Boston: había una cámara


Es irremediable. Sin escapatoria. En un paisaje cotidiano, estalla una bomba. Entre el humo y los escombros vemos correr a gente despavorida. La pantalla se tiñe de cuerpos ensangrentados que enfoca el objetivo. 3 muertos (uno de ellos un niño)  y más de 140 heridos en Boston. El miedo se instala, se acrecienta en la población, por si hay más artefactos explosivos. Horas de televisión, titulares encabezando periódicos. Había una cámara.

Cada vida perdida irracionalmente es algo a lamentar, a tratar de evitar. Ayer, 11 personas murieron en Siria de la misma forma. Se sumaban a la brutal escalada del domingo cuando, según la oposición, cayeron 130, entre ellas 31 niños. A los 36 de Irak, otros dicen que 55 y más de 300 heridos (no saben ya ni contarlos), en ese goteo que se inició tras su invasión ilegal. A los 7 de Afganistán por el estallido de una mina de las que siembran las guerras. Esta vez tuvieron “suerte”, no son tantos como en otras ocasiones. Todas estas muertes no fueron recogidas por una cámara. No escuchamos el ruido de la detonación, no vimos el humo, no contemplamos la sangre ni los cuerpos inertes. No vimos llorar a sus familiares y amigos. Pero igual cada uno de esos pueblos sufrió el impacto de la muerte incongruente. Toda lo es. Pero no es lo mismo. Cuesta incluso encontrar referencias de estas víctimas en los medios.

Brutales políticas matan a diario con los guantes blancos de la impunidad basada en unos resultados electorales que se dicen democráticos. Nos traen sufrimiento, hambre, muertes también, aunque no nos salpiquen la sangre directamente a la cara. Pero también existen. Y tampoco hay cámaras que lo resalten. No con la contundencia que se precisaría para poder atajar tanto despropósito.

Muertos de primera y de segunda, igual de dolorosos pero mucho menos publicitados. Periodismo. Inercia que nos lleva. Necesidad de parar la rueda, reflexionar y cambiar el sentido.

En agosto sí hay noticias

Forges en El País

 

Rajoy, desde su silente descanso, ha desplegado a sus lugartenientes para avivar conflictos y sacar réditos políticos exacerbando los sentimientos primarios de los ciudadanos (que es la genuina definición de la demagogia). Según González Pons, se vive casi un clima bélico en Melilla y la culpa es ¿adivinamos? De Zapatero. Un periodista único, testigo presencial durante décadas de lo que allí ocurre, Enrique Meneses, da todas las claves de un problema, que no surgió ayer,en un artículo que concluye:   

“Nadie se ha querido parar a pensar que el rey alaouita tiene que tratar con mucho tiento el latente independentismo bereber”.   

Una última hora de la SER anuncia que José María Aznar se va a plantar en Melilla con un par… 

El agosto griego   

Javier Valenzuela nos enseña en una brillante Cuarta Página de El País, cómo debemos poner nuestras barbas a remojar. Entresaco el meollo, pero es un goce leer el texto completo por su gran calidad. Y por su carácter ilustrativo.   

“En 2009, a causa de la crisis financiera internacional, Grecia ya perdió un 10% de sus ingresos turísticos. Fue un duro golpe para un país en el que uno de cada cinco trabajadores -y el 18% del PIB- depende de ese sector. Pero lo peor estaba por venir. A lo largo del pasado invierno se supo que el déficit público y la deuda nacional de Grecia eran de dimensiones descomunales. Peor aun, Atenas había estado engañando durante años a Bruselas a la hora de presentar sus cuentas. Se desencadenó así un periodo de turbulencias en los mercados financieros internacionales y de ataques contra la cotización del euro.   

Recién llegado al poder, el Gobierno socialista de Yorgos Papandreu tuvo que adoptar medidas urgentes de austeridad para paliar la desastrosa herencia dejada por su predecesor, el derechista Kostas Karamanlis. Como es habitual en el sistema capitalista, tales medidas (reducir los ingresos de asalariados, funcionarios y pensionistas; alargar la edad de jubilación; abaratar el despido; subir los impuestos indirectos; disminuir los servicios públicos; privatizar lo que quede de patrimonio nacional) se centraron en los más débiles, en los votantes de Papandreu.   

Pero Grecia, la tierra de Mikis Theodorakis, es un país con corazón de izquierdas (y no solo socialdemócrata; comunistas y anarquistas tienen aquí más peso que en otros países europeos), así que no tardaron en llegar huelgas y manifestaciones. Algunas de ellas, las más violentas, fueron noticia internacional y provocaron el aluvión de cancelaciones.   

