La mujer es asunto… de mujeres

La discriminación de la mujer parece competer fundamentalmente a las mujeres. 8 de Marzo, un nuevo Día Internacional para nosotras. Público es el único diario que hace un amplio despliegue para tratar la problemática femenina, pero todos sus artículos y opiniones están firmados por mujeres. A destacar «Mujeres y Poder» escrito por las presidentas de Finlandia y Liberia, rara avis en el panorama mundial donde la mayor parte de los puestos de decisión están ocupados por hombres.

 Es como si los asuntos de los niños fueran tratados únicamente por ellos mismos, o todas las minorías tuvieran que sacarse sus propias castañas del fuego. Regla de la ley de la selva, pero no de una sociedad democrática. Todos los problemas son asunto de todos. Más aún cuando la mujer es mayoría en la población mundial y vive, trabaja, sueña, sufre y ama codo con codo con el hombre.

Público comienza con un ingenuo reportaje en el que nos cuenta que las jóvenes no se sienten discriminadas. Imagino que ese espejismo se da en la Universidad, pero las cosas son distintas en la calle. Que la mujer cobra menos por el mismo trabajo es un dato, una cifra redonda. Que realiza en general el 70% de las labores del hogar, además de su ocupación fuera de casa, otro.

Es innegable el salto dado en España desde que en 1975 se estableciera como año Internacional de la Mujer y decidiéramos aprovechar las alas de la libertad para reclamar nuestros derechos. Los gobiernos de José Luís Rodriguez Zapatero -uno de los pocos hombres y (menos aún) gobernantes realmente feministas- han logrado un avance sin precedentes en la igualdad de sexos. Pero la batalla hay que darla en la sociedad, en casa incluso.

En el mundo, la discriminación de la mujer sigue siendo un problema lacerante. La mayor parte de las legislaciones del mundo tratan de forma diferente los derechos de mujeres y hombres, según informes de la ONU. En 53 países no es ilegal, por ejemplo, la violación dentro del matrimonio. Y las mujeres son dueñas de tan sólo el 1% de la tierra.

Hace tiempo que descubrí la razón última que nos ha convertido en ciudadanas de segunda a lo largo de la historia. Y así lo escribí en El País:

«Con todo, la razón fundamental de la desigualdad se centra en la capacidad de la mujer para gestar una vida. Se puede materializar o no, pero existe la «amenaza». Supuesto germen de fragilidad, nido eterno, condicionará su vida. Ese vientre -que se abulta durante nueve meses y que algunas veces, a algunas mujeres, les saca del trabajo- es un obstáculo especialmente para el desarrollo económico. Y, lo que es peor, hace reaccionar a la mujer con sentimiento de culpa porque obstruye ganancias propias y ajenas».

Sigue leyendo el artículo, si te parece. Y a ver si el año que viene una legión de hombres se apunta a hablar de la mujer, mientras nosotras nos ocupamos del resto de las cosas que nos atañen. Desde la política internacional a la física cuántica, si es el caso.

Los suecos no quieren pagar la boda de la princesa

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Los suecos se niegan a pagar el enlace de la princesa heredera, Victoria, con su novio Daniel Westling. Diversos portales acumulan firmas en contra de arbitrar un presupuesto extraordinario para el enlace real. 30.000 firmas han suscrito ya el lema «Niégate a pagar la boda de Victoria». 3.000 «No quiero pagar la boda de Victoria». Argumentan -apoyados por líderes políticos- que la asignación anual de 112 millones de coronas suecas (casi diez millones de euros) que recibe el rey Carlos XVI Gustavo, debería ser suficiente para afrontar los gastos del enlace.

