Dan ganas de gritar como Yoko Ono

30 millones de parados se ha llevado la crisis. La de los bancos ya está resuelta, pero la del empleo tardará años. Creen que 7. ¿Con qué indicios? En España los hogares considerados integrados (eso de la familia supuestamente tradicional) han pasado de ser el 49% al 35% desde que la suciedad de la especulación con aire hundiera el sistema para todos menos para los causantes de la quiebra. Felipe González dice que “nada sustancial ha cambiado en el comportamiento real de las entidades financieras, salvo para cortar créditos a la economía productiva”. O sea, oportunidad de “ajuste” aprovechada.

Muy malito está el mundo, por éstas y muchas más cosas. Pero hay quien saca provecho de él de mil formas. Os traigo un ejemplo paradigmático. Hubo una mujer llamada Yoko Ono por la que, incomprensiblemente, el creador de «Imagine» se perdió a sí mismo, y, con él, a los Beatles que no eran poca cosa. Podría pensarse que como espoleta de una deriva que iba a generalizarse.

Pues bien, los regentes de una institución cultural de tanto prestigio como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MOMA, han abierto sus puertas a la “perfomance” de la soprano Yoko Ono –que aún vive y tiene poderosos contactos-. Le habrán pagado sustancialmente y le han permitido que, orgullosa, inmortalice su paso por uno de los más grandes templos de la calidad.

La actuación de Yoko Ono en el MOMA aparece como un símbolo del tiempo actual. Si la vida no fuera en el fondo tan maravillosa, darían ganas de imitarla. Incluso gratis.

Otro 11 de Septiembre

Otro 11 de Septiembre. Uno atraviesa los años deteniéndose apenas en el día en el que nació y en los que lo hicieron los seres queridos, o en los que aquellos murieron. Encuentros, despedidas, compromisos señalados. Y pasan los años sin saber cuál será la fecha en la que otros te recordarán porque te fuiste. Un día cualquiera para ti hasta entonces, por el que pasaste decenas de veces sin reparar en él. Uno atraviesa los días sin saber que algunos se fijarán de forma indeleble.

Probablemente el 11 de Septiembre sea para mí un signo imborrable en el calendario. El primero fue el de Chile en 1973. Amanecía un futuro a estrenar con grandes destellos de promesas. Los libros de la Universidad me detuvieron en el caos que padecía América Latina. Bolivia, Panamá, Uruguay, Argentina en ciernes, Cuba siempre, vivían en dictaduras, igual que España. En el resto, la democracia era muy precaria. Había preguntado un día en clase de COU sobre el diferente destino de los conquistados del norte y del sur del continente. “A los del norte los mataron a todos”, comprendí. A los del sur les robamos y les dejamos genes, cultura y escala de valores. Chile era la esperanza: el socialista Salvador Allende y sus reformas… imposibles. Duele amanecer con la esperanza rota por los tiros que cercenan los sueños. Un botarate –como suelen serlo todos los golpistas- acabó con ellos. Vivimos apasionadamente la peripecia, el final de toda confianza en una solución. Los muertos, los torturados, los despojados, los desaparecidos. Las manos cortadas del asesinado Victor Jara solo porque cantaba con candente ingenuidad. Al amor explotado de Amanda, contra el vecino dictador de Guatemala, Rios Montt, por la paradoja mil y ciento repetida: “Mi padre fue peón de hacienda, y yo un revolucionario, mis hijos pusieron tienda, y mi nieto es funcionario”. El dolor mortal de Pablo Neruda que me había descubierto que cualquier noche se pueden escribir… los versos más tristes. Como querer fuera del amor.

Un 11 de Septiembre, Cataluña comenzó a volver a celebrar su diada nacional. Agravio comparativo de los aragoneses que, de alguna manera, veíamos mermado, como tantas otras cosas, nuestro 23 de Abril por su feria del libro. Pazguatos intereses provincianos y absurdos todos, en un mundo global, en una Europa sin fronteras.

