Responsabilidad de proteger

No resulta nada fácil el debate personal entre la necesidad o no del uso de la fuerza para obtener fines superiores. Suele ser el comienzo de una bola de nieve que se va engrosando en su mortífera caída por la ladera. Pero la realidad es que no vivimos ni mucho menos en un mundo perfecto y que esta fuerza va contra otra fuerza: la que ejerce un Estado sobre sus ciudadanos (quizás la peor que puede existir).

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado finalmente el uso de la fuerza para imponer la zona de exclusión aérea en Libia. Emilio Menéndez del Valle nos explica cómo se ha ido abriendo paso en Naciones Unidas –sin que nosotros lo hayamos notado realmente, yo no- lo que llama la “responsabilidad de proteger”.

“Se trata de una doctrina sobre seguridad internacional (paz justa incluida) y derechos humanos que incorpora principios fundamentales. Ante todo, establece que el Estado es el primer responsable de la protección de su población, a la que no puede agredir. La soberanía de los Estados incluye derechos, pero también deberes y responsabilidades. Si se da el caso (como ha ocurrido en Libia, Egipto, Túnez y otros) de que los Gobiernos son incapaces de proteger a sus poblaciones (o son cómplices o actores directos) del genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica o crímenes de lesa humanidad, la comunidad internacional (vía Naciones Unidas) tiene la responsabilidad de entrar en acción. El objetivo principal es librar a la población civil de un Gobierno manifiestamente injusto, tiránico y usualmente corrupto. La responsabilidad de proteger debe ser inicialmente promovida mediante medios pacíficos. Habitualmente, especímenes tipo Gadafi, Mugabe, militares birmanos u otros de semejante ralea, no suelen ser sensibles a tales enfoques. De ahí que a la postre, para proteger a los inocentes, se deba recurrir a medidas coercitivas, incluida la fuerza militar”.

La práctica de la teoría ha dejado ejemplos de amargo recuerdo. Esperemos que no sea así esta vez, que la ONU equilibre las fuerzas en Libia, impida las bombas del tirano (al que tantos alimentaron), cese la hemorragia de un pueblo valiente que se levanta -con gran riesgo- por sus derechos y se vaya. La ONU actuaría así como un gobierno mundial. Luego la Justicia Internacional dirimiría las responsabilidades del tirano.

Otra noticia también llama hoy mi atención. El G7 intervendrá en los mercados para respaldar a Japón. Los cuervos especuladores habían entrado a saco a lucrarse de las desgracias varias de Japón. Terremoto, tsunami y crisis nuclear son “una gran oportunidad de negocio»… privado. el entrecomillado es lo que suelen pensar, ya es incluso lo que suelen decir sin pudor. Así el yen alcanzó estos días su cotización más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El Banco central nipón ha tenido que inyectar millones para frenar la “carrera alcista” de su moneda, en lugar de dedicar, pongamos por caso, esos fondos a socorrer a la población. Los autores han sido ese ente al que siguen llamando “los mercados”. Pero de abstracto nada. Investigue mínimamente algún interesado en sus filiaciones, nombres y apellidos, a través de las transacciones realizadas estos días. Ésos son “los mercados”, ésos los cuervos carroñeros. Ésas son las leyes del “libre mercado” tal y como está ahora.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y el Banco Central Europeo se han unido para frenar la subida del yen. No es que el G7 sea mucho de fiar, pero esta vez hay que aplaudir su acción. ¿Responsabilidad de proteger? No sé por qué lo dudo, pero sí parece ser ése su efecto.

Quedan muchas más cosas por preservar, por defender (que no es lo mismo), muchas. Pero este viernes luminoso amanece con ciertas esperanzas. Necesitamos un respiro.

Libia: los hemos dejado solos

Tropas de Gadafi bombardean Bengasi, el último refugio de los sublevados contra el régimen dictatorial que padecen. Los rebeldes han pedido desesperadamente ayuda a Occidente. Pero Occidente es una abominable piltrafa gobernada por hipócritas a quienes les importa más el petróleo de Libia que el respeto a los derechos humanos, a la vida humana, a la valentía.

