De Guindos: La prima «tendría» que estar por debajo de los 407 puntos

El ministro de Economía Luis De Guindos ha dicho que “la prima tendría que estar por debajo de los 407 euros”. Es el mismo que, con la plana mayor del PP, intensifica sus apariciones para contrarrestar las protestas populares de este 15S. La consigna en todos ellos es “Hay que hacer sacrificios para mantener el Estado del Bienestar, este período es transitorio”. Todos. Sirva el ejemplo de la inefable Cospedal. Es decir, este período «tendría» que ser transitorio, y los recortes a la población «tendrían» que solucionar la crisis. Tendrían.

Pero resulta que, lejos de ser así, los problemas se acrecientan cada día. Que se lo pregunten a los portugueses, pacientes y educados donde los haya, que han terminado por estallar. Cuantos más ajustes, más recesión… y más ajustes. Esto funciona así. Este sábado se cumplieron cuatro años de la caída de Lehman Brothers -el detonante de la crisis- y caemos sin frenos por el precipicio. Funciona así en el neoliberalismo… y en la incompetencia.

De Guindos, como todo el gobierno, van con el “tendría” colgado de la lengua, de sorpresa en sorpresa. Esta reforma laboral tendría que funcionar, pero resulta que hay más paro. Les dejamos sin sanidad y sin educación, porque tendrían que cuadrar las cuentas, y cada vez es mayor la bancarrota…

Imaginad a un piloto en vuelo, el depósito casi agotado cual Ryanair, viendo un monte por todo horizonte y gritando: «¡Aquí “tendría” que estar la pista del aeropuerto!»

A un conductor de autobús que ha enfilado camino al sur, toparse con Cádiz y refunfuñar: «aquí tendría que estar Huesca».

Al funcionario que ha detonado una explosión nuclear, disculpándose: «aquí tendría que haber estado la conexión con mi lista de música de jazz».

A un cirujano operando un infarto y, al hacer la incisión en la rodilla, poner ojos de plato al decir: «aquí tendría que estar el corazón».

Una enfermera me comenta: “en mi profesión no cabe el “tendría”. Es así. En muchas otras también. En las que juegan con las vidas de los ciudadanos sobre todas.  No se prueba un medicamento, una cura, a ver si resulta o no. No se aplica ácido sulfúrico sobre una herida pensando que “tendría” que curarse en virtud de no se sabe qué religión ideológica. Y no es admisible que a quien quema sobre lo dolido no se le expulse. Al menos.

Enriquecer a los amigos poderosos a costa de los ciudadanos de a pie, «tendría» que funcionar. Lo hace, para esos pocos. Pero este gobierno en sus declaraciones da la sensación de encima creer sus falacias. No se explican de otro modo sus estúpidas afirmaciones.

Lo raro es que la sociedad “tendría” que reaccionar ante tanto atropello y tanta incompetencia… y sólo lo hacemos una minoría. Quizás es porque esa gente «tendría» que usar la cabeza e informarse.

Claro que con la estrategia de la deseducación, desinformación y manipulación permante, todos «tendrían» que ser sumisos y aceptarlo… pero no sucede así.

15S. Madrid.

Que se jodan

Nunca un exabrupto pudo ser más sincero y más premonitorio. Desde que Andrea Fabra, diputada del Partido Popular (por parte de padre), gritara en el Parlamento “que se jodan” cuando Rajoy anunciaba la reducción de la prestación a los nuevos desempleados a partir del séptimo mes, comprobamos a diario que era más que una intención o la expresión de una venganza largamente contenida.

   Que se jodan los niños que inician el curso escolar con menos profesores, aulas masificadas y reducción de materias que les enseñen a pensar. Que se jodan los que acuden sin libros y material porque sus padres no han podido comprarlos. Los que van con su comida en una fiambrera para sentir desde pequeños que les ha tocado vivir en el lado de los perdedores. 

  Que se jodan los más de cinco millones de parados porque son unos vagos. Que se jodan sobre todo los que osan exigir su derecho a una prestación que pagaron ya con sus impuestos y –en su caso- con empleos anteriores, porque esa regalía hay que compensarla con trabajos forzados, desbrozando montes, sea cuál sea su profesión y diga lo que diga la Constitución que también habrá de joderse si se tercia en el altar de la mayoría absoluta.

   Que se jodan quienes si cuentan con el privilegio del trabajo porque pueden ser expulsados, ver rebajados sus sueldos o ser trasladados para que desistan de ocupar un puesto del que otros carecen.

   Que se jodan quienes no sean familiares y amigos de las élites gobernantes que no podrán tener acceso a asesorías altamente remuneradas en virtud del parentesco.

   Que se jodan aquellos que por culpa de los votantes de CIU en Cataluña, habrán de realizar trabajos comunitarios si cobran alguna prestación. Ellos o algún miembro familiar que ha de joderse por tener un pariente en dificultades.

  Que se jodan los enfermos, escoria improductiva, que pierden prestaciones y han de repagar medicamentos a cuyo costo ya contribuyeron con sus impuestos, directos o indirectos.

  Que se jodan los funcionarios porque trabajan en sectores que pueden dar mucho negocio a inversores privados.

   Que se jodan los jóvenes que han de ir pensando en hacer las maletas para irse a Alemania, dejar su casa y su entorno, si han estudiado una carrera rentable. Y que se jodan los que no quieren marcharse o no cuentan con estudios, que nos servirán muy bien de camareros, crupieres, limpiadoras o putas.

   Que vayan preparándose para joderse los pensionistas.

   Que se joda quien quiera alimentarse con proteínas (carne, pescado) o limpiarse el culo con papel higiénico porque, con un IVA del 21%, eso solo está reservado a las clases pudientes.