Otro 11 de Septiembre, en 2001, presenciamos en directo por televisión como las dos torres del país líder mundial se derrumbaban como si fueran de arena, como en un sueño. Habíamos contemplado, desde su restaurante en la cumbre, el Empire State, como mandan los cánones, maravillados por el esplendoroso Nueva York que se abría a los pies,  osada y vibrante línea del cielo, paisaje urbano del siglo XX. Y de las enhiestas torres soberanas ya no quedaba nada. Ni los muertos que nunca vimos. Y algunos supimos que venían malos tiempos. Ceguera fanática usada como excusa para un cambio social. Merma de derechos civiles, militarismo, ascensión y desborde del capitalismo, la guerra, la tortura, las invasiones que no encuentran lo que dicen buscar porque no es lo que nos cuentan lo que buscan, la trampa financiera que nos ahoga. A mi padre le quedaban exactamente 5 días de vida y ni siquiera llegó a enterarse del acontecimiento que tanto hubiéramos comentado. Desapareció su imprescindible presencia, demostrando que la vida sigue de todos modos.

Un 11 de Septiembre, hace 26 años, la que murió fue mi madre. Y he conocido sus secretos anhelos, su dolor, sus esperanzas y sus sueños, apenas en signos, a través de unos recortes de periódicos guardados en primorosa carpeta, que hilvanaron mejor los recuerdos. Instalando la certeza de cuánto más debió hablarse. No fuimos tan distintas.

Múltiples sinrazones tiñen este nuevo 11 de Septiembre. El mundo es aún peor que el de hace sólo un año. La inacción permite avanzar insanas mareas y campar a sus anchas. Pero el calendario es un convencionalismo. El futuro se llena de doces, treces, catorces y mucho más días, más onces, incluso. Lo vivido sólo sirve para poner el pie, si es sólido, y utilizarlo de impulso. Para saber desbrozar del camino lo útil de lo fútil. Este 11 de Septiembre terminará, aquí donde vivo, con una noche en blanco llena de sonidos, colores, sabores y olores. Ítaca rediviva. Sorber de la vida la felicidad mientras se abre a nuestros pasos. No queda más. Ni menos. La melodía continúa.

Este es un hombre que apostó un millón al negro y salió…


Y salió rojo. En los años ochenta este anuncio inauguraba el uso del hombre como reclamo sexual y publicitario. Maruja Torres llegó a escribir una columna en nombre de todas las asombradas del mundo. Hasta entonces sólo la mujer era utilizada como imagen para vender lo que fuera. Durante mucho tiempo, antes y después, se observó que aunque se tratase de promocionar lavadoras –uno de los artefactos correspondientes al acervo femenino por la gracia de Dios, menos mal que algo ha cambiado- la mujer contaba su experiencia con el jabón y la ropa, pero la sabia voz que daba el consejo en off, era masculina. También sigue ocurriendo en gran medida.

Por eso este holandés nos dejó perplejas. La sociedad empezaba a igualar… a la baja (en lo que sería ya un despeñe imparable), nada de hombres y mujeres dando útiles instrucciones, sino cuerpos (de unos y otras) como señuelo. Ni que decir tiene que media humanidad femenina se enamoró de este señor, a pesar de lo poco serio y cauto que se presentaba, que no daba una en el clavo. A quién se le ocurre apostar todo el dinero en el casino, con un 50% de posibilidades de perderlo. No tenía tampoco buenos contactos con asesores financieros, porque vender todas las acciones la víspera de que subieran, indica una gran falta de previsión. Ambas situaciones muestran un comportamiento alocado. Amén de ser un manirroto: 6.000 euros a una ficha ¡qué locura! Por todo ello, probablemente, le dejó la mujer de sus sueños, quien ¡para colmo! le fue infiel con su mejor amigo. Doble pérdida. Pero salir de tan elegante casino y bien vestido –aunque desaliñado por el dolor-, auguraba una previsible recuperación económica. Era guapo hasta decir basta, ni metrosexual, ni macho-Axel. ¡Y se le veía tan desvalido y, a pesar de ello, conservando su sonrisa encantadora! El colmo de la filigrana era que necesitaba “algo en qué confiar” ¡Qué bonito! El anuncio inaugural de la utilización del hombre, lo presentaba vulnerable, tierno y sensible y, a pesar del arraigado modelo del varón protector, una legión de mujeres quiso ser la única que le consolara.

