La familia tradicional ¿una entelequia?

 

El papel más importante de la familia en la sociedad actual es, a juicio de casi la mitad de los españoles, el de «criar y educar a los niños«. Y el 45% opina que es la mujer quien debe reducir su jornada laboral para atender el hogar. El CIS ha preguntado a los españoles sobre la familia. Las televisiones hablan de la familia. El PP cambiará –se presume- el Ministerio de Igualdad para convertirlo en el de La Familia. 

   Lo primero que habría que preguntarse es si existe la familia tradicional o es una entelequia, cuánto de tradicional es la familia idealizada.

   El modelo nos habla de un chico que conoce a una chica –de similar edad-, se enamoran y se casan, viven juntos 40 años o más, tienen varios hijos con los que conviven. El trabaja fuera y ella cuida del hogar y la prole. Están en casa los abuelos, que cuentan cuentos a los niños. En Navidad la madre y la abuela hacen pastas y hojaldres para todos. En sus ratos libres bordan. Y, si nos atenemos a las añoranzas planteadas cada vez con más intensidad, a la caída de la tarde rezan en rosario en familia.

Como decía Jesús Encinar (fundador de «elidealista») en un brillante artículo), esta descripción es una completa anomalía en la historia de la Humanidad, que casi podría circunscribirse a los países desarrollados y a mediados del siglo XX.

Hace cien años la esperanza de vida en Europa era de 35 ó 40 años, en España en concreto de 35, igual que ahora en algunos países africanos o poco más en Afganistán, por ejemplo. Era muy fácil por tanto casarse «para toda la vida«, luego se volvió mas complicado.  La familia «tradicional» solía estar compuesta de un padre con sucesivas mujeres e hijos de varias de ellas. Y el amor no fue hasta muy recientemente una razón para casarse. En los matrimonios había diferencias de edad, siempre a favor del hombre, mayor que su esposa. La familia estaba basada en la subordinación y aún anulación de la mujer, se sostenía a costa de ella. Y había una gran presión social para que la mujer aceptara su papel. También se sustentaba en la explotación de los hijos. Como se producía una fuerte mortandad infantil, la mujer pasaba embarazada y cuidando niños buena parte de su vida. Vemos que incluso en el año 70, cuando tímidamente estaban cambiando algunas cosas, nuestro crecimiento demográfico era aún muy alto: más del 10%, como sucede en los países «en desarrollo«.  

  ¡Y ahí estaba la mujer tradicional de la familia tradicional! Lavando la ropa a mano, fregando el suelo de rodillas –porque aún no había fregona-, yendo al mercado todos los días porque tampoco disponía de frigorífico, y cargando con la compra porque ni la enviaban a casa, ni se iba en coche a por ella, porque tampoco lo tenían más que un 4% de la població (informe FOESSA 1970). En cuanto a los niños, sin enseñanza obligatoria y universal como ahora, a los 14 años trabajaban muchos y aún antes, ahí tenemos la figura del botones o el aprendiz.  Y no nos olvidemos de otra figura interesante: «la querida». No existía el divorcio, pero el hombre sobre todo el adinerado podía tener una «querida». El adulterio femenino estuvo penado en España hasta 1978.

 En las familias de siglos pasados había muchos más huérfanos, alcohólicos, maltratos, violaciones, abusos e injusticias de los que nos podemos imaginar. Ésa es la familia tradicional. ¿Excepciones? Todas las que queráis aunque muchas veces el recuerdo idealiza la realidad.

Pero llegó la democracia. Y una Constitución. Y la reforma del derecho de familia, y el divorcio, y el aborto, y acabar con la ley que permitía a las niñas casarse a los 12 años porque era cuando ya podían ser madres (sucedió en 1981), 14 para el chico, y que todos los hijos fueran iguales y adquirieran derecho los ilegítimos, y el desarrollo con sus electrodomésticos y otras facilidades «para la mujer«, y el fin de la prohibición de la píldora y  mayores medios para evitar la concepción no deseada, y por tanto el comienzo de la liberación de la mujer.

   ¿Y qué define ahora el modelo mayoritario de familia en la que vivimos?  Que sale a la luz en cierto modo el de antaño. Hogares en los que conviven una pareja con hijos de distintos matrimonios.  Tenemos también muchas más familias monoparentales, aunque casi el 90% están constituidas por una mujer como cabeza. Parejas homosexuales que propició la ley socialista. Muchos abuelos están en residencias, o viven separadamente. Ya no cuentan cuentos a los niños, aunque a menudo son utilizados para cuidarles en ausencia laboral de sus padres.

