De los altramuces a la lechuga y el caramelo envenenado

Postre de El Bulli

Seguramente uno mira, escucha, comparte, vive, para nutrirse y deleitarse. Y volver a comunicar a otros, quizás, las mejores recetas que logren alimentarle y darle fuerza. La lectura de la prensa de la mañana, de toda la información de estos días, me ha llevado a curiosas asociaciones.

Dieta rigurosa nos exige el Papa de la iglesia más mimada de la historia española, hoy más que nunca, como resume a la perfección Juan González Bedoya. Ásperos garbanzos recocidos sin esperanza. Altramuces. Borrajas lavadas. Un hueso de tocino. La aceituna vacía. Y el mandato inapelable de la obligada ingestión hasta dejar el plato limpio. La purga diaria.

Los gatos cocinados –pobrecitos míos- bajo el epigrama de liebres que nos brinda la economía. El arroz y el maíz a palo seco, sin costosas proteínas, que nos preparan para igualar a la sociedad en la pobreza que renta desorbitados beneficios particulares. La anorexia que detiene la garganta ante la mesa, la bulimia que se desencadena ante el estragante menú de obligada deglución.

También he recordado los caramelos al leer la excelente entrevista de Millás a Felipe González -las buenas entrevistas son las que logran respuestas-. No sabría precisar el mecanismo. Un caramelo que entra suave y apetitoso, pero que no siempre responde al contenido enunciado. Uno precisa endulzar sus días por encima de todo. Pleno de sabores –meloso, agridulce, picante, exótico y narcótico-, con la promesa de ricos nutrientes que, a veces se catan en esencia, hasta embriagar, los de mayor calidad contienen veneno –parece casi imposible la perfección del dulce sin tropiezos-. Sutil, bajo el brillante envoltorio y las sustancias que atrapan. Paladear un caramelo -aún envenenado- si no mata, con soportables efectos secundarios, estimula a vivir. ¿En la cuerda floja?

Cuando se ha probado, y se ha consumido, y  duele el estómago en el recuerdo, solemos emplear la razón para elegir una alimentación saludable. Verduras y hortalizas, proteínas sin grasa y a la plancha, fruta, algunos derivados lácteos, todo light, por supuesto. El BOE con toda su información. Mucho más sanos, se puede llegar a sentir que los días se arrugan como las lechugas e incluso ver que la crisis merma las ofertas y restringe cantidad y calidad del menú.

Sin imaginación, nunca llega el presupuesto. Mi sopa de calabaza de hoy lleva ajo, cebolla, puerro, acelga, apio, patata, sal y pimienta, y, sobre todo, generosa ración de cilantro. Sin él no sabe igual. Los jarretes de cordero que enriquece y contrasta con alcachofas la cocina aragonesa. Uno es lo que come. Para vivir. Para comunicar y compartir. Es mi receta. A falta de los sabrosos postres soñados que, sin duda, están en el mercado.

Network: lo habían avisado

«Network» es una mítica película estadounidense, dirigida en 1976 por Sydney Lumet y en la que Peter Finch realiza una interpretación memorable –por la que recibió un Oscar, de los 4 que tiene el filme-. Pasados los años, no hace mucho, en 2006, «Network» fue elegido como uno de los 10 mejores guiones cinematógrafios de todos los tiempos.

Han pasado 34 años desde 1976. España amanecía a la democracia sin limpiar el subsuelo de reaccionarias bombas de relojería. En Chile, tras la muerte de Salvador Allende, se encontraba en todo su apogeo la puesta en práctica de las doctrinas neoliberales de los Chicago Boys. Rusia y sus satélites permanecían impertérritos tras su telón de acero y ni por asomo se vislumbraba su caída. Aún tenía que soltar su podredumbre fuera de sus límites para enfangar la socialdemocracia. Por entonces la URSS era el “malo” oficial. Siempre lo hay. Y, eso sí, los televisores más grandes tenían 21 pulgadas.

