¿Nos vamos de Kosovo?

 

Manel Fontdevila en Público

Manel Fontdevila en Público

Tenemos nueva polémica ¿Retiramos las tropas de Kosovo? ¿El Gobierno español lo ha hecho mal «como siempre»? ¿Está muy enfadado Obama? ¿Nos importa que esté enfadado Obama? ¿Han dejado a Chacón en entredicho? ¿El PP, que exige por enésima vez no sé qué, se opone a la medida?

    Las formas del anuncio no han podido ser peores: sin informar ni al ministro de exteriores, ni a los embajadores, ni a los aliados. Reflejan una pipiolez  y una imprevisión de Chacón y de Zapatero muy preocupantes.

 Javier Valenzuela lo analiza en su blog. Como sabréis, es un auténtico experto: Corresponsal permanente de El País en Líbano (1986-1988), Marruecos (1988-1990), Francia (1990-1993) y Estados Unidos (1996-2001).  Además, ha cubierto como enviado especial, acontecimientos informativos en Irán, Irak, Israel, Bosnia, Egipto, Turquía, Argelia, Senegal, Sudáfrica, Cuba y China, entre otros países. Entresaco algunos pàrrafos:

«No obstante, lo que me llama la atención es lo poco que se habla del fondo del asunto: ¿qué carajo hacen los soldados de España garantizando la seguridad de un micropaís artificial e inviable, fruto de un secenionismo probablemente contrario a la legalidad internacional y con toda seguridad contrario a nuestros intereses nacionales?

España hizo bien en no reconocer la independencia unilateral de Kosovo y dio muestras de coherencia al no aceptar la posterior independencia -alumbrada por Rusia- de Osetia del Sur. Todo el mundo parece estar de acuerdo con eso, desde el Partido Popular hasta los editorialistas de la prensa madrileña más críticos con el anuncio de la ministra Chacón. Entonces, la cuestión no debería ser más bien: ¿por qué hemos tardado un año en optar por salir de ese avispero? ¿Por qué el contribuyente español debe gastar sus magros recursos en proteger la «soberanía» de una entidad política en la que la mayoría de nosotros no creemos? Y sobre todo, ¿por qué deben nuestros soldados jugarse la vida para defenderla?

En mi opinión, que coincide con algunos comentarios efectuados estos días por dirigentes del PP, hemos tardado demasiado (de hecho, Reino Unido, que reconoce a Kosovo, ya ha efectuado una sustancial reducción de sus tropas sin que haya habido tanto ruido). Pero puesto que ha habido retraso, mejor irse hoy que dentro de unos meses (¿cómo podría justificarse ahora la muerte de algún soldado español en ese territorio?).

Sobre las torpezas diplomáticas, las pocas habilidades en materia de comunicación y las descoordinaciones del Gobierno de Zapatero ya me he pronunciado críticamente por escrito y en tertulias de radio y televisión en diversas ocasiones. No me sorprende, pues, que una cosa bien hecha, en el sentido de que había que hacerla, se vuelva contra ese Gobierno. Dicho esto, me viene a la mente el refrán chino: cuando el dedo señala la luna, siempre hay quien se fija en el dedo. Puede que éste, el dedo, no tenga en esta ocasión la uña bien aseada, pero lo importante tendría que ser la luna: tenemos que irnos de Kosovo ya mismo».

Javier Valenzuela estima, en cambio, que nuestra presencia en Afganistán es imprescindible «allí sí que tenemos que implicarnos los españoles, porque allí sigue estando la mata del terrorismo yihadista del que ya fuimos víctimas el 11-M. La seguridad de los ciudadanos de Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga también se defiende en Afganistán».

Opino lo mismo. En España interesan poco o nada las noticias «internacionales». Hacemos mal. Porque ¿sabemos qué pasa en Afganistán y por qué es necesario estar allí? ¿Su importancia estratégica que la sitúa como tierra de nadie que todos se disputan? ¿El peligro que entraña el antaño apoyado por EEUU movimiento talibán?

Afganistán es un país algo mayor que España sumido en una guerra eterna. Situado en una encrucijada entre grandes potencias -la antigua Unión Soviética, China, la India e Irán, y limítrofe con Pakistan-, muchos han intentado su control. Desde el imperio británico a la URSS que lo invadió durante 10 años. Principal productor de opio del mundo y con ingentes reservas sin explotar de gas natural, es además zona de paso del petróleo del Golfo Pérsico. La población vive sin embargo en la Edad Media y proliferan las tribus enfrentadas aspirantes al poder. Los desgraciados afganos, cuya esperanza de vida no llega a los 46 años, no saben que su patria es ficha clave de un parchís internacional.  En la infructuosa búsqueda de Bin Laden, emprendida por George Bush  para castigarle por el 11S,  murieron más afganos que lo habían hecho en las Torres Gemelas. Ni siquiera conocían el rostro de quienes les había mandado matar -lo vi en un reportaje-.