   Pero, en mi opinión, lo que realmente define a las nuevas familias es su dedicación a la fiebre imperante del consumismo, que parece situar como prioridad pagarle al banco la hipoteca de la casa en la que viven y adquirir muchos bienes que creen necesitar. Y eso va en detrimento de los hijos, de estar físicamente con los hijos. Y así están las criaturitas, que dan miedo.

    Podemos hablar a la vista de todo esto sobre la idealizada familia ¿no?

«La constante presencia de los políticos en los medios desinforma»

 Es el titular que Bárbara Yuste ha puesto a la entrevista que me ha hecho en ABC. En el día en el que el CIS constata que se ha consolidado a los políticos como tercer problema de los españoles, no está mal.

  Éste es un framento de la entrevista del que comienzo extrayendo mi homenaje y agradecimiento a quienes escribís en este blog y alguna cosa más.

Qué has aprendido en este tiempo?

Que existen personas que se molestan en buscar, leer y comentar lo que escribo, y que recibo una respuesta más cercana que nunca. En «Informe Semanal», aunque me reconocían por mi labor diferenciada, la audiencia se distancia más. Los comentarios de mi blog son un lujo. Muchos merecerían su propio blog. Se puede crear un espacio de interrelación muy gratificante. También con otros compañeros periodistas de internet. En la mayoría de los casos me he sentido muy afín con ellos, porque son los que vibran con el periodismo que se hace hoy.
 
Hay mucha política entre los contenidos del blog, ¿se debe a que es el tema que acapara más titulares de la actualidad informativa?
 
Se debe a que hay una profundísima crisis política, económica, social y de valores. Creo y defiendo la democracia, y, frente a la tiranía de «los mercados» y el sometimiento de los gobiernos a sus dictados, pienso que la sociedad debe exigir a sus gobernantes y parlamentarios que recuerden que la soberanía reside en el pueblo, que únicamente son nuestros representantes, y deben ocuparse del bien común. La política coherente es la única salida democrática a todo lo que nos está sucediendo. En estos tiempos estamos para pocos adornos y pocas pérdidas de tiempo. De todos modos, también escribo mucho de periodismo.
 
¿Crees que los contenidos políticos funcionan en los blogs de la misma manera que en los medios tradicionales?
 
Funcionan mejor en los blogs porque son más libres. En los medios tradicionales, además de que se pueden ver condicionados por la ideología del medio, se da una presencia constante a los políticos que desinforma. No se puede seguir dando tanta difusión a todo lo que dicen u opinan los políticos. No es noticia todo lo que opinan y dicen los periódicos, y el periodismo está –conviene recordarlo- para informar. En los blogs no se hace eso, no hay cuotas, no se pesa por gramos lo que dicen los políticos. Y, en mi caso, procuro dar datos que aporten información al lector, más allá del «éste dijo, el otro dijo» y tan contentos con la manoseada y maltratada objetividad.
 

Nuestro futuro laboral

  • Cobro de la pensión a partir de los 67 años, para recibir menos prestación tras EREs y prejubilaciones…
  • Un 40% de paro entre los jóvenes…

Éste es el futuro gobierne quien gobierne, a menos que…

Venciendo al «kippel»



“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una novela corta de ciencia ficción, escrita en 1968 por el norteamericano Philip Kindred Dick . Una versión libre de ella dio origen a la imprescindible película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott en 1982. Por cierto, la precariedad en la que viven esos androides prefabricados -tan similares a los humanos- que les obliga a huir de su planeta, se parece mucho más al futuro al que nos abocamos que al «Mundo Feliz» de Adouls Huxley y sus contemporáneos.

    Tengo la teoría de que mi casa engulle ciertos objetos. Al vivir más personas en ella, parecería que alguna activara el desagradable mecanismo, pero no, hace poco me explicaron que aquí se me ha instalado el «kippel«. Limpios como los cuidadores de patenas, con todo en apariencia de orden, somos absolutamente inocentes de la ocupación de ese desagradable ente. Termina por no ser basura en sentido estricto, sino mucho peor: cuerpos que han perdido la función que les dábamos y que toman vida propia. A saber:

“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (…) el kippel expulsa el no-kippel (…) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado» escribieron en su día en www.microsiervos.com citando la novela aludida.

