La Red

Viven en mundos endogámicos regidos por sus leyes. Apenas atisban lo que sucede alrededor, salvo para rechazarlo y combatirlo con miedo o con soberbia. En alguno de ellos aún andan empecinados en limitar el hecho social a normas morales que marca un dios desvirtuado por sus supuestos herederos en la tierra. Todo su horizonte se reduce al aborto, el matrimonio homosexual o los símbolos religiosos. En otro, se les observa atrincherados en un teórico poder de decisión, creyendo que cuatro leyes progresistas (aunque bienvenidas sean) solventan el gran caos en el que estamos viviendo. Recelosos, solo escuchan las voces de los amigos que piensan pueden sostenerles. Estos y muchos otros cuerpos celestes, etiquetados como políticos, se caracterizan por una gran cortedad de miras. Ven únicamente, como digo, los extremos de su territorio, su propia ordenación social. Hay también pequeños planetas ocupados por intereses sectoriales. Atesoran viejos privilegios y no piensan en que cada día giran sobre sí mismos y, aún menos, que lo hacen en un conjunto sideral. Se dedican a muy diferentes menesteres, pero todos se comportan de similar manera. Sobre todos ellos circula un sistema de astros habitados, enlazados entre sí en este caso, con una exigua pero poderosa población que se mueve entre el lujo y el boato. Ellos sí saben el universo en el que viven. Y lo usan.

Nunca antes existieron estos submundos aislados, o no de esta forma, porque nunca antes, tampoco, estuvieron sin saberlo tan conectados. La sociedad entre tanto sobrevive como puede. Unos se mueren literalmente de hambre sin tener qué llevarse a la boca, otros caminan como autómatas de tienda en tienda porque todas las Rosas Márquez cósmicas les ordenan consumir. Ninguna novela o película de ciencia ficción llegó a imaginar este escenario. Pero la mente humana no se detuvo como deben creer, a tenor de sus actos, esos mundos paralelos. Gracias a la innovación y la creación, hemos llegado a conectarnos en Red. Y hoy es posible saber, por encima de todos los reglamentos oficiales, que en cada crisis de este injusto sistema universal, la élite se forra mientras se empobrece más la ciudadanía, mermando de crack en crack su poder adquisitivo.

Los mundos endogámicos siguen girando a su aire. Sordos, ciegos, inútiles. Pero algo sospechan y por eso, movidos por los viejos esquemas, quieren destruir la trama social. Censurar Internet, acabar con ese molesto incordio. Cerrar páginas como prevé la nueva ley de Zapatero/Sinde/autores. Considerar más delito enlazar una información –para que cada cuál se surta a su critero- que “refritar” noticias, sin elaboración propia, como hacen cada vez más los periódicos oficiales. Los editores de prensa piden al gobierno que prohíba google news y los agregadores. Un juez sentencia cárcel e inhabilitación a dos periodistas de la SER que cuentan la verdad, pero lo hacen en una web.

Este gobierno y todos los demás. Puertas al campo, como reflexiona hoy el en teoría socialista –tan en teoría como casi todos los demás- Rodríguez Ibarra. Una joya, no os lo perdáis.

Hoy hace un año que empecé este blog. Justo hoy. Fue una gran idea. Porque hoy hace dos años, exactos también, firmé mi último reportaje en Informe Semanal. Hay regalos en serie, y hay regalos perfectos. Aquella noche de Reyes de 2008, recibí una brújula. Clásica, para orientarse. Tenía que encontrar mi camino en la dura tormenta. Hoy, gracias al blog, siento que sigo ejerciendo el periodismo, aunque mi empresa, como tantas otras, decidiera prescindir de los servicios de los mayores de 50 años y condenarnos a jugar a la petanca o aprender inglés y mandarín. He descubierto a gente, a vosotros, que me habéis llenado intensamente. He afianzado relaciones con otros a quien intuía, que se mueven en el siglo XXI, mucho más sanos y menos resentidos que algunos viejos colegas. La brújula servía, entre otras muchas cosas, para… navegar en la Red, y en la vida.

