Podemos propone una ley de emergencia social «para distraer la atención»

Lo he escuchado en un boletín de noticias de la Cadena SER, a mediodía de este lunes. Pasaba por ser información, no opinión. En este intenso día en el que brillan las dentelladas por pillar un sillón y los puestos que se arbitren a su sombra, han hablado los políticos que deben buscar una salida de gobierno o de nuevas elecciones a los resultados electorales.

Las palabras de Rajoy han tenido escaso eco, salvo en los telediarios de TVE (que yo haya visto). Han dado cuenta de lo que parecía ser un comunicado del PP, o lo que sea, insistiendo en sus conocidas tesis: o nosotros o el caos.

Las del Ciudadano Rivera también han tenido poca repercusión. El chico del cambio sensato ha dicho que ofrece su abstención a Rajoy para que gobierne y pide a los barones del PSOE tan sensatos como él  que se apuren para apuntarse también. Pero, como en ese supuesto, ya ni son necesarios sus 40 votos, no se le ha dado mayor relevancia informativa. Ya veremos si más tarde le necesitan los sensatos que formen gobierno.

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En el PSOE, han brillado de nuevo hojas afiladas y casi ha corrido la sangre.  Y sin casi: inician el procedimiento. En resumen: Pedro Sánchez querría explorar contactos con todos los partidos a derecha e izquierda sin hacer “cordones sanitarios” a ninguno, ha dicho. Lo que ha sido interpretado indefectiblemente como que quien precisa ser aislado es Podemos y no el partido embadurnado de corrupción. La opinión publicada es así de liviana en su mirada. Y no van a dejarle.

El problema que tiene Sánchez es que solo le apoyan los líderes de territorios pequeños –y, según El confidencial, portavoces de Madrid (que se ha quedado en nada como cuarta fuerza política), Galicia, Navarra, Castilla y León, Murcia o Baleares-. El resto lo quieren fuera y ya. Ya. Pretenden hacer un Congreso en Marzo porque -como dicen algunos colegas muy finamente- “cuestionan su liderazgo”. La ofensiva la capitanea Susana Díaz que para algo lleva toda su vida trabajando en estos menesteres de trepar con tanta precisión en sus pasos. Con Asturias, Comunidad valenciana y Castilla-La Mancha, tiene más poder. La baronesa del sur ha afeado a Sánchez los resultados electorales, que han sido malos  sí, pero en los que todo ha pesado y no poco lo que sucede en Andalucía.

Es lamentable, aunque muy ilustrativo, que al oler otra vez poder grande en España, saliven de esa forma los líderes de la derecha del PSOE. No es que Pedro Sánchez esté libre de víctimas en su camino, pero es el secretario general y no parece oportuno este espectáculo ahora. De no corroerles de tal forma el odio y la ambición, hubieran esperado al menos a dar forma a un gobierno o una salida, para no retratarse con esta impudicia ante todos los españoles. Esto les urge, sin embargo, y no hay más que hablar. Así que los sensatos son menos sensatos de lo que parece, a pesar de todo. La pérdida de votos es real y para todos. Pero exigen, dice El País que dicen, a Podemos que aparque lo del referéndum en Catalunya (que vive ahora su propio sainete y que probablemente habrá de repetir elecciones). Exigen, con un par. No vaya a ser que en caso contrario el PSOE se vea obligado a facilitar el gobierno de Rajoy u otro miembro del PP, al que no ponen “líneas rojas” que sepamos. Son tan democráticos y tan modernos como decía en su soflama dominical Vargas Llosa.

Y continuar con gente como Morenés, Fernández Díez, Montoro, Báñez, la Virgen del Rocío y todas las vírgenes que se avengan a participar, Marcelo, etc… o cambiar a alguno por esas lumbreras emergentes como Casado o Levi va a gustar mucho a los votantes del PSOE. Yo sé de alguna, amiga mía, que, entusiasmada con el que camino que va a llevar su papeleta, se apuntará a hacer fila en los colegios electorales ya, para no perder comba la próxima vez. Feliz, además, de tener como jefa del PSOE a esa carismática, progresista, y sensible líder que es Susana Díaz.

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Y en ese contexto, da su rueda de prensa también Pablo Iglesias tras hablar hora y pico con Rajoy y ver que no coinciden en nada prácticamente. Y dice que mientras otros se preocupan de sillones y cuchillos, Podemos quiere que -nada más constituirse el Parlamento el día 13 de enero- se fije como prioridad aprobar cuanto antes la ‘Ley 25’. Es decir, la de emergencia social:  “Para que ningún español sufra cortes de luz y calefacción, acabar con los desahucios sin alternativa habitacional, ofrecer esa posibilidad a las víctimas de violencia machista y poner fin al copago farmacéutico para los pensionistas”. Esto es lo que la usuaria del micrófono ha calificado de propuesta “para distraer la atención”. Entendiendo que esas necesidades vitales eran accesorias a lo realmente importante: ¿Va a seguir Podemos pidiendo el referéndum en Catalunya? Porque igual hasta es cierto que consultar a la gente no es romper España, pero saber si se va a hacer la consulta nos quita el sueño. 10 veces se lo han preguntado a Pablo Iglesias, según cuentan las crónicas del recuento de preguntas por el referéndum.

Si es que son ganas de molestar ocuparse de chuminadas como dar soluciones a quien pasa dificultades para disponer de luz y calor, casa, medicinas con copago, o sufre violencia machista,  cuando se dilucida lo importante: si va a seguir Rajoy o alguien como él, y si le va a apoyar Susana Díaz o Pedro Sánchez. Incluso si pintará algo, nada o mucho Albert Rivera.  Y, desde luego, si Podemos apoyará que se celebre una consulta a los catalanes. Ganas de distraer la atención, ya lo ha dicho.

 

¿Albert Rivera presidente?

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La singular idea la estarían barajando tanto PP como PSOE (sector Susana Díaz) según apunta el análisis de Soledad Gallego-Díaz, entre una serie de escenarios,  en Contexto: Ctxt.es. Y se trata de una periodista de toda solvencia en medio del  atronador ruido que ha suscitado el resultado electoral. Permitidme un cierto preámbulo necesario.

Lo más llamativo en estos momentos son las tensiones internas en el PSOE. Pedro Sánchez, el secretario general y candidato a la presidencia, rechaza facilitar un gobierno de Rajoy o del PP. Díaz desde Andalucía –aunque ya no tan potente en votos como nos cuenta Juan Tortosa– dice que tampoco quiere ese pacto pero pretende llevar las riendas de la negociación y tiene clarísimas sus preferencias y lemas:

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A la idea de que Podemos “quiere romper España” apuesta la derecha mediática en la que parece haberse convertido prácticamente toda la oficial de este país. Cuando hacer un referéndum en Cataluña no es ser independentista ni querer romper España, sino… hacer un referéndum, consultar. De hecho, las diferencias entre Junts pel sí y Cat sí que es Pot (con Podemos) radicaban en sus elecciones y radican ahora en la petición de independencia. Y recordemos que en las generales es la opción que allí lidera Ada Colau la que ha ganado ampliamente.

La prensa se apunta a escasos cambios. Y se llega a leer este argumento para la idílica coalición, sin hacer asco alguno al paquete que implica apoyar al PP como escribí ayer, en el editorial de El Mundo. Eso es lo preocupante.

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Uno de sus columnistas amenaza con “los mercados” tomando frases aisladas de medios internacionales. Finantial Times de hecho aconseja al PSOE que no pacte con el PP si no quiere acabar como el PASOK.

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Punto esencial: no elegir en las urnas un claro vencedor no es ningún fracaso. Ramón Lobo, en este caso, nos da detallada cuenta de cómo «24 de los 28 países que componen la UE tienen gobiernos de coalición«.

En ABC, el plantel de opinadores nos lleva al apocalipsis desde el Pleistoceno.