 Suecia es mi tierra prometida. Con una población de 9 millones de habitantes, este organizado y discreto país, sufre la crisis económica como todos. Ha visto caer a Saab y otras marcas punteras. Y lo siente como daño propio. Pero mantiene sus grandes compromisos sociales, aun gobernando los liberales que «no son como el PP», asegura mi amigo Jan Perneval. «En Suecia el partido equivalente al PP consigue un 1% de los votos», aclara. Sus políticos saben que son representantes del pueblo y no una élite en la cúspide.  Precisamente el vivir con total normalidad y sin fastos, ocasionó que el presidente Olof Palme fuera asesinado en plena calle. O la Ministra de Exteriores Anna Lindh, cuando iba a comprar a unos grandes almacenes.

Ocupa los primeros puestos mundiales en educación, transparencia y desarrollo humano. El sueldo medio es de 2.590 euros, pagan una tasa de impuestos de hasta el 60% -las clases altas- y una casa de dos plantas, bodega y amplio jardín, cuesta 400.000 euros. Los precios de los productos básicos son similares a España, salvo los de lujo que están más gravados con impuestos.

Más de un año de baja maternal llega a sufragar el Estado. La sanidad exige un pago prudencial, pero atienden a quien carece de medios. No rechaza a los emigrantes en general -fueron los primeros en recibirlos cuando los expulsaron las dictaduras sudamericanas en los años 60/70-. Puedes dejar paquetes en el coche, sin que nadie te rompa los cristales para robarlos. Los señores sacuden a sus mujeres como en todas partes, pero llevan un riguroso control de quienes y porqué.

  En Lund, ciudad universitaria, celebran asambleas ciudadanas desde comienzos de año, entre los vecinos, políticos y profesores de la Universidad, tratando de perfeccionar en la democracia. «Hacerse el sueco» es no discutir por nada. Prefieren reconcomerse que tener un litigio. Ahora, utilizan Internet, para hacer saber a sus gobernantes el sentimiento ciudadano. Y piden de la monarquía que sufrague sus bodas como hace cada sueco.

 Son extrermadamente sobrios en sus gastos. Hace mucho frio en invierno. No hay luz en invierno. Y, en verano, es de día a las 12 de la noche y, de nuevo, a las 4 de la madrugada. Nada es perfecto.

FORGES: Tratado sobre la evolución

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    Magistral ejercicio de síntesis. Forges en El País. Idealismo, fascismo, «cazo».. ¿Qué vendrá después?

El coche de Feijóo

Alberto Núñez Feijóo, presidente electo de Galicia, basó buena parte de su campaña en un coche. El de Touriño: un Audi 8, igual que el de Alberto Ruíz Gallardón, pero ya sabe que en Madrid esos lujos son permisibles. Prometió usar él un coche gallego, pero va a ser un Citroen 6 francés, idéntico al de Sarkozy. Cuando le preguntan, dice que ya no quiere hablar más de coches. Prudente decisión, dado que hoy se ha sabido por la información de Público que Feijóo lleva empleando desde hace 3 años un Citroën, completamente gratis, porque lo puso a su disposición la factoría de la empresa francesa en Vigo (si lo facilita una empresa privada ya es otra cosa que pagarlo con dinero público). El dato lo ha confirmado un portavoz del futuro presidente gallego.

 DEMAGOGIA: Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

 MEMORIA: Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.

Madrid infartado

Ayer tenía una prueba médica rutinaria en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, hoy Capio-Fundación Jiménez Díaz. Opté por salir hora y media antes de casa en previsión de lo que sabía iba a ocurrir. Esta clínica está situada junto al Hospital Clínico y congrega cada mañana a centenares de enfermos. A la vista de cómo están a diario todas las zonas sanitarias de Madrid, uno piensa que es una ciudad seriamente enferma, sus habitantes lo están.

Conforme uno se acerca a la Plaza de la Moncloa, se intensifica el tráfico hasta llegar a ser un auténtico colapso en la zona. Coches aparcados hasta en triple fila, con algún familiar aguardando al paciente, crean un pasillo angosto por el que no se puede ni circular. El aparcamiento oficial está lleno. En mi primera ronda conté unos 40 automóviles esperando, en torno a los 60 en otra posterior. Las calles aledañas tienen establecido parquímetro y -además de no haber sitio- es aventurado pensar que en una hora le van a atender dentro. Todos los parkings privados cercanos están completos a su vez.

