¿Olvidar el Muro de Berlín?

 

  Estos fragmentos del Muro de Berlín los cogí con mis propias manos hace hoy 21 años, cuando por las noche se abrieron las puertas que hasta entonces incomunicaban dos mundos. Muchos picaban también para acelerar su destrucción.

Cada 9 de noviembre desde entonces es un aldabonazo que despierta innumerables recuerdos para mí. Lo he contado ya muchas veces. El año pasado, en el aniversario redondo, hasta la saciedad.

Somos muy aficionados los humanos a la nostalgia y a fijar los recuentos en el punto de partida o en el presumido final.  Un solo momento. Y no, no deberíamos decir “hace 21 años que cayó el Muro”, sino, quizás, “21 años sin Muro”.

Sólo 11 meses después de aquel histórico 9 de noviembre de 1989, los trozos de muro se vendían ya con olor a pintura fresca. recién hechos para los turistas. La sociedad de consumo había irrumpido en la eufemísticamente llamada República Democrática Alemana que fue engullida por la RFA con la rápida reunificación.

En Gran Bretaña mandaba Margareth Tatcher y EEUU despedía al actor-presidente Ronald Reagan para recibir a papá Bush. Precisamente esos tres grandes mandatarios, los que sentaron las bases del neoliberalismo. Europa era una inmensa bandera roja con la socialdemocracia triunfante. Y todos nos pusimos muy contentos con la caída del Muro.

Y, vaya, resulta que hoy, 9 de Noviembre de 2010, unos entes llamados «mercados» ordenan a los gobiernos lo que tienen que hacer con sus ciudadanos. Los organismos internacionales actúan de portavoces de esos señores -muy pocos frente a la sociedad mundial- que buscan obtener obscenos beneficios a costa de lo que sea y, junto a agencias privadas financieras, “califican” y castigan países para que no se aparten de la ortodoxia neoliberal. Europa es una mancha azul, burocratizada, retrógrada y obsoleta, porque así la votaron los ciudadanos. Y, éstos, parecen creer en su propia culpabilidad, que se excedieron en gastos, que vivieron por encima de sus posibilidades, y se aprestan a apretarse el cinturón hasta la yugular si es preciso, porque un dulce manto narcotizador sale por pantallas, radios y periódicos. Más aún, se disponen a reforzar el liderazgo neoliberal por su propia voluntad. La socialdemocracia vencida, asimilada y obediente. Una ola de involución democrática sacude a la ciudadanía con todos sus anclajes.

Bush hijo lava su imagen. El pobrecito no quería usar la fuerza en Irak, no sabemos aún quién le convenció contra su voluntad, y es solo un ejemplar ciudadano «honesto y sencillo«.  Así quedará para la historia que reescriben. Tratando de traspasar el Muro de Berlín murieron en 28 años entre 136 y 250 personas. Cada año, en la frontera México-EEUU perecen 500 inmigrantes. Ni griegos, ni franceses en la calle detienen el dogma neoliberal dictado por Bruselas. Tampoco los alemanes logran parar un tren nuclear. Los poquitos que se animan a esas osadías en la Europa de más arriba. Aquí tenemos, entre otras muchas desgracias,  un molesto incordio con otro muro y una incómoda sociedad que se harta por nada, por sus condiciones de vida y por sólo llevar esperando respuestas desde mucho antes que cayera el Muro de Berlín, desde hace -durante- 35 años, cuando, siendo conciudadanos nuestros -vía colonia- España los dejó tirados.

¿Qué más podría decir? Que la bolsa de plástico en la que guardo uno de los trozos del Muro de Berlín amarillea. Que soy más vieja aunque puede que más luchadora. Que ya no coge el primer avión a Berlín el amor que no puede resistir mi ausencia.

Ayer hablaba con Javier Valenzuela en jugosa conversación, coincidiendo los dos, en el que el Muro fue una putada para quienes lo padecieron, pero para nosotros ha sido casi idéntica putada que cayera. Tras el se escondía… el primo de Zumosol. Sólo entienden eso. La dinastía alauita de Marruecos lo saca continuamente a pasear. Y entre eso y lo que algunos se llevan a sus bolsillos privados, queda todo como está.