    Toda la zona, es un polvorín que no se puede dejar con la puerta abierta. Somos una aldea global. Las famosas alas de mariposa pueden aletear en las antípodas que terminarán por ocasionarnos un tifón o un buen resfriado como mínimo.

Valencia is diferent

Nacer en Valencia va a empezar a representar un serio riesgo. Las criaturas han de aprender las normas para una convivencia democrática en inglés, a ver si eso les disuade de su entendimiento. La religión les enseñará que el preservativo está contraindicado -más aún es pernicioso- contra la prevención del SIDA. Y en cambio, se les instruye en tirar petardos, porque eso es cultura. A cualquier edad, podrán leer el  libro editado, con dinero público, por la Diputación de Castellón -que preside el acusado y nunca juzgado Carlos Fabra- en donde se dice que lo que ocurrió en 1936 no fue un Golpe de Estado y que Franco colaboró «con el fin de dar a España un régimen de justicia, paz, orden y armonía» para todos los ciudadanos.

 Además, en un mundo con casi 7 mil millones de personas de las que gran parte malviven, la Generalitat del repulido y trajeado Francisco Camps -en lugar de mostrar las facturas del sastre- va a incentivar la natalidad en la comunidad. Pero no de cualquier manera, no. Como todo lo que emprenden los poderes públicos valencianos, será con una alta carga ideológica. El gobierno valenciano va a facilitar hasta 21.600 euros a jóvenes embarazadas para evitar que aborten. Las ayudas se distribuirán durante 36 meses. El desembolso económico para cumplir los mandatos de la Conferencia Episcopal Española, serán mucho mayores, ya que se crearán tres centros de atención social de referencia en cada una de las tres provincias complementados por una red de 186 puntos de encuentro atendidos por equipos itinerantes y un teléfono de atención gratuita. Echad cuentas de lo que eso cuesta.

Nada que objetar en cuanto a intensificar la información y dotar de todos los medios para evitar embarazos no deseados. De hecho con 21.600 euros una pareja puede adquirir preservativos para toda su vida y regalar a los vecinos. Otro fin encomiable sería facilitar las adopciones para que no hubiera que ir al fin del mundo a fin de criar un hijo, dado que en España es extraordinariamente difícil.

El problema surge cuando llega un embarazo. Hay que traer al niño al mundo como sea. Por 21.600 euros es probable que Valencia se llene de padres dubitativos. Porque ¿alguien imagina en un país tan «ético» como España que se van a privar de tan sustanciosa ayuda si hay un niño en camino? ¿Podrán acogerse también los emigrantes? Porque son los que evitado el crecimiento cero de España, un país que tiene ya 46 millones de habitantes. ¿No sirven los adultos? Estoy convencida de que muchos africanos procedentes de países en guerra y penurias, estarían encantados de ser prohijados por el Consell valenciano. Cualquier mileurista, de cualquier procedencia, lo estaría.

Pero no, el requisito es que la mujer lleve en el vientre un óvulo fecundado y que dude si seguir con el embarazo. La medida es moral, de moralidad católica. La Conferencia Episcopal española y sus afines ideológicos han resucitado el aborto como problema después de casi un cuarto de siglo de aplicación de la Ley, y tras estar callados como muertos con los gobiernos del PP. Lo han hecho con los cuantiosos ingresos que reciben del Estado. La religión debería circunscribirse al ámbito privado y ser costeada por sus adeptos. Ah, ya, que en España no recaudarían un euro. Pero ¿por qué tenemos que pagarlo todos? ¿Por qué no financia el Estado otras aficiones como la numismática o lo floricultura? Son menos perniciosas.

Nacer en la Comunidad valenciana equivale a ser adoctrinado, a que los poderes públicos pongan todos los medios para ello y eviten en lo posible una formación democrática ¿saben los valencianos lo que votan?

Ver también «La vida para la Iglesia católica.

Dudas existenciales

     «Que la vida iba en serio

     uno lo empieza a comprender más tarde

     como todos los jóvenes, yo vine

      a llevarme la vida por delante.

      Dejar huella quería

      y marcharme entre aplausos

      envejecer, moir, eran tan sólo

      las dimensiones del teatro.

      Pero ha pasado el tiempo

      y la verdad desagradable asoma:

      envejecer, morir,

      es el único argumento de la obra».

      (Jaime Gil de Biedma -pariente accidental de Esperanza Aguirre- en «Las personas del verbo». Ahora ruedan una película sobre él).

      «Que Dios te bendiga y te proteja siempre
que tus deseos se hagan todos realidad
que hagas siempre por otros
y otros hagan por ti
que construyas tu escalera a las estrellas
y subas cada peldaño
que permanezcas por siempre joven,
por siempre joven, por siempre joven,
que permanezcas por siempre joven.