    Pues bien, en este extraño día de lluvia persistente, de intentar no hacer nada en absoluto, parecería que el «kippel» haya sido vencido por el «no-kippel» y han comenzado a aparecer los objetos perdidos. De hecho, yo me encuentro en total relax y me llaman uno por uno, acudo a su voz y allí están. El problema es que esa propiedad de reproducirse subterfugiamente del «kippel«, oculta cosas valiosas.  Y lo mejor es que, como diría cualquier colega de los medios actuales, el prodigio “no ha hecho más que empezar” (les gustan mucho los tópicos). Ahora voy a estar más atenta a los sonidos de lo que queda por volver a hacerse presente.

   Esto me ha llevado a una segunda reflexión, mucho más decisiva. Han vuelto a revivir en consecuencia CDs por ejemplo y, para escucharlos, he conectado, tras mucho tiempo sin hacerlo, el equipo de música, más cerca del sofá reparador. Es un ejemplo. Resulta que los seres humanos somos producto de una trayectoria y, sin embargo, solemos quedarnos con lo último que llega, arrinconando buena parte de lo anterior. Me refiero a las personas que mantienen sus ojos abiertos, no a los del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Errores y aciertos nos labran y solidifican, multitud de recuerdos renacen para volver a latir y matizar el conjunto. Nefasto mirar sólo a un inicio como suelen hacer en todos los aniversarios, incompleto quedarse únicamente con lo nuevo, somos un todo, y es eso lo que nos sustenta. Debe ser ese error, precisamente, lo que desencadena el «kippel«. Es una teoría no refutada, claro. Sabe uno de este modo que tanto la felicidad como el dolor pasan, ya los conocemos, ocurrió otras veces. Y desde esa altura, se puede usar con igualdad facilidad la firmeza y la condescendencia. Incluso para uno mismo.

   Tengo la impresión de que el “kippel” que se instaló en mundos imaginarios, habita, desconocido, en el planeta Tierra.  Ahí debe estar la raíz de lo que nos ocurre. Hay que apagar los ruidos y encender la realidad para escuchar el orden natural, su contrario, y sacarlo a la luz. Lo está pidiendo, ya os digo.

Camps y el sexo

    Francisco Camps –como decíamos ayer- ha retirado, temporalmente, la educación sexual de los institutos. Ya avanzó que quería «rediseñar su contenido«. Ahora vemos que la medida coincide con una petición del Arzobispado de Valencia que, de hecho, pondrá a disposición de los colegios concertados y privados durante este curso, un texto alternativo. El arzobispado ha declarado que se están  «ultimando los detalles» de este programa contrario a la masturbación, los anticonceptivos, el aborto o el inicio de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Evidentemente todos los miembros del Arzobispado –supuestamente célibes- son auténticos expertos en el tema.

   Siempre me ha desconcertado la obsesión por reprimir el sexo del ultraconservadurismo. Una –a pesar de todo- amiga quiere enviar a Bibiana Aído a la cárcel por haber entrado en las procelosas aguas de lo innombrable. Tras más de 30 años de democracia, la educación sexual sigue siendo un tabú en los colegios españoles, tanto públicos como privados, según se ha denunciado reiteradamente. Depende, en gran parte, del signo del  centro, en algunos es una quimera. El peso de la Iglesia se deja notar y, hasta en la educación pública existe una mentalidad conservadora latente que sigue considerando el sexo algo a esconder. De esta forma, buena parte de los niños españoles continúan informándose a través de amigos y con los medios de comunicación. Los ardorosos adolescentes valencianos –casi todos lo son a esa edad- se toparán ahora con la sotana que les dice que no forniquen y, si lo hacen, sin preservativo para traer muchos votantes al mundo, aunque luego se mueran de hambre.

   Es asombrosa la permisividad con el resto de los llamados mandamientos de la ley de dios. La reiterada malversación de fondos públicos se trata como pecadillos veniales, amarse es un delito mortal, si no cuenta con la bendición de algún célibe sacerdote.

   Entre todas las disquisiciones que se disparan acerca del papel de un dios en la creación del mundo –frente a los racionales hallazgos de la ciencia-, lo más incomprensible es que ese Ser –distinto en cada religión- se haya molestado en ordenar con quién y cómo debe uno meterse en la cama.

   Paradójica también la obsesión de los dirigentes valencianos, de tan «dudosa» sexualidad, por imponer el hombre-mujer y bajo sacramento en las relaciones sexuales.

   El desarrollo científico, tecnológico, cultural, no ha ido parejo en absoluto con el progreso humano. Si nuestros antepasados prehistóricos se zurraban con garrotes y piedras, ahora lo hacemos igual, solo que con sofisticadas bombas. No sólo es necesaria la formación sexual -para sacar mucho más provecho de ella y no cometer errores evitables-, se hace indispensable educar en los afectos, terreno en el que no se ha avanzado nada en milenios. Amarse con emoción, a la luz del día, sin oscuras sotanas que nos oculten. Al fin y al cabo, es uno de los pocos placeres que todavía no cotiza en bolsa.

Corrupción española: bien de interés cultural

En vista de la encendida defensa que hace el PP para declarar los toros bien de interés cultural y patrimonio protegido por la UNESCO, es de suponer que actuará en consecuencia cuando llegue al poder como le vaticinan las encuestas, dado que ya lo ha hecho en las comunidades que gobierna. Pero todavía nos pueden deparar muchas más sorpresas. Por ejemplo, lograr la misma calificación para la corrupción española. Así Cospedal (y el resto de los ecos) no tendría que salir a atacar el Estado de Derecho cada vez que la policía entrulla a miembros de su partido por malversación de fondos públicos, cosa que ocurre con cierta frecuencia. Hay cosas que no deben exponerse a la vista pública. Se lavan o se ocultan en casa, como toda la vida.

Declarar la corrupción española bien de interés cultural, de interés turístico también, y patrimonio protegido de la UNESCO, se asienta en profundas razones que no pueden verse obviadas.

  • La tradición. Desde el gran éxito editorial de Anónimo, con el Lazarillo de Tormes, sabemos que forma parte de nuestras más arraigadas costumbres. Cuatro siglos ya de la obra y no hemos hecho nada por reivindicar nuestra insuperable aportación al mundo. Se apoyaría también en refranes populares como el que dice “Abierto el cajón, convidado está el ladrón”. Grandes y pequeños, nobles y villanos, reyes y presidentes han robado a manos llenas el dinero público. España puede acreditar una gran tradición en esta práctica, y las tradiciones hay que conservarlas. ¿Qué haríamos sin tradiciones? La corrupción es “un componente especial de la cultura española”.
  • Trato dado a los corruptos. Como los toros antes de la corrida, los corruptos españoles gozan de grandes prebendas, superiores a los humanos honestos. Y a diferencia de los astados que palman en sangre, nuestros corruptos a gran escala, suelen salir casi indemnes de la cogida. Buenos y caros abogados, lentitud de una justicia que no siempre es del todo ciega, apoyo solidario de unos con otros, e incluso de desconocidos que quieren medrar sin escrúpulos. Muchos españoles llevan un corrupto dentro.
  • La estética. La corrupción española no es un deporte ni un sacrificio ritual, no, es una mezcla de baile, arte y virilidad. Embutidos en trabillas italianas a costa de los contribuyentes, danzan ante nuestros ojos, con un par de bemoles, amariposados y señoras (por cierto hay menos porque menores son sus cargos públicos probablemente) incluidos. Sus capoteos mediáticos nos embelesan, nos marean.
  • La trascendencia. Contemplar la corrupción sirve para descargar colectivamente sentimientos positivos y negativos, algo enormemente saludable según los expertos. Es una lucha casi religiosa entre el bien y el mal. Irritados algunos, complacientes otros, vemos que triunfa el mal, a diferencia de lo que ocurre en las corridas de toros, y nos preparamos para la realidad de la vida.

Declarar la corrupción de interés turístico e incluso fiesta nacional, nos traería valores añadidos. Podríamos llevar a nuestros turistas a contemplar los ladrillos del litoral que han edificado millonarias fortunas particulares, el cemento del interior, los campos de golf, los vertederos de basuras, o incluso las administraciones de lotería donde compra Fabra sus boletos. Incontables puestos de trabajo en guías turísticos y una incalculable riqueza para el país.

No olvidemos los souvenirs. Talonarios, sobres bajo mano, chapas, camisetas, jarras, llaveros con la efigie de las estrellas de la corrupción. Beneficio seguro. Una auténtica industria al servicio de «la fiesta».  Y, como apuntan los comentarios, congresos y aulas de corrupción donde aprender la carrera.

La corrupción española protegida como patrimonio de la Humanidad en la UNESCO, homologaría además a los grandes malversadores y especuladores mundiales. Agradecidos, «los mercados» dejarían de atacarnos. No se ven más que ventajas.

La sabiduría práctica, la inteligencia emocional, no está para luchar contra los elementos, sabe navegar con el viento a favor y sacar provecho de su patrimonio. Hay que subvencionar –más aún- a los artistas de la corrupción española, no dejar que la fiesta muera. Con rigor y sin apoyos, estos bravos ejemplares desaparecerían. España sería otra. Honesta, responsable, culta.

Por cierto, Camps ha retirado temporalmente la educación sexual de los institutos porque tiene que «rediseñar» sus contenidos (la abejita y el polen, me han apuntado como posibilidad). Y un informe internacional sitúa a los jóvenes españoles a la cola de Europa en innovación y competitividad. Lo atribuye a que aquí no se cultiva la inteligencia. Según los expertos, eso lastra el desarrollo económico y social de los países. ¡Qué sabrán ellos! Aquí les va divinamente a unos cuantos. Y más que les irá. Estamos en el buen camino. ¡Corrupción, fiesta nacional, bien de interés turístico, cultural y patrimonio protegido por la UNESCO!

Que me lo arreglen otros

Las desmesuradamente aireadas primarias del PSOE en Madrid han revelado que en toda la Comunidad hay 18.000 afiliados a este partido y que ni siquiera todos acudieron a votar para tomar una decisión significativa. Cuenta Miguel Ángel Aguilar –alarmado por la misma cuestión- que los militantes con carné del PP han llegado a los 90.000 en Madrid. Que son 700.000 en toda España, frente a los 360.000 del PSOE y los  55.000 de Izquierda Unida. Las cuotas de los socialistas representan 6 euros al mes, dice Aguilar, salvo los cargos públicos que cotizan en función de sus ingresos (aunque parece que no pagan más de 20 euros mensuales).

Ignacio Escolar encontró hace poco un informe de la Comisión Europea en donde se mostraba que España es uno de los países con menor afiliación sindical (el 15% frente al 25% de media con más del 70% en Suecia y Dinamarca) y con mayor número de empresas inscritas en las patronales (el 72%).

De estas canteras se nutren los cargos (políticos, sindicales o empresariales). Todo ello explica muchas de las situaciones que padecemos. Sus picos significativos son éstos, en mi opinión:

  • Escasísimo compromiso de los españoles por las cuestiones de todos.
  • Mayor en la derecha y en la patronal que en la izquierda o las uniones de trabajadores.
  • Peligrosa endogamia.

Puede que hayan sido los males seculares de España…

  •  40 años, uno tras otro, de tutela franquista que nos trató como súbditos con debilidad mental, creando una inercia que tardará en irse.
  • La recurrente falta de educación de la ciudadanía que induce actitudes profundamente egoístas.
  • Ver la obsoleta y jerárquica estructura de las organizaciones que disuade de participar en ellas. Salvo, como vemos, en las empresas.

En las formaciones de izquierda aparecen como grupúsculos (comparados con los votantes) que se guisan y se comen –sin duda echando sal a los dulces, y azúcar a los salados por fastidiar al rival- un pastel que debiera competernos a todos. Todo fruto de la endogamia. Apenas 500 votos han separado a Tomas Gómez de Trinidad Jiménez y el hecho ha ocasionado un terremoto que hace temblar los cimientos de La Moncloa. Poco más de 7.000 personas han tomado una decisión que termina afectando a todo el país. Aunque siempre sea mejor a que lo haga una sola persona, una camarilla o los miembros de una ejecutiva.

Los movimientos vecinales están prácticamente muertos. Proliferan en cambio minoritarias asociaciones eufemísticamente llamadas –en muchos casos- “sin ánimo de lucro”, ávidas de subvenciones públicas, para reunirse de vez en cuando y hacerse chapitas y carteles con su nombre. Como casi todo lo que ahora sucede, esta situación ha sido promovida desde los poderes varios, pero la sociedad no se libra ni mucho menos de culpa. Huímos del compromiso, por las razones que sea, dejando en muy pocas manos lo que se dispone para todos. Es decir, la antítesis de la democracia.

En otros países no sucede lo mismo. La implicación en los destinos del conjunto de la sociedad es mayor. Y se nota.