Me perdonará Javier que utilice su brillante símil: “Ellos” juegan un partido de fútbol americano, nosotros un partido de tenis en campo inglés. Cuando nos dan una patada en la espinilla -los que reaccionan que tampoco son tantos-, llaman al árbitro. “Mire Vd lo que me ha hecho”. Y él se encoge de hombros. Y no, es que juegan en su campo y marcan las reglas. Lo que se disputa es un campeonato de fútbol americano, con zancadillas, puntapiés y lo que sea menester, no tenis británico. Habremos de jugar también fútbol americano. Y, para el rudo encuentro, parecen imprescindibles algunos primos de Zumosol. Así que aparquemos un ratito al menos el Muro y los recuerdos que la supervivencia se libra hoy, y con las reglas de hoy.

El agujero de las subvenciones públicas

Público da cuenta hoy de cómo la CEOE mantiene una red de asociaciones para captar ayudas públicas. Miles de abogados, técnicos, secretarias y profesores viven del entramado de más de 5.000 agrupaciones que dependen de la patronal, dice. Las ayudas van desde 20.000 euros a 20 millones según el tamaño. Por cada autonomía existe otra patronal que reúne a tantas subpatronales como provincias. No hay duplicidades, aseguran todas las consultadas. Está plenamente justificado que Confemetal, por ejemplo, una de las agrupaciones más fuertes de la CEOE, esté formada a su vez por 15 asociaciones nacionales y 68 regionales. Y que dentro de estas, la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia (Asime), por ejemplo, esté formada por otras nueve agrupaciones más.

Hace más de un año que dediqué a esa hemorragia de nuestro dinero un post. Desde entonces he ido recopilando más datos. Además de todas estas instituciones de las que habla Público, de Fundaciones al amparo en buena parte de poderosas empresas, calculo que en España puede haber como mínimo medio millón de asociaciones «sin ánimo de lucro«. Solo entre Andalucía, Cataluña y Madrid se contabilizan cerca de 150.000. Todas son susceptibles de obtener una buena provisión de fondos para sus actividades.

Hace poco reseñé el millón de euros que se lleva FAES por difundir su ideología, en tiempos en los que la “crisis” obliga a duros ajustes a los trabajadores y pensionistas. La fundación Ideas para el progreso del PSOE, saca también más de 900.000 euros. Y cantidades menores otros partidos. Digo yo que, con la que está cayendo, podían esperar un año al menos a «estudiar» lo que sea, o pagárselo ellos. Y no hablemos ya de las mil y una asociaciones pro-vida por ejemplo que, a manera de racimo como el entremado de la patronal, se diseminan por España. Ni sabemos si esas emisoras de TDT que tanto pontifican de la mañana a la noche reciben alguna ayudita, y así hasta el infinito.

Mi propia experiencia me remite a que propongo a un grupo de compañeros que salieron conmigo de RTVE por el ERE crear una asociación europea que piense en los ciudadanos lejos de los cauces oficiales. Que plantee los problemas que nos atañen y no los que manda “Bruselas”. Tras un brillante acto de presentación con Felipe González, me echaron de forma aparentemente ortodoxa. La principal discrepancia con un grupo de compañeros era la obtención de ayudas públicas que yo rechazaba. Y el lucro personal en nombre de la asociación. El resto apoyó a los disidentes. Ya tienen esas ayudas del Estado. Para reunirse una docena de personas, una vez al mes, en una sala que nos les cobra nada.  Para mantener una página web en la que siempre escriben dos o tres incluso con pseudónimos para que no se note. Para hacer, con alguna excepción, seguidismo de la UE oficial.

Al calor de esta experiencia, descubrí el entramado de los que viven de la idea europea, recibiendo subvenciones públicas que les dan para despacho y secretaria,  y cobrando personalmente por sus conferencias. Hay un profesor universitario que está en al menos cinco asociaciones en diferentes cargos. Dios me libre de afirmar que no es legal, pero algo raro sí suena. Y si esto existe para Europa, multiplicad por intereses varios de los españoles.

Lo peor en este caso es que, al mismo tiempo, grupos que realizan una labor encomiable no reciben ayudas, o no las suficientes. Eso es lo terrible.

En el post de hace un año, hubo un primer comentario extraordinariamente interesante porque provenía de alguien con profundo conocimiento de causa. Extraigo algunas ideas.

«Bajo el epígrafe de asociaciones o Fundaciones, lo que llamamos ONG se compone de forma masiva por instituciones que toman a su cargo responsabilidades que el Estado no quiere atender, y que se convierten al hacerlo en formas amables de privatización. A veces inconscientemente… hasta que llegan otras “fundaciones” (algunas enlazadas en este post) a ofrecerles servicios “profesionales”. Y hablan de “profesionalización”, de responsabilidad… pero nunca hablarán de comités de empresa, y cuando lo hacen es -caso de la Cruz Roja en 2003- cuando la situación de sus trabajadores es insostenible.