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Por eso es tan interesante la aportación de Soledad Gallego-Díaz de imprescindible lectura completa, del que entresaco algunas ideas clave:

  • En el PP son conscientes de que Mariano Rajoy no puede obtener la investidura en prácticamente ningún caso.
  • No parece muy factible otro candidato popular que no despierte tanta hostilidad como Rajoy y que se ofrezca a negociar un amplio marco de reformas.
  • Algunos barones del PP no ven con malos ojos una coalición con Ciudadanos en la que la presidencia del Gobierno fuera para Albert Rivera, capaz de lograr la abstención de los socialistas, de introducir un aire de nueva política y de reformas y garantizar que el PP no pierde todo el poder.
  • Susana Díaz querría explorar esta opción, y es interesante conocer las causas que apunta Soledad Gallego-Díaz. Remito al texto de nuevo.
  • Pedro Sánchez prefiere aspirar a la presidencia. También por varias razones. Lograr el control de partido, ser de nuevo alternativa. Que no se le vuelva a identificar, por activa o por pasiva, con el PP. Esa asociación ha sido, según su análisis, lo que ha puesto al PSOE en una ladera en continua bajada.
  • El pacto PSOE/PODEMOS presenta como mayor escollo el referéndum en Catalunya. “La mayor parte del voto que ha conseguido Podemos fuera de Cataluña –dice Soledad Gallego-Díaz- no está vinculado con la exigencia del referéndum, sino con la solución de las emergencias sociales, nuevo salario mínimo, renta mínima garantizada, derogación de la legislación laboral, impulso de la negociación colectiva, aspectos todos ellos en los que, a la vista de la similitud con el programa socialista, sería fácil encontrar un acuerdo.
  • Nuevas elecciones no garantizarían un aumento de votos para Podemos.
  • La legislatura será corta en todos los casos, dos años o poco más.
  • En el supuesto de PSOE/PODEMOS “los posibles socios tendrán que valorar si en ese espacio de tiempo podrían atajar algunos de los problemas más serios de desigualdad, precariedad laboral y pobreza, como han prometido en campaña”.

Insisto en la obviedad de que hay que leer completo un artículo para contar con todo el desarrollo argumentario y los matices. Cuando contiene ideas, naturalmente, el resto es perder el tiempo y confundir. Creo que merece la pena seleccionar y aislarse de tanto ruido, interesado en buena parte de los casos.

Sería paradójico, sin embargo, que se convirtiera en presidente Albert Rivera cuando los resultados electorales fueron mucho menores que las expectativas despertadas por la prensa y porque, en mi opinión, no representa un cambio real.  Casualmente reflejaría su aireado -PP, y  C´s- «pacto de perdedores».

Estos días las series de televisión parecen servir de marco a la política. Aspirantes a la Khaleesi de Juego de Tronos han salido hasta el esperpento.  Y entre la Birgitte Nyborg de Borgen, también citada, y Albert Rivera hay dramáticas diferencias, sobre todo en progresismo social. Por tanto, es la derecha, la de los partidos y la mediática, quien baraja esta opción. Como dice, Ramón Lobo, «aún no está claro si tenemos un escenario político italiano sin italianos o uno danés sin daneses. De momento solo sabemos que estamos ante un escenario nuevo lleno de españoles».

 

Lo que las elecciones han evidenciado

Se levantó el capó y el motor echa humo. Las urnas no dieron mayorías absolutas y la España oficial “arde” como un vulgar Twiter. Gobiernos de coalición los hay en toda Europa. Con resultados variables. El problema reside en la peculiaridad española. La insistencia en huir de la realidad. Ignorar que España no es solo Madrid, ni solo la rural y conservadora del interior, a pesar de cómo se ha hecho notar. Injerencias ajenas, desde el IBEX a los medios y a la iglesia católica, tan precisa siempre en sus apuestas políticas. Que los obispos consideren que es unapreciosa colaboración abstenerse para que siga mandando el PP no necesita ni comentarios. O el estado en el que la calculadora electoral encuentra a los partidos. Las maniobras se desarrollan ante nuestros ojos con impredecible desenlace aún. Y queda por ver si caerá antes Mariano Rajoy que Pedro Sánchez, si lo harán los dos, o todo seguirá como antes del 20D.

Es cierto, no va a ser nada fácil formar gobierno. Y unos juegan sus cartas forzados, sin resuello, y otros aprovechan paradójicas ventajas. Pero lo primero que hay que recordar en estos tiempos de tan mala memoria es que fue el descrédito de la política tradicional lo que provocó la reacción de la sociedad. En buena parte de ella únicamente de boquilla y sin que implicara el menor trabajo o riesgo. En una palabra: los políticos se lo buscaron. Y ahora pretende mantener su esquema como si nada hubiera ocurrido.

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Punto esencial a saber: Votar a la izquierda no es ilegal, ni punible, en los países democráticos. En ningún país democrático. Por más que se empeñen políticos y periodistas que han hecho del servicio al poder su verdadera profesión. Los medios se muestran muy emocionales, desasosegados: esas portadas plagadas, de nuevo, de desafíos, rechazos y portazos, revela su malestar. Verlos tan contrariados es toda una  novedad. Se acabó, por el momento al menos, la placidez del jalear la sartén desde el mango. En cambio, votar corrupto no es honrado, ni legítimo. Y pocas voces mediáticas se alzan contra esa evidencia.

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Mariano Rajoy, el presidente en funciones, acabó su comparecencia del lunes confiando en que todos “estuvieran a la altura en estos momentos”.  Como si nos hubiera devastado un huracán de los mimbres del Katrina. No, que el PP pierda la mayoría absoluta no es un desastre natural, también esto se lo ha trabajado a pulso. Y resulta hasta saludable para la sociedad.

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 Albert Rivera –el soufflé desinflado en quien tanto confió la prensa- ha brindado un espectáculo insólito en política: salir a dar el apoyo a Rajoy, a pedírselo a Pedro Sánchez, a volver a aparecer hasta en el microondas para reclamar sin descanso ese pacto –que excluye siempre a Podemos- como si del cambio sensato no quedara más que el vendedor cualificado que siempre pareció. Sus 40 escaños son escasos y quedar el quinto en Catalunya, donde lidera la oposición, da idea de la debacle.

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Al PSOE el resultado de las elecciones –mejor del que anunciaban los sondeos pero el peor de toda su historia- le sitúa ante el espejo de sus contradicciones. Allí dominan quienes no ven inconveniente alguno en pactar con el PP. Ése es, por cierto, el nivel que muchos creadores de opinión consideran izquierda. Lo único admisible. El resto es reo de excomunión. En un país democrático. De ahí que los principales barones del PSOE estén dispuestos a levantar del asiento a su secretario general, Pedro Sánchez, en momento tan crucial. La virreina del sur lidera la operación volviendo a reclamar sus derechos al pupilo rebelde. Las presiones externas e internas que está recibiendo Sánchez resultan bochornosas y revelan la eterna lucha por el poder que mina a este partido, su diversidad ideológica y de objetivos.

Pero también Pedro Sánchez se ha levantado su propia cruz. Con sus expulsiones y nombramientos. El malestar creado porque, con menos escaños, han quedado fuera valores importantes del partido, como Eduardo Madina, puede ser su talón de Aquiles. La operación Irene Lozano, UPyD, tiene especialmente enervada a una parte del PSOE. No ha faltado más que saber que la cúpula celebró la caída de Madina del Congreso. Pedro Sánchez está, pues, en múltiples encrucijadas. Y su partido más.

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Que Podemos no le vea encabezando un gobierno podría ser lógico –ni en el PSOE le ven-, pero que se saque de la manga el Presidente Independiente cuando no tiene ninguna necesidad estratégica, resulta incomprensible. Lo han pedido numerosas voces –desde la derecha-, pero solo a ellos se lo afearán. Esta vez con razón: el presidente de un país se elige en las urnas con conocimiento previo del votante, todo lo demás es tecnocracia. Si Podemos podía degustar el turrón más dulce, ha decidido echarse acíbar a sí mismo, igual para no perder la costumbre.

 Lo cierto es que España vive una situación política excepcional y, como señalan medios y voces extranjeras de prestigio, tiene ahora la oportunidad de regenerarse o de seguir hundiéndose en el hoyo. Apoyar un pacto con el PP es apoyar un paquete de muy difícil digestión. Más que líneas rojas son cimientos que condicionan a un país.

El PP ha obrado para tener la llave de todos los instrumentos del Estado. Sus piezas en los tribunales de justicia decisivos, leyes y reformas no han ido precisamente encaminadas a acabar con la corrupción de esas pocas manzanas podridas que dicen tener. La ley Mordaza y las reformas de  Códigos y normas tienen un claro signo represivo, hasta de la libertad de expresión. El control, también, de los medios de comunicación, públicos y -de alguna manera- los privados, del que no se ha ocupado directamente Mariano Rajoy, sino su habitual sustituta.

Todo lo han medido como en una empresa. El expolio de la sanidad pública que ha pasado de ser el 5º sistema más eficiente del mundo al 14º según la lista Bloomberg. La injusta fiscalidad y persecución del fraude, basadas en la ley del embudo. El empecinamiento en aprobar los presupuestos pretendía, ahora lo vemos, disponer de ellos en un gobierno en minoría.

Es todo el conjunto. No hay inmundicia en la que alguien del PP no haya estado presente en este período. Desde los Bárcenas y Rato, a las tarjetas Black, los colegios de la Púnica, los volquetes de putas, hasta el hartazgo de naranjas que se dio Rita Barberá a costa de sus contribuyentes muchos de los cuales pasaban penurias, o las nóminas escandalosas de (presuntos) periodistas a mayor gloria del PP en Telemadrid o la televisión de Cospedal. Del gran desfalco a la cutrez pasando por todos sus estadios. Votar o apoyar esto es tener excesivas tragaderas. Y nada lo justifica.

No teman a las palabras, ni a los cambios. España no es una empresa mercantil como interesadamente hacen creer, somos una comunidad de seres humanos. Hemos tomado mucha hiel mezclada con el azúcar. Y los hartos están muy hartos. Con sensatez y aunque lleve tiempo, virar el rumbo es imprescindible..

PD. Mis mejores deseos para la buena gente en estos días y siempre.

*Publicado en eldiario.es

Cambio trabajoso y prolongación de la agonía bipartidista

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Uno de los dos podría presidir el Gobierno pero el camino no es fácil ni duradero

Es como si hubieran dado la llave a cambios pero mandando custodiar la cerradura a la política de siempre. 7.200.000 personas han mantenido su apoyo al Partido Popular, sus políticas y su idiosincrasia. Pierde votos y escaños, la mayoría absoluta, y cosecha el peor resultado de su historia, pero el PP sigue siendo el partido más votado. Y es un resultado inaudito porque, como ya escribí, lo ocurrido en esta legislatura se sale del ámbito de la ideología: podríamos estar hablando del budismo del partido Nuevo Kōmeitō japonés y los hechos acontecidos seguirían siendo igual de escandalosos. Recortes ideológicos, corrupción, autoritarismo, mentiras, manipulación, desigualdad, cinismo, encabezando la lista.

El PSOE de Pedro Sánchez también registra su peor resultado hasta ahora en toda su larga trayectoria, pero quizás como fue superior al que dieron los sondeos, se está presentando como un triunfo. 90 diputados es un subsuelo, pero sí es cierto que tienen en su mano posibilitar e incluso encabezar gobierno.

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Lo más relevante ha sido la irrupción de Podemos y las confluencias en distintos territorios con 69 diputados.  Sus apoyos los condicionas a reformas fundamentales. De la nada a la tercera posición en escaños. Primera fuerza en Cataluña y el País vasco. Segunda en territorios de peso político, entre ellos Madrid, Galicia, Comunidad valenciana, Baleares, Canarias… También en numerosos municipios de menor tamaño. Y sin apenas presupuesto de campaña –la han costeado los ciudadanos, no los bancos-, de forma que las disparidades de medios se vieron hasta en los carteles. Muy escasos en el caso de Podemos.

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Ciudadanos entra en el Congreso nacional con 40 escaños, muy por debajo de lo esperado. Las encuestas y los medios sobrevaloraron a la formación de Rivera e infravaloraron a la de Pablo Iglesias. En la intensa noche electoral, algún demoscópico en jefe lo dijo. Yo creo que esa actitud no fue inocente. Albert Rivera vende su triunfo pero lo cierto es que se ha quedado con menos fuerza para hacerlo.  El souffle se ha desinflado un tanto.

La Izquierda Unida de Alberto Garzón solo obtiene 2 diputados –él y Sol Sánchez, ex presidenta de ATTAC-, dos personas de enorme valor, pero no tendrá ni grupo parlamentario. Garzón hizo una excelente campaña, con imaginación, pero la mochila, en mi opinión, pesaba demasiado.

Los interesados en la nueva moda española de los pactos y las calculadoras, pueden consultar numerosos artículos sobre el tema. El de Ignacio Escolar es un buen resumen. La paradoja es que los partidos nacionalistas de Cataluña y Euskadi pueden ser decisivos, pese a haber quedado relegados por Podemos en sus circunscripciones. Igual volvemos a saber que se habla catalán y vasco… en la intimidad, naturalmente. Catalunya por cierto ha mandado a Ciudadanos a la quinta posición y al PP a la sexta.

La lenta lucha por la igualdad registra otro tímido avance, 15 diputadas más que en la legislatura anterior, hasta 140… de 350 asientos. Podemos y PSOE en cabeza.

La intervención de Rajoy en su balcón, con su esposa Viri y su escudera Soraya, notablemente afectadas, indica que él sigue sin enterarse de lo que ocurre. Y con la prepotencia que ha mostrado en esta legislatura. Intentará formar gobierno. Lo tiene difícil.

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Pedro Sánchez si lo sabe, se comporta como si lo ignorara y habla de gran triunfo. La contestación interna es notable y crecerá. Quién le iba a decir que el menosprecio a su rival por las primarias Eduardo Madina le pasaría probablemente una factura decisiva. El socialista vasco ha quedado fuera del Congreso tras ser desplazado a la séptima posición por los fichajes de Sánchez. Irene Lozano, de UPyD, colocada en cuarto posición causa hoy doble malestar. Ella dijo claramente que iba porque con el PSOE lograría un puesto. Sin complejos. Otra gran luchadora socialista, Ángeles Álvarez, tampoco logra escaño. El PSOE precisa una regeneración profunda por la que no optaron los militantes al elegir a Sánchez.

No tenemos presidente de gobierno tras las elecciones, habrá que negociar. Podría estar entre Rajoy y Sánchez, aunque no sabemos por cuánto tiempo, si se llegará a acuerdos o serán necesarias nuevas elecciones.

Sánchez tiene otro sapo con el que lidiar: quienes mandan sin presentarse a las elecciones el pacto que quieren es el de PP/PSOE. El expresidente Felipe González ya volvió a repetir estos días que eso aconsejable… “por el bien del país”. No nos dijo  de qué país. Van a presionar lo indecible para ese gobierno PPSOE. Dirán que en Alemania funciona. En el Reino Unido mandó a David Clegg a galeras. En España ocurriría igual. Pero por intentarlo que no quede y siguen los beneficios de estas políticas a queines deben llegar. Igual hasta se consigue.

El antiguo cargo de la antigua CiU escribió anoche:

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Es este país el que necesita educar a sus ciudadanos, a todos. El agónico final del bipartidismo se prolonga. No sabemos por cuanto tiempo más, ni el daño que todavía hará. La España que bosteza sigue poniendo barreras, pero algo distinto ha empezado. Tardaremos en verlo y para algunos no llegará a tiempo. Los españoles han votado cambio, pero con sordina, con trabas. Las grandes metas siempre exigen mucho esfuerzo. Pero cuando al menos apuntan es un respiro.

 

No me diga usted que no lo sabe

A pocas horas ya de que abran las urnas, todos los sondeos oficiales y oficiosos dan como ganador de las legislativas españolas a Mariano Rajoy de nuevo, líder del Partido Popular. Perderá escaños pero el PP será el partido más votado, de acuerdo con las encuestas. Se da la gran paradoja nuevamente de que en un momento de enorme efervescencia e interés político en la sociedad, va a ganar, si se confirma, un partido de la derecha más rancia y, sobre todo, más turbia. Porque lo ocurrido en esta legislatura se sale del ámbito de la ideología, podríamos estar hablando del budismo del partido Nuevo Kōmeitō japonés y los hechos acontecidos seguirían siendo igual de escandalosos.

No me diga usted, votante del PP, que no lo sabe en el fondo. Le convencieron –porque usted quiso creerlo- de que Zapatero, al frente del PSOE, fue quien personalmente se acercó a Nueva York, a la sede de Lehman Brothers –con su siglo y medio de historia a cuestas- y se puso a picar sus cimientos hasta que lo hundió. Luego sopló desde allí y se fue a pique todo el sistema financiero internacional. Tras esa prodigiosa hazaña, remató dejando vacías las arcas del Estado y de postre la hucha de las pensiones. Usted sabe que su partido y cuantos medios y personas trabajan cristianamente por difundir su mensaje igual exageran un poco cuando le inducen a convencerse de estas historias pero usted cree que no hay nadie mejor que el PP. Y para mantener su hegemonía vale todo.

No me diga que se ha tragado que la corrupción en el PP solo atañe a unas pocas –unos cientos- de manzanas podridas que han engañado la buena voluntad de la mayoría de los conservadores y en particular de ese ser tan honrado y trabajador que es Mariano Rajoy.