   Que se jodan quienes piensen que –junto a la educación-, la cultura crea ciudadanos más libres y responsables, porque la cultura se ha acabado. Que se jodan en particular quienes pretendan estudiar música que los cantos celestiales solo se escuchan en el Olimpo.

  Que se jodan quienes aspiren a estar informados y no manipulados, porque tendrán que bucear por procelosos mares para encontrar lo que puede formar realmente su criterio.

    Que se jodan quienes soñaron en la investigación y la ciencia como base productiva de un país desarrollado, que España es la patria del turismo, el ladrillo, la corrupción y los toros.

   Que se jodan los emigrantes porque, cuidando a nuestros hijos y a nuestros mayores, o yendo al médico (menos de lo que necesitan), han desequilibrado la economía y no han sido los bancos, los poderes financieros o los políticos que les protegen porque todos ellos no han de joderse nunca.

   Que se jodan las mujeres quienes, como seres inferiores, han nacido para parir y pedir permiso.

  Que se jodan quienes esperen que la Justicia, como poder independiente, va a acabar con delitos y desviaciones que propician tanto atropello.

   Que se jodan quienes aspiran a ser representados en la toma de decisiones públicas por personas capaces e íntegras, porque eso no toca.

  Que se jodan, muy especialmente, quienes aspiran a vivir en paz y una cierta felicidad porque cada día les daremos uno o varios disgustos.

  Que se jodan quienes creen en la democracia porque la hemos tenido “por encima de nuestras posibilidades”.

  O, mejor…

  Que se joda quien considere demagogia todo lo que estoy escribiendo.

   Que se jodan una y mil veces los descerebrados y mansos que con sus votos y su silencio nos han metido en esto.

   Que se jodan los políticos que no cumplen su misión de trabajar por el bien común, el de los ciudadanos a los que representan e ignoran que pueden ser revocados de las poltronas a las que se aferran.

 Que se pudran quienes han metido esa zozobra en los niños, enfermos y dependientes.

Que se jodan quienes hacen perder la educación y los modales en el más supremo hartazgo.

    Que se jodan, en particular, quienes no saben que quien no jode y construye el último, desbarata mejor su tinglado.

Un abrazo de John Coffey en nuestra Milla Verde

Cada día, la mañana confirma la pesadumbre con la que nos acostamos. Cada día nuevos atropellos que se añaden a los que uno espera se hayan disipado con la luz del amanecer. La sanidad pública española –que era hasta hace poco una de las mejores del mundo con el mínimo gasto- destrozada. Seres humanos que van a curarse y no son atendidos porque carecen de un papel. Aunque esté cundiendo la desobediencia a tan injusta ley, no abarca a la totalidad de facultativos. Miles de enseñantes despedidos. Niños que introducen en sus vidas la fiambrera que les quiere obligar a creer que pertenecen a una casta inferior: la que –con las nuevas medidas del PP- carece de dinero suficiente para comer en el colegio. O que el dinero implica alguna superioridad ética. Empecinamiento en la regresión ideológica que da subvenciones -cambiando a su antojo las leyes-, a padres trogloditas que consideran la sexualidad una amenaza y un pecado.

Un sin fin de despropósitos. Mientras aumenta el paro porque no puede ser de otra manera: además de la reforma laboral, es el propio gobierno quien destruye el empleo público. Mientras asistimos a la paradoja de que todavía existe, con opciones de poder, derecha más ultramontana y mezquindad superior a la de Mariano Rajoy. Y hay buitres merodeando el cadáver del hombre que nos ha traído el desastre con una celeridad que podía haber empleado en mejores menesteres. Por el ala más ultra. Por la que quiere silenciar el periodismo y vender a precio de saldo nuestro patrimonio.

Dinero, para Bankia y los bancos que nos arruinaron  mientras sus gestores se enriquecían, que sale de recortar y exprimir a la población en general. Porque los derechos que protege el PP  no permiten cobrar impuestos justos –como hiciera el PSOE –a quienes más tienen, ni perseguir el fraude.

El periodismo que no da la talla. Que se hunde en la miseria que él mismo propicia con su tibieza y el inútil “pan para hoy”. O que arroja del servicio activo a quienes sacan los pies del tiesto de la costumbre establecida para informar verazmente.

La trivialidad, la inacción, la complicidad de un sector decisivo de la sociedad.

Ha muerto un actor estadounidense. Michael Clarke Duncan. A los 54 años. Entre sus obras, el inolvidable personaje de John Coffey en “La milla verde” (1999). Un condenado a muerte por un crimen que no cometió. Un rara avis en una cárcel casi tan inhóspita como la vida que nos están obligando a vivir. Un hombre para el que nuestra razón aceptó –como excepción- que dispusiera de poderes extraordinarios para curar, alargar la vida, y sembrar el bien. Que muere sin venda en los ojos porque le da más miedo la oscuridad. Acepta contento su ejecución, cansado de ser diferente. Y siembra el dolor en los pocos que –por conocerle- sienten el valor de su existencia y la pérdida de un ser tan excepcional. 

Un hombre enorme. Bueno. Que nos abraza como un gran oso de peluche para darnos calor y fuerza. Para creer eso también: que puede hacerlo. Que la ficción es irreal pero no sus símbolos. Bondad eterna, amor, generosidad, coherencia, afán de justicia, libertad auténtica.

Devuélvannos nuestra vida

A unos más, a otros menos, pero a la mayoría de los españoles nos ha cambiado la vida en estos cuatro años oficiales de crisis y con una insoportable aceleración en la debacle durante los últimos meses.

La UE envía ya comida a España para paliar el hambre de los más necesitados. No ocupó grandes titulares la noticia de que este año se invertían a este fin 80 millones de euros. Un auténtico escarnio ético en uno de los principales países de Europa.