Iba a llegar un mundo perfecto. De accionistas. Dirigidos naturalmente desde las secretas mesas de los consejos de administración. Howard Beale, el personaje interpretado por Peter Finch, pasa de ser un presentador de noticias profundamente harto a casi un predicador más harto todavía, pero ya utilizado por la cadena para obtener beneficios, dada su alta audiencia. Hace 34 años.

Tan embobados como entonces, contemplamos hoy cómo el PP se dispone a vender a manos privadas lo poco que nos queda del Estado, nuestro, de todos. Y embobados les votarán. Claman los demócratas estadounidenses ante el imparable ascenso de un Tea Party ultraderechista, inculto y folclórico, tratando de recordar a los desmemoriados que fue el neoliberalismo de Bush y antecesores el causante de la crisis que padecen, que votarles es atar las manos para reformas. No pueden tampoco hacer mucho los gobernantes progresistas: el Network, la Red de los negocios, es losa ineludible y rige nuestros destinos. Ya lo avisaban. Hace 34 años.

Hoy al tubo catódico se le suman muchos más tubos impresos o digitales. El periodismo que colabora, el que no denuncia, como gran culpable. Atado y bien atado nuestro presente y futuro, 34 años después. Y qué enorme coincidencia. Había crisis. Tremenda.

El periodista Howard Beale concluye su alegato en un grito de previsible final. Un oportuno terrorismo de diseño calla su voz. Y –no se ve ya en el vídeo- la secuencia de su muerte se ofrece a la audiencia mezclada con anuncios. Y aplauden. Zombies, aplauden. Network es una red. La única esperanza es que hoy tenemos otra red de ciudadanos que –aún- no controlan absolutamente.

Pero hay más alternativas…

Gracias a Piezas por los apaños, y a JA por su rica conversación que trajo este recuerdo.

Otoño 2010: programados para la melancolía y el miedo

Pues sí, ha amanecido nublado y esta pobre España en crisis ve cómo millones de personas que nunca se van de puente -nunca jamás, es que jamás se va nadie de puente- lo van a pasar entre lluvia y viento. Para colmo de males, nos cambian el horario y –leo en un titular- “una hora más que da paso a la melancolía…”. Y como las desgracias no vienen solas, es noche de muertos, masificados y caricaturizados ahora por costumbres foráneas. Muertos al fin y al cabo.    

Y cosas más serias. Se ha ido un hombre coherente y muy bueno, y ha dejado a una viuda hermosa y sólida que parece resumir la historia de la mujer en España. Y recordamos, en el centenario de su nacimiento, al Miguel Hernández de todos los tiempos. Al que cantó a los «vientos del pueblo» pero también a la pasión y la derrota presentidas desde que uno descubre que su corazón late algo más deprisa que los de la prudente mediocridad.

Como el toro te sigo y te persigo,

y dejas mi deseo en una espada,

como el toro burlado, como el toro”.

Y ni siquiera acaba aquí la tragedia. En el ordenamiento social de la codicia, la desfachatez, la opresión y la conformidad, llega el cíclico temor al terrorismo. El miedo como excusa perfecta para apretar tres agujeros más el yugo en el cuello. Nunca el terrorismo ha ocasionado un cambio de régimen, a no ser los provocados por reacción a manos del orden establecido, como sucedió tras el 11S. Y hasta por contaminación se producen más víctimas que por atentados (16.000 al año en España). Mas, a todos los niveles, mientan el miedo para provocar el silencio, la inacción. Nos programan para la melancolía y el miedo, nos programan simplemente.   

 No nos engañemos, dentro de 100 años, todos muertos. La fecha es casi una anécdota. “Es posible que los valientes no vivan mucho, los cobardes no viven nada”, escuché en una película no especialmente sesuda. Y en otra (Out of Africa): “Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias”. Si la luz no entra diáfana por la ventana, fuerte y rotunda, es que nació viciada. Evita las componendas. Y alégrate cuando los dioses te perdonan. Ya lo has hecho otras veces.    