Uno por uno, los organismos internacionales (la bochornosa UE, el G8 que nadie eligió, la ONU, los gobiernos) han dado la espalda a los ciudadanos libios, enfrascados –dicen- en largas deliberaciones absolutamente ineficaces. No quieren mover un dedo. Y ni uno han canteado cuando había diversas formas de poner coto a las atrocidades del dictador. Ya se desdecirán de sus tibias críticas ante Gadafi cuando vuelvan a verle. Son expertos. Oh, la diplomacia.

Me avergüenzo de todos los gobiernos e instituciones que han sido capaces de ver la sangre derramada -y en breve aplastada- de los libios que han tenido el coraje de intentar cambiar las cosas, de buscar la cacareada democracia de la que nosotros realmente también carecemos. Lo han pagado muy caro. Escarmiento ejemplar.

Pero a toda esta tropa de impresentables (a buena parte de ellos porque otros se han atribuido poder por su voluntad sin más) los hemos elegido nosotros, los ciudadanos que vemos morir a los libios mirando para otro lado. Ellos han demostrado un arrojo del que nosotros carecemos. Escarmiento ejemplar, digo. Todo el mundo quieto. Aquí paz y después gloria.

Equidistán

Equidistán es un país en el que todas las verdades son relativas. No hay absolutamente nada cierto. Al menos para un observador que contemple con cierta frialdad las opiniones vertidas. Todo es uno y su contrario. Yo no mido 178 centímetros y tengo los ojos marrón claro. De hecho, si alguien estima que no sobrepaso el metro cincuenta y mis pupilas son azul eléctrico, nadie le sacará de su convencimiento… erróneo.

Una amiga mía conservadora, y muy aficionada a hablar de política, tiene muy delimitadas las fronteras: la vida se ve según la ideología. Las manifestaciones de los contrarios a la suya, se etiquetan en un lado y se ponen en cuarentena cuando no se rechazan. Y ya está. Las cosas son como ella las ha pensado previamente. Al menos, admite como válida otra forma de verlas. Pero los hechos reales no existen como tales, todos han de ser interpretados.

Desde hace décadas la sociología ha estudiado la percepción selectiva –me fascinó su estudio-. Uno desbroza de la realidad lo que está de acuerdo con su idea y no ve el resto. En un corrillo de periodistas en Huesca el otro día, uno de ellos habló de informes concretos sobre este asunto: “Cuando les presentan los datos auténticos, los rechazan”. También lo he comprobado. Tratas de exprimir tus neuronas para aportar argumentos, cifras, comparaciones y al final te responden: “Ya, pero yo no creo que sea así”. La creencia se ha adueñado de nuestra sociedad.  Nada que ver con el pensamiento crítico. Ni con el pensamiento a secas, claro.

En Equidistán muchos grandes medios informativos actúan reforzando el mensaje equidistaní. Habla Zapatero, dice lo contrario Rajoy, y punto, que los datos reales no contaminen el espectáculo. El cliente se surte de la opinión que más le gusta. En los falsos debates (ideados solo para entretener a la audiencia) ocurre lo mismo.

En Equidistán, por tanto, no existe la memoria. Se pierde en la maraña de opiniones cruzadas.

De repente, eso que llaman para darle lustre “las cancillerías” se preguntan “si no habrá que revisar la seguridad de las centrales nucleares”. Señores, que hace un cuarto de siglo justo supimos lo que era un Chernóbil. ¿Se han olvidado? ¿No hay informes en parte alguna? Ah, no, que hay matices que… “relativizan”, no se puede comparar aquello con esto.

Y los medios informativos hablan de “histeria nuclear”, y ya tenemos el “debate” servido: ¿está vd a favor de las nucleares o en contra? ¿Le gusta a Vd más el café solo o con leche?