La parada de metro se ubica a una distancia que puede no ser apta para un enfermo. La única solución, por tanto, es que un familiar te acerque y espere, o tomar un taxi.

Yo sabía todo lo que me aguardaba, pero confié en tener suerte y llevé el coche. Cuando la hora de mi prueba se aproximaba peligrosamente y yo seguía dando vueltas, parándome en callejones sin salida, opté por alejarme hasta encontrar un aparcamiento privado. Lo hallé en Marqués de Urquijo -a considerable distancia-. Desde allí tomé un taxi.

El conductor escuchaba Onda Cero -segunda versión de la COPE-, era un síntoma. Le conté mi odisea. Respondió que vivimos en una democracia secuestrada y que no se puede hacer nada. Lógicamente, los secuestradores eran los socialistas, pero tampoco se mostraba muy contento con nada sucedido en España desde la Transición.

«En España, es imperioso establecer la cadena perpetua», me dijo. «Esa pobre chica, Marta»… pero «los políticos no quieren». «¿Tiene Vd. idea de porqué ha tenido tanta repercusión este caso cuando cada año mueren 70 ú 80 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas sentimentales?», alcancé a preguntarle. «No sé, quizás porque han sido cuatro los asesinos y no ha aparecido el cuerpo», plausible explicación.

El tipo era listo y comentó que yo no me pronunciaba. «Lo hago, no soy partidaria de la justicia vengativa», le dije. «Ahh», bramó, «Vd. está alentando a su enemigo, lo está alimentando, Vd. coopera con él». Admiraba a EEUU, porque allí puedes descerrajar cuatro tiros personalmente a quien te ataca. Tienen un problema eso sí: los negros, que no les gusta trabajar y sí en cambio adoran follar y engendran muchos hijos. Obama va a ayudarles y por eso no confía demasiado en él. Va a ser su principal problema.

Previos 7 euros, llegué a tiempo a mi prueba. Salió perfecta. Otro taxi me llevó de vuelta al aparcamiento -3,80, casualmente, hasta al segundo taxista le extrañó el precio del primero-. Este llevaba la radio apagada. En el aparcamiento pagué 5 euros.

¿La prioridad del gasto del ayuntamiento y la comunidad de Madrid no debería solucionar el problema de los accesos a los hospitales?

¿No deberían hacer también un examen de cultura democrática a los taxistas que son en muchas ocasiones la puerta de entrada de muchos turistas?

¿Qué sucede en esta ciudad para que haya tantos enfermos y de tan diversa etiología?

¿No resulta clamoroso que esta ciudad está infartada?

La crisis va en serio… y para largo

 

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150.000 nuevos parados, nos acercamos a los 3 millones y medio. La crisis va rigurosamente en serio. La economía sigue hundiéndose y a un ritmo más rápido del previsto.  Caminando por Madrid, he visto muchos negocios -completamente vacíos ya- con el cartel de «se vende o se alquila». Cuatro en apenas 50 metros, al comienzo de el Paseo de la Habana, que es zona de posibles. Me dolió ver, también, las persianas echadas y un «cerramos» en una tienda de Goya donde durante años fui a revelar las fotos, y que parecía una tienda -familiar- próspera con múltiples aparatos a la venta. 

 A quienes proponen abaratar el despido y «contener» nuestros esqueléticos sueldos, porque así lo hacen otros países europeos, habría que mostrarles quizás el pack completo: salarios elevados -que permiten ahorrar e invertir- y unas medidas sociales de las que nosotros carecemos. El notable incremento impulsado por los gobiernos de Zapatero no ha logrado aún borrar un atraso secular que nadie se apuntó a resolver. Los asalariados no tenemos la culpa de la crisis y no pueden exprimirnos más. Los pequeños negocios autónomos, tampoco.

