Han echado o se han ido en realidad prácticamente todos los miembros del anterior equipo. Con dos o tres curiosas excepciones. El Consejo de Informativos de RTVE ha emitido un comunicado denunciando el «Grave ataque a la libertad de expresión«. Y los realizadores de Informe Semanal una carta suscrita ya por 26o personas. No ha sido el único caso pero los anteriores afectados no lo denunciaron. Esperemos que no haya (más) represalías. Un programa nacido en 1974, en vida de Franco, cuyo empuje periodístico resistió todos los embates, no ha podido con Rajoy y todo lo que se deriva de él. Ni en los peores momentos del programa, nunca, jamás, se ha llegado al extremo de entrar en los ordenadores y reescribir los textos. El resto de la “información” es similar. “Tertulianos” fachas por doquier. Por cualquier banda que uno mire, salvo meritorios programas de La Sexta.

En el siglo XXI, 37 años después de muerto Franco, se le quiere rendir un homenaje. Que sea en un edificio público, incluso que ante la «alarma» se le haya retirado el permiso, es casi lo de menos ante el hecho de que siquiera se plantee. Si bien quien preside el organismo Turespaña (tela, la imagen turística) es un candidato por Falange. En Alemania la exaltación del nazismo se paga con cárcel.

Y, mientras, el desmantelamiento (ideológico) del Estado del Bienestar nos ahoga. Los trabajadores del Hospital de La Princesa de Madrid se han convertido en símbolo de resistencia a la privatización y descuartizamiento de un centro de referencia. El gobierno del oscuro Ignacio González dice que cede (ante la presión social), pero no se fían. Hacen bien. Seguirán en la lucha.

En mi zapping particular veo un rosario de indignación que se extiende por España. Manifestación de minusválidos en Galicia. Las madres claman: “Quieren devolverlos a casa y que no se les vea, como hace 40 años”. Y basta con salir de casa. Una chica, @lulm, lo ha definido a la perfección en Twitter: «Esto que vas a hacerte una radiografía y terminas cortando calles y llorando con enfermeras«. A todo el que “le toca” se le están hinchando mucho los bemoles. Asombrosamente mucha gente aún sigue en la inopia. O en el miedo. O el sometimiento cobarde.

Àngels Martínez Castells nos habla hoy de esperanza ante la intervención de Alexis Tsipras de la Syriza griega en la (sucia) campaña electoral catalana. El líder griego dice a los políticos: «Crean en su pueblo«.

El PP de Rajoy está tensando mucho la cuerda. Es una grave irresponsabilidad. Conociendo la historia y relacionando datos, cada vez pienso más en el helicóptero en el que tuvo que huir por pies el presidente argentino Fernando de la Rúa, ante una situación tan similar que pasma verlo. En helicóptero. Con lo que poco que le gustan a Rajoy.

Así salió De la Rúa en 2001

No pensar para no sufrir

La actitud se extiende por un sector de la sociedad cansado de luchar sin ver frutos. Evadirse de la realidad para no sentir un permanente desasosiego. Muchos ciudadanos se unen así a las legiones que nunca usaron su cabeza más allá de para peinarse. Quienes no se informan porque “leer las noticias da ganas de cortarse las venas”.

Suelo mantener que vivimos en la sociedad más “entretenida” de la historia. La que tiene a su alcance el mayor cúmulo de distracciones del que jamás dispuso pueblo alguno. Entran por los ojos en tal profusión de fuentes que incluso pueden llegar a saturar. Pero “distraer” tiene un significado más real: apartar la atención de lo esencial. La búsqueda de compensaciones y la disuasión del esfuerzo caracterizan a nuestra vida en comunidad. En buena parte son inducidos. El viejo invento romano del “pan y circo” ha seguido hasta nuestros días, aumentando su número e intensidad. Las diversiones  son muy positivas ¡quién lo duda!… cuando no entran en la adicción compulsiva y nublan la mente.