 Por lo demás ¿Es posible encontrar una estación más bella que el otoño? El de toda la gama cromática. En la naturaleza que crece o en el sol que pasa del blanco al dorado fuego, iluminando, calentando, sin quemar. El que trae día grises para la reflexión y lluvias apaciguadoras. El que permite mirar al año vivido y al futuro que aguarda. Para saber que somos nosotros mismos quienes componemos nuestra propia vida.

 

Aguirre, Cospedal y la literatura

   La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, no considera punible que el colaborador de Telemadrid Fernando Sánchez Dragó, haya confesado en su último libro –cuyo título no cito por no hacerle publicidad- que se acostó con dos niñas de 13 años en Tokio en 1967, cuando él tenía 31. La historia con las que él llama «putitas» ha sido ya ampliamente difundida.

  Aguirre, antigua ministra de cultura, apela a la «literatura«, pese a ser un libro de no ficción. La ficción inventa, la no ficción supuestamente no. Pero la Presidenta de Madrid declara:  «La historia de la literatura está plagada de relatos de actos absolutamente reprobables. García Márquez, Henry Miller, Gil de Biedma… ¿Qué pasa, que hay que quemar los libros en la hoguera? ¿Hay que quemar a los autores?». Por tanto, el escritor seguirá haciendo su programa en la televisión pública madrileña.

   Esperanza Aguirre no consideró seguramente «literatura» una tribuna de opinión de Eduardo Haro Tecglen hace 5 años, poco antes de que él falleciera:

   «En el número de ayer de EL PAÍS, su colaborador habitual Eduardo Haro Tecglen se permite calificarme de cristianofascista.

En primer lugar, tengo que decir que lo de cristiano pertenece a la esfera de las creencias más íntimas y, en todo caso, ignoro por qué Haro Tecglen se permite utilizarlo.

Y en segundo lugar, quizá para Haro Tecglen, fascista no sea un insulto, pero para mí sí lo es, y de los peores. Yo siempre he sido, y sigo siendo, inequívocamente liberal, que es la ideología que más perturba a los servidores del totalitarismo.

En cambio, la trayectoria de este señor, que es de todos conocida, le ha permitido, dada su longevidad, escribir sin solución de continuidad a favor de los totalitarismos más nefastos de la historia del siglo XX: en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez fue defensor del estalinismo y del comunismo.

Quizá por eso Haro Tecglen se considere un especialista en detectar actitudes fascistas en sus prójimos. Si es así, le reto a que encuentre, en mi ya extensa carrera política, un solo gesto, actitud, declaración o decisión donde yo haya incurrido en alguna posición fascista».

  Dónde va a parar calificar de «cristianofascista» a una persona que la pederastia confesa. Vivimos en un cuento de hadas, sin brujas ni nada. Y con muchos, muchos, enanitos.

Tony Garrido ha encontrado en el archivo de RNE a Sánchez Dragó haciendo apología de la prostitución infantil en 1986

Cospedal y Pedro J. Ramirez también adoran la literatura, de la peor calaña. La realidad, la no ficción, se sustenta en una muy fundamentada sentencia judicial que se molestó en desmontar esta sucia patraña -urdida por dinero y poder-, pero en este caso da más réditos la «literatura». Y los enanitos siguen embobados escuchando.

Fernando Artal, pintor de la luz

Es mi hermano, uno de los tres que tengo. En numerosas ocasiones he querido escribir de él, pero ahora, este miércoles, abre exposición en Vigo, y es un buen momento. Siempre ha dicho que fue la pintura quien le eligió a él desde niño. Es cierto, una apasionada vocación por la que luchó incluso en circunstancias difíciles. Algunos años mayor que yo, era una cría cuando me imbuía de Historia del Arte y me mostraba sus libros. Creo que conocí antes –gracias a él- los clásicos, el impresionismo, el expresionismo, las vanguardias, que la España en la que vivía. En algunas cosas somos dispares, en otras absolutamente idénticos.