En algunos casos, empresas privadas, farmacéuticas, bancos, cadenas de comida rápida y ETT patrocinan o promueven auténticas OPAs sobre asociaciones o Fundaciones con el propósito de desgravar, cuando no de blanquear dinero. O imagen.

En otros, Universidades envían a sus estudiantes a trabajar gratis como becarios en estas instituciones: ya ocurre en el ámbito privado, pero se da el caso de que organizaciones que hacen campañas para respetar los derechos de los cafetaleros de Nicaragua, por ejemplo, tienen becarios haciendo el trabajo de profesionales, o contratan via ETT a recaudadores o captadores de socios en plena calle.

Y todo esto, de forma legal.»

   Toda esta falta de clarificación y control crea un profundo descrédito en asociaciones y movimientos que sí pretenden y que sí logran hacer algo por los demás. Como en tantas otras cosas el «todos son iguales» es una peligrosa arma.  Y, con ser muchas las irresponsabilidades generalizadas, ésta es una de sus consecuencias más perversas. Se carga labores efectivas y generosas que nadie más realiza. Vean las administraciones también qué hacen dando dinero a patronales destinadas a lograr beneficios privados. Ponga orden el Estado en esta maraña. Orden y rigor en el uso de nuestro dinero.

De los altramuces a la lechuga y el caramelo envenenado

Postre de El Bulli

Seguramente uno mira, escucha, comparte, vive, para nutrirse y deleitarse. Y volver a comunicar a otros, quizás, las mejores recetas que logren alimentarle y darle fuerza. La lectura de la prensa de la mañana, de toda la información de estos días, me ha llevado a curiosas asociaciones.

Dieta rigurosa nos exige el Papa de la iglesia más mimada de la historia española, hoy más que nunca, como resume a la perfección Juan González Bedoya. Ásperos garbanzos recocidos sin esperanza. Altramuces. Borrajas lavadas. Un hueso de tocino. La aceituna vacía. Y el mandato inapelable de la obligada ingestión hasta dejar el plato limpio. La purga diaria.

Los gatos cocinados –pobrecitos míos- bajo el epigrama de liebres que nos brinda la economía. El arroz y el maíz a palo seco, sin costosas proteínas, que nos preparan para igualar a la sociedad en la pobreza que renta desorbitados beneficios particulares. La anorexia que detiene la garganta ante la mesa, la bulimia que se desencadena ante el estragante menú de obligada deglución.

También he recordado los caramelos al leer la excelente entrevista de Millás a Felipe González -las buenas entrevistas son las que logran respuestas-. No sabría precisar el mecanismo. Un caramelo que entra suave y apetitoso, pero que no siempre responde al contenido enunciado. Uno precisa endulzar sus días por encima de todo. Pleno de sabores –meloso, agridulce, picante, exótico y narcótico-, con la promesa de ricos nutrientes que, a veces se catan en esencia, hasta embriagar, los de mayor calidad contienen veneno –parece casi imposible la perfección del dulce sin tropiezos-. Sutil, bajo el brillante envoltorio y las sustancias que atrapan. Paladear un caramelo -aún envenenado- si no mata, con soportables efectos secundarios, estimula a vivir. ¿En la cuerda floja?

Cuando se ha probado, y se ha consumido, y  duele el estómago en el recuerdo, solemos emplear la razón para elegir una alimentación saludable. Verduras y hortalizas, proteínas sin grasa y a la plancha, fruta, algunos derivados lácteos, todo light, por supuesto. El BOE con toda su información. Mucho más sanos, se puede llegar a sentir que los días se arrugan como las lechugas e incluso ver que la crisis merma las ofertas y restringe cantidad y calidad del menú.

Sin imaginación, nunca llega el presupuesto. Mi sopa de calabaza de hoy lleva ajo, cebolla, puerro, acelga, apio, patata, sal y pimienta, y, sobre todo, generosa ración de cilantro. Sin él no sabe igual. Los jarretes de cordero que enriquece y contrasta con alcachofas la cocina aragonesa. Uno es lo que come. Para vivir. Para comunicar y compartir. Es mi receta. A falta de los sabrosos postres soñados que, sin duda, están en el mercado.