Dicen los publicistas que ellos no innovan sino que siguen a la sociedad. Apenas se había enterado –la sociedad- de que una mayor emancipación femenina alteraba los roles tradicionales y su forma de relacionarse, desorientando un tanto al hombre. No a todos, porque nadie conoce a todos de todos los grupos, pero sí de una mayoría suficiente como para sustentar teorías. Al eterno desencuentro se le añadían factores desestabilizadores, en busca de estabilidad, mucho mejor.

Alfonsina Storni le escribió a un “Hombre pequeñito” antes de beberse por él medio océano muriendo claro está en el intento, lo que es una gran paradoja. Gioconda Belli se quejó de la ceguera de otro, aunque para concluir en el más hermoso alegato feminista que he leído, el que solo entiende de mutua necesidad y cooperación. Complicadas las relaciones humanas, la desazón gozosa solo merece la pena si se sacia, si no se convierte en un molesto incordio.

El hombre del casino no era perfecto, en absoluto, pero sí tiernamente humano. Y ¡cómo nos gusto! Un feo irresistible, fuera de todo tiempo y lugar para el encuentro real, fue también para mí Yves Montand. Como le contó Janis Joplin a Leonard Cohen en el Chelsea Hotel, a veces se hacen excepciones. Antonio Gasset, un genio, le despidió a su muerte en todos sus matices. Tampoco Yves era perfecto, casi extremo en defectos y virtudes. Es tan difícil apostar al negro y ganar…que casi parece mejor meter los ahorros a plazo fijo en un banco.

El sombrero de El Principito

La odisea se repite año tras año, si se trata de buscar regalos de cumpleaños singulares (en justa correspondencia a los que se reciben). De un lado, los libros. Algunos lugares supuestamente habilitados para su venta resultarían más propios si los ofrecieran mezclados con tomates, pepinos y papel higiénico. Y las personas encargadas de buscar la aguja en el pajar de la basura literaria, estarían mejor ubicadas en la sección de charcutería, dado su conocimiento del material con el que tratan. Pero hay que ser positivo, al final está el premio, aunque cueste encontrarlo. O casi siempre está.

No enlazo el post de la camiseta del año pasado, fue complicado hacerla pero lo conseguí gracias al pundonor de una chica que se rebeló contra la incompetencia reinante. Volví este año: ya no trabajaba allí, por supuesto.

Intenté que quien me atendía hiciera la misma labor de su predecesora. En mi ingenuidad, llevaba en un pen drive la imagen del sombrero de El Principito de Saint Exupery capturada de google y coloreada, en la única forma que la encontré. Así.

Lo que sí comprendimos ambos, mi interlocutor y yo, es que tratábamos asuntos extraterrestres e iba ser difícil llegar a una conclusión. No perdí demasiado tiempo, me fui. Y lo mismo me ocurrió en 3 sitios más.

Tras profunda investigación en Internet, encontré una tienda recomendada. Metro Sol. Aparqué el coche en la Plaza de Oriente. Ya en Sol pregunté a un guardia y me indicó que la calle buscada cruzaba Espoz y Mina. La cruzaba, pero muy arriba, casi en Atocha. De lejos vi en los escaparates unas camisetas preciosas, bien hechas. Sin resuello ya, llegué a la puerta: un andamio, dos albañiles, cascotes por el suelo y nada más, estaban en obras.

Un cartel en la puerta remitía a otra tienda de la misma empresa en Malasaña. Llamé por teléfono. Con el libro tal cual y ampliando fotocopias podían hacerme el diseño, pero… no sobre camiseta negra, sólo posible en la tienda de Sol, ahora desmantelada.

