RTVE y los políticos: de aquellos polvos, estos lodos

El Consejo de Administración de RTVE –formado por representantes de partidos políticos y sindicatos que ya es un primer error- aprobó ayer que sus componentes pudieran tener acceso a los ordenadores de los periodistas para ver qué escribían, también a la “escaleta” de los telediarios que es la composición de las noticias que van a ofrecerse en el orden en el que van a ir. Es decir a supervisar y en su caso censurar los contenidos. Protestaron los profesionales de la casa, la Federación de Asociaciones de la Prensa, pero lo realmente decisivo fue –ya véis- la reacción en Twitter de rechazo absoluto. Políticos de los partidos mayoritarios con perfil en esa Red Social, intentaron desmarcarse enseguida, Javier Arenas ha dicho en RNE que sus políticos en RTVE ¡No les representan!, Pepe Blanco que el PSOE se abstuvo porque como total no iba a ganar la votación. Un puro disparate que se va a solucionar revocando el acuerdo.

Ahora bien ¿Qué harán después del 20N cuando no haya unas elecciones que se puedan ver influidas por la oposición de la opinión pública? Resulta enternecedor ver a la audiencia tan feliz por la objetividad de la RTVE actual, aclaremos RNE es otra cosa, pero TVE sigue teniendo serios fallos estructurales en su relación con los políticos. Vamos a ver algunos puntos.

Como digo en mi capítulo de Reacciona, tras haberme criado viendo a Franco inaugurando pantanos y a todos sus ministros y altos cargos en actos de propaganda, mis ojos se anegaron de emoción al escuchar de los entonces responsables de los telediarios en la transición –y de ideologías tan distintas como Ladislao Azcona, Eduardo Sotillos, Pedro Macía y Luis Mariñas-: “el hecho es la noticia, si hay un político y, lo encuentras justificado, lo citas al final del texto.” Los políticos tenían que ganarse su aparición en televisión. La experiencia apenas duró. El sabroso caramelo se volatilizó a las puertas de la escuela del poder.

Luego llegó una dura travesía. Con la mayoría absoluta del PSOE, ni contar con el PP. María Antonia Iglesias, jefa de informativos, bajaba a las cabinas de montaje para cambiar los reportajes, por ejemplo. Entre otros muchos de ambos partidos. Algo apañaron cuando el PP inundó la redacción de periodistas contratados afines a su ideología. Es el camino más fácil. Muchos siguen ahí.

Mi personal argucia para mantener la dignidad fue por ejemplo negarme a hacer reportajes de “nacional”, de política nacional, así acabé haciendo hasta sucesos. Realmente, con Zapatero llegó la asepsia. Y, personalmente, en Informe Semanal disfruté -hasta mi salida por el ERE en 2008- de uno de los periodos de libertad más grandes de mi trayectoria.

Ahora bien –sigo copiando de Reacciona- hoy las comparecencias de los políticos son diarias. No es noticia lo que opinen –por muy jocoso o patético que a veces resulte-, lo son sus hechos. No lo es en absoluto la repetición machacona de su ideario –sabemos qué van a decir antes de que abran la boca ¿cómo va a ser eso una noticia?-. Los medios no son oficinas de prensa de los partidos en permanente campaña electoral. Pero así parecen actuar –las televisiones sobre todo- . De hecho, los políticos intervienen medidos y pesados según sus votos. Y, como no hay tiempo, la opinión se reduce al bipartidismo (al que refuerzan), cuando España es plural y, en justa lógica, tendrían que habilitar espacio para todos los partidos y colectivos sociales… en informativos eternos y tediosos ¿Sería eso periodismo? No.

La clase política representa el tercer problema para los españoles, quizás porque les vemos y oímos demasiado. ¿Sabemos de este modo lo que piensan en realidad? Escasamente. Ahí tenemos el simulacro de los debates en los que el periodista es mero controlador de tiempos y de temas pactados sin su intervención; a diferencia de lo que ocurre en otros países, donde el moderador inquiere y precisa. El periodista debe incomodar, insistir, buscando la verdad. Los políticos se han acostumbrado, asimismo, a la insólita figura de la “rueda de prensa sin preguntas”. ¿Cómo se atreven? ¡Son servidores públicos! Se deben a la sociedad. Y sus ojos, oídos y cerebro en esas comparencias son los periodistas… que se ven obligados a asistir para tomar nota sin abrir la boca.

(…)

El periodismo de declaraciones (vacías y repetitivas en su mayoría) y tertulias con el mismo espíritu, tiene un efecto devastador. Porque –no nos confundamos- la Política es imprescindible en un sistema democrático. Con tropiezos, avances y errores, la humanidad persigue disfrutarla desde los griegos, cinco siglos antes de la Era cristiana. Para dignificar el papel del ciudadano, de un ser libre sujeto a derechos y deberes. Para regular una actividad humana cuyo fin es gobernar y dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad.

Llevo desde anoche pensando en uno de esos chistes conyugales malos: en el que una mujer se entera de que su marido le engaña con una vecina y ella se aterra: “¡Qué vergüenza!, con lo mal que lo hace”. Y me pregunto ¿por qué se empeñan los políticos en imponernos su presencia diaria mostrando así sus carencias de forma tan empecinada? Mucho más inteligente dosificarse para sembrar al menos dudas.

La “mejor de la televisión de la historia” como la llaman debería… dar noticias todo el tiempo. No declaraciones propagandísticas de los partidos. Aportar datos para que esa gran mayoría que aún se informa solo por la televisión supiera qué está ocurriendo en el mundo y con su propia vida. Sin añadir esos “según ellos” cada vez que datos fundados contradicen al sistema. Y, desde luego, eso no está pasando. Pregunten a quien solo se informa por televisión. Intolerable la pretensión de cambiar noticias y escaletas como en los peores periodos de RTVE, pero de aquellos polvos (algunos bien frescos en este momento), estos lodos.

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