El FMI (Fondo Monetario Internacional) advirtió hace unos días de una segunda gran crisis bancaria que explica con esta frase tan diáfana: «la degradación de la coyuntura». Strauss Khan, su director gerente situó a principios del año 2010 el inicio de la recuperación, si se dan «una serie de condiciones», como las políticas públicas de estímulo económico y el apoyo al sistema bancario. En esta fecha coincide con la dada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

No tienen ni idea de cuándo acabará esto, ni quieren afrontar en serio el cómo. Obama parece hoy el más decidido y el más centrado en poner remedio a la crisis de su país. Al punto que los republicanos ya se han echado las manos a la cabeza diciendo que EEUU va derivando peligrosamente hacia el socialismo. Por ejemplo, por intentar dar asistencia sanitaria gratis o con escaso pago a todos los ciudadanos, como disfrutamos en Europa, sobre todo en España. Está empezando por lo básico que el primer país de la tierra, tenía sin resolver.

Rodrigo Rato, el anterior director gerente del FMI, se preguntó hace unos días: ¿Por qué nadie se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo? De cualquier forma, sus propuestas, pidiendo un cambio de modelo económico son de lo más lúcido que se ha escuchado últimamente. Claro que nunca ha explicado porqué se fue el del FMI justo a punto de estallar la crisis. Y cómo es posible que, desde su altísimo cargo, no advirtiera absolutamente nada.

Ya se había producido -por ejemplo- el gran best seller americano «La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre» (2007) de Naomi Klein, la autora de «No logo» (2001), en donde ya mostraba lo que estaba ocurriendo con datos aplastantes. Cualquiera hubiera podido advertirlo a la vista del consumismo dominante, del capitalismo salvaje. Uno de sus ideólogos, el economista Milton Friedman, llegó a decir: «sólo una crisis real o supuesta, puede producir un auténtico cambio«. Los atentados del 11S fueron su perfecta excusa para desarrollar lo que Klein llama «el capitalismo del desastre», basado en las técnicas psiquiátricas del electroshock. Fue el detonante, a partir de ahí lo que estamos viviendo.

Con Rumsfeld y Cheney como ideólgos, Bush aplicó su doctrina: «El trabajo del gobierno no consiste en gobernar, sino en subcontratar a los mejores y a los más eficaces del sector privado«, resume Klein. Nuestras vidas y destinos, en manos de consejos de Administración.

En resumen:

  •     Mientras el planeta se hunde, unos pocos siguen obteniendo cuantiosos beneficios, porque se ven favorecidos por las crisis que llegarían incluso a propiciar.
  • Privatizar se ha demostrado la peor solución y es lo que, por ejemplo, domina la política de Esperanza Aguirre en Madrid. Sin pausa, a pesar de la que está cayendo. Lo que propone el revitalizado PP para toda España, a excepción, al parecer, de Rodrigo Rato, que tampoco desvela las incógnitas de porqué se fue del FMI y porqué dice que no se enteró de lo que pasaba.
  • No tienen proyecto serio para solucionar la crisis.
  • La única alternativa es un cambio de sistema. Mayor control del Estado, que la política tome las riendas. Que vaya al grano y no se pierda por las ramas de las diatribas partidarias.

      Mientras tanto, lo llevamos crudo: abróchense los cinturones.

Elecciones: menos triunfos

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Lo que más me ha gustado en los periódicos de hoy ha sido esta viñeta de Territorio Vergara en Público: el «cazo» desterrando prejuicios ideológicos. Hoy es el día de hablar de «resaca electoral» y de «el triunfo de la democracia». De contar cómo todos vieron venir lo que terminó sucediendo. Apenas nada ha cambiado, sin embargo, en el fondo de este país, pese a los «vuelcos» electorales en dos comunidades que representan el 10% de la población española.