 Que crezcas para ser virtuoso,
que crezcas para ser auténtico
que siempre conozcas la verdad
y veas la luz que te rodea.
Que seas siempre valiente
seas firme y fuerte,
que permanezcas por siempre joven,
por siempre joven, por siempre joven,
que permanezcas por siempre joven.

Que tus manos siempre estén ocupadas
que tus pies siempre sean veloces
y que tengas una fuerte base
para cuando el viento cambie de golpe
que tu corazón siempre esté alegre
que tu canción sea siempre cantada
que permanezcas por siempre joven,
por siempre joven, por siempre joven,
que permanezcas por siempre joven».

(Bob Dylan y The Band) 

Oficio de político

No dejo de preguntarme si los políticos que nos representan –sólo nos representan aunque a menudo lo olviden– son lo mejor que podíamos encontrar. Realizan una labor encomiable, esencia de la democracia, pero ofrece dudas que -en la evidente maraña de alianzas e intereses-, sea el servicio a la sociedad el motor para alcanzar la cúspide de una formación, o cualquier cargo. Listas cerradas, nombres de progreso interno, endogámico. Llegados a las Cortes, se guían por la «disciplina de partido» para emitir sus votos -si es que van, que ni siquiera acuden siempre-. ¿No sería más operativo que fuera una sola persona por sigla? El resto podría dedicarse, en ese tiempo, a otros menesteres. O… pelear por los intereses de sus votantes, como hacen en otros lugares donde la elección es por listas abiertas.

Nos cuentan que el sueldo de los diputados es de 3.126,52 euros mensuales, a los que se suman los complementos que, en su caso, tenga cada uno en razón del cargo que ocupe. El menor de ellos es de 870,56 para los electos en Madrid, 1.823,86 para los que viven en cualquier otra circunscripción destinados a gastos de alojamiento y manutención en la capital, dado que tengo la impresión de que viajan gratis y en preferente. Pero existen muchos más añadidos en razón de si hacen algo más que apretar el botón del voto -valga-. Por ejemplo, el presidente de la Cámara percibe 3.605,38 en concepto de complemento como miembro de la Mesa, otros 3.915,16 de gastos de representación y 3.210,08 de gastos de libre disposición.

A muchos, este dinero no les basta y trabajan en otro lugar. Hasta en más de uno. El Congreso acaba de autorizar a Acebes y Michavila a cobrar un tercer sueldo en el sector privado. El primero no ha intervenido jamás en una sesión este año, Michavila lo hizo hace cuatro meses. Y ninguno de los dos trabaja de peón de albañil. Marea ver las altas responsabilidades a las que se enfrentan en sus trabajos privados, y… las altas remuneraciones que deben percibir.

Además, la política, al parecer, aporta grandes conocimientos para dirigir negocios. Al abandonar su ejercicio activo, nuestros representantes resultan beneficiados con auténticas loterías de cargos en empresas, con remuneraciones millonarias. Existe una leve regulación con la Ley de Incompatibilidades, pero sin auténticos mecanismos para impedir esta fuga a la prosperidad, recién abandonado el puesto.

Zaplana se lleva a casa un millón de euros -imagino que anuales- por sus puestos en los consejos de las filiales Telefónica O2 Europe y Telefónica O2 República Checa. Ya sabemos que Telefónica le debe grandes favores al PP, que la privatizó. David Taguas, ex director de la Oficina Económica del Presidente Zapatero, también se fue al mundo de la empresa, nada menos que a la patronal de la construcción. El meritorio Josu Jon Imaz, que renunció a la presidencia del PNV, ha curado sus frustraciones haciéndose cargo de PETRONOR, petróleos del Norte, que tampoco parece un mal destino. Tenemos muy bien colocados a Rodrigo Rato y José María Aznar, a Jaume Matas o a Narcís Serra. Lícito, en principio, produce una sensación poco estética en la ciudadanía.

Os propongo que investiguéis -y es fácil, hoy, hacerlo en Internet-, quienes presiden o aconsejan a los principales emporios del país. Por ejemplo: Supermercados Carrefour, la empresa que primero se apuntó a beneficiarse de la libertad de horarios decretada en Madrid por Esperanza Aguirre. La preside Rafael Arias Salgado, otro ex político del PP; pero por allí han pasado José Pedro Pérez-Llorca, Pío Cabanillas Gallas, Rodolfo Martín Villa, Luís Manuel Coscuella, Josep Borrell o Francisco Álvarez Cascos.