Los pronucleares echan mano de  todo para seguir manteniendo el tinglado. Esto es igual que los aviones, no deja uno de viajar en ellos porque de vez en cuando uno se estrelle (mala suerte). Lo que ocurre es que los cascotes no permanecen miles de años en el suelo como amenaza. Ah, que el CO2 también es malísimo. Sí, casi a diario saludo a Alberto Ruiz Gallardón y Ana Botella a ver si se apiadan de mis pulmones, y barren el manto putrefacto que cubre siempre Madrid por la contaminación de los automóviles. Y quien dice Madrid, pues, ya sabéis, donde queráis. De todos modos, aviados andamos.

¿Qué quiere Vd? informe bien ¿cómo quiere mantener el nivel de progreso sin nucleares? O sin derivados del petróleo, aunque vayan al aire y del aire a nuestro organismo. ¿Café solo o con leche?

Pero ¿de qué progreso me hablan? ¿Eso es progreso?

¿No querrá Vd volver al brasero? Pues no precisamente. Las energías renovables aportaban ya casi el 20% de la producción eléctrica de España. Antes del parón que ordenan las empresas que fabrican nucleares o las petroleras. Ya, pero “yo no creo que esto sea así”. Vale. Té solo o con limón.

El Japón desgraciado, cobaya de las nucleares, pasa por momentos críticos. Y “los mercados”! huyen de la quema hundiendo su bolsa de valores.Quizás si los gobiernos que elegimos como nuestros representantes se ocuparan de los ciudadanos y no estuvieran dedicados a defender a los especuladores privados,las cosas pintaran de otra forma.

Un comentarista de alguna tele norteamericana soltó esta perlita:

«El costo humano aquí parece ser mucho peor que el costo económico y podemos estar agradecidos por ello.»

En el Equidistán en el que vivimos, te dirán que el peligro nuclear en Japón es terrorífico y también que no, que es una minucia. Danzarán ante tus ojos los destellos de los fuegos artificiales para que te distraigas, olvides y aceptes lo que te echen.

Como muchos otros, yo no vivo en Equidistán, lo sufro. Os aseguro que mido 178 cms y tengo los ojos marrón claro. Y que hace más de un cuarto de siglo –más- que sé lo que implica la energía nuclear. En el veinte aniversario de la tragedia ucraniana, unos compañeros de Informe Semanal hicieron este reportaje. Ah, no, que esto es exagerado, «demagógico». Ver para creer, ver para no creer. Es que Chernóbil era sovietica. Pero como dice hoy el Washington Post “si en Japón no puede hacer centrales nucleares seguras ¿dónde las harán?” Igual los especuladores y políticos neoliberales le tienen que decretar un “ajuste” de los suyos a la Naturaleza. De momento, el sufrido y disciplinado pueblo japonés me encoge el corazón. Y con razones.

¿Nuclear, sí, gracias?

Sin luz, sin teléfonos, sin comunicaciones, edificios derruidos, vehículos arrastrados por las aguas. El desastre en múltiples frentes se ha cebado en Japón. Un terremoto, 8,9, de los más intensos de la Historia. Un maremoto. Y una explosión en una planta nuclear que, por el momento, dicen, no afecta al reactor más próximo. El primer ministro japonés confirma que se han liberado «mínimas cantidades de radiación» en la zona cercana a las plantas, porque sí ha habido fugas. El nivel de radiactividad en la zona es mil veces superior a lo normal, un experto lo ha traducido: es lo que un ser humano puede soportar en todo un año. 200.000 personas han sido evacuadas en un perímetro de 20 kms. En Japón hay 53 plantas nucleares. En 377.835 Km2 (España tiene poco más de 500.000). O sea que los amantes de lo nuclear hicieron su agosto con ellos, previamente.

La energía nuclear ya había ganado un ficticio debate a favor de los poderes neoliberales. En España, Rajoy lo ha anunciado como objetivo cuando llegue a la Moncloa. Durán i Lleida declaró algo así como que menos mal que se apostaba por la modernidad y se dejaban de lado esas pijoterías de las energías renovables (a las que han quitado –el gobierno socialista- subvenciones, y sin avisar, dejando en la estacada a quienes se habían embarcado en ese negocio con las directrices anteriores). El ejecutivo prolonga la vida de las centrales.