A decir de muchos griegos, las protestas están siendo menores de lo habitual en este país (menores, por ejemplo, que las provocadas en diciembre de 2008 por la muerte de un estudiante a causa de un disparo policial). Pesan tanto un sentimiento colectivo de resignación como la idea de que es injusto cebarse en Papandreu (como escribió el profesor Guy Burgel en Le Monde del pasado 6 de marzo, “no es fácil ser de izquierda y predicar la austeridad a los que ya son pobres, aunque sea para corregir la ineptitud y la corrupción de un anterior Gobierno de derechas”)”.   

El día en el que se privatizó la guerra   

  Desarrollo el tema en www.escolar.net, a partir de la noticia puntual:   

Karzai, el presidente que, en todo el mundo, menos manda en su propio país –Afganistán- (a salvo del que ocupa la presidencia del llamado gobierno transicional de Somalia), ha dado una patada a la mesa y concedido 4 meses de plazo para que abandonen Afganistán las “empresas de seguridad” que allí operan. Un eufemismo –uno de tantos- que esconde a auténticos mercenarios de la guerra. ¿Qué han hecho para que un débil presidente adopte tan drástica medida que le enfrenta a EEUU? Son 40.000 efectivos. De 52 empresas diferentes. Y Karzai argumenta que han causado “incidentes trágicos y horrorosos“.   

Hay más. El goteo constante de corrupción desvelada en el partido del “todo se rompe y es culpa de Zapatero“.  Su magnitud asombraba a los propios autores.    

Los dejados de la mano ¿del sistema? Hoy en Pakistan.   

Y no nos olvidemos que Garzón sigue imputado, fuera del cargo y de España.   

Vergara en Público

¿Nos vamos de Kosovo?

 

Manel Fontdevila en Público

Manel Fontdevila en Público

Tenemos nueva polémica ¿Retiramos las tropas de Kosovo? ¿El Gobierno español lo ha hecho mal “como siempre”? ¿Está muy enfadado Obama? ¿Nos importa que esté enfadado Obama? ¿Han dejado a Chacón en entredicho? ¿El PP, que exige por enésima vez no sé qué, se opone a la medida?

    Las formas del anuncio no han podido ser peores: sin informar ni al ministro de exteriores, ni a los embajadores, ni a los aliados. Reflejan una pipiolez  y una imprevisión de Chacón y de Zapatero muy preocupantes.

 Javier Valenzuela lo analiza en su blog. Como sabréis, es un auténtico experto: Corresponsal permanente de El País en Líbano (1986-1988), Marruecos (1988-1990), Francia (1990-1993) y Estados Unidos (1996-2001).  Además, ha cubierto como enviado especial, acontecimientos informativos en Irán, Irak, Israel, Bosnia, Egipto, Turquía, Argelia, Senegal, Sudáfrica, Cuba y China, entre otros países. Entresaco algunos pàrrafos:

“No obstante, lo que me llama la atención es lo poco que se habla del fondo del asunto: ¿qué carajo hacen los soldados de España garantizando la seguridad de un micropaís artificial e inviable, fruto de un secenionismo probablemente contrario a la legalidad internacional y con toda seguridad contrario a nuestros intereses nacionales?

España hizo bien en no reconocer la independencia unilateral de Kosovo y dio muestras de coherencia al no aceptar la posterior independencia -alumbrada por Rusia- de Osetia del Sur. Todo el mundo parece estar de acuerdo con eso, desde el Partido Popular hasta los editorialistas de la prensa madrileña más críticos con el anuncio de la ministra Chacón. Entonces, la cuestión no debería ser más bien: ¿por qué hemos tardado un año en optar por salir de ese avispero? ¿Por qué el contribuyente español debe gastar sus magros recursos en proteger la “soberanía” de una entidad política en la que la mayoría de nosotros no creemos? Y sobre todo, ¿por qué deben nuestros soldados jugarse la vida para defenderla?

En mi opinión, que coincide con algunos comentarios efectuados estos días por dirigentes del PP, hemos tardado demasiado (de hecho, Reino Unido, que reconoce a Kosovo, ya ha efectuado una sustancial reducción de sus tropas sin que haya habido tanto ruido). Pero puesto que ha habido retraso, mejor irse hoy que dentro de unos meses (¿cómo podría justificarse ahora la muerte de algún soldado español en ese territorio?).

Sobre las torpezas diplomáticas, las pocas habilidades en materia de comunicación y las descoordinaciones del Gobierno de Zapatero ya me he pronunciado críticamente por escrito y en tertulias de radio y televisión en diversas ocasiones. No me sorprende, pues, que una cosa bien hecha, en el sentido de que había que hacerla, se vuelva contra ese Gobierno. Dicho esto, me viene a la mente el refrán chino: cuando el dedo señala la luna, siempre hay quien se fija en el dedo. Puede que éste, el dedo, no tenga en esta ocasión la uña bien aseada, pero lo importante tendría que ser la luna: tenemos que irnos de Kosovo ya mismo”.