No tiene nombre

Con todo lo que está cayendo –y hablamos a diario- y anda el personal revolucionado por la osadía del gobierno socialista de marras que quiere acabar con la primacía del apellido paterno cuando nace un retoño. Hierven las tertulias, las portadas de los periódicos, los señores con bigote amantes de la tradición en las encuestas callejeras. Con Belén Esteban, no se habla de otra cosa.

Mi estupefacción se desborda. Desde 1999 rige en España una ley que autoriza a inscribir a las criaturitas con el apellido del padre o de la madre indistintamente. Aquí tenéis el texto. Gobernaba el PP y Rajoy era ministro. Ocurría, tal como argumenta la ley en su exposición de motivos, que la ONU en persona y el Comité de Ministros del Consejo de Europa habían tirado de las orejas a España por no haber erradicado las políticas sexistas en este punto. Y se hizo la ley, sí señor. Pero, al parecer, se sembró el terreno de trabas burocráticas. Y, en caso de discrepancia de los progenitores, se imponía el apellido paterno.

La modificación actual de la ley pretende aparentemente que se cumpla algo más la letra de la anterior. Y punto. El orden alfabético es sólo para casos de discrepancia. No se van a perder por tanto los apellidos con las últimas letras del abecedario. Si todas las parejas se pusieran a discutir por ello más valdría que se separaran. Y-lo que es más sorprendente- se lleva tramitando desde Junio sin que nadie haya dicho ni media palabra. ¿Por qué tras 5 meses de deliberaciones –que ya les vale- y sin haber concluido éstas se monta ahora semejante ruido? Los caminos de la venta de periódicos y de obtención de votos son inescrutables.

Ante la masiva ignorancia ciudadana, periodística y política, los críos podían llevar el apellido de mamá desde hace 11 años ¡Qué osadía! España no es un país machista, ni sexista, ni nada ¡qué va!, nos cuenta El Mundo que «Destacados intelectuales apoyan un manifiesto en defensa de Sánchez Dragó». Son unos 15 – no me he molestado en contarlos-, bastante trasnochados y retirados. Es muy entrañable su manifiesto en tono panfletario. No a la quema de libros. Dicen –como la Presidenta de Madrid que da trabajo a Sanchez Dragó en la cadena pública de televisión- que lo que cuenta el escritor es literatura, entendiendo por ella ficción cuando se trata de un ensayo. Pues ha dado detalles en varias ocasiones. No solamente se aprovechaba sexualmente de niñas, sino que luego las ponía a fregar. Servicio completo.

Los gobiernos nacionales tienen poco margen de maniobra. Los “ajustes” sociales se los impone el FMI, Bruselas, y hasta Obama –sin aprender la lección- al teléfono. Los cuatro millones de parados no son un problema sino un proyecto… para convertirnos en China, como dice mi sabio hijo. Pagar, pagamos en buena parte a ayuntamientos y comunidades autónomas, y a las empresas privadas de lucros privados a las que entregan nuestros servicios. ¿En qué pueden entretenerse el gobierno central y el parlamento? ¿y los medios informativos? ¿Y los políticos que de tanto salir en las teles ya no parecen tener casi de qué hablar? En la semántica.

Parodiando el viejo chiste, en esta inmensa taza de té en la que vivimos, lo que está ocurriendo no es que no tenga apellido, lo que no tiene es nombre.

En el eterno día de la marmota

Imagen encontrada en http://www.librodenotas.com

Siempre me ha fascinado el funcionamiento de esa masa blanda, llena de conexiones, que se ubica en la caja craneal y que rige nuestra vida en todos sus extremos. Hasta el corazón está en el cerebro, por supuesto. Los avances en investigación no han logrado conocer más que un 10% de sus mecanismos, y así lo repiten una y otra vez los expertos.

La memoria, como función esencial. Años leyendo sobre ella, e incluso trabajando -modestamente- en su análisis y divulgación de alguna manera, quizás porque he visto perderla a mi alrededor. Los humanos no somos nada sin memoria porque es lo que nos permite conocer la génesis del presente y permite diseñar las pautas del futuro.

Es cierto que nuestro cerebro, al igual que el disco duro del ordenador fabricado a su imagen, no puede almacenar los recuerdos de toda una vida, y selecciona para conservar lo que le parece, sin que apenas se sepan los criterios de su elección. Normalmente, parece que se fijan más los ligados a emociones, o a la importancia que les hemos dado en el momento de experimentarlos. Y, como cualquier órgano del cuerpo, el cerebro, la memoria, se mantiene en mejor estado si se ejercita.