Cada vez se ve más gente en las ciudades pidiendo para comer. En Internet ha tenido gran audiencia el, dramático y hermoso, relato de un hombre en su blog que comienza así:

La semana pasada tocaron a la puerta y fui para allá. Siempre echo un vistazo por la mirilla y al hacerlo he pensado que se trataba de una vecina, pero al abrir la puerta he encontrado delante a una señora que rozaría los 70 años, bien vestida, aseada, educada en las formas …

Resumiendo mucho, me ha dicho que agradecería mucho algo de comida, que sus hijos están en paro y que es ella quien tiene que mantenerlos con su pensión. Que no le da para alimentar a toda la familia y que ha decidido ir casa por casa tocando a las puertas y ver si de esa manera podía llegar a finales de mes porque tenía la nevera vacía (estábamos a día 20 y los pensionistas cobran el día 25)».

Los “colchones” familiares que con tanto ahínco propicia el PP comienzan a  ser insuficientes para acoger el récord de paro del mundo desarrollado. Además de injustos y tercermundistas. Los derechos sustituidos por la benevolencia y la beneficencia.

150.000 emigrantes se quedan sin asistencia sanitaria desde el sábado, a no ser que la paguen a «precio de mercado». Y también españoles. El periodista Antonio Maestre -de quien enlazaba ayer mismo un trabajo magnífico de investigación- se ha quedado sin tarjeta sanitaria, al estar ahora en el paro, a pesar de que ha trabajado desde los 16 años.

Amigos míos, enfermeras, profesores, funcionarios de la Administración, han visto reducido de forma drástica su nivel de vida. Víctimas del mayor ensañamiento de los gobiernos del PP (destinado a acabar con el sector público), no llegan a los compromisos contraídos al haber contado con unos ingresos que, sin más, se han visto mermados.

Con las subidas de impuestos y los re-pagos la mayoría de la sociedad se ve afectada y tiembla y guarda si puede porque se presume que llegarán tiempos aún peores. Lo harán con seguridad si no cambian las políticas que se están llevando a cabo.

Toda la responsabilidad por el mal que nos aqueja, es vivir en una sociedad en la que una minoría decisiva ha votado a políticos plegados a los poderes financieros -causantes de todo el problema-. Y que, en el caso español, no eligen como prioridad el bienestar de la sociedad a la que representan, porque comparten esa religión ideológica en la que todo está basado en el lucro de unos pocos.

Mientras crece en España el sector del lujo (un 25%) algunos políticos tienen la osadía de presentarse a hablar de mermas, incluso de los derechos humanos, sonriente y con la piel casi abrasada por el sol de unas sabrosas vacaciones. 

Ana Mato y los consejeros de sanidad del PP

No causamos la crisis… y la pagamos. Muy duramente. El daño ocasionado por esos políticos y sus electores nos afecta a todos.

Alguien tendrá que afrontar el hecho. Así no podemos seguir. Tienen que devolvernos nuestras vidas. No fuimos nosotros, fueron otros los que nos han traído la ruína y la incertidumbre.

«Me desperté en una noche silenciosa, no escuché ni un ruído, los maletines saltaban en la oscuridad, y trajeron la ruina a mi ciudad«, canta Springsteen, anunciado lo obvio: que siguen aquí y… volverán a continuar sus tropelías.

¿Qué futuro nos espera?

El 1 de Septiembre va a marcar un punto de inflexión en nuestro camino a la pobreza. Según el diseño del PP para, presuntamente “salir de la crisis”, pagaremos más por menos y mermará de nuevo nuestra calidad de vida. Sube el IVA con incrementos sin precedentes. En múltiples productos. Puede que entre lo más notable esté la elevación del precio de las proteínas: carne, pescado… Como en tiempos de la posguerra habrá que dosificarlas, tomarlas mucho más de tarde en tarde. Entretanto –y la verdad no es demagogia- os invito a daros una vuelta por el Club del Gourmet de El Corte Inglés por ejemplo. Un obsceno espectáculo de ostentación en donde vemos elevadísimos precios de alimentos por ser a veces tan solo más sofisticados y llamados a distinguirse de clases con menos recursos.

A partir de ese 1 de Septiembre también pagaremos íntegramente medicinas de uso muy habitual como el Almax o el Fortasec, expectorantes o –con más consecuencia para quienes lo necesitan- vasodilatadores periféricos. En torno a 150.000 emigrantes se verán privados de la sanidad pública, salvo en urgencias, contraviniendo los derechos humanos.

Todo es para pagar un pufo de los poderes financieros que los ciudadanos de a pie no causamos. Espero que todo el mundo recuerde el inicio de la crisis mundial. Ésa que agravó en España la burbuja inmobiliaria –inflada por el PP y no desactivada por el PSOE de Zapatero- y nuestro endémico tejido productivo basado en el turismo y los servicios.

Toda Europa se encamina a la pobreza. Le Monde recoge las declaraciones de un responsable de Unilever, una potente industria de alimentos cosméticos anglo-holandesa, que así lo afirma textualmente. Y en ese conjunto hay sociedades destinadas a pasarlo peor. Muy prácticos los de Unilever, declaran que van a tratar al mercado español como a los países asiáticos en vías de desarrollo: venden productos en envases más pequeños para que sean más baratos. El gasto se nota menos, aunque sea el mismo.

Porque ¿Qué nos espera? Se puede firmar y rubricar que con estas medidas no «se sale de la crisis», se ahonda. La subida del IVA en Portugal ha conseguido recaudar menos por ese impuesto: los ciudadanos reducen sus compras y no les salen las cuentas al gobierno conservador. Suele pasar con esta injusta tasa. Se fastidia al contribuyente y encima se obtienen menos ingresos. Ni a mala fe, sale peor.

Pero es a Grecia adonde debemos mirar con más atención aún. Tenemos en común con ese país la corrupción política y la tolerancia social a esa corrupción. Algo que siempre pasa una durísima factura. Y aunque en una economía aún más débil, los mismos fundamentos productivos: turismo y construcción inmobiliaria.

El escritor griego Petros Márkaris ha escrito un libro, Las luces se apagan, donde reseña el camino seguido tras 18 meses de “reformas” noeoliberales. Y es desolador. Entresaco algunos párrafos del artículo que Márkaris ha escrito en El País y que merece la pena leer completo:

“Mientras tanto, el conjunto de los ciudadanos sin recursos no deja de crecer. Muchos de ellos no pueden ni siquiera costearse sus medicamentos. ¿Qué hacen entonces? Recurren a la organización Médicos sin Fronteras, que proporciona de forma gratuita algunas medicinas. Las dos clínicas de Médicos sin Fronteras que existen en Atenas están pensadas para asistir a inmigrantes sin recursos, que llegan a Grecia desde África en barcas de remos. Pero cada vez son más los griegos que piden ayuda. Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos sin Fronteras.

Entre ellos, por ejemplo, diabéticos que ya no pueden permitirse comprar insulina. La miseria de los inmigrantes se extiende a los griegos. Hasta hace apenas medio año, cuando me asomaba a la calle desde el balcón de mi casa, veía a inmigrantes que revolvían entre los cubos de basura, en busca de algo para comer. En las últimas semanas, se han unido a ellos cada vez más griegos. No quieren revelar su miseria, por eso hacen su ronda a primera hora de la mañana, cuando las calles están casi desiertas.

(…)

Lo peor para los miembros del partido de los mártires es el desánimo. Han perdido la esperanza. Para ellos, tras la crisis no se esconde perspectiva alguna de alcanzar un futuro mejor. Cuando uno habla con ellos, no es posible dejar de pensar que solo están esperando a que llegue el final. Cuando una gran parte de la sociedad no logra reunir el optimismo necesario, significa que la vida es en verdad agobiante. En muchos de los bloques de viviendas en los que viven ciudadanos con ingresos escasos o moderados ya no se enciende la calefacción. Las familias carecen de dinero para gasóleo, o prefieren utilizarlo para otras cosas.

(…)

La recesión no es la única preocupación de los mártires. A pesar de que sus negocios ya no rinden, están obligados a pagar sus tributos por partida triple: primero, el Impuesto sobre la Renta, después diferentes impuestos adicionales y, por último, un complemento de solidaridad. Un impuesto este, el de solidaridad, que el año próximo deberán abonar en dos ocasiones, mientras que otro impuesto indirecto, el IVA, se incrementó dos veces durante el año pasado. Mientras que los defraudadores no pagan nada o casi nada de estos impuestos adicionales o del complemento de solidaridad, porque muchos no presentan la declaración de Hacienda o disfrazan una gran parte de sus ingresos, los ciudadanos honrados no pueden casi ni respirar.

(…)

La contención del consumo y la falta de créditos ha frenado el crecimiento económico del país y, por este motivo, son muchas las pequeñas empresas que se hunden estos días. Desaparecen, pero no se llevan consigo las numerosas deudas contraídas. Mi cuñado, representante de moda infantil, me contaba entristecido que solo la pasada semana había vivido tres casos semejantes. Es desesperante. Ahora, delante de las oficinas de empleo, se ven largas colas de parados que cada mes aguardan pacientemente la orden de pago con la que el banco debe transferirles su subsidio. Sin embargo, nunca pueden tener la certeza de que el pago llegue a principios de mes. A veces, tienen que esperar algo más para cobrar sus 416,50 euros, pues el número de parados no deja de crecer y a las oficinas de empleo se les termina el dinero.

(…)

El cuarto y último partido de la sociedad griega es el que más me preocupa. Es el partido de los desesperanzados: los jóvenes griegos, sentados todo el día frente al ordenador, buscando en Internet, desesperados, un trabajo, sea donde sea. No son emigrantes como sus abuelos, que en los años sesenta llegaron a Alemania desde Macedonia y Tracia para buscar trabajo. Estos jóvenes han ido a la universidad, algunos incluso tienen un doctorado. Sin embargo, cuando terminan la carrera se van directos al paro. (…)

Ya sea a causa de la recesión, de las medidas de contención del gasto, del recorte de la deuda o de las reformas, el caso es que vamos a sacrificar a tres generaciones en nombre de la crisis. Hoy son los jóvenes los que más pierden; mañana lo seremos nosotros, porque en algunos años nos faltarán las fuerzas para seguir luchando. (…)”.

Pero no todos pierden en Grecia, tampoco en España, ni en el resto de Europa…

“Está claro que los beneficiarios y los defraudadores no tienen tales preocupaciones. Apenas sienten que el país está en crisis. Antes de que Grecia entrase en esta situación, ya habían trasladado su dinero al extranjero. Mientras que los bancos griegos han perdido en los últimos 18 meses alrededor de 6.000 millones de euros, los bancos extranjeros —especialmente los suizos— se frotan las manos”.

Añadamos que los griegos han cometido el error histórico de volver a entregar el poder a los causantes de sus males. Como en otros países, como en España, el miedo y la manipulación, el desinterés por la realidad, conduce a votar contra los propios intereses. Nada conseguiremos mirando para otro lado. Discutiendo si son galgos o podencos mientras nos engulle el lobo. Enchufándonos en vena fútbol, cualquier otra distracción, o diciéndonos que no queremos sufrir pensando estas cosas o que no sirve para nada lo que hagamos. Un negro futuro camina sin pausa, y es inexorable si no se cambia su trazado.