No me niegue que piensa que hay asuntos en los que es mejor mirar para otro lado. La derecha tiene privilegios ‘de toda la vida de dios’. Obtener beneficios del ‘mejor hacer’, la estirpe y la posición es lo normal. No es corrupción estrictamente. Es como cuando los maridos se “desahogaban” con las criadas. Una prerrogativa.

No me diga que usted no sabe que robar siempre es a costa de otro. O en qué se asienta “la recuperación”. Que las políticas de derechas benefician a algunos –a las clases que lo merecen pensará usted- y deja víctimas, muchas, en el camino. No me diga que desconoce que, por esa causa, un tercio de los niños en España han entrado en la pobreza y no comen lo suficiente. O que prescinde del hecho que ha llevado a muchos de sus conciudadanos a no poder ni encender la calefacción o enchufar el frigorífico porque durante el mandato del PP ha aumentado en un 69% la pobreza energética. O de la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que han tenido que marcharse porque no hay trabajo. O los sueldos que se pagan ahora. ¿No lo sabe? Sí, claro que lo sabe. Como tantas otras cosas que voluntariamente quiere obviar.

Porque usted, como votante de derechas, es una persona “A mí”. Cuando le preguntan en las encuestas, lo primero que sale de su boca es ese “A mí”. “A mí lo que me importa”… es la situación económica, dicen por ejemplo. La suya. No me diga que no se ha enterado del aumento de las desigualdades producido en este período. Acepte  que le importa lo mismo que las pieles de los plátanos. Y sus consecuencias no le restan ni un minuto de sueño.

No me diga que para usted lo peor que pudo pasarle a España fueron las ideas subversivas de la Ilustración o cualquiera que implique un avance. No me cuente que usted no sabe que privatizar y recortar en sanidad y educación daña a quienes no tienen recursos. Admita que su lema de vida es que mientras a usted le vaya bien, el resto que se apañe. Y que para usted la educación a veces es saber de más. O que  “el orden”, en su criterio, no es sino reprimir las conductas que a usted le parecen impropias, por obligación e incluso por la fuerza. No intente convencerme de que los niños vienen de París.

Es la ‘España que bosteza’ de Machado, mientras teje la cárcel para otros. El resto bulle en este momento de vibrante ciudadanía, aunque también conviene que no ignore verdades que le atañen.

No diga usted, seriamente, que el PSOE es un partido socialista volcado en defender los derechos de los más débiles. No intente hacernos creer que se ha regenerado en la medida que le demandaba la sociedad. No me diga que no aspira a recibir votos por ser menos malo que el PP entre los que todavía se aferran al bipartidismo.

 ¿Y usted? No intente convencernos de que Ciudadanos es de centro. O que no es machista. O que funciona mejor para una sociedad el buscarse cada uno la vida como en la selva. Deje estar a Dinamarca, coteje todos sus extremos antes de abrir la boca. No alardee de que conoce algún país donde su ideología haya funcionado sin dejar a muchas personas en el camino.  ¿Usted también es “a mí”? Tiene todo el derecho, sin duda, pero sabiendo lo que hace sin buscarse excusas.

¿Y usted? No me diga que no teme los retos de trabajar por una sociedad más justa e igualitaria. El vértigo de no saber cómo resultará porque puede haber mochilas que cargar o liderazgos que no terminan de entusiasmarle. Si habrá temple para aguantar las zancadillas. No me diga que no duda. Pero ni se le ocurra dudar de que otros cuatro años más de lo mismo es, entre todas, la peor de las pesadillas.

No me digan todos ustedes que no saben con qué profusión y método se trabaja para que nada cambie sustancialmente en España. O para aparentar cambios asumibles que no intranquilicen a los “A mí”. No nos hagan creer que no se han dado cuenta de cómo todo, hasta las mayores vilezas, son aprovechadas para la causa sin asomo de pudor. No me digan que se lo tragan. No pretendan que no llamemos a esto también corrupción.

A estas alturas de la historia, los destrozos y el dolor, no me digan todos ustedes que no saben lo que ocurre. No eludan responsabilidades. Porque se ha escrito, argumentado, detallado y lanzado a los cuatro vientos. Con todos los matices. Porque algunas voces ya se han quedado afónicas. Quien hoy no sabe es porque no quiere saber o no le importa lo que implica. Porque muchos españoles saben, es por lo que la política está cambiando. No nos digan que todo va a ser igual o muy parecido. Con las mismas o redobladas trampas, con la misma soga que de puro podrida hiede.

Quizás fue el poeta Jaime Gil de Biedma quien mejor sintetizó nuestro drama: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina mal. Como si el hombre harto ya de luchar con sus demonios, decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza».

Harto de luchar con sus demonios… les encarga el gobierno. Y así siempre. En 1912, otro poeta, el gran Antonio Machado, escribió: “ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”

El español que «empezaba ya « a vivir hace más de un siglo sigue aguardando el momento. Pocas veces se ha visto en mayor oportunidad que ahora. El bostezo inmisericorde también se mantiene firme dispuesto a frenar una vez más la regeneración que necesita este país inexcusablemente. Saber, claro que lo saben. Y se trata de saber y consentir o saber y actuar para cambiar. El domingo abren las urnas para todos.

*Publicado en eldiario.es

Anexo:

Ciudadanos subirá el transporte  y el agua, según ya se publicó. Pero el número dos por Barcelona, Toni Roldán Monés ha detallado también la cesta de la compra. Lo esencial más caro, la hostelería más barata. No me diga usted que va a votar sin saberlo.

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A Rajoy hay que llamarle indecente con educación

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Tras el Cara a Cara entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha salido un auténtico ejército de defensores de la dignidad del presidente del gobierno español y candidato a la reelección por el Partido Popular, defensores en particular de las buenas formas en las expresiones.  Para entendernos:  a un indecente no se le puede llamar indecente sin más, hay que hacerlo con educación.

Comenzó Rajoy nervioso y vencido por los tics de su ojo izquierdo cuando relataba los millones y millones de puestos de trabajo que ha creado. La primera intervención del oponente, Pedro Sánchez del PSOE -partido más votado para la oposición en las elecciones de 2011-, evidenció que el debate no iba a ser como la complaciente acogida de Bertín Osborne al presidente en la misma cadena, TVE.  Sánchez le opuso la realidad. Y la primera respuesta de Rajoy fue:

-Ha dicho usted muchas cosas y poco sensatas-. Es que al líder del PP le gusta recapitular y calificar las intervenciones de quienes le hablan. Es una costumbre en particular cuando no le agradan.

Mientras Sánchez mostraba hitos de la nefasta gestión de Rajoy, el aludido tomaba notas sin parar mientras ya no cesaba de repetir “y tú más, y tú más, y tú más”. En los primeros momentos parecía, en efecto, un boxeador noqueado repitiendo esa perorata en su esquina del ring y sus idílicos presuntos logros.

Se fue recomponiendo para negar que haya habido recortes en sanidad, educación o en cualquier otro servicio, en el estado del bienestar en suma o merma del poder adquisitivo de las pensiones y para presumir de su gestión. De quedarnos perplejos. Alardeó de sus primas de riesgo por las que tanto debe a la dirección política de Mario Dragui al frente del BCE. Porque lo que ha hecho el Banco central ha sido una gestión ideológica neta para sus correligionarios. Sánchez no lo dijo pero le comentó: ¿también es usted  responsable de que haya bajado el petróleo?

Una de las más graves boutades de la noche fue ésta:

Rajoy: «He salvado al sector bancario que Vds. habían dejado al borde de la quiebra».

No verán que se haya comentado en los medios. En un sistema capitalista de libre mercado del que tanto presumen, resulta que el gobierno es responsable del estado financiero de los bancos.  Cierto que se pueden poner controles a sus posibles trampas, pero eso también se desreguló en la revolución neoliberal que desembocó en lo que llamaron crisis. Zapatero les había inyectado ya dinero, pero Rajoy se volcó en ayudar a las entidades quebradas y con problemas por la cantidad oficial de 40.000 millones de euros –fue más- que se da tranquilamente por perdida. Por no hablar de las cajas y bancos hundidos Querétaro se vendieron a otros boyantes… por 1 euro.

O de los 300.000 millones de euros en los que el PP ha aumentado la deuda pública en esta legislatura, como le planteó Sanchez, y que mereció otro “y tú más”: las facturas que pagaron guardadas en los cajones. se justificó Rajoy. Pues con ese dinero debían estar hasta las de la expedición de la Armada Invencible.

Y, no, de estas cosas no hablan la mayoría de medios, políticos de otros partidos y opinadores. Hablan del fin del bipartidismo, que sí, de quién ganó y perdió que va por barrios subjetivos o interesados, y sobre todo de si Pedro Sánchez se pasó “de frenada” plantando a Rajoy en la cara los casos de corrupción que inundan al partido que preside.  Millones de personas  sentimos liberada la frustración por la impunidad con este discurso.  Siquiera un instante.

No, claro, esto hay que decirlo con educación.  Y además ya se había dicho, comentan varios.  Pero no es lo mismo en el único cara a cara televisivo que se ha dignado conceder el presidente del gobierno, en distancia corta.

El doble rasero es notable. A Rajoy siempre se le ha tratado con increíble condescendencia. No es solo que Rajoy acusara a Zapatero de servirse de los muertos en algún debate, es la lista de calificativos que le dedicó durante su mandato. Recopilé en su día algunos y todos ellos están acreditados:

Acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio.

Y, al igual que su escudero González Pons: ¡Indecente!, aunque no por corrupción.

Mariano Rajoy debió dimitir tras enviarle los SMS a Bárcenas y contarle cómo trabajan en su asunto.  Cuando rompieron a martillazos los órdenadores de Bárcenas y en cuanto le dijo Pedro Sánchez. Porque quiso decírselo y pudo hacerlo no como el resto de los candidatos.

Pero lo más grave es que el debate de las formas esconde verdades casi intocables:  ¿Qué educación ha mostrado Rajoy y todo su partido ante las víctimas de sus recortes ciertos, los muertos de Hepatitis sin Sovaldi, los que no pudieron comprar sus medicinas por copagos, los dependientes a los que nunca llegó la ayuda? ¿Qué buenas maneras evidencia al aplicar políticas que incrementan las desigualdades y han llevado la pobreza  hasta un tercio de los niños? ¿Qué delicadeza muestra en sus leyes represivas, la ley Mordaza, y todas las reformas legales que ha ejecutado en ese sentido? ¿Qué exquisitez ha mostrado con los jueces suprimidos o con los que, como Baltasar Garzón e incluso Gómez Bermudez fueron quitados de en medio? ¿Qué corteses maneras han empleado en salpicar su partido de indeseables que meten la mano en el dinero de todos o en nuestro patrimonio público que han vendido y hasta de saldo si se terció así?

¿Quieren una muestra de la galanura del PP con los miles de jóvenes, científicos y de distintas profesiones que han tenido que dejar su casa y su país porque aquí no pueden trabajar? Ana Isabel Bernal está haciendo una serie en Público sobre las víctimas de esta legislatura:

«No perdona al PP lo que ha hecho con mi futuro ni que terminase con mis ilusiones«, le dice una maestra en Londres.

Vean también a esta investigadora de los más de 12.000 que la España de Rajoy ha echado del sistema.

¿Es poco refinado, poco «polite» decirle a Mariano Rajoy que no es decente?  Nos hemos vuelto tan educados en España. O igual es que la indecencia se ha extendido como valor en alza.

 

No cabe la duda entre Podemos y Ciudadanos (crónica electoral)

En la campaña para las elecciones municipales de Mayo fui a ver, un domingo como éste, el mitin de Ciudadanos  en Madrid y me acerqué un momento al de Podemos, los partidos nuevos por así decirlo.

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Albert Rivera  convocó en un cine de la Gran Vía de Madrid de tamaño moderado que cubrió con buena entrada.  Fue un acto tranquilo, como su lema, en el que no estaban las grandes economistas y sí los candidatos.  700 personas acudieron según sus datos. Con algunos incidentes menores. Ignacio Aguado me pareció un político según los cánones clásicos. Hoy lo tenemos apuntalando al PP de Cifuentes en la Comunidad de Madrid. Begoña Villacís se manifestó «muy  ilusionada». Del Madrid que quería regenerar le preocupaba, además de la corrupción, la suciedad de las aceras y del aire. Y los sueldos millonarios. No dijo ni media palabra de sanidad, ni de educación. Le aplaudieron sosegadamente. Era a Rivera a quien querían ver y escuchar.

El mitin de Podemos era una concentración al aire libre en la zona nueva de Madrid Río, con muchas familias y ambiente festivo.

Siete meses después el cambio en ambos partidos es enorme.  Al menos en los aspectos formales. Ciudadanos celebraba el llamado a ser su gran mitin de campaña. En el Palacio de Vistalegre. Con capacidad para 10.000 personas. La calle General Ricardos, la larga vía de acceso, se poblaba de carteles. De Alberto Garzón en lugares estratégicos, de Pedro Sánchez casi cada 10 o 20 metros, de Rajoy y su  vicepresidenta, con mínimos rótulos podría decirse de Podemos, a mano y sin fotos. Y eso sí una hilera de autobuses similar a cuando hay partido en el Bernabeu. Una buena flota.

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A Vistalegre se accede por unos cuantos tramos de escalera empinada sin barandilla alguna. No había otra forma de acceso me ha dicho un agente de seguridad.

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Una vez dentro me han indicado que no podía quedarme en el patio de butacas y tenía que subir otro tramo más al anfiteatro. Un par de ancianos renqueaban delante de mí. Al llegar arriba me han mandado seguir andando hasta el final y, ante mi protesta diciendo que me iba sin siquiera ver el recinto –por supuesto como ciudadana que acude a un mitin-, me han permitido asomarme “cinco minutos”. Estaba lleno. Con muchas banderas y muchos aplausos. Hablaba Inés Arrimadas, la hoy jefa de la oposición en Cataluña. Por radio, más tarde, he escuchado que Begoña Villacís se ha quejado que desde que gestiona el ayuntamiento Manuela Carmena –Podemos, ha dicho- hay más atascos, menos limpieza y más contaminación en Madrid. Hace falta cuajo. Ya tenemos a una nueva Esperanza Aguirre manipuladora.

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El auditorio que se veía estaba complemente lleno, luego han salido fotos para mostrar que tras el gran escenario no había nadie.  Era el planteamiento coreográfico sin duda.

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Mis minutos habían transcurrido y he retomado las escaleras de bajada. Una familia con carrito de niño y todo me precedía. Me ha venido a la mente, no sé por qué, la escena de Los Intocables. Hasta la foto borrosa ha contribuido al deja vu.

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Piensa hacer un gobierno de tecnócratas y de notables, como publicó en 2012 Luis Garicano.  La política sin política, la empresa. Liberalizador, privatizador. Su programa electoral es una chapuza, como ha descubierto eldiarioes.  En su mitin, Albert Rivera ha apelado, leo, a la movilización para «reventar las urnas de naranja» y «acabar con el bipartidismo»

Claudio Álvarez, de El País, ha hecho una foto magistral del líder apuntalado. O ésa es la sensación óptica.

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Camino de la Caja Mágica oigo en la radio que suelo sintonizar que Podemos aguarda a comenzar porque no tiene lleno el recinto, algo mayor aún, y sin acotar zonas. Comprobaré al llegar que son apenas 5 filas en lo más alto de la grada y detrás del escenario. Está lleno. Otras 10.000 personas. Yo no he podido ni sentarme.

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En lugar de carteles y banderas, dominan los globos morados. “Honor de tener un presidente que se parece a la gente”, dicen en el escenario cuando entro.  Sí, la gente es completamente distinta. Más naturales. Y para ellos se habla. Para sus necesidades, que distan mucho de las que he visto hace un rato en Ciudadanos. Con un despliegue que rezuma dinero.

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Ana Botella y sus delirios olímpicos que llenaron Madrid de centros deportivos enormes es abucheada cada vez que sale su nombre.  Esperanza Aguirre más. A Irene Montero, de Podemos, se la aplaude en cada frase. Y a Carolina Bescansa. Y la Caja Mágica se vuelca con Ada Colau, “aquella activista que paraba desahucios y hoy es alcaldesa de Barcelona” como diría Pablo Iglesias, ”porque sí se puede”. Colau ha comenzado su discurso en catalán y llamando al entendimiento: «Madrid puede volver a ser nuestra capital porque dejó de serlo. Podemos recuperarla el próximo domingo«. Y se emocionan. Y fotógrafos de solera como Bernardo Pérez de El País captan ese frame de la expresión.

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Muchas sillas de ruedas. Fotografiarlas seria demagogia. Pero sin duda hubieran tenido problemas para ver a Rivera y sus Ciudadanos.  Es un síntoma. Entre decenas. Podemos y Ciudadanos no tienen nada que ver y hoy lo he visto con más nitidez que nunca.  Una persona coherente no puede pensar en votar a uno e indistintamente al otro. Son mundos opuestos.  Y se ocupan de personas y sectores muy diferentes. Ciudadanos es de derechas con cuanto implica, lo de la tecnocracia añade caracteres preocupantes. Podemos, diga lo que diga, es izquierda o más bien de ese espíritu que nació el 15M y pertenece a todos, menos a la derecha. La competición está entre quienes albergan los mismos intereses. Lo difícil es encontrar quien trabaje por el común de las personas sin olvidar a los que solo cuentan para votar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Buscamos un presidente del gobierno, no candidatos al Oscar

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Los grandes decorados de Albert Rivera como ejemplo.

Esto no es Hollywood, aunque cada día lo parezca más. Cuesta encontrar propuestas o ideas en esta campaña porque las que llegan a exponerse quedan sepultadas por el espectáculo. Los grandes escenarios que utiliza Albert Rivera evocan a los decorados de las superproducciones de la época dorada de Hollywood. Es un síntoma. Hay nuevos actores que revitalizan la obra. Realmente, y es apreciable y positivo. Como los debates que les enfrentan con mucha más soltura que en la vieja función, la que aún repetirá la televisión pública nacional, TVE, el lunes. Pero de lo que hablamos tras ellas es de quién ganó ¿la carrera?, de actuaciones, vestimentas, estados de ánimo.  De las influyentes opiniones de los críticos. Igual, en lugar de recibir el mandato para formar gobierno, deberíamos repartir estatuillas de Oscar. El problema es el marco social en el que se celebran unas elecciones tan decisivas.

No es solo ese concurso de habilidades en los que hemos visto a candidatos y sustitutas de candidato, bailar, cantar, cocinar, pilotar un todoterreno, subir en globo, acudir a programas “populares” de los que se dedican a “entretener”, cuando no a entontecer, a la audiencia. De meter en  portada hasta el número de zapato que calza Pablo Iglesias o “meninas” que no son suyas. No es solo eso, no. Estamos asistiendo, aunque sean debates serios y necesarios, al más difícil todavía de tener a los contendientes de pie un par de horas, con o sin atril, al final del día. Una prueba de aguante ¿Cómo las islas de famosos llevadas a la política? Es cierto que permite ver que uno se tambalea y gesticula, otro suda, otra se afianza al suelo con altos tacones porque a empecinamiento no le gana nadie. A Soraya Sáenz de Santamaría habría que otorgarle el Oscar a la Resistencia. ‘Ex aqueo’ con los ciudadanos que hemos sufrido las políticas de su equipo: el PP.

Campaña electoral “a la americana”.  Del norte, especialmente. Y ya vemos cómo deriva: en Donald Trump. A quien –según contaba la corresponsal de TVE Almudena Ariza- llevan cada día a las televisiones por el juego que da con sus excentricidades. Es decir, sus proclamas fascistas y racistas. Por esta vía, puede acabar dirigiendo los destinos de EEUU y, por tanto, de buena parte del mundo.

En el dramático fin de carrera, ya oteando la alfombra roja, irrumpen en campaña quienes no deberían participar porque una cosa es lo que se admite como tendencia de un medio y otra los patrocinios y fobias evidentes.  Con apuestas de última hora que cambian a un ganador por otro, sin suficientes explicaciones. O dando la vuelta a las encuestas posteriores al debate sin atisbo de pudor. O insistiendo en la tabla rasa: “nadie destaca”. Con opiniones tan enternecedoras como la del efímero director de El Mundo Casimiro García-Abadillo que vio así el de Atresmedia: triunfadora la vicepresidenta y en el último lugar a Pablo Iglesias, declarado ganador prácticamente por unanimidad. Con tal cantidad de trampas adicionales –la casi supresión del voto exterior, reducir la campaña a PP y PSOE como hace ya TVE en sus telediarios, la ocultación de cómo se financian este gasto algunos partidos- que implican una alteración de la voluntad popular.

Se juega mucho en esta campaña. Y desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo.  Incluso desde una presumible buena intención  se apela a criterios conservadores en este campo, a valores seguros –que en algún caso han brindado certezas bien poco ejemplares-.  A esa tendencia, desde distintas ideologías y tonos, le puso voz un admirado maestro de periodistas, Iñaki  Gabilondo: “Cuesta imaginarlo (a Pablo Iglesias) de presidente”. Y, en una de las ocasiones que lo mencionaba, añadió: “Quizás  porque él no se ve todavía”.  ¿A qué cree, pues, que Iglesias concurre a las elecciones? En el mismo vídeoblog había dicho sobre Pedro Sánchez, el candidato del PSOE: “Su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo, pero le falta algo…” Se refería a: “Está encajonado por las circunstancias históricas, del pasado, y de ahí hay que salir con algo más de gas”.

En efecto, Pedro Sánchez es un candidato al que, desde esferas próximas, alaban, tumban, menosprecian, suben, animan a plantar batalla, le ponen tiritas si estiman que los otros candidatos le han hecho hecho un rasguño en el juego. Como si también les tuviera que rendir cuentas. Mientras él se considera “humildemente, ganador del debate” y acusa a Pablo Iglesias de quererse solo a él mismo, dado que, según declaró, su principal virtud –la de Pedro- es «la humildad».

Desde el poder actual o sus proximidades se trata de afianzar la idea de que lo serio es lo de siempre: el bipartidismo

No deberíamos catapultar lo accesorio en detrimento de los contenidos. Si bien los detalles que están acaparando el discurso aportan datos sobre caracteres y presiones, de cómo se afrontan también, de la reacción al vapuleo y el juego sucio. El debate a 9 de TVE permitió ver algunas propuestas más de los principales partidos en liza.  Y fue enriquecedor escuchar a Garzón, Herzog,  Errejón e incluso los partidos nacionalistas; había algo más de calma, menos espectáculo. Hasta que abrió la boca Marta Rivera, número 3 de Ciudadanos por Madrid, para dar un recital de despropósitos.  En el amplio historial  de texto y voz  de la candidata figuran desde minimizar la violencia machista, racismo agudo –escribió de Carla Bruni, esposa de Sarkozy  “espero que tenga un hijo negro o claramente oriental”, menosprecio de los asesinados por el franquismo comparado con las famosas dudas sobre la autoría del 11M…  En suma, no ha habido polémica en la que Marta Rivera no haya mostrado su ideología ultraconservadora y clasista.  Si sirviera para que el electorado ubique de una vez qué espacio político ocupa Ciudadanos, sería útil, pero tampoco debe convertirse en el nuevo divertimento de la grada.

Y esto ocurre cuando a Albert Rivera le empiezan a retirar sus apoyos mediáticos. En 10 días pasó de ser declarado en Luna de miel con el electorado y viviendo un momento dulcísimo a poco menos que verlo como un bluf y afearle que muestre “debilidades y nerviosismos  poco compatibles con un pretendiente al principal puesto ejecutivo de la política española”.  Ha defraudado, dicen, “las altas expectativas creadas”… en buena parte de quienes las generaron. La película de Ciudadanos se proyecta ya en todas las salas, puede que la audiencia no disponga de tiempo para enterarse de la rectificación. Porque cumple los requisitos : también se resalta de él hasta la saciedad precisamente que es “guapo”.  Y eso tira mucho en pantalla.

Mientras, Mariano Rajoy, ganador en todas las quinielas, elude debates incómodos, desdeña y desprecia a sus adversarios desde la retaguardia y lanza promesas electorales fuera de los presupuestos aprobados, que pueden seguir el camino de las anteriores. Su principal objetivo ahora es cuidar a lo menos crítico y conservador de  “la España rural” en la que espera asentar su triunfo.  Hay gente que prefiere las películas españolas en blanco y negro, siempre que no sean de Berlanga o Juan Antonio Bardem.  Rajoy aspira al Oscar de señor de derechas clásico, que solo debate con quien puede ser presidente.  Cunde el mensaje. Los otros, para ellos, están de atrezo.

El problema es que no vivimos en una ficción. Todos los atropellos, recortes, expolios y engaños sufridos, el aumento de las desigualdades, no habrán servido para nada si no se sale a la realidad. La más amarga certeza de este período innoble es que por el camino que proponen los principales guionistas no habrá cambios, o cosméticos en el menos malo de los supuestos.  Y por una buena temporada ni se podrá construir frente a ese futuro de quiebras que venden empaquetadas en sonrisas.

Hubo un tiempo, mucho tiempo, décadas, siglos, en los que el poder solo podía recaer en un hombre, joven, y rico o de alta cuna. No se podía concebir otra opción. Con el tiempo, mucho tiempo, esfuerzo, víctimas y hasta heroicidades, algo cambió. En el mundo y en España. A muchos les costó imaginar a Ada Colau o a Manuela Carmena de alcaldesas de las dos principales capitales españolas.  Y a muchos otros alcaldes y concejales. A plenos donde los gestores se parecen a la gente, para desesperación de quienes siempre manejaron los hilos.

En Borgen, la aclamada serie de la televisión pública danesa, políticos y medios llegan a plantearse “si una mujer puede ser primera ministra”, dado que la que ocupa el cargo ha cogido una excedencia de un mes para atender a su hija. Enferma, por cierto, con la ayuda de los dardos del mal periodismo intencionado. Birgitte Nyborg cita a las primeras diputadas de su país en los albores del siglo XX –quién las hubiera tenido en otros lares como éste- para concluir: “Quienes así hablan llevan un siglo de retraso”.

Siglos de retraso u otra película de fantasía. No nos hagan pensar en candidatos marioneta en defensa del guión que pueden ser intercambiables, hay quienes quieren llevar sus ideas a la presidencia con total convicción. Sobre todo, porque aquí no estamos inermes en la butaca: vivimos, con cuanto implica. Y soñamos en un futuro mejor.

*Publicado en eldiario.es

¿Cómo imaginamos a un presidente?

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La voz de nuestro admirado Iñaki Gabilondo, calificando a los participantes en el llamado Debate Decisivo de A3 Media, lleva camino de disparar algunos memes.  Así suele suceder cuando quien opina posee un valioso criterio.

Iñaki no vio ninguno gran ganador y sí un perdedor: el ausente, el presidente Rajoy.

Albert Rivera, candidato de Ciudadanos, le decepcionó, dice. Repara Gabilondo en que lanza sus mensajes atropellado, “como un papagayo” y sin aplomo. Le ve inmaduro aún. Yo siempre lo he visto así, a veces con algo más de calma, otras menos que el lunes: en el debate de El País estuvo más suelto. Da la sensación de ser el vendedor de un producto. En este caso la política y economía ultraliberal que dirigen personas como Luis Garicano, quien llegó a proponer en 2012 un gobierno de tecnócratas y notables. Países como empresas. Lo cierto es que a él, a Rivera, también le «venden» muy bien los medios.

Los adjetivos que Iñaki dedica a Pedro Sánchez, candidato del PSOE, son para animar a cualquiera: Sólido, serio, consecuente, aplicado,  lleno de madurez y de aplomo. Su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo, pero le falta algo. Está encajonado por las circunstancias históricas, del pasado, y de ahí hay que salir con algo más de gas.

Coincido en que no se puede pedir cuentas eternamente a un partido por lo que hizo, cuando intenta abordar otra etapa con otra dirección. Parece que mucha gente le pidiera al PSOE disolverse. Y es cierto que también cuenta en su haber con logros que supusieron avances considerables. En la sanidad que fue universal hasta la llegada del PP, o en los avances en igualdad y violencia contra la mujer, en lo que llaman “gasto” social de Zapatero.  Los errores históricos son grandes también, la corrupción y modificar la Constitución para que el pago de la deuda prime sobre las necesidades de los ciudadanos son de muy grueso calibre. Pero las “herencias” son completas.

Y creo que Pedro Sánchez precisamente le pone ganas, muchas, pero comete errores tácticos que producen rechazo. Repetir dos veces en el debate y varias veces más al día siguiente que “Podemos no ganará”, puede ser tan verosímil o no como que el PSOE tampoco, pero indica a quién considera su rival electoral y no es el PP.  Su falta de modestia un poco inmadura –humildemente creo que el  PSOE ganó el debate ha repetido varias veces este martes– es un hándicap. Mentar a Grecia y criticar a Podemos a través de Syriza, siendo primos hermanos del PASOK que con ND ocasionó la quiebra es bastante indigno. Y haber callado, todos, a la ejecución de Grecia decretada por la UE, empeorando las condiciones, por convocar un referéndum igual o peor.

A Pablo Iglesias -el ganador del debate y con muy amplio margen según todas las encuestas-, también le enjuicia Iñaki con grandes elogios: Excelente, muy en su papel, certero, puntiagudo y con un gran dominio de la situación. Muy directo, el que mejor conectó con la gente.  Luego concluye que el mayor inconveniente que le ve a Pablo Iglesias  es que “costaba imaginarlo como presidente.» Y añade: «quizás  porque él no se ve todavía”.

Pocas personas conocen como Iñaki Gabilondo el arte del discurso y la oratoria, de las ideas, es un maestro. Y lamento discrepar. Pero hoy el PSOE se empecina en colocarse como ganador y parece mostrarse víctima de una traición porque no se les reconozca. Y ya ha habido quien ha comentado que si, de verdad, nos imaginamos a Pablo Iglesias de presidente. Para el propio Gabilondo en el caso de Pedro “su presencia es muy noble y su porte viste muy bien el cargo”. Máxime adornado  de tan grandes cualidades como dice el maestro de periodistas tiene el candidato del PSOE. Por cierto, es otro de los aspectos en los que suelen destacar a Albert Rivera, lo “guapo” que es y lo bien que viste. ¿Qué nos están queriendo decir pues?  Igual también hay que plantearse qué pide y compra gran parte de la sociedad en política.

  Hasta no hace mucho las características para acceder a la presidencia de países eran ser hombre, blanco y rico.  Y costó mucho, heroicidades y hasta muertes, que eso cambiara algo.

Personalmente a mí me ha costado mucho imaginar como presidente a Mariano Rajoy, con las peculiaridades que lo acompañan y que se reflejan en la negativa valoración popular que ostenta. Y ahí ha estado 4 años y no es improbable que repita.

A muchos les costó imaginar a Ada Colau o a Manuela Carmena de alcaldesas de las dos principales capitales españolas.  Y a muchos otros alcaldes y concejales.

Pero la imagen de los plenos en municipios y comunidades  empieza a tener el color de la realidad de la calle, del común de los ciudadanos, no tanto de las élites. Aunque de nuevo –como a presidentes no ricos, mujeres y negros- se les exija más.

En la mentalidad conservadora calan los clichés de la buena planta y el buen traje o traje clásico. En la frivolidad de la sociedad actual también. Lo que importan, a mí al menos, son las ideas, la preparación, la honestidad, la búsqueda del bien común, incluso la pasión y la emoción. Me cuesta mucho más imaginar de presidentes a corruptos, mentirosos, manipuladores o artífices de políticas que favorecen a los ricos en detrimento de la mayoría -el brutal aumento de la desigualdad en España no ha llovido del cielo- o a quienes amparan esas conductas.

Los alegatos finales del debate, récord histórico de audiencia por cierto con más de 9 millones de espectadores y más del 48% de share, dan una idea para quienes no lo vieran.  La política importa, y lo que sí es cierto es que empieza a tener un aire más saludable. Por cierto, yo creo también que el ganador fue Pablo Iglesias. Y que faltó Alberto Garzón de Unidad Popular IU. Y el candidato de UPyD.

Aquí los vídeos de los cuatro participantes.

* Actualización:

Debió hacerlo tan bien en el debate Pedro Sánchez que el editorial de El País de este miércoles apuesta por él, de forma contundente. En 10 días, el diario de PRISA ha pasado de «el momento dulcísimo» de Rivera a optar por este caramelo:

Solo cabe comparar a dos candidatos con hechuras presidenciales, Pedro Sánchez y Albert Rivera. Con una clara diferencia entre ambos: mientras el aspirante del PSOE se ha conducido por encima de lo esperado, la proximidad de los focos ha perjudicado las altas expectativas creadas en torno al candidato de Ciudadanos, que ha dejado ver debilidades y nerviosismos poco compatibles con un pretendiente al principal puesto ejecutivo de la política española.

Desde el principio se temía que Rivera y sus Ciudadanos fueran más una marca que un proyecto, un estado de ánimo más que una verdadera formación política lista para gobernar el país. Lamentablemente, lo que se le ha visto en los debates no ha servido para despejar ese temor.

 

 

 

La desigualdad generacional también vota el 20D

MITIN DE RAJOY EN OLMEDO (VALLADOLID)

Rajoy jugando a captar votos de mayores. Olmedo, Valladolid

El último barómetro del CIS ha vuelto a sorprender dando una victoria holgada al PP. El estado de opinión conservador que pronostica otorga buenos resultados a Ciudadanos, hunde  al PSOE, frena Podemos aunque mejora con las mareas de izquierda, y baja también a Unidad Popular. El dato más relevante es un 41,6% de encuestados que no tiene decidido el voto a pocos días de acudir a las urnas. Con su participación todo podría dar la vuelta, o justificar estos resultados del CIS, poco coherentes con todo lo ocurrido hasta ahora. Pero hay más variables a tener en cuenta. En particular cambios generacionales profundos que influyen en el voto.