Los políticos no contribuyen con sus sueldos al mantenimiento de los partidos, estos reciben subvenciones por numerosos cauces, pero tampoco parece bastarles. No soy la única que me asombro de la calidad de nuestra política, por fortuna. Hoy Javier Martínez Reverte, en una Tribuna de El país reflexiona:

«Si la cantidad es suficiente, la posición de los partidos ante la corrupción debería ser de una claridad meridiana; y si no lo es, deberían explicarlo y pedir más dinero, porque los partidos son absolutamente necesarios en un sistema democrático. Y año tras año vemos cómo los partidos políticos gastan más de lo que recaudan, que no es poco. Y no entran en quiebra. ¿Por qué? Porque los Parlamentos lo permiten, y porque los bancos lo consienten. De cuando en cuando, hasta les condonan sus deudas. Los partidos se han convertido en estructuras que devoran recursos sin cuento, lo que favorece que existan corrupciones, sobre todo en los ámbitos locales, en los que es más fácil confundir el interés personal con el político.

Lo peor es que casi todos los partidos democráticos participan, cómplices entre ellos, del implícito acuerdo de no cuestionar sus sistemas de funcionamiento. Y, como apéndices de esas estructuras, los parlamentarios fijan sus propios emolumentos, sus dietas de viaje y comida, y hasta sus planes de pensiones, algunos tan escandalosos como los que disfrutan los parlamentarios europeos, que alcanzan además el derecho a la pensión máxima con tres años de dedicación mientras un trabajador normal necesita 35.

Los partidos son estructuras sin alma. Son edificios. Unos edificios habitados por gentes que pueden tener en origen un encomiable afán de servicio público, pero cuyos intereses son los de profesionales que tienen que sostener un tren de vida, y defender con uñas y dientes un puesto de trabajo para el que no es fácil encontrar repuesto».

Es imposible que políticos de la calaña que estamos viendo estos días, cerrando comisiones sin haber investigado nada, justificando lo injustificable, sean nuestros representantes más idóneos, siquiera que merezcan serlo de sus votantes estrictos: ni una sola voz discordante ante los atropellos. Viven como dioses, reciben sustanciosos emolumentos, tienen su futuro asegurado, vuelan por sus días entre flashes, halagos y peloteos, y además gozan del poder y todo lo que implica en cuanto a accesos a prebendas y capacidad de aplastar sin contemplaciones.  Entre los más dispuestos también hay mucha inoperancia, no vemos resultados suficientes. Tenemos que plantearnos, muy seriamente, si podemos seguir tolerando este estado de cosas. Y, sobre todo, si con el dinero que nos cuestan no podíamos pagarnos algo mejor.

Un AVE para 15 personas diarias por 10 millones de euros

Quince personas utilizan diariamente el costoso AVE Madrid-Guadalajara/Yebes en el que el gobierno del PP invirtió 10 millones de euros. La Cadena SER resucita uno de mis temas más queridos -dado el flagrante atropello que supuso o, al menos, un ejemplo muy antiestético- y que, como tantos otros, pasó impunemente por la actualidad.

El tren del progreso llegó a la capital castellano-manchega, pero no a la ciudad, sino a un paraje desierto, llamado Yebes, situado a 12 kilómetros en terrenos de familiares de Esperanza Aguirre. Había censados 240 vecinos.

El billete más barato cuesta 16,70 euros trayecto, pero los horarios de los autobuses no coinciden con la llegada y salida de los trenes, no hay taxis aguardando a los viajeros y, tras llamarlo, el costo asciende a unos 40 euros, dado que tienen que llegar desde la capital. Por 4,05 euros, 10.000 viajeros diarios prefieren emplear el cercanías.

La operación la proyectó Rafael Arias Salgado, como Ministro de Fomento, y la siguió su sucesor, Francisco Álvarez Cascos, que fue quien auspició la expropiación de terrenos. Pertenecían a familiares de la Presidenta de Madrid Esperanza Aguirre que poseen en la zona miles de hectáreas. La más favorecida fue una tía del marido de Aguirre, el conde Fernando Ramírez de Haro. Además, las recalificaciones de suelo rústico le proporcionaron más de 8.000 millones de las antiguas pesetas. El gobierno regional justificó la operación diciendo que el precio del suelo se había revalorizado igual que el de los pisos. Allí se construyó Valdeluz, una urbanización de 9.000 viviendas, de la que sólo se han vendido un millar. La promotora fue Reyal Urbis que dirige Rafael Santamaría y que el día 11 de este mes, en plena crisis, subió un 79% sus acciones. El negocio finalmente salió, pese a todo, algo menos ventajoso de lo que se esperaba. El arquitecto municipal de Yebes era Jaime De Grandes, hermano del antiguo portavoz del PP Luís De Grandes. Las obras del AVE las realizó, entre otras, una empresa italiana del Grupo Berlusconi. El intermediario de la operación fue Alejandro Agag. Todo queda en casa.

Al mismo tiempo, se construyó una radial de pago Madrid-Guadalajara, la primera de la comunidad. Costó 450 millones de euros y se llevó a cabo a iniciativa, también, de Álvarez Cascos.

Ahora RENFE confirma que el AVE Madrid-Guadalajara Yebes, fue utilizado por poco más de 5.000 personas en todo 2008. En coche se llega en 20 minutos.

  Son cosas que conviene no olvidar, porque la desmemoria facilita que se repita la historia. Alguna vez, la denuncia debería servir para paralizar los pelotazos y los poderes competentes tendrían que ponerse a ello.

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/bono-niega-acusaciones-aguirre-haber-recalificado-terreno-

La vida para la iglesia católica

Visto en laverdaz.com

Visto en laverdaz.com

La iglesia católica y sus seguidores tienen un curioso interés por la vida humana: les preocupa sobre manera cuando apenas es un esbozo y se desentienden de ella cuando vive. padece, goza -se opone especialmente a que goce- sobre el planeta tierra. La campaña del lince tiene soliviantada a la sociedad laica, y eso que todavía no asedian nuestras calles -que lo harán- con enormes carteles donde un niño que gatea es asimilado a un embrión en una publicidad demagógica hasta la náusea, ni las han  llenado -todavía- de voces ultramontanas defendiendo la «vida». Cobrando millonarias subvenciones a cargo de nuestros impuestos, los obispos han decidido resucitar el debate sobre el aborto como si fuese eso lo que ahora se dilucidara, cuando lleva casi un cuarto de siglo despenalizado. No osaron levantar sus voces a los gobiernos del PP, pero ahora vuelve a tocar el intento de desestabilizar el sistema.

 ¿Puede ser bautizado un embrión? Se preguntaba Gerardo Rivas en El Plural. ¿Adelantaremos la Navidad a Marzo, fecha de la concepción? En el Código Civil español y en todos los del mundo, una persona lo es cuando nace. Artículo 30: «Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno».

La preocupación católica por un puñado de células sin forma humana, se extiende al primigenio acto sexual, a los millones de espermatozoides desperdiciados para crear nuevos feligreses. El Papa ha cometido la tremenda irresponsabilidad de atacar los beneficios del uso del preservativo en la prevención del SIDA en África, continente que se desangra por la enfermedad y la falta de medios para atajarla. Y como siempre sin ningún fundamento científico, negando los que se conocen. La fe y el fanatismo son contrarios a la razón por definición. Pero héteme aquí que ABC titula hoy así: «El Gobierno provoca a la Iglesia tras los consejos del Papa y envía preservativos a África». ¿Por qué no habría de hacerlo? ¿Qué autoridad legal tiene el Pontífice de una iglesia sobre nuestras vidas?

Los seguidores de los mandatos del Vaticano son otro curioso espécimen. El inefable Federico Trillo argumentó que «las opiniones del Papa no eran vinculantes para un católico» a raíz de las manifestaciones de Juan Pablo II sobre la guerra de Iraq, que su partido, el PP, contribuyó a iniciar. Se desgañitó la derecha contra le ley del divorcio y algunos de sus más preclaros representantes la abrazaron después con fruición como Álvarez Cascos que se divorció dos veces. Frente a estos fariseos -por adecuarme a su terminología- hay católicos sinceros, absolutamente abducidos por la secta, que no ven más allá de sus mandatos y no reflexionan sobre hechos probados. La fe les nubla la razón.

El gobernador de Nuevo Méjico acaba de derogar la pena de muerte en ese estado norteamericano, con lo que ya son 15 los que rechazan el terrorismo de Estado al aplicar la privación de la vida como castigo a sus ciudadanos. Jamás la Iglesia católica ha condenado la pena de muerte. Ni sale a la calle, la española, para denunciar los desmanes del poder en la génesis y mantenimiento del hambre en el mundo, como si hicieron los anglicanos el verano pasado en Londres. La vida sobre la tierra no preocupa a la jerarquía católica cada vez más alejada de los postulados de su fundador, Jesús de Nazaret. Nuestro país, con Italia, se ha convertido en su reducto sagrado, e intentan imponer unas conductas que «permiten» en otros países, en todos los demás, salvo en la atrasada Latinoamerica, y ahora en el campo virgen de África. La connivencia del gobierno en esta situación es clara.

Se les vacían las Iglesias, merman las vocaciones, y es por su discurso antidiluviano, al margen de la sociedad -sólo y exclusivamente por eso-. ¿Qué diferencia hay entre los postulados actuales de la Iglesia católica y el Islam talibán? Voces autorizadas en el Vaticano -el cardenal Martini por ejemplo- llaman al cambio. Pero no son escuchadas.

Estudiando la desgraciada historia de España, su atraso secular, se suman dos y dos para encontrar un cuatro de la altísima responsabilidad del catolicismo en nuestra falta de educación. En gran parte de los desmanes acaecidos. Jamás salió un cura católico a detener los fusilamientos de la guerra, y llevaron al dictador Franco bajo palio.