Rajoy, la estrategia del percebe

Ha basado su vida en la constancia, en aferrarse a lo que consigue contra viento y marea. Su máxima parece ser la que esbozó otro gallego como él, Camilo José Cela: “En este país, el que resiste, gana”. Hipótesis que no siempre se cumple pero que en Mariano Rajoy ha funcionado hasta convertirlo en ejemplo paradigmático. Cabe preguntarse si no encuentra inspiración en las aguas que bañan su tierra natal, si no sigue… la estrategia del percebe.

Hijo del que fuera presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el joven Mariano estudió Derecho como él y, ya desde el último año de carrera, preparó oposiciones a registrador de la propiedad. Las aprobó para convertirse a los 24 años en el titular de ese cargo más joven de España. Hecho que desempolva ahora la derecha mediática como muestra de sus virtudes.

En realidad, no es una profesión para pensar y deducir sino para dejar constancia escrita de títulos. Exige perseverancia, no brillantez. En España, los registradores de la propiedad gozan de un estatus insólito y privilegiado que escandaliza a sus colegas europeos. Es el único país en el que cobran directamente al ciudadano que quiere inscribir algo, en lugar de ser funcionarios con un sueldo aceptable que realizan gratis para el contribuyente la misma función. En Europa es un servicio público, aquí privado y con pingües ganancias

Desde hace más de 30 años, Mariano Rajoy se dedica a la política. pero también mantiene su plaza –por más de dos décadas ya sin hacer uso de ella– como registrador de Santa Pola (Alicante), a la que no ha renunciado ni como presidente del Gobierno. Gracias a la peculiar legislación española, su trabajo –es el único registrador de esta localidad– lo hace otro profesional de Elche y existen fundadas sospechas de que se reparten los beneficios cuya cuantía cifran la mayoría de los fuentes en torno a un millón de euros anuales. El periodista Miguel Ángel Aguilar pidió explicaciones a Rajoy en un muy documentado artículo y nunca ha habido respuesta. También ahí Rajoy resiste. Como el percebe.

El percebe es un crustáceo cirrópodo que, tras un breve período nadando en libertad como larva, se aferra a una roca o sustrato duro de adulto y allí permanece de por vida. En su cabeza o uña se insertan sus órganos vitales. Es a través del pedúnculo –recubierto con una piel gruesa– como se mueve y consigue su alimentación. Absolutamente impermeable, no tiene corazón (su función la realiza el esófago), es hermafrodita aunque sin capacidad para autofecundarse, y presenta una baja capacidad para el transporte de oxígeno, debido a que carece de agallas como tales. De ahí que precise para instalarse de aguas turbulentas que al batirse liberan más cantidad de ese elemento esencial. Aunque siempre han de ser poco profundas, que no presenten grandes riesgos y ayudados por su buena adaptación a períodos en seco cuando baja la marea. Algunas variedades actúan como parásitos, por ejemplo de los cangrejos.

En la azarosa vida marina –cruel donde las haya–, los percebes utilizan dos sistemas contra los depredadores, que incluso pueden ser otros miembros de su misma especie. Una es la colonización masiva de una zona: establecerse en gran número y al mismo tiempo, lo que permite sobrevivir, arropados unos con otros, a buena parte de ellos. La otra consiste en el crecimiento rápido que les facilita ascender a niveles más altos que sus competidores y conseguir un tamaño que resista los ataques.

Y ahí tenemos al Mariano Rajoy político. Ahíto de cargos relevantes en los que no destacó, se ve aupado a candidato a la presidencia por el PP, designado por Aznar. Nadie daba un euro por él tras su derrota en 2004, y menos aún en 2008 cuando fue intensamente contestado en su partido y, tanto o más, en la carcunda mediática, pero una vez más se mantuvo. La revuelta marea de la crisis le da aire y lo catapulta a la Moncloa por mayoría absoluta, a pesar de contar solo con los votos del 30,37% del electorado, por los azares de nuestra también peculiar ley electoral. Zapatero no la consiguió con un 32,18% en 2008, ni con el 31,89% del 2004 y más papeletas a su favor que el PP en 2011 en ambas ocasiones.

Mariano Rajoy hoy acarrea el récord de ser el presidente que más rápido ha perdido su aceptación popular. A él y a su Gobierno se debe el agravamiento de la crisis y la pérdida de condiciones de vida y derechos de los españoles. Fuera, según describía pormenorizadamente el semanario alemán Der Spiegel, “está irritando a sus socios europeos con llamadas telefónicas frenéticas”, mientras  guarda silencio en su propio país. La imagen que da Der Spiegel de Rajoy –“mirando desamparado e impotente los gráficos”– le convertiría en un cadáver político en vías de dimitir, si no fuera porque Rajoy  parece seguir, en toda circunstancia, la estrategia del percebe que tan buenos resultados le ha brindado hasta ahora. Por mucho que descarguen tempestades y batan las olas, no hará previsiblemente nada… salvo asirse al cargo.

El percebe marino se aferra, aguanta, persevera, ocurra lo que ocurra a su alrededor. Su único propósito es mantenerse. Si no sucumbe ante un competidor, su destino final es un plato. Múltiples percebeiros se afanan a diario, entre el miedo y el valor, en esa tarea dura y costosa, incluso poniendo en peligro su vida, porque este crustáceo llega prácticamente a soldarse con el lugar que ocupa. No sirven las victorias morales, sino las efectivas. En muchos casos, los mariscadores terminan por hallar un resorte que desprenda al percebe de la roca a la que con tanto ahínco se sujeta contra todo pronóstico y toda lógica… colectiva. El mar y la tierra son de todos, no solo del percebe.

*Publicado en Zona Crítica. Eldiario.es

¿No sería Robespierre un escolar con fiambrera?

La primera fue la Cataluña de CIU. Le siguieron después las comunidades pata negra del PP, Madrid y Valencia. Se proponen cobrar 3 euros a los niños que se lleven la comida en una fiambrera por no poder pagar el comedor escolar. Han de costear –al parecer a precio de oro- los microondas para calentarla.