    Por él conocí también la semiótica, por ejemplo, y la necesidad de pensar y  crear, siempre investigaba. Y no dejaba de pintar. A épocas dolorosamente, de continúo como una necesidad adictiva y gozosa. Su pintura extrema el perfeccionismo. Cada fragmento es un cuadro en sí mismo. Lo era en el óleo, lo es en la acuarela a la que ha reivindicado.

Fernando Artal

   Pertenecemos a una familia a la que casi nada se le ha dado gratis, todo ha tenido que ser labrado con enorme esfuerzo. Por eso Fernando, Fernando Artal, buscó. Y emigró a Galicia desde Zaragoza. Pintar había de ser para sus ratos libres. El modo de vida se lo dio una academia de arte, de cuyos alumnos dice él que aprendió, aunque en realidad son ellos los que nunca le olvidarán. Quizás, sí, es mutuo, todos nos nutrimos los unos de los otros.

Fernando Artal

   No sé si fue el mar, o su paz interior, su núcleo familiar perfecto, pero Fernando comenzó a pintar la luz, la alegría, la forma, el contenido, la complejidad, el misterio, bajo continuas transparencias. Es la obra de un espíritu joven, comprometido, provocador, una explosión. Pero no exponía, otras necesidades más acuciantes primaban. Vendió todo en su primera exposición tardía. Aquí tenemos otra.

   Explica en el catálogo los palimpsestos: pergaminos antiguos en los que, por razones económicas, se borraba la primera pintura para elaborar la nueva. Aquella terminaba por aflorar. Quizás somos, como dice Fernando Artal, «un palimpsesto ético y estético, borrando y rectificando lo que estaba torcido y dejando algo, poco, de lo que va bien«… para seguir aprendiendo siempre. Fernando quiere que su pintura sea un espacio de reflexión. Él  tampoco deja de reflexionar. Y de llenar de luz, belleza y esperanza el espíritu. Para mí es un cálido faro junto al mar que se abre al mundo.

Fernando Artal expone desde este miérocoles 20 de Octubre en la Fundación Caixa Nova. C/Velázquez Moreno, 18/20 – Vigo.

  Esta es su web:  fernandoartalmartinez.blogspot.com

José Luis Sampedro, un premio al Humanismo

  Actualmente uno apenas puede entenderse más que con quienes emiten en la misma onda. Getafe Negro (ese magnífico ciclo sobre la novela negra) ha instituido un premio nuevo: El José Luis Sampedro de Humanismo. Ninguna definición le cuadra mejor, pocos pueden hacer honor a esa idea con tal precisión.  

  El escritor Lorenzo Silva lo propuso y en Getafe (Madrid) se ha creado eso que llaman un «microclima» para hablar y premiar nada menos que al Humanismo. Hoy, en este mundo del egoísmo y la codicia económica.  

Cualquier disciplina se puede ejercer pensando en el ser humano y atendiendo a su mejora y estímulo. Sampedro lo viene haciendo desde la literatura, la economía, el sillón F de la Academia de la Lengua, el pensamiento y, por encima de todo, como un hombre excepcional en numerosos aspectos.

    

   Como en casa. Olga Lucas, su mujer, sostiene y absorbe cada una de sus palabras. Se apoyan el uno en el otro en un proyecto colectivo, en el entendimiento y el amor. Todo eso se respiraba hoy en Getafe.  

 Cómodos, en sintonía, cuantos intervenían iban destacando lo que atesora Sampedro: su compromiso y su luz, su sabiduría y su espíritu crítico, su trabajo y su sacrificio, su honestidad.   

 Carlos Berzosa, el rector, fue alumno suyo. En los años 60 ya les hablaba de la pobreza y el hambre. Era muy provocador, ha dicho. Estimulante. Acudían a oírle alumnos de otras materias aunque no estudiaran economía. Sampedro mantenía que ésta es estructural:  sus elementos son interdependientes y no aislados, cualitativos, y es una ciencia humanista y social. Los modelos de hoy, dice Berzosa, son abstractos y alejados de la realidad. Casi en mayúsculas el rector ha agradecido que Sampedro les enseñó a pensar, a amar la libertad y luchar contra las dictaduras.  En la España franquista, de la que se autoexilió desde 1968 a 1976. 

 A eso ha vuelto a aplicarse hoy José Luis Sampedro. Emocionado por ver en la sala a tantos jóvenes (y no sólo jóvenes), ha llegado a pedirles por favor –y varias veces- que sean factores de cambio. Reivindicando como toda su vida el pensamiento libre, el que rechazan los absolutismos por todos los medios a su alcance. «Con pensamiento libre habría ciudanía y con ella no se producirían las crisis«, decía.    

Dolido esta Sampedro por la Europa que «ha perdido toda su grandeza», «ejemplo de lo que es ir hacia abajo» cuando antaño fue paradigma de los valores humanistas. «Hoy Europa es la de los intereses». «Por favor, luchemos contra eso». 

 ¿Tenemos tiempo para pensar? ¿Tenemos tiempo para vivirnos y que no nos vivan?

 El microclima, una onda humanista, estar allí porque se quería estar. Lo que más aprecio de José Luis, además de su enorme talento, es una suerte de ingenuidad, de limpieza, que me inspira una enorme ternura. Creo que nos ocurre a muchos. Huyen los grandes premios para el escritor crítico y comprometido, aunque tenga 93 años… peleones e irreductibles. Por eso, desde rincones y alturas salimos a decirle, simplemente, que le queremos y que es un privilegio tenerle entre nosotros.

La burbuja del entretenimiento

  
 El acertado título es de Federico Mayor Zaragoza que sigue como puntal de las ideas. Muchos, cada vez más, compartimos esa inquietud: se está inflando –hace tiempo ya- una burbuja para embelesarnos y adocenarnos, que, en definitiva, sólo busca aplastarnos. Como pompa de grandes dimensiones, de muy inestable soporte, nos estallará en la cara, exactamente igual que han hecho sus precedentes (la inmobiliaria, la financiera y las demás).

   Zapeé ayer por los informativos. Antena 3 y Telecinco nos ofrecían como titulares una ristra de sucesos sobredimensionados. Mucho crítico los telediarios de mi antigua casa, RTVE, pero hay una sensible diferencia. Tampoco informan a fondo, pero ofrecen interesantes destellos, y bastante  más decencia. Veremos lo que dura la televisión pública en este mundo privatizado.

  Twitter impelía anoche a mirar aquella cosa de Gran Hermano. Trending Topic del día, es decir, lo más comentado. Lo más. 12 temporadas lleva ya. Y, sí,  aún existe. Con Mercedes Milá vestida de capullo en flor y en patética caricatura deforme de la periodista que un día fue. Y con despojos humanos prestos a seguir la trama guionizada.

  Brilla el entretenimiento en los periódicos también. Estamos muy malitos y precisamos sopa caliente con mucho jerez –más jerez que caldo- para olvidarnos. Todos necesitamos diversión -no se nos malinterprete- y casi nada como la risa para desentumecer alma y cuerpo, pero ¿tanto entretenimiento? ¿sólo entretenimiento?

   Los 33 mineros chilenos fueron tocados con el halo de la suerte mediática. Para el inhóspito desierto viajaron las cámaras y los micrófonos. Y se salvaron. Aunque nada haya cambiado allí, como bien nos contó TVE.  Vicente Romero, una de mis almas afines en periodismo, lo cuenta muy bien en este artículo imprescindible. Y en este meollo:

   “Porque, para garantizar el éxito mundial, los distribuidores de esta superproducción de infoespectáculo se han esforzado –siguiendo los usos de Hollywood– en depurar sus elementos políticamente más inquietantes. Desde el principio tuvieron claro que la tragedia sería más universal, conmovería a un público consumidor más amplio, si se silenciaban o eliminaban algunos datos polémicos. Tres de ellos resultan fundamentales para una valoración correcta de la situación vivida por los mineros chilenos. Pero la regla básica del «infortainment» establece que los espectadores no tienen que entender sino limitarse a sentir. Y sus sentimientos deben de ser elementales, sin turbiedades políticas”. 

 Mayor Zaragoza, como intelectual completo –y no periodista-, profundiza en otro sentido:

 “Estamos distraídos con el ciberespacio, con la telefonía móvil, con la TV, con las “play station”, con los omnipresentes espectáculos deportivos. El fútbol a todas horas: liga, copa, supercopa, champions, Europa, mundial…! La industria del “entretenimiento» adquiere colosales proporciones y puede ser la próxima “burbuja”… Llega a ser casi una adicción… ¿Y cuándo se piensa?, ¿cuándo se imagina?, ¿cuándo se inventa?

Distraídos, olvidando lo que debería recordarse a cada paso. Deber de memoria. Deber de voz: la voz debida. Para cambiar las actuales tendencias hay que empezar por cambiarnos a nosotros, a nuestro entorno.Para movilizar a los ciudadanos, para dejar de ser súbditos, sumisos, silenciosos, obedientes, es necesario inventar otro mañana…» 

En la manifestación contra la pobreza, el público vibró y aplaudió cuando pedimos suprimir los paraísos fiscales. Cuando se mentó la especulación. Cuando se convocó a rebelarse contra la pobreza. Y clamó al ver que gran parte de los problemas actuales se paliarían si unos pocos robaran menos.

  Como dice Eduardo Galeano: «Estoy comprometido con la pasión humana y con la certeza de que somos mucho más que lo que nos han dicho que somos«.

   Un proverbio de la olvidada África se convirtió en lema y esperanza para mí desde que lo leí hace años:

  »Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo«.

Los muros

  He ido a buscar a Abelardo, el protagonista de un relato que escribí a los 25 años, el primero estructurado. Andaba el hombre agobiado por un muro que le habían construido frente a su ventana y que le impedía ver el mar. No recordaba yo con precisión, el desasosiego de Abelardo al recorrer varias veces la isla en la que vivía y toparse continuamente con agua salada para concluir en que también los sueños se erigen en barreras, aunque sean líquidas. Pocas tan disuasorias como las grandes masas de agua de un océano. Las vallas no son necesariamente de piedra.

   Lo escribí en Las Palmas de Gran Canaria. Y puede que nadara hasta la península y me adentrara por sus ríos como un salmón que, en su tenaz perseverancia, lo mismo pelea por mar que por agua dulce. Esta España de empresarios que nos mandan trabajar más –si podemos, que no todos podemos- a cambio de cobrar menos, mientras los ejecutivos ven crecer sus emolumentos, y las grandes fortunas ya no saben dónde meter las ganancias de más que atesoran, también se levanta como un muro. La de tantos desatinos casi imposibles de digerir. Pero más allá, «los mercados» que nos constriñen,  premian a sus hacedores con más y más millones, mientras los demás estamos viendo ya alterada nuestra forma de vivir por la reducción de ingresos y el aumento de los precios. Así que nueva tapia ante los ojos.

   En el infierno de Sartre, o en el infierno de los vivos de Calvino, las paredes las levantan los otros, seres humanos de carne y hueso. Uno nunca sabe en qué punto del camino decidió regar aquel ladrillo para que creciera, pero ahí se ha plantado, sólido e inamovible, imposible de traspasar.

  Después de tantos años se aprende –creo, ni sé si estoy segura- que el hormigón no se derriba a cabezazos. El tabique ni se entera y el incauto que lo intenta acaba con chichones en el mejor de los casos. Y el destino final del salmón en su esforzado nado contracorriente es un plato para ser servido ahumado, marinado, al horno o a la plancha. El David de Goliat es un cuento para niños. El invento puede funcionar con presión constante y proporcionada a la contención a derribar. Ese río que carcome hasta demoler el objetivo o abrir una brecha por la que avanzará todo un caudal soberano.  Pero hay que valorar si merece la pena el esfuerzo.

  De materiales sólidos, líquidos u orgánicos, el más empecinado constructor de muros es el laberinto y hay vidas que se obstinan en hacer de tan cautivador y engañoso lugar su casa. El truco consiste en cambiar de itinerario cuando se encuentra el impedimento. Parece que no, pero hay salida también. Una. Incluso dos: regresar al inicio. Lo más torpe es la lucha desproporcionada condenada al fracaso.

   Horadar, cambiar de rumbo… o salir volando. Hasta en una cárcel vi hacerlo a una paloma.

Pasen señores, pasen

 La estrategia se supera a sí misma. Todos los medios dedican grandes espacios a los 33 mineros rescatados en Chile. Trabajaban en condiciones infrahumanas y a nadie le importó, lo fundamental es su hazaña épica: el espectáculo. Si así lo desean, rentabilizarán su inversión –la explotación, el enterramiento y la subida a superficie- durante un buen trecho de su vida. Hasta que pasen de moda, nada más. Primero irán de gira mundial, cargados con IPADs regalados y anunciando marcas en sus ropas y accesorios. Invitados de honor en partidos de fútbol, hasta en los del Real Madrid, un crucero por las islas griegas, lo que pidan. Entrevistas a 32.000 euros. El minero del triángulo, enfermero además, invitado estelar, primadocon pluses, en las televisiones más sucias. Libros. Una película para el que ya se piensa en nuestro querido Javier Bardem. Y, quizás, Piñeira, el presidente chileno, de representante, apareciendo, con motivo, en todas las fotos.

   El tiro ha salido esbafado (palabra aragonesa a deducir en el contexto), porque la noticia más vista hoy ya no es el rescate de los chilenos, sino la muerte de Antonio Puerta, el agresor de Jesús Neira. La mujer que le alojaba circunstancialmente, se une a la nómina de la carnaza itinerante para los medios, y ya ha contratado un representante, según informa El Mundo.

   Los soportes humanos de micrófono, boli o IPAD corren de un lado para otro, en un sin vivir. Casi salen heridos en el tumulto esta mañana porque ha ido al Juzgado la tonadillera Isabel Pantoja. Le han comunicado la apertura de juicio oral contra ella por blanqueo de dinero. Noticia… de negros vuelos.

  Pasen, señores pasen. Y ahora a las ruedas de prensa sin preguntas. Y a dar cancha –más- a nuestro local «Tintorro Party» –en precisa definición de Iñaki Gabilondo-. O -menos- a ese efectivo gobierno, independiente de los mercados, combativo y ágil.

   Las estrellas del periodismo deportivo enseñando las tetillas en una promoción de los servicios médicos del Real a Madrid –a unos 1.000 euros, oiga, nos cuentan, se siente Vd. como Ronaldo… o Jesús Álvarez y otros-. Y los estantes de las librerias se pueblan – y en algunas ampliamente destacados- de engendros como éste que simplemente enlazo para no estomagar demasiado. El Tintorro Party en su apogeo.

    Los telediarios como comida de menú (de los de 7 euros) del youtube. Sin más. O sí. Con «ventes» y «trentas«, «laes» y lo que se tercie.  Sin otra alternativa que comer lo que nos ofrecen, o buscar en un más amplio menú. Menos mal que tenemos donde informarnos. Algunos. La mayoría engulle, no digiere, y defeca sumisión.

   Se pregunta hoy este artículo si cantantes consagrados, haciendo versiones del pasado,  están rindiendo un homenaje o falta creatividad. ¿Vd que cree?

 Os iba a mostrar, como ejemplo, a Ramoncín versionando a Nirvana. Pero no, es demasiado. Algo bueno de verdad. Esta canción fue compuesta en 1939 y la cantaron los mejores. Volvamos a las raíces, a las fuentes originales, y desechemos las malas copias. En todos los ámbitos, por supuesto. Nostalgias de cordura y pasiones reales.

Venciendo al «kippel»



“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una novela corta de ciencia ficción, escrita en 1968 por el norteamericano Philip Kindred Dick . Una versión libre de ella dio origen a la imprescindible película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott en 1982. Por cierto, la precariedad en la que viven esos androides prefabricados -tan similares a los humanos- que les obliga a huir de su planeta, se parece mucho más al futuro al que nos abocamos que al «Mundo Feliz» de Adouls Huxley y sus contemporáneos.

    Tengo la teoría de que mi casa engulle ciertos objetos. Al vivir más personas en ella, parecería que alguna activara el desagradable mecanismo, pero no, hace poco me explicaron que aquí se me ha instalado el «kippel«. Limpios como los cuidadores de patenas, con todo en apariencia de orden, somos absolutamente inocentes de la ocupación de ese desagradable ente. Termina por no ser basura en sentido estricto, sino mucho peor: cuerpos que han perdido la función que les dábamos y que toman vida propia. A saber:

“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (…) el kippel expulsa el no-kippel (…) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado» escribieron en su día en www.microsiervos.com citando la novela aludida.

    Pues bien, en este extraño día de lluvia persistente, de intentar no hacer nada en absoluto, parecería que el «kippel» haya sido vencido por el «no-kippel» y han comenzado a aparecer los objetos perdidos. De hecho, yo me encuentro en total relax y me llaman uno por uno, acudo a su voz y allí están. El problema es que esa propiedad de reproducirse subterfugiamente del «kippel«, oculta cosas valiosas.  Y lo mejor es que, como diría cualquier colega de los medios actuales, el prodigio “no ha hecho más que empezar” (les gustan mucho los tópicos). Ahora voy a estar más atenta a los sonidos de lo que queda por volver a hacerse presente.

   Esto me ha llevado a una segunda reflexión, mucho más decisiva. Han vuelto a revivir en consecuencia CDs por ejemplo y, para escucharlos, he conectado, tras mucho tiempo sin hacerlo, el equipo de música, más cerca del sofá reparador. Es un ejemplo. Resulta que los seres humanos somos producto de una trayectoria y, sin embargo, solemos quedarnos con lo último que llega, arrinconando buena parte de lo anterior. Me refiero a las personas que mantienen sus ojos abiertos, no a los del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Errores y aciertos nos labran y solidifican, multitud de recuerdos renacen para volver a latir y matizar el conjunto. Nefasto mirar sólo a un inicio como suelen hacer en todos los aniversarios, incompleto quedarse únicamente con lo nuevo, somos un todo, y es eso lo que nos sustenta. Debe ser ese error, precisamente, lo que desencadena el «kippel«. Es una teoría no refutada, claro. Sabe uno de este modo que tanto la felicidad como el dolor pasan, ya los conocemos, ocurrió otras veces. Y desde esa altura, se puede usar con igualdad facilidad la firmeza y la condescendencia. Incluso para uno mismo.

   Tengo la impresión de que el “kippel” que se instaló en mundos imaginarios, habita, desconocido, en el planeta Tierra.  Ahí debe estar la raíz de lo que nos ocurre. Hay que apagar los ruidos y encender la realidad para escuchar el orden natural, su contrario, y sacarlo a la luz. Lo está pidiendo, ya os digo.