La más grave afección neurodegenerativa –no la única- es el Alzheimer. Se acumula en el cerebro una cantidad anormal de la proteína beta-amiloide, como una masa informe que corroe o fríe el cerebro –permítaseme la licencia- y termina por extenderse y afectar prácticamente todas las funciones. No se conoce la causa.

Obama tendrá que cambiar de conducta, ha sido un chico muy malo. No lo suficiente, con seguridad. Pero defraudó a sus votantes que no parecen conocer las dificultades del mundo en el que vivimos, y los indefensos desmemoriados creen que arreglarán sus problemas los causantes de la crisis, precisamente ésos. Ha comenzado ya la rehabilitación de nuestro amigo George Bush. Y se conseguirá, vaya que sí. Como se consiguió la de otro admirado y entrañable pariente, José María Aznar. Un millón de euros le hemos dado de nuestros bolsillos para extender su ideología. Y eso que tiene un buen sueldo del emporio mediático que sustenta la “revolución” conservadora estadounidense, y, que decide con sus calculados mensajes sobre nuestras vidas y haciendas. Textualmente. Cada día reescribimos la historia.  Como una beta-amiloide artificial, degenerada, inyectada, inducida y desbocada. Llega un momento –y no muy tarde- en el que los enfermos de Alzheimer no saben dibujar un reloj, precisamente. Triste metáfora. El tiempo les ha ganado la batalla. Han perdido su identidad, el recuerdo de sabores, olores, afectos, miradas, paisajes. Cada día se nace a la vida, aunque no para vivirla. Una fría araña teje torcidas las redes del cerebro.

¿Y si lo contamos en un reality show?

 Me pregunto si la historia funcionaría en forma de docudrama o reality show, con actores o personajes populares. Es tan obscena que arrasaría y solo parece fallar la fórmula de su presentación al público. Alguna empresa -honrada- debería patrocinarnos para distribuir palomitas al personal y que se encuentren más cómodos mientras contemplan el espectáculo.

   Recordémoslo una vez más. Hace 2 años el sistema financiero cae por sus muchos excesos, tras dar el aviso un año antes con las hipotecas subprime y sin que nadie haga nada. Las grandes torres se desintegran, pero los gobiernos democráticos acuden solícitos a ayudarles entregándoles el dinero de los ciudadanos para que se mantengan. Convierten en pública su deuda privada. Este gráfico muestra cómo se ha invertido más en ayudar a los bancos que en todo el gasto de todas las partidas juntas. La parte en color ocre es lo que hemos regalado al «sistema» para afianzarlo.

   Había llegado la hora de la política nos dijeron. Pero no. Había llegado la del asalto definitivo al poder. Ahora los gobiernos deben millones a los bancos a consecuencia de su desembolso para ayudarles -es decir, les debemos los millones que les hemos prestado ¡y con intereses!- , y el gran poder financiero –con sus soportes mediáticos- es quien dicta las normas. La ciudadanía debe empobrecerse para que ellos sigan obteniendo cuantiosos beneficios y hasta comprándose bancos de otros países. Y la sociedad no se entera. O no actúa.

    Los republicanos han ganado el midterm. Javier Valenzuela nos cuenta que esto ya ha pasado otras veces sin que tenga grandes consecuencias. La diferencia, quizás, es que el triunfo conservador se debe al irresistible ascenso del Tea Party, un movimiento deleznable pero que provocaría risa si lo juzgara una sociedad con criterio. Los «belenesestebanesperanzasaguirresrojoyesmayoresorejastorquemadas» de la política. Merecería la pena ir asignando papeles para nuestros reality show.

Dice Javier Valenzuela:

 “¿Qué se puede hacer frente al hecho de que millones de norteamericanos se hayan creído lo de que Obama es musulmán y comunista, el cambio climático no existe y los ricos y las grandes empresas pagan demasiados impuestos? Definitivamente, Estados Unidos es «a country of believers». Basta con pensar que allí muchos creen que Elvis vive, los marcianos se aparecieron en Roswell (Nuevo México) y la teoría de la creación de la Biblia es absolutamente cierta. No debe extrañar que se crean lo del Tea Party”.