Ahora sabemos lo que antes no nos dijeron. Por ejemplo, que las maravillas del bipartito en Galicia fueron menos y que, puestos a no vivir grandes cambios, es mejor lo malo conocido. Excelente este artículo de Suso de Toro. Claro que, en el paquete triunfador, sale elegido el Presidente del PP de Orense, un tal Balbar, que además de insultar al contrincante por su inclinación sexual, llamándole «maricón», sin eufemismos, tuvo una bronca en la mesa electoral y, como cuenta El País, llamó desde su móvil a la sede del PP para dar orden de que encargaran «un barril de cerveza, unas botellas de champán, unas aguas y unos pinchos», para los periodistas que lo seguían.

Los medios de la derecha, se muestran felices por otro lado. Con Pedro J. Ramírez en El Mundo en cabeza, están encantados de que se vapulee a los nacionalismos y triunfe la resentida Rosa Díez.

Últimamente, reparo más en los detalles que en quien acapara el foco. Anoche vi rostros descompuestos en quienes aguantaban el mástil del líder derrotado… y sonrisas babosas en los que circundaban a los triunfadores -también sin eufemismos-. Y me dije, muy castiza: Dios, qué personal.

Hoy se me ocurren varias cosas. En lo primero que pienso es en la memoria de pez de los españoles. Cuatro años de gestión mediocre se fijan más en la retentiva -al ser recientes- que décadas de caciquismo. Catapultamos -hasta nueva orden interna- a Rajoy, el hasta ayer moribundo líder del PP. Como yo sí tengo memoria -y archivos- recuerdo cuando expuso su teoría de la desigualdad humana, basada en la herencia genética que incluye la capacidad intelectual.  Amén de otras minucias que nos ha ido contando desde entonces.

Después en la mal llamada «picaresca» española. En ese corazoncito ladrón, tramposo y trepa -seguramente nacido de haber sido educados en el católico disimulo- que lleva a obviar la corrupción como si fuese una norma más de conducta. A no castigarla en las urnas. Ya hablamos el otro día que el 70% de los ayuntamientos encausados por corrupción salieron revalidados en las últimas elecciones y algunos de ellos aumentando sus apoyos. Algunos políticos estiman que las urnas les avalan y que eso disuelve sus faltas. Nos votan, luego «creen» que no somos corruptos.  Así lo ha declarado ya Esperanza Aguirre. ¿Y la Justicia qué?

 Tercer punto: los nacionalismos. España no es más «una, grande y libre», como siguen gustando pensar los seguidores ideológicos del franquismo. No lo era ni siquiera entonces que andaban -dentro de las escasas protestas que registró nuestro dictadorcito que murió en la cama-, a huelga y bombazo limpio. Los nacionalismos existen. Y por cierto, les preocupan al 0,1% de la población, según reiterados datos del CIS… y a los políticos del nacionalismo español. Por lo demás, 30 años en el poder es un tiempo excesivo y era lógico que el PNV tuviera que dejar la silla alguna vez. Ahora que, menuda papeleta para Patxi López consensuar con el PP y, más aún, si se confirma, con Rosa Díez, diseñada para dar la nota y expulsar sus venganzas y frustraciones.

La política, como reflexión. ¿Estos señores que nos representan son lo mejor que hemos podido encontrar entre nosotros? ¿Tenemos lo que nos merecemos? El relativo triunfo de Rosa Díez se explica por el hartazgo de la sociedad de los políticos tradicionales. El cambiante populismo está sobradamente ensayado. Siempre son una caricatura, claro que en algún lado salen más vistosos que en España. Y la bajada del voto nacionalistas, puede responder más a que no salga el contrario en los dos grandes partidos nacionales.

Y una vez más, todo me lleva a un único germen: la educación. Toda la vida ha habido en España pensadores intentando solucionar el problema. «Escuela y despensa», decía el regeneracionista aragonés Joaquín Costa en el siglo XIX. Ya hemos arreglado el asunto de comer, nos falta la educación. Desde el fracaso escolar infantil a la Educación de adultos -que no se estudia en los libros de texto-, es asignatura pendiente de los españoles. Algunos poderes públicos la disuaden. «Cuantos más burros haya, mejor cabalgaremos», concretaba mi padre para explicaba esa actitud.  Y ahi seguimos, siglo tras siglo que es una medida descorazonadora de contar.

