Artur Mas sigue en su cruzada privatizadora. Lo último poner a la venta 37 edificios entre ellos el de la Bolsa de Barcelona. Hace unos meses ya declaró que solo la policía y las cárceles deben mantenerse como monopolio público. Y que el roll de la administración debe limitarse a “evitar las ineficacias del mercado”. Por ejemplo esa nueva inyección de dinero público que “vamos” a entregar a los bancos europeos para mantener un sistema en el que los gobiernos merman nuestras condiciones de vida. CiU en perfecta armonía con el PP –de la misma ideología- y una vez que “la gran fiesta de la democracia” avale su poder, podrán llevar a cabo su plan de privatización total. Paradójica, porque añade el intervencionismo estatal para, como digo, esquilmar nuestros bolsillos cada vez que precisen “estabilizar” a los bancos que no sé dónde meten el cuantioso dinero que ganan estos manirrotos. El PSOE se está viendo «obligado» a practicar esa misma política neoliberal extrema.
Las cosas no se hacen a medias, no señor. Por eso debemos proponer que empiecen ya privatizando la campaña electoral y el recuento de votos. Números, eficacia, rentabilidad. Es obligado después privatizar también el Congreso y el Senado. Que los parlamentarios fichen entradas y salidas, se cuelguen un letrero cuando vayan al WC y cobren según productividad. El gobierno, todos los gobiernos autonómicos y locales, también hay que privatizarlos, convertirlos en empresas que obtengan grandes beneficios para sus accionistas a base de eliminar gastos superfluos como sanidad o educación, sobre todo educación que es un arma muy peligrosa en manos de los ciudadanos. Aunque comprendo que suprimir la sanidad es mucho más expeditivo, sin duda goza de una excelencia de rentabilidad máxima.
Pero creo que todas esas empresas debe constituirlas la sociedad ¿O no es así ya en democracia? ¿De verdad queremos pagar impuestos para sufragar tan solo la policía y las cárceles? Yo no, desde luego. Artur Mas (y todos los Arturmas de esta tierra) ha olvidado que también le es necesario mantener la Hacienda Pública, porque su entramado no se puede sostener sin nuestros impuestos. Y unos medios informativos que hagan posible el milagro de que, en estas condiciones, haya votantes que les entreguen las llaves de nuestras vidas. ¿Podemos seguir pagando los sueldos de estos políticos que obran en contra de nuestros intereses? Nos están liquidando todos los servicios que hemos costeado con nuestro dinero, los edificios, todo lo que tanto nos costó pagar, porque igual podíamos haber empleado ese dinero en comprar una casa propia en las Bahamas y otra en Nueva York como poco. En mi caso estoy trabajando desde los 13 años. Mucha gente tiene en este país esa vida laboral. A toda una generación se la están robando ahora mismo. Ni siquiera contarán al final con una pensión para la que ya se precisan 37,5 años cotizados.
Como escribía en Reacciona, no debemos confundirnos sin embargo, “La Política es imprescindible en un sistema democrático. Con tropiezos, avances y errores, la humanidad persigue disfrutarla desde los griegos, cinco siglos antes de la Era cristiana. Para dignificar el papel del ciudadano, de un ser libre sujeto a derechos y deberes. Para regular una actividad humana cuyo fin es gobernar y dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad”. Y la están destruyendo. Traigo otra vez las palabras de Emilio Lledó:
«¿Qué palabras huecas, convertidas en grumos pegajosos aplastan los cerebros de los que van a administrar lo público, o sea lo de todos, si la corrupción mental ha comenzado por deteriorar esas neuronas que fluyen siempre hacia la ganancia privada? No se entiende bien cómo a esos destructores de la idea de lo público les votan aquellos que perderían lo poco que tienen en manos de tales personajes. A no ser que la mente de esos súbditos haya sido manipulada y, en la miserable sordidez de la propia ignorancia, esperen alguna migaja, algún botón del traje que viste el supuesto partido político que les arrastra.
Podemos intuir que la degeneración intelectual de buena parte de la clase política, y de los llamados emprendedores -los que, por ejemplo, emprendieron la destrucción de nuestras costas-, procede de esos conglomerados ideológicos en los que se mezclan, con la indecencia, alguno de los males a que se ha aludido. ¿Quién privatiza a los políticos? ¿Quién nos devolverá, en el futuro, la vida pública, los bienes públicos, que nos están robando?”
Ignacio Escolar decía el otro día, con gran criterio, en una entrevista para la radio del 15M (Agora Radio) que compartimos: “Cuidado, detrás del desprestigio de la política no viene su regeneración, sino el berlusconismo”. Lo tenemos ya instalado en España. Es una grave irresponsabilidad avalarlo con los votos. Están tensando la cuerda a extremos insostenibles. ¿O no? Es lo que queremos, eso es lo que decidimos en «la gran fiesta de la democracia».

Recortes. Autor: José Rubio Malagón