   Obama, como Zapatero, minusvaloraron al poderoso enemigo. Tenían que haber actuado con un radicalismo extremo para desmantelarlo. Para mantener la dignidad del mandato que les habíamos conferido, por el que fueron elegidos. Probablemente ya no hay remedio, ellos ya no lo tienen. Pero resulta paradójico que se entregue todo el poder al mismo neoliberalismo que provocó la crisis y que nos mantiene en tan precaria situación. Sigue diciendo Valenzuela:

   “Sin la intervención enérgica de Obama es muy probable que Estados Unidos hubiera caído en una depresión de caballo, como la que tuvo que remontar Roosevelt. Pero muchos de sus votantes de 2008 no son conscientes de ello porque nadie se lo ha dicho alto, claro y constantemente. Al contrario, muchos progresistas han ido asociando a Obama con el salvamento de un Wall Street nada agradecido. Y no poca gente se ha quedado con la copla neoliberal del incremento del déficit público, olvidando dos cosas: que ha sido por una buena causa y que el republicano George W. Bush, que heredó superávit de Clinton, dejó las arcas públicas hechas unos zorros con las aventuras militares de Afganistán e Irak.”

   Se habla ya en EEUU de desencadenar una guerra con Irán “para reactivar la economía”. Yemen tampoco anda muy lejos del punto de mira. Surge una más que sospechosa epidemia de bombitas supuestamente terroristas. El manual aplicado en todos sus extremos. La xenofobia y el conservadurismo más atroz se extienden por el mundo como mancha de aceite. Escuchamos  declaraciones de una pornografía intelectual y moral, incluso en España, que ofende el gusto y la inteligencia, sin inmutarnos. Algunos aplauden. Y los líderes europeos ya preparan también unos acuerdos” de armamento nuclear. Paso a paso, hasta la tercera guerra. De ésa, no saldremos vivos.

    Un líder republicano estadounidense decía esta mañana que «van a devolver el poder a los ciudadanos» -que les ha quitado al parecer Obama extendiendo la sanidad a quien no puede pagarla, por ejemplo-. Los ultras neoliberales adelgazarán el Estado. Rajoy también. Sí, devolverán, acrecentarán el poder de unos ciudadanos sobre otros, no cabe duda. El Estado somos todos, nos lo están robando, nos lo estamos dejando robar.

No basta con indignarse o resignarse al «viva las caenas«. Educación e información son el antídoto a todo esta barbarie. Repetir, por ejemplo, cada día el mensaje de Network, abriendo con él todos los telediarios libres y responsable, si los hubiera.

Y, sin embargo, hay soluciones. Empezamos a buscarlas…

Network: lo habían avisado

«Network» es una mítica película estadounidense, dirigida en 1976 por Sydney Lumet y en la que Peter Finch realiza una interpretación memorable –por la que recibió un Oscar, de los 4 que tiene el filme-. Pasados los años, no hace mucho, en 2006, «Network» fue elegido como uno de los 10 mejores guiones cinematógrafios de todos los tiempos.

Han pasado 34 años desde 1976. España amanecía a la democracia sin limpiar el subsuelo de reaccionarias bombas de relojería. En Chile, tras la muerte de Salvador Allende, se encontraba en todo su apogeo la puesta en práctica de las doctrinas neoliberales de los Chicago Boys. Rusia y sus satélites permanecían impertérritos tras su telón de acero y ni por asomo se vislumbraba su caída. Aún tenía que soltar su podredumbre fuera de sus límites para enfangar la socialdemocracia. Por entonces la URSS era el “malo” oficial. Siempre lo hay. Y, eso sí, los televisores más grandes tenían 21 pulgadas.

Iba a llegar un mundo perfecto. De accionistas. Dirigidos naturalmente desde las secretas mesas de los consejos de administración. Howard Beale, el personaje interpretado por Peter Finch, pasa de ser un presentador de noticias profundamente harto a casi un predicador más harto todavía, pero ya utilizado por la cadena para obtener beneficios, dada su alta audiencia. Hace 34 años.

Tan embobados como entonces, contemplamos hoy cómo el PP se dispone a vender a manos privadas lo poco que nos queda del Estado, nuestro, de todos. Y embobados les votarán. Claman los demócratas estadounidenses ante el imparable ascenso de un Tea Party ultraderechista, inculto y folclórico, tratando de recordar a los desmemoriados que fue el neoliberalismo de Bush y antecesores el causante de la crisis que padecen, que votarles es atar las manos para reformas. No pueden tampoco hacer mucho los gobernantes progresistas: el Network, la Red de los negocios, es losa ineludible y rige nuestros destinos. Ya lo avisaban. Hace 34 años.

Hoy al tubo catódico se le suman muchos más tubos impresos o digitales. El periodismo que colabora, el que no denuncia, como gran culpable. Atado y bien atado nuestro presente y futuro, 34 años después. Y qué enorme coincidencia. Había crisis. Tremenda.