Son, por supuesto, libres de dictar peregrinas doctrinas pero el Estado no debería contribuir con dinero y privilegios a su mantenimiento. En una acción desesperada por el ostracismo al que le ha conducido su mala cabeza, la iglesia española apremia con nuevas campañas. Y, el gobierno permite que las paguen con nuestros impuestos.

La vida es otra cosa. Es eso que saludas alborozado cada mañana por las inmensas oportunidades que puede brindar, que quizás desfallece por las noches cuando las esperanzas se han frustrado. Pero que vuelve a resurgir día tras día. Es respirar, sentir, pensar, disfrutar, huir del dolor, amar, desarrollarse, dudar, buscar, encontrar, latir. Ninguna experiencia igual a la de alumbrar un hijo querido. Y verlo crecer y recrear todo lo que tú has sentido y sus nuevos descubrimientos. ¿Qué oscura mentalidad cercena las experiencias de una vida digna  a cambio de poner en el mundo, a saco,  más seres humanos abocados muchos a la desgracia por no haber luchado para dotarles de medios? Errático camino el de la Iglesia subvencionada.

Actualización 14,30. Ni el niño es un embrión, ni el lince ibérico es lince ibérico.

Hijos de la picaresca (2)

El Congreso acaba de rechazar una propuesta para que los deportistas «residentes» -para impuestos- en paraísos fiscales no compitan por España. Era una proposición de ley de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) -que suelen ser francamente creativos en su trabajo-, y que sólo ha obtenido el voto a favor de su diputado Joan Herrera. Éste es un ejemplo más de cómo en España no se quiere atajar la corrupción.

Estos días leo también por ahí que lo de Camps, el «presunto», no tendría importancia -caso de confirmarse lo que declara su sastre-. «Total por unos trajes, cómo va a pringarse por unos trajes». Por algo se empieza. Y lo que probaría, precisamente, es una costumbre en aceptar regalos a cambio de algo. Como el coche de Touriño. Nadie dice nada, por cierto, salvo Nacho Escolar, y pocos más, de que el Presidente valenciano se aloje en Ritz cuando viaja a Madrid. Esto viene de antiguo, yo me encontré, hace tiempo, a dos presidentes autonómicos, residiendo en el Hotel Plaza de Nueva York en sus visitas a la «capital» del mundo. Tenía el mítico hotel un bar muy coqueto para tomar copas a media tarde. Y allí los vi en distintas épocas, hablé con ellos y me contaron dónde estaban alojados. Mis amigas y yo nos pagábamos nuestras consumiciones. Estos presidentes manirrotos, tan amantes del lujo, lo hacen con nuestros impuestos.

En el libro recopilo también decenas de muestras que dibujan un sombrío panorama de cómo campan en España la trampa y la corrupción, sin que a nadie le importe -sólo el 2% de los ciudadanos lo cita como problema en las encuestas del CIS-:

Es el país europeo donde circulan más billetes de 500 euros -emblema del dinero negro-. Suponen el 65% del dinero en España. Algún alto cargo extranjero incluso de ha mofado de esta circunstancia.

Un colegio concertado que infla el número y horas lectivas de los profesores para cobrar más subvenciones. Lo hizo el San Isidoro de Granada, y se le multó por ello. Pero, en un país serio, los padres hubieran retirado a sus hijos de un centro sin ética ¿Qué les van a enseñar a sus criaturas? Cómo prosperar en España, sin duda.

Subastas de voto en ebay para las elecciones.

Dueños de pisos que suben el alquiler al saber que el gobierno ayuda a los jóvenes con 210 euros.

Empresarios que contratan a discapacitados para cobrar ayudas y luego no les pagan. De esos hay a decenas.

La comunidad de regantes de un pueblo de Alicante, Villena, que vende 700 millones de litros anuales de agua para embotellar a la empresa Danone, cuando piden, agriamente, al gobierno un trasvase del Ebro para regar. La planta, además, se instala, al menos en parte, sobre unos terrenos propiedad del presidente de los regantes villenenses.

   La mayoría -por ser benevolentes- de las compañías sobre todo las de telefonía, con sus contestadores automáticos y sus «errores» siempre a favor de la empresa.

O minucias para sonrojar. Un portal de reservas de hoteles hace un sondeo entre clientes españoles y británicos, ambos pueblos sustraen objetos de los establecimientos donde se alojan, desde los miserables jaboncitos al eventual albornoz. Los españoles ganan por goleada, casi el 80% lo hace de manera habitual. Hay quien saquea el minibar entero, o el  kit de limpieza de la cocina -en el caso de apartahoteles-, incluyendo el estropajo usado.

Del estropajo usado al ladrillazo, pasando por los trajes y por todo lo que venga. Y lo peor es que la gente se ríe en lugar de indignarse, y algunos dicen: «yo de mayor quiero ser como Fabra».