Nueva búsqueda en Internet. Noes con profusión. Hasta un señor muy majo que me explica que él no es la persona indicada para el trabajo: solo hace planchas, de uso interminable, es cierto, pero cuestan 40 euros.

-¿Y dónde podría grabar la camiseta?- suplico.

Me cita, para mi sorpresa, unos grandes almacenes. En la sección de deportes. Llamo y así es. Pero nada qué hacer con fotocopias, he de llevar el diseño exactamente como lo quiera. Y en pen drive o cd.

Es justo el trabajo de mi hijo -o uno de ellos-, pero no puedo pedírselo, se trata de una sorpresa. Acudo a mi bombero de guardia para estos asuntos: Javier Barrera. Y me remite de inmediato a Juanpi quien en pocos minutos me hace el diseño. La Red ha funcionado una vez más. Gracias, gracias.

El resto fue coser y cantar. El chavalito que culminó el objetivo, fotógrafo de profesión, se emociona con llevar a cabo este diseño en lugar de poner números sobre camisetas de fútbol para papas y sus retoños de todos los tamaños. No conoce la historia del sombrero. Él ve una montaña, no está mal.  He de hacerla en este tamaño. Cuesta 12 euros y si la quiero un poco más grande son 37, creo. No puede hacer más.

A mi hijo y a mí nos entusiasma esta imagen. Como El principito no podemos entender que no sea todo el mundo quien vea que en realidad es una boa comiéndose un elefante. El sombrero solo sería admisible para freírlo. Y que no hace falta ser tan explícito como para atravesar a la boa con rayos equis. Porque bien claro está.

Pero es lo que tiene distinguir entre la superficie y el contenido. Parece que esta percepción se da más en lejanos planetas. Menos mal que empiezan a abundar los extraterrestres que ya habitan entre nosotros.

Feliz cumpleaños David, compañero de ilusiones. Vamos a ver si en la calle hay semáforos como éstos (y que también he conseguido por la mano humana en Red, gracias a Javiergaviero)

Verdaderamente hartos de los «regeneradores»

Una enfervorecida masa que había congregado en Washington un ultraconservador payaso mediático llamado Glenn Beck, ha osado usurpar la memoria en día y lugar de Martin Luther King y pisotear los grandiosos sueños que el líder negro expresó y pagó con la vida. Pedían Devolverle a América su honor, exigiendo un menor intervencionismo del Estado y proclamando un renacimiento del país en la fe cristiana.

La desinformación y entontecimiento actual de la población logra hacer creer que hay un lugar así al que volver. Pero tal cosa no se corresponde con la realidad (los norteamericanos no sufrieron la Edad Media). Veamos…

Para empezar, la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana  (1789) contiene dos referencias a la religión: la  «cláusula de establecimiento» y la «cláusula de libre ejercicio»,  que consagran sendas prohibiciones: que el gobierno apruebe leyes que establezcan una religión oficial o muestren preferencia por una religión sobre otra y, también, que las leyes imposibiliten el libre ejercicio de ella.

 A Thomas Jefferson, tercer presidente de los EEUU, se le considera uno de los padres de la nación. Un hombre inmensamente culto, libre y polifacético que, en su epitafio, escrito por él mismo, se definió como «autor de la declaración de Independencia Americana, del Estatuto de Libertad Religiosa de Virginia y padre de la Universidad de Virginia» (pública y laica por cierto). Nada que ver, para entendernos, con Glenn Beck o Sara Palin, otra de las jaleadoras del evento.

Algunas cosas de las que Jefferson escribió:

Sacúdete de encima todos los miedos de los prejuicios serviles, bajo los que las mentes débiles están servilmente acuclilladas. Sienta firmemente la razón en tu asiento y lleva a su tribunal cada hecho, cada opinión. Cuestiónate con valor incluso la existencia de un Dios, porque, si hubiera uno, debería dar el visto bueno a un homenaje a la razón, antes que al miedo ciego”.

Es decir, que el padre de la patria Jefferson, hubiera, como Jesucristo en el templo, corrido a gorrazos a los mercaderes de objetos y creencias, que, encima, dicen actuar en su nombre.

Sin olvidar lo que pensaba del sistema que los «regeneradores» defienden a muerte:

«Creo, sinceramente, con ustedes, que los establecimientos bancarios son más peligrosos que los ejércitos permanentes y que el principio de gastar dinero para ser pagado por la posteridad, bajo el nombre de la financiación, es sin embargo una estafa futura a gran escala«.

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«El sistema de la banca nosotros lo hemos reprobado por igual. Yo lo contemplo como un borrón en todas nuestras constituciones, que, si no se protegen, terminará en su destrucción, ya que ya están siendo golpeadas por los jugadores corruptos, y está arrasando en su progreso, la fortuna y la moral de nuestros ciudadanos«.

Premonitorio. Y ambas ideas fueron expresadas en 1816.

El tal Beck ejerce de portavoz de los libros de la española FAES y su campaña contra las energías renovables en las que España era potencia emergente tuvo una silenciada consecuencia en la cancelación de contratos. No lo hacen gratis, buscan beneficios privados. Y lo que vale para allí, vale para aquí. Con los voceros políticos de intereses que favorecen a unos pocos. Deambulamos en el barco de la imbecilidad programada. Y hay una abismal diferencia entre insultar y definir.

Los “regeneradores” de la democracia reclaman una vuelta a un pasado que no existió y que intentan formatear a su medida. La desinformada y entontecida sociedad que les escucha les cree, porque nada se cuestiona. Y no, la violencia no es justificable, el triunfo de la fuerza bruta no la legitima, el fascismo no es admisible, meter en el mismo saco todas las etiquetas que –interesadamente- nos ordenan meter es de idiotas, pero consigue pudrir el conjunto para ser arrojado a la basura,  y todas las opiniones no son respetables, son debatibles en el sentido de querer llegar a separar lo que es verdad de creación, ilusión o manipulación. Eso no cae del árbol como las peras, ni entra en las porterías como los balones de fútbol. La democracia se ha pervertido en efecto al punto que se le prevé un oscuro futuro. Los pastores del rebaño adormecido tienen muy claro dónde tienen que llevarlo. La educación, hincando los codos, y repasar las telarañas del cerebro con un plumero ayudarían, realmente, a regenerar una democracia para todos.

Hombre-masa es todo aquel que no se valora a sí mismo, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás”.

José Ortega y Gasset 1930

Las personas con escaso conocimiento tienden sistemáticamente a pensar que saben mucho más de lo que saben y a considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas”.

Efecto Dunning-Kruger 1999

PSM, la película

 Lo que tiene aposentar la sede encima de un cine. Siempre hay que cuidar los detalles para que no jueguen malas pasadas.

Foto Flick de Carlos Cesar Alvárez

 La programación se completa con El sainete valenciano.

¿»Equidistán» es realmente equidistante?

La crisis nos impregna: ha llegado también a la cultura y la evasión. Sobre todo a la evasión. Ramón Muñoz nos cuenta en El País que “Los ‘apocalípticos’ de la recesión se hacen guionistas”. Libros, cine, televisión “se alimentan de las visiones catastrofistas de la crisis” -detalla-, como resulta lógico cuando un tema hace latir –aunque sea poco- a la sociedad. La crisis impregna al periodismo, especialmente al “equidistaní”.

  • En el lado derecho de la balanza tenemos a Glenn Beck:

“La mejor muestra del nuevo filón es el showman y presentador de televisión estadounidense Glenn Beck. Desde su tribuna diaria de Fox News y desde su programa de radio, predice todo tipo de catástrofes si Barack Obama persiste en el proceso de “socialización” de la economía norteamericana que inició su predecesor, George W. Bush…”.

Es decir, a este señor –que pretende “refundar” EEUU, desde las escalinatas de los sueños de Martin Luther King, para conseguir un país ultraliberal sin fisuras- le apoya la poderosísima cadena Fox, el movimiento ultraconservador Tea Party y el ala derecha del Partido Republicano.

  • En el plato izquierdo –según el artículo-, está Michael Ruppert…

“Un antiguo policía de narcóticos de Los Ángeles, ha saltado a la fama por sus predicciones catastrofistas”. “Adivinó” todo lo que no veían supuestamente los economistas. “Así, Ruppert aparece en una conferencia en 2006 advirtiendo a la gente que no se endeudara, ni contratara hipotecas porque estaba a punto de estallar una gran burbuja inmobiliaria, como efectivamente sucedió dos años después con la crisis de las subprime. También anticipó la quiebra del sistema financiero y los rescates multimillonarios de 2008 (la siguiente en caer será la propia Reserva Federal, según su vaticinio)”.

Lo peor es que “Ruppert da una imagen de paranoico, fumando compulsivamente, e incluso llorando cuando relata los estragos de la catástrofe que está por llegar”. A su documental “Colapso” parece que le apoya el fervor popular.

  • Y flotando por el aire, a ver si se decide a depositarse en el plato izquierdo, a Michael Moore:

“Con más oficio de agorero profesional pero mucho menos auténtico, el director Michael Moore ha vuelto a la carga con “Capitalismo, una historia de amor” en el que pone el dedo acusador en los grandes magnates financieros que, servidos por sus políticos títeres, han causado la crisis y ahora cargan las consecuencias sobre la clase media, que sufre en sus carnes cómo cada día se destruyen 14.000 empleos o hay 7,5 desahucios por minuto”.

Moore sin embargo cobra por su trabajo. Y eso está muy feo en alguien de izquierdas ¿o no es de izquierdas?:

“Con la demagogia que caracteriza a este histriónico director, millonario gracias al sistema que denuncia -cobra 3.000 dólares por entrevista-, el documental denuncia cómo la aristocracia de Wall Street obtuvo mediante el miedo y los sobornos que el Gobierno saliera a su rescate con 800.000 millones de dólares (623.883 millones de euros)”.

A mí, en este análisis y así, a bote pronto, me faltan dos libros fundamentales: “La doctrina del shock” de Naomi Klein (aunque sea de 2007 mantiene su vigencia) y “Su crisis, nuestras soluciones” de Susan George. A mí en este análisis, me faltan… datos, proporcionados por expertos. O, al menos, una comprobación y constatación de lo que realmente ha sucedido en el mundo con la crisis, qué afirmaciones de los autores citados son hechos constatables y qué opiniones. Quién apoya a quién en todos los casos, y cuánto cobra cada cual en dinero o en especie.

Sin acritud hacia el autor de este artículo que no es sino una muestra más del actual periodismo –e incluso más elaborada que otras-, me limito a mostrar la peligrosa vigencia de la “equidastania”. La mesa puesta para que uno se sirva al gusto. Aunque ¿de verdad “Equidistán” es equidistante?

Por cierto, aquí está en acción Glenn Beck y hablando de España con un español. No es nada histriónico ni demagogo.

El limbo

Es el lugar más seguro para vivir. La tierra del hombre masa, la cuna de todo el mundo. Dispone de paredes insonorizadas para no escuchar el llanto de dos tercios de la población mundial condenada a un “infierno” en vida. Y, por las ventanas al exterior, apenas entra la luz de la información. Los “mercados” son sólo el cuento temible para enderezar conductas. Las restricciones de la dieta alimenticia, necesidades de la organización. Es caro comer a la sopa boba. Cuanto más bueno y dócil seas, más cromos te dan para canjear en las tiendas. Es un lugar confortable lleno de sugerencias para comprar. Casas, automóviles, vacaciones, vestidos, abalorios… los acumulas, los consumes, tiras sobrantes a la basura y vuelves a empezar.