El periodista Howard Beale concluye su alegato en un grito de previsible final. Un oportuno terrorismo de diseño calla su voz. Y –no se ve ya en el vídeo- la secuencia de su muerte se ofrece a la audiencia mezclada con anuncios. Y aplauden. Zombies, aplauden. Network es una red. La única esperanza es que hoy tenemos otra red de ciudadanos que –aún- no controlan absolutamente.

Pero hay más alternativas…

Gracias a Piezas por los apaños, y a JA por su rica conversación que trajo este recuerdo.

Españoles, cada día más europeos

  Mi viejo sueño de que los españoles seamos tan europeos como solían serlo los ciudadanos del lado norte pirenaico –antes de que llegara la UE con la guadaña azul-, está más próximo a cumplirse. La crisis de los no ricos ha cambiado nuestros hábitos de consumo. Ahora invertimos más en todo lo que implica estar en casa –gastos corrientes de luz y electricidad-, alcohol y tabaco… y eso sí, telefonía. Nos quedamos en el dulce hogar pero llamando a otros ¿para paliar la soledad? ¿el hastío que produce la convivencia quizás? Al mismo tiempo ahorramos en comida –que en los españoles es algo contra natura- y en salud y educación que ya se sabe son cosas superfluas.

   Veo grandes paralelismos con los más arraigados europeos. Ellos también prefieren permanecer al cobijo de sus paredes, sobre todo por no gastar. Tampoco derrochan en comida. Los holandeses por ejemplo emplean en esa partida el 15% de sus ingresos, mientras nosotros hemos llegado a dilapidar la mitad de lo ganado en viandas. Le dan a la bebida más que nosotros por lo general, en contra de la fama extendida. Para ellos educación y salud sí son prioritarios. Y se comen sus soledades y frustraciones, con unos buenos lingotazos o con pastillas, en lugar de llamar por teléfono que es caro.

 

    Claro que esta casa en Lund, Suecia, de tres plantas, con este jardín…

Cuesta 400.000 euros. Y ganan el triple que nosotros. Ese prototipo europeo nos interesa ¿a que sí? Mirad la frutería. Hace 2 años, pero los tomates costaban el equivalente 2 euros. El kilo naturalmente.

   En su empeño de homologarnos a los europeos, el futuro inquilino de la Moncloa casi por mayoría absoluta ha elegido el modelo británico de Cameron. No tiene muy claro cuál es ese modelo pero le suena bien, declara que «da confianza». De acuerdo, aceptamos los recortes de los ingleses, pero por favor queremos todo el paquete completo. también ellos ganan el triple que nosotros, ni un subaltero cobra menos de 1.000 euros, y así se aceptan de mejor grado los ajustes.

   Puestos, hasta no nos importaría ser como los franceses, que ganan el doble, con una inversión cercana al 30% en gasto social (frente al 21% español), y que se jubilan –para su irritación- a los 62 años, tras el duro ajuste decretado por Sarkozy.

   Rajoy medita nuestro futuro, entre lo que sabe y no sabe, dice y no dice, pensando por encima de todo en la moral de nuestros ancestros. En eso España es y debe ser diferente, reserva espiritual del mundo entero. ¡Matrimonio homosexual!, ¡no, no, eso no puede ser!, esas cosas se hacen a escondidas. Y aquí le vemos sonriendo dulcemente en su despacho, atesorando esa foto tan tierna a su izquierda que preside la estancia.

Otoño 2010: programados para la melancolía y el miedo

Pues sí, ha amanecido nublado y esta pobre España en crisis ve cómo millones de personas que nunca se van de puente -nunca jamás, es que jamás se va nadie de puente- lo van a pasar entre lluvia y viento. Para colmo de males, nos cambian el horario y –leo en un titular- “una hora más que da paso a la melancolía…”. Y como las desgracias no vienen solas, es noche de muertos, masificados y caricaturizados ahora por costumbres foráneas. Muertos al fin y al cabo.    

Y cosas más serias. Se ha ido un hombre coherente y muy bueno, y ha dejado a una viuda hermosa y sólida que parece resumir la historia de la mujer en España. Y recordamos, en el centenario de su nacimiento, al Miguel Hernández de todos los tiempos. Al que cantó a los «vientos del pueblo» pero también a la pasión y la derrota presentidas desde que uno descubre que su corazón late algo más deprisa que los de la prudente mediocridad.