Esos mundos que se mueven tan ajenos a nosotros, a todos nosotros, a la sociedad en general, son nuestros cánceres en realidad. Estamos enlazados y podrán intentar torpedearnos con sus bilis putrefactas, pero no acabarán con lo que nos une, porque es imparable. Somos la argamasa que mantiene en pie el tinglado, su tinglado. Ha llegado la hora de salir también de ese planeta donde los sombreros son en realidad serpientes boas que digieren elefantes y los corderos se comen -o no- las rosas. Mundos de ocupantes únicos, hay que seguir dándose la mano. Virtual y real. Somos el tejido, el que forma músculos, órganos, huesos y conduce la sangre, la respiración, la vida. Y, por tanto,  quienes dictan las normas.

Por cierto, ¡gracias! 🙂

La experiencia de escribir un blog

Acabo de soprepasar las 30.000 vistas en poco más de tres meses de vida del blog. El primero fueron muchas menos, lógicamente, ahora ya la media está en unas 500 diarias (muchas gracias, por cierto). Cuando me reproduce http://www.escolar.net, salta incluso a las 2.500 y más. Si alguien lo hace en http://www.mename.net suele ponerse, si la noticia marcha bien, en unas 1.500. Otros medios aportan desde 10 a un centenar diario -en el caso, por ejemplo, de El Plural-.

 Toda la vida dedicada al periodismo, me quedo huérfana de trabajo, y un par de personas que me quieren me aconsejan que escriba un blog. Pero yo no sé informar para mí misma o cuatro amigos, como si les sucede a algunas personas que conozco. Así que como una cría con zapatos nuevos, exploro esta maravilla de wordpress donde me cuentan con pelos y señales todo lo que afecta a mi blog, con gráficas y todo, y asisto a los ascensos maravillada.

Entre mis lectores -porque evidentemente tengo lectores- hay con seguridad expertos en este mundo, otros son novatos como yo. A éstos sobre todo dedico algunas reflexiones. Lo primero que me sorprende es el hecho de que te reproduzcan y el cómo. No pongo objeción alguna, al contrario, los derechos de autor que defiende la SGAE por ejemplo, deben ser para soporte físico vendido y cobrado. Ni la información ni la cultura deberían ser una industria, sino un servicio a la sociedad. Así que encantada con ver difundido lo que escribo por este medio. Pero es que me he encontrado algunas entradaa del blog, como artículos aparentemente escritos para un par de periódicos de papel. Creo que uno era de Canarias. Sin hacer referencia al blog. Eso ya no me gusta tanto.

http://www.meneame.net es un mundo en sí mismo. Para los párvulos en la materia les diré que se basa en que los lectores envíen noticias que luego son votadas. Pasar a portada te inunda de visitas. Para fomentar la diversidad, existe un baremo que es la entropía. No puedes repetir los envíos. Dado que casi todos los periódicos cuentan lo mismo y de la misma forma, y que apenas dos o tres elaboran algo más sus contenidos es un problema. Por eso, los lectores y votantes, buscan debajo de las piedras algo nuevo. Y se apresuran a enviarlo antes de que lo haga otro, porque como dupliques la noticia lo llevas crudo, te fríen a negativos. Por una razón o por otra, pueden llegar a echarte del sistema. Pretenden que sea algo muy democrático.

  Entre sus incontables ventajas está que te enteras de todo lo que ocurre al instante. Sólo que la relevancia de las noticias aparece como muy aleatoria. Falla en los primeros estadios, antes de llegar a portada, donde unos usuarios llamados “trolls” (un vocablo de Internet que define a quien quiere provocar y arruinar la conversación) hacen uso de su ideología para desacreditar una noticia. Os pongo un ejemplo. Hoy, he visto que subían las visitas procedentes de meneame. Alguien llamado Lindeloff -a quien no tengo el placer de conocer- me había publicado. Otro usuario que suele enviar noticias de libertad digital pero -a quien el sistema sí tolera- le ha puesto voto negativo acusándole de spam. Mi pobre entrada sobre la sanidad se ha quedado famélica, ya nadie la leerá allí. ¿Pasa algo por eso? No, realmente no, la información ya apenas mueve nada y hay muchas formas de mimar al ego. Sólo que no me parece lógico.

Estoy muy ocupada estos días organizando un acto grandioso -ya os contaré-, pero realmente -de disponer de tiempo- no se puede negar que el que hoy se aburre es porque quiere.

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