La energía nuclear –escribí en un viejo post– no emite CO2, pero no es limpia: sus residuos son una bomba de relojería que permanece en nuestro suelo miles de años. Y ni un sólo técnico serio puede certificar que alguna técnica conocida ahuyente la posibilidad de accidentes irreparables. Es cara (y productiva… para particulares). Invierte al menos 10 años en pasar de proyecto a realidad. Y se basa en el uranio, un elemento que también -como el petróleo- dará problemas de escasez (y especulación) a la larga.

En poco más de un mes se cumple un cuarto de siglo del accidente nuclear de Chernobyl y todavía esa zona de Ucrania es tierra quemada y vidas rotas. Visitar la zona requiere pasar por el Consejo de Energía Nuclear español al regreso y ver si la radiación acumulada en el cuerpo supera los límites permisibles, porque se sigue adquiriendo. Varios países ponen aún veto a exportaciones ucranianas.

Los especuladores neoliberales, los políticos a su servicio, tienen bien amarrada a la sociedad, pero la Naturaleza se les escapa. Pocas cosas tan destructivas como el que –por causas naturales, siquiera, un terremoto por ejemplo-  se libere la bestia que las centrales nucleares y los almacenes de residuos guardan en su interior.

Codo con codo con los pobres y sufridos japoneses y todas sus desgracias, pero también es tiempo de prever. De aprender las enseñanzas y evitar desastres en los que no piensa ni le importa -presta solo a obtener beneficios inmediatos- la codicia neoliberal. Y, atentos, que en nada los bien pagados portavoces intentarán convencernos de que las nucleares son muy seguras y encontrarán alguna explicación a lo que vive Japón que, esperemos (confiando en la suerte no en la lógica), no vaya a mayores.

Actualizacion 13 de Marzo:

El Gobierno japonés teme que se produzca una nueva explosión en la planta nuclear de Fukushima. El reactor 3 de la central japonesa sufre fallos similares a los registrados ayer en el reactor 1 y las autoridades no descartan que se haya iniciado un proceso de fusión en ambos reactores.

Japón alerta de problemas en la refrigeración del reactor en una segunda central: Tokai, a 120 kilómetros de Tokio.

 Serían ya 600.000 los evacuados por alerta nuclear.

Actualización 14 de Marzo;

Un nueva explosión sacude la central nuclear de Fukushima. Las autoridades también descartan fugas masivas de radiactividad.

PP ¿conservadurismo o votos?

El Partido Popular español ha sido el único grupo de la Eurocámara que ha votado en masa en contra de esta propuesta: “que la UE y los Estados Miembros deberían garantizar a las mujeres un acceso fácil a los métodos anticonceptivos así como el derecho a un aborto seguro”. Incluso la familia de los ultraderechistas franceses Le Pen se han abstenido.

La medida forma parte de una resolución contra las desigualdades sanitarias en la Unión Europea presentada por la eurodiputada socialista portuguesa Edite Estrela. El Parlamento de Estrasburgo decidió votar el texto general por un lado, las medidas para facilitar los anticonceptivos por otro y finalmente el derecho a un aborto seguro. Todo ello fue aprobado, a pesar del PP español. 

El científico Bernat Soria señaló durante su etapa de Ministro de Sanidad que, en los 8 años de gobierno del PP se practicaron en España 500.000 abortos legales. ¿Arrepentimiento y propósito de enmienda? No, votos por encima de todo. Los del catolicismo ultra que lleva incluso a dificultar el acceso a los preservativos como en la época preconciliar.

Con el neoliberalismo económico lo tenemos crudo, nos lo sirven al plato por la derecha y por la izquierda, pero en el conservadurismo rancio hay un líder seguro: el PP.