Como el toro te sigo y te persigo,

y dejas mi deseo en una espada,

como el toro burlado, como el toro”.

Y ni siquiera acaba aquí la tragedia. En el ordenamiento social de la codicia, la desfachatez, la opresión y la conformidad, llega el cíclico temor al terrorismo. El miedo como excusa perfecta para apretar tres agujeros más el yugo en el cuello. Nunca el terrorismo ha ocasionado un cambio de régimen, a no ser los provocados por reacción a manos del orden establecido, como sucedió tras el 11S. Y hasta por contaminación se producen más víctimas que por atentados (16.000 al año en España). Mas, a todos los niveles, mientan el miedo para provocar el silencio, la inacción. Nos programan para la melancolía y el miedo, nos programan simplemente.   

 No nos engañemos, dentro de 100 años, todos muertos. La fecha es casi una anécdota. “Es posible que los valientes no vivan mucho, los cobardes no viven nada”, escuché en una película no especialmente sesuda. Y en otra (Out of Africa): “Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias”. Si la luz no entra diáfana por la ventana, fuerte y rotunda, es que nació viciada. Evita las componendas. Y alégrate cuando los dioses te perdonan. Ya lo has hecho otras veces.    

 Por lo demás ¿Es posible encontrar una estación más bella que el otoño? El de toda la gama cromática. En la naturaleza que crece o en el sol que pasa del blanco al dorado fuego, iluminando, calentando, sin quemar. El que trae día grises para la reflexión y lluvias apaciguadoras. El que permite mirar al año vivido y al futuro que aguarda. Para saber que somos nosotros mismos quienes componemos nuestra propia vida.

 

Aguirre, Cospedal y la literatura

   La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, no considera punible que el colaborador de Telemadrid Fernando Sánchez Dragó, haya confesado en su último libro –cuyo título no cito por no hacerle publicidad- que se acostó con dos niñas de 13 años en Tokio en 1967, cuando él tenía 31. La historia con las que él llama «putitas» ha sido ya ampliamente difundida.

  Aguirre, antigua ministra de cultura, apela a la «literatura«, pese a ser un libro de no ficción. La ficción inventa, la no ficción supuestamente no. Pero la Presidenta de Madrid declara:  «La historia de la literatura está plagada de relatos de actos absolutamente reprobables. García Márquez, Henry Miller, Gil de Biedma… ¿Qué pasa, que hay que quemar los libros en la hoguera? ¿Hay que quemar a los autores?». Por tanto, el escritor seguirá haciendo su programa en la televisión pública madrileña.

   Esperanza Aguirre no consideró seguramente «literatura» una tribuna de opinión de Eduardo Haro Tecglen hace 5 años, poco antes de que él falleciera:

   «En el número de ayer de EL PAÍS, su colaborador habitual Eduardo Haro Tecglen se permite calificarme de cristianofascista.

En primer lugar, tengo que decir que lo de cristiano pertenece a la esfera de las creencias más íntimas y, en todo caso, ignoro por qué Haro Tecglen se permite utilizarlo.

Y en segundo lugar, quizá para Haro Tecglen, fascista no sea un insulto, pero para mí sí lo es, y de los peores. Yo siempre he sido, y sigo siendo, inequívocamente liberal, que es la ideología que más perturba a los servidores del totalitarismo.

En cambio, la trayectoria de este señor, que es de todos conocida, le ha permitido, dada su longevidad, escribir sin solución de continuidad a favor de los totalitarismos más nefastos de la historia del siglo XX: en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez fue defensor del estalinismo y del comunismo.

Quizá por eso Haro Tecglen se considere un especialista en detectar actitudes fascistas en sus prójimos. Si es así, le reto a que encuentre, en mi ya extensa carrera política, un solo gesto, actitud, declaración o decisión donde yo haya incurrido en alguna posición fascista».

  Dónde va a parar calificar de «cristianofascista» a una persona que la pederastia confesa. Vivimos en un cuento de hadas, sin brujas ni nada. Y con muchos, muchos, enanitos.

Tony Garrido ha encontrado en el archivo de RNE a Sánchez Dragó haciendo apología de la prostitución infantil en 1986

Cospedal y Pedro J. Ramirez también adoran la literatura, de la peor calaña. La realidad, la no ficción, se sustenta en una muy fundamentada sentencia judicial que se molestó en desmontar esta sucia patraña -urdida por dinero y poder-, pero en este caso da más réditos la «literatura». Y los enanitos siguen embobados escuchando.