Limpiemos Madrid… pero a fondo

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Este agujero en el pavimento y la suciedad que le circunda corresponden al centro lujoso de Madrid: confluencia de las calles Goya, Serrano y la Plaza de Colón. El selecto y conservador barrio de Salamanca. A mis espaldas hay una tienda que por uno de los trajes puede llegar a cobrar -y alguien lo paga- 3.000 euros.

He salido a pasear con la cámara de fotos después de leer que el Ayuntamiento de Madrid ha aprobado, con la mayoría absoluta del PP, la nueva ordenanza municipal de limpieza. Ésa que castigará a partir de ahora a quien hurgue en las basuras para comer con 750 euros. La misma cantidad habrá de pagar quien tire migas a los patos en el parque o cigarrillos al suelo.

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Desde la misma puerta de mi casa, y durante todo el trayecto, he visto el pavimento resquebrado o apedazado visible y antiestéticamente, las marcas del suelo sin repasar de pintura durante lustros -o esa es su apariencia-.

Los edificios atesoran mierda a raudales. Todos. Grandes almacenes, bancos, tiendas de postín y no postín, hasta la sede del PP en Génova. Madrid parece una ciudad industrial. Por la contaminación, seguramente. 16.000 peronas mueren, cada año en España por esta causa, según el informe de Ecologistas en Acción. La mitad de los españoles respira agentes peligrosos. En Madrid, la comunidad más afectada, lo hacemos el 80% de los ciudadanos. Y a eso no se le pone remedio.

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Me he llegado hasta el Paseo de Rosales, uno de los lugares más hermosos de Madrid, con sus edificios señoriales, el Parque del Oeste y el Templo de Debod. Al margen de los abundantes desconchados y agujeros, el pavimento no conoce la existencia del jabón y los desinfectantes.

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Por aquí pasean las mamás con sus bebés en cochecitos, sorteando basura -que las 12,30 de la mañana ya habría sido hora para que pasara un empleado-. Corren los deportistas. Se sientan los abuelos. Comtemplando roña y cochambre. Pero es que ya ni la miramos, como no nos pongamos a ello.

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He elegido en mi visita lo más granado de Madrid, para que no se me acuse de mal intencionada. Huelga pensar como está la periferia. Un informe de la OCU afirma que la suciedad ha aumentado de forma alarmante en España en los últimos 6 años, con excepciones como Oviedo y las tres provincias vascas. Los Ayuntamientos destinan un promedio de 35 euros por habitante y año a la recogida de residuos. Y 41 para limpieza. Nos cobran 65 a cada hogar por estos servicios.

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¿La prioridad era separar bien las basuras -mediando multa de 750 euros-  cuando los responsables las recogen mal, como se ha demostrado? ¿Multar con 750 euros a los pobres que buscan algo para comer? ¿Hacer lo propio con quienes dan migas a los patos o tiran un cigarrillo al suelo, dado que no hay ceniceros? ¿Qué hacemos con el Paseo de Rosales pongo por caso? ¿Multamos a las palomas por defecar? ¿Talaremos los árboles para que no aniden las aves? ¿Mandamos con fregona a los dueños de los perros para que quiten las marcas del suelo? ¿Les ponemos un tapón en el recto a los animales? ¿Pavimentamos las calles también? ¿Pintamos las señales en nuestras horas libres? ¿Lavamos fachadas?

Siempre he dicho que Madrid es la mejor representación de España, el mayor de sus pueblos, el más genuino. Nuevos ricos sin pulir, apariencia. Hay ciudades en nuestro país mucho más bonitas y con más clase -Barcelona, San Sebastián, Salamanca, Toledo, Santiago de Compostela, Granada y muchas más-. Pero Madrid -con algunas escasas zonas de valor estético- nos encarna. Para bien y para mal.