¿O no? Lo peor del Partido Popular español es su capacidad de decir una cosa y la contraria, de actuar en contra de lo que pregonan, sin el menor empacho ni escrúpulo. ¿Cómo se explica, a la vista de su postura actual, el medio millón de abortos realizados durante su mandato? ¿Cómo que Camps firme contra la corrupción e incluso financie una serie para combatirlo? Este mismo sujeto, Camps, por cierto, ha entregado la educación sexual en los colegios a la Iglesia que sabe mucho de eso al parecer. Marcando pautas.  A las que nadie en el PP se opone públicamente. Qué va. Se van a la UE y votan ¡en contra del acceso fácil a los anticonceptivos! Con su larga historia de doble moral entre sábanas húmedas.

Arenas movedizas en las que nos hunden los votantes sin memoria, o con el mismo relajamiento ético de los conservadores españoles.Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

Corrupción en España Vs. países decentes

 El ministro japonés de Exteriores Seiji Maehara, figura ascendente en la política de su país, se ha visto obligado a dimitir por haber aceptado una donación de 50.000 yenes (450 euros) de una mujer de Corea del Sur, residente en Japón desde hace años. La ley nipona prohíbe las donaciones de extranjeros. La mujer le conoce desde niño y Maehara asegura que en nada ha influido el regalo en sus actuaciones, pero en los países decentes corrupciones y cohechos (siquiera atisbos de ellos) tienen consecuencias.

Para saber qué pasa en España con estas cosas, ved más abajo (aunque no haga falta, que ya lo sabéis). Quizás, añadir un dato: Garzón declara hoy en el Supremo como imputado por las escuchas que ordenó como Juez en la investigación del caso Gürtel, hoy con noticias frescas. La defensa de Correa le pide 17 años de inhabilitación. Y puede ser que hasta la consiga. En este país somos exquisitos con los presuntos delincuentes de guante blanco… o manopla choricera.

  «La corrupción es incompatible con la democracia, hiere gravemente a los propios fundamentos del sistema», decía Jimenez Villarejo. Y tanto. está inscrita en los genes de muchos españoles «comprensivos» y así nos va. ¿Recordáis cuando propuse legalizarla? Ya falta menos, el PP se dirige en bólido a La Moncloa.  Democráticamente, claro está. Con los votos ciudadanos.

¿No hay nadie más por ahí?

Foto vista en Público

Un Francisco Camps sonriente firma el manifiesto contra la corrupción del PP, en presencia de los corifeos (el candidato Rajoy incluido) que aplauden. Una imagen auténticamente pornográfica. Una pantomima de la democracia. El presidente de la Comunidad valenciana, imputado por cohecho, se compromete así a actuar “ante cualquier supuesto de denuncia o de incoación de procedimientos judiciales». Denuncia, instrucción judicial, pruebas, penden de su cabeza, mientras… sonríe.

El PP, Rajoy, Cospedal, van a luchar contra la corrupción –dicen a sus desmemoriados votantes- y van a devolver el prestigio a las Instituciones. La propia democracia se desmaya ante tamaña desfachatez. Más van a hacer. Gestionando el ayuntamiento más endeudado de España, Madrid, y despilfarrando a manos llenas en muchas otras administraciones, osan prometer austeridad. Y sobre todo «más libertad». Para apoyar la enseñanza privada que no huela ni de lejos la Educación para la Ciudadanía que rechazan. «No puede ser un director general el que le diga a un padre cómo educar a su hijo. Estamos a favor de que quien quiera pueda crear un colegio privado. Si alguien, un socialista, quiere hacer un colegio privado que lo haga. Pero a lo que no tiene derecho es a convertir la educación pública en socialista». Para apostar por la energía nuclear. Para suprimir leyes y desregular a los mercados. Entusiasmado con las encuestas, Rajoy habla más claro que nunca y consagra el reinado de “los mercados” –léase especuladores-, y de lo que entiende los neocons por libertad y que no incluye la libertad de comer y llevar una vida digna para todo el mundo. Os ahorro el vídeo que ya dan y darán amplia -amplísima- cuenta de las palabras de Rajoy los telediarios.

