En recuerdo de Luis Mariñas

 

 

Luis Mariñas presenta el Telediario 2 del 12/01/1987

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Había luchado desde el centro regional de TVE de su Galicia natal porque España no fuera solo un Madrid con apéndices. Desde otras esquinas del país, otros jóvenes periodistas hacíamos lo mismo. Y, no únicamente eso, también defender el periodismo, casi inventarlo entonces, para lograr una sociedad responsable. Luis Mariñas fue un pionero maravilloso. Ha muerto hoy a los 63 años.

Dicen que las necrológicas se escriben para hablar de uno mismo, de cómo uno “le” conoció, pero puede que sea la única forma de que sepáis lo que sí sabemos quienes le tratamos. Un periodista excelente, y clave en la Transición. Hasta ese punto. Desde un singular “regional” para “19 provincias”, primero, donde se informaba en serio, desde el que se colaban las noticias de toda España en los telediarios nacionales, cuajando una aventura apasionante, también de camaradería. Aprendí mucho en aquella etapa.

 Jefe de Nacional cuando Iñaki Gabilondo ocupó la Dirección de Informativos en un tiempo irrepetible. Director del TD2 con Manuel Campo Vidal presentando, tras el triunfo del PSOE. Le recuerdo, les recuerdo a todos, a gatas, ayudando en mi primer TD3, cuando Eduardo Sotillos, como portavoz, nos contó en directo en el estudio, entrando con el programa comenzado, que el Gobierno había expropiado Rumasa, lo que supuso una gran conmoción. Fue él quien me recomendó para ese puesto, y nunca me lo dijo.

Más telediarios, uno de los periodistas que más tiempo ha estado en pantalla. Luego llegarían las otras cadenas, poner en marcha los informativos de Telecinco, Telemadrid, la vuelta a TVE para iniciar “Los desayunos”, de los que lo echaron malamente.

Noté que algo había cambiado en esta sociedad cuando la gente empezó a confundirlo con “el otro Mariñas”, cuando la zafiedad anuló su recuerdo. No era un periodista más, incluso entrevistó a Sadam Hussein o Gorbachov y moderó uno de los primeros debates electorales entre Felipe González y José María Aznar. González le concedió la primera entrevista televisada tras perder las elecciones y abandonar la Moncloa.

Era enormemente atractivo desde sus ojos azules (que apenas se veían así en cámara), cálido, sensible, progresista, inteligente y culto, irónico, divertido, cautivador, y alguna vez sus fantasmas le vencieron. Ahora estaba bien, llevando una vida sana y esperanzado. Lo cierto es que empieza a doler demasiado ver como amigos y brillantes profesionales desaparecen. Estas edades son muy malas. Y uno se queda un poco tronchado. Aunque con el convencimiento de que hay que aprovechar de la vida cada segundo. Al menos, que alguien recuerde el auténtico valor de Luis Mariñas. Luis, que nadie se confunda.

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