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¿Es ésta la capital de la octava potencia mundial? Cualquiera puede comprobar que, en sus entrañas, se genera la mugre, el pringue, la porquería, la caspa. Grandes males que nos asolan en la simple vida cotidiana. Limpiemos Madrid, pero a fondo. Mandando a casa a concejalas, alcaldes y presidentas clasistas e ineptos. Y un consejo: abrid los ojos cuando caminéis para no emponzoñaros.

Una gran familia

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Imaginemos que uno asiste, muy empingorotado, a la boda del la hija del Presidente del gobierno. Es casi un enlace de Estado: se celebra en el Escorial, y participan un millar de privilegiados invitados. Allí están los Reyes de España, el en mala hora reincidente presidente de Italia, Silvio Berlusconi, Tony Blair y señora, el presidente portugués, Durao Barroso -hoy presidente de la UE-, la flor y nata de los políticos del PP, magnates de la comunicación, financieros, deportistas, modelos, y hasta Julio Iglesias recién llegado de Miami con su esposa, e Isabel Preysler y señor -un antiguo político del PSOE-. Uno forma parte de la élite española. Y atesora las fotos de la ceremonia de la revista Hola.

 Uno va repeinado, engominada su melena que repunta en el cogote en rizos, pulida su perilla, de traje negro, con chaleco blanco y corbata azul-pp. A su lado, camina su esposa de pelo oxigenado, con un traje, de corpiño brocado, no adquirido precisamente en las liquidaciones de Zara. Les acompañan -maldita sea- el «bigotes» y su mujer, una antigua mamachicho y presentadora de la televisión valenciana. Pero ¡qué se le va a hacer! uno hace negocios con ellos y también van muy acicalados. El padre de la novia, les ha invitado.

Uno ha atesorado un patrimonio considerable, unos 19 millones de euros -a nombre de sus empresas, a las que ha bautizado en inglés que es más chic-. Le basta coger un teléfono para que se pongan de inmediato presidentes, alcaldes, concejales. Logra contratos sustanciosos. La vida le sonríe.

Y llega un maldito «juez socialista» -dice Rajoy- y husmea en tu vida privada y pública. Un coleguilla del PP, descontento, te ha grabado unas cintas de nada, en donde sale reflejado tu lenguaje suelto y sin complejos. Y esa información llega a los periódicos. Tus amigos se enfadan mucho con el Juez y con algunos de los periódicos. Esperanza Aguirre -tan graciosa ella- bromea. Y no ven cómo tapar el asunto, utilizando mil argucias.

Uno está en la cárcel. Y nadie le llama, ni le escribe. No recibes ni una visita, ni mucho menos una petición de vis a vis. La señora de pelo oxigenado -la tuya- que administra aún dos de tus empresas, dice que se está separando de ti cuando el Juez la llama a declarar. Un inciso: si Baltar, un candidato del PP de Orense, se entera, te calificará de maltratador, como ha hecho con Antxo Quintana del BNG por haber roto sus sagrados vínculos matrimoniales. Te arriesgas a todo. Pero no puedes pensar en nada, es que tampoco te mandan paquetes, ni siquiera ropa para cambiarte.

Instituciones Penitenciarias ha activado para Francisco Correa, presunto cabecilla de la presunta red de corrupción presuntamente vinculada al PP, el Protocolo de Prevención de Suicidios. Está muy deprimido. No come. No participa en actividad alguna. Taciturno reflexiona sobre su antigua gran familia, no entiende nada. No sabe que vivió entre las hienas.

Presuntos presuntos

Presuntamente hace una maravillosa mañana, pero lo cierto es que se nota en la calle un presunto frío que cala. He estado en la presunta oficina de empleo a ver si por fin han arreglado mi problema, nada presunto. A las 9,30 me ha correspondido el número 99 y habían atendido 10 desde las 9. Voy a hacer tiempo leyendo los presuntos periódicos escritos por presuntos periodistas con presuntas noticias.