Se sumó después José Ignacio Wert quién –en el gobierno de Rajoy, no lo olvidemos- sube el IVA al material escolar al 21%. Sube 17 puntos -el mayor incremento de la historia- el tipo que grava portalápices, agendas, cartulinas y blocs de manualidades, compases, papel coloreado, plastilina, pasta de modelado, lápices de cera, pinturas, témperas, cuadernos de espiral, rollos de plástico para forrar libros, o las mochilas infantiles y juveniles para la escuela. No así, los libros de texto o los cuadernos de dibujo.

Se notará por el equipamiento y por sacar la fiambrera en el comedor, quién es “pobre” y quién no. Mariano Rajoy ya tiene poder para consagrar la desigualdad social que tan preciada le es y que –según él- viene desde la cuna. Y el ministro y toda la cuadrilla que le secunda –votantes incluidos- también. La gente ha de saber desde pequeña que existen las clases sociales y, dentro de ellas, las privilegiadas (en dinero y prebendas) y la carne de cañón.

Lo que no calculan es la reacción que en un niño puede tener la humillación. Porque es humillación con todas las letras. Conozco yo una niña a la que le pasó. Yo.

Érase una vez una familia con muy pocos posibles entonces que quería lo mejor para su hija. Por eso, y gracias a la recomendación de una vecina muy beata, la apuntaron al Colegio del Sagrado Corazón de Zaragoza, conocido como “el de las francesas”, las monjas más modernas de la ciudad, y también las más caras. Como gratuita. A la semana de nacer. Para acudir a los 5 años.

Me gustó a mí aquello del colegio. Aprender. Por eso me dispuse a ir sabiendo ya leer gracias a las clases de mis hermanos, lo mismo que -ya en el colegio- deduje como se llegaba a la multiplicación. Era una niña muy lista.

Una niña que en su primer día de escuela sufrió una de las más grandes decepciones de su vida. De la mano de mi madre llegamos hasta una maravillosa puerta de madera maciza por donde entraban otras niñas con un precioso uniforme de buen paño, azul marino, y camisa blanca. Yo llevaba una bata blanca de batista. Mi madre tiró de mí: «no, no es ésa nuestra puerta». Era otra. Más allá. Metálica. Diminuta.

Durante varios años solo vi “a las ricas” cuando jugaban en el maravilloso jardín con quiosco de música. A veces se oían sus gritos de alegría a través del muro que separaba nuestro pequeño patio de recreo de cemento.

Algún día contaré la serie de humillaciones que sufrí aquellos años. Múltiples. Con saña. Para recordar cada día quién era quién. Propiciando la docilidad. Solo una: nosotras teníamos que llevar el pelo recogido (ellas no)… por si anidábamos piojos. A mí me llevó a cuestionarme muchas cosas y desató una rebeldía de resistencia pasiva y pacífica que desencadenó mi expulsión prematura. No tanto, en realidad, a los 13 años.

Es un duro precio, sin embargo, se arrastra. Durante muchos años oculté cuando me preguntaba a qué colegio había ido, ahora me enorgullezco de ello, de cómo lo afronté, de lo que aprendí en la adversidad. No para desarrollar lo que Rajoy llama «la envidia igualitaria», sino el afán de superación y el sentido de la justicia. Si lo cuento es porque creo que puede ser útil a aquellas familias que se vean en la tesitura de la fiambrera y los lápices del chino.

 Ninguna de mis compañeras destacó en nada. Las reacciones a la humillación son diversas. Pero estos días que volvemos a los períodos más negros de nuestra historia, de toda la Historia de la humanidad, me pregunto si no será que Robespierre acudía a la escuela con fiambrera.

* Publicado en Zona Crítica eldiario.es

Escorados

  Cuando una se junta con el mundo oficial -por muy progresista que sea éste en la composición del debate- percibe, una y otra vez, lo alejados que están del mundo real. Ni lo olfatean. El mundo oficial califica de «extrema izquierda» hacer ver por ejemplo que estamos entregando la sanidad (y por tanto la salud), la educación (y por tanto el futuro), los servicios todos del Estado del Bienestar, el derecho al trabajo o el nivel de vida adquirido para pagar a los bancos (con problemas por su mala gestión cuando no por fraude).  Claro, si dice Vd esas cosas…

Los conservadores quieren «conservar» ese orden de prioridades, y los progresistas hablan de «reformar»: no estamos tan mal. Peor están en Burundi ¿verdad? Y mucho mejor en Europa y en la propia España siendo los beneficiarios de la política que nos gobierna.  

Una, burguesa de pro, con notables síntomas de esa condición, se siente rara -por no decir algún sinónimo políticamente correcto de «muerta de risa»- al ser calificada de pertenecer a la «extrema izquierda». Máxime cuando las preocupaciones que manifiesta la gente -que no sea la «mayoría silenciosa» que quiere resucitar como concepto el neofranquismo- se alinean con esa idea de lo injusto que es entregar nuestros derechos para privilegiar a quien no lo merece, al menos -y no solo ni mucho menos- por su actuación poco limpia.

 ¿Estará una escorada o lo está el mundo oficial? ¿Es todo opinable y relativo?

 Entre las principales certezas que se atesoran está que un día el mundo oficial se topará con el mundo real que bulle a su lado sin que se entere. Y que podrían acabar -siquiera metáforicamente- como aquella María Antonieata a quien atribuyen  el dicho: ¿Por qué no comen bollos si no tienen pan?

 Derecha, izquierda, centro… No sé, me parece que buscar y encontrar «el norte» es siempre una buena idea.