 Afuera, cuentan, suceden cosas incómodas, potencialmente peligrosas: daños colaterales, flexibilizaciones laborales, reajustes de precios e impuestos, recogidas de beneficios, alzamientos de bienes, contextos que salen y entran, delincuentes, pobres, bombas y conflictos armados, enfermedades. Y se sabe. Y se abraza la seguridad. Alguien nos cuida, nos protege, vela por nosotros. Los protagonistas se pegan y gritan, surgen temas pasionales de controversia sobre los grandes valores, y los residentes pueden participar a través del mando a distancia. Se puede escoger bando, creencia, apostar.

 Los rebeldes son condenados al abismo, sin preámbulos. Apenas se les ve desaparecer. Uno mira en las vidas de los otros y se siente admitido en la norma. Por la televisión comunitaria surten de grandes entretenimientos para pasar el tiempo y escenificar el simulacro de vivir.

 Sofás ocres, cortinas ocres, paredes ocres, suelo gris.  Ni fuego, ni hielo. La temperatura es de 22º y cuando llegan olas de calor o de frío, huracanes y diluvios, la sensación térmica permanece inalterable. Presión sanguínea en 12/7, la diástole y la sístole sin sobresaltos y 72 pulsaciones de pulso cardíaco. Excesos en comida y bebida, emociones y conciencia, no se reflejan en las gráficas. La sensación corporal y de los sentimientos es siempre la correcta. No hay mejor lugar para vivir. El averno no es opción. El cielo efímero no se contempla.

La liturgia católica decidió abolir no hace mucho el limbo de la mano de Ratzinger porque mantenía dudas de si en efecto era una verdad de fe. La realidad se colaba por las ventanas y había que cerrarlas. El limbo es un lugar incontaminado, libre de humos, alientos, pestilencia. O ésa es al menos la sensación limbística. ¿Qué más se puede pedir?

Desnudar la piel

 

Desnudarse de la propia piel no parecía una posibilidad hasta que he visto este cuadro de Verónica Rubio. Me ha parecido una pintora fascinante, inquietante. No ceso de darle vueltas.

Cuando hasta la piel escuece, cuando sobra cualquier peso por mínimo que sea, surge una cremallera liberadora. Pero tras ella asoma un hondo vacío. ¿O no tanto? Es una forma de verlo.

O cuando arde, o cuando sobran ataduras y se precisa menos peso para volar hacia cualquier destino.

O que todo es accesorio, hasta la piel.

O que hay pieles de quita y pon para cubrir el cuerpo.

  • En el resto de la obra, Verónica Rubio da más pistas…

Un hombre roto y cosido…

Una mujer resquebrajada, enlazada…

Pero, bien, las heridas desaparecen, son… epidérmicas.

Medio vestido, medio desnudo, siempre la doble opción. Hundirse en la no materia o despojarse de ataduras para recubrir al gusto el negro. Y volar si a uno le place. Un mar de dudas. Pero es magnífico encontrar sugerencias artísticas que despiertan sentidos y emociones.

Friendo sombreros

 

Russell Edson es un escritor e ilustrador norteamericano a quién encontré señalado (y con gran razón) como ejemplo de la osadía en la búsqueda de la creatividad en la literatura. Quizás hay en este poema -que me fascina- un atisbo machista, pero en asuntos tan íntimos como freír sombreros, es difícil desprenderse de atavismos y cada uno lo hace como puede…

«Un hombre estaba friendo su propio sombrero, y mientras tanto pensaba en cómo su madre había frito el sombrero de su padre, y en cómo su abuela había frito el sombrero de su abuelo.

Un poco de ajo, un poco de vino, el sombrero ya no sabe absolutamente a sombrero, sabe a calzoncillos…

Y friendo el sombrero pensaba en como su madre hubiese frito el sombrero de su padre, y en como su abuela hubiese frito el sombrero de su abuelo, y pensó que le hubiese gustado de alguna manera encontrar una mujer, para tener a alguien que le friese el sombrero; friendo los sombreros, se siente uno tan solo…»