 Del otro lado, Zapatero arenga a los suyos diciendo que están haciendo y harán «las reformas que necesita España«. Los especuladores españoles vaya. Y los del mundo mundial. “Nuestra marca, la marca PSOE, se define y se resume en tres palabras: modernización, solidaridad y derechos”. En Andalucía se les han colado unos ERES fraudulentos que indignan mucho a Cospedal, hábil como nadie en la ignorancia de las vigas en los ojos propios. Y Andalucía, agotada de décadas de gobiernos socialistas, parece que se apresta a cambiar. A ¡Javier Arenas! al de toda la vida, al que arquea la ceja para poner en entredicho el Estado de Derecho -como la bienpagada Cospedal- cada vez que la Justicia actúa contra alguno de sus numerosos «presuntos»…¿No hay nadie más por ahí?

IU derrocha también “modernidad” y “coherencia interna”. Estamos aviados. ¿No hay nadie más por ahí?

Tiene que haberlo. No nos engañemos: la Política es consustancial a la democracia. La tenemos por los suelos. Y no son todos iguales, aunque no sea ningún consuelo. Lo de Camps, Rajoy, Cospedal. y Gonzalez Pons y buena parte del resto de los líderes del PP, son palabras mayores. ¿No tienen dentro del partido alguna pieza de recambio? Algo menos de caspa macilenta, bastante menos de descaro.

¿No hay nadie más por ahí? Se me ocurre que nosotros, que deberíamos poner a pan y agua a todos estos impresentables, a ver si recuerdan la función real de la política que es el servicio a los ciudadanos y la búsqueda del bien común. La dignidad del concepto ciudadano, que empieza por ellos mismos. ¿No votar? ¡Qué más quisieran! Con sus adictos, abducidos y pesebreros tienen suficiente para mantenerse en sus poltronas. Y, por favor, que se callen un poquito, que aún no ha empezado la campaña electoral, aunque sí en los medios que viven en una perpetua.

Pájaro en la jaula

Veamos. A José Antonio Zarzalejos, ex director de ABC, devenido en voz autorizada por contraste, porque siempre vendrá quien más carca será, le indigna “¡Indignáos!”, en ingenioso juego de palabras. “Un opúsculo prologado en la versión española por el escritor José Luis Sampedro que consiste en “un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”, dice entre otras cosas. Nada, que, definitivamente, no le gusta. Y, desde la altura moral y cultural patria, desprecia a ese millón (casi dos millones son en realidad) de incautos franceses que se han bebido el libro de uno de sus más apreciados próceres. ¡Qué sabrán estos gabachos!, venga, desempolvemos a los castizos y volverán a saborear lo que vale un peine español.

La derecha más casposa se organiza divinamente para cargarse cualquier iniciativa. Y no digamos ya la que lleva la pátina del prestigio. Los “100 economistas” atacan de nuevo. Sus primeras valoraciones fueron muy aplaudidas. Eran muchos. 100 economistas de golpe dictan enseñanza. “Oh, 100 economistas”. Tienen 200 más detrás. En la Fundación Fedea: “Talento, esfuerzo y movilidad social” es su lema. Aún estamos emocionados por cómo previeron la crisis y nos contaron cómo afrontarla. Vaya, que va a ser que no lo hicieron.

Ahora son mucho más resolutos, que es bueno pescar en tiempos revueltos y el patrón del barco está cautivo y en la inopia. El martes presentan un manifiesto que será conveniente aireado por los medios. Son tantos. Cien. Y economistas. Proponen desligar los salarios de la evolución real de los precios y, en su lugar, vincularlos a la productividad. Es la última moda neoliberal. También son partidarios del arbitraje en los convenios colectivos, una puñalada más a los desmantelados, y autoderrotados, sindicatos. Algún día tendremos que saber por qué.