  Entono la primera el «mea culpa», no tengo inconveniente. Jamás he estado afiliada a un partido o sindicato. Creía que el ejercicio asalariado del periodismo e incluso el no remunerado, me impedía suscribir una militancia que condicionaría mi independencia. Y los sindicatos están adscritos a partidos. En el fondo, ocurre también que soy más bien ácrata. Participo en algunas asociaciones, las que he encontrado más acordes con mis ideas y más efectivas en el marasmo que os contaba. Por ejemplo, ATTAC, Amnistía Internacional (ninguna de las dos recibe subvenciones públicas, se costean con cuotas), o varias ONGs de «medicina del mundo«. De la Europa en Suma que creé me echaron para convertirse en sucursal de la UE oficial.

  Os animo a empezar por algo. Pero la solución final es que nos impliquemos más, que cambiemos las estructuras del sistema con la masiva participación en sus cauces. O creemos nuevos si encontramos viciados los que existen. No son de recibo estos datos de los que hoy hablamos. Insisto en que no es así en otros países que han logrado mayor bienestar del conjunto, todos los ciudadanos se benefician. El patriotismo es eso, no lo que nos cuentan.

¿Nos mudamos al «Hijo de Gliese»?

Astrónomos de EEUU han descubierto el primer planeta fuera del Sistema Solar que cumple con las condiciones de temperatura y gravedad para ser potencialmente habitable. Es muy parecido a la Tierra, y aún está sin fastidiar (no hay superiores seres racionales todavía que se sepa, y eso ayuda). Dispone de atmósfera, creen que de agua, incluso de algún lago ¿Mar no? Temperatura entre 0 y 40º que es una banda muy soportable, mejor incluso que la nuestra. La gravedad es un poquito mayor, más fácil, por tanto, mantener los pies en el suelo. Lo consideran un planeta rojo, además. Una auténtica joya.

El mayor problema reside en que se encuentra a 20 años luz de nosotros. Tiempo desmesurado de viaje. O descubren algo para trasladarnos más deprisa o nos localizan otro planeta más cerca. Los científicos están en ello. Y ya conocen una serie de ventajas de las que podríamos beneficiarnos. Según la «paradoja de los gemelos«, llegaríamos a destino más jóvenes que los que se queden. Tiempo que se va, tiempo que vuelve.

Debo reconocer que hoy la verdad que asoma por las ventanas de la actualidad –incluso la que no asoma ni de broma porque no la dejan pero existe- me ha tumbado un tanto. Por cualquier lado que se mire, esto es un purito caos. Perdonaréis que no me moleste en recordarlo porque ya lo hacemos casi a diario. Las noticias y no noticias de la mañana no hacen sino ratificar esta impresión.

Sé que somos unos cuantos (cada vez más) los que queremos impulsar otros fines y otros métodos. Pues, tal como lo veo ahora, lo que tenemos que cambiar es… de mundo. No al mundo… de planeta. Este nuevo parece una buena opción, si nos aceleran un poco el viaje.

La gran peculiaridad del “Hijo de Gliese” –le han puesto un nombre muy feo, con número, prefiero éste, y uno en su casa hace lo que quiere-, es que apenas gira sobre sí mismo. Por tanto, una mitad vive prácticamente siempre de noche y la otra de día. Si lo miramos bien, aquí también sucede: hay quienes jamás salen de la oscuridad y quienes de continuo aparecen como favoritos privilegiados del sol –que es nuestro “astro rey”, como sabéis, allí tendremos otro-.

Pero parece que no puedo librarme de un cierto germen positivo y racional: algo así también sucede en Suecia. Entre el viaje largo, llevarse a las gatas 20 años en un cohete espacial, pobrecicas, avituallamientos rancios, habrá que optar por el realismo: Suecia, insisto. Partir de una base algo más sólida. Echar, con los votos, a los fascistas de su parlamento, que aún son pocos y los suecos tienen larga tradición democrática y progresista, y una conciencia cívica ejemplar. Y empezar de nuevo. Yo de esta España y de casi todo el resto del planeta me apeo. Al menos a esta hora. Unas buenas persianas para los días eternos, y potentes luces para la oscuridad del invierno, paliarán los principales inconvenientes. Con la vista puesta en el “Hijo de Gliese”. Por si acaso.

30S: a plantar semillas

Debo reconocer que me impactó ver casi desierta la Gran Vía de Madrid, pasadas las 12 de la mañana y pese a estar abierta al tráfico. Parecía el amanecer de un primero de Enero. Algo sucedió ayer aunque traten de minimizarlo. Por mi parte, esperaba una casi nula respuesta de esta sociedad adormecida, y quedé gratamente sorprendida. Contemplar la pantalla en huelga de Telemadrid –también lo estuvo la de Canal Sur- como en los mejores tiempos, asistir al paro inicial de transportes, mercados y recogida de basuras resultaba alentador. Por parar, paró, hasta la Casa Real, lo cual es un detalle.

Había menos gente en la calle y calculó que cerraron entre un 20% y un 30% de las tiendas. Entre ellas, ésta que veis más arriba, en la zona alta de Alcalá, de ropa ultrabarata, cosida con dolor y esfuerzo muy lejos de aquí que, al menos, sirve a sus obreros para comer. Ropa china. Los chinos destacaron por sus cierres pactados con los sindicatos. Otro detalle de buena vecindad.

Las mil y una televisiones (hay tanto de todo) preguntaban a los indecisos comerciantes por qué no levantaban la persiana. Dicen los antihuelga que no abrían por miedo. Tuvimos, en consecuencia, un 80% de valientes. Esos que apuestan por el pan para hoy y el hambre para mañana.

Por lo demás, la manida “guerra de cifras” (son tan extenuantemente aburridos). Lo cierto es que fue una huelga suficiente pero que… no cambiará nada. Muchos ciudadanos ejemplares prefieren ser despedidos con 20 días por año trabajado, al albur de la todopoderosa patronal, que perder una jornada de cobro. Y significarse. Y a lo peor ser despedidos de todos modos. En parte tienen razón. El asunto está muy crudo. Cada día más.

Un gran lamparón blanco, supuestamente firmado por anarquistas, se cuela en la Puerta del Sol. Acusa a los sindicatos de inacción previa. La enorme pancarta es descolgada entre aplausos (críticas ni una). La manifestación termina en acto sindical. Algo huele ya demasiado a naftalina y urge drásticos cambios.

La noche termina para mí en ratonera. En la de este Madrid imposible y sus ciudadanos del “yo primero”. Siempre en obras, mal señalizado, enormemente difícil de vivir. Es la capital podrida del reino, caótica, tercermundista. El primer gobernante que se decida a vaciar la casa, airearla, limpiarla con buenos detergentes y colocar otra vez los muebles con criterio, quemando los inservibles, nos sacará de la caspa secular. Ésa que en modo alguno erradicarán  los Trillos y Sorayas, Cospedales, Aguirres, Camps y Rajoyes, porque no lo hacen allí donde gobiernan. Todo lo contrario. Por días sueltan más escamas grasientas de su cuero cabelludo para engrosar el montón.

Si algo valoro del denostado –ahora con razón- Rodríguez Zapatero, es que intentó meternos en Europa. De verdad, modernizando a la sociedad. Las medidas debieron ser mucho más profundas. Ésas, las de poner la casa patas arriba. Además, ya no hay Europa a la que volver. Votásteis –los que lo hiciéseis, yo no- a los azules esbirros de “los mercados” y la regresión. Mi ídolo, Viviane Reding, ha sido derrotada. La UE se achanta ante el xenófobo oportunista Sarkozy, y traga con la expulsión de gitanos. Y en Holanda, pese a las reticencias, la ultraderecha pacta con los conservadores para permitir su gobierno.

En España la prensa ultra ha tomado el poder. Cuenta muy bien por qué, como siempre, Javier Pérez de Albéniz. Ay, el presidente de amigos mediáticos en qué fiasco nos ha metido con la inestimable colaboración de la derecha política que otorga licencias de TDT. Esa prensa habla de fracaso de la huelga, y de los terribles piquetes. TODA la prensa llama “antisistema” a un grupo de gamberros que operaron en Barcelona. Me ofende ¿Qué otra cosa se puede ser que “antisistema” en un mundo que condena al hambre y a la muerte a dos tercios de la población y que ha sometido a los políticos?

En otra de sus inefables portadas, La Razón alude a la violencia de los piquetes… obviando que una furgoneta de la imprenta, donde entre otros se edita su periódico, embistió a un grupo de 4 sindicalistas que trataban de impedir que se distribuyera tan imprescindible diario e hirió de gravedad a una de sus componentes, una mujer de 51 años. Ella, Azucena, tiene una herida en la cabeza que ha requerido 13 grapas, otra en la cadera, y diversas contusiones. Al grito de «dádles, dádles», desde el interior, la furgoneta le pasó por encima. La suerte ha querido que no haya sufrido daños neurológicos. Ella, su familia y amigos, serán quienes más recuerden el 29S durante meses probablemente. Esta portada de La Razón, en estas circunstancias, evidencia unos «bemoles» que ni los del caballo de Espartero.

