Nuevos tiempos, nuevos métodos

        

Vaya por delante la invitación de ATTAC a secundar el paro del día 29. Que nadie se confunda: la huelga es la respuesta mínima que la sociedad necesita expresar ante los atropellos a los que es sometida. Por más que su calentamiento se haya convertido en el habitual espectáculo circense, trivial y desinformador, hay razones para esa protesta. Sobran. Sus resultados serán igualmente manipulados y desactivados con las subjetivas declaraciones que se adjudican la victoria. El día 30 sabremos que todos “han ganado”. Y apenas sucederá nada. Quien tiene que ganar y ganárselo, es la sociedad.       

Vergara. Público.

 

¿Qué más pisotones precisamos sobre nuestra yugular aprisionada contra el suelo? La inefableBruselas” sigue ejerciendo de meritoria mano ejecutora de “los mercados”. Cruje España en el eterno espasmo de la corrupción que corroe sus entrañas. ¿El juicio sobre “Malaya”? ¿Tantos años después? ¿Con esta justicia que “nos hemos dado” o consentido? El encomiable empresariado español que amenaza con despidos –favorecidos además por el poder político- está presidido por el más ejemplar de los prohombres del sector. Cada día nos enteramos de nuevas actividades en la que fracasa. Por tierra, ¿por mar? y por aire. Ahora resulta que también regentaba autobuses turísticos. Y que, tras aquellos maravillosos créditos concedidos, por la Caja Madrid de la Comunidad autónoma, Gallardón le perdona también medio millón de euros de deuda. Nada en esta España podrida como tener amigos “cojonudos”. ¿Hay razones por tanto para protestar contra este empresariado y esta clase política? Todas. Sólo que los sindicatos también se vinieron cosiendo un traje que les vestía como parte del problema. El fin justo no debería nublarse por la menor quizás de las imperfecciones del sistema –dado que prácticamente las acarrea todas del 1 al 999 en escala de 1.000-.       

Ahora bien, éste no es el camino. Nuevos tiempos, exigen nuevos métodos. La sociedad en la que vivimos es mutable e incrementa ese carácter de día en día y a ritmo vertiginoso. Si en 1933 Keynes alertó a Roosvelt sobre el peligro “de arreglar los males de nuestra condición por medio del experimento razonado y dentro del marco del sistema social existente” ¿cuál no será ahora la nueva disyuntiva con la irrupción masiva de Internet entre otros adelantos?       

En una privilegiada charla con José Luis Sampedro este fin de semana, él, con 93 años, fue el primero en asegurar que ya no sirven las respuestas conocidas y que no habrá soluciones, mientras no se comprenda que los nuevos tiempos exigen otras y más imaginativas acciones, aprovechando el poder de la comunicación global. Porque… “esta crisis es peor que la del 29, aquella fue producto de un accidente, ésta ha sido tropezar deliberadamente en la misma piedra”, me contestó Sampedro, poco más o menos.       

Cunde el desánimo entre antiguos luchadores por la justicia y la libertad. Nos circunda una férrea pared, en tanto nuestros pies se asientan en el suelo líquido del cambio. “Señala la piedra y la grieta y vamos, pero no más lucha extenuante en la impotencia”, vienen a decir viejos y nuevos compañeros de batalla. No sé quiénes, pero hay unos cuantos, cada vez más, con la idea y la palabra. Pero, por el momento, obvian el poder de unión de la Red o de lo que sea, de que sí hay algo que aglutina nuestra irritación y la búsqueda de un futuro mejor para la mayoría. Harán falta más argollas en el cuello hincado en el suelo, no sé.       

       

Hoy no hay árboles tras mi ventana, ni el lago cálido a pocos pasos, ni tantas charlas tiernas y estimulantes, pero a ratos luce el sol esplendoroso del otoño sobre el cemento de la casa de enfrente. Valores inmutables en un tiempo cambiante, guías para buscar los nuevos caminos de eclosión. En red, por tierra, mar y aire… limpios.       

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