No pensar no evita sufrir. La ciudadanía española vive uno de sus momentos históricos de mayor depresión y desasosiego. Incluso quienes huyen de la información y la reflexión, están doloridos y atemorizados. No es por falta de ocio el desánimo. Y cuanto más “distraídos”, más vulnerables. Pese a su frustración, son más felices quienes mantienen una actitud activa frente a los problemas. La pasividad desarma. Quienes se abrazan a ella,  solo parecen esperar el golpe final en el pescuezo. Aguantan. Una y otra merma, una más, las que sean. Algunos se engañan en la creencia (considerar cierto lo que carece de razones para serlo) de que todo se arreglara por sí solo. O por las medidas que no deja de contradecir la evidencia. O esperando que “otros” les saquen del atolladero. Y, sin embargo, andan agazapados aguardando el descabello. Sí saben que eso puede ocurrir. Pero “no lo piensan”, soslayan hacerlo.

 No todo el tiempo. La realidad resiste mal ensoñaciones y distracciones y se muestra terca. Los recortes siguen ahí. Y sigue el paro y el dinero que no llega. Y los desahucios. Y el miedo. Y los derechos en peligro… aunque este punto interesa menos a quien ya ha rendido su condición de ciudadano libre. Mucho más a quien ahora se apunta a la tendencia de “no pensar para no sufrir”.

 Repetir los errores por no reflexionar. Los ciudadanos catalanes parece se disponen a avalar un redoble de recortes, privatizaciones o cuentas poco claras. La pelota que deja sin ojo y la porra que abre heridas en la represión de las manifestaciones. Tienen un caramelo al que aferrarse, otra salida, un aparente cambio: la presunta independencia que ofrece quien nunca creyó en ella. Los gallegos, hace poco, anduvieron una senda similar al poder decidir quién iba a representarles en la gestión. Los griegos también meses atrás. Syriza se abría como una opción diferente, pero el conciliábulo mundial se alió para atemorizarles y dejaron las cosas como estaban. Exactamente igual. O peor. Más tijera, más autoritarismo, los nazis del descontento irracional invadiendo las calles.

¿Cómo es posible que se caiga una y otra vez en los mismos errores? Por no pensar. Siempre hay opciones cuando todavía se mantiene en pie la democracia e incluso cuando ha caído. Entonces resulta más difícil volver a la cordura, eso sí.

Madrid reventó un día del Siglo XVIII en el llamado Motín de Esquilache  y tras la capital se levantó gran parte de España. Reinaba Carlos III y, tras una enésima hambruna, había subido el pan. Luchas de poder por en medio. El malestar social hervía. Leo que José Mª Pemán, un escritor que gozó de gran predicamento en el franquismo, glosó cómo se desarrollaban los momentos previos:“El rey Carlos III se burlaba de buena fe de esta especie de resistencia pasiva que advertía en el pueblo frente a sus mejoras, y solía decir que sus súbditos españoles eran como los niños, «que lloran cuando se les lava y se les peina». Como si fuera hoy.

Hubo tal revuelta, sin embargo, que el Rey temió perder la corona. Y se dejó de peines y lavados infantiles para sentir miedo. Chivos expiatorios, un mejor abasto… y todo volvió a su cauce. Una vez más. No todos pensaban, todos sufrían.

“La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”, escribe el fascinante filósofo Carlos Fernández Liria, en su último libro ¿Para qué servimos los filósofos? Para pensar, para inducir a pensar. Para ser más libres y adultos, para no dejarse servir cocinados voluntariamente en un plato. ¿Se sufre en el hervor? Por los resultados, se deduce que sí.

 Federico Mayor Zaragoza anima de continuo a la reflexión y a la acción diciendo por ejemplo:“Cada persona tiene el don de la libertad y puede con ella construir su futuro”. O, citando una frase de Burke que adora y hace suya: “Qué pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas NADA”. Y es que pensar es inevitable, vale la pena el esfuerzo de hacerlo con sensatez y visión de futuro.

 *Publicado en eldiario.es

Si Rajoy no hubiera tomado esas medidas

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pregunta al cumplirse un año de su elección: “¿Y si no hubiéramos tomado esas medidas?” No puedo por menos que responderle. Aunque sea de una forma muy somera porque no hay espacio para detallar todo lo que hubiera pasado si Rajoy no hubiera ganado el 20N y tomado «esas medidas«.