Mientras no cambiemos de mentalidad no habrá nada qué hacer. Todo esto es lo que no me cupo en la Tribuna de El País. Llevamos siglos así, sin que los poderes públicos intervengan dando la terrible sensación de que muchos forman parte de la misma desidia en torno a la corrupción o de que tienen alguna razón para no atajarla. Lo mismo que periodistas, jueces, es todo el entramado social, mientras el pobre hijo de vecino paga y trata de llevar -o no- una vida decente.

Lázaro de Tormes, el más famoso de nuestros pícaros, acaba -después de padecer a siete amos- de marido tapadera para los refociles de un alguacil arcipreste quien le aconseja: «Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas, nunca medrará. (…) Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho.» Un clérigo. Por ahí comienzan nuestros males.

Hijos de la picaresca

El País me publica hoy una Tribuna con este título. Entresaco algunos párrafos:

«Una conciencia laxa ante la corrupción, la creencia frente a la ciencia y un atraso educativo secular: tres pies para una mesa que cojea por su erróneo diseño. Alcaldes de todos los partidos son acusados de corrupción, ingresan en la cárcel entre llantos, vítores y aplausos, y, en el 71% de los casos, resultan reelegidos, aumentando incluso sus apoyos. ¿Concedemos los españoles mayor permisividad que otros pueblos a la trampa, el robo, la malversación, el cohecho y todas sus variantes delictivas?

Sin duda, somos hijos de la picaresca, un género literario asociado a las letras españolas que nos ha impregnado el alma. O viceversa.»

«El desmesurado peso de la Iglesia católica en el Estado español a lo largo de toda su existencia no es ajeno a la aceptación tácita de la corrupción. Influencia clara, cuando aún intenta impedir en España lo que acepta en otros lugares, como el estudio de Educación para la Ciudadanía o una ley del aborto europea. Partimos de dos premisas fundamentales que constituyen la razón de ser la religión: creencia frente a ciencia y juicio, y limpieza del pecado con una penitencia cómoda y solitaria. Los vecinos que vitorean alcaldes presuntamente corruptos no «creen» que lo sean, de nada les sirven las pruebas, les posee la fe. Muchos políticos también participan de esa actitud. Y sobre todo, demuestran pensar que la contrición privada exime de culpa, al margen de la justicia.»

Aquí podéis seguir leyendo para verlo completo.

 

La mafia de Telefónica en el país de la corrupción consentida

A finales de 2008 quise dar de baja una línea de Movistar. Jamás contestó el teléfono durante 15 días, insistiendo en distintos horarios. Me atendía un primer empleado, me traspasaba al único departamento que podía gestionar la petición, y la llamada sonaba interminablemente sin que nadie la cogiera. El 5 de enero opte por enviarles un burofax. La factura llegó igualmente en Febrero, y ha llegado en Marzo. Son 3 euros de contrato y 4,31 de diferencia de consumo mínimo de la línea (todo, porque no hice ni recibí ni una sola llamada).

30 minutos de llamada al 609 me ha costado aclarar, o no aclarar, las cosas. Primero me han dicho que la línea se dio de baja el 16 de Enero y había habido un error con las facturas. He preguntado que si me devolvían el dinero cobrado de más. Han consultado la largamente y han dicho que no. Me han pasado entonces a otro departamento. Nunca recibieron el burofax -dicen- y mi teléfono no estaba dado de baja. Lo han tramitado con la celeridad de un artrítico que atasca sus dedos en el ordenador -esa gestión ha podido llevar unos 15 minutos-. Otro departamento ha reiterado que, puesto que jamás estuvo de baja, no me devuelven el dinero. No es el primer litigio que gano a Telefónica a través de la la Secretaría de Estado de Comunicación y para la Sociedad de la Información. Y prefiero gastarme el equivalente en papel, tinta y gasolina que alimentar a una mafia.

Múltiples reclamaciones a todos los estamentos, demuestran que para dar de baja una línea hay que sufrir un calvario. Porque no cogen el teléfono por la vía habitual, porque no «reciben» ni los burofax oficiales, porque siempre cometen «errores» y siempre a su favor. ¿Qué nombre tiene esto?

Si a mí me roban 20 euros, más 3 de emotion en otra línea que no he usado, y cuentan con casi 9 millones de usuarios, hagan la suma del cuantioso negocio fraudulento -debido a «errores», dicen, aunque no demostrables- que se lleva esta empresa, antaño pública y entregada en su momento a un amigo del colegio de Aznar. A las personas que me han atendido hoy, les he dicho que comer no justifica participar, ser colaborador necesario, en un negocio corrupto y que hay formas más honestas de ganarse la vida. Se han ofendido mucho. Y eso que no les he aclarado lo que realmente pensaba, que en la Calle de la Montera de Madrid, o en el Raval de Barcelona, se puede conseguir un dinero más digno que el que se obtiene contribuyendo a que timen a los ciudadanos, que alli solo joden su propia dignidad.

Si España funcionara no se tolerarían estas prácticas. Los poderes públicos no lo permitirían. Aquí se asumen del primero al último ciudadano. Vemos a diario a políticos, representantes de los votantes y no votantes, que se alojan por no menos de 600 euros diarios en el lujoso Hotel Ritz de Madrid -con cargo al erario público- y que reciben al sastre para que les haga trajes, «presuntamente» regalados por una empresa. Que se favorece con negocios millonarios a profesores de padel, que se cierran comisiones de investigación por la ley de la apisonadora de la mayoría absoluta. ¿Qué va a importar que Teléfonica, en «errores» siempre a su favor, se apropie de 23 euros de cada uno de sus nueve millones de clientes? Individualmente, es una minucia por la que nadie va a reclamar, pero que puede llegar a representar un beneficio adicional para la empresa de 207 millones de euros mensuales. La media vendría dada porque los «errores» en algún caso son de menor monto y en otros de mayor.

Si hablo de mafia es apoyada por un burofax oficial. Además he grabado todas las llamadas en donde me aclaran que la línea se dio de baja en enero pero hubo un error en las facturas. Apoyada también en los millones de reclamaciones a todas las instancias de casos similares.

Este es el país donde circulan más billetes de 500 euros, el del dinero negro, el de los escándalos urbanísticos, en el que basta tener un amigo con poder para forrarse, el que sigue votando a políticos encausados por corrupción, el que -sobre todo- cuenta con una ciudadanía que no reacciona. Grano a grano, los corruptos edifican sus fortunas, grano a grano tenemos que desmantelar la España podrida.

   Os recuerdo una de mis frases favoritas. Aquella versión de la Ley de Clark que utilizó un empleado de la NASA:

» La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad». Y la mala voluntad organizada para obtener beneficios fraudulentos -añado- tiene un nombre: mafia.

Krugman y la solución a la crisis económica de España.

Doctores tienen las ciencias. Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, ha estado en España, en Sevilla, para intervenir en un foro sobre la crisis junto a Felipe González y José María Aznar. Y ha hecho un diagnóstico revolucionario: España necesita una deflación del 15%. Es decir, que bajen los precios de forma generalizada. La mayoría de los expertos, los agentes económicos (empresarios y asimilados) y hasta los políticos, tiemblan cuando se menta la palabra «deflación». El término se asocia a crisis y entienden que reducir los precios es una auténtica debacle para el sistema. La temen más que a la inflación, la subida de precios.

 Aseguran que la deflación puede desencadenar un círculo vicioso: los comerciantes se ven obligados a vender sus productos más baratos porque se retrae la demanda. Apenas llegan a cubrir sus costes fijos. Con precios bajando de forma generalizada, la demanda disminuye aún más, porque los consumidores entienden que no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. En la inflación, sin embargo, ocurre todo lo contrario: los consumidores prefieren comprar cuanto antes los bienes de larga duración, para anticiparse a subidas de precios. Las consecuencias son, nos dicen, terribles: la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas.

Pues bien, Krugman dice que eso es lo que necesita España. La primera parte: que bajen los precios, para adecuarse a nuestros miserables salarios, digo yo, porque para las soluciones de siempre -bajar los salarios también-, no necesitamos a un Premio Nobel. Aún así nos augura una durísima travesía de 5 ó 7 años -así lo ha dicho-. . «Será un camino doloroso o extremadamente doloroso para España», aseguró en ese foro el economista norteamericano, ya que, en España,  los precios y los salarios «son insostenibles y no están alineados con su situación económica».

Lo que no entiendo es que si hasta desde posiciones «de letras», todos lo hemos visto, los grandes poderes sociales nos cuenten otra historia, los empresarios ofrezcan un 1% de revisión salarial, pidan abaratar el despido, flexibilizar el empleo  y todo lo que ya conocemos, y los políticos no tomen las medidas pertinentes. Los precios en España estaban inflados, sobredimensionados. De todo. Desde los pisos a los tomates. España fue el país de la UE donde más subieron los precios con la entrada del euro -el milagro económico de Aznar, que nadie enmendó después- y donde al mismo tiempo se perdió poder adquisitivo en los salarios. Era un caso excepcional, anómalo. Durante muchos años, un gran número de personas se han enriquecido a costa de los ciudadanos. Las consecuencias las pagamos todos. Se la jugaron, nos la jugaron y ahora aún osan pedirnos que sigamos sosteniendo su sistema.  ¿No buscan un recambio para Solbes? Paul Krugman es la solución. Al menos, que le escuchen. Aunque tendrá que ser de una forma selectiva: son precios y salarios entre sí los que chirrían en España. Y son los beneficios empresariales lo que hay que reduc ir, no los sueldos.