Los 100 expertos fueron autores en su nacimiento del contrato único para frenar la temporalidad. Sus resultados han sido espectaculares: hemos logrado una cifra récord de parados. Ahora se trata de rebajar más los sueldos españoles . De tan bochornosa cuantía que el Consejo de Europa (no confundir con ningún organismo de la UE, por favor) denunció en un informe que no se ajusta a la Carta Social Europea, por ser «manifiestamente injusto» y «muy bajo». Muchos empresarios españoles además ya producen en China «cambiando rentabilidad por Derechos Humanos», como me dice un colega.

 ¡Quietos! ¡Que no se mueva nadie!, dejaos de librillos, y sobre todo de informaciones subversivas, suministremos alpiste y agua al pajarito enjaulado que Fontdevila, en Público, retrata como nadie. Ni Pio, oiga. Una de las canciones de mi vida es «Bird on the wire» de Leonard Cohen. «Como un pájaro en la jaula, como un borracho en un coro de media noche, yo he intentado en mi vida ser libre».

La batalla de Wisconsin

 “Shame of you¡” ¡avergüenzate de ti!, gritan miles de manifestantes en el Senado de Wisconsin. En este Estado del Midwest norteamericano se ha iniciado una revuelta de gran calado que comienza a extenderse por otras zonas del país.

Enardecido con el triunfo ultraconservador en las elecciones de mitad de mandato de Obama, el Gobernador de Wisconsin, el republicano Scott Walker, decidió proponer una ley que facilita la privatización de los servicios públicos y recorta los derechos de los funcionarios para paliar el abultado déficit público (que sin duda ellos no causaron, sino las políticas de sus gobernantes). Los sindicatos son prácticamente apartados de la negociación de los convenios colectivos (tal como se pretende hacer también en Europa).

Todos saben que el debate es sobre todo ideológico: el que libra el neoliberalismo para acabar con el sector público. Al gobernador le apoyan pesos pesados del ultra conservadurismo norteamericano, como los hermanos Koch, y los demócratas tenían en Wisconsin y en sus sindicatos un importante soporte. La ley ya está aprobada por la Cámara baja estatal, y para evitar su paso en el Senado los representantes demócratas huyeron al vecino Illinois, para no ser obligados a asistir al pleno y hacer imposible la votación por falta de quorum.

Lo cierto es que la población se ha levantado contra sus gobernantes. Las leyes les permiten entrar en las cámaras legisladoras y, dentro y fuera, protestan airadamente. La revolución no es sólo árabe, y de hecho desde Egipto se apoyó al Estado norteamericano y viceversa.

La mayor manifestación popular desde la guerra de Vietnam, con entre 70.000 y 100.000 personas en un pequeño estado donde hay registrados poco más de 200.000. El pulso ya es nacional, entre demócratas y republicanos, entre defensores de lo público y de lo privado. Incluso Obama ha intervenido. Y los grandes medios se aprestan a sembrar encuestas a ver qué opina la ciudadanía: se inclinan de momento por los trabajadores.

Otros estados en manos conservadoras han anunciado ya recortes en los servicios públicos: Indiana, Tennesse, Iowa o New Yersey (el colmo que sea republicano el barrio obrero de Manhattan). Lo último: el gobernador de Wisconsin persiste en su actitud, pese a las protestas. La derecha ha encontrado en Walker un nuevo ídolo, le animan a apostar por la Casa Blanca.

Europa está haciendo la misma política neoliberal, sin que los ciudadanos se inmuten. España es ya un festín en el que se enajena lo público, mientras los líderes del PP anuncian sin sonrojo su pasión por lo privado, es decir, todos, por vender nuestro patrimonio a empresarios que pensarán en sus bolsillos, y los llenaran a nuestra costa. Un día más hay que contarlo.

De momento, las políticas neoliberales –las que practican ahora los socialistas- han logrado otro récord: 68.260 parados más. No, chicos, no es esto. ¡Avergüenzate de ti!, tanto si eres político como votante.

(Gracias Víctor -el viejo, el de toda la vida-, por el vídeo)

Objetivo prioritario: ganar dinero

En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.

El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.

¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.

Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño.  Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.

En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.

Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos.  Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?

Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.

Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.

Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.

No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.

Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.