 Habría 413.059 parados menos en las cifras del INEM, contabilizando desde Noviembre de 2011 (4.420.462) a Octubre de 2012 (4.833.521). 800.000 según la EPA. No se hubiera batido el récord absoluto de desempleo. Y no nos pronosticarían numerosos organismos internacionales y nacionales otras 500.000 personas más sin trabajo para 2013.  No se hubiera recortado también el  subsidio de desempleo y el fomento del empleo. No se hubiera abaratado el despido y los sueldos. No se hubiera perseguido a los funcionarios de uno de los países con un sector público más exiguo.

 No habría re-pago farmacéutico y de prestaciones. No hubieran salido del sistema público de salud 400 medicamentos. No se hubieran cerrado hospitales, urgencias, servicios. No se apostaría contra la salud especulando con la sanidad y privatizándola. No se le hubieran quitado en los tardíos presupuestos de este año casi el 7%, 7.000 millones más 6 días después mediante nota de prensa, ni se le cargaría otro recorte del 22% para 2013. Los emigrantes y españoles mayores de 26 que no han cotizado tendrían derecho a curarse. No se hubiera esfumado la Ayuda a la Dependencia, ni a la Prevención del SIDA, ni al Desarrollo, ni las medidas contra la Violencia Machista. Algunas personas que han muerto por desatención, posiblemente vivirían.

 No se hubieran recortado el  22% en educación en los presupuestos de 2012 y  otros 3.000 millones en el añadido inmediatamente posterior. Y 326 millones más en las cuentas del 2013. No estarían los alumnos masificados en las aulas. No tendrían que ir a comer al colegio con tartera y pagar por calentarla en el microondas. No habrían de pagar autobuses en el área rural o ir caminando kilómetros como ha sucedido en algún caso. No se hubiera restado el 68% a la educación compensatoria. No se hubieran encarecido las guarderías. No se hubieran triplicado los costes de estudiar una carrera universitaria.

 No se hubieran suprimido materias fundamentales en el temario, como Educación para la ciudadanía o Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Ni música, ni ética, ni el bachillerato de Artes Escénicas. Ni se hubieran reducido los estudios de Tecnologías y Plástica. No se hubiera vuelto a los programas de 1990 e incluso de 1970. No se hubiera eliminado prácticamente el presupuesto para estudiar idiomas.

No se hubiera cercenado también el presupuesto de cultura, ni se le hubiera aplicado a muchas de sus especialidades un 21% de IVA hasta convertirlo en el más caro de la Eurozona. Los Museos funcionarían como lo hacían con anterioridad. Los ciudadanos podrían seguir yendo al cine o leer libros electrónicos, sin hacer desembolsos prohibitivos. La cultura no se hubiera convertido en artículo de lujo y una mercancía más.

 No se hubiera recortado un 25% a Ciencia e Investigación. No estarían abandonando el país nuestros jóvenes más preparados. No bramarían, asustados e indignados, los científicos de más prestigio y más visión de futuro.  

 No se anticiparía que las mujeres van a volver a ser menores de edad y tuteladas en sus decisiones sobre sus embarazos.

 La Justicia no sería solo para los ricos.

 Seguiría habiendo una televisión pública estatal que no manipulara.

 No se hubiera aumentado el gasto en antidisturbios y material de protección de 173.670 euros a 3,26 millones en 2013. Ni se hubiera reformado el Código Penal para reprimir las protestas ciudadanas. No habría esos despliegues policiales, ni tantos palos, ni tantos insultos con las cifras de asistentes.

 No se hubiera regalado, entretanto, una amnistía fiscal para los defraudadores de ricos posibles. No se hubieran entregado cantidades millonarias de dinero público a los bancos y cajas y la Bankia de sus amores no seguiría siendo la hemorragia que nos sangra porque cuanto más entra más pierde. No habría “banco malo”.

 No hubieran subido de forma tan dramática los impuestos hasta mermar el poder adquisitivo y arrojar a la bolsa de la precariedad a tanta gente. 

No estaríamos mucho peor que hace un año ¿Por qué estamos mucho peor?

 Quizás, porque si no se hubiera mermado el consumo a consecuencia de todas sus medidas y las de su gobierno –cuando se recorta a los ciudadanos, no gastan y eso lo entiende “todo el mundo”-, no ahondaríamos la recesión, poniéndonos en la situación que vemos en los ciudadanos griegos y portugueses. Y para los que ni ha pasado lo peor de la crisis, ni va arreglarse ya.

 ¿Qué hubiera hecho “otro” de ganar esas elecciones? Eso ni cuenta, el responsable de todo esto -y de mucho más que resulta imposible incluir en un texto periodístico- es Vd. Esas medidas son suyas. Los recortes practicados a las autonomías también, tan precisas ideológicamente cuando las comanda su partido o CiU.

No estaríamos inmensamente hartos, desesperanzados, saturados de tanta mentira y tanta promesa falsa que aún se obstina en continuar alimentando. De la excusa de la “herencia” que con tanto entusiasmo su partido forjó. De los insultos a la inteligencia. Del oportunismo y el clientelismo. No nos ahogaría tanta mojigatería, servilismo  a la religión católica y al poder económico. Mientras se abre la puerta a macrocasinos y a la compra de la residencia española sin pedir otra referencia que el dinero. De tanto desprecio por la sociedad a la que representa, tanto cuento y tanta ineficacia. Del desprestigio que nos ha convertido en centro de la crítica mediática mundial con Vd. a la cabeza.

*Publicado en eldiario.es

 

¿Para qué sirve pensar?

Conocí al filósofo Carlos Fernández Liria en una mesa redonda que compartimos en Segovia. Me quedé fascinada con su brillantez. Con la forma tan accesible y divertida en la que invitaba a estimular y seguir sin trabas adonde te lleve el pensamiento, a la crítica, como debe ser.

Ya tengo su libro. Se llama ¿Para qué servimos los filósofos? Y es que filosofía es el amor por saber y para saber hace falta pensar.

“Decía Kant que hay algo –algo que sin duda tiene que ser muy excepcional- que hace que “los hombres se nieguen a perder, por amor a la vida, aquello que hace a la vida digna de ser vivida”. La filosofía –dice Fernández Liria- es el intento de sacar consecuencias de lo que se expresa en la frase de Kant. Esta excepción comenzó en Grecia con una constatación esencial: “lo interesante que era lo desinteresado”. Saber por saber, desinteresadamente, resultó ser interesantísimo. De esa experiencia surgieron las matemáticas, la física, la filosofía, la ética y el Derecho. De la perplejidad ante lo desinteresado surgieron las cosas que más nos interesan: el mundo entero de la razón y la libertad. Y así fue cómo se inició para la humanidad la aventura más inquietante, la de convertir esa excepción en norma de vida humana, que solo entonces puede llamarse digna”.

Por supuesto, Fernández Liria aborda lo más cotidiano. Profundamente crítico con el Plan Bolonia para la Universidad, nos hace seguir el hilo de lo que se esconde tras esa frase que cualquiera suscribiría sin reflexión: “Una universidad al servicio de la sociedad”. Parece que no es exactamente así, que no es ésa la prelación. “La universidad debe estar al servicio de la verdad”, solo así estará en condiciones de rendir un buen servicio a la sociedad, propone Carlos.

Atravesando la historia de pensamiento, parándose en la Revolución Francesa con la significativa guillotina de la portada del libro,  Fernández Liria estima que hemos regresado a la Edad Media, convertidos en siervos de unos amos locos y tiránicos que se llaman a sí mismos “los mercados”. Y concluye contundentes ideas sobre lo que eso significa:

“El capitalismo ha colonizado el mar, la tierra y el aire. Aún así, todavía le quedaba el mundo intangible por conquistar. Se han deshelado los polos, se ha contaminado la atmósfera, se ha esterilizado el suelo. El mundo de los negocios ha llegado incluso a cambiar de sitio los glaciares. Ha reventado el subsuelo terrestre con cientos de pruebas nucleares. Ha agujereado la capa de ozono en la estratosfera. Ha desquiciado genéticamente las semillas. ¿Por qué iba a dejar en su sitio el mundo de las exigencias de la razón? ¿Por qué iba a respetar la Verdad o la Justicia sin intentar sacarles partido económico?», se pregunta. Y apunta sus consecuencias:

“La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”.

Lo primero que he visto en un correo en el ordenador esta mañana ha sido al Consejero de Turismo Balear, del PP, con las criadillas (testículos) de un ciervo al que había matado chorreando sangre desde su ubicación encima de la cabeza como trofeo. Amenazan Rajoyes, Artures Mas o botoxiadas peperas desde las páginas de los periódicos. Y en mi memoria la gran estafa que nos están perpetrando y que cada semana tiene un capítulo de difusión para el gran público en el programa de Jordi Évole, Salvados. Ayer explicó el asunto de eléctricas y petroleras. Una chica me dijo en las redes sociales que uno no tiene tiempo de enterarse y reflexionar sobre todo esto. Le respondí que en otros países no les ocurren estos atropellos –de características flagrantes- porque, parece, que sí están más al tanto de los que les afecta. Hubo hasta quien me insultó por escribir que solo una sociedad desinformada y/o idiotizada tolera (y propicia) el enorme timo diario. Por eso he preferido traer hoy a Carlos Fernández Liria. Reivindica pensar. No hacerlo tiene graves consecuencias.

¿Para que sirve usar la cabeza más allá de para peinarse? Para no ser ese rebaño de ovejas que ahoga los intentos de tanta gente ya por poner freno a esta situación insostenible.

Carlos Fernández Liria. Libros de La Catarata

Le llaman sacrificio cuando quieren decir holocausto

Francisco Altemir

Los poderosos siempre han cambiado el significado de las palabras de forma que inducen a error a los más débiles, mejor dicho les atemorizan para que obren de acuerdo con sus dictados.

Tal ocurre con la palabra SACRIFICIO, al escucharla viene a nuestras mentes todo el poso de “enseñanza cristiana acrítica” que durante cientos de años nos han tratado de despojar de  nuestra capacidad de discernimiento. Recordamos a un dios del Antiguo Testamento que ordena a Abraham a “sacrificar” a su hijo Isaac asesinándole para satisfacción suya. Nos viene a las mente cierta prácticas masoquistas: azotarse la espalda o colocarse cilicios para sufrir y ofrecer el “sacrificio “ a un dios inexistente, porque el Dios del Nuevo Testamento encarnado en un hombre, Jesús de Nazaret, abomina de tales prácticas infructuosas. También las civilizaciones precolombinas ofrecían a sus dioses las ofrendas de los corazones de los guerreros más valientes y de las mujeres más hermosas, lo hacían en pirámides construidas a tal efecto.

Los escritos y leyendas no se pueden descontextualizar. El género humano ha ido creciendo en sabiduría y conocimientos lenta y paulatinamente. En los albores de la humanidad cualquier suceso nuevo o extraordinario les causaba inquietud por no decir auténtico pavor. Una simple tormenta eléctrica con su aparatoso acompañamiento de lluvia, rayos y truenos les hacía pensar que debían hacer una ofrenda al ser capaz de promover tan pavoroso fenómeno. Le ofrecían  productos de la tierra o animales domésticos para aplacar su ira, y ganarse su benevolencia. Era una especie de soborno primitivo para conquistar el favor del “dios” capaz de hacer tales prodigios que les dejaban en estado de “shock”.

Ese significado ha sido recogido por el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, sin tener en cuenta el contexto en que cristalizó.

Por otra parte se dice que unos padres se sacrifican por sus hijos, velándoles noches enteras cuando enferman. Uno no se imagina a esos padres con cara de cordero degollado por el “sacrificio” que están haciendo, cuando en realidad tienen cara de preocupación y, finalmente, tienen la cara y el corazón contentos cuando el hijo mejora. Su actuación les ha salido de dentro, por obligación (de ob, prefijo: a causa de  y deligare : ligazón, parentesco).

Ese es el auténtico significado de la palabra SACRIFICIO, hacer lo más importante (del latín sacrum, lo más importante o sagrado, y de facere, obrar o actuar). Es la actitud de muchos líderes que con riesgo de la vida o de su libertad las arriesgan por sus compañeros o los desvalidos (Sánchez Gordillo). La Plataforma de Afectados por las Hipotecas es una buena muestra de ello. Los “yayoflautas” que hemos visto ser empujados y golpeados por orden de los mandamases se ven impelidos a actuar de esa forma porque es el SACRIFICIO que les pide el cuerpo, la solidaridad con las víctimas del terrorismo del sistema.