Esta legislatura, la del PP de Mariano Rajoy, tiene como una de sus principales señas de identidad el pronunciado aumento de las desigualdades. Y en todos los terrenos. Desigualdad económica, entre los seres humanos, entre hombres y mujeres en particular, en el acceso a todos los servicios: sanidad, educación y vivienda como pilares esenciales. Derivas que se venían marcando, incluso desde hace décadas, han encontrado en las políticas de este conservadurismo neoliberal y éticamente laxo su mejor caldo de cultivo.

Un primer gráfico nos mostraría la pirámide demográfica: España se ha hecho vieja. De los más de 36 millones de ciudadanos con derecho a voto, casi la tercera parte, 11,5 millones, tienen más de 60 años. Casi el doble de los que había en las primeras elecciones democráticas.  Mientras tanto, ha disminuido el número de jóvenes electores que apenas llegan al 15%, ni aun extendiendo el tramo hasta los 30 años.

El desarrollo, una mejor sanidad, han ido aumentando la esperanza de vida, en la tónica de los países más civilizados. Al mismo tiempo, el control de la natalidad y, en su caso, las dificultades económicas disminuyen el número de hijos, para adaptarlo al que se puede atender.  En los años setenta del siglo XX, España registraba una tasa de crecimiento vegetativo del 10% (Informe FOESSA) como los países en vías de desarrollo, mucho más si son católicos por decreto y sin píldora anticonceptiva como sucedía en el nuestro.

Acabamos de saber-por el INE (Instituto Nacional de Estadística) que la mortalidad se ha disparado en España en aumento descomunal: más del 10,5% en el primer semestre de 2015, en datos absolutos. Esta tendencia se inició en 2012, con la cifra más alta en una década. Era el primer año de gobierno del PP y sus recortes en sanidad. Esa disminución en concreto, los copagos farmacéuticos y el aumento de la pobreza son las variables que suelen influir en vivir menos años. Los olvidados e intocables suicidios entran, probablemente, en la estadística. También ha descendido el número de nacimientos (un 0,8%). Y por tanto el balance: estamos en crecimiento negativo.

El hecho es que el 20D será mayor la capacidad de decisión de los mayores que de los jóvenes.

La segunda instantánea nos remite a los ingresos disponibles según la edad: Hemos llegado a la situación insólita de que la renta que perciben los jubilados supere a la de los trabajadores en activo. Por el baremo que el INE llama “unidad familiar”. Y eso cuando los pensionistas españoles cobran menos de la media europea (15.574  euros frente a 19.441 de promedio en la UE). Los interesados pueden ver datos complementarios en un excelente trabajo de Luis Faci publicado en CTXT este verano. El Gobierno ha tratado menos mal a los mayores retirados por el supuesto “nicho electoral” que representan. Y dado que contribuyen a la ‘paz social’ haciéndose cargo con sus pensiones y ahorros de sus hijos y nietos. Hasta el 80% de ellos les prestan algún tipo de apoyo económico. No será eterno. Y menos con políticas ultraliberales que acaban reduciendo la esperanza de vida –esas que según el CIS van a ganar las elecciones-. Se añade la Reforma Laboral del PP que ha supuesto una merma considerable de los sueldos.  Los datos constatan –de forma inequívoca- un empeoramiento generalizado de los salarios y condiciones laborales, excepto en los puestos mejor remunerados que se han mantenido o incrementado.

El problema, mucho más allá del 20D, es que las oportunidades  de trabajo difícilmente van a crecer. La economía financiera –que solo mueve anotaciones contables- se ha desbordado en detrimento de la real y para producir ya tienen a los países de mano de obra aún más, mucho más, barata.  El lema de que “el trabajo esclavo de unos, perjudica a todos” cada vez es más constatable, si alguna vez no lo fue. Y también que, por todos los medios que se quiera oír hasta con los oídos tapados, nos dicen que las pensiones no son sostenibles. Las últimas recomendaciones de la OCDE, esta misma semana como aviso a navegantes, dejan claro que los nuevos jubilados no dispondrán de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y se propone pensar en alguna ocupación acorde con su edad y aptitudes. Ultraliberalismo puro.  De echarse a temblar. Y eso el día en el que el PPmetía mano de nuevo en la hucha de las pensiones a la que ha dejado exhausta en sus 4 años de mandato.

El tercer esquema al que atender habla de las intenciones de voto por tramos de edad. Y es el que, teniendo en cuenta los anteriores, más interesa ahora.

El bipartidismo se mantiene con los mayores de 55 años que –recordemos viene a ser la franja más numerosa de votantes-. Los apoyos de los jóvenes en cambio les son escasos, sobre todo al PP. Los menores de 35 años se decantan por Podemos y Ciudadanos , mucho más por el partido que lidera Pablo Iglesias. Y es el tramo en el que se anotan más indecisos.

Y más bajas. Involuntarias. Aquí entra otra variable: el voto en el exterior.  Pese a todas las protestas y campañas, las dificultades para ejercer ese derecho a los numerosos jóvenes  y menos jóvenes que el paro ha expulsado de España, van a dejar fuera de las urnas al 94% de ellos. No podrán votar no menos de 1.750.000 españoles. Una anomalía que habría de subsanarse inexcusablemente y ya porque el resultado se adultera sin ellos.

No es cierto que todos los mayores voten conservador, uno siempre conoce… excepciones.  O no tanto. Esa generación, con menos estudios, hubo de luchar por construir un país democrático y se movió entre el trabajo, el coraje e ideales más o menos ingenuos –desde las flores hippies al rechazo de la guerra y prácticamente “inventar” el rock-. Es cierto que, por ejemplo, en los hogares de ancianos de la Comunidad de Madrid bailan ‘El Relicario’, un cuplé, agarrados, como hacían sus padres, no ellos. Estampa de películas en blanco y negro que presencié boquiabierta meses atrás. Hay una cierta tendencia a la gerontocracia, propiciada por el involucionismo que ha imprimido el PP a la sociedad española. Hace ya mucho tiempo que se ensalza la juventud mientras se le siegan oportunidades, ahora los conservadores entre los mayores marcan su impronta. Y la eterna brecha generacional se agranda, o se agranda como siempre el inmovilismo y los deseos, la necesidad, de cambio.

El éxito de Ciudadanos es explicable precisamente por esto. Para muchos mayores “los jóvenes” han de ser como Albert Rivera. Repeinados, con vestimenta clásica, moderados, fieles a los preceptos. Pedro Sánchez es aceptado al menos por sus características coincidentes con el modelo, aunque un punto de insolencia le haga menos homogéneo. El resto de los nuevos valores cumplen el estereotipo al completo; incluso la hoy vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a quien se considera ‘muy preparada y formal’, ignorando su mano férrea en la aplicación de las políticas de Rajoy y las suyas propias en algunas decisivas, como la informativa. Alberto Garzón también les gustaría “si no fuera tan radical”. Pablo Iglesias y los líderes de Podemos se apartan por completo del prototipo para este sector, aunque lo sean para jóvenes y la ‘gente corriente’. Al igual que Garzón.

Más viejos que jóvenes. Más poder de decisión de los mayores. Con más ingresos estos dentro de una precariedad galopante para todos. Un futuro oscuro, salvo el de quienes se baten por lograr ese puesto al sol del poder y los pocos que de entre ellos lo consiguen.

abuelo.nieto

La última variable nos remite a su acceso a la información. El 70% de los españoles, insistamos, dice hacerlo por televisión, incluidos los debates espectáculo de estructura arbitraria. No son los jóvenes, ellos apenas ven cadenas convencionales. La campaña electoral también se va a jugar, se va a seguir jugando, en la tele. Para gran parte de la generación que ahora sobrepasa los 60 años, El País todavía es un periódico progresista. Más de la mitad de los que no ven otro horizonte que el bipartidismo, no se acercan a Internet  ni para hacerse una cuenta de correo electrónico, privándose  de encontrar su propia información y criterio. La realidad que tiene muchos más matices que los ofertados en pantalla o papel plano. Y con anuncios.

Habrá vida tras el 20D y, si nos descuidamos, puede ser al compás de ‘El Relicario’… como último cuplé.

*Publicado en eldiario.es