Mineros, una explosión de dignidad

Acostarse -muy tarde- con la retina, el oído y el espíritu impregnados de la marcha minera y despertarse con Mariano Rajoy desgranando en el Congreso un patético discurso, produce shock traumático. Con toda desfachatez -obligado, humillado y empecinado en el error-  ha anunciado nuevos y  durísimos ajustes para la población, diciendo que son “imprescindibles” y demostrando lo grande que le viene el cargo al que se aferra. Habrá más recesión, más paro, y él lo sabe. Espero que al menos lo sepa. Muchos ciudadanos sí están enterados.

Ha dicho el  presidente Rajoy que «al final de los sacrificios habrá recompensa». Es mentira. También lo sabe. Espero. Hace falta mucho cuajo para echar la culpa al depauperado sector público español –uno de los más bajos de la UE que se propone desmantelar además- de nuestra crítica situación. También ha pedido ayuda a los partidos, a los medios –un político no debe pedir “ayuda” a los medios y los medios no deben dársela ni mucho menos porque su misión es la información real y la crítica- y a la sociedad. Cuando en Mayo de 2010 Zapatero se hizo el harakiri como hoy Rajoy, esto fue lo que dijo Rajoy: “Europa ha cantado las cuarenta a Zapatero”. Toda una “ayuda”. Solo quería -él y su partido- trincar el poder. Y para esto. Porque lo peor es que ahora “Bruselas” y toda la trouppe neoliberal, le ha cantado las 400 a Rajoy y somos un país intervenido y tutelado.

La realidad no es este nefasto presidente, hay otra que vivimos ayer en Madrid miles de personas. Llegaban los mineros tras 19 días de recorrer a pie un largo camino desde sus puntos de origen hasta la capital. La plaza de Moncloa estaba abarrotada cuando aparecieron con sus cascos encendidos, el cansancio y la felicidad –por el trabajo bien hecho, por la acogida- en el rostro. Y así siguió todo el trayecto. Eran más de la 1 de la madrugada y miles de personas aguardaban en la Gran Vía a saludarles. Nadie quería irse. El espíritu que allí se vivía era único. Era corear “sí, se puede” porque los mineros lo están demostrando.

Poco antes, cerca de la Plaza de España, ellos comenzaron a decir: “Este pueblo sí nos quiere”, algunos -como armarios- llorando. Desde luego, porque los mineros están llevando a cabo lo que seguramente todos y cada uno de los presentes en el recibimiento quisiéramos hacer. Contra viento y sol, contra la incomprensión y contra el riesgo. Ellos sí tienen coraje y dignidad. Y luchan por su supervivencia y puede que por la de todos, incluso de los que siguen agazapados esperando que escampe, lo que con Rajoy no va a suceder.

Tengo una relación emocional con los mineros. Mi padre era un luchador nato, un “emprendedor” que dirían ahora los políticos plásticos. Y en su búsqueda por nuestra supervivencia recaló precisamente en un pequeño negocio de almacenamiento de carbón y suministro de contratas para calefacción. Ése fue también mi primer trabajo. Desde los 13 años. Y tuve que compatibilizarlo con mis estudios de secundaria y periodismo. Quiero decir con esto que, desde casi una niña, olí el carbón y aprendí la diferencia entre la dura antracita llena de energía, la brillante hulla más blanda y volátil, o el recio lignito, pariente pobre de las anteriores. Y cada enorme camión que venía, llegaba cargado de tormos irregulares, extraídos mano a mano por los mineros. Y tiznaba hasta la respiración. Sólo quería huir de aquello.

No sé si el carbón es viable, pero estoy segura de que hay trabajos que marcan. Otros no, algunos intensamente. No se le puede decir a un minero que el suyo es inútil y desfasado cuando se han enterrado durante años para picar a mano la roca, sin luz natural, a muchos metros bajo el suelo. Y han enfermado sus pulmones, o han visto morir a compañeros por los derrumbes.

Cuando se están dando soluciones a los bancos –tan generosas y a nuestra costa-, no se puede condenar a poblaciones enteras a la ruina. Hay que dar alternativas. Forzosamente. Y es lo que fundamentalmente buscan los mineros. Y luchan por ellas. Y las merecen.

¿Dónde están los cinco millones de parados? ¿Dónde los funcionarios a quienes masacran a conciencia quitándoles la paga de navidad y lo que es más grave: derechos? ¿Dónde, por ejemplo, todos los ciudadanos que tendremos que pagar mucho más por cualquier cosa con la subida del IVA? ¿Los que entregamos la sanidad y la educación a cambio de más pobreza para nosotros y riqueza para los de siempre? Los mineros demuestran que “sí se puede”. Aunque cuesta esfuerzo y seguridad.

El señor de la Moncloa no va a resolver la situación, ningún miembro de su partido. Basta oír la osada irresponsabilidad de Esperanza Aguirre al burlarse de la marcha minera con la enorme indignación que hay en la calle. Hoy, el día de las grandes recortes. No lo hará tampoco Rubalcaba. Dudo prácticamente de todos los partidos, más ocupados por su silla y su poder que por los ciudadanos. Es muy grave: están deteriorando la democracia que precisa de la Política para funcionar. Así estamos en una situación dramática: intervenidos, perdida soberanía, el horizonte con las medidas adoptadas hoy es el caos. Es Grecia. Mirad a Grecia. Hacédselo ver a quienes reniegan de usar su cabeza y relacionar conceptos.

Pero ahí están ellos, los mineros. Caminando firmes por defender su vida. Tras respirarlos de cerca, retomo fuerzas y también sé que, si muchos queremos, se puede. Anoche, protegidos por los mineros, el miedo se evaporó.

 

*Quiero dedicar este post a nuestro amigo Zana. Pregunté por él, no lo encontré entre el enorme gentío. Un beso y gracias a ti y a todos tus compañeros por esta lección magistral de dignidad.

Qué día es hoy

El niño coge el bocadillo de pan de barra con alguna materia grasa dentro que le entrega su madre y se dispone a salir para el colegio. Aprenderá latín, gramática, matemáticas, una asignatura con nombre moderno (aunque sea el adoctrinamiento católico de siempre) y poco más. Basta para ser un buen súbdito. Sueña sin embargo con estudiar una carrera y llegar a ser investigador –si llega el dinero en casa– para poder emigrar a Alemania.

Si vive en una ciudad, asistirá a un aula abarrotada. Si se trata de un pueblo con compañeros de distintas edades –de 5 a 16 años por ejemplo–, los atenderá el maestro de toda la vida que lo mismo sabe de álgebra que de sintaxis o gimnasia.

El padre en paro ha encendido el ventilador para intentar paliar los severos calores. La abuela sin embargo prende en el rincón un brasero: está destemplada por la diarrea que no cura y ni las tisanas ni los “avemarías” le hacen efecto. El abuelo cada día se encuentra peor por falta de medicación para su senilidad y debe aguantar porque es su pensión la que básicamente aporta el colchón de subsistencia a la familia. 

La prensa alaba las acciones del Gobierno y, aún sabiendo que el país se encuentra prácticamente en quiebra, dedica el lugar prominente a los triunfos del deporte. El fútbol apasiona, evade penas y se oirán los gritos de ese exacerbado patriotismo que, sorprendentemente, aflora en los momentos de la peor de las Españas.

¿Qué día es hoy? Cualquiera del verano de 2012 –y mejor que no aguardemos a asistir cómo vendrán los del invierno.., pero podría ser de hace 40 años, e incluso 50 y 60. El relato sería tildado de demagógico si no mostrara una realidad que se está colando en nuestras vidas.

Existen diferencias claro está. El niño estudiará inglés. Lo harán también las niñas. Emigrará a Europa si se ha licenciado en una carrera de alta gama como ocurría, al menos, hasta hace poco. Los medios ofrecen también opiniones contrarias a la oficial para que la audiencia elija cuál le gusta. Y en lugar de en SEPU se puede saciar el gusto por comprar en numerosos comercios chinos que venden ropa y accesorios extremadamente baratos. De eso no falta. Elaborados en la explotación, no se suele pensar que ese modelo laboral precario y sin derechos es el que persigue el empresariado local y ya empieza a asemejarse al que tenemos tras la reforma acabada de perpetrar este jueves.

¿Que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Nunca los españoles disfrutamos del Estado del Bienestar que aún tienen los europeos de nuestro nivel. Ganan el doble y el triple que nosotros y sus gobiernos, conservadores incluso, siguen costeando cristales de gafas, dentista o largos periodos de permisos de maternidad y paternidad remunerados. Zapatero lo intentó. Hasta tuvo que pedir perdón y argumentar que no supondría demasiado costo al erario público, pero la tenaza liberal le cortó las alas.

“Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?”, pregunta Ignacio Escolar en Actúa. Porque no es ése el objetivo, sino el contrario.

Europa ha olvidado sus buenos propósitos tras la Gran Depresión y la Guerra y se empecina en repetir la debacle. Ya se culpabiliza al emigrante y se sienta la ultraderecha en los parlamentos. En España ostenta el poder un PP salido sin una brizna evolutiva de la cámara de criogenización de la que entra y sale durante el último medio siglo y más, y en la que nacieron sus hijos e hijas (en algunos casos perennemente bronceados en curiosa paradoja).

Reivindicamos un Gibraltar español. El enemigo de la seguridad es quien protesta, y no la corrupción, la concomitancia de poderes, el doble rasero contributivo y la ineficacia que nos han traído hasta aquí. Hay un regusto por la época de “extraordinaria placidez” en la que, dicen los viejos desmemoriados, “podías dejar abierta la puerta sin que nadie te asaltara”. Salvo en los crímenes que traía El Caso. O los de aquellas niñas –como yo misma– a las que sendos sujetos abordaron en el portal a la vuelta del colegio para intentar violarlas. No quedaba constancia. La única defensa era el padre que bajaba a saltos las escaleras sin ascensor. De denunciar ni pensarlo: la violencia contra la mujer se sufría en “el entorno familiar” o en “el entorno machista” de la sociedad.

¿Qué día es hoy? Lo peor es que tampoco es 15 de mayo de 2011. Entre quienes heroicamente mantienen la antorcha –o cualquiera, en cualquier ámbito, que intente hacer algo– se empiezan a registrar deserciones o desmotivaciones por la falta de resultados que cambien la faz de la tragedia y por el acoso innegable que se sufre desde la autoridad competente.

La lacra, la pesadísima losa al cuello, son los otros. Quienes sufren aunque se “distraen”, olvidan y tapan sus cabezas a ver si pasa el temporal. No lo hará. El plan del PP es el viejo, el que conocen, el que jamás dio resultado, excepto para los privilegiados hundiendo el sistema social. La argolla, el lastre, son los que siempre delegan en otros la resolución de sus propios problemas y también se desmotivan en este caso porque no les traen la solución a casa.

¿Qué día es hoy? Ayer. Pero ayer redivivo, retorcido contra natura. Cuando el paternalismo y la sumisión, los desequilibrios sociales aceptados también, eran la norma. El reloj de la Historia camina hacia atrás, hacia los años 30 quizás. Solo que el mundo y el progreso han entrado a raudales por las puertas y ventanas de los que las han  mantenido abiertas.

¿Qué día es hoy? El inicio del mañana, solo con que lo queramos de verdad y con eficacia. Como es lógico. Por las leyes de la geofísica, a las noches le suceden los días: el tiempo avanza… si no se le detiene.

*Publicado en Zona Crítica de eldario.es

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