Es más fácil utilizar un falso eufemismo que decir la verdad que van adoptar nuevas medidas que nos llevan a un auténtico holocausto, a la muerte por inanición, a la muerte por falta de cuidados, a la muerte por falta de esperanza, a la muerte por desesperación. Lo más importante que tenemos todos en la vida es el futuro, en principio es nuestro pero nos puede ser arrebatado sumiéndonos en la desesperanza y empujando a muchos al suicidio. Hay que tener en cuenta  de la misma forma que hay muchos desahuciados invisibles como escribía hace poco Ignacio Escolar (sólo salen en televisión la punta del iceberg), hay también muchos suicidas invisibles de los que nadie cuenta nada. Solamente lo saben, aparte de los allegados, los jueces que levantan los cadáveres y los del Samur. Uno y otro cuerpo de funcionarios se han indignado y claman porque se tomen medidas para evitar tales desgracias, ellos no son los malos de la película, los malos son otros y se irán de rositas. Es más fácil pedir “sacrificios” que pedir que vayamos al degolladero, pero ignoran que el verdadero significado de SACRIFICIO supone la unión de todos contra la injusticia, la corrupción y la mentira.  Es el trabajo más sagrado e importante que nos aguarda.

Los mandamases conocen muy bien los consejos de Maquiavelo  en “El Príncipe”, después de sopesar las dos alternativas contrapuestas: “Más vale ser temido que amado.  Ignoran, como es natural, que las sociedades en las que no reina el temor son más felices, las personas son más solidarias. Hay que decir ¡BASTA! a este capitalismo salvaje en el que reina la SACROSANTA  COMPETITIVIDAD,  que convierte a la sociedad en una jungla en la que impera el más fuerte, el que sabe poner mucho mejor las zancadillas, el que sabe manejar la navaja mejor que nadie, el que es más astuto y utiliza las mejores argucias para escalar puestos pisoteando a los demás, el que tiene menos escrúpulos, el que ve en el otro un enemigo al que hay que eliminar en lugar de un amigo al que hay que ayudar. Es necesario cambiar el sistema, en el que se vea al otro como un compañero, con su dignidad y sus flaquezas como las nuestras porque somos seres de relación, como decía Antonio  Machado: “Un corazón solitario no es un corazón”. Hay que sustituir la competitividad por la cooperación, teniendo en cuenta además que el rendimiento por hora aumentará al no perder el tiempo miserablemente en cómo deshacerse de los “enemigos” (Esta observación debería servir para calmar a losAmos del Universo)

Es necesario desterrar el miedo al que nos quieren someter. Es necesario pensar con autonomía y apartar de nosotros las “recetas!” de los que, ignorando todo, nos atiborran del “pensamiento único”. Ese pensamiento único nos dice: tienes que adaptarte y el hombre medio tiene que adaptarse y someterse para sobrevivir. Adaptarse y someterse a la economía de mercado, a la globalización financiera y especuladora, a la competitividad, a los empleos precarios, a la posibilidad del paro o de la jubilación anticipada, a la explotación laboral, al acoso en el trabajo, a la posibilidad de deslocalizaciones y fusiones, con las consiguientes pérdidas de puestos de trabajo, a los paraísos fiscales, a las especulaciones financieras e inmobiliarias efectuadas por los “amos del universo”. Adaptarse y someterse al yugo que supone el pago de las hipotecas durante, prácticamente, toda la vida. Adaptarse a la arrogancia y prepotencia del poder, al trabajo infantil esclavo, a la trata de blancas. Adaptarse a las amenazas de privatización de los servicios públicos o a su posterior desaparición. En sumo: adaptarse a vivir con miedo, sin dignidad y esperanza y a deshumanizarse. El sistema aborrece de los que piensan y se rebelan, les descalifica tachándoles de “inadaptados” y les echa encima a los cuerpos de seguridad del Estado: ¡Hay que identificarse! y ¡Ay de ti si no lo haces aunque seas un “yayoflauta” que lucha por sus bisnietos!

 *Este extraordinario texto acaba de publicarlo en ATTAC Madrid mi queridísimo y admirado amigo Paco Altemir, como reacción al suicidio del hijo de unos amigos. Tenía 51 años y acababa de ser despedido.