Hace más de tres décadas, claveles rojos derribaron una dictadura en la vecina Portugal. Ideas nuevas que germinaron en una sociedad unida. Ésa es la clave para, al menos, aflojar la argolla que los poderes confabulados de unos pocos han anudado al cuello de toda la ciudadanía. Prendamos la semilla de una hortensia, de un tomate… de la unidad.

Nuevos tiempos, nuevos métodos

        

Vaya por delante la invitación de ATTAC a secundar el paro del día 29. Que nadie se confunda: la huelga es la respuesta mínima que la sociedad necesita expresar ante los atropellos a los que es sometida. Por más que su calentamiento se haya convertido en el habitual espectáculo circense, trivial y desinformador, hay razones para esa protesta. Sobran. Sus resultados serán igualmente manipulados y desactivados con las subjetivas declaraciones que se adjudican la victoria. El día 30 sabremos que todos “han ganado”. Y apenas sucederá nada. Quien tiene que ganar y ganárselo, es la sociedad.       

Vergara. Público.

 

¿Qué más pisotones precisamos sobre nuestra yugular aprisionada contra el suelo? La inefableBruselas” sigue ejerciendo de meritoria mano ejecutora de “los mercados”. Cruje España en el eterno espasmo de la corrupción que corroe sus entrañas. ¿El juicio sobre “Malaya”? ¿Tantos años después? ¿Con esta justicia que “nos hemos dado” o consentido? El encomiable empresariado español que amenaza con despidos –favorecidos además por el poder político- está presidido por el más ejemplar de los prohombres del sector. Cada día nos enteramos de nuevas actividades en la que fracasa. Por tierra, ¿por mar? y por aire. Ahora resulta que también regentaba autobuses turísticos. Y que, tras aquellos maravillosos créditos concedidos, por la Caja Madrid de la Comunidad autónoma, Gallardón le perdona también medio millón de euros de deuda. Nada en esta España podrida como tener amigos «cojonudos». ¿Hay razones por tanto para protestar contra este empresariado y esta clase política? Todas. Sólo que los sindicatos también se vinieron cosiendo un traje que les vestía como parte del problema. El fin justo no debería nublarse por la menor quizás de las imperfecciones del sistema –dado que prácticamente las acarrea todas del 1 al 999 en escala de 1.000-.       

Ahora bien, éste no es el camino. Nuevos tiempos, exigen nuevos métodos. La sociedad en la que vivimos es mutable e incrementa ese carácter de día en día y a ritmo vertiginoso. Si en 1933 Keynes alertó a Roosvelt sobre el peligro “de arreglar los males de nuestra condición por medio del experimento razonado y dentro del marco del sistema social existente” ¿cuál no será ahora la nueva disyuntiva con la irrupción masiva de Internet entre otros adelantos?       

En una privilegiada charla con José Luis Sampedro este fin de semana, él, con 93 años, fue el primero en asegurar que ya no sirven las respuestas conocidas y que no habrá soluciones, mientras no se comprenda que los nuevos tiempos exigen otras y más imaginativas acciones, aprovechando el poder de la comunicación global. Porque… “esta crisis es peor que la del 29, aquella fue producto de un accidente, ésta ha sido tropezar deliberadamente en la misma piedra”, me contestó Sampedro, poco más o menos.       

Cunde el desánimo entre antiguos luchadores por la justicia y la libertad. Nos circunda una férrea pared, en tanto nuestros pies se asientan en el suelo líquido del cambio. “Señala la piedra y la grieta y vamos, pero no más lucha extenuante en la impotencia”, vienen a decir viejos y nuevos compañeros de batalla. No sé quiénes, pero hay unos cuantos, cada vez más, con la idea y la palabra. Pero, por el momento, obvian el poder de unión de la Red o de lo que sea, de que sí hay algo que aglutina nuestra irritación y la búsqueda de un futuro mejor para la mayoría. Harán falta más argollas en el cuello hincado en el suelo, no sé.       

       

Hoy no hay árboles tras mi ventana, ni el lago cálido a pocos pasos, ni tantas charlas tiernas y estimulantes, pero a ratos luce el sol esplendoroso del otoño sobre el cemento de la casa de enfrente. Valores inmutables en un tiempo cambiante, guías para buscar los nuevos caminos de eclosión. En red, por tierra, mar y aire… limpios.