 El Presunto líder del PP, Mariano Rajoy, asegura categórico en El Mundo: ´»El Juez Garzón es socialista». ¿No será presunto socialista? Público cuenta que el presunto Juez De Rosa, nada presunto número dos del Consejo General del Poder Judicial, se entrevistó con el quizás pronto presunto Presidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps, el mismo día en el que el alto cargo del presunto máximo órgano de los jueces de presunta imparcialidad, insinuó -presuntamente- que el Juez Garzón estaba cometiendo -¿presunta?- prevaricación. El mismo día en el que, sin presuntas pruebas, De Rosa afirmó que Camps era un tipo honorable -¿no presuntamente?- donde los hubiera. Presumo, presuntamente, que esto es una presunta pifia que, presuntamente, quedará impune.

¡Atentos! El País: «Correa logró cinco millones en contratos del Gobierno de Aznar». Así, con un par. ¿No debiera ser: «El presunto cabecilla de la trama de corrupción vinculada, presuntamente, al PP, Francisco Correa, logró, presuntamente, cinco millones presuntos en presuntos contratos del presunto Gobierno de Aznar?» Luego, les pasa lo que les pasa, que involucran a señores que, presuntamente aún, no tienen nada ver con la historia. Claro que, en el desarrollo de la noticia, transcriben cintas con las presuntas voces de los presuntos implicados que dicen cosas tan jugosas como éstas: «Le llevé 1.000 millones de pesetas por adjudicaciones de la época de Cascos» -Correa dixit del tesorero del PP-.

Hace unos años los asesinos eran asesinos en los telediarios, los etarras, etarras; los violadores, violadores, y los ladrones, ladrones. Quizás fue, al llegar las televisiones privadas, con su inmensa carga de calidad, y, al surgir los programas, mal llamados del corazón, cuando empezaron a desencadenarse los litigios. «¿Que yo me he acostado con Pepito el folklórico?», demanda al canto. ¡Qué ingenuidad!, habrían de llegar después los sepias de la corrupción al rosa del corazón. Y las acusaciones infundadas, y los juicios paralelos.

¿Solución? Añadirle «presunto» a todo. Así uno se cura en salud. No has afirmado la culpabilidad, es presunta nada más. «La presunta periodista Ana Rosa Quintana ha copiado presuntamente un presunto libro que presuntamente ha firmado». Ya está. Arreglado. En este caso unos presuntos se demostraron erróneos -copiar, libro- y otros no. El de presunta periodista, entre los segundos.

La presunción de inocencia figura en la mayoría de las Cartas Constitucionales, partiendo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De varios de sus artículos. En donde mejor lo define es en el 11: «Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa«.

La doctora Vigara, de la Complutense, explica en un quizás en exceso denso artículo, cuándo se debe usar la palabra y cuándo no. No se busca «al presunto asesino». Se busca a los asesinos -porque hay un muerto y alguien lo ha matado- que, una vez detenidos, serán presuntos culpables. No ha sido una presunta infracción muy grave, si no una infracción -que se ha cometido- presuntamente muy grave.

El presunto -como tantos tópicos en este poco instruido país- se usa a bulto. He llegado a escuchar «presuntos cadáveres», cuando los cuerpos están ahí sin hálito de vida como el cemento. Y, a veces, se usan, indistintamente, otras expresiones como supuesto o pretendido. Según caen para entendernos. Y cada palabra tiene su propio significado. Presunto en concreto lo define así la RAE (Real Academia de la Lengua: «Se dice de aquel a quien se considera posible autor de un delito antes de ser juzgado«.

Vivimos, presuntamente, en un país democrático donde suceden, a diario, cosas terribles. Sin que, presuntamente, le importen un pito más que a unos pocos. Opino que, si el PP se convirtiera de una presunta vez en una derecha homologable en Europa -no ¡por favor! como la italiana-, todos seríamos más felices.

¿He vuelto a utilizar mal la palabra «presunto»? Sí. Tengo que volver a la cola del paro. Me gustaría aguardar tomando un café con un presunto novio. Todos los que he conocido lo fueron.