Javier Valenzuela estima, en cambio, que nuestra presencia en Afganistán es imprescindible “allí sí que tenemos que implicarnos los españoles, porque allí sigue estando la mata del terrorismo yihadista del que ya fuimos víctimas el 11-M. La seguridad de los ciudadanos de Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga también se defiende en Afganistán”.

Opino lo mismo. En España interesan poco o nada las noticias “internacionales”. Hacemos mal. Porque ¿sabemos qué pasa en Afganistán y por qué es necesario estar allí? ¿Su importancia estratégica que la sitúa como tierra de nadie que todos se disputan? ¿El peligro que entraña el antaño apoyado por EEUU movimiento talibán?

Afganistán es un país algo mayor que España sumido en una guerra eterna. Situado en una encrucijada entre grandes potencias -la antigua Unión Soviética, China, la India e Irán, y limítrofe con Pakistan-, muchos han intentado su control. Desde el imperio británico a la URSS que lo invadió durante 10 años. Principal productor de opio del mundo y con ingentes reservas sin explotar de gas natural, es además zona de paso del petróleo del Golfo Pérsico. La población vive sin embargo en la Edad Media y proliferan las tribus enfrentadas aspirantes al poder. Los desgraciados afganos, cuya esperanza de vida no llega a los 46 años, no saben que su patria es ficha clave de un parchís internacional.  En la infructuosa búsqueda de Bin Laden, emprendida por George Bush  para castigarle por el 11S,  murieron más afganos que lo habían hecho en las Torres Gemelas. Ni siquiera conocían el rostro de quienes les había mandado matar -lo vi en un reportaje-.

    Toda la zona, es un polvorín que no se puede dejar con la puerta abierta. Somos una aldea global. Las famosas alas de mariposa pueden aletear en las antípodas que terminarán por ocasionarnos un tifón o un buen resfriado como mínimo.

Adiós George W. Bush

Invadió dos países –Afganistán, buscando a un Bin Laden que nunca encontró- e Iraq –bajo el pretexto de unas inexistentes armas de destrucción masiva y una falsa vinculación con el 11S que aconsejaría la intervención-. En ambos casos murieron miles de civiles, sin que EEUU lograra sus objetivos. Todo lo contrario: los talibanes afganos son más fuertes, e Iraq es, hoy, “campo de entrenamiento” de Al Qaeda. Ha propiciado o al menos alentado la mayor crisis económica que ha conocido su país, y el mundo por extensión, desde 1929. Creó una cárcel sin ley y con torturas en Guantánamo. Dice John Carlin en El País, que gran parte de su nefasta obra se debe a Dick Cheney, que incluso fue el autor de recortar los impuestos a los más ricos. Lo cierto es que George W. Bush ha sido el peor presidente de la historia norteamericana, como demuestran sus escasos índices de aceptación.
Hasta el último día ha demostado ser, además, un títere en manos de los poderes fácticos. El lobby israelí, por ejemplo. Iñigo Saénz de Ugarte en Público da cuenta de cómo Condoleezza Rice había llegado a un acuerdo en el Consejo de Seguridad de la ONU que pedía el alto el fuego inmediato en Gaza. Una llamada de Ehud Olmert, el presidente israelí, a Bush transformó el voto afirmativo en abstención. No contento con ello, Olmert lo contó en una conferencia, en lo que ha sido calificado como “una indiscreción”.
“Es buena persona”, dice Barack Obama, con una elegancia política que nos corroe de envidia al compararlo con la realidad española. Empiezan, sí, a caer mantos de comprensión sobre Bush, “el pobre”. De hecho, Obama se muestra partidario de no enjuiciarlo por sus actos como algunos, muchos, piden.
Esta buena persona ha mandado matar a miles de sus congéneres, torturar a decenas, ha hundido en la miseria el sistema económico internacional… no ha hecho su trabajo, lo ha hecho rematadamente mal para los ciudadanos, y, muy bien, para quienes -unos pocos privilegiados sin escrúpulos- se han lucrado con todos y cada uno de sus errores. ¿Se va a ir de rositas?
En mi primera y única novela, en 2002, -y a pesar de ser una historia romántica- inserté una alerta desesperada sobre el entonces encumbrado y apoyado George W. Bush. Sus antecedentes hacían temblar: en su época de Gobernador de Texas había duplicado –autorizándolas- el número de ejecuciones a condenados. El carnicero de Texas ha terminado siendo la peor peste que ha conocido el mundo. Adiós –en buena hora-, George W.Bush, a muchos nos gustaría verte en los tribunales. Junto a todos tus colaboradores y beneficiados. Y, si hubiera Justicia, así sería.

